N/A: Bueno, aquí dejo otro capitulo(: ya saben, como todos, que Harry Potter no me pertenece ni a mi ni a nadie que no sea J. K. Rowling(: en fin, ojala les guste y saque una sonrisa:) De antemano, perdon por las faltas de ortografía, o los errores que pueda tener, si encuentras alguno me encantaria que me lo comentaras por un review:) Bueno, ya los dejo leer
Capitulo 3: Nunca armes alboroto en medio del pasillo
Su respiración era agitada y su ritmo cardíaco iba en aumento. Corría como loco por todo el castillo, solo para llegar lo antes posible a su habitación. ¿Qué por qué? Bueno, digamos que se embobo volando y se le fueron las horas, y con horas se refería a un poco más de tres. Era de madrugada y el toque de queda ya había sido dado desde hace mucho. Pero conste que él no tenía la culpa…él no, Draco sí.
No era una cosa rara en él que su mente se despejara y relajara cuando estaba allá arriba, volando, pero de alguna forma también fantaseaba –bueno que se apendejaba- y cuando volvía en sí pues…ya habían pasado casi cuatro horas.
¿Y qué fue lo que su mente recreo como para perder la noción del tiempo?, pues a él, a un rubio vanidoso, una playa y…bueno el resto no era necesario recordarlo –por no querer bañarse de nuevo con agua helada-, aparte que solo se permitía pensar en eso o en sueños o volando.
Cuando vio a lo lejos el retrato de la Dama Gorda soltó sin preocupación un suspiro de alivio. Nadie lo había visto, y pronto podría descansar en su cama. Sin embargo, como el mundo lo odiaba y se maquinaban complots contra suya, de la nada, ahí por una esquina, apareció la gata de Filch, la Sra. Norris.
El animal apenas lo vio comenzó a maullar, haciendo que se despertaran los cuadros vecinos y con ello a la Dama Gorda.
Harry al percatarse de ello corrió –sin importarle si hacía ruido o no- para llegar y decir la contraseña para que el retrato le dejara pasar. Pero, como ese ser poderoso que vigila a los mortales gozaba de verlo en aprietos, la maldita gata se le fue encima, maullando como loca. Fueron escasos los segundos que transcurrieron para que Potter pudiera escuchar, allá a lo lejos, los pasos apresurados de Filch.
—…ta madre —susurró muy enojado, sacudiéndose a la cosa peluda que atacaba su pierna. De una u otra forma la gata se alejó y el, ya estando a un metro del retrato habló: — ¡Dama Gorda!
— ¿Ah?—la mujer todavía se estaba despabilando cuando el muchacho le habló de forma desesperada—. ¿Contraseña?
—Águila en vuelo—intentó murmurar, pero por los nervios la voz le salió demasiado grave, cosa que hizo que los maullidos de la gata se incrementaran al igual que los pasos del vigilante, que ya se oían muy cerca.
Tan solo se abrió un poco el retrato Harry no dudó en intentar meterse. Se fue casi corriendo hacía su cuarto y a mitad del camino –ya cerrada la entrada- escuchó desde afuera la voz del hombre hablándole a su loca gata.
— ¿Y bien señora Norris?, ¿qué ocurrió aquí?—pudo escuchar el enojo en la última pregunta emitida por el hombre, al cual su contestación fue un maullido del animal.
Harry, luego de unos segundos petrificado en medio de la sala –por el miedo, o asombro de haberlo logrado-, pudo notar los pasos algo pesados de Filch, alejándose de la entrada a la torre.
Dio gracias a Merlín, al conejo de Pascua, a Santa Claus inclusive a las tortugas ninja que veía cuando esta chico, todo porque no lo habían atrapado.
— ¿Dónde estabas?—bueno, casi…
—Hermione—susurró, más sorprendido que otra cosa, al ver, ahí en un sillón a su amiga, que sostenía un libro entre sus manos.
—Te hice una pregunta—su voz sonaba muy seria, casi enfadada—, ¿o es que también vas a huir de aquí?
—Verás, yo…—apenas iba a comenzar a rezar su patética excusa cuando la castaña se le fue encima con el pesado libro que hacía minutos seguramente estaba leyendo.
— ¡Cállate!, ¡Harry James Potter, te pido que cuides de tu mejor amigo y lo dejas inconsciente en tu dormitorio, para irte a sabrá donde!—exclamaba en susurros enojados la muchacha luego de asestarle dos golpes con el tomo de Pociones.
Los ojos de la joven Granger refulgían en algo como de molestia, o ira quizá, mientras su ceño se fruncía bastante más que otras veces. Los brazos de la muchacha ya habían arrojado el libro de Pociones muy lejos de ellos, haciendo que increíblemente callera en uno de los sillones; al tiempo las manos de ella se mantenían inquietas, como si deseara golpear algo, mas bien, alguien.
Pasaron siete segundos para que luego una mano de Hermione le golpeara en el brazo.
— ¡Eres un desconsiderado!—si ambos no tuvieran la obligación de guardar silencio por los demás compañeros dormidos, seguramente aquello hubiera sido un grito bastante feroz. Harry solo se hizo para atrás, intentando salvar su integridad física, no fuera que con su suerte Hermione decidiera hacerle uso a su varita.
—Pero si tú misma lo dijiste, está desmayado—se excusó el de mirada esmeralda, luego de encogerse nuevamente al ver el amago de su amiga por volver a manotearlo.
— ¡Esa no es excusa!—volteo a los lados al percatarse que aquel murmuro bien pudo pasar por grito—. ¿Qué tal si se despertaba y tu no estabas ahí?
—Dijiste que lo desmayaba por veinticuatro horas.
— ¿Y si no salía bien el hechizo?—un silencio se apodero de la conversación. En ese momento la castaña comprendió lo que había dicho, o más bien confesado.
— ¿Estás diciendo que utilizaste un hechizo en Ron que pudiera estar mal empleado?—la incredulidad en la cara de Harry provocó un sonrojo de molestia en Hermione, quien solo volteo la cara.
—No soy perfecta—farfulló conteniendo un poco la voz, en un intento de moderarla—, por más que quiera que me salgan las cosas de las mejores manera sigo siendo una persona. —Sus manos tamborileaban sobre sus brazos, ya que los había cruzado sobre su pecho. Regresó la vista al muchacho de anteojos, para luego clavarle una de las miradas más duras que en la vida a Harry le habían mandado— Pero ese no es el punto. Tú me pediste ayuda, yo te la di; independientemente de lo que haya hecho para auxiliarte, tu deber con Ron, ya ni conmigo, era velar su sueño y que todo transcurriera conforme debe de ser, no andar quien sabe donde descuidando a tu mejor amigo.
Potter bajó la mirada, en un gesto que podía interpretarse como vergüenza. El sólo deseaba irse a su cama a descansar todo lo adolorido de su cuerpo a causa de andar volando, y si la única manera de conseguirlo era darle la razón a Hermione, se la daría.
—Bien, bien, culpa mía—aceptó para después levantar solo un poco los ojos y ver la cara de satisfacción que componía su amiga—. Lo siento.
—No lo vuelvas a hacer, por favor—dijo ella en un tono más amable, denotando su cambio de humor por una simple frase. Harry asintió para luego ver a los ojos de su amiga, que ahora podía ver tenían unas grandes ojeras.
—Perdón por hacer que te quedaras hasta tarde—los dedos del moreno estaban temblorosos, pero eso no impidió que su instinto los llevara a rozar las bolsas debajo de los ojos de su amiga. Fue una simple caricia que le hizo sentirse fatal, pero la mano de Hermione, retirándola suya propia, le hizo sentir aún peor.
— ¿Pero que te sucede?, sabes que no puedo dormir sin haberte regañado—le contestó ella sonriendo, con esa mueca tan bonita que componía. Harry sonrió a su vez, luego tomando la mano de la castaña y apretándola un poco.
—Debí de suponerlo—dijo de vuelta—. Mejor vamos a dormir—propuso, aunque después jaló a Granger hacía las escaleras que daban al dormitorio de chicas. Ella se soltó al estar de pie a estas y se despidió con una mano para luego desaparecer tras los muros.
Harry se desplazó hasta su cuarto, o más bien arrastró, ya que los pies le pesaban horrores y no comprendía muy bien el por qué. Al girar el pomo de la puerta se topo con la escena de sus compañeros, tirados sobre las camas roncando con orgullo.
Volteó la cabeza y fijo su esmeralda mirar en la última cama, allá donde estaba tendido Ron, con la boca un poco abierta y dejando salir esos ronquidos tan varoniles, nada que ver con su carácter de las últimas horas.
Se fue desvistiendo mientras caminaba hacía su lecho. Si alguien mas hubiera visto tal escena se le hubiera pintado rara; sobre todo por la cara de fatiga que se apoderaba del rostro del de lentes, que sin mucho esfuerzo se dejo tumbar en su mullido colchón.
Aspiró profundamente, se volteó para quedar boca arriba y con una mano quitó sus gafas del puente de su nariz, para ponerlas –sanas y salvas- sobre la mesita de al lado de su cama. Miró, de forma borrosa, el dosel de su cama, y luego giró un poco para contemplar a sus compañeros.
El pensamiento de que mañana sería un día pesado lo asaltó, pero lo dejo pasar. Prefirió mentalizarse que ese instante no era mañana, y con eso dejó vencer sus párpados y se sumió en un gran letargo.
Aunque el sol golpeaba sin descaro sobre su cara, esa no fue la razón por la que ahora tenía los ojos bien abiertos. No, tenía más que ver con…
—…zánganos malolientes!, ¡desgraciados sin sentimientos que…—el buen humor que se cargaba Ron.
Dejó de prestar atención a los gritos que daba un ofendido Ron –Rona, según Seamus-, para intentar conciliar su adorado sueño, pero un zapato le cayó en la cabeza, cortesía de su mejor amigo.
— ¡Ron!, ¿qué te sucede?—bramó enfadado Harry, sentándose en su cama y aventándole el objeto de una forma brusca.
— ¡Ponme atención!—chilló de la manera más afeminada que un Weasley se puede permitir—. ¿Es que no me quieres?, mira que yo hago tantas cosas por ti para que…
Y ahí iba la lloradera del poco amor que le profesaba y lo bastante que se partía el lomo el pelirrojo por él.
Potter se tiró sobre su cama y se masajeo las sienes. Maldijo mentalmente a Hermione, porque al parecer tenía razón y el hechizo no había salido completamente bien. De ser así su pelirrojo amigo debería de haber despertado en la tarde-noche, no a las ocho de la mañana.
—Ron cállate—dijo de forma grave y prolongada Dean, suplicándole a su amigo que dejara el tema de los sentimientos por la paz—, ¿por qué amaneciste tan raro?
—Ustedes jamás me toman en cuenta, ni lo que siento y todo por…—recitaba dolido el pelirrojo, siendo ignorado por los demás.
—Está así desde ayer—le contestó con la misma pereza Seamus, quien se tapaba la cara con una almohada—. No sabemos que tiene.
—…sobándoles cuando me lo piden, les paso las cosas, una vez le di de comer al sapo de Neville, que por cierto me saco una verrugas porque…
—Harry, cálmalo—le dijo Dean, volteando su cabeza hacía la cama del susodicho, poniendo una expresión de desesperación.
—…me sacaron ¿y ustedes?, ¡ni se interesaron ratas malagradecidas con rabia terminal!, ¿Qué he hecho para que me paguen así?, ¿acaso fui yo el que les puso las lagartijas en la…
— ¿Por qué yo?
—Porque es por ti por quien clama—le dijo ahora Seamus destapándose el rostro y señalando con un dedo el berrinche que llevaba a cabo Ron.
— ¡Harry!—exclamaba demasiado fuerte el pelirrojo para ser un sábado por la mañana (madrugada según los alumnos), luego de estar golpeando el piso con sus manos. A, sí, porque se había tirado al suelo—, ¿Por qué!, ¿por qué!, ¿qué he hecho para merecer esto?
—Pero si está delirando—se intentaba defender el de lentes—. Ni sabe lo que dice.
— ¡Harry!—gritaba acostado en el suelo, meneando la cabeza para los lados, como si lo torturaran.
—Ve y abrázalo.
—Abrázalo tú—le contestó a Dean.
—Si solo quiere un besito tuyo—fue inevitable que tanto Thomas como Seamus sonrieran ante el comentario de éste último.
—Por qué no me besas la…
— ¡Culata!, así me salió el tiro, ¡por la culata!—interrumpió Ron a Harry
—Pero que humorcito—se quejó Dean—. Ya olvidaba lo lindo que te ponías por las mañanas.
—Domingo por la mañana—corrigió
—Pero si hoy es sábado—dijo Seamus algo extrañado.
—Peor aún—dijo—. Es que es Ron, ¿Por qué no se puede callar?
—Ya te lo dije Harry—Seamus tosió un poco para luego proseguir con una voz algo endulzada—: sus labios solo serán callados con los tuyos. ¡Bésalo, hijo mío!
— ¿No es bésala?—rió luego Dean ante la mirada fulminante del moreno.
Harry les iba a insultar pero luego de que Ron le cayera encima –literalmente-, y lo aplastara contra el colchón, las palabras se le fueron de la mente y el aire del pecho.
Volvió a maldecir mentalmente a Hermione.
— ¡Te necesito!—gritoneaba Ron casi en su oído, atontándolo aún más. Harry forcejeó contra su amigo para sacárselo de encima con la ayuda de Dean.
—Amigo, ¿qué te ocurre?—cuestionó más serio el joven Thomas, que veía preocupado al bermejo.
— ¿Qué, tu también me vas a decir de cosas?—ya de pie, Ron se llevó las manos a las caderas, ofendido.
—Lo descubrimos así ayer, cuando llegó al cuarto—habló por vez primera Neville, que se encontraba sentado en su mullida cama.
— ¿De dónde venía?—preguntó a su vez Dean, acercándose a Longbottom.
—No tenemos idea—dijo sencillo el muchacho para luego ponerse en pie—. Me voy a bañar—aviso tranquilo ignorando los berrinches de Weasley.
Harry se levantó también y cuando Ron se le iba a ir encima con reclamos lo aventó a la cama y se fue corriendo a un extremo del cuarto.
—Yo también me bañare—comentó a sus compañeros—. Si Hermione pregunta por mí… no importa.
Cogió lo necesario para su baño y salió siguiendo a Neville.
En tanto Dean y Seamus lo maldecían por haberlos dejado con el histérico pelirrojo.
—Oye, ¿te sabes algún hechizo para desmayar?
Luego de su baño, Harry pasó a la biblioteca, esperando toparse con su amiga. No pensó que fuera cosa del destino que así sucediera, sino que conocía bien a la muchacha.
—Buenos días—saludó por lo bajo, para no ser reprendido por Madame Pince.
—Hola—le respondió luego de levantar la vista hacia él. Entrecerró los ojos para mirar al moreno de forma suspicaz—. ¿Qué pasó?
El muchacho volteó a su alrededor y se sentó en la silla que había enfrente de Hermione. Se acercó por encima de la mesa a la muchacha, para luego hablar muy, muy bajo.
—Ron se ha despertado.
—Te lo dije—se quitó unos cabellos de la cara—. Tienes suerte que haya sucedido hasta hoy, porque si hubiera sido ayer…
—Sí, ya sé—el moreno se rascó la cabeza para luego sacudirla—. ¿Qué has encontrado?
—Nada—le dijo en un suspiro, para luego hojear un poco más el grueso libro que estaba leyendo—. O muy poco. Creo que se trata de un hechizo perturbador, pero no estoy segura.
—Cualquier cosa ayuda.
Ambos quedaron en silencio, y Harry comprendió que hasta ahí había quedado la conversación, razón por la cual se levantó para ir por un libro.
Hermione se quedó leyendo el suyo, concentrada en su totalidad. Potter la admiraba desde lejos y sonreía. Aún con las ojeras, y matándose leyendo se veía bonita, atractiva.
Pensó que la había estado viendo por mucho tiempo ya que su amiga levantó mirada del libro y la posiciono en él. Lo único a lo que Harry atinó a hacer fue sonreírle, un poco nervioso pero siendo correspondido de cualquier manera. Tomo el libro que había en el estante y se lo llevó para leerlo en la mesa.
Al llegar, una pequeña risa surcaba la faz de la castaña, que lo miraba interesada.
—De esa forma te ves guapo—comentó sin dejar de lado su sonrisa—. Cuando ríes así, de lado—explicó mejor señalando la cara del de lentes, que se rió un poco.
—Gracias. Tú también te ves bonita—ella rió por su último comentario.
—No tienes por qué regresar el cumplido, no es necesario—dijo contra el libro, ya que había regresado sus ojos a éste.
—No es por corresponder—habló con el ceño fruncido, acercándose por sobre la mesa a su amiga—. Lo digo enserio, te ves bonita.
Ella levanto un poco su rostro y se topo con el de Harry. Parpadeó un par de veces para luego sonreír –de esa forma que según Potter atraía- y hablar en un tono de voz amable.
—Gracias—él se alejó y volvió a su posición normal. Hermione miró el tomo que había escogido el moreno—. ¿Crees encontrar algo ahí?
—No me muero por mirar.
—Si dices—se encogió de hombros para luego enfocarse en su lectura.
Pasaron cerca de media hora, leyendo y tratando de encontrar cualquier frase, párrafo o hasta palabra que los ayudara a solucionar el enigma que estaba hecha la situación que sufría el pelirrojo del trío.
Así sucedió hasta que una voz, suave y que acaricia los oídos, los sacó de su ensimismamiento, para mostrar a una sonriente Luna, que ahora más que otras veces denotaba ese aire de ensueño e infantil.
—Hola Harry, hola Hermione—saludó cortésmente, con un hilillo de voz.
—Hola Luna—le respondió el moreno con una sonrisa.
— ¿No piensan ir a desayunar?—cuestiono la joven Ravenclaw que miraba el techo de la biblioteca—. No es bueno pasar mucho tiempo sin comer, luego los nargles podrían atacarlos.
Hermione y Harry se miraron extrañados, pero ninguno alego nada. La castaña cerró su libro y lo arrejunto con los otros cinco que había estado inspeccionando.
—Tienes razón, creo que es hora de ir a desayunar—comentó de forma amigable Granger, para luego coger con sus dos manos la pila de libros.
— ¿Nos acompañas?—le preguntó Harry, que sin dificultad alguna cogía con una mano el libro que había tomado hacía un poco más de treinta minutos.
La rubia vio al muchacho, pero sin mirar, sino solo posando sus ojos sobre él pero enfocándolos en otra cosa.
—Claro.
— ¿Esperas a que dejemos esto?—el de lentes había alcanzado a la Gryffindor –quien estaba algo ya alejada- razón por la cual subió un poco más el tono de voz y recibió una mirada de Madame Pince.
—Ajá—contestó la muchacha que al tiempo se balanceaba sobre sus talones y tamborileaba sus dedos en el aire.
El otro par, por el momento, regresaba los libros de Hermione, ya que solo había sido uno el que el moreno agarró.
— ¿Ya tan tarde es?—le susurró la castaña en una de las estanterías a su amigo, que estaba depositando un tomo en una repisa algo alta.
—Al parecer—le dijo él entre un jadeo por el esfuerzo que estaba poniendo. Cuando dejó el objeto en su lugar se giró hacía la otra—. ¿Qué vamos a hacer con Ron?
La bruja entrecerró un poco sus ojos y adquirió una pose algo pensativa, para luego comenzar a caminar y ser seguida por el muchacho de lentes.
—Déjame pensar. Ahorita se me ocurre algo—le dijo antes de llegar con Luna, quien estaba tarareando una tonadita que les resultó muy familiar a ambos, pero no supieron concretamente de qué.
— ¿Ya?—les dijo la rubia al verles venir, con esa sonrisa algo despistada que siempre traía en sus labios. Los otros asintieron y comenzaron a caminar para salir de la biblioteca.
Hermione iba caminando algo aprisa, con el ceño fruncido y los labios apretados, pensando en qué iban a hacer con el joven Weasley, ahora seguramente encerrado en su habitación; Harry solo caminaba, sin estar consciente de algo en concreto; Luna daba saltitos por el pasillo, meneando su cabeza y manos al ritmo de una tonada que producía con sus labios. Pero no importa en qué pensaban o cómo caminaban, los tres jóvenes se detuvieron –la castaña y el de lentes con algo de pánico- al escuchar aquella conocida voz.
— ¡Harry!—bramaba como fiera en celo el pelirrojo más sensible que hasta ahora habían conocido.
— ¡Ron!—asustados, los Gryffindor se acercaron a trompicones hacía el muchacho que caminaba de cierta forma…afeminada.
Luna se acercó por igual, dando saltitos y con una leve sonrisa en su cara. Miraba con atención al Weasley que traía una cara de muy, pero muy pocos amigos en la galaxia.
— ¿Dónde estabas?—exigió el muchacho cuando los cuatro se reunieron en el centro del corredor. El pelirrojo se había puesto en pose de "Quiero que me lo digas, y me lo dirás ¡ya!" posicionando una de sus manos en su cadera, al tiempo que fulminaba con la mirada a sus dos amigos.
—Bañándome—dijo rápido Harry.
— ¿Con Hermione?—la cara de asco y desaprobación, junto con el comentario, que compuso Ron provocó que la aludida abriera los ojos como lo hacían las piernas de Pansy Parkinson cada fin de semana, osase, más de lo que deberían.
— ¡Por supuesto que no!—chilló asustada la castaña que golpeó levemente el brazo del de cabellera roja—. Nos topamos en la biblioteca.
— ¿Y qué se supone que hacían un sábado en la mañana los dos—pausó y miró con ceño algo enojado a la rubia—…tres, en la biblioteca?
—La tarea que tú nunca terminas—contestó con los brazos cruzados la Granger, con el mismo tono que el otro había empleado. A Harry tal escena se le figuraba a pelea de gatas, lo triste es que una de las participantes era Ron.
— ¿Cómo es posible—exclamaba con sorpresa mal fingida— que Hermione Jane Granger no haya terminado su tarea para el sábado?
—No es algo que te importe—contestó la muchacha.
—Si cuando lo arrastras a él—dijo señalando a Harry con el dedo, quien se estremeció por las miradas que se echaban los otros dos.
Hermione entrecerró más sus ojos y suprimió el amago de hacer una mueca de ofensa, tan solo limitándose a responder.
—Yo no arrastre a nadie.
—Es verdad—asintió Ron—. Cómo si lo pudieras hacer.
— ¿No será que no lo necesito?—sonrió triunfante y dando un paso hacia atrás para quedar más cerca de Harry.
—Lo que necesitas es depilarte el bigote…
—Pero Ron, tu también tienes bigote—interrumpió Luna con su aire risueño, desviando un poco la atención—. Por cierto, hoy luces muy bien—halagó la muchacha que se había detenido a escrutar el atuendo del Weasley.
La rubia no habló en toda la conversación por que le había notado un cambio –brutal- al bermejo, y no sabía si era sobre su vestimenta, su actitud o algo que emanaba de él, pero fue lo suficientemente intenso como para alejarla de la plática, que en realidad era como una pelea, entre una mujer histérica y Hermione.
Hasta que lo comentó Luna, los otros dos notaron el cambio que lucía el muchacho.
Harry prontamente se dio cuenta que, si acaso, sólo los zapatos eran de él. El pantalón oscuro de mezclilla que portaba era de Dean, la camisa ya se la había visto a Seamus y la chaquetilla quizá a Neville. Claramente no lo diría porque entonces los demás se preguntarían cómo era posible que supiera todo eso, y no deseaba contestar que desde hacía un par de semanas había estado "viboreando" a sus compañeros.
— ¿Es tu ropa?—preguntó sorprendida la castaña, que miraba al otro.
— ¿Y a ti que te importa víbora?—contestó Ron, quien luego se volteó hacía Luna—. Gracias.
La muchacha sonrió y miró al techo, para luego decir: —Los nargles andan cerca. ¿Por qué no vamos a desayunar los cuatro?
Por la propuesta realizada Hermione y Harry adquirieron una cara de pánico, muy graciosa por cierto. Ellos lo último que deseaban era que toda la escuela viera la nueva –y extraña- faceta de Ron, esa que tenía complejos, o de mujer histérica o gay fisgón.
—No creo que sea buena idea—susurró el moreno, que no quiso utilizar un tono alto debido a que no sabía cómo podría tomárselo su mejor amigo.
— ¿Por qué no sería buena idea?—Luna había posicionado sus azules ojos en los esmeralda de Harry, y prontamente notó la desesperación en ellos—. Creo que los nargles te han lastimado.
— ¿Por qué no quieres Harry?—la mirada enojada y dura que mando Ron hizo que una alarma en la cabeza de Hermione se encendiera.
—Porque no tiene hambre—habló sin pensar la castaña, que había estado boqueando un par de segundos antes.
— ¿Y él no puede decirlo?
—No es que no pueda…—argumentaba Harry, rascándose la nuca— es solo que…
— ¿Te avergüenzo?— los otros tres, bueno más bien solo los Gryffindor, ya que Luna andaba hablando o diciendo quien sabe qué, juraron que Ron estaba a punto de llorar, en medio del pasillo.
— ¿Le digo que sí o que no?—le preguntó en un murmullo el mago de lentes a su amiga, quien veía la cara de Ron de forma incrédula.
— ¡Te escuche cucaracha!—gritó un muy agitado pelirrojo que se le fue encima a su amigo para golpearlo, aunque no se podían considerar golpes ya que lo hacía de una forma demasiado femenina…mas bien, débil.
— ¡Chicos, cálmense!—pedía Hermione, tratando de separarlos.
—Pero Harry, ya se te metieron muchos nargles—Luna viendo al muchacho con algo de lástima.
— ¿Qué chingados te pasa?—Harry había empujado a Ron y de alguna manera terminaron en el piso, a mitad del corredor con algunos espectadores.
— ¡Descarado!, ¡eres igual que todos!—chillaba Weasley.
—Maldición Ron, hablas como si te gustara—dijo Harry encima del muchacho, tratando de aplacar sus –ahora afeminadas- manos.
— ¡Me preocupo por ti!—contestó dolido el otro, que había pateado, de alguna manera, al moreno y lo tumbó a un lado.
— ¡Se ve raro!
— ¡Al igual que tus desiguales pies, pero no te lo restriego en la cara!
—Estoy segura que los nargles ya se le metieron a Ron.
— ¿Podrían pararse?, los están viendo.
— ¡No tengo los pies desiguales!
—Sigue diciéndote eso, calzado dispar.
—Creo que si metemos una varita por su nariz, podríamos ahuyentarlos.
— ¡Levántense!
Todos los alumnos que estaban viendo la escena se estaban dando un festín de lo lindo. Simplemente era una imagen épica.
Hermione al percatarse de esto ignoró la pelea de sus amigos para acercarse al público y largarlo del pasillo. Lo logró luego de alguna advertencia sobre reportarlos, una estupidez que se inventó rápido.
Una vez que la multitud desapareció, la muchacha se arremangó su blusa y se dispuso a separar al par de idiotas que se revolcaban, literalmente, en el piso.
Tomo de un brazo a Ron y lo jaló con toda la fuerza que una mujer enojada puede tener, en pocas palabras, mucha. Alejó al pelirrojo de Harry, que fue ayudado por Luna para levantarse, en tanto que la castaña mangoneaba de un brazo al Weasley.
— ¿Se puede saber qué te pasa?—la joven había encendido su voz "modo muy enojado", para poder aplacar al otro, cosa que al parecer había logrado.
—El empezó, yo solo…
—Cállate—si las miradas mataran, Ron ya estaría tres metros bajo tierra, como unas siete veces.
Hermione se fue acercando de forma peligrosa –para la salud del bermejo- acorralándolo poco a poco, con esos ojos que refulgían en coraje
— ¿Cómo se te ocurre armar tal escena?
—Yo…—a cada paso que se acercaba la bruja, el muchacho retrocedía uno. Ahora ya recordaba cómo se ponía su amiga cuando se exasperaba—. Fueron los nargles.
—Lo sabía—dijo Luna a distancia, mientras recargaba a Harry en la pared.
—No me vengas con esas sandeces—el rictus de la muchacha estaba duro y firme. Mala señal—. ¿Qué estabas pensando?—chilló enojada al tiempo que empujaba a Ron.
— ¡Él fue!—señaló a Harry.
— ¡Claro que no, fuiste tú!—se defendió Potter.
—Fueron los nargles.
— ¡Eres un maldito insensible!
—No es mi culpa que te sientas por todo.
—Sigo diciendo que si conseguimos una vara lo suficientemente larga y la metemos por la nariz podríamos…
— ¿Ya van a empezar?
—Es Harry.
—Sí claro, cúlpame a mí.
—Harry no empieces tu también.
— ¡Ron me obliga!
— ¿Qué?, ¿te apunto con mi varita o algo así?
—Estoy seguro que lo quieres hacer.
—…entonces con una poción revitalizadora recuperarían las fuerzas para poder volver a meter el palito, pero ahora por…
— ¡Cállense los dos!
— ¡Tú no me digas que hacer!— la mirada que le mando Hermione a Ron lo hizo recapacitar—. Está bien, pero sólo tú puedes decirme.
— ¿Y ahora sí te calmas?
—Harry, basta.
—No Hermione, déjalo, si le encanta.
—Ya regreso Doña Rara. ¿Qué te está sucediendo amigo?
— ¿Qué te sucede a ti?, ¿no ves como me pones? Haces que me preocupe, que te ayude, que…
— ¿Seguro que no te gusto Ron?
—No sabía que los nargles provocaban atracción hacía una persona.
—Porque no la hay. Harry, Ron, ¿se quieren calmar?, ni saben lo que dicen.
— ¡Él no sabe lo que dice!
— ¿Si verdad?, porque soy un insensible.
— ¡Y lo admite!—exclamaba Ron apuntando con el dedo a Harry.
— ¡Cállate Harry!—le gritó Hermione, a lo que Ron se volteó a verla.
— ¡No le hables así!
— ¿Pues de qué lado estás?—la castaña miraba exasperada al pelirrojo.
—Fueron los nargles, se los digo—aseguraba la rubia, a quien por cierto, nadie ponía atención.
—Yo solo quiero vivir en un mundo de amor—decía Ron, moviendo las manos como queriendo volar. Hermione no entendió que quiso dar a entender con el ademán.
—Entonces cálmate y cállate.
—Ah no, no. ¿Me estás callando?—Ron se señaló a sí mismo, volteándose completamente hacía la muchacha.
—Alguien debe de.
—Mira, quizá me asustas porque con tu ceja mal depilada y tu bigote sometes, pero…
—Pero Ron, tu tampoco estás depilado—observó Luna, quien estaba a un lado del aludido.
—Pero soy hombre.
— ¿Seguro?
—Harry—reprendió Hermione, mandándole una dura mirada.
— ¡Pero con solo verlo caminar!—se defendió Potter.
— ¿Me has visto caminar Harry?—un leve sonrojo invadió a Ron, cosa por la cual el de lentes compuso una magnífica cara de terror.
—Mierda.
—Obviamente Ron, luego de tantos años es normal que te vea caminar—decía Hermione, que estaba parada en medio de los muchachos.
—Con la diferencia que ahora caminas como mujer—susurró el de cabello oscuro, agachando un poco la cabeza.
— ¿Quién camina como mujer?—espetó, con una voz muy masculina, el joven Weasley, mientras inflaba el pecho y miraba retador a Harry.
— ¡Ron!—dijo sonriente la Gryffindor, mientras se le echaba encima al taheño para abrazarlo.
— ¿Qué?—decía entre el abrazo el antes mencionado, mientras componía una cara de extrañeza.
— ¿Te sientes bien?—preguntó Harry, acercándose un poco.
— ¿Por qué no debería?—le contestó con otra pregunta, para luego deshacer el abrazo con su amiga.
—Has estado actuando tan raro—le dijo la muchacha, quien seguía cerca de Ron—. Nos preocupamos.
— ¿Se preocuparon?—el pelirrojo sonrió—. Eso quiere decir que tú y Harry se preocuparon por mí. ¡Harry se preocupó por mi!—y las ilusiones de los muchachos se fueron de paseo.
Había sido un lapsus de masculinidad en el ahora afeminado Ronald. Ya había comenzado a hablar y explicarse como la niña de hacía unos cinco minutos.
Por su parte, Harry, se masajeaba las sienes. Hermione miraba escéptica al Weasley, que seguía sonriendo y sonriendo. Por momentos, las ganas de largarse a llorar la invadieron, pero no se lo permitió. Ni que fuera qué.
— ¡Vuelve!—le dijo en un susurró que luego se convirtió en casi un grito—. ¡Regresa a ser el de antes!
— ¿Qué tienes Mione?—la masculina –chiste-, femenina voz que emanaba de Ron logró que la muchacha se le fuera encima, golpeándolo levemente en el pecho.
— ¡Me tienes harta!
—A los dos la verdad...—dijo Harry en un tono algo flojo y desanimado.
— ¿Pero qué te he hecho?—decía alarmado el pelirrojo, tratando de agarrar las muñecas de su amiga.
— ¿Aparte de decirle gorda, bigotona, amargada, frígida, chismosa?—decía Harry, un poco alejado de los dos.
— ¡No te metas Harry!—ordenó el muchacho con su voz de gay, no más bien, niña.
—Ahora no quieres que me meta.
—Solo lo complicas.
— ¿Yo lo complico?
— ¡Regresa a ser tú!
—Esto es muy raro. Nunca había visto a Ron con esas mañas—decía Luna despistada, mientras comenzaba a saltar en su lugar (nadie sabe la razón).
—Mione, enserio, cálmate.
—Pero tiene razón Ron.
—Tú cállate Potter.
— ¿Ahora soy Potter?—le dijo el moreno a su amigo, mientras se acercaba. Hermione había dejado de manotear y se limitaba a estar recargada en el pecho del pelirrojo, quien había conseguido tomarla de las manos para que ya no lo golpeara.
Ron le iba a responder pero unos pasos en el pasillo interrumpieron su habla. Todos los presentes voltearon.
Las personas que menos querían toparse llegaban con su aire de grandeza exagerada.
—Mira Blaise—le decía Draco en tono burlón a su acompañante—, una pelea de novios.
—Ron y yo no somos novios—le contestó seria Hermione, que se había separado de su amigo, soltándose de igual manera de su agarre.
—Me refería a Potter y Weasley.
—Váyanse de aquí—exigió Harry, dando un paso hacia el frente con su ceño fruncido.
—Largo de aquí, zorras entrometidas—y Ron no pudo elegir mejor momento para sacar su lado más femenino.
Los Slytherin miraron extrañados al pelirrojo, que había tomado una pose…rara. En tanto, Hermione y Harry tenían los ojos abiertos de par en par.
—Linda pose Weasley—se burló Zabini, para luego reírse mostrando su blanca sonrisa.
—Lindo grano en la barbilla—contestó el muchacho mientras meneaba de forma extraña su cabeza y dedo índice, como negra de estética de bajo presupuesto. Por instinto Blaise se llevó una mano al lugar indicado por el pelirrojo—. Ahora, ya váyanse víboras malolientes, que por cómo me ven me siento desnuda ante dos depravados.
—… ¿Desnuda?
—Ya nos vamos—dijo Hermione por sobre la voz de Draco, que había volteado a ver a su compañero.
La castaña le tapó la boca a Ron y casi se lo llevó a rastras, siendo seguida por Luna.
Por su parte Harry se mantuvo en su lugar, viendo a los otros dos. Inevitablemente la escena del bosque se le vino a la cabeza, recordando también el comportamiento del rubio por el otro muchacho. Raro se le hacía que justamente ahí, a mitad del pasillo, aquellos seres se le hacían los más fríos y malnacidos, no siendo cierto del todo.
Draco le regresaba la mirada a Potter. Ya se habían quedado solos los tres, a mitad del corredor, y ninguno se disponía a romper el silencio.
El rubio abrió la boca para hablar pero no encontró las palabras exactas que había estado acomodando desde el día anterior, para la segunda petición que le haría al niño-que-vivió. Sin embargo, cuando lo ensayó todo le había salido 'cordial', pero en ese momento era como si todo lo que se dispuso a hablar fuera borrado de su mente.
Blaise lo notó y supuso que sería él quien iniciaría la conversación. Su amigo le había contado lo sucedido en el bosque, y habían acordado hablar con el Gryffindor, pero bien sabía lo que les iba a costar.
—Oye…—comenzó pero al parecer fue demasiado tarde ya que el de ojos esmeraldas ya había dado la vuelta. Aquello fue como una señal para Draco, quien de repente encontró su voz.
— ¡Potter!—iba a caminar hacía el muchacho, pero éste ya se había ido doblando por el pasillo y no se le antojaba andar persiguiendo gente.
—Luego hablamos con el—le dijo Zabini cuando llegó a su lado, palmeándole el hombro.
Draco suspiró y miró el piso por unos momentos, hasta que algo llegó a su mente, un detalle que pasó por alto cuando vio a Harry.
—Weasley dijo "desnuda", ¿verdad?
Habían ido corriendo, literalmente, lejos de donde se quedaron Blaise y Draco. Harry a duras penas pudo dar con sus amigos. Ahora reconocía los dotes de corredora que poseía Hermione.
Cuando se toparon, en otro pasillo, la castaña se disculpó con Luna porque no podrían ir a cenar. Ron protestó, pero una mirada de la Granger bastó para callarlo. Luna, al parecer, no le tomó importancia y dijo que todo estaba bien, y que esperaba verles de nuevo.
Al momento en que la Ravenclaw desapareció por el corredor, Hermione dejó caer sus hombros y suspirar algo aliviada. Luego, de forma algo estrepitosa, se volteó en dirección a sus amigos, más concretamente a Harry.
— ¿Qué vamos a hacer?—el muchacho abrió la boca pero ni tiempo hubo para contestar—. Malfoy vio a Ron. Harry, ¡lo vio y escuchó!, ¿qué vamos a hacer?
— ¿Pero qué tiene de malo que me vea?—no comprendía el pelirrojo. Para él, todo era muy normal.
—No lo sé—contestó el de lentes a la muchacha, ignorando al otro—. Quizá no se lo digan a nadie.
— ¡Es Malfoy!, por supuesto que lo hará—ahora la bruja había comenzado a andar de un lado a otro, como león enjaulado, un león enojado.
—Recemos porque no—le dijo al tiempo Harry.
Luego de unos segundos el muchacho detuvo a Hermione, ya que lo había comenzado a marear.
Ella suspiró y bajó la cabeza, para luego sobarse el puente de la nariz. Se deshizo del agarre de su mejor amigo y camino hacía Ron. Éste último la miraba extrañado, empero la joven no le tomó importancia.
—Te vamos a curar—le dijo seria, muy convencida de sí—, y no importa lo que hayas hecho, te ayudaremos.
Tanto Harry como Ron no comprendieron ni media palabra de lo que dijo la otra, pero le dieron la razón. El primero por estar muy cansado y el segundo por no querer pelear con su amiga, sabiendo a ciencia cierta que terminaría perdiendo.
—Seguro—le dio la razón el joven Weasley, para luego tomar de las manos a la castaña—. ¡Yo te ayudo amiguis!
Harry juró que en ese momento Hermione se quiso pegar un tiro, o en su defecto, un Avada.
N/A: ¡Gracias por leer!:) y gracias por todos los reviews: Scarlett, loca de atar, JAFRYN, xXxhikaryxXx, muchísimas gracias por su apoyo y críticas:D
Y bueno, ojala les haya gustado este capítulo(: En fin, cualquier crítica, comentario, recomendación, será bien recibida en un review(:
