Ha pasado mucho tiempo, ha pasado suficiente tiempo...
No quiero darle nombre a mi bloqueo, pero empiezo a creer que lo tiene... no obstante, ahora ya no tiene porqué existir...
Dejo acá el siguiente capítulo, espero que todavía alguien se interese en la historia, ojalá... porque es de mis hijos predilectos y amenaza con seguir creciendo...
Gracias a quien pueda leer. Personajes de JK, idea que dio origen a este fic de las CLAMP
Dos Sellos
El tumulto de alumnos avanzaban lento hacia el Comedor, él seguía de cerca a Hermione que hablaba y hablaba sobre una tarea de Transformaciones y de paso se quejaba porque el nuevo profesor de Pociones fuera un verdadero pelmazo, era casi como si extrañara a Snape y eso de cierta forma le daba mala espina; en la puerta del Comedor, alzó la cara y de entre todas las cabezas resplandecían dos, rojas y brillantes. Ron se levantó y les hizo una seña, Hermione y él avanzaron a prisa y se sentaron frente a ellos dos, Ginny llevaba el cabello en dos coletas y el leve brillo de sus labios la hacía ver hermosa; Ron tenía la boca llena de comida y charlaba animoso, lleno de esa vitalidad de siempre, Harry no tardó mucho en reírse con lo que decía, en gozar de la comida a su lado.
Al terminar decidieron salir a los jardines y se tiraron bajo la sombra de un árbol, leyeron un rato y Hermione y Ginny pronto se pusieron a charlar de las demás chicas de la casa, mientras ellos dos se enteraban de todo observándolas; Luna vino a sentarse junto a ellas y no mucho tiempo después Neville se hizo presente llevando con él una planta nueva y exótica que emitía un zumbido tranquilizante. Ninguno pensaba ya en la batalla de tiempo atrás, todos eran felices, Harry contemplaba a Ginny y pensaba y repensaba en el futuro juntos; entonces Ron se puso a ver el cielo dejando que la castaña charlara con la rubia o mejor dicho, discutiera con ella sobra un animal extraño, tenía la frente tersa y relajada y parecía envuelto en una paz inmensa.
-Harry… es un día hermoso. –Murmuró de pronto, sin apartar sus ojos del espacio azul sobre sus cabezas, más allá de los árboles, más allá de ellos y todo lo demás.
-Es cierto. –Aceptó sonriendo, suspiró y cerró los ojos, echándose sobre la hierba, el perfume del bosque y del lago, aunado a la compañía de esas personas que tanto amaba, le daban una tranquilidad envidiable.
-Harry… ¿qué harías tú por quienes amas? –Preguntó Ron de pronto y él sonrió con los ojos cerrados todavía, pensando en lo acertado de una pregunta así en un día en que la paz se había vuelto su segunda piel.
-Todo. –Concluyó abriendo los ojos para mirar a Ron, que le veía con sus ojos azules brillantes y vivos fijamente; se sonrieron, estaban juntos, con las mujeres que amaban y sus mejores amigos, no tenían que temer nada.
-Yo soy, La Sombra. –Dijo de pronto Ron sin dejar de mirarle y sus ojos que no parpadeaban se volvieron poco a poco negros y Harry extrañado se incorporó para verlo más de cerca, pero Ron se había puesto de pie y al hacerlo, había levantado del suelo a su lado una espada brillante y fuerte; Harry abrió la boca sorprendido e intentó ponerse en pie, pero parecía moverse mucho más lento que Ron, que fue con la espada a situarse a espaldas de Hermione, Ginny y Luna que parecían no darse cuenta de nada.
-¡Ron, ¿qué haces?! –Preguntó alarmado, tendiéndole la mano para intentar detenerlo, pero el pelirrojo lo ignoró, blandió la espada con fuerza y de un tajo, de un solo corte rápido y frío, rebanó las cabezas de las tres mujeres ante él; las corbatas rojas y la azul se mancharon de púrpura y las tres cabezas rodaron por la hierba hasta los pies de Harry, que no podía siquiera gritar de la impresión. -¡Detente!
-Yo voy a matarte, Guardián. –Sentenció el pelirrojo levantando la espada sobre el cuerpo de Neville inclinado mirando la maceta.
-¡No, espera! –Se pudo levantar e intentó alcanzarlo, pero Ron bajó de un golpe el arma y la clavó en Neville por la espalda, ensartándolo en el piso como una mosca con un palillo.
-¡Sólo hay un futuro! –Clamó Ron apoyado en la espada mirándole con los ojos negros brillantes de emoción y los cabellos oscuros sacudidos por el viento de una noche prematura.
-¡Ron! -Harry sacudió la cabeza desesperado, al abrir los ojos estaba en su habitación de Grinmould Place y Ginny dormía a su lado. –Fue una pesadilla. –Murmuró llevándose la mano a la frente, tragó saliva con nervio y se volvió a la pelirroja, las sábanas eran rojas y toda ella estaba pintada de carmesí. -¿Ginny? –La llamó levantándola y al hacerlo le miró el cuerpo herido. -¡Ginny!
Estaba sentada en su habitación mirando al vacío. Pese a comprender medianamente las cosas, no entendía del todo eso de que ahora ella era un Mensajero, por eso tenía el ceño fruncido y los labios apretados; era como una reacción natural a saberse un demonio. Se puso de pie y fue a la cocina, preparó té como si esperara una visita. Y sí, al cabo de unos minutos la sombra se plantó a la puerta y aún sin que llamara, ella fue hasta ahí y abrió para dejarle entrar; traía consigo al perro, que se había vuelto arisco y parecía más sucio, no hizo por detenerlos en su entrada, por el contrario, los recibió bien y le sirvió el té caliente.
No se había percatado de cuánto necesitaba ver cabello rojo hasta que lo tuvo delante, sentado del otro lado de la mesa, mirando por la ventana y bebiendo el té y le extrañó verlo moreno, habría pagado porque aún fuera pelirrojo; quizá era la nariz o la forma de las cejas, lo que la hizo volver a pensar en Bill y en Victorie. De algún modo, tal vez enfermo, tenerlo cerca le hacía bien. Bebía de su té sin poder evitar poner sus ojos en él, pero eso parecía no molestarle, estaba más que a gusto en ese lugar con ella, tal vez por el silencio, quizá porque los dos, habían llevado dentro a alguien muerto. Aunque él todavía lo llevaba y ella, no podía dejar de tener esa sensación en el vientre.
-¿La has visto? –Preguntó de pronto con la voz ronca, mientras su mano iba hasta el perro a rascarle las orejas.
Fleur se quedó callada un instante, no sabía bien a quién se refería hasta que los ojos se volvieron y vio que eran azules, era Ron quien preguntaba, era él quien quería saberlo desde el fondo de su prisión y Poppy con unos gemidillos tristes, le confirmó a Fleur que la mujer a la que se refería, no era otra sino su madre; suspiró y volvió la cara a otro lado intentando comprender la situación, él estaba ahí preguntando por su madre, porque temía que la mujer muriera de pena por la muerte de Ginny. Estaba viva pese a la muerte de Victorie, Molly iba a sobrevivir, porque era mucho más fuerte que ella.
-No puedo acercarme. –Aceptó recordando que hacía varias noches había intentado llegar hasta la casa, sin más resultado que salir rebotando contra el piso duro cuantas veces lo intentó; ni siquiera podía acercarse a George o a Charlie, los había visto en el jardín esa mañana, luego de horas de pelear contra lo que le impedía acercarse. Ninguno de los dos la había oído y ahora pensaba que había sido lo mejor.
-Es cosa de Ginny, ella los protege aún. –Él tenía los ojos negros clavados en el perro, que al verlo distinto se tiró al piso y aparentó dormir. –Aún.
-¿Qué haremos ahora? –Preguntó por cambiarle el tema, por hablar de otra cosa, porque seguir haciendo alusión a la pérdida de esa chica, terminaría por recordarle la de su niña; Ron sonrió de lado y dejó escapar un sonido de diversión, a la vez que se llevaba la taza de té a los labios.
-Ella está preparándolos, están encontrando su Sello y cuando lo encuentren y vayan a buscarlo, Padma hará que ustedes también vayan… hay que saber cuál es su deseo y romperlo. –Los ojos negros se clavaban en su frente, mientras una sonrisa terrible poblaba los labios delgados y el cabello se oscurecía por completo.
-Romper el Sello, quieres decir, matar a los Guardianes, ¿cierto? –Murmuró poniéndole azúcar a su té, Ron sonrió mirándola, Fleur no hizo por preguntar nada más; él se quedó ahí con ella, arregló el techo lleno de goteras, aceitó las puertas y reparó la tubería del baño que goteaba.
Cuando cayó la noche, Poppy fue a sentarse en la puerta, mirando al horizonte como si resguardara la casa y Ron, bebiendo café, esperaba sentado la oscuridad más absoluta, como ansioso de silencio y de más calma; Fleur no sabía qué decir, no sabía si ofrecerle la cama que cubierta de cajas, esperaba en una habitación contigua; Fleur no sabía si decirle a Ron que iría a dormir, pero se fue, cerró la puerta tras de sí y se metió en la cama con la áspera sensación de estar con un Weasley, de tener a un pelirrojo en casa, de no vivir más en soledad; no habían pasado muchos minutos de haberse cubierto hasta el cuello, cuando sintió que se abría la puerta y creyó ver a Bill acercándose.
Alzó la manta y se metió a su lado, sonriente, feliz; sus ojos lo decían todo y las pecas de su nariz le causaron un llanto desesperado entre risas, por saber que había vuelto. Era Bill con los cabellos negros y las pecas profundas, sonriéndole con un dejo de ironía; lo besó profundamente y escondió su cara en su pecho, mientras lo abrazaba con las manos crispadas de tanto llorar. Era Ron, era el Mensajero que la arropaba entre sus brazos, devolviéndole sólo por esa noche, el calor que Bill ya no iba a poder darle.
Lo llevaba en brazos por la habitación, Hermione esperaba deteniendo la puerta para que no se cerrara, Luna estaba preparando el agua en la tina, chapoteando con su mano sobre la superficie cristalina; Neville lo miraba de reojo mientras avanzaba con él en brazos, sus ojos estaban fijos al frente, las manos parecían sostener algo, su respiración era calmada y casi dulce, aunque sus mirada no tenía brillo y estaba ausente. Era como cargar un muñeco y eso le hacía sentirse profundamente triste, ese hombre en sus brazos era un joven con derecho a ser muy feliz y sin embargo, llevaba días atado a una cama, imposibilitado para hacer algo, porque quizá la culpa o el dolor no lo dejaban en paz.
-El agua está rica. –Murmuró Luna mirando a Hermione y mojándole la cara con las gotitas que pudo lanzar sacudiendo sus dedos, la castaña sonrió y se adelantó a Neville, le quitó los calcetines a Harry y Neville con cuidado lo alzó un poco para que le pudiera sacar el pantalón de la pijama; era un proceso por los dos conocido, ahí la única nueva era Luna, que se había ofrecido por la mañana a ayudar y que aunque parecía prestar atención, se ocupaba en realidad en otras cosas, como mirar los jabones u oler el shampoo y ponerse crema en la piel.
-Harry, ¿tienes frío? –Preguntó Hermione sonriendo, mientras Neville lo metía poco a poco en la tina blanca y Luna con cuidado le jalaba la camisa y salía dejándolos a ellos dos en la tarea, oliéndose las manos humectadas con crema con aroma de coco; Hermione tomó una esponja y con cuidado lavó la espalda del que fuera su amigo, su hermano, mirándolo como se ve a un hijo enfermo. –Alicia le llevó flores a Ginny, seguramente no se siente sola. –Comentó ignorando la mirada extrañada de Neville, que no se acostumbraba a verla hacer algo así, a verla hablarle. –Sé que Molly está mejor estos días, aunque no la he visto… ¿sabes Harry?, el otro día fui a Grinmauld Place y regué las plantas.
-Hermione. –Llamó Neville quedamente, pero ella no hacía caso, estaba concentrada en Harry y su rostro cetrino.
-Pavarti nos ha dado nueva información, al parecer debemos conectarnos con el sitio que vamos a proteger… esta semana comenzaremos a buscar el lugar, pronto sabremos cuál es nuestro Sello, pronto podremos resolverlo todo. –Hermione le tallaba los brazos con cuidado, sin dejar de sonreír y Neville frustrado por la situación, tomó la decisión de salir de ahí antes de que las cosas lo hicieran sentirse peor.
-Estaré afuera. –Murmuró y la castaña asintió sin dejar de mirar a Harry, mientras con cuidado le pasaba la mano por las mejillas y le miraba a los ojos como si fuera un niño, su niño; Neville salió casi huyendo, en la habitación esperaba encontrar a Luna pero no fue así, ella había salido, así que apresurado salió al pasillo y ahí la encontró con Tambor en el regazo.
-¿Terminaron? –La rubia le rascaba la panza al conejo que pateaba emocionado por las cosquillas, Neville negó y ante esa reacción suya, Luna se puso de pie haciendo que Tambor resbalara por sus piernas hasta llegar al suelo. –Vamos con los demás, están en la sala de juntas. –Propuso tomándolo del brazo, en parte para ayudarse a caminar, Neville no podía dejar de pensar en Harry y su abandono.
Entraron en la habitación, la mesa estaba llena de mapas, cosas que cubrían del todo la madera, globos terráqueos y un pensadero en que todos habían puesto recuerdos de lugares a donde habían ido en viajes; apoyada en sus dos manos sobre el mueble, Alicia Spinnet revisaba un libro de geografía, parecía estar memorizando los nombres de los pueblos y de cada cosa. No era así, en realidad buscaba sentir algo extraño al leer algún nombre, pero tenía dos horas en ello sin mayor resultado que una jaqueca; Oliver Wood permanecía sentado del otro lado de la mesa y miraba fijo a Pavarti que, tirada sobre el suelo de rodillas, tenía a Pansy sujeta por la muñeca mientras la Slytherin hacía oscilar un cristal rosado sobre un mapamundi.
-En serio Patil, tenemos tres horas aquí sentadas… ¡Ya no tengo trasero! –Exclamó la verde tratando de soltarse de la mano de Pavarti que no le miró, Alicia hizo un silbido entre dientes como para callarla y Oliver sonrió de lado. –Déjame en paz, Spinnet. –Arremetió indignada e incómoda, mientras movía un poco las rodillas para intentar sentarse mejor, Pavarti ignoraba lo que hacía. –Como tú no tienes que quedarte mirando cómo ésta loca usa tu mano de soporte para péndulo.
-Pansy. –Reprendió Oliver, dando unos pasos para situarse frente a ella, mientras Luna avanzaba corriendo para ver lo que Pavarti hacía y Neville se plantaba al lado de Alicia sin apartar la mirada de la Slytherin.
-Si no te concentras, estaremos más tiempo aquí sentadas… piensa en algo que te haga sentir tranquila y fuerte, conéctate contigo misma. –Pavarti hablaba con los ojos cerrados, guiando la mano de Parkinson de un lado a otro del mapa, mientras ella, exasperada, alzaba la cara al techo y suspiraba impacientada.
-No puedo concentrarme. –Murmuró como emberrinchada.
-Busca en ti un recuerdo curioso, algo que te impulse a olvidar todo lo que tienes dentro, olvídate de todo Pansy. –Pidió Pavarti con la voz cansada, Alicia se volvió a mirar, estaba convencida de que Pavarti, de un momento a otro, caería presa de un desmayo por el esfuerzo que hacía.
-Es imposible, no hay un solo recuerdo que me haga olvidarme de todo… además es un recuerdo, ¿cómo me hará eso olvidar las cosas? –Exclamó con claro tono de reniego, Neville arrugó la frente confirmando que era muy molesta; Luna se acercó hasta ella y le puso el dedo índice en la punta de la nariz.
-Piensa en nada. –Ordenó la rubia con una sonrisa enorme y entonces Pansy, haciendo bizcos, recordó algo parecido en su infancia, durante un paseo por el Callejón Diagon un niño regordete se le había acercado y le había tocado la nariz sin decir nada, luego se había alejado; sonrió internamente, en los últimos días había pensado demasiado en niños.
-Pansy. –Llamó Pavarti, mientras Oliver y Alicia se acercaban apresurados y Neville desde su sitio miraba lo que los demás, Luna se inclinó al lado de Pavarti y vio cómo el cristal rosado tocaba un punto exacto en el mapa, en Oriente. –Levanta la mano. –Pidió Pavarti a la chica, que obedeció de inmediato, pero por más que alzaba el brazo, le era imposible levantar el cristal que le parecía pesadísimo.
Se paró cerca de un abedul, desde el que se podía ver a la perfección la casa entera; esa mañana había leído El Profeta y no le extrañaba lo ahí dicho, los Weasley, Arthur y Molly, exigían al Ministerio de Magia Inglés, que revelara el paradero de sus hijos, Harry James Potter, Ronald Bilius Weasley y Hermione Jane Granger, además de la ubicación de Luna Lovegood y Neville Longbottom; la consternación en el mundo mágico era enorme, la muerte de la única mujer Weasley y la desaparición de los antes mencionados, causaba pánico a la vez que los recientes desastres naturales incrementaban la tensión.
Seamus miraba hacia la casa con tristeza, no quería hacer lo que Pavarti le había pedido, pero era la única forma de zanjar un poco la pena; se sacó de bajo el brazo el envoltorio en piel que su ex novia le había dado, lo abrió con cuidado y sacó la hoja de pergamino. Echó a andar hasta el muro invisible que tocó con la palma con cuidado, era como poner la mano en la superficie de una fuente, las ondas se extendían y le impedían ver bien la casa en el fondo del paisaje; tragó saliva todavía indeciso, pero cuando vio una figura salir, cabizbaja y triste, concluyó que era lo mejor.
Puso la hoja de pergamino sobre el muro invisible y estiró el brazo apuntando con su varita al dibujo: un ojo en medio de una estrella de siete picos, en un círculo.
-Contegis Memoriam. –Las ondas antes delgadas se volvieron gruesas, verdosas y se expandieron a lo largo de todo el muro que protegía a los Weasley de la cercanía de cualquiera que pudiera herirlos; el hechizo de Ginny había sido exacto, pero el de Pavarti no los dañaba, el de ella quería aliviarlos.
La casa estaba triste y silenciosa, Molly lavaba trastos, George leía El Profeta y Arthur estaba sentado en la sala mirando al vacío, Charlie y Percy jugaban ajedrez en silencio en la mesa de la sala; por las hendiduras de los muros, las puertas y ventanas se filtró aquel humillo verde, con un tufo de menta que al principio Molly notó, pero que no mencionó porque a nadie en esa casa le importaba ya un aroma extraño u otra cosa. Ella pensaba en Fleur y su ausencia, pensaba en que tal vez se habría ido con sus padres un tiempo, por eso su inasistencia a lo de Ginny; el humo verde se fue filtrando sin que nadie lo notara y cuando les subió por las piernas, enredándose en ellas como una serpiente, era tarde para huirle.
-¿Qué… -comenzó Charlie cuando sintió eso en su pantorrilla y aunque Percy sujetó su varita y quiso ayudarlo, el humo ya le había subido por la espalda hasta la nuca; Arthur se volvió a su mujer que estaba envuelta en ese tufillo de menta y que le miraba sorprendida.
-Molly. –Atinó a susurrar al tiempo que el hilo verde se metía por la fuerza en su nariz, haciéndolo llevar su cabeza atrás, como golpeado en la barbilla.
Los ojos de George lloraban mientras recordaba a Ginny, a Ron, Hermione y Harry, cada uno en Colegio, cada uno en algún momento divertido de su vida; Molly sonreía también entre el llanto y poco a poco el perfume de menta les refrescó la cabeza, la memoria y el alma y sin darse cuenta, en pocos minutos todos recordaban que Ginny y los demás, junto con Luna y Neville, habían decidido hacer un largo viaje; seguramente estaban ya en el África o en el Amazonas, disfrutando del sol y de la vida.
Seamus miraba desde su sitio, con la mano todavía en el pergamino suspendido en el muro invisible que le impedía acercarse, alcanzó a ver muy bien a Molly y a Arthur que se dispusieron a limpiar el jardín, Charlie y George salieron con sus escobas para jugar un poco y al cabo de unos minutos, Percy se despidió para ir a casa; Seamus pensó que era cruel haberles sembrado en la memoria esos recuerdos falsos, darles una mentira para que pudieran seguir. Pero de otra forma, no sabía cómo ayudarlos.
-No puedo, está muy pesado. –Contestó Pansy arrugando la frente, Alicia se acercó dispuesta a ayudarle y al momento de tocarla, un remolino de viento gris la envolvió y a Pavarti, apartando a todos los demás, incluido Tambor, que fue a dar a la mesa.
-¿Qué es eso? –Preguntó Luna mirando el torbellino entorno a las dos, Pansy se puso de pie sin poder soltar ahora el cristal, acometida por la sorpresa de su nueva situación, Pavarti estaba absorta en algo más, como si eso no le importara.
-Pavarti, ¿qué es esto? –Exigió saber temblorosa y llena de una sensación de frescura y comodidad que no podía dejar de lado pese al nervio.
-Tu Sello… encontramos tu Sello. –Murmuró Pavarti echando la cara al cielo, sus ojos estaban cubiertos de una bruma blanca, unos pasos les anunciaron que alguien venía, era Hermione que llamada por la energía intentaba apoyar luego de dejar a Harry a salvo en su cama.
-¿Qué pasa aquí? –Quiso saber nada más verlos ahí, mientras el viento hacía que todos entrecerraran los ojos y procuraran sacar las varitas.
-¿Qué debo hacer? –Pansy necesitaba salir de ese remolino, empezaba a sentir la necesidad de escapar, como si algo fuera de ese torbellino, algo fuera de esa habitación la llamara y entonces Pavarti suspiró.
-Mira el mapa, toca el punto de tu Sello… tienes que descubrir dónde es. –Pansy se tiró de rodillas al suelo, movió el cristal y puso su dedo índice en el sitio; una luz las envolvió a las dos, era tan brillante que Luna y Hermione dejaron escapar un chillido y cerraron los ojos, mientras que Alicia se refugiaba en el pecho de Oliver para protegerse; Neville no podía dejar de mirar a Pansy cuyo cabello estaba elevado por la energía, mientras su piel pálida era iluminada dándole el tono de una figurilla de porcelana; Oliver cubrió a Alicia con su cuerpo, pendiente de la reacción de Pavarti. –Pansy ¿puedes ver el lugar?
-Es… un bosque enorme y oscuro, todo es frío… -contestó la chica, que con los ojos cerrados parecía olfatear el ambiente, como si sintiera que la habitación en la que estaba se desdibujaba dejando paso a otra cosa; Pansy caminaba por un bosque tranquilo, había tantos árboles que casi no crecían plantas en el suelo, pero no dejaba de caminar como buscando algo.
Había rocas y letreros en lengua extraña. Caminaba y caminaba y por alguna rara razón, se sintió tentada a mirarse las manos y los pies; estaba descalza y llevaba un velo en los brazos, un velo que arrastraba por entre el suelo lleno de musgo y rocas, hojas y trozos de corteza que sin embargo no se prendían de él, ni le lastimaban. Suspiró sintiendo el viento helado entrarle por la nariz e inundarle los pulmones, era casi un frío que cortaba, pero no la hería, por el contrario, la hacía sentir bien; sonrió en medio de esa soledad, era tan tranquilo que casi sentía miedo. Siguió caminando y de pronto lo vio.
Sus pies colgaban como llevados por una suave brisa y pese a la condición de las cosas, no sintió miedo alguno, era algo casi normal; su respiración estaba acompasada y por dos segundos pensó que sería buena idea acercarse hasta él e intentar bajarlo. Lo hizo, caminó hasta el cuerpo que colgaba del cuello, una marca morada le surgía bajo la cuerda y parecía tener la boca abierta, buscando aire para respirar mejor; frunció el ceño paso a paso, cuando se acercó tanto que hubiera podido tocarlo, vio sus ojos abiertos y sintió un escalofrío. Al menos él estaba en total paz.
Entonces un viento helado surgió de algún sitio a su espalda, se volvió buscando la fuente y encontró entre dos árboles una puerta grande de madera, una luz dorada del otro lado le hizo querer ir hacia allí y a dos pasos de tocar la entrada, un letrero a pocos metros le hizo espantarse: "No todo está perdido, siempre hay otro camino". Quiso respirar con fuerza y se encontró incapacitada para hacerlo, miró a su alrededor, había muchos cuerpos colgando de otros árboles, todos en el umbral de los no vivos.
-¡Pansy! –Clamó tomándola de la mano, metiéndose entre el tornado de viento gris, ignorando los cortes que iban saliendo en su mano aferrada a ella, que le miró llena de miedo, impresionada de que no le interesara el lastimarse.
-Aokigahara. –Masculló Pansy con los ojos desorbitados al tiempo que Pavarti abría los brazos para calmar el remolino y Neville daba un paso entre el viento gris, para intentar abrazar a Pansy que se venía al suelo debilitada por todo lo que había visto y sentido. –El bosque de los suicidas. –Murmuró sin comprender por qué era ese su Sello, si es que era cierto, no quería ver a Neville por temor a que comprendiera todo el espanto que sentía porque ese fuera precisamente su Sello; ninguno había escuchado sus palabras exactas, sólo Hermione había parecido interpretarlo como algo espantoso.
-¿Qué? –La castaña no había entendido el nombre y se quedó de un palmo al ver cómo Neville sostenía a Parkinson, que temblaba e intentaba respirar normalmente, mientras él le miraba escrutándole el rostro.
-Internado Aokigahara. –Volvió a decir Pansy mirando a todos, sólo Pavarti parecía reconocer el nombre, ni Oliver ni Alicia lo había oído antes; Hermione se volvió a mirar a Luna, y Oliver y Alicia parecieron pensar bien las cosas, sólo Neville estaba absorto en algo que no eran las palabras de Pansy; él pensaba en lo que Trelawney le había dicho tiempo antes y ahora parecía tener sentido.
Terminó de trenzarle el cabello y la acomodó sobre la almohada, se volvió a la mesa de noche y dejó ahí el peine y la toalla con que le había secado el pelo negro y resplandeciente; mientras se miraba los dedos todavía cubiertos de algunos trozos de cabello, sintió ese aire fresco y sonrió; la cama en la que estaba sentado ya no era más una cama, sino una silla de playa, una enorme sombrilla de colores lo cubría del sol y al volverse, la miró sentada en la arena mirando hacia el mar.
-Mi atuendo no es el indicado para una tarde de playa. –Murmuró sonriendo, ella se volvió a mirarlo y sonrió a medias. -¿Qué tienes?
-Sigo pensando en Ginny. –Contestó tomando un puño de arena blanca y arrojándoselo por diversión.
-Está muerta, ¿para qué la recuerdas? –Quiso saber mientras se volvía a ver el mar, pero no había ninguno, otra vez estaban los dos sólo en un sueño en que no había sino arena y ellos dos.
-¿Tú no recuerdas a los muertos Cormac? –Cho sonrió irónica, mientras él fruncía el ceño. -¿La extrañas? –Cormac ahogó una exclamación, a espaldas de Cho apareció una chica que llevaba una cámara fotográfica, sonreía mirándolos como si los fuera a fotografiar; McLaggen se levantó furioso y tomó a Cho por el cuello, al momento todo a su alrededor cambió y volvió a encontrarse en esa habitación de la Casa de los Gritos.
-No juegues conmigo Cho, no lo hagas. –Amenazó o rogó a la oriental que tenía los ojos cerrados, durmiendo; se sintió patético de estar ahí, discutiendo con alguien que sólo podía atacarle en sueños, tomó la charola con sus enseres y salió de la habitación dejándola dormir sola.
-Entonces, ¿todo lo que vimos, ese remolino, esa cosa rara de que el cristal no se levantara, era porque Pansy encontró su Sello? –Oliver iba de lado a lado, con los brazos cruzados, mientras Alicia, sentada a la mesa, no dejaba de mirar los mapas.
-Sí, eso es lo que dijo Pavarti… la pobre quedó tan cansada, esto no está siendo sencillo para ella. –Murmuró como respuesta y Hermione que permanecía de rodillas mirando mapas masculló con un dejo de desagrado.
-Para nadie lo es, Alicia. –La aludida asintió sin dejar de ver los mapas y dando un suspiro se puso a doblar el cuello para tratar de descansar de una mala pose. –Esto va a terminar matándonos, ni siquiera sabemos quiénes son los otros siete a los que nos enfrentamos… bueno sólo sabemos de… -No pudo terminar, el nombre no le salía desde hacía un tiempo, no era capaz siquiera de ponerlo en una frase o de recordarlo sin estremecerse.
-Ron. –Soltó Oliver como para ayudarla, pero Hermione tuvo que bajar los ojos y enfocarse en otra cosa con una mueca de pena semejante a un alarido de dolor; Wood se sintió incómodo, había querido ayudarle y sólo había logrado hacerla sentir mal al nombrarlo como si nada hubiera pasado. –Lo lamento, Hermione.
-Descuida, no es tu culpa… es sólo que quiero verlo, necesito hablarle. –Confesó moviendo unas hojas dejadas por Pavarti a quien Neville, Luna y Pansy habían llevado a descansar. –No puedo estar tranquila, sé que él no es culpable, debo verlo, necesito hablarle para saber qué ocurre.
-Olvídalo, podría matarte. –Atajó con poco tacto Alicia y Hermione le miró fijo mientras se sonrojaba, para calmar las cosas, la jugadora de quidditch agregó rápidamente. –Sabemos que no es Ron Hermione y por eso mismo, no queremos que vayas sola, no queremos que te arriesgues.
-Yo lo sé, pero necesito verlo. –Chilló moviendo las hojas con torpeza, sin querer arrojó unas a los pies de Oliver, que al volverse a verlas frunció el ceño y creyó ver que las letras se movían, Alicia seguía concentrada en los libros sobre la mesa, mientras Hermione intentaba pensar en otra cosa; Oliver se inclinó para tomar una de las hojas cerca de sus pies, mientras la castaña notaba que algo parecido a una corriente de aire movía las hojas hacia él, alzó la cara buscando el sitio de dónde venía ese airecillo, pero no encontró nada y de pronto comprendió que era otra cosa; al volverse a mirar los pies del hombre, vio cómo todos los mapas a su alrededor flotaban poco a poco yendo hasta él. –Oliver.
-¿Cómo es que dice esto? –Oliver tomó la hoja sorprendido, era un mapa de Inglaterra y sin embargo cada nombre de ciudad estaba mal, todos decían una y otra vez "Orinoco"; por eso había visto que las letras se movían, todas se habían reacomodado, pero era tonto que dijera algo así, ni siquiera era una palabra inglesa. –Miren. –Se volvió a verlas, pero las dos se habían puesto de pie y le miraban sorprendidas, incómodo porque le miraran dio un paso atrás y entonces lo notó, su cuerpo estaba envuelto por los mapas y hojas, que como si formaran un remolino le cubrían entero.
-Oliver, es un llamado… -Alicia sonreía de lado como si le diera emoción ver que todo lo dicho por Pavarti era cierto, Hermione estaba más bien nerviosa. -… ¿qué ves? –Preguntó Alicia apresurada, pero él estaba absorto en todos los mapas a su alrededor, decían lo mismo, no había uno solo que no llevara escrito en algún lado dicha palabra.
-Orinoco. –Murmuró frunciendo el ceño, a la vez que la hoja en su mano se movía como tratando de huir de entre sus dedos y al siguiente parpadeo le brotaban plumas multicolores.
-Es un pájaro. –Hermione frunció el ceño y quiso acercarse hasta él, pero el remolino se lo impedía; Oliver sacudió la cabeza y cerró los ojos con fuerza, intentando convencerse de que era una ilusión y al abrir los ojos, se encontró mirando una masa verde, caliente y tropical, estaba en una selva.
-¿Y ahora? –Luna miraba a Pavarti que ayudada por Pansy entraba en su cama, pálida y demacrada, intentando aparentar que no se sentía cansada; Parkinson se había quedado pensativa, retraída desde que supiera cuál era su Sello, Neville estaba frente a la cama, con las manos en los bolsillos, pensando las cosas con calma y sin dejar de ver a Pansy.
-Ahora que Pansy sabe cuál es su Sello, debe ir ahí. –Pavarti se metió con lentitud y se acomodó en las almohadas que Luna y Tambor apretaban para dejarlas más mullidas. –La única forma de que te unas a tu Sello es yendo a él y descubriendo el punto en que se une a tu deseo… cuando las dos cosas, Sello y corazón estén unidas, entonces serás un Guardián completo. –Pansy miraba a otro lado con el ceño fruncido y Luna acariciaba las orejas de Tambor sentándose a la orilla de la cama.
-¿Quieres algo? –Preguntó Neville antes de ir hasta la puerta, Pavarti negó con una sonrisa; sabía que algo pasaba con él, pero no quiso evidenciarlo.
-Sólo dile a Seamus en cuanto llegue que venga a verme, ¿sí? –Pidió con una sonrisa, entonces tomó las manos de Luna y Pansy metiéndoles un susto que las hizo a la primera ponerse seria y a la segunda soltar un grito. –Oliver encontró su Sello. –Masculló con los ojos llenos de bruma blanca, Neville al oír eso salió corriendo de la habitación y cuando llegó a la sala de reuniones, vio a las dos mujeres que sin parpadear veían a Wood que flotaba en medio de la habitación.
Había decidido ir a visitar la tumba sólo por obligación, Cissy era todavía el recuerdo más complicado de su vida, por eso ahí, frente a la lápida no supo qué decir; se sentía solitario y amargado, ella no lo perseguía desde la muerte de Weasley, ella quizá no volvería a seguirle porque era uno de ellos y tenía otras cosas en qué pensar. Entonces se le ocurrió una idea malvada, echó a andar fuera del cementerio y a varios metros de la lápida, se apareció directo a la Casa de los Gritos, donde Padma leía al lado de Blaise y Lavender; nada más aparecer frente a ellos una enorme sonrisa le pobló la boca.
-¿Qué te parecería, Padma querida, que sepan de una buena vez quiénes somos? –Preguntó mientras le abrazaba por la espalda aprovechando que estaba sentada frente a los otros dos, ella sonrió cerrando los ojos con complacencia.
-¿Exactamente cuál es tu plan, Draco? –Susurró con la voz melosa, abriendo los ojos y mirándole por sobre su cabeza, él sonrió con fastuosidad y Blaise se volvió a ver a Lavender como buscando un comentario a propósito de su actitud.
-Hay un Guardián con el que tengo una relación más que afectuosa y últimamente, a falta de algo más, se me antoja localizarla. –El rubio se enfocó en Lavender que al entender lo que pretendía se llevó un trozo de queso de una charola sobre la mesa a la boca, mirando a Blaise con seducción; el moreno desvió la mirada, convencido de que no estaba bien meterse en un callejón sin salida.
-Pansy, ¿no? –Preguntó sin mirarlos, Padma carcajeó entonces llena de una emoción viva porque el plan saliera bien, entre más pronto se enfrentaran los Guardianes contra los Mensajeros más rápido lograría ella su cometido. –Ay Merlín. –Terminó Blaise mientras se ponía de pie y salía de la habitación, ante la diversión de Padma, Lavender y Draco.
-Adelante Draco, pero ve tú solo… no es tiempo para que sepan de los demás, Cho te ayudará y seguramente Ron también en cuanto sienta lo que ocurre… por favor, diviértete. –Pidió la Patil besándole la mejilla y Draco, emocionado, se fue de inmediato a preparar para el encuentro en lo que ellas seguían enfocadas en su lectura y té.
En su habitación dentro de la casa, tomó un trozo de pergamino y escribió una nota simple para Pansy, un escueto "Quiero verte" y una "D" ondulante y gruesa; la envió apretándola dentro de su mano, haciendo que se transformara en un montón de pétalos de rosa blanca, estaba ansioso porque el mensaje le llegara a Pansy, simplemente esa chica no podría negarse y si la conocía y a Granger, las cosas iban a salir como él quería.
Agudizó la vista para ver bien lo que tenía delante, era un árbol enorme dejando caer sus ramas colgantes al agua azulosa y clara; dio un paso llamado por el árbol y el espejo del agua, y en cuanto extendió la pierna para poder andar, se dio cuenta que estaba hundido hasta las rodillas en el río, pero no le dio importancia, el agua era caliente y acogedora. Siguió caminando hacia el árbol, que a la orilla, brillaba bajo el sol, con sus hojas refulgentes como esmeraldas; a cada paso se hundía más, hasta que se encontró nadando en el agua caliente, cada vez más profunda y densa.
Nadó más rápido olvidándose de la profundidad, sólo quería llegar hasta ese árbol que parecía estarlo esperando; vio algunos animales a la orilla, aves luminosas que resplandecían bajo el rayo del sol y cuando al fin alcanzó las primeras ramas del árbol, las sintió gruesas y húmedas. Sonrió lleno de emoción, había algo dentro que lo incitaba a querer introducirse entre las ramas, que parecían formar una jaula; separó unas y se metió dentro, el agua era oscura, tanto como un pozo.
Había empezado a flotar hacia el centro de la jaula, cuando escuchó algo que entraba en el agua, algo como un chapoteo pesado, pero lo ignoró porque había una luz que emanaba desde el fondo de la oscuridad; pataleó un poco para acercarse hasta el punto donde podía ver la luz y habría podido distinguir que era una puerta, la puerta de su Sello, de no ser porque distinguió a la perfección la cola escamosa y verde de un reptil más grande que él a su lado en el agua. Se dio la vuelta asustado y entonces lo sintió, alguien halaba de su pierna hacia abajo, hacia la luz.
Gritó, pero al agua llenaba su boca.
-¡Cho! –Su voz retumbaba en todo ese lugar azuloso; ella estaba de pie en medio de esa soledad, en que sus pies descalzos tocaban la superficie formando ondas que avanzaban lentas y delgadas.
-¿Quién eres? –Preguntó frunciendo el ceño, un frío de muerte llenó el lugar y el agua bajo sus pies se congeló lentamente, el grito se volvió llanto y entonces la reconoció, no se explicaba que pudiera ser ella, no debería poder entrar ni siquiera su voz ahí, no si era su sueño.
-Por favor, eres la única opción… eres la única que puede abrir su corazón lo suficiente para alojar algo de mí… Cho, ayúdame. –Imploró con la voz temblorosa y la oriental notó cómo todo lo que en su sueño era azul se iba manchando de rojo.
-¿Qué te pasó? –Preguntó abriendo un poco su sueño, dejándola entrar para escucharla; Ginny descendió ante ella, manchada de sangre y llorosa.
-Por favor, Cho… tengo un mensaje, un mensaje importante que debes dar a Harry y a mi hermano, por favor. –La pelirroja sonreía dulcemente entre lagrimones que brillaban en su rostro.
-Dímelo. –Pidió tomándole las manos y sonriendo, intentando calmarla ahora que sabía que venía de un sueño de muerte.
-Diles a Ron y a Harry que…
-¿Por qué lo sigues viendo? –Ron andaba hasta ella, que se veía a sí misma y a Ginny hablar, se volvió un poco y lo encontró igual de serio y malvado que antes.
-Porque no quiero olvidarlo. –Regresó a mirar a Ginny que la abrazaba luego de decirle el mensaje.
-No lo olvidarás, esas cosas no se olvidan. –Murmuró él sonriendo, se acercó hasta ella y le abrazó por la espalda, tomándola por la cintura. –Dime Cho, ¿qué deseas más que nada en el mundo? –Cho se quedó callada viendo a Ginny desaparecer envuelta en un capullo de plumas de ángel; al sentir la tibieza del abrazo de Ron y su cuerpo contra su espalda, perdió el control, algo tenía él que hacía que todas sintieran la necesidad de hablarle con la verdad.
-Quiero a Viktor. –Salió tan quedo de sus labios que pensó que no se había oído, pero Ron escuchó y con un ronroneo casi romántico, pegó su cara al hueco entre su cabeza y su hombro, arropándola con sus brazos, tal como hacía Viktor en vida; Cho se estremeció y abrió la boca como para decir algo, pero él habló primero.
-La única forma en que podrás recuperarlo, es si mueres… ¿quieres eso, Cho? –Dobló las rodillas llevándosela con él en el movimiento, recostándose de costado sobre la superficie azulosa del sueño de Cho, que se volvió a verlo sometida por la sensación de que era Krum quien la acompañaba; no pudo decir nada, no tenía palabras para contestarle y sólo atinó a asentir pegando su frente a la barbilla del Mensajero. –Entonces, voy a cumplir tu sueño, porque si lo haces tú jamás lo verás, pero si lo hago yo… Viktor volverá a ti. –Sonreía, sonreía como lo hacía Viktor y aunque tenía la cara llena de pecas y la nariz distinta, para Cho fue como volver a tenerlo con ella.
-¡Oliver! –Estaba derrumbado en el piso, Hermione le sujetaba de la pierna mientras Alicia lo arropaba en su pecho, no podía dejar de dar bocanadas, estaba desesperado por aire, por saber que no era un cocodrilo lo que pendía de su pierna; entonces Neville llegó hasta ellos y los ayudó a levantarse, al tiempo que una sombra nebulosa se aparecía frente a ellos.
-¿Qué has visto? –Exclamó la sombra que pronto pudieron identificar como Pavarti, Hermione miró a Oliver que intentaba recuperarse, pero que pudo decirlo de inmediato.
-Escuela de Magia del Orinoco. –Soltó con la voz pastosa y Alicia frunció el ceño sin dejar de abrazarlo, como si temiera que se fuera a deshacer de hacerlo; se volvieron a mirar a Pavarti que sonreía, al tiempo que veían a Luna asomarse como si estuviera en la televisión y saludarles con un ademán, mientras mostraba a Tambor que pendía de las orejas de su mano izquierda.
-Por Merlín, Lovegood, están en la habitación contigua. –Exclamó Pansy desde fuera de la "transmisión", Hermione no pudo evitar reír mientras Neville le daba una palmadita a Oliver en el hombro; Alicia sonrió enormemente, fuera como fuera aún podían tener momentos de diversión.
-Felicidades, encontraste tu Sello. –Concluyó Pavarti al tiempo que los demás sonreían, aunque quizá no era cosa para festejar; todos fueron a la habitación de Pavarti para que Oliver pudiera narrarle lo que había visto, Pansy, abrumada por todo lo ocurrido fue a la cocina por un vaso de agua y mientras lo bebía notó que el agua se llenaba de pétalos blancos.
-¿Qué es esto? –Dijo en voz alta a la vez que bajaba el vaso de delante de su rostro, el agua se secaba dejando paso a los pétalos; los vació en su mano y los miró fijo, había letras y tras intentar separarlas con su índice, descubrió que los pétalos se convertían en un trozo de pergamino. –Draco. –Susurró al terminar de leerlo y apresurada salió de la cocina y cruzó los pasillos corriendo; Neville y Hermione que estaban cerca de la puerta oyeron los pasos y convencidos de que no podía ser una buena señal se miraron y resolvieron seguirla.
Afuera hacía frío.
