Capítulo 3: Francia, ese dolor de cabeza.

Unos meses antes de junio de 1940

Grindelaw golpeó la mesa de madera lustrada con incrustaciones de oro y gemas y gruñó enfadado. Era evidente que la información que Dumbledore proporcionaba a su precioso ministerio provenía de infiltrados en sus filas y él no lograba detectarlos.

— ¿Quiere algo? —preguntó un chica rubia con acento alemán.

— ¿Quién eres?

— Olga van Kamp.- respondió la chica.

— ¿Cuántos años tienes?- examinó mirando con atención el pelo recogido con simpleza.

— Dieciocho.- explicó al mago mayor con cierto temor. Nunca preguntaba, nunca levantaba sus ojos pesados de los múltiples pergaminos, de sus mapas súper marcados o simplemente de lo que se le diese la gana.

¿Dónde estudiaste magia?

- Mis tres primeros años en Beauxbatons y luego en Durmstrang.

— ¿Beauxbatons?- preguntó interesado, mirándola con más atención; recordando automáticamente el calor francés durante el verano que viajó allí con su tía Bathidla.

—Sí. Mis padres eran representantes de Austria ante Francia. — respondió el chico.

— Y dime Olga, ¿sigues en contacto con tus viejas amigas de Beauxbatons?

— He conservado amistades.- respondió- Las familias prósperas somos pocas en todos los países.

— Claro que sí –dijo Grindelwald sin querer escuchar a otro más de sus "ayudantes" repetir como loro sus enseñanzas—, me refería a si mantenías contactos con tus antiguos amigos de Beauxbatons o amigos de Francia en general. Tengo ganas de visitar París.

— Estoy seguro que podré contactarlo con quienes sean útiles para la causa. —aseguró la chica captando rápidamente las intenciones del mago, quien sonrió satisfecho — ¿Para cuándo desea hacer una visita?

— En unos meses. — respondió el mago escuetamente— ¿Eres casada Olga?

No aún. Me casaré el año próximo con Terrence Doge.

— ¿Doge?- examinó de repente, mirándola con detenimiento.

— Si, él es inglés pero sus padres estudiaron con los míos en Hogwarts y nos comprometieron desde pequeños.- respondió con tono respetuoso.

¿Tiene alguna relación con Elphias Dode?

— No que yo sepa, es un apellido común en Inglaterra. — alegó la chica, pero se apresuró a agregar- Los Dode parientes de Terrence son magos.

Grindelwald asintió e hizo un gesto con la mano, señalándole que se marchase.

Elphias Doge, el amigo de Dumbledore también era mago.

Decidió que miraría con más atención las amistades de Dumbledore y su gente; seguramente entre ellos estaría el traidor.

En ese momento, pero en su despacho de vice director de Hogwarts, Dumbledore abrió el respetuoso llamado a la puerta. Antes de abrirla ya sabía quien era.

— Pasa Riddle — dijo el mago —, ¿sucede algo?

— El director Dippet me manda a decirle que lo espera en su despacho, señor. — dijo de modo respetuoso, aunque para una mente tan trillada en Legerimancia como la de Albus Dumbledore, era obvio que el modo respetuoso del chico, era tan falso como un galleon de esmeralda.

— Gracias, Tom ... — dijo al chico, que asintió y se dio media vuelta para salir de su despacho —. ¿Has vuelto a tener incidentes para controla tu magia? — averiguó de repente, recordando que una de las niñas de primero de Gryffindor había ido llorando a su despacho a la mañana por que había encontrado a su gatito ahorcado a la salida de su sala común.

— Ninguno, señor.- respondió, un poco tenso pero intentando demostrarlo lo menos posible.

— ¿Hay algo que quieras contarme, Tom?

—Nada, señor. — se apresuró a decir el chico.

Dumbledore asintió y le señaló que podía irse con un gesto de mano, pero sin mirarlo; volviendo a sumergirse en los marcados mapas de tinta china sobre pergaminos amarillentos.

Chasqueó su lengua y enmarcó una sonrisa angustiada.

No sabía ciertamente cual sería el próximo paso de Grindelaw, el mago había ido ganando terreno en muchísimos aspectos y ahora tenía tantas ventajas sobre ellos. Además que a diferencia que los ministerios, él no tardaba nada en rearmarse y no tenía que discutir día y noche contra un grupo que negaba cada una da las cosas que él decía.

Estaba seguro que Grindelaw sospecharía que tenía espías en sus filas, al igual que él también lo suponía.

Miró el estandarte de las cuatro casas de Hogwarts y bebió un vaso de brandy que se había servido.

Los Gryffindor eran una casa que no tenían problemas, bueno, no tan grandes, en aceptar a hijos de muggles; al igual que los Hufflepuff.

Sin embargo, los Ravenclaw eran diferentes a los Slytherin; y ambas casas eran mucho más diferentes a las de Gryffindor y a la Hufflepuff.

Los Ravenclaw se aliaban de modo estratégico. Las pequeñas águilas tenían talento para ver más allá de lo que sus narices mostraban. Ellos sabían quienes de su grupo llegarían más lejos y luchaban, muchas veces implícitamente, por ser amigo o simplemente por caerle en gracia. Los azules del colegio eran diferentes a los Slytherin, ellos no tenían dramas por la sangre de sus compañeros; pero si por el intelecto, por la capacidad de ser excelentes en todos planos conquistables. Eran ambiciosos pero quizá con una meta más platónica que los Slytherin.

Resopló molesto y dejó caer sus párpados. Seguramente los aliados de Grindelaw serían de Slytherin. Ellos tenían la ambición necesaria que hacer lo que necesitasen y seguirían a Grindelaw si estaban seguros de que lograrían ganar algo.

—Dumbledore — dijo una voz poco simpática por la chimenea cuyo fuego era verde. El vicedirector se dio vuelta y se encontró con el rostro del director Dippet — ¿Es que Riddle no te ha avisado que deseo hablar contigo?

—Sí, lo ha hecho. — se apresuró a asentir—. Ya estoy contigo. — apuntó en tono rápido, saliendo a paso ligero de su oficina.


Ton Riddle cerró el pesado libro y murmuró Nox.

Automáticamente, la luz de la punta de su varita se apagó; pero el continuaba "inquieto".

Desde hacía un tiempo que tenía sospechas de cierta afinidad con el fundador de su casa. Específicamente desde que había leído Hogwarts, una historia.

Había leído varios libros de zoología mágica en relación con los ofidios y al parecer, tener la habilidad de controlarlos era algo inusual. Un poder que se identificaba con grandes hechiceros...

… Como seguramente habría sido su padre.

Negó con la cabeza. No se podía permitir esas debilidades como familia; aunque de todas formas dudaba que la tuviese. En el orfanato solo sabían que su madre lo había traído al mundo en una de las habitaciones del lugar y que había pedido que le pusiesen Tom por su padre y Marvolo por su abuelo.

Lamentablemente, Marvolo era un nombre relativamente común en personas mayores y no tenía tantos contactos mágicos que pudiese usar sin levantar sospechas para averiguar si algún Marvolo había tenido una hija, cuyo nombre ignoraba que había salido con un tal Tom Riddle.

El apellido Riddle no era conocido entre las ilustres familias mágicas de las que tanto sus compañeros se enorgullecían de pertenecer; quizá su familia no era de Inglaterra. Podría ser de otra parte, al fin y al cabo Inglaterra no era el único país de habla inglesa del mundo y con una comunidad mágica.


El día amaneció frío, pero Hermione se abrigó y sin importarle las bajas temperaturas, salió del castillo que dormía en silencio.

El sol apenas comenzaba a levantarse, pero ella sentía que tenía varias cosas que hacer ese día, entre ellas, contactar nuevamente a sus padres.

Estaba nerviosa ante la perspectiva de volver a hablarles, de quitarles el hechizo de memoria y explicarles por que los había mandado un año entero a Australia.

Miró su reflejo en las aguas oscuras y profundas del lago escocés.

Su cabello estaba más alborotado que antes, su cara tenía aún las líneas de la almohada y sus ojos lucían un tanto pesados por el sueño, sin embargo sabía que no debía demorarse.

Caminó de vuelta hacia el castillo y vio una figura alta y rubia que subía los escalones de piedra gris y sacaba su varita y abría la puerta del colegio con cuidado y sin hacer ruido. Rápidamente se cerraba sin el menos sonido.

Esperó unos segundos y subió la escalera con velocidad, imitó al rubio y abrió la puerta sin ruido.

Cuando entró, vio la figura alta y delgada de Malfoy doblar hacia el pasillo de las mazmorras.

"Invisibilitis" murmuró la chica apuntándose a si misma. En situaciones normales nunca hubiese seguido a Malfoy, sin embargo había algo que la impulsaba a seguirlo.

La experiencia de la guerra y su posterior sentido del peligro que se había agudizado tremendamente, le indicaban que Malfoy no traía un asunto muy limpio entre manos.

Caminó por el pasillo que había visto a Malfoy y luego siguió en dirección a las mazmorras.

Se detuvo antes de doblar, al escuchar que el rubio golpeaba suavemente una puerta maciza de madera y que esa rápidamente se abría haciendo girar los engranajes oxidados.

La puerta hizo el mismo ruido un momento después y Hermione avanzó con cuidado de no ser oída.

— ¿Alguna noticia de tu madre? – preguntó Horace Slughourn, en voz baja al chico, que respondió en el mismo volumen; casi un susurro imperceptible.

— Agradece tu ayuda. Está escondida, no ha vuelto a la casa desde las amenazas.

— Barbanás me ha dicho que Lucius se entregó al ministerio. Umbridge está a cargo de difusión de noticias ministeriales como secretaria especial y le ha pedido que la noticia salga en primera plana.

— Ese sapo reventado no se que pretende. Ha persuadido a los aurores para que los mortífagos terminen con el beso.

Hermione apretó los labios con cierto enfado. Era una de las pocas veces en la que su opinión coincidía con la de Malfoy; Umbridge debía tener un propósito bastante grande si no le importaba ponerse en contra las familias más antiguas de Inglaterra.

— ¿A ti no te han dicho nada de Azkaban? –preguntó el profesor de pociones. Se escuchó un resoplido y luego la voz aterciopelada del chico:

—No está interesada en mí, sabe que obedecí las órdenes por que mi familia estaba en peligro; lamentablemente mi padre no puede usar esa excusa. Se lo identificó como uno de los atacantes en el ministerio y Potter no tardará en ratificar que es un mortífago.

— No creo que Harry esté interesado en ayudar al ministerio, Draco. — dijo Slughorn –. Tu madre me dijo que ella le mintió al señor tenebroso sobre que estaba vivo antes de que lo venciese.

— ¿Y? — preguntó el chico, no intentando ocultar la desesperación que le provocaba estar en esa situación —. ¿Sabes que por culpa de la demente de mi tía Bella usaron Malfoy Hall cuando Fenrir Greyback logró atrapar a Potter y compañía? Créeme, yo dije que no los reconocía por que no quería volver a tener a Voldemort cerca, pero tampoco creo que Potter recuerde eso. Los Malfoy desapareceremos; mi madre moriría escondida del ministerio por que piensa que también fue mortífaga.

— ¿Ni siquiera te han tomado declaración completa con veritaserum?

— Es Umbridge quien dirige los interrogatorios, Horace. — dijo el chico —. Además recuerda que es una de las postulantes al cargo de vice jefa de wizengamot. No ha hecho ninguna pregunta en la que haya podido contar eso, con o sin veritaserum. Además ella misma ha dicho que los mortífagos mienten incluso con veritaserum. Como si nadie supiese que ella fue la primera en colaborar en la comisión de sangres sucias.

—Puedo pedirle a Minerva si quieres...

— ¿Qué? Horace, ya has hecho todo lo que pudiste. Yo logré librarme por muy poco, mi padre de algún modo ha buscado su destino y mi madre paga las consecuencias colaterales de ser una Black y de estar casada con Lucius Malfoy.

Silencio.

— ¿Piensas irte?

— Probablemente. — manifestó el chico —Aunque no se a donde. Creo que una temporada en Alemania me hará bien. Hace tiempo que no visito Baviera.

A través de la puerta de madera, Hermione escuchó una risa, presionó más su oreja contra la puerta.

— Recuerdo a tu abuelo hablar de la cabaña en Baviera, Draco. Ciertamente, un mago muy astuto. Hacía honores a Slytherin.

— Lástima como terminó. — dijo Draco — La viruela de dragón es una enfermedad horrible.

— Nunca entendí como se contagió. Me acuerdo que lo visité en el San Mungo cuando estaba enfermo. Tu padre era joven y tuvo que hacerse cargo de todo.

— Mi padre sufrió mucho la muerte de mi abuelo. Nunca entendimos bien como se contagió. Dicen que fue en un viaje a la cabaña de Gales con mi abuela por su aniversario, pero nunca lo confirmamos. Mi abuela murió un año antes más o menos y luego le descubrieron a mi abuelo la viruela. Papá me dijo que la viruela podía estar latente mucho tiempo y luego manifestarse.

Una campanada sonó fuerte y clara. Hermione, en un acto reflejo se corrió hacia uno de los lados de la puerta, apoyándose contra la pared justo cuando el profesor de pociones abrió la puerta:

— ¿Qué demonios es eso? — inquirió Draco Malfoy, tan sorprendido como ella por las campanas.

— Minerva me comentó algo en la cena sobre que mandaría a arreglar las viejas campanas del colegio para la fiesta por el fin de la guerra.

— ¿El colegio tiene campanas? — preguntó Draco sorprendido. El profesor asintió.

— En la época de tu abuelo era costumbre que se tocasen las campanas antes de cada comida. Luego Dumbledore quitó la tradición por que le parecía molesta.

— Coincido plenamente con él. — murmuró el chico, antes de volver a entrar a la pequeña aula vacía y cerrar la puerta.


15 de junio de 1940.

Los alumnos estaban felices por haber terminado la temporada de exámenes. Todos los alumnos, sin distinción de casa, gozaban en los enormes jardines llenos de flores del colegio de magia.

El profesor Dippet amaba las flores y había ordenado a la profesora de herbología que plantase enormes canteros de rosas, margaritas petunias y árboles llenos de jazmines que abrían sus pimpollos ante el increíble calor de mediados de junio.

— ¿Vienes a volar? –preguntó Orión Black a sus amigos. Abraxas Malfoy y Tom Riddle lo miraron y ambos declinaron la oferta, adentrándose más en el agua.

Dadas las altas temperaturas veraniegas todos los alumnos se peleaban por conseguir un mínimo huequito en el lago de aguas heladas. Los más temerarios, un grupo de Gryffindors de sexto comandados por Charlus Potter, nadaban y jugaban a pasar entre los tentáculos del calamar gigante.

— ¿Tienes planes para las vacaciones, Tom? – indagó Abraxas, quien había decido cortar su túnica hasta las rodillas y meterse lo máximo posible en el agua.

— No sé qué haré, ¿tú?- curioseó rápidamente Riddle.

— Iré con mi familia a Baviera y creo que después me quedaré unas semanas con Orión. Lo único que espero es que no este Walburga con ellos.

— ¿Walburga Black?-preguntó Tom, recordando las facciones frías y el carácter explosivo de la prima de su compañero. La chica iba a Slytherin, aunque estaba en primero.

— La misma. Es la prometida de Orión y es una hueca.- expresó el rubio, mojándose la cabeza para no insolarse.

— ¿Y tu prometida?- preguntó Abraxas.

—No sé y no me interesa saberlo. Sinceramente no sé que creen mis padres que ganarán al comprometerme con una Flint. Todos saben que uno de sus antepasados es medio troll.

Tom rió de lado y se tapó los oídos al escuchar el fuerte tañido de las campanas.

— Hora de la merienda. — dijo Abraxas, quien no parecía muy dispuesto a salir del lago — ¿Sabes nadar?

— No muy bien. — confesó Riddle— ¿Qué pretendes?

Esconder la varita de esas niñas de Hufflepuff.

— No creo que sea muy interesante- dijo el chico, cuyos ojos oscuros brillaron de modo intrigante -¿Por qué no le damos una lección al grupo de Gryffindor?

Ambos Slytherin miraron a los chicos que apostaban del otro lado del lago a ver quien aguantaba más tiempo sin respirar.

Los chicos estaban en una especie de traje de baño y se habían sacado las túnicas y las habían dejado en custodia de sus compañeras en las orillas.

— Tengo una idea mejor. — murmuró Abraxas. Sin llamar la atención, salió del lago seguido por un intrigado Thomas.

Cuando ambos estuvieron afuera, sólo quedaba un grupo de Ravenclaw y esos gryffindors. El resto de los alumnos comenzaba a ir al colegio para merendar.

Congelum. — murmuró Abraxas.

Lentamente, el agua se congeló como si estuviese rodeada de dementotes.

Unos segundos después, los alumnos de Gryffindor que seguían bajo el agua intentaron salir por el frío que sentían, pero se encontraron con una pequeña película de hielo que les impedía subir a la superficie.

Desesperados por respirar, dado que habían intentado contener el aire sin trucos mágicos y no tenían la varita con ellos, golpearon fuertemente el hielo y consiguieron un poco de oxígeno.

— ¿Qué pasó? — inquirió un intrigado Orión Black que aterrizó junto a ellos.

—El agua se congeló. — murmuró un muy sonriente Tom. Abraxas a su lado, estaba más divertido aún.

— Probemos con algo mejor. — dijo el chico.

Apenas movió su varita de modo disimulado y sin que lo viesen murmuró calorum.

Rápidamente el agua aumentó su temperatura y la pequeña capa de hielo se derritió. Los Gryffindors se apuraron a salir del agua, pero uno de sus compañeros no fue lo suficientemente rápido y gritó:

— ¡Me quemo! — sus amigos lo miraron extrañado, pero corrieron a ayudarlo.

La superficie del lago, que segundos antes había estado congelada, ahora lucía calma pero algunos vapores subían de ella, indicando el fuerte calor. El calamar gigante, que siempre estaba oculto en el medio del lago, ser había aproximado a la orilla intentando no quedar como un platillo.

Pero la diversión rápidamente se cortó cuando la alta figura barbuda de Dumbledore salió a toda velocidad del colegio y haciendo un movimiento de varita gritó:

Templum calorum.

El agua, rápidamente volvió a su temperatura media y el chico de -Gryffindor que se quejaba de sus piernas quemadas se apresuró a salir.

— ¿Quién fue el responsable de esto? — preguntó Dumbledore a sus alumnos. Los slytherin, estaban del otro lado del lago, permanecían ocultos detrás de las ramas de un sauce llorón.

Los Gryffindors, que no podían explicar que sucedía, miraban para todas partes buscando el culpable pero sin encontrarlo. Dumbledore hizo un gesto y sus alumnos fueron para el castillo, seguidos luego por el vicedirector que cerró las puertas del castillo.

¿Cómo entraremos? –examinó Abraxas viendo que quedaban ellos solos en el lugar. Los Ravenclaw se habían ido antes que los Gryffindor.

— Por los túneles.-respondió Orión como si fuese lo más sencillo del mundo.

— ¿Túneles?

—Podemos ir por los de desagüe. –Sus compañeros lo miraron con cara de asco y rápidamente agregó-. O podemos levitar con mi escoba e ir hasta una ventana y abrirla y saltar.

— Rodeamos el colegio hasta el casco viejo y luego nos metemos por el túnel de prefectos- decidió Riddle. Sus amigos lo miraron extrañadas por el plan.

— ¿Cómo entraremos? Ninguno es prefecto.

— No es necesario. Si ese squibb pasa por allí, nosotros también podemos. — indicó el futuro mago oscuro decidió. Orión sonrió de lado y asintió.

— ¿No se supone que la magia del colegio reconoce a quien quiere pasar?

— El celador es squibb, su magia es nula. Vengan.

Demostrando sus dotes de líder, los guió hasta dicho pasaje pobremente iluminado por los rayos de sol que se colgaban.

— Está cerrado. Sólo el preceptor tiene llave. — dijo Abraxas. Tom rió.

— Alohomora. — murmuró con su varita. La puerta no se abrió. Sus compañeros lo miraron con gesto irónico.

— Insonorus— cuchicheó el chico —Bombardo.

La puerta estalló, pero sin que se escuchase el ruido de la explosión. Sus amigos, al igual que él, se destaparon los ojos cuando la explosión terminó y avanzaron temerosos de la oscuridad que emergía del túnel.

Riddle arregló la puerta para que no se notase que la habían destrozado y caminaron el túnel, que rápidamente se comunicó con las mazmorras y de allí, la sala común de Slytherin.

Cuando llegaron a la verde sala de las serpientes, todos los alumnos estaban escuchando con atención a su líder, el profesor de pociones.

"El profesor Dumbledore está con el director Dippet y están averiguando quien fue. Obviamente, en la lógica del vicedirector, si un alumno de Gryffindor fue atacado, cree que sí o sí fue uno de Slytherin quien lo atacó. Le ha asegurado que no, pero insiste en revisar las varitas de todos."

Abraxas miró a Tom nervioso, pero el chico siguió mirando hacia delante sin inmutarse.

El profesor comenzaba a pedir las varitas y Tom, sin que nadie más allá de sus dos compañeros lo viesen le sacó la varita del bolsillo a un chico delante suyo y se la pasó a Abraxas que lo miró sin entender, pero rápidamente asintió y le dio la suya a Tom, quien la permutó rápido por la del chico.

Orión sonrió de lado ante la jugada de su amigo y se acercó con los demás a que su profesor hiciese el priori incantatem a cada varita.

— Priori incantatem. — dijo el profesor a la varita de madera negra de Orión Black. El espectro de hechizo que salió mostró un hechizo de aguamenti que el profesor dijo:

— ¿Usted fue el que mojó a la señorita Black en la cancha de Quiddich cuando volaba?

— La señorita Black atrae lluvias personalizadas. — indicó el chico.

Tom se acercó al profesor, quien realizó el hechizo mostrando un lumus que no le dio importancia y luego, llegó hasta Abraxas, que presentó su varita un tanto nervioso.

El profesor pronunció el encantamiento y la varita se iluminó, mostrando un:

— ¿Usted usó un hechizo proteico? – preguntó el profesor mirándolo con interés.

— Si, intenté ver si me salía pero no tuve suerte.- negó el chico.

— Es un encantamiento difícil...dígame, ¿sobre qué lo intentó usar? — preguntó el mago.

— Sobre las corbatas. — explicó el chico. La sala común lo miró curioso y Abraxas, sacando un talento desconocido para la actuación, improvisó — teníamos una corbata. Tom le hizo el nudo y hechizamos nuestras corbatas a ver si todas se hacían el nudo para imitar la original.

Silencio. El profesor los miró a los tres y sonrió:

— ¡Brillante! Sobre corbatas... Le felicito por su idea, siga practicándolo, Malfoy. Igual es de nivel éxtasis.

— A mi me salió. — señaló Riddle en un murmuro que se oyó perfectamente por el silencio del lugar.

— ¿Qué? – curioseó Horace doblándose hacia él-. ¿Lo has intentado?

Tom asintió y decidió mostrar un poco de su talento. Amaba ser el centro de atención y aprovechó el momento:

— Denme tres corbatas. — pidió. Orión rápidamente le dio la suya y Abraxas también. Unos chicos de quinto también se las dieron. Los de séptimo, que se suponían que debían saber el encantamiento no se movieron, expectante a que el pequeño fallase.

Proteico — dijo trazando una línea que atravesase todas las corbatas. Las prendas rápidamente brillaron de color cobre y Tom rompió una. Al instante, las otras corbatas se rompieron imitando la forma de la original.

Silencio. Mutismo absoluto. Todos miraban al chico y la perfecta ejecución de un encantamiento nivel Éxtasis por un niño de doce años.

— Cien puntos para Slytherin. — murmuró Horace con su boca abierta por la sorpresa. Estaba sorprendidísimo, sin creer el talento que el chico mostraba de forma natural —. Si me disculpan, creo que ya terminé la inspección. — expresó Horace Slughorn saliendo asombrado de la sala común, dejándola en un silencio atónito.

Sin embargo, el profesor rápidamente volvió a entrar a la sala común segundos después, seguido por un niño de primer año de la casa Slytherin.

—Por favor, escúchenme bien — dijo con expresión alerta —, el director Dippet ha mandado a decir que ningún alumno puede salir de su sala común desde este momento hasta nuevo aviso.

Las voces de protesta de los alumnos mayores rápidamente se hicieron oír, pero el profesor los cayó rápido:

— Han atacado Beauxbatons. — pronunció en un perfecto francés— Y ha caído París. El director está reunido con el ministro esperando noticias de cómo proceder. Por favor, compórtense. Señor Brown y Black —Cygnus Black rápidamente saltó esperando órdenes— vigilen a sus compañeros.

Los chicos asintieron y la pared de piedra se cerró tras el profesor, sumiendo la sala Slytherin en una atmósfera reflexiva.