13 de septiembre de 2003.

Los Ángeles California.

Locamente enamorada.

"Voy a cantar bajo la lluvia. Y en la ducha, y en el tráfico. Voy a pensar en ti cuando las canciones románticas suenen en la radio. Voy a bailar como nunca lo hice, porque con tanta energía, podría llegar hasta la luna. Voy a hablarles a todos de ti, y de cómo me tienes delirando. Voy a navegar en esta emoción hasta que te vea de nuevo, y la sonrisa no se me quite ni aunque llueva dentro de casa." Aixa-Gabii Serrada.

-¡Bella! – el grito estridente en la puerta del cuarto me hizo saltar en la cama. Mi libreta cayó al piso con un ruido sordo, regando algunas páginas sueltas y servilletas que tenía dentro de ella. Me lance de inmediato al piso a recogerlas. – No puedo creer que sigas durmiendo, son casi las 12 del media día. – continuo Patricia con su alharaca, metiéndose en mi cuarto sin importarle nada.

Me estire hasta mi mesa de noche y me calce mis lentes de siempre. Con algunos parpadeos logre adaptarme a la luz de la habitación y finalmente pude distinguir la figura de Patricia, que se revolvía entre mis ropas en el closet.

-¡Hoy es tu cumpleaños! – volvió a gritar, saliendo del ropero con un vestido en mano. Comencé a negar con la cabeza frenéticamente, sabiendo de ante mano cuales eran sus ideas. – Oh vamos, la última vez que te vi usar este vestido fue en el almuerzo con mis padres por el cumpleaños de Melly, debes dejarlo ir.

Y aunque sabía que Patricia tenía razón, ese vestido había quedado vetado desde el año pasado, cuando sus padres habían ofrecido un almuerzo por el cumpleaños 16 de Melly, la hermana menor de Patricia, y yo me había aparecido en el lugar, llevando un bonito vestido corto halter, un dedo por encima de la rodilla y acampanado, para disimular los centímetros de más en la cintura. Para completar me había decidido por unas zapatillas también amarillas como el vestido.

Usando ese vestido, me habían dado mi primer beso.

El almuerzo de cumpleaños de Melly estaba lleno de nuestros, en ese momento, futuros ex compañeros de escuela. Para nadie era un secreto que Patricia era la chica favorita de todos en la escuela, y haberlos invitado al "almuerzo íntimo" de 300 invitados, solo había acrecentado la idea. Todo lo contrario a lo que era yo y a lo que sería en nuestro último año de secundaria. Obviamente la gente se seguía preguntando de donde Patricia sentía especial interés por ser amiga de la aburrida Swan, cuando le sobraban opciones para juntarse con el equipo de las animadoras. Yo era una de las que me preguntaba porque andaba conmigo.

Mientras Patricia iba conquistando su segunda relación "formal" para nuestro último año de secundaria, y había perdido la virginidad dos años atrás, yo siquiera había recibido mi primer beso. Además de lo obvio, que era mi aparente descoordinación con la imagen ideal de una adolescente atractiva, estaba mi resistencia más que presente al contacto con ningún adolescente que se hiciera llamar "compañero de clase". Patricia decía que era demasiado tímida para aceptar siquiera entender lo "guapa" que era, pero la verdad es que no era "guapa" lo que me decía el espejo cuando me veía en las mañanas.

No tenía mucho, por no decir nada, interesante que aportar. Mientras los demás estaban saltando de euforia ante la idea de alguna fiesta prohibida en casa de algún papá descuidado, yo acompañaba a mi padre hasta altas horas de la noche en su despacho, tratando de encajar los balances generales para los tratados de fusión con alguna empresa. No sentía especial cariño por el alcohol, lo que a partir de los 15 comenzó a generar una brecha entre la juventud normal, y yo. Además, la idea de besarme con alguien en una fiesta cualquiera me daba temor, imaginando lo obvio que sería para cualquiera que me besara, notar que yo no tenía ni idea de lo que estaba haciendo.

Ni que decir del sexo.

Patricia siempre decía que las inhibiciones y el temor a la inexperiencia, se pasaban cuando tomabas algo de alcohol. Ella misma había dejado su virginidad en la cama de los padres de Alana, una compañera de clase de inglés, que había dado un fiesta cunado teníamos como 15, llena de alcohol y sustancias prohibidas. Demás está decir que la misma Patricia siquiera recordaba con quien se había acostado, pero si podía recordar que había dolido "como la madre" según sus propias palabras.

Desde niña siempre había ido un paso atrás de mi generación. En un principio, cuando prefería quedarme dentro del salón para leer Dr. Seuss en vez de salir a jugar. En la primaria, cuando comencé a ganar peso, y decidí aislarme de las fiestas de cumpleaños de moda, que involucraban siempre piscinas y trajes de baño. Luego, cuando mis problemas de visión empeoraron por la edad, y no me quedo más remedio que llevar los lentes a toda hora. Cuando entre a la secundaria y el desarrollo acelero mi aumento de peso, no me quedo más que someterme a dietas estrictas, que me permitían permanecer en un peso adecuado para mi salud, pero nunca delgada. Mientras tanto, las demás pisaban el desarrollo como reinas, percibiendo el golpe de la pubertad como una bendición. Se pusieron de moda los pechos y los sostenes, las caderas y el cabello largo y brillante. Yo, a pesar de tener los pechos grandes, usaba una talla de sostén que sonaba grotesca en comparación, todo por el aumento producto del peso.

Cuando los besos se pusieron de moda, yo me quede atrás nuevamente. Llevaba años en el aislamiento, por lo que mi contacto con hombres era nulo. A duras penas me relacionaba con algunas niñas, que estaban un poco más pendientes de estudiar y se quedaban conmigo a leer. Con el tiempo, hasta Angela, mi compañera fiel, había sido conquistada por la adolescencia y se escabullo entre los brazos de su primer novio y la emoción de los primeros besos.

Las cabelleras abundantes y rizadas se pusieron de moda, pero era inútil para mí tratar de seguir el paso. Mi cabello era demasiado fino y liso, así que jamás tuve oportunidad de imitar esa moda. Las camisetas que mostraban el ombligo y los pantalones aguantados en los huesos de la cadera se volvieron el día a día, pero una vez más estaba en desventaja. Al pisar los 15, cuando todos habían besado por primera vez y se preparaban para la sexualidad, yo estaba enfrentando problemas hormonales y mis ovarios estaban descontrolando de nuevo mi metabolismo. Las chicas se pusieron cada vez más esbeltas, y conocieron las dietas extremas, que daban como resultado la oportunidad de salir con alguno de último año. Obviamente, aquellas que salían con los de último se subían a sus autos, y se escapaban de clase para ir a la playa.

La sola idea de escaparme de clase me daba escalofríos.

Fue así como teniendo 17 fui a para al cumpleaños de Melly sin haber besado siquiera una vez. Aquella tarde en los jardines de los Johnsons, aislada de todos y recostada de un cedro, había conocido a Mike. Uno de los chicos más apuestos de la escuela, que compartía conmigo química y aplazaba los exámenes constantemente. Si decía que recordaba cómo había sido, mentía. La verdad es que un momento estaba sola y al otro él estaba conversando conmigo y haciéndome reír, mencionando que el vestido era hermoso y que el color me favorecía. Y mientras él estaba halagándome y poniendo mechones de mi cabello tras mi oreja, yo solo pensaba en lo mucho que quería escribir acerca de él. Desde toda la vida me había dedicado a escribir fantasías y hacia poco había terminado mi primer libro.

Una risa llevo a la otra, y de tanto jugar con mi cabello y rozar mis mejillas, termino besándome. El chico más apuesto de la clase estaba besándome y sujetando mi regordeta cintura sin quejarse.

Si tuviera que decir que paso conmigo, mentiría. Simplemente los sentí, supe que tenía que dejar de resistirme a sentir lo que todo el mundo ya había experimentado. Dejar de tener miedo de ser inexperta, porque finalmente, si no lo hacía alguna vez, no dejaría de ser inexperta jamás.

Trate de recordar que hacían las demás cuando las besaban, y los gestos de las actrices en las películas. Pase mis manos por su cuello mientras su lengua invadía mi boca. ¡Me estaba besando en serio!

Pero lo bueno duro poco. Justo cuando estaba comenzando a sentirme cómoda con la situación y quería apretarlo contra mí, se separó de golpe. Lo observe asustada, tratando de saber que hice mal, antes que el levantara su mano y con el dorso se limpiara mi beso.

Entonces lo entendí. Nunca estuvimos solos. Tras de él, escondidos entre los demás arboles estaban el resto de la pandilla de Mike, acompañados por Angela y Lauren, las chicas de los amigos de Mike. Todos se estaban riendo a carcajadas, mientras él seguía tallando sus labios contra su mano.

-Me deben un buen dinero por esto. – les grito a los demás. – Ya cumplí lo mío, le quite su primer beso a Swan, y mira que fue un trabajo duro. – lo mire con los ojos como platos mientras él seguía regalándome caras de asco.

-Eres un jodido héroe Newton. – le auparon los demás, mientras se iba caminando de regreso a la fiesta.

-Que deba dejarlo ir, no quiere decir que sea así. – le riposte, pasando de ella directo al baño.

-Pues no es mi culpa que no hayas querido ir a comprar un vestido para la ocasión. Ya ves, te tocara repetir. – grito desde fuera.

-No hay tal ocasión Patricia. Además, el vestido de esta noche ya lo compro mamá.

-Sí, el vestido de esta noche, pero hasta esta noche, no te puedo dejar andar por allí en sudadera y jeans, no en tu cumpleaños 18.

-¿Qué más de lo que use? De todas formas voy a pasar el resto de la tarde metida en la peluquería, nadie lo notara. – seguí riñendo.

-Yo lo notare.

Tenía la tarde llena de una actividad que detestaba. Desde las dos iba a estar sembrada de cabeza en la peluquería, escoltada por mi mamá y Patricia, recibiendo cuanto cambio de look existiera. Depilación total, manicure y pedicure, corte de cabello y por supuesto su respectivo arreglo. Mi mamá había insistido en agregar algunas extensiones para dar volumen. Para ser honesta, Renne y su peluquero de toda la vida Matthew habían hecho todo un plan entorno a la fiesta de esta noche, plan del cual yo no participe hasta hoy.

"Los 18 de mi hija no pueden pasar por debajo de la mesa" había dicho Charlie en marzo, cuando habían comenzado toda la organización. Aunque me había resistido con todas mis fuerza a la fiesta, afirmando que con tener un viaje a Europa bastaba, mis requerimientos no había sido escuchados. Después de todo, el viaje a Europa había sido mi carta de salvación de la fiesta que dos años atrás ellos habían tenido en mente para mis 16.

Todos los amigos importantes de mi papá vendrían, y casi todos sus empleados de la compañía estarían aquí. El creía que yo no lo sabía, pero estaba consiente que esta fiesta, más que para celebrar mi cumpleaños, era una oportunidad para mis padre de mostrar toda la opulencia posible y desterrar definitivamente los rumores de quiebra que nos habían estado rondando. Era un buen momento para demostrar que la compañía se mantenía sólida y líder en el mercado aeronáutico y que éramos sin duda una excelente opción para invertir.

-Dime que ya se despertó. – escuche la voz de mi madre fuera del baño.

-Por poco no Renne, no te mentiré, está hecha un desastre de ojeras.

-Bella, te dije que necesitaba que fueras a la cama temprano. – ahora era mi mamá quien me reñía.

-Y yo te dije que tengo un examen importante mañana. Bastante es que no pueda ir hoy a la universidad y no pueda estudiar hoy. Debía terminar anoche. – le aclare, saliendo del baño envuelta en mi albornoz. La ventaja de tener una vida como la que teníamos, era que el closet era del tamaño de un cuarto modesto, por lo que puede esconderme en el para vestirme en paz.

No me dejaba ver desnuda ni en ropa interior por nadie. Eso sin duda sería un problema hoy.

Otra ventaja es que cuando saliera estaría usando lo que me diera la gana.

-Como si fueras a reprobar ese examen. Por favor Bella, eres una pequeño genio. – Patricia abrió la puerta y se metió dentro del vistiere, todavía con el vestido en la mano. – Úsalo. – trato de usar su tono fuerte conmigo, ganándose una risita de mi parte. – Tu madre me apoya.

-Ya no soy una niña para que me vistan.

-Oh pero si los 18 se le han asentado. Mira como contesta. – ahora era mi mama la que estaba dentro. – Ese vestido es simplemente precioso y hace mucho que no lo usas. Complácenos.

Rodé los ojos y cansada de que miraran de esa forma, y de estar en ropa interior, me puse el desgraciado vestido.

-Mucho mejor de esa forma. Feliz cumpleaños hija. – Renne se me guindo del cuello, dando pequeños saltitos conmigo, como una colegiala. – Ya eres toda una mujer, aunque siempre lo fuiste. Siempre tan formal y aplomada, mi pequeña vieja. – la mire con los ojos como platos pero sonriendo. – Quiero que te diviertas hoy, después de todo lo hicimos por ti y para ti. No seas tan estructurada, date una oportunidad.

Solté todo el aire que estaba conteniendo, asintiendo con la cabeza y dejándome arrastrar por ella fuera, tratando de calzarme las zapatillas.

Mi papá había sido menos efusivo pero igual de cariñoso conmigo por mi cumpleaños. Me sorprendió con un ramo inmenso de rosas blancas, que eran mis favoritas desde siempre. Comimos algo de manera breve, mientras él y yo discutíamos unas leyes de inversión que no me habían quedado claras y que aparecerían en el examen de mañana. Después de toda la cháchara y de los reclamos de mi mamá por estar hablando de negocios en la mesa, nos dejó partir a las tres rumbo a la tortura.

Llegamos justo a tiempo para cruzar las puertas de la peluquería que estaba a reventar, y con Crazy in Love de Beyonce sonando con fuerza por los parlantes. El álbum como solista de Beyonce recién había sido en verano y era la sensación. Francamente no era mi estilo y la canción se tornaba necia de tanto tener que oírla.

Matthew se estaba sacudiendo al ritmo de la canción ahora con la ayuda de Patricia, que tenía una extraña y persistente obsesión por Beyonce y antes de ella por Destiny Child. Ambos estaban cantando a todo pulmón la pegajosa canción pop, mientras las otras clientas los miraban.

-¡Feliz cumpleaños mi pequeña Bella! – se acercó a abrazarme, ahora meneándose contra mí al ritmo de otra de las canciones de Beyonce, esta con una inspiración como árabe y que había sido un éxito en el último tiempo.

-Gracias. – le conteste, saltando con él y tratando de llevarle el ritmo en la emoción. Trate de comportarme como la adolescente que era e imaginar la felicidad que cualquiera de mi edad sentiría ante la idea de pasar todo el día en la peluquería, siendo mimada, para tener una fiesta espectacular en la noche, como con 300 invitados.

-¿Cuándo te vas a decidir por los lentes de contacto? – volvió con la misma idea de siempre, quitándome la montura de los lentes y lanzándola en una de las mesas de trabajo. Para nadie era un secreto que era poco lo que podía ver sin los lentes, y que odiaba con todas mis fuerzas los lentes de contacto porque me irritaban los ojos.

-Matthew sabes que no puedo ver sin los lentes.

-Aquí no hay nada que necesites ver, déjamelo a mí.

-No quiero nada extravagante, y sabes que si lo haces, llegare a casa a deshacerlo. Poco maquillaje.

-Si, si, si, déjame trabajar. Vamos a comenzar por lo peor, la depilación.

No había nada de mentira en sus palabras cuando lo describió como lo peor. La verdad era que "lo peor" era quedarse corto. Había sido depilada inclusive en lugares que no tenía sentido alguno depilar, porque nadie vería, y esos habían dolido más que ningún otro. El tirón de la piel, ya irritada por el calor de la cera había sido inclemente y los músculos se me habían tensionado de sobre manera entre tirón y tirón, previendo el dolor que vendría a continuación. Supuestamente para dejarme recuperar, me habían bañado de pies a cabeza en crema hidratante, que le cayó a mi piel como si echaras agua a un sartén caliente.

Hora y media después de terminada la tortura, estaba sentada en la silla de Matthew, mientras él seguía bailando Beyonce.

-¿Nunca has estado locamente enamorada? – me grito por encima de la música a todo volumen. Acerco las tijeras a mi cabello y comenzó a cortar las puntas.

Negué con la cabeza a través del espejo.

-Oh niña, ¿Dónde has vivido? ¿En una caja? El amor es lo más maravilloso del mundo, y te voy a dejar tan fabulosa hoy, que más de uno estará locamente enamorado de ti. – me reí de sus palabras mientras veía caer más cabello a mi alrededor. Cuando se sintió satisfecho con la cantidad que había cortado, trajo algunas cortinas de cabello de un color muy similar al mío, y las metió por entre las raíces de mi cabellera.

Intento, en vano, hacer unos bucles en mi cabello pero como siempre, era demasiado delgado y liso para sostenerlos. Después de un rato y con el reloj en contra, desistió de la idea y lo dejo con un liso, que era como ondulado pero no tenía ondas definidas. Era algo complicado de explicar pero bonito a la vista, que parecía ser lo realmente importante.

Una intensa discusión nos llevó a decidir que usaría de maquillaje. Me negaba por completo a llevar algo demasiado recargado, en gran medida porque jamás usaba nada en la cara y además porque debía llevar los lentes, por lo que sería inútil esmerarse demasiado. Base, polvo y otras cosas que no sabía cómo se llamaban fueron aplicadas. Cuando terminaron, me devolvieron mis gafas y al fin pude verme y entender que habían hecho. Tenía un poco de sombra en los parpados, pero algo suave que combinaría a la perfección con el vestido azul que llevaría.

Llegamos a la casa a eso de las siete y media, cuando habían terminado de arreglar a mi mamá y a Patricia. Ambas habían quedado encantadas con su arreglo, y la última no dejaba de repetir que se moría por el momento en que estuviera frente a los fotógrafos para inmortalizar ese maquillaje que llevaba.

Cuando mi mama se escabullo a su cuarto y Patricia al de invitados, a cambiarse, me entro el acostumbrado pánico escénico de siempre. A diferencia de los demás evento a los que tenía que ir por obligación, esta vez todo el mundo estaría fijándose en mí, y en la forma en que me vestí y como caminaba. No llevaría mis zapatillas de siempre, me habían obligado a llevar unas sandalias de tacón.

Las probabilidades de que rodara por el suelo eran tan altas que era atemorizante.

El vestido azul celeste era con cuello cuadrado, y se entallaba hasta mi cintura. Un listón azul intenso hacia un lazo en mi espalda y la falda amplia estaba tres dedos por encima de mi rodilla. Las sandalias, sujetas a mi tobillo y con muchos tirantes, eran del mismo azul fuerte del lazo. Habían sido hechas especialmente para combinar.

Me tome un momento para verme en espejo y admirar lo que era. Y tenía que reconocer que me veía a mí misma con aquella aprobación e impresión que jamás había sentido por mi aspecto. El cabello, aunque jamás rizado, se veía abundante alrededor de mis hombres y ayudaba a disfrazar el tamaño de mis mejillas, y lo grueso de mis hombros y brazos. El vestido, por el corte, hacía que me apareciera la cintura que sabía, no tenía, y se ampliaba para disimular las caderas y rollitos que tenía, además de los muslos gruesos.

Por un momento podía parecer una chica normal de 18 años. Una que estaba disfrutando la idea de tener una fiesta llena de invitados que estarían escudriñando su espacio. Una que trataba de no pensar en el examen que tenía y para el que quisiera estar estudiando.

Me quite los lentes por un momento, perdiendo la visión de mi reflejo en el espejo, y los limpie bien. Los volví a calzar y de nuevo estaba frente a mí la "chica linda" de segundos atrás.

-Estas increíble. – interrumpió Patricia en mi habitación.

Ella si estaba increíble. Más que increíble, deslumbrante. Estaba usando un vestido con cuello cuadrado alto, que aunque no mostraba escote, estaba lo suficiente entallado para mostrar los atributos. Debajo de sus senos, una cinta de ceda marcaba el inicio de una falda vaporosa de como tres capas y extremadamente corta, com dedos por encima de la rodilla. Todo esto en un brillante color fucsia.

Su larga cabellera negra estaba lacia y hacia atrás, perdiéndose por su espalda y afinando sus rasgos maquillados.

-Increíble te ves tú, como siempre. – le riposte, desistiendo de la idea de verme en el espejo, olvidando el sentimiento de "comodidad" de minutos antes.

-No comiences Bella, tú también estas increíble. Más bien deja de mirarme con ese reproche en los ojos, y mírate a ti misma. – se pare junto a mi frente al espejo. – Esto es por poco, lo que te mereces. ¿No me ves lo linda que luces cuando te dejas dar una mano? – pero mientras ella hablaba yo no podía dejar de ver como su reflejo curvilíneo se contraponía a mi figura más bien regordeta y bajita.

Me aleje de su abrazo y me quite del espejo.

-Se hace tarde. – fue lo único que alcance a decirle, sintiendo su suspiro tras de mí.

-Es inútil que te desprecies de esa forma Bella, porque un día va a llegar alguien que te va a amar con la misma intensidad con la que tú te desprecias, y cuando eso pase, no vas a saber qué hacer.

Aunque yo había sido la más apurada en salir, repentinamente estaba atornillada en el piso, mientras Patricia pasaba por mi lado y abandonaba el cuarto, dejando atrás una estela de su perfume y sus palabras flotando entre las paredes.

Finalmente mi propia madre me había sacado de mi enclaustramiento seguro, y me arrastro hacia el salón. Estábamos cerca de las nueva de la noche, cuando casi abrazada de la baranda de las escaleras, entre en la sala de estar de mi casa. El lugar no estaba demasiado poblado, a penas gente que entraba y salía. La fiesta estaba ocurriendo afuera, en el jardín, bajo dos grandes carpas blancas y tarimas de madera que protegían la grama de los inclementes zapatos.

Una música suave de jazz estaba colándose desde afuera, tocada por una banda que le había pedido a mi mamá que contratara. Una de las pocas cosas en las que había intervenido respecto a la celebración de mi cumpleaños, había sido la elección de la música. Había pedido expresamente, que aparte de la música clásica que a mis padres les gustaba, o la música moderna que todos los invitados jóvenes requerían, quería una selección especial de jazz, con mis favoritas de Frank Sinatra.

-No te pensaras quedar parada allí. – estaba de pie en las puertas de cristal que daban al jardín, viendo como afuera todo estaba pasando.

-Dame unos minutos. – solté su mano y la vi perderse entre los invitados, con esa gracia que mi mamá siempre había tenido y que yo no había tenido de fortuna de heredar. Comenzó a saludar a la gente a su alrededor, como si los conociera íntimamente a cada uno de ellos. Lo peor, es que era muy probable que así fuera.

Una de mis canciones favoritas estaba sonando en este momento. Una chica de unos 25 años y bajita, se abrazaba al micrófono, mientras con el jazz de la banda cantaba suavemente I've got a crush on you.

Una sonrisa se pintó en mis labios, viendo como mis padres se encontraban en la fiesta, y se abrazaban, meciéndose suavemente al ritmo de la música. Desde la distancia podía ver como los labios de mi papá se movían mientras la miraba, imagino que cantándole la canción.

La emoción en sus rostros y la manera como se balanceaban contra al otro, ignorando completamente al montón de personas que alrededor estaban caminando, hablando y bailando, era envidiable. Sin percatarme, comencé a mecerme yo también al ritmo de la canción, cantándola suavecito y para mí.

-Feliz cumpleaños Bella. – una voz masculina me sobresalto y rompió la burbuja que había construido. Antes de voltear, me percate de quien era a través del reflejo del espejo, y casi me atraganto de la vergüenza por haber estado bailando y cantando sola delante de él.

-Gracias. – respondí más para mí que para él, dándome la vuelta para verlo de frente. Tenía algunos meses que no lo veía, desde las celebraciones de graduación que nuestras respectivas familias nos habían dado en julio, cuando, antes de la edad normal en la secundaria, estábamos saliendo y embarcándonos hacia la universidad. El había sido aceptado en Harvard y no lo había pensado para irse, yo en cambio, arraigada en casa, me decante por UCLA.

-Estas encantadora. – como siempre, Edward tenia las palabras más elegantes que expresar. El nunca había sido un hombre común, desde que nuestras familias se habían hecho amigas y aliadas empresariales cuando teníamos como 13, yo sabía que Edward era diferente. Era inteligente pero no nerd. Era guapo, pero no presumido. Era popular, pero no creído. Era un equilibrio perfecto de una personalidad arrolladora y un mundo entero de conocimientos. La elegancia de un niño criado en las mejores escuelas, que hablaba 3 idiomas a parte del suyo natal, y que pasaba los veranos de adolescente en Paris. Había sido atleta escolar, presidente de la clase y miembro del modelo da Naciones Unidas de nuestra escuela y viajo en varias ocasiones a sesionar con otros modelos del país y en una oportunidad, del mundo. Era, ahora un hombre, de mundo y libros. De cultura y elegancia. De palabras adecuadas y voz comedida.

Era el hombre de mis sueños, que siempre me había estado prohibido. Porque sus novias eran impresionantes. Una fue la animadora. Otra, su mano derecha en el MUN* y la más reciente, una joven parisina que había conocido en las últimas vacaciones antes de terminar la secundaria, y a quien había traído para ir al baile y a las fiestas de celebración.

Por demás calificada para ser su novia. Igual de hermosa que él, igual de elegante, inteligente, culta y amable. Anabelle.

Todo lo contrario a mí.

El tiempo desde que él se había ido, y yo concentrado en la universidad, fue suficiente para aminorar mis encandilamiento. Después de haber ido al baile sola, soportando el encanto del romance del momento de Patricia y la elegancia de Edward y su novia, me había quedado claro que lo mejor que tenía para hacer era estudiar y concentrarme en otra cosa. Saber que se iba a Harvard, con su novia si se puede mencionar, era solo una confirmación más de que yo no tenía nada que hacer por allí. Siquiera podía decir que éramos amigos, nuestra relación había sido todo lo política y "cercana" que podían ser las cosas, considerando que en cada reunión, cumpleaños y demás evento estaba su familia o la mía. Sin embargo, nuestras personalidades, no podían ser más diferentes. Él era chispeante y encantador, yo pasaba todas las fiestas escondida en algún rincón, deseando que todo terminara para ir a casa.

-No pensé que vendrías. – fueron las palabras más sabias que se me ocurrieron para romper el silencio que se había instalado después de su cumplido.

-Pude conseguir algo de tiempo y un pasaje de avión. No quería perderme tu cumpleaños y mis padres no hubiesen deseado que lo hiciera. – me regalo una de sus bonitas medias sonrisas, que mostraban todo su encanto y las mejores y más refinadas expresiones faciales alguna vez vistas.

Entonces recordé que yo solía adorar el suelo que el pisaba.

Pero para resumir mi frustración, podía decir que él estaba jugando en las Grandes Ligas y yo siquiera había entrado a la liga compota del equipo local. Totalmente separados, sin la esperanza de encontrarnos en algún punto.

-¿Por qué no estás en la fiestas? – inquirió el, notando que no había respuesta alguna de mi parte respecto a su anterior comentario.

-La admiraba desde la distancia.

-O te escondías, como es costumbre. – me soltó de repente, ganándose una mirada sorprendida de mi parte. – Te veía en las fiestas Bella, siempre lejos de la cantidad de gente, retraída en alguna silla en muchos casos cuidando del bebe de alguien. – se rio un poco y me pareció un sonido tres veces más magnifico que la banda afuera.

El sabía que yo estaba en las fiestas, escondida.

-Esto no es lo mío. – le admití.

-Confieso que tampoco lo mío. – rodé los ojos ante su declaración, haciéndolo reír. – Solo que soy buen actor.

-Demasiado bueno. –riposte

-¿Te parece? – me volvió a dar una de esas medias sonrisas suyas, haciéndome sonrojar.

Otro punto a favor de Edward, es que siempre te miraba a los ojos. Con ese aire etéreo que lo caracterizaba, su mirada verde claro, era más intensa incluso que tener los 300 pares de ojos de los invitados sobre ti.

Me sentí descubierta y con frio ante su escrutinio. Se permitió bajar un poco la vista sobre mi cuerpo antes de volver a mi cara. Levanto un ceja ante mi silencio y estupor, mientras yo hacia la misma breve inspección sobre él. Traje de chaqueta negra, con zapatos recién lustrados, camisa blanca y sin corbata. Cabello despeinado y finamente rasurado.

Fascinante.

Asentí con la cabeza, recordando que él me había hecho una pregunta previamente, y lo mire reírse entre dientes, haciendo que mi rubor fuera más fuerte y casi que se extendiera por todo mi cuerpo.

Afuera la banda comenzó a tocar la versión del mambo de la canción Sway, que yo especialmente había agregado en la lista.

-¿Bailas? – Edward volvió al ataque, extendiendo su larga, blanca y perfecta mano frente a mí.

Mi mamá por supuesto que me había obligado a aprender baile de salón, cuando tenía como 14 años y en vista que ya no podían dejarme en casa para las fiestas de los amigos y la compañía, comenzaron a llevarme. Aunque me había resistido con todas las fuerzas que tenía a aprender, sabiendo que mi coordinación me haría pasar vergüenza en las clases, mis berrinches no tuvieron mucho éxito, y pase dos años alternando mis estudios de español avanzado con baile de salón.

Pero las clases recibidas habían sido probadas con un solo hombre, mi padre, que con su maestría para bailar y el amor que me tenía, había ignorando olímpicamente la forma en que repentinamente perdía el ritmo mientras bailaba o lo pisaba.

No tenía la gracia de mamá para bailar, caminar o actuar.

-No creo que sea buena idea. – afuera la algarabía del mambo tenia a todos encantados.

-Yo creo que si. – cerro la distancia entre nosotros, y sin esperar que pusiera mi mano entre las suyas, el sujeto mi cintura me apretó contra sí. Entreabrió ligeramente mis piernas para poner una de las suyas, y así lograr llevarme sin mucho problema.

Se balanceo con una gracia abismal a los lados, llevándome con el cómo sino pesara ni un gramo. Entendí que si quería sobrevivir a esta experiencia sin morir de vergüenza o dejarlo sin un pie, debía olvidar aquellas lecciones de pasos elaborados y recordar los más importante y valioso del baile, dejarse guiar.

Con esta máxima, simplemente solté mi cuerpo entre sus manos, y apreté el agarre que tenía mi mano izquierda entre la suya. Baje mi mano derecha de su hombro a su espalda, buscando soporte por los tacones que llevaba, y lo deje arrastrarme tanto como quisiera, moviéndome con gracia y suavidad por el suelo, de una forma que me hacía sentir como si en vez de pisar la madera de caoba de mi madre, estaba flotando en una esponjosa nube. Soltó su agarre de mi cintura y separo mi mano de su espalda, para apartarme en una vuelta sobre mi propio eje, que me llevo rápidamente de regreso a sus brazos, con fuerza y sincronía. No pude evitar sonreír ante el sustico que se me subió en el estómago por el movimiento repentino.

El me devolvió la sonrisa.

Y cuando yo creía que no podía ser más perfecto de lo que estaba siendo, el comenzó a cantar la letra, con una voz suavecita y melodiosa, digna de competir con Michael Buble. Una vuelta más con su voz cantando para mí y con su olor embriagándome de pies a cabeza, y la canción término.

-¿Dónde está la homenajeada de esta noche? – la voz de la cantante rompió el pequeño silencio posterior al fin de la canción, llevándose consigo también la burbuja de familiaridad y cercanía que ambos teníamos allí, en el medio de la sala de mi casa, y a solas.

-Creo que te buscan. – menciono, soltando su agarre y haciendo un pequeña reverencia. – Gracias por bailar conmigo.

Asentí con la cabeza, a falta de algo mejor que decir, y con una sonrisa de disculpa cruce finalmente las puertas de cristal, llegando a las carpas donde la gente se volteo para recibirme. Abrazos, besos y felicitaciones me sobrecogieron y me hicieron avanzar, hasta dejarme en el medio de la pista, bajo las luces y el escrutinio de todos.

-Como bien saben, la cumpleañera de hoy es una gran fan del jazz, en especial de los covers de Michael Buble. Es por esta razón, que un regalo especial de parte de sus padres, ellos han traído al mismo Michael a interpretar una de sus canciones favoritas de todos los tiempos. Quisiéramos invitar al papá de la cumpleañera a la pista a acompañarla. – mi mandíbula casi roza el suelo, mientras me daba la vuelta hacia la tarima, para encontrarme con Michael Buble subiendo a la misma, vistiendo saco y llevando su propio micrófono en mano.

-Feliz cumpleaños Isabella. – susurro sobre el micrófono. – Esto es The way you look tonight. – los ojos se me llenaron de lágrimas.

-¿Lista? – una mano se posó en mi cintura, y no fue la que estaba esperando. La voz de Edward y su contacto me llevaron de nuevo a la realidad, haciéndome voltear para encontrarme con él, y en el fondo la mirada encantada de mis padres. – No fue difícil convencer a tu padre de dejarme bailar contigo esta canción. – la banda comenzó a tocar el instrumental del intro, mientras ambos nos acomodábamos en el centro.

-¿Qué va a decir tu novia de esto? – pregunte, arrepintiéndome de querer estar hablando en este momento, cuando una voz como la de Michael Buble estaba sonando en vivo por los parlantes.

-¿Cuál? – me separo de su cuerpo, pero no demasiado, para hacerme girar sobre mi misma, en una especie de maniobra que parecía mostrarme ante todos los que nos observaban.

-Anabelle.

-Keep that breathless charm. Won't you please arrange it? Because I love you just the way you look tonight. * – fue lo siguiente que dijo, dejando de lado el tema de su novia e inclusive el hecho de que mi cantante favorito de esta época estaba cantando a unos metros de mí.

Todo se fue por la ventana cuando él me miro a los ojos y canto con aquella dulzura y perfección la canción.

-I love you, just the way you look tonight. – repitió, con sus ojos verdes clavados en los míos y una sonrisa completa y llena de dientes extendida en su rostro.

Unas extrañas y desconocidas cosquillas subieron por mis brazos, hasta la mano que el tenia sujeta y por mi cintura envuelta en su otra mano. Se corrió por todo mi cuerpo y se alojó en mis mejillas, que se prendieron en calor. Todo mi cuerpo parecía vibrar, mientras la canción se desvanecía. Las miradas de todos se perdieron y sentí que estábamos de nuevo solos, como minutos atrás en la sala, solo con la música de fondo y sus labios moviéndose mientras repetía la letra de la canción para mí.

Entonces paso. Lo supe. Lo sentí. Percibí la aceptación brotando de su cuerpo al mío. La forma como me apretaba contra el como si no le importaba los rollitos que estaban bajo el vestido. La manera como su mirada traspasaba los cristales de mis lentes y chocaba con la mía, al desnudo, como si pudiera ver más allá. Como si pudiera verme sin lentes.

La forma como me deslizaba por el lugar. Como me paseaba por el circulo de personas que se había hecho en nuestro entorno, pareciendo despreocupado por dejarse ver conmigo, la rara y patito feo de todas las chicas de la ciudad.

La que no se merecía estar bailando la canción más magistral de la historia con el chico más hermoso que había conocido jamás.

La canción termino y la gente estalló en aplausos, haciéndome regresar a la realidad y con ello a la fiesta y el montón de gente. Edward me sonrió, con su boca y sus ojos, antes de romper la distancia entre nosotros y dejar un beso sobre mi frente. El contacto de sus labios fue breve pero cálido y sentido.

También fue breve.

Me encontré a mí misma siendo arropada por abrazos de mis padres, mientras su figura se perdía entre los invitados.

Después de eso vinieron las copas de champan y el brindis. Las lágrimas de mi madre y las palabras de orgullo de mi padre. Los deseos honestos de los padres de Edward, recordando cómo me habían visto pequeña. Las lágrimas contenidas de Patricia, que también tuvo un momento para hablar, y la entrega de un fino collar con un diamante rosado en forma de rosa que mis padres me daban por mi cumpleaños.

El momento sentimental termino, cuando el musicalizador estallo la fiesta con la canción pegajosa de Beyonce sonando con fuerza. La influencia como árabe de la canción retumbaba por doquier, haciendo que la gente de mi edad, con Patricia incluida, se acercaran a la pista a bailar.

Los hermanos de Edward, Emmet y Alice, el primer mayor por dos años que Edward y la segunda menor que el en la misma cantidad, aprovecharon para acercarse a mí a saludarme. Nunca me habían gustado mucho los otros Cullen. Emmet era el clásico chico burlón, que más de una vez se había mofado de mí, y Alice era una niña linda y bien vestida, con una cara angelical y delgada, que renegaba de todos aquellos que no consideraba dignos.

Ni siquiera la hostilidad de la pequeña Cullen pudo contra esa corriente eléctrica que aún estaba atravesando mi cuerpo. Ni los minutos que pasaron, la música escandalosa y Patricia restregándose contra mí, pudieron con la sensación que tenía. Con esa extraña energía que estaba dentro de mí y que sentía que salía por mis poros con fuerza.

Así que hice lo que nunca hacía. Aproveche esa emoción nueva que me estaba consumiendo y me sentí hiperactiva. Otra canción de Beyonce siguió y yo me deje llevar por Patricia y su excitación hacia la pista, para bailar. Sentí la mirada de la gente sobre mí, pero no podía importarme menos.

-¡Estas bailando! – me grito sobre la música.

-No sé qué me pasa. – le regrese, saltando con ella.

-Ay amiga, yo sí creo saber que es. Ese color en tu cara, esa sonrisa que no se te quita. Todo eso tiene nombre, y usa ropa de hombre. – cerré los ojos abrumada por lo que me decía y una risa tonta salió de mi pecho sin poderla contener. – Oh por favor, si mira como ríes sin razón. Amiga, eso de minutos atrás fue increíble, si desde lejos se podía ver el brillo que despedían mientras bailaban.

-¿Tú crees? – le pregunte, cediendo un poco al morbo de la cuestión.

-Estoy completamente segura Bella. Ambos estaban sumergidos en un brillo especial, tan particular que los mantenía aislados de los demás. ¡Oh por Dios, esa es tu canción! – se interrumpió a sí misma, cuando Crazy in love comenzó a sonar y tuve que escucharla como por quinta vez en el día.

-Yo no estoy loca. – le pelee, con una ceja alzada.

-No amiga, esta locamente enamorada. – me tomo por los hombros y me hizo girar sobre mi misma, para encontrarme con la mirada de Edward, que me evaluaba atentamente con una sonrisa. No pude evitar contestarle de la misma forma, antes que él se acercara a nosotras y comenzara a bailar con nosotras. Patricia y yo intercambiamos miradas y no me pasó desapercibido la forma como ella se fue alejando para dejarme con él.

La distancia entre nosotros se fue cerrando, hasta terminar abrazados. Sus manos en mi cintura y las mías en su cuello, moviéndonos con una suavidad que no correspondía con la estridencia de la canción.

Me perdí en sus ojos verdes, comenzando a cantar la molesta canción que hasta esta tarde había odiado en la peluquería.

Entonces lo entendí.

La obsesión por el había vuelto y renovada. Sus brazos alrededor de mi cuerpo regordete. Sus ojos sobre mis lentes. Su perfume llenándome. Su sonrisa que me mantenía enganchada. La manera encantadora como parecía admirar mis labios mientras yo cantaba.

Todo en él era increíble. Su toque. Lo graciosos que se veía, todo elegante y perfecto como él era, cantando las partes de JayZ con una naturalidad abrumadora.

Lo entendí. Lo sentí y me abrace a ello. A la aceptación que emanaba y la desesperación que yo sentía por tenerlo más cerca, porque me apretara más fuerte, porque me sonriera más grande. Porque dijera algo, lo que fuera.

La canción se fue desvaneciendo con una frase repitiéndose una y otra.

Si, estaba locamente enamorada.

Gracias por la receptividad que le dieron a la nota que les publique. Aún tengo que modificar el one shot para corregirlo, pero me quería ir con este capítulo primero porque lo estaba amando en mi mente.

*MUN: Modelo de Naciones Unidas.

* Keep that breathless charm. Won't you please arrange it? Because I love you just the way you look tonight: Manten ese encanto que quita el aliento. ¿Podrás hacerlo? Porque te amo solo por la forma en que te ves esta noche.

Crazy in love. Amo esa canción y amo a Beyonce. Tengo la teoría de que si ella no es la respuesta, nada lo es. Es la canción perfecta para cantar y bailar, mientras piensas en esa persona especial que te tiene desfasada y repitiendo su nombre una y otra vez. ¿Han estado locamente enamoradas?

Las otras canciones de Beyonce también mencionadas, eran éxitos en ese año del hablamos en el fic. Era su primer disco, y Naughty girl, Baby boy eran éxitos que sonaban en todos lados.

Ya ven que la forma abrumadora como Bella cae enamorada desde el primer momento, y esto solamente solidifica porque es tan "perra" en el One Shot que está publicado. Ya verán que será progresiva, estallara en amor, y luego…en odio.

Este capítulo está dedicado a alguien. Una persona que jamás sabrá que esto existe, que nunca lo leerá, pero lo que le pertenece, le pertenece, y lo que inspiro que sea suyo. Porque lo que no te diré, esta entre líneas aquí. Extrañándote desde ya. Gracias por todo.

Comentarios? Gracias!