Pokémon Prisma

Torneo Continental

Alola! ¿Qué hay de nuevo? Ya regresé, y con un nuevo episodio, por cierto. ¿Me extrañaron? Sé que no XD pero eso no les interesa, ¿no es verdad? No tengo nada que decir esta vez, quizás al final agregue alguno que otro detalle, así que mejor cierro la boca y los dejo con el capítulo, no sin antes contestar unos Review:

Guest: Muchas gracias por tu Reviee :3 Sí, era claro que Talonflame no tenía muchas oportunidades contra Lycanroc 0.0 y, al menos por ahora, no habrá una próxima evolución de Rowlet (PD: descubrí que había aprendido Recurrente dos días después de publicar el primer capítulo). Quizás exageré un poco al decir que Lycanroc era más fuerte que Pikachu, pero ¿sólo yo quedé traumado con la paliza que les dio a todos los Pokémon de Nanu él solo? O_O y, por último, quise que tanto Ash como Kiawe tuvieran un equipo completo para que la batalla tuviera toda una gala de enfrentamientos entre sus múltiples Pokémon. Y Kiawe, aunque no sea uno de mis personajes favoritos, tendrá cierto protagonismo en este fic.

Aquí lo tienen, que lo disfruten.

0-0-0-0-0

Chapter 3: Apenas inicia.

—¡Faba! —Gritó con alarma Zyra, corriendo desesperada hacia el muro en el que Faba había salido despedido.

El científico chocó con brusquedad contra la pared, gimiendo de dolor, mientras sostenía con ambas manos una herida en su hombro, cuya sangre ya había manchado sus ropas blancas. Zyra llegó junto a él, y empezó rápidamente a tratar sus heridas con todo lo que tenía a mano.

—Tsk. Eso les pasa por meterse en mi camino. —Resopló la villana enmascarada, caminando a través de los cuerpos inconscientes del Alakazam y el Hypno de Faba, con un jadeante Kadabra y el altanero Meowth a su lado. —Aunque admito que tú, Lusamine, realmente me diste problemas. No pensé que alguno de ustedes me obligara a sacar las armas pesadas.

La enmascarada meneó la cabeza hacia la dirección en las que un Jellicent hembra de un peculiar color morado mantenía a raya a Clefable usando Estrujón para atraparla con sus tentáculos, y luego rematarla con un poderoso Hidrobomba. Además, defendiéndose de los ataques de una enérgica Lopunny, un Scizor rodeaba sus intimidantes tenazas con una energía verde claro, blandiéndolas para bloquear el Puño Mareo de la coneja. La dueña de Clefable y la Lopunny frunció el ceño, y más aún cuando su camino para acercarse junto a Zyra y el abatido Faba fue bloqueado por Meowth, quien mostró sus garras para demostrar que no estaba jugando ni iba a tener escrúpulos a la hora de atacar a la lideresa de la Fundación Aether.

—¿Y bien, linda? ¿Qué tienes que decir? —Le preguntó la villana a Lusamine, sonriendo detrás de su máscara.

Lusamine mostró los dientes, y extendió una mano hacia ella. La enmascarada imaginó que iba a ordenar algo más a sus Pokémon, pero se sobresaltó cuando, al abrir su puño, Lusamine dejó caer dos pequeñas esferas, que se agrandaron conforme se acercaban al suelo.

—¡Kadabra, Psicocorte! —Ordenó la villana, pero fue demasiado tarde.

Las Poké Balls cayeron al suelo, abriéndose para liberar a los Pokémon contenidos dentro de ellas. Una Bewear y una Absol se manifestaron en el laboratorio, la segunda interponiéndose para recibir sin daño alguno los tajos magenta que Kadabra creó para bombardearlos. La enmascarada frunció el ceño, al igual que su Meowth, cuyo cuerpo fue ligeramente rodeado de electricidad.

—¡Ustedes dos! ¡Muévanse y ayúdenme aquí! —Les ordenó a sus socios, al tiempo que Bewear y Absol se abalanzaban contra Meowth y Kadabra.

—¡Estamos un poco ocupados por aquí! —Respondió Xerosic, con nerviosismo, esquivando por los pelos el Mordisco de una Lycanroc forma meridiana que se le había abalanzado. Colress, junto a él, demostraba un interés más grande en los datos de su Tablet que en los enemigos que lo arrinconaban a él y al antiguo científico del Equipo Flare.

Klinklang y Malamar los defendían con dificultad del pequeño ejército de Pokémon (conformado por un Infernape, un Emboar, una Lycanroc, un Whimsicott, un Mothim, un Scyther, una Cinccino, una Azumarill) que el escuadrón de élite de la Fundación Aether, conformado por cuatro soldados, había lanzado contra los dos criminales, uno sumamente alterado y el otro sin siquiera inmutarse.

—¡Mothim, Acróbata!

—¡Azumarill, Minccino, Plumerazo!

Mothim embistió directamente a Malamar después de que éste hubiera usado Doble Rayo contra la Lycanroc que hostigaba a su entrenador, lanzándolo contra la pared con brusquedad, mientras que las dos Pokémon roedoras corrían hacia su enemigo caído para rematarlo.

—¡Colress, apóyame un poco, ¿quieres?! —Le reclamó el pelirrojo al antiguo científico del Equipo Plasma, que se limitó a alzar los ojos por un momento de la pantalla de su dispositivo, suspirando con una ligera molestia.

Dio un paso hacia atrás para que un Infernape que se le había abalanzado por un costado pasara frente a él, y seguidamente musitó:

—Cambio de Marcha y Voltio Cruel.

Klinklang, quien se hubo sacudido ya al Scyther que se aferró en su espalda para acuchillarlo repetidamente con su Corte Furia, hizo girar todavía más rápido sus engranajes y fue rodeado por un aura plateada con matices carmesís. En el segundo siguiente, ya había rodeado su cuerpo entero de electricidad y volado a detener como un resplandor electrizante a Cinccino y a Azumarill, la primera recibiendo la peor parte del ataque. La Pokémon Tipo Normal terminó estrellándose de espaldas contra un escritorio que hizo pedazos ante su aterrizaje, mientras que Azumarill giraba por el suelo antes plantar sus pies en el mismo para recomponerse. Un segundo después, usó su cola como resorte para atacar a Klinklang con Acua Jet, movimiento que el Pokémon metálico resistió como si nada.

Malamar, por su parte, ya se había levantado, aunque tuvo que moverse rápido para eludir los ataques de Emboar, a quien se le unió Infernape, Lycanroc, Whimsicott y Mothim, acorralando al calamar oscuro, quien se amedrentó ligeramente.

—¡Lanzallamas! —Ordenó Xerosic, detrás de su Pokémon, quien al instante exhaló un aliento infernal presurizado. El movimiento de fuego arrasó con todos sus enemigos, pero Infernape y Lycanroc lograron resistirlo y continuar acercándose.

—¡Ultra Puño!/¡Roca Veloz! —Dictaminaron los entrenadores de aquellos Pokémon, que obedecieron sin rechistar.

Los dos movimientos golpearon directamente a Malamar, quien retrocedió ligeramente y cerró un ojo debido al dolor. Había usado sus tentáculos para amortiguar los impactos, pero no por ello dejaban de ser dolorosos.

—¡Psíquico!

Malamar abrió sus ojos, iluminados por una poderosa luz azulada, y antes de que sus enemigos alcanzaran a moverse, fueron brutalmente golpeados por potentes resonancias mentales, que no sólo los dañaron, sino que desorientaron.

—¡Ahora, Psicocorte!

Las cuchillas magenta que Malamar arrojó de sus tentáculos volaron por el aire como flechas, incrustándose en la piel de sus dos oponentes, recibiendo Lycanroc la mayor parte del daño.

—¡Whimsicott, Hoja Afilada! —Urgió rápidamente la entrenadora de Lycanroc, a lo cual su compañera dio un salto e hizo emerger de su cabellera esponjosa un aluvión de hojas afiladas que llovieron sobre Malamar, si éste no las incinera con Lanzallamas.

El Pokémon hada aterrizó entre su compañera derribada y su enemigo, con Infernape, Emboar y Mothim uniéndoseles, el último sufriendo quemaduras por el Lanzallamas que recibió anteriormente.

Bewear cayó de espaldas sobre unos estantes repletos de libros apilados, derribándolos, mientras unos agotados Meowth y Kadabra jadeaban sonoramente, recuperando el aliento. No obstante, tuvieron que moverse para eludir el rayo congelante que su otro enemigo les disparó, pero Kadabra, al descuidarse, recibió la Cuchillada de Absol, quien se había aproximado al Pokémon Psi de un segundo a otro.

Meowth dio un paso atrás cuando Bewear, ya incorporada, se le abalanzó precipitadamente con Cabezazo Zen, esquivándola su pequeño objetivo por los pelos, quien seguidamente contraatacó con Rayo. La electricidad ni siquiera fue capaz de atravesar la aureola rosada de Bewear, la cual en ningún momento detuvo su destructora embestida y arrasó con gran parte del laboratorio ante su alocada carrera. Meowth frunció el ceño, pero sus reflejos le obligaron a reaccionar para esquivar de un salto a Jellicent, quien había sido golpeada fuertemente con el Brillo Mágico de Clefable. Una vez logró deshacerse temporalmente de ese pulpo fantasmal, la hada iba a ayudar a Lopunny, quien tenía ciertas dificultades con Scizor, si Meowth no se le abalanza con Golpes Furia y empieza a arañarle la cara. Clefable gruñó con los ojos cerrados, forcejeando, mientras Lusamine fruncía el ceño.

—Brillo Mágico nuevamente.

—¡Meowth, Rayo!

Los dos Pokémon asintieron, y rodearon sus cuerpos con energía súbitamente, la cual reaccionó con el poder que su enemigo también emanaba y una repentina explosión resultante entre ambos terminó lanzándolo a cada uno a una dirección distinta. Meowth giró cual balón por el suelo, atravesando las sillas y las mesas que se interponían por el suelo, hasta que el pie de su entrenadora lo frenó, dejándolo por completo mareado.

—Eres buena, después de todo. —Admitió. Aunque su cabeza parecía estar fija en Meowth, en realidad miraba a través del visor de su casco a Lusamine, quien sonrió ligeramente. —En serio pensé que ninguno de ustedes sería capaz de ponernos en aprietos.

—¿Eso crees? Esto no es nada. —Replicó Lusamine, dilatando su sonrisa mientras veía de reojo la salida del laboratorio. Siguiendo su mirada, la enmascarada se sobresaltó al divisar a Zyra, arrastrando al herido Faba hacia el pasillo que salía del laboratorio, sacándolo de ese embrollo de combates caóticos.

—¡Maldición…! —Masculló la villana, pero cuando iba a zarandear a Meowth para que recuperara la conciencia y ordenarle perseguir al científico, Clefable acometió contra ambos, usando Metrónomo antes de expulsar una lluvia de estrellas con Rapidez, el ataque elegido por el movimiento utilizado.

Los proyectiles luminosos golpearon tanto a la mujer como a su Pokémon, lanzándolos a ambos contra los fragmentos de unos escritorios destruidos. Ella trató de levantarse luego de que su visión dejara de dar vueltas, pero algo se lo imposibilitó. Al desaturdirse completamente, frunció el ceño al ver los fríos ojos verdes de Lusamine, quien, con un pie sobre su pecho, le impidió el que volviera a incorporarse. Miró a Meowth, a su lado, quien apenas y abrió los ojos cuando Clefable le agarró por la cola, y, usando Tiro Vital gracias a Metrónomo, lo estrelló con brutalidad contra el suelo, terminando por noquearlo.

Kadabra, quien había observado espantado cómo su dueña era atacada, iba a acercarse, si Absol no le llega por detrás con Cuchillada, aventándolo con su cara rodeada de energía contra unas mesas, que se destrozaron y su contenido (libros, artefactos, experimentos) lo sepultaron.

—Arg… —Bufó la mujer, adolorida, pero ignoró aquello cuando Lusamine se agachó para mirarla a los ojos, sin apartar su pie de ella.

—Esto terminó. —Sentenció la rubia, con un destello perturbador en su mirada, pero ni aun así dejaba de ser hermosa. Su enemiga no hizo más que fruncir el ceño, mirando con el rabillo del ojo a Scizor contenido por Bewear, y a Lopunny distrayendo a Jellicent.

Esto se había complicado de más.

0-0-0-0-0

—¡Placaje!/¡Mordisco, ahora!

Un nuevo choque entre ambos Pokémon añadió otro cráter al ya irreconocible campo de batalla, pero esta vez, y para el asombro de muchos, Lycanroc terminó cediendo, con las marcas de los colmillos de Arcanine en una de sus patas, pero también con una mirada enfurecida de ojos rojos.

Su adversario, el imponente Arcanine de Kiawe, escupió la sangre del canino que quedó en su boca, y sonrió con suficiencia. Lycanroc mostró los colmillos, pero Ash parecía más serio y pensativo que su Pokémon. Arcanine había demostrado ser uno de los Pokémon más poderosos de Kiawe, a pesar de tratarse de uno relativamente nuevo. Le estaba dando problemas a Lycanroc, y eso ya era mucho decir.

Con sinceridad, no podría asegurar que Pikachu al máximo de sus energías podría vencer a un Pokémon como ese, que pudiera igualar su velocidad y superarlo en fuerza. Sino pensaba en algo pronto, las cosas iban a salírsele de las manos, y si perdía este enfrentamiento, el resultado del combate podría ser uno muy diferente a lo que él esperaba. Lycanroc y Pikachu eran sus cartas de triunfo, pero Turtonator ya había debilitado demasiado al segundo, y sólo contaba ahora con Lycanroc para alcanzar la victoria.

Kiawe, por su parte, sólo miraba reflexivo a Lycanroc, analizando. Por ahora, llevaba la ventaja por la mayor fuerza de Arcanine sobre su rival, al igual que la velocidad de su Pokémon, que también había sido un factor clave. Lycanroc no parecía cansado, ni agobiado por las heridas y quemaduras que lucía su cuerpo debido a los destructivos ataques de Arcanine; su mirada furiosa evidenciaba que su enfado era mayor que su dolor, y eso ya le daba la idea de que no iba a darse por vencido muy próximamente. Suspiró, y sentenció que, por ahora, no había que bajar la guardia ni por un segundo.

Un logro algo complicado, pues Arcanine, al igual que todos los Pokémon, tenía un defecto: su innecesario exceso de soberbia. Con solo ver la mirada altanera que le dirigía a su rival, ya era consciente de que lo estaba subestimando sólo por ser más fuerte. Ni aunque le advirtiera sobre no confiarse, su Pokémon seguiría pensando que él era superior a sus rivales, y bajaría la guardia. Un descuido como ese podría costarle el combate entero.

La única solución que le venía a la mente era acabar con Lycanroc lo más rápido posible, y así librarse de la más grande obstaculización a su victoria contra Ash.

E iba a lograrlo de una manera u otra.

—¡Colmillo Ígneo!

—¡Roca Veloz!

La escasa distancia entre ambos cuadrúpedos se cerró en un segundo, y el impacto entre los dos generó tal ráfaga de viento que algunos fueron obligados a cubrirse del polvo que levantó aquel ventarrón. Gruñéndose mutuamente, los dos se negaban a retroceder, presionando a su rival sin menguar sus fuerzas.

Kiawe, que miraba seriamente el choque de poder de los dos Pokémon, arqueó una ceja al divisar la sonrisa de Ash, pero trastabilló al escuchar la orden de él.

—¡Es nuestra oportunidad, Roca Afilada!

—¡Arcanine, cuida…!

Ni siquiera terminó de hablar cuando debajo de ambos Pokémon emergieron unas filosas rocas azules, separándolos, y golpeando vez tras vez a un sorprendido Arcanine, que no alcanzó a defenderse de los ataques. Lycanroc ladró, y se desvaneció en un borroso destello mientras su oponente todavía era golpeado por las rocas, viajando en un segundo a través del campo de batalla hasta situarse a espaldas del majestuoso canino con apariencia que recordaba a un león, quien apenas logró vislumbrar a Lycanroc detrás de él con el rabillo del ojo, antes de sufrir la sólida Roca Veloz del mismo perforando su columna.

Lo que su entrenador más se temía sucedió…

Arcanine rugió de dolor, pero, haciendo un esfuerzo, aguantó su sufrimiento, apretando la mandíbula y cerrando los ojos con fuerza. Lycanroc no se movió del lomo de Arcanine, ni desincrustó las rocas de su cuerpo de la espalda del canino, ni quitó aquella mirada de ojos rojos completamente neutral y fría que tenía en ese momento, y que preocupaba ligeramente a su entrenador. No obstante, ensanchó los ojos con alarma al vislumbrar apenas un destello de dolor amarillo claro, pero inconfundible. Ash, que también lo había visto, abrió levemente la boca, de repente exaltado.

—¡Lycanroc, corre! ¡YA!

—¡Demasiado tarde! ¡RAYO SOLAR!

—¡ARCANINE! —Bramó el Pokémon Tipo Fuego volteando su cuello hacia Lycanroc para escupir de sus fauces un haz de luz, que no solo dio de lleno en el Pokémon Tipo Roca, sino que lo arrancó de las espaldas de Arcanine y lo arrastró a través del campo de batalla en un fugaz segundo, terminando por chocar contra el muro que separaba a la audiencia de los combatientes…

Un insoportable silencio se alargó por unos minutos, en los que Kiawe y Ash, al igual que todos los presentes, miraron expectantes el agujero en la pared en el que Lycanroc había sido clavado, que era nublado por una pequeña nube de polvo. Arcanine, jadeando un poco y con un hilo de sangre bajando de la herida en su espalda, ladró furioso.

¡Qué te pareció eso, cachorro! —Exclamó, apoyándose con fuerza en sus piernas para no desplomarse y así mostrar que se encontraba vulnerable. No iba a admitirlo, pero esa Roca Afilada y Roca Veloz le provocaron atroces daños, y bufó por lo bajo al captar que su entrenador no había pasado eso desapercibido, sin importar cuánto fingiera él que se encontraba todavía en condiciones de pelear.

Le lanzó una mirada cortante, como advirtiéndole que ni siquiera se le ocurriera sugerirle descansar. No había terminado con ese Lycanroc.

Y hablando del rey de roma…

—¡LYCAN! —Ni siquiera vio cuándo demonios salió del agujero en la pared.

De un momento a otro, el Placaje de Lycanroc que recibió directamente en la cabeza lo desorientó, obligándolo a retroceder tambaleándose. Intentó fijar su mirada en la borrosa silueta que se plantaba desafiante y enfurecida ante él, pero no lo consiguió antes de que ésta se esfumara en un instante, levantando una pequeña cantidad de polvo del suelo.

—¡Arcanine! —Gritó Kiawe con preocupación cuando su Pokémon recibió una brutal Roca Veloz en el abdomen, haciéndole escupir sangre y saliva, para seguidamente ser rematado con otro Placaje en el rostro, que lo lanzó por los aires.

Lycanroc aterrizó elegante luego de propinar esos ataques, y cuando levantó la mirada, se reveló que sus ojos habían vuelto a ser tan verdes e intensos como siempre, pero su expresión seguía siento fría y calculadora.

Al vislumbrar difícilmente la mirada de su rival, Arcanine sintió como su sangre ardía, aun volando por los cielos debido al golpe que recibió. Logró acomodar su cuerpo en el aire, y una vez tuvo fijo a Lycanroc, se desvaneció en un resplandor veloz, al igual que el canino.

Dos destellos borrosos colisionaron múltiples veces en segundos, generando ondas expansivas que agrandaban los daños a la plataforma de combate y empujaba a los espectadores hacia atrás.

Ash y Kiawe soportaban las súbitas y poderosas ráfagas de viento que levantaban sus Pokémon con cada encuentro, hasta que Lycanroc, en vez de igualar el poder de la Velocidad Extrema de su rival con su Roca Veloz, lo eludió con una agilidad increíble, dejando a Arcanine, que pasó por delante del inmutable Lycanroc, con los ojos como platos.

Un resplandor anaranjado y azuloso lo cegó un momento, antes de sentir cómo el suelo de su pata izquierda delantera se dislocada al recibir la brutalidad del Contraataque de su rival, cuya potencia terminó por despedirlo contra otro de los murales limitadores del campo de batalla. Acabó por completo incrustado en la pared, con la mirada caída, y su extremidad temblando. Kiawe frunció el ceño con preocupación, y ya estaba dirigiendo su mano hacia su Poké Ball, cuando los ojos de Arcanine volvieron a abrirse, brillando con una intensidad abrumadora.

Lycanroc, que lo observaba fijo, cómodamente sentado en el campo devastado, arqueó una ceja, pero tuvo que levantarse de golpe cuando Arcanine hacía reventar el muro cuando salió disparado hacia él. Ni aun así tuvo el chance de esquivar el embate de su contrincante, que destrozó por completo el terreno por el cual avanzaba, levantando además una gran cantidad de polvo a su paso. No se detuvo ahí luego de taclearlo, sino que también mordió con sus colmillos recubiertos de fuego la cola del canino, y de un brusco movimiento, lo estrelló salvajemente contra el suelo, destrozándolo todavía más. Continuó azotando a Lycanroc agarrándolo con su formidable mandíbula para asegurase que no escapase, mientras el lobo forcejeaba al ser golpeado contra el suelo una y otra vez.

Ash frunció el ceño.

—Y bien, Ash, ¿qué harás para…?

—Roca Afilada.

—¡Roc!

Ante los ojos impresionados de Kiawe y Arcanine (el primero tragándose sus palabras) Lycanroc aterrizó sobre sus pies antes de ser golpeado contra el suelo por octava vez por su enemigo, quien ensanchó los ojos con asombro. Sin embargo, lo más sorprendente vino cuando el canino encendió su cuerpo con una flamante aura verdosa, antes de enterrar sus patas delanteras en el terreno, e invocar de las entrañas del mismo unas místicas rocas azules, que golpearon reiteradamente a Arcanine, con una potencia que no sólo lo dañó a él, también al campo de batalla. Cada impacto que recibía Arcanine generaba un pequeño temblor que creaba pequeñas fisuras en el suelo, que iban volviéndose más y más grandes con cada roca que emergía, hasta que Arcanine no pudo soportarlo más.

Luego de un último ataque, el canino/león cerró los ojos en el aire, y cayó de espaldas, vencido…

Lycanroc, quien apenas y parecía algo lastimado, miró seriamente a su enemigo derrotado. Seguidamente desvió la mirada, y caminó hacia el costado de su entrenador, quien le felicitó animado por su grandiosa participación.

—Primero Talonflame, y ahora Arcanine. —Silbó el Profesor Kukui con no poca sorpresa; a su vez, el árbitro anunció la victoria de Lycanroc, y que también a Kiawe solo conservaba dos Pokémon, uno de los cuales estaba en un grave estado, al igual que Pikachu. —Lycanroc es, sin duda alguna, uno de los Pokémon más sorprendentes que he visto en mi vida.

—Por supuesto. ¿No lo criaste tú? —Ironizó Burnet, rodeando su brazo con el de él, quien sonrió ligeramente. —Pero lo admito: Ash hizo un fantástico trabajo entrenándolo, y estoy segura de que lograrán llegar lejos en un futuro.

—Sí… así es…. —Murmuró su esposo, encorvándose ligeramente en su asiento, con la barbilla apoyada en sus puños. —Pero veamos qué tan lejos es capaz de llegar ahora.

—Lo hiciste grandioso, Arcanine. Toma un buen descanso. —Le musitó Kiawe a la Poké Ball donde ahora descansaba su Pokémon derrotado, agradeciéndole su participación. Acto seguido, miró serio a Lycanroc, quien, con los ojos cerrados, disfrutaba de las caricias de su entusiasmado entrenador.

Sabía que esto no iba a ser sencillo, que Ash le daría uno de los mayores desafíos de su vida, pero nunca imaginó que su rival lo impulsara hasta este punto… el punto, en el que se encontraba completamente acorralado. Fundaba sus esperanzas en su siguiente Pokémon, porque, si éste era derrotado, todo estaría perdido para él, y su participación en la Liga Pokémon de Alola, aunque notable, no sería tan trascendental como él… como todos sus familiares esperaban.

Su hermana y sus padres lo apoyaban. Sus amigos, aunque también animaban a Ash, estaban de igual forma de su lado. Tenía que continuar luchando, por ellos. Por sus Pokémon, que se habían esforzado mucho por llevarlo a él hasta allí… Por él mismo, por su orgullo como entrenador. Iba a vencer, de una forma u otra.

—Has dado un buen espectáculo, Ash. —Confesó, llamando la atención del aludido junto a su Pokémon. —Debo admitir que me tienes contra las cuerdas. Aunque era predecible, viniendo de alguien como tú. —El entrenador especializado en Pokémon Tipo Fuego cerró los ojos, y cuando volvió a abrirlos, éstos brillaban con un fuego ardiente, reflejando el alma incandescente de aquel joven, lista para salir con todo su fulgor. —Pero te equivocas al pensar que esto ya ha terminado. ¡Salazzle, yo te elijo!

Kiawe arrojó con fuerza la Lujo Ball que contenía a la Pokémon susodicha, que miró a Lycanroc con su sonrisa seductora. Ash mostró una sonrisa de emoción, al igual que Lycanroc, quien de un salto, volvió al campo de batalla.

—No te confíes. —Le advirtió Kiawe en voz baja a su Pokémon, quien al oírlo, alargó aún más su sonrisa, con un reflejo divertido en sus ojos. —¡Prepárate, Ash!

—¡SÍ! —Replicó Ash, casi gritando, mientras alargaba una mano hacia su objetivo. —¡Roca Veloz, ahora!

—¡Canroc! —Rugió Lycanroc al salir disparado hacia su rival, quien ni siquiera se movió.

—¡Sorpresa! —Pero un segundo después, se había esfumado en un destello brilloso.

Lycanroc ensanchó los ojos cuando Salazzle apareció frente a él, con una velocidad mayor de la que había podido ver, y recibió bruscamente el ataque de la Pokémon venenosa, que lo deslumbró momentáneamente mientras lo lanzaba hacia atrás por la potencia del mismo, dejándolo algo adolorido.

—¡Ahora, Onda Tóxica!

—¡Lycanroc! ¡Levántate!

Salazzle hizo una pose coqueta con una esfera de veneno en cada mano, las cuales unió en una sola mucho más grande, que terminó por rodearla como un aura tóxica antes de expulsarla hacia Lycanroc, quien ensanchó los ojos mientras se levantaba, sin tener el tiempo justo para evadirlo…

—¡Lycanroc! —Gritó Ash con preocupación cuando su Pokémon fue ahogado por la ola de veneno, que seguidamente estalló con fuerza, expulsando al lobo por los aires. —¡LYCANROC!

Al oír la voz de su entrenador, Lycanroc abrió de golpe los ojos, y, dando una voltereta en el aire, aterrizó de pie luego de descender súbitamente, retumbando el suelo poderosamente al posar sus patas sobre el mismo. Ladró entonces con una gran intensidad, la cual se materializó como un aura verdosa que empezó a rodearlo, que seguidamente concentró en sus patas para invocar un delante de él varias rocas azuladas, que fueron emergiendo gradualmente en línea recta de camino a Salazzle, pero a una velocidad notable.

La reptil se limitó a soltar una risita antes de moverse fuera del camino de la Roca Afilada, al tiempo que reunía entre sus colmillos una poderosa energía añil. Ash detectó el ceño fruncido de Lycanroc, así que supuso que él también había visto lo mismo que él, y también intuyó que tenía la misma idea que él de qué hacer para contrarrestarlo.

—¡Pulso Dragón!

—¡Salaz! —Bramó Salazzle al tiempo que expulsaba de su boca un poderoso rayo de energía añil que tomó la forma de un dragón mientras se aproximaba hacia Lycanroc, quien cerró los ojos un momento.

La Pokémon sonrió complacida al ver que su poderoso movimiento iba a atinar, pero su sonrisa se desvaneció al vislumbrar confusamente el color rojo que adquirieron los ojos de Lycanroc una vez volvió a abrirlos, para luego desaparecer del trayecto del Pulso Dragón el segundo siguiente.

Escuchando atentamente, Salazzle adivinó los movimientos de Lycanroc y tuvo dar un giro hacia un costado para eludir la Roca Veloz del mismo, pero no alcanzó a moverse cuando el lobo la embistió con Placaje en su espalda. Ella cayó arrodillada, con sus ojos cerrados debido al color, pero cuando los abrió, ardían con una fuerza vigorosa, que ardió a su alrededor como una nova de fuego que iba expandiéndose más y más, sobresaltando a Lycanroc y a Ash.

—¡Sofoco! —Gritó alarmado el entrenador de Pueblo Paleta, y su Pokémon frunció el ceño, e intentó alejarse.

No obstante, Salazzle no iba permitirlo, y multiplicó de golpe la potencia de su movimiento Tipo Fuego, a tal punto que atrapó a Lycanroc en el interior de sus flamas antes de que éste alcanzara a moverse de su sitio…

El rugido de dolor de Lycanroc resonó entre el fuego, antes de que el Sofoco detonara con la fuerza del sol, generando una explosión ardiente que se extendió hacia el cielo, convirtiendo el campo de batalla en un manantial infernal por unos segundos, para luego apagarse con la misma velocidad con la que apareció…

La mayor parte del público se escondió para evitar resultar heridos por las llamas, y cuando éstas se extinguieron, volvieron a incorporarse en sus asientos, algunos tosiendo debido al fuego que había inundado la zona. El campo de batalla estaba completamente nublado, por lo cual no podía discernirse qué había ocurrido con exactitud.

Los estudiantes de la Escuela Pokémon sólo esperaban que sus amigos se encontraran bien, aunque también se encontraban ansiosos por descubrir qué sucedió con Lycanroc luego de un ataque de esa magnitud.

El humo fue espesándose de a poco, llegándose a ver a los mareados Kiawe y Ash, que habían salido despedidos contra la pared a sus espaldas por la fuerza del estallido, al igual que el pobre árbitro, cuyos ojos giraban como espirales.

Gradualmente, la elegante silueta de Salazzle fue visible a través del humo, jadeando ligeramente, pero en general, se veía ilesa; quizás algo agotada por usar tanto poder abruptamente en un solo ataque.

Lycanroc seguía invisible, con la mayoría de los miembros del público buscándolo por doquier con cierta dificultad en el campo inundado de humo.

Ash pareció oír vagamente un quejido proveniente de su Pokémon, y se sobresaltó. Esforzando la vista, suspiró profundamente al divisar a Lycanroc, algo chamuscado, manteniéndose a duras penas en posición de combate. Muchos jadearon sorprendidos al descubrir que el lobo podía mantenerse en pie después de estar en contacto con tal fuente de calor, pero los amigos del joven de Pueblo Paleta no estaban sorprendidos.

—Je. Esperaba algo así de Lycanroc. —Dijo Mallow con una sonrisa, a lo que Tsareena, a su lado, asintió.

—Sí, pero te equivocas si piensas que no sigue siendo increíble. —Replicó Sophocles, sonriendo. —Lycanroc es asombroso.

—Siempre lo ha sido. —Musitó Lilly con nostalgia, recordando cuando lo usó contra el Clefable de su madre cuando ésta había sido secuestrada por Nihilego.

—¿Sigue de pie? —Susurró Kiawe con molestia. —¿Es que acaso no se da por vencido? Estoy empezando a perder la paciencia. ¡Derríbalo con Sorpresa!

—¡Lycanroc, salta! —Indicó Ash al instante. Su Pokémon obedeció casi de inmediato al reflexionar sus piernas y catapultarse hacia el cielo, evadiendo por los pelos el fugaz manotazo de Salazzle, quien bufó con cierto desagrado. —¡Ahora, Roca Veloz!

Sin dudar ni un instante, Lycanroc se rodeó por una ligera aura gris, que encendió las rocas de su cuello al momento en el que descendió hacia Salazzle hecho una bala. La reptil ensanchó sus ojos al verlo caer sobre ella tan repentinamente, pero logró moverse a tiempo, serpenteando rápidamente para alejarse de la zona de impacto donde Lycanroc aterrizó cual meteoro, destrozando el suelo. El lobo frunció levemente el ceño, y fijó con una rápida ojeada a Salazzle, deslizándose con celeridad por el campo de batalla, en dirección a su entrenador. Sus rocas volvieron a iluminarse, pero esta vez, Kiawe estaba preparado.

—¡Ahora, Onda Tóxica!

Antes de tener la posibilidad de moverse de su sitio para perseguir a Salazzle, ésta se le abalanzó con la espalda rodeada por un aura de veneno, que expulsó hacia Lycanroc como una ola. El canino no reaccionó a tiempo, y el veneno terminó por ahogarlo por segunda vez, pero en esta ocasión, logró envenenarlo.

—Diablos… —Masculló Ash, apesadumbrado.

—¡Perfecto! —Se soliviantó Kiawe, alzando los brazos en señal de victoria. —¡No importa lo poderoso que sea Lycanroc; el veneno terminará por restar toda su energía hasta que ya no pueda continuar luchando! ¡Muy bien hecho, Salazzle!

Salazzle se limitó a guiñarle el ojo a su entrenador, quien la miró incómodo al pasársele su entusiasmo, y luego, la Pokémon reptil fijó sus ojos en su víctima envenenada, que ya se balanceaba ligeramente por la potente presión del veneno en su cuerpo.

—Pero no nos descuidemos todavía. —Ash ni siquiera había abierto su boca para soltar algún comando, cuando los ojos de Kiawe relampaguearon. —¡Sorpresa!

—¡Salaz! —Bramó la Pokémon Tipo Veneno y Fuego, atravesando la distancia entre ella y Lycanroc casi en un segundo para golpearlo directamente en el rostro con su brazo bañado en una resplandeciente luz blanquecina.

Lycanroc rodó por el suelo con brusquedad, e iba a ponerse de pie si el veneno no lo ralentiza el tiempo suficiente como para que Salazzle lograra rematarlo con Pulso Dragón, movimiento que lo golpeó y arrastró contra una de las paredes del campo de batalla, incrustándolo en ella.

—¡Lycanroc! —Gritó Ash, preocupado, y más cuando Salazzle corrió con velocidad hacia el inmóvil Pokémon Tipo Roca, agarrándolo por la cola antes de azotarlo contra el suelo.

Ash apretó los dientes y frunció el ceño, consciente de que si la situación seguía así, iba a terminar perdiendo. Aunque llevaba una inmensa ventaja, Salazzle podría resultar algo problemática para sus otros dos Pokémon, y aunque él no era de quienes no permiten a sus Pokémon inexpertos luchar, en estas circunstancias prefería que Lycanroc venciera a Salazzle y Pikachu terminara su combate contra Turtonator, sobrándole esos dos Pokémon para ganar el combate sin preocupaciones.

Pero no iba a ser así de sencillo.

—¡Contraataque!

Devolviendo todo el daño provocado, Salazzle salió despedida a través del campo de batalla, pasando a centímetros sobre la cabeza de su entrenador, antes de colisionar contra la pared a las espaldas del mismo. Sin embargo, y para la sorpresa de muchos, logró acomodarse en el aire para aterrizar sobre el muro con sus pies, y usar la superficie rocosa como resorte para catapultarse de nuevo contra Lycanroc, repotenciando su velocidad con Sorpresa para tomar desapercibido al aturdido lobo, a quien sujetó por el cuello y estampó contra el suelo con una fuerza sorprendente, fragmentándolo todavía más.

Lycanroc, temblando visiblemente a causa del veneno, y con un hilo de sangre saliendo de su sien, apenas logró abrir los ojos para mirar a los de su rival, quien sonrió con arrogancia mientras su cuerpo era encendido por llamas infernales.

—¡LYCANROC! —Vociferó Ash con alarma, al tiempo que toda el área en la que Lycanroc se encontraba estalló en una bola de fuego, la cual se extinguió casi instantáneamente para convertirse en una nube de humo…

De la cual, emergió Salazzle de un elegante salto, con un gañido triunfante, mientras exhibía entre sus garras el cuerpo inconsciente de Lycanroc, ante la mirada incrédula de todos, pero más de Ash.

El humo se deshizo con rapidez, y cuando Salazzle aterrizó, haciendo un chistoso baile de victoria, lanzó a Lycanroc ante los pies de Ash, quien miró a su Pokémon todavía sin creer lo que veían sus ojos. Kiawe soltó un suspiro de alivio junto a una sonrisa satisfecha. Sin Lycanroc en su camino, todo esto sería mucho más sencillo.

Salazzle parecía todavía tener mucha energía, así que se aseguraría de aprovecharla todo en lo que cabía para continuar presionando sobre los otros tres Pokémon de Ash. Sin embargo, aún tenía una notable desventaja que debía disminuir: Lycanroc había provocado un daño irreparable en su equipo, y si no iba con cuidado todos sus esfuerzos se arruinarían.

Ash, sin decir ninguna palabra, regresó a Lycanroc a su Poké Ball, susurrándole su felicitación por su gran trabajo, antes de guardarlo en su cinturón. Luego suspiró. Estaba en problemas.

Salazzle estaba casi en perfectas condiciones; Lycanroc no consiguió dañarla lo suficiente como para que alguno de sus otros Pokémon la derrotara sin hacer un titánico esfuerzo. Sus otros dos Pokémon eran completamente inhábiles en combates, pues nunca habían peleado contra otro Pokémon, al menos, no tan fuerte como esa Salazzle. Miró de soslayo a Pikachu, a su lado, quien lo observaba expectante, aunque también preocupado. Él también tenía dudas sobre si sus compañeros serían capaces de debutar por primera vez en combate en uno de este nivel.

Respirando profundamente, cogió una esfera oculta en su mochila, y con solo una imagen de ella bastó a que Kiawe ensanchara los ojos…

Una Ente Ball.

Susurrándole ciertas palabras a la Poké Ball especial, Ash la aventó hacia el campo de batalla. La esfera se abrió en el aire, y expulsó su contenido a modo de un vómito de luz, que tomó la forma de un curioso Pokémon, que aunque la mayoría no logró reconocer, los amigos y conocidos del azabache lo identificaron al instante. ¿Cómo confundir a aquel pequeño ente morado con el que ya habían interactuado en el pasado?

—¡Es Poipole! —Exclamó Mallow, levantándose de su asiento de la impresión. El pequeño Ultraente dio giros de cabeza en el aire, riendo risueñamente, ante la mirada sorprendida de muchos. —Pero ¿cómo es posible? ¿Cuándo regresó?

—S-Sorprendente… —Expuso Sophocles, igual de asombrado. —¿No estaba ya en su mundo? ¿Por qué volvió?

—Para luchar por última vez al lado de Ash. —Contestó una voz desconocida, y cuando el grupo volteó, se encontraron con Gladion, en la fila de asientos detrás de la suya, con los brazos cruzados y una pequeña sonrisa. —Él mismo visitó el Altar del Sol para pedirle a Nebi abrir un Ultraumbral hacia su mundo. El resto fue relativamente fácil.

—¿Hermano…? —Murmuró Lilly, sorprendida.

—¿Y cómo sabes eso? —Preguntó Lana, curiosa.

—Yo estaba entrenando allí cuando él llegó haciendo alboroto. —Contestó el rubio de ojos verdes, haciendo una mueca al recordar el incidente. —Llamó mucho la atención del Kommo-o Dominante, junto a los Hakamo-o y Jangmo-o. Tuve que intervenir para evitar que resultara aplastado por una estampida de dragones furiosos.

—Típico de Ash. —Comentó Mallow con una risita.

—¿Estás listo para tu combate contra Tilo? —Inquirió Lilly, a lo que Gladion se limitó a asentir.

—Aunque no estoy preocupado. Silvally es mucho más poderoso ahora, y el resto de mis Pokémon también. Estoy seguro de que no será complicado.

—Recuerda que Tilo logró vencer a Ash en el pasado. —Señaló Lana.

—Sí, pero fue Rowlet quien luchó. —Replicó Sophocles. —Y contra su forma evolucionada, así que el que perdiera no era imposible, aunque sea un Pokémon de Ash.

—Como sea. —Bufó Gladion, fingiendo desinterés. Su hermana le miró fijamente unos segundos, hasta que él percibió su mirada. —¿Sucede algo, Lilly?

—No… Nada. —Respondió ella, desviando rápidamente la mirada con una expresión apenada. —Sólo tuve… un mal presentimiento.

—¿Mal presentimiento? ¿Por Ash? —Preguntó Mallow, a lo que la rubia negó lentamente con la cabeza, meditativa.

—Es solo que… —Lilly se mordió el labio, pero luego agitó la cabeza, apartando esos pensamientos de su mente. —Olvídenlo. Mejor prestemos atención. El combate ya comenzó.

El resto intercambió miradas confundidas y preocupadas, pero no dijeron nada más al respecto, y volvieron a concentrarse en la batalla que ya se estaba desarrollando… Sin sospechar la catástrofe que ocurriría en pocas horas.

0-0-0-0-0

—Doble Rueda.

—¡Doble Equipo!

Klingklang retrocedió rápidamente para eludir el Golpe Calor de Emboar, quien siguió avanzando al no poder frenar a tiempo hasta chocar contra uno de los muros del laboratorio. Sin embargo, cuando el Pokémon Tuerca había fijado a Scyther y pensaba atacarlo al iluminar sus engranajes, el insecto se dividió a sí mismo en docenas de clones ilusorios que atestaron toda la sala. Los discos plateados que Klinklang disparó solo atravesaron a unas cuantas de las copias, pero el original, junto a muchos otros, empezó a correr alocadamente alrededor del Pokémon metálico, confundiéndolo.

—¡Whimsicott, Brillo Mágico! ¡Lycanroc, Lanzarrocas! —Ordenó una de los miembros del escuadrón de élite, a lo que sus dos Pokémon obedecieron al pie de la letra al atacar al Pokémon de Colress por la espalda, haciéndole trastabillar. No obstante, ambas fueron alcanzadas por el Lanzallamas de Malamar, quien seguidamente disparó un Doble Rayo contra Mothim y Azumarill, impidiéndoles acercarse.

Sin embargo, Scyther seguía acechando al desorientado Klinklang, y cuando éste se precipitó en atacar a uno de los clones con Giga Impacto, fallar, y estrellarse contra una pared, el Pokémon Tipo Bicho y Volador encontró el momento exacto para actuar. Por orden, de su entrenador, aceleró con Ataque Rápido mientras sus guadañas eran fugazmente iluminadas por una energía verde claro, y cuando Colress logró divisar al único Scyther que se dirigía hacia su Pokémon aturdido, fue demasiado tarde. El científico frunció el ceño cuando la navaja de la mantis perforó el metal entre las tuercas de su Pokémon, quien soltó un crujido metálico a como de quejido de dolor. Sus engranajes se detuvieron a causa de la cuchilla obstaculizando su marcha, y por ello Klinklang no pudo ni siquiera levitar para recuperarse del daño provocado por el insecto encaramado a él, quien sonreía siniestramente al empujar todavía más su guadaña para seguir atravesando el metal que conformaba el cuerpo de Klinklang.

Colress soltó una exclamación impaciente, a lo que el dueño de Scyther (un hombre fornido con pelo verde y gafas oscuras), con su Mothim ocupado recuperándose del Doble Rayo de Malamar, sonrió con malicia.

—¿Te molesta, cerebrito? ¡Eso es lo que te ganas por atreverte a infiltrarte en nuestros cuarteles! —Mugió el hombre, a lo que su Scyther empujó todavía más su extremidad dentro de Klinklang, quien se estremeció ligeramente.

—Tus palabras no me molestan. —Replicó Colress con completa tranquilidad, casi desinteresado. —Pero sí me incomoda que mis Pokémon sufran innecesariamente. Cambio de Marcha.

Los ojos del humano y Pokémon se abrieron de golpe, cuando las tuercas de Klinklang cambiaron de rumbo súbitamente, girando en dirección contraria con mucha más fuerza, destrozando de paso el miembro de Scyther que se entrometía en su proceso. El insecto bramó de dolor, arrancando al instante su extremidad dañada del cuerpo de su rival, quien, aparentemente enojado, iluminó sus engranajes para expulsar de ellos dos discos de luz contra el insecto, callándolo violentamente y quitándoselo de encima. Scyther cayó de espaldas contra un escritorio destrozado, con los ojos fuertemente cerrados, sin ser capaz de volver a levantarse.

—Ahora, trágate tus palabras. —Resopló Colress, a lo que su Pokémon asintió mientras volvía a levitar. —¿Cómo vas, Xerosic?

—¡Cállate y ayúdame! —Le increpó el aludido, agachándose de golpe para eludir el Giro Fuego de Infernape, quien seguidamente iluminó sus puños por una luz blanquecina, para luego abalanzársele al científico. Hubiera logrado golpearlo, si un Crobat no interviene, rápido como una sombra, y lo golpea con Ala de Acero.

El primate cayó de rodillas con los ojos cerrados a causa del dolor, pero se levantó casi al instante para contraatacar con una feroz Rueda Fuego que barrió por completo a Crobat, arrastrándolo con él a través del mobiliario del laboratorio hasta estamparlo contra una pared del mismo. Crobat gruñó adolorido, pero se desembarazó del Inicial de Sinnoh usando Veneno X, deshaciendo el fuego que lo rodeaba, para seguidamente rematarlo con una tormenta de Tajo Aéreo que emergían de sus alas como un enjambre embravecido, perforando la piel del primate, quien gimió de dolor antes de caer inconsciente, con horribles cortaduras por todo su cuerpo.

Crobat le escupió con molestia, y fijó sus ojos ahora en Cinccino, que corría en dirección al ya jadeante Xerosic. Con suma precisión, disparó desde sus alas dos cortes cruzados de energía morada que envió hacia la chinchilla rápidamente, la cual recibió el movimiento venenoso de lleno y rodó por el suelo antes de estrellarse contra un estante, que se le vino encima.

Malamar, luego de atacar con Psicocorte a una molesta Whimsicott, frenándolo así temporalmente, retrocedió para situarse espalda con espalda con su compañero murciélago, ambos algo agotados por estas peleas.

Klinklang iba a unírseles, si Emboar no arremete contra él como un loco furioso, aplastándolo contra la pared usando Machada con la fuerza de un camión. Colress volvió a fruncir el ceño, e iba a ordenar a su Pokémon usar Voltio Cruel, si sus enemigos no se le adelantan.

—¡Ahora, Emboar! ¡Empujón!

Vez tras vez, el Pokémon metálico recibió decenas de palmadas repotenciadas de energía vital, que explotaban contra su cuerpo como un aluvión de meteoritos a medida de que la pared a sus espaldas iba fisurándose más y más. No obstante, Klinklang seguía luchando para librarse de su prisión de escombros, a pesar de que Emboar lo incrustaba cada vez más en la misma con cada golpe.

Colress iba a abrir la boca para ordenar algo, pero, nuevamente adelantándose a sus indicaciones, el entrenador de Emboar e Infernape volvió a comandar.

—¡AHORA! ¡Puño Fuego!

Emboar retrocedió un paso para recargar su puño de flamas, y una vez consiguió reunir el fuego suficiente, cargó contra su enemigo en un sólido puñetazo infernal, que terminó por reventar la pared de par en par, por la cual emergió como un cohete Klinklang, quien terminó clavado en la pared del pasillo junto al laboratorio, sin moverse.

—¡Bien hecho, Em…! —Iba a felicitar el hombre a su serio Pokémon, cuando un borrón azul grisáceo voló de un segundo a otro hacia Emboar, quien se percató de éste cuando ya lo tenía enfrente.

Un instante después, un golpe seguido de una descarga de energía psíquica lo dejó fuera de combate, cayendo de espaldas sobre el linóleo del suelo del laboratorio.

—Tsk. Esto se está prolongando de más. —Bufó Colress, cuyo Metagross había sido materializado en el campo de batalla, gruñendo ligeramente luego de que la energía rosada que lo rodeaba se apagó por completo. —Ahora, ¿serían tan amables de apartarse y dejar de interferir?

—¡Jamás! —Replicó el hombre mientras regresaba a Emboar a su Poké Ball. Dirigió su mano casi al instante hacia su cinturón para buscar otra Poké Ball, cuando Metagross apareció de golpe frente a él.

—Creo que no me entendiste… —Dijo Colress con un brillo oscuro en sus gafas. —No deseamos más interrupciones.

El hombre reculó de sorpresa y horror, pero no escapó de la embestida de una de las patas de Metagross, quien terminó por estrellarlo bruscamente contra la pared; aunque solo había utilizado una fracción de su fuerza fue suficiente como para que el hombre quedara tirado en el piso, inconsciente.

—¡Félix! —Gritó una de las mujeres de aquel grupo, e iba a acercarse si su Lycanroc no se lo impide a tiempo para evitar por los pelos el Psicocorte de Malamar.

—Estoy empezando a perder la paciencia. —Masculló Xerosic, pateando a Azumarill fuera de su camino. —Crobat, Tijera X. Malamar, Lanzallamas.

El murciélago de cuatro alas apareció de un segundo al otro enfrente de la aterrorizada Azumarill, quien recibió ambos tajos directamente y con un daño crítico que no pudo soportar, desplomándose fuera de combate. Malamar, por su parte, expelió de su hocico un aliento de llamas contra la entrenadora de Lycanroc, cuyo Pokémon quiso empujarla fuera del camino, pero su pata dañada no se lo permitió. Se limitó a ladrar alarmada, en el momento en el que el aliento de fuego iba a engullirlas a ambas…

Si un viento rosado no las saca del camino a tiempo.

Whimsicott, evocando un pequeño ventarrón místico, había apartado a su entrenadora y compañera fuera del rumbo del peligroso Lanzallamas, para luego suspirar aliviada. No se percató de que así había llamado de más la atención de sus enemigos…

Crobat se materializó detrás de ella, y con un tajo verdoso que propinó con una de sus alas, Whimsicott cayó arrodillada, con sus esponjosos mechones de pelo y sangre cayendo con ella al piso. Cerró los ojos debido al dolor, y quiso voltearse para confrontar al murciélago, pero ésta la remató con un sablazo azulado de otra de sus alas, con el cual, cortó parte de su rostro y torso, manchando con su sangre la pared a su lado.

—¡Whimsicott! —Gritó la entrenadora de la hada, incorporándose rápidamente para correr hacia su Pokémon.

La horrorizada Whimsicott se quedó como estupefacta unos momentos, sin reaccionar, mientras su mirada se volteaba lentamente hacia un cristal roto en el suelo, en el cual observó sus terribles heridas. Un segundo después, se había desplomado inconsciente en los brazos de su entrenadora, quien llegó justo a tiempo para atraparla. Con una mirada seria y profundamente preocupada, la regresó a su Poké Ball para seguidamente intentar sacar otra, si Crobat no aparece frente a ella y le propina una estocada de sus alas en el abdomen, acortándole la respiración de golpe.

Resintiendo el dolor en su estómago, la mujer cayó sobre su costado, y cerró los ojos.

—¡LYCAN! —Aulló Lycanroc con preocupación, y empezó a correr hacia su entrenadora; pero en el camino fue interceptado por el brutal Puño Meteoro de Metagross y terminó incrustada firmemente en una pared.

Metagross la observó unos momentos. Su movimiento había bastado para romper unos cuantos de sus huesos y estaba sólidamente afirmada al muro, así que, aunque todavía estaba consciente y forcejeaba débilmente, no debía preocuparse por que intentara otra tontería. Restándole importancia, fue a la caza de otra víctima.

Mothim se desplomó ante un ya exhausto Malamar, quien lo azotó fuera de su camino para que golpeara directamente en la cara a su entrenador, quien cayó de espaldas y se golpeó la cabeza contra el extremo de un escritorio, noqueándose instantáneamente antes de que sacara otra Poké Ball.

El calamar miró fijamente a ese entrenador inconsciente unos segundos, antes de moverse bruscamente a un lado para eludir una andanada de estrellas doradas, las cuales viraron repentinamente para golpearlo en la espalda de todas formas. El irritado Pokémon Tipo Psíquico gruñó, y miró enfurecido a la adolorida Cinccino que había surgido de los escombros del estante al que había sido lanzada anteriormente.

Malamar, respirando profundamente para no lanzar sin querer algún movimiento mortal, levantó uno de sus tentáculos, cuyo extremo fue rodeado por una luz magenta. Seguidamente, una flecha de energía voló de su extremidad hacia la Pokémon Tipo Normal, incrustándose en su pecho. Los ojos de Cinccino y de su entrenadora se abrieron como platos, pero la chinchilla no hizo más de desplomarse luego de perder algo de sangre. No iba a intentar nada más después de eso.

Su entrenadora soltó un grito de preocupación, y nerviosamente sacó la Poké Ball de Cinccino para regresarla dentro. Acto seguido, echó mano a una nueva Poké Ball, pero no alcanzó a lanzarla antes de que Malamar se abalanzara contra ella, embistiéndola como un torpedo. El golpe terminó siendo lo suficientemente poderoso como para dejarla inconsciente, y la mujer se desplomó sin un gemido.

No obstante, Malamar, ya demasiado agotado, también se desplomó, jadeante, pero rápidamente fue convertido en energía que posteriormente fue absorbida por su Poké Ball en mano de su entrenador, quien la colocó en su cinturón luego de que Crobat se reuniera con él, Colress y su Metagross.

Sin decir una palabra, los dos científicos se miraron mutuamente y asintieron.

Era hora de terminar con esta misión.

—¿Terminar? —Por su parte, la villana enmascarada seguía contenida por Lusamine, que seguía mirándola con una expresión fría y perturbadora. —Lo siento, cariño… —De pronto, unas líneas luminosas iluminaron varias partes de su traje negro, fuentes de energía que lo atravesaban, y otorgaban a su portadora una fuerza sobrehumana.

Con ella, la enmascarada no hizo más que empujar a Lusamine para apartarla de su camino, a lo que la rubia la miró completamente sorprendida.

—Pero esto no ha hecho más que comenzar. Esto apenas inicia. —Rió la criminal, cerrando y abriendo sus puños enguantados al sentir la presión en sus músculos debido a la energía que adquirían de su traje. —Y por cierto, deberías ver alrededor.

Frunciendo el ceño, Lusamine obedeció disimuladamente al echar una ojeada a sus Pokémon.

Clefable acababa de recibir un poderoso Hidrobomba de parte de Jellicent, que la empujó contra la pared. Intentó despegarse de ella, pero la Ventisca del Pokémon fantasmal se lo impidió. Cerrando los ojos para soportar el absoluto frío que la recorría, siguió luchando para moverse, pero Jellicent se adentró dentro de su propio movimiento y llegó a ella antes de que lograra apartarse del sitio en el que la Ventisca surtía más efecto, rodeándola firmemente con sus tentáculos. Estrujándola como si fuera una manzana, Jellicent doblegó a Clefable en un asfixiante abrazo, arrancándole un grito de dolor final antes de cerrar los ojos y dejar de forcejear.

Lopunny midió fuerzas con Scizor al tratar de igualar el Corte Furia del insecto metálico con su Puño Fuego, pero la mantis terminó desvaneciéndose en un segundo para reaparecer detrás de la coneja y hundirle en la columna con Ala de Acero. Lopunny soltó un quejido de dolor, pero rodeó sus puños de hielo y tocó con ellos las alas metalizadas de su enemigo, congelando su espalda por completo. Scizor frunció el ceño, y como represalia, incrustó su pinza en el abdomen de Lopunny, haciéndola gruñir del dolor; pero lo peor vino cuando su tenaza se iluminó con una luz plateada en el estómago de la coneja, y cuando ésta se percató, su enemigo ya había hecho estallar su Foco Resplandor a esa distancia contra su abdomen, disparándola a través de la habitación, hasta colisionar contra un muro lejano, sin tener las fuerzas necesarias para volver a moverse.

Absol y Bewear hubieran apoyado a sus aliados, si Metagross y Crobat no hubieran intervenido. El Pokémon Catástrofe se abalanzó contra el primero con Cuchillada, pero sus garras no fueron capaces de atravesar el metal del cuerpo de su adversario, quien contraatacó con completa tranquilizar utilizando Cabezazo Zen. Absol reculó rodando por el suelo, y Bewear lo reemplazó acometiendo contra el Pokémon Tipo Acero y Psíquico con Golpe Bis. No obstante, el primero de sus puñetazos fue detenido por la Tijera X de Crobat, desorientándolo el tiempo suficiente como para que el murciélago lograra rematarla con Veneno X, apartándola de su camino. El Pokémon Tipo Veneno y Volador fue interceptado por el Rayo Hielo de Absol, quien posteriormente le disparó un Psicocorte, que fue destrozado en medio camino por el Puño Meteoro de Metagross, quien aumentó nuevamente su velocidad gracias a Agilidad. El Pokémon Psíquico fijó sus ojos atemorizantes en Absol, quien no se amedrentó y atacó con Bola Sombra. Con otro puñetazo metalizado, Metagross destrozó el proyectil sombrío, y rodeándose con rocas flotantes que aparecieron de la nada, contraatacó con una sólida Avalancha al expulsar aquellos proyectiles pétreos contra el Pokémon Tipo Siniestro, que recibió cada uno de los disparos, uno por uno pero en sucesión rápida, hasta que no pudo soportarlo más y cayó fuera de combate. Bewear pareció enojarse al ver esto, y con Puño Drenaje se quitó a Crobat de encima, estampándolo contra una pared, para luego arremeter contra Metagross usando Derribo. Sin embargo, su enemigo lo contrarrestó con su Puño Meteoro, y los dos retrocedieron ante la fuerza del otro. El oso de peluche rugió con aparente furia que no expresaba en su sereno rostro, y blandió sus brazos rodeados de energía añil para golpear directamente en la cara a Metagross, quien frunció el ceño al recibir ambos puñetazos y contraatacó con un fugaz Cabezazo Zen, que Bewear logró igualar con el mismo movimiento. Ambos se mantuvieron forcejeando unos segundos, hasta que Crobat se dignó en desequilibrar la balanza al atacar a Bewear por la espalda con Tajo Aéreo. El oso trastabilló un segundo debido a las cuchilladas que su espalda sufrió, pero ese transcurso fue suficiente como para que Metagross destrozara por completo su defensa, y la golpeara con la fuerza de un meteoro. Bewear rugió de dolor mientras Metagross la arrollaba a través del pobre laboratorio, hasta que su rival percibió que el rugido de agonía se convirtió en un gemido de dolor, así que se detuvo, y observó, en efecto, que su objetivo ya estaba neutralizado…

Lusamine observó en un instante la situación de cada uno de sus Pokémon sin creérselo. Sin creer que había sido derrotada, y ni siquiera se percató de ello. Volvió a la realidad cuando su enemiga se puso de pie, sonriendo siniestramente detrás del visor de su casco.

—¿Qué se siente fracasar de esta forma, Lusamine? —Preguntó, energizando su brazo izquierdo de una poderosa energía. —¿Qué se siente que la mayor catástrofe que este mundo haya iniciado en tus mismas instalaciones… y no pudiste hacer nada para evitarlo?

Y sin más, la enmascarada propinó en el abdomen de la presidenta de la Fundación Aether un brutal puñetazo que despidió a su víctima a través del laboratorio. Lusamine, con los ojos muy abiertos, no dijo ni hizo ni una mueca de dolor, hasta colisionar con un fuerte estruendo en la pared junto a la puerta del laboratorio, y cayó luego al suelo sin un gemido.

La antagonista, jadeando ligeramente, dejó de hacer fluir aquella energía por su cuerpo a través de su traje, limpiándose el polvo del mismo con una mano mientras que con la otra regresaba a sus Pokémon de regreso a sus Poké Balls.

—Espero que estén satisfechos, señores. —Dijo a sus socios, que se acercaron a ella luego de regresar a sus respectivos Pokémon. —Han dejado escapar a nuestro objetivo.

—No ha abandonado el edificio aún. —Replicó Colress, sin mirarla al fijar sus ojos en su Tablet. —He hackeado el sistema de seguridad nuevamente como lo hice para entrar, pero esta vez, cerré puerta tras puerta de las instalaciones para ralentizar los movimientos de esa mujer que se llevó a nuestro objetivo hasta el helipuerto. Ahora mismo, estoy impidiendo que el vehículo emprenda vuelo, pero no sé por cuánto tiempo podré contenerlos.

—Perfecto. Buen trabajo. —Murmuró sin sobresaltarse la mujer, y caminó elegantemente hacia la salida. —Espero que los documentos que conseguimos sigan intactos.

—En efecto. —Asintió Xerosic, sacando de su chaqueta un sobre donde guardaba todos los informes de importancia que encontraron en el laboratorio. —Ahora, no hay más tiempo que perder. Dirijámonos de inmediato a terminar con este desastre de una vez.

—Como gustes. —La enmascarada siguió avanzando, seguida de cerca por sus compañeros, no sin antes mirar de reojo a la mujer inconsciente tirada a un lado de la puerta con un hilo de sangre saliendo de su boca.

Sonrió, y continuó caminando sin perturbarse, consciente que después de esto, todo estaría acabado.

0-0-0-0-0

Y… tampoco terminé la batalla entre Kiawe y Ash en este episodio :P vale, también me quedó bastante largo, así que prometo que esta vez, en el cuarto sí acabará de una buena vez ese combate. Creo que me emocioné de más, pero ya estoy cansado de escribir. En fin, esto me entretuvo un rato, y estoy conforme con el resultado. Las cosas se pondrán feas a partir de aquí, así que están avisado. Y añadiré que agregué a la lista de los Pokémon de Ash en Alola un nuevo miembro que seguramente a muchos les parecerá extraño, pero a mí me gusta la idea de que Ash tuviera uno de estos. Quizás sea el único, pero es mi fic, así que se lo aguantan :P

En fin, espero que les haya gustado. No diré nada más, aparte de que agradezco sinceramente sus vistas y comentarios. Espero que sigan así ;)

Cuídense y nos leemos.