Uniformes.
Diablo.
Tocó la puerta de su habitación dos veces, con suavidad, con los nudillos de su blanca piel, y se quedó a unos pasos de la puerta, con aquella paciencia y tranquilidad que siempre lo caracterizaban. Pasaron unos minutos que le resultaron largos, en los que escuchó pasos y los ruidos característicos de cuando alguien ordena su cuarto. Enarcó una espesa ceja, rubia, ante aquél discreto alboroto. Él solo tenía que entregarle papeles que le aprobaban el presupuesto mensual corriente.
La puerta finalmente, se abrió y su boca se entreabrió con sorpresa al tiempo que un imperceptible rubor se coló en sus mejillas. Solo tenía una toalla pequeña y corta, blanca, que alcanzaba a cubrir apenas su cuerpo. Los cabellos, siempre castaños, caoba, brillaban por las pequeñas gotas que aún se mostraban en ellos. No estaba llevando los anteojos de siempre, de hecho, no estaba llevando anteojos, por lo que daba la sensación de que sus ojos oscuros eran más pequeños a simple vista, aún cuando tenían el tamaño de siempre.
Ella lo miró, con una cálida y despreocupada sonrisa en sus labios. Él se aclaró la garganta y se obligó a dejar de lado sus pensamientos sobre aquellas observaciones.
–Hanji–ahora le parecía curioso como había personas a las que uno se acostumbraba a llamarla por su apellido en lugar de su nombre–. Aquí están los papeles que aprueban tu presupuesto de este mes.
–¡Oh! ¡Genial!– ella abrió más la puerta, mostrando una habitación a medio ordenar con ropa y papeles por aquí y allá–. Pasa, pasa. No creo que pueda agarrarlos ahora.
Sonrió, refiriéndose al estado húmedo de su piel, perlada por aquellas gotas de agua que seguramente debían de estar tibias aún…
Irvin esbozó una tenue sonrisa, más por formalidad y cortesía que por otra cosa. Dio un par de pasos y entró en consciencia de que era la primera vez que estaba en su habitación, en el mundo privado y secreto de ella.
–Déjalos sobre el escritorio, después los revisaré– anunció mientras cerraba la puerta y emprendía nuevamente el camino hacia el baño
–Lamento haberte interrumpido–expresó observando el escritorio completamente desordenado, con el lapicero volcado y los lapices y plumas esparcidos por toda la superficie de madera, mezclándose con otros documentos personales o con bocetos o apuntes de experimentos.
No podía dejarlo allí, corría el riesgo de que ella no lo encontraría luego, cuando fuese necesario presentarlo.
–Oh, no te preocupes. Tú nunca molestas, Irvin– fue lo último que Irvin escuchó antes de que ella abriese la ducha y se reanudase su baño, con la puerta cerrada.
Acomodó a medias los otros documentos para que así, aunque sea, dejar visible y accesible aquel documento tan importante para ellos.
Para cuando terminó, ella volvía a salir del baño, con aquella toalla que aún consideraba demasiado corta para su cuerpo.
Un soldado tenía que acostumbrarse a no tener ese tipo de pudores, pero… un soldado enamorado no podía ver las cosas de otra forma. Cualquier imagen que no estuviese acostumbrado a ver, cualquier cercanía que se alejaba de la acostumbrada, sin duda, resultaba todo un reto para un comandante.
Ella le sonrió, suave, cálida, dulce, como Zöe solo le sonreía a él. A penas y si miró el escritorio semi-ordenado, la mujer, la científica, la líder de escuadrón, fue directamente a sentarse, a su lado, muy pegada a él.
No había segundas intenciones en su actuar, ella siempre era muy apegada a sus compañeros. Lo hacía con él, lo hacía con Nanaba, lo hacía con Levi, a ella siempre le gustó la cercanía del otro, sentir al otro cerca era como comprobar que realmente existía. Era comprobar que no era una ilusión, un fantasma.
A él no le hubiese molestado, realmente, de no ser por dos factores elementales en la situación. Y el primero era bastante obvio.
–Veo que aún no te fuiste–mera excusa, tonta observación para iniciar una conversación. Ella reposó su cabeza sobre el hombro de él. Sus cabellos estaban más secos ahora, no mojaban, ni humedecían sus ropas.
–Sabes que no me gusta irme sin despedirme antes–por simple que pudiese resultar aquella explicación, era la verdad.
–Aww, eres tan dulce a veces, ¿sabes? –tan ligera, como siempre, Hanji se expresaba sin temores.
Irvin le sonrió cálido, como usualmente lo hacía y se disponía a levantarse, cuando ella lo tomó de uno de sus brazos y tiró de él para sentarlo nuevamente al lado suyo.
–Zöe…–su nombre salió como un murmullo ahogado, sin esperarse aquella acción en lo absoluto.
–Nunca te vi sin uniforme–señaló, evidenciando aquellas ropas de civil que el estaba usando ese día, unos vaqueros azules y una remera blanca, de tela delgada con cordones en el cuello de la remera–. Pareces más humano así. Nadie diría que eres quien eres así.
–El logro más grande que el diablo cometió, fue hacer creerle al mundo que él no existía –citó Irvin con una sonrisa de poker ante aquellas palabras, además de que aquella cercanía que estaba experimentando con Hanji no era la misma de hace unos momentos, pese que, físicamente, era casi la misma posición.
–Bueno, dicho y hecho, entonces –rió ella y, pasó suavemente una mano por el rostro de él–. Sólo que tú no eres el diablo.
Los labios del Comandante se curvaron en una suave sonrisa.
–Eso es nuevo –comentó él, dejándose caer en la cama llevándola con él–. Aunque también es nuevo verte así.
–¿Así? ¿Cómo? –preguntó ella, recostando su cabeza sobre el pecho de él.
–Sin tu uniforme.
Irvin sonrió y la rodeó con su brazo izquierdo, acercándola más a su cuerpo. Ella estiró su cuello para darle un suave beso.
–Podrás parecer uno, Irvin. Pero tienes un corazón amable –expresó ella al separarse, a penas observándolo–. Sólo tú tienes el ímpetu para hacer los sacrificios que se necesitan para alcanzar nuestra verdadera libertad.
Él la rodeó con el otro brazo y giró con ella, dejándola boca abajo. Podrían ser palabras verdaderas, pero el horror de sus acciones con las que tenía que vivir día a día, no dejaban de ser menos ciertas.
Ambos lo sabían.
Se inclinó a darle un beso y se permitió perderse en aquellos ojos oscuros.
Aquella mujer que le susurraba lo que él realmente quería escuchar, era su verdadero Diablo.
Porque solo el Diablo sabe cuáles palabras son las que quieres escuchar.
Lo admito, me hago responsable. Quise probar algo nuevo y creo... que no me fue muy bien e.e Me siento realmente insegura por este en particular. Captar a Irvin y Hanji son realmente difíciles para mi, porque... no sé, los veo tan complejos, no son solamente sonrisas o mentes formidables u_u
En fin, reviews!:
"Maddie": Me alegra que te haya gustado el Rivetra! n_n Y sí, Tumblr nos chupa la vida e_e aún no sé manejarlo bien, tengo que buscar guías (?)
"Sayumin": Oh, you... *rubor* Gracias, me alegra que digas eso de mi, me halagas n.n Me alegra mucho que te guste lo que escribo y lo que publico. Disculpa que ahora no ande muy activa como en Punto de No Retorno, que subía un cap cada dos o tres días, pero estoy en la última parte del año letivo y me están tirando con cosas heavys en clase que me dejan frita u_u Muchas gracias. Y sí, odio que infravaloren a un personaje y realmente, en el fandom de SnK se infravalora mucho a las mujeres, que tengan un lindo caracter o una apariencia dulce no quiere decir que sean simples y planas. Ante todo, hay que recordar que son soldados y no hay que olvidar que son así. Además, por sobretodas las cosas creo que, si tienen un caracter dulce a pesar de ser soldados, deben tener una temple muy fuerte ¿Quién te trataría tan dulcemente después de haber estado en el infierno, una y otra vez? Oh, bueno... creo que dejaré de desvariar y volveré a darte las gracias por leer y comentar n_n
