El Ataque de los Monstruos de Alma.

Kero se paseaba, nervioso por la habitación de Sakura. Llevaba un par de horas deteniendo la infección a la carta, pero ya se encontrabas exhausto, si no encontraban una solución pronto no quería ni pensar en lo que pudiera suceder. Por la velocidad en que progresaba no tardaría más que unos minutos para destruir por completo a Viento. Y lo peor de todo es que no había logrado contactar a Yue para que lo ayudara, quizás si pudieran turnarse en usar a Tiempo entonces no sería algo tan difícil, pero si recaía toda la responsabilidad en uno de los guardianes.

-No puedo permitirlo –murmuró Kero para sí mismo. –Tengo que resistir hasta que vuelva Sakura.

Tomó su pose reflexiva, al lado de ambas cartas, sobre el escritorio de la niña. Trató de distraerse mirando algunos dibujos que ella había hecho con el tiempo. En muchos salía ese mocoso arrogante, Kero nunca entendería qué le vio al tonto ese y mucho menos por qué lo dibujaba más atractivo que a él. Bueno, a ella ahora. Esa era otra cosa que le molestaba, por qué después de tanto tiempo, cuando al fin podían estar juntos ocurría algo así. Era cierto que le hizo gracia en un principio, pero al reflexionar en cómo debía sentirse Sakura dejó de divertirse, la pobre esperó tanto por verlo de nuevo.

Desvió la mirada y volvió a concentrarse en lo que estaba haciendo. Podía pensar todo lo que quisiera, sin embargo, la verdad es que cada vez se encontraba más débil. Apretó lo que tenía por puños y mantuvo la mirada firme, tenía que soportar hasta que llegara Sakura o que pudiera contactare con Yue, no obstante, mientras la infección luchaba por propagarse sus fuerzas se iban debilitando.

-¿Qué es eso del mundo de las cartas, Shaoran? –voy a ser honesta, no me importaba mucho eso ni tenía una gran preocupación al respecto, pero necesitaba distraerme de sus bubis que se encontraban apretadas en su ropa normal. ¿Cómo es que Shaoran no se daba cuenta?

-Mira, déjame explicarlo así –me decía Shaoran, mientras movía sus manos de un lado a otro, buscando las palabras. –Las cartas están vivas, eso ya lo saben, pero, a pesar de que las tienes atrapadas en su forma de carta, éstas no viven allí todo el tiempo. Existe un lugar en el que se desarrollan, o hacen vida social, supongo.

-¿Vida social? –Tomoyo levantó su cámara. –Espera, Lee, sabes, tienes un perfil muy bonito ahora que eres mujer, podrías decir lo mismo peor mirando a la cámara por favor.

-¡Tomoyo! –dijimos yo y Shaoran al mismo tiempo.

Ella bajó la cámara haciendo un puchero. –parece que soy la única aquí que le interesa una buena producción audiovisual.

-Continúa, Shaoran –dije, sin hacerle caso a mi querida amiga.

-Claro, bueno, en China mi maestro me enseñó a abrir una puerta para entrar a ese mundo, pero es muy difícil hacerlo por cuenta propia, la mayoría de las veces estuve allí gracias a los poderes de mi maestro. Con una carta sería más fácil.

-Yo creía que las cartas eran como las casitas en donde vivían –dije, sintiéndome un poco tonta.

Él sonrió tiernamente ante mi estupidez. –Son más bien como la puerta que tienen hacia nuestro mundo. Déjame enseñarte.

Rápidamente sacó su espada y lanzó la carta al aire. Le dio un golpe en el centro y de ésta comenzó a desprenderse una especie de material extraño que se elevó por sobre nosotros y luego cayó en el suelo del departamento. Se había forma un agujero. No se lograba ver nada hacia abajo.

-¡Vamos! –dijo Shaoran. -¡Tenemos que saltar!

-¡¿Qué?! – ¿saltar hacia el vacío? ¿Y qué pasa si ella se perdía? Estaba todo demasiado oscuro, daba mucho miedo. –Mira, Shaoran, estás seguro que esa es la entrada, digo…se ve un poco diabólica. Lo pregunto más que nada por Tomoyo, a mí no me asusta.

-Gracias por tu consideración, Sakura –sonrió Tomoyo-, pero a mí no me da miedo, se ve entretenido.

¿Pero qué clase de estándares acerca de la diversión maneja Tomoyo? ¡Esa cosa es como el hoyito del diablo!

-Emm, buenooo…

Quise seguir protestando, pero entonces, Shaoran se acercó a mí, me tomó de la mano y dijo que todo estaría bien.

-Vamos juntos –comenzó a avanzar hacia el círculo, arrastrándome. –Confía en mí, Sakura.

Y yo, tonta como es una le hice caso, cerré mis ojos tanto como pude y dejé que me dirigiera hacia ese tenebroso lugar. En un instante pude sentir cómo cambiaba el ambiente a mi alrededor, casi era algo líquido, como estar bajo el agua. Y entonces comenzamos a caer muy rápido hacia abajo, quise gritar, pero era como si me estuviera ahogando, la desesperación me la estaba ganando hasta que dimos contra algo sólido.

-¿Estás bien? –la voz de Shaoran me recibió. –Vamos, levántate…

-¡AAAHHH!

Un ruido muy brusco siguió al grito. Abrí mis ojos y me encontré con Tomoyo, sentada sobre el estómago de Shaoran, sin la menor muestra de miedo en su expresión.

-¡Vaya! ¡Qué divertido fue eso! ¡Este mundo es muy suavecito!

-¡Tomoyo! –señalé hacia abajo.

-¡AH! –gritó ella, levantándose de inmediato. -¡Lo siento, Lee!

Él asintió quitándole importancia. –Bueno, como sea, al fin llegamos. Les presento al mundo de las cartas.

Miré a mi alrededor, buscando cosas increíbles, paisajes sorprendentes, pero no, lo único que se veía era una especie de muralla inmensa a la cual no alcanzaba a ver el techo. El suelo era de un color entre verde y café. Y eso era todo.

-¿Y esto qué es Shaoran?

-No lo sé –al ver mi cara de preocupación añadió. –Lo siento, es que nunca había entrado aquí por Pequeño. Supongo que estaremos viendo cosas miles de veces más grandes de lo que son. Cada carta vive en su territorio con un ambiente físico de acuerdo a sus poderes.

Quería hacer más preguntas, pero entonces una personita, vestida con ropita divertida, como una payasa, se acercó a nosotros dando botes. Me di cuenta al instante, era Pequeño.

-Ah, ¡hola! –la llamé agitando mi brazo lo más alto que pude. –La pequeña lucecita que la rodeaba se dirigió a nosotros dando tumbos, se detuvo al quedar justo en frente de mí. –Tanto tiempo que no nos veíamos –sonreí.

-¿Puedes llevarnos a dónde está Viento? –preguntó Shaoran.

Pequeño sonrió y comenzó a caminar contra la muralla, ésta hizo un agujero de su porte (que no era mucho) para que pudiera pasar. La comenzamos a seguir por esa especie de túnel extraño, dentro la única luz era la que emanaba de la carta.

-¿Puedes curar a Viento, Shaoran? –pregunté, asustada. Sabía que Kero no podría estar deteniendo el tiempo para siempre, aunque me reconfortó saber que Yue lo estaría ayudando.

-De eso también quiero hablarte, Sakura –dijo él, muy serio-, pero antes tenemos que llegar allí, quiero que lo veas con tus propios ojos.

Tomoyo me llamó con una mano para que me acercara a ella. Se acercó a mi oído y susurró. –Ay, ahora que es mujer se hace la misteriosa.

-Tomoyo, no seas tonta, es Shaoran, no es una mujer.

Ella se encogió de hombros. –No sé tú, Sakura, pero el culo que veo delante de nosotras es de una mujer.

-¡Ay, Tomoyo! –no quería sonar escandalizada, pero no creía que hubiera dicho eso.

-No me diga que no lo has pensado. Ahora se ve tan hermosa –logré divisar un color rojizo en su cuello. –Pero tú eres mucho más hermosa, Sakurita.

No supe muy bien qué responder. –Eh, claro.

Seguimos caminando hasta que se notaba cómo una luz roja emergía desde el otro extremo del túnel. Cuando salimos nos encontramos con una corriente de viento tan fuerte que casi vota a Tomoyo al suelo. Pequeño tuvo que sostenerse de Shaoran para que no se la llevara el viento.

-¡¿Qué está pasando aquí, Shaoran?!

-¡Es la enfermedad de Alma! Cuando atacó a viento le creó una cuenta regresiva para destruirla.

-¿y por qué hizo eso? –dijo Tomoyo que tenía todo el cabello en la cara. -¿Quién se cree que es ésa?

-Es a lo que se dedica, ella… destruye objetos mágicos. Viene de una familia China, como la mía, pero la suya es mucho más antigua y siempre han estado del lado contrario al uso de la magia. Le tienen mucho respeto, pero no les parece adecuado que personas tengan acceso a tales poderes. –Me dio una mirada triste antes de seguir-. Por eso vine de vuelta aquí, Sakura. Lo siento por no decírtelo ayer, pero Alma es la descendiente de esa familia y quién tiene la misión de… destruir las cartas.

Sentí todos mis miedos hacerse realidad en un instante. Una familia que lleva entrenándose durante años para destruir la magia. Abracé a mis cartas contra mi pecho, como si de esa manera pudiera protegerlas de cualquier daño. Pero el viento tan fuerte que corría ahora me indicaba que tenía otras cosas en la cuales preocuparme.

Habían muchas preguntas que deseaba hacerle a Shaoran, pero ya sabía cuál era mi prioridad. –Sabes cómo sanar a Viento, ¿verdad?

Él asintió, lentamente. –No va a ser fácil. Tenemos que encontrarla en medio de todo esto, y conociendo a Alma seguro nos habrá dejado unos enemigos en el camino.

Me acerqué a Pequeño. –Puedes llevarnos hasta Viento, por favor. ¡Tenemos que ayudarla!

Pequeño saltó hasta la palma de mi mano y comenzó a darme direcciones con la mano. – ¡Síganme!

El camino no fue nada fácil. El viento amenazaba con votarnos en cualquier momento, y lo peligroso era que se encontraba lleno de grietas. Todo este lugar se estaba destruyendo.

-¿Qué pasa si nos caemos por ahí? –preguntó Tomoyo, mirando hacia un agujero.

-No sería recomendable. Este mundo es muy interesante si sabes viajar por él, o si tienes un guía, pero caer en algo así, sobre todo por cómo se encuentra la carta… quizá te pierdas para siempre. Mi maestro me contaba historias de guerreros que nunca más fueron encontrados.

Yo los escuchaba hablar desde adelante. Tenía mucho miedo, pero no iba a dejar que una tonta de otro país viniera aquí a matar a mis cartas. Yo soy la Card Captor y lucharé contra ella y toda su maldita familia si es necesario.

Conforme seguíamos me daba la impresión que mis pisadas comenzaban a trizar el suelo, como si fuera de vidrio. Iba a comentarlo, pero justo entonces, un viento muy fuerte nos golpeó desde la derecha. Logré quedar de pie, al igual que Shaoran, pero Tomoyo no era tan fuerte. Cayó al suelo, haciendo que éste se rompiera en miles de pedazos.

-¡Sakura! –gritó ella mientras caía.

Ni siquiera me lo pensé. Salté al agujero mirando fijamente a Tomoyo. Tomé la llave que colgaba de mi cuello y saqué a vuelo de entre mis cartas. En un segundo estuve volando a toda prisa, veía por la comisura de mis ojos unas figuras extrañas que se acercaban hacia nosotras, pero fui más rápida. Sostuve la mano de Tomoyo y comencé a ascender, esquivando los ataques de los enemigos.

-¡¿Qué son esas cosas?! –gritó Tomoyo.

No respondí. Di un fuerte tirón y la logré sentar detrás de mí. Esas cosas se nos acercaban y eran cada vez más. En un momento una de ellas casi me logra atrapar del brazo, pero Tomoyo uso el pedestal de su micrófono y le dio un golpe en la cabeza. No nos quedamos el tiempo suficiente para ver qué le había pasado. Ascendimos tan rápido como pudimos. Sentí a Pequeño, en el bolsillo de mi uniforme, sosteniéndose como podía.

-¡Sakura! ¡La grieta se está cerrando!

Era cierto. Los pedazos rotos del suelo se recomponían, no querían dejarnos escapar. Pero no me rendí, fuimos tan rápido como podíamos y logramos escapar por segundos de la oscuridad del vacío.

-¡Lo lograron!

Era la voz de Shaoran, pero no se encontraba solo. Estaba luchando contra un monstruo rojo, de brazos y piernas muy anchas. Parecía hecho de roca. Pero mi Shaoran era mucho más rápido. Saltó hacia adelante, cayendo por debajo del monstruo, se deslizó por entre sus piernas al tiempo que mantenía su espada alzada. De un solo golpe cortó en dos a su enemigo, que se descompuso en un polvo rojizo que se llevó el viento.

-¿Qué era eso, Lee? –Tomoyo estaba con el pelo todo revuelto. –Allí abajo también habían unas cosas que no querían dejarnos escapar.

-Son las habilidades de Alma. Ella puede manipular entidades en este mundo para usarlas a su propio beneficio.

Mi amiga puso los ojos en blanco. –Igual eso pudiste decírnoslo desde un principio.

La tomé de la mano, poniendo fin a la discusión. -¡Vamos, no podemos rendirnos ahora!

Pequeño continuó guiándonos. El suelo era cada vez más escaso, en todas partes se veían grietas. Si se observaba con cuidado lograba ver esas cosas que volaban por debajo, esperando el menor de nuestros errores para arrastrarnos a la oscuridad. Y en un momento casi vuelve a suceder, pero Tomoyo logró abrazarse a Shaoran para no caerse. Durante un breve segundo me molestó verlos así de juntos, pero entendí que no era culpa de ellos, y tampoco tenía que ser tan celosa.

Llegamos a un punto dónde el viento era tan fuerte que apenas nos manteníamos de pie. Y delante de nosotros estaba ella, mi carta. Se encontraba aprisionada entre unas cadenas rojas muy brillantes. Se veía como sufría.

-¡Viento! –grité. -¡Tenemos que ayudarla!

Shaoran se acercó y alzó su espada. -¡Conozco el hechizo para ayudarla, pero seguramente vendrán más enemigos a detenerme! ¡Tendrán que darme el tiempo suficiente!

Tomoyo preparó su pedestal como si fuera una lanza. Yo usé la carta espada para transformar mi báculo. Esperaba enemigos por doquier, pero nada venía.

-Vaya –murmuré-, quizá se asustaron.

Como si mis palabras les dieran la entrada, desde el suelo, a unos pocos metros de nosotros, se hizo añicos una parte liberando a miles de esas cosas que nos querían atrapar antes. Eran como unos fantasmas. No tenían pies, pero si brazos larguísimos con enormes garras. No se les podía ver el rostro porque llevaban algo parecido a una capucha azul.

-¡Ten mucho cuidado, Tomoyo! –grité, pero justo al voltearme, vi como ella peleaba contra dos al mismo tiempo.

-¡Nunca dejaré que dañen a mi Sakura! –gritaba ella, mientras los golpeaba, desenfrenada.

Mi sexto sentido me advirtió del peligro, vi hacia adelante para encontrarme con una de esas figuras acercándose a toda velocidad hacia mí. En un segundo me lancé hacia abajo, me levanté como pude y enterré mi espada en el centro de su pecho. El monstruo se desvaneció.

Dos de ellos me atacaron. Uno fue contra mi pies, salté para esquivarlo, pero caí en su trampa porque justo el otro me sostuvo y me llevó volando por los cielos. Mientras estábamos arriba se quitó la capucha y pude ver su rostro. Era como piel gris, muy arrugada, y con pequeños dientes afilados. Si tenía ojos al menos yo no pude verlos. Quiso morderme, pero lo detuve, sosteniéndolo del cuello, sin embargo, era muy fuerte no podría seguir.

Pequeño salió de mi bolsillo y, contra todo pronóstico, le comenzó a pegar en su fea cara. Nunca supe de dónde sacó tanta fuerza pero logró hacer que me soltara. Rápidamente saqué a vuelo para salvarnos, desde el aire, vi como Tomoyo peleaba con varios de ellos a la vez, pero le estaban ganando, y cuando terminaran con ella irían contra mi Shaoran. Tenía que pensar en algo.

De pronto tuve una idea.

Saqué la carta ilusión y la use para crear a otros de nosotros a unos metros de distancia para así distraerlos. Al principio me pareció una idea loca, pero funciono, los monstruos se alejaron de mis amigos y fueron contra los de mentira. Lo malo es que seguro no tardarían mucho en darse cuenta que no eran reales.

-¡Shaoran, date prisa!

Él se veía muy agotado. Todo su cuerpo estaba brillando intensamente. Al otro extremo, los monstruos parecían haberse dado cuenta que no esas figuras a las que atacaban no eran las de verdad.

-Amigos –dijo Tomoyo, con el cejo fruncido-, creo que se vendrán otra vez por nosotros, y yo –sostuvo su pedestal, roto por la mitad-, ya no tengo mi arma.

-¡Terminé! –gritó Shaoran, pero eso pareció darles a entender a las figuras diabólicas que nosotros éramos los de verdad. En un momento se lanzaron todos contra nosotros. Sin perder tiempo, Shaoran sacó a la carta Pequeño y repitió su acción de antes, otra vez algo salió de la carta que formó una especie de agujero, esta vez sobre nosotros, otra vez mostrando nada más que pura oscuridad.

Él nos tomó de la mano a las dos. -¡Rápido, salten!

Lo último que alcancé a ver eran los miles de monstruos que se abalanzaban sobre nosotros, luego, oscuridad, otra vez esa sensación de agua, y…

-¡Ay! –grité al dar contra el suelo del departamento. -¡Volvimos!

Los abracé a ambos. – ¡Pensé que no lo lograríamos! ¡Estoy tan feliz amigos!

Shaoran y Tomoyo me sonreían, ambos claramente aliviados. Parece que no había sido la única que pensó que era nuestro fin.

-¿Ahora Viento estará bien? –pregunté, nerviosa.

-Debería estarlo. La infección bajara en cuestión de minutos y se destruirá por sí misma.

Nada me quitaba la sonrisa de la cara. Revisé mi teléfono para contarle a Kero de las buenas noticias, pero en la pantalla de inicio vi como tenía siete mensajes perdidos. Todos de mi pequeño Kero. Revisé el último.

"Sakura, necesito ayuda, por favor."

El mensaje era de hace catorce minutos.

Mi sonrisa desapareció, y otra vez el miedo inundó mi cuerpo por completo.