Noche de Halloween

Donnie llegó unos veinte minutos tarde al bar del Bronx donde se reunían.

Aguantó que sus amigos le dijeran durante bastante rato mientras se reían que qué tal había estado de niñera y cosas por el estilo, aunque todo quedó olvidado cuando fueron a comprar alcohol.

Era más de la una y Donnie estaba muy borracho y algo colocado por varios porros, ni se dio cuenta de qué hora era y de que sus padres le ``matarían´´ si llegaba tan tarde, pero para él no existía otra cosa en el mundo esa noche que beber y beber y fumar todo lo que se le pusiera por delante, ya fuesen porros o de la pipa de crack de George, uno de los otros chicos.

Donald Flack Senior comenzó a preocuparse más que a enfadarse cuando dieron las doce y Donnie no llegaba. Sam llegó bien, pero de su hijo no había ni rastro.

Era casi la una de la madrugada cuando Don Senior entró en el cuarto de su única hija y después de comprobar que estaba leyendo, le preguntó:

- ¿Has visto a tu hermano o a sus compañeros de clase?

- A Donnie no le he visto, pero a varios de sus compañeros sí.

- ¿Y él no estaba con ellos?

- No. ¿Qué pasa papá?

- Nada, que todavía no ha llegado.

- No te preocupes, estará al caer.

- Sí, seguramente, anda duérmete es muy tarde y mañana tienes que madrugar.

Arropó a su hija, le dio un beso de buenas noches y volvió al salón, cuando estaba mirando por enésima vez por la ventana, Rose, su mujer se acercó a su marido:

- ¿Todavía no ha llegado?

- No y no sé si estoy preocupado o enfadado.

- Igual se ha retrasado un poco, ya sabes, tal vez estaba muy lejos, se ha dado cuenta de la hora y se le ha hecho tarde, o igual la estación de metro que estaba cerca de donde estaba, estaba cerrada – dijo tratando de justificar la tardanza de su hijo.

- Sí, pero ¿más de una hora? Espera, oigo el ascensor.

Era Richard, el hijo mayor, cuando entró en casa con un par de libros debajo del brazo se quedó muy sorprendido al ver a sus padres levantados.

- ¿Pasa algo? – preguntó.

- No, lo de siempre – contestó su padre – tu hermano que no ha vuelto.

- ¿Queréis que me quede yo a esperarle? Os despertaré cuando vuelva.

- No, vete a la cama. Rose, cariño ¿por qué no te vas tú también a dormir? Ya me quedo yo.

- ¿Seguro? Don en cuanto vuelva me despertarás ¿no?

- Sí, espero que no vuelva tan borracho como aquel día en verano.

Donald Flack Senior, se quedó solo esperando a su hijo en el salón, una hora, dos. Ya no había más que teletiendas en la televisión y tenía el cenicero lleno de tantos cigarrillos que se había fumado, de verdad que estaba muy intranquilo.

Acababa de cerrar los ojos cuando comenzó a sonar el teléfono, miró la hora, casi las cinco, como sea Don, no sé qué le hago ni qué le digo. Cogió el teléfono, no era su hijo pero sí que eran noticias suyas, y unas que justamente no eran nada buenas.