3. El Trato

Ya el amanecer se acercaba y el cielo comenzaba a tornarse anaranjado hacia el este. Haruto, sentado en una rama de un frondoso árbol de hojas perennes, bastante alejado del centro de la ciudad aún dormida, intentaba incómodamente protegerse del frío matinal y las gotas de rocío. Pensaba. ¿Quién era esa chica castaña? Toda la noche se la había pasado yendo y viniendo de aquí para allá, buscando gente con algún atisbo de sensibilidad para ver almas, pero no había logrado demasiado. Nadie en ese maldito pueblo, salvo esa niña y aquel shinigami era digno de verlo.

Suspiró cansadamente, volviendo a recordar la escena en la cual la chica, que la mujer había llamado Miyu, lo miraba y se refería a él.

No creas que no me di cuenta de que estás ahí – parecía que lo regañaba – Mañana temprano nos encontraremos en el parque que está a dos cuadras de acá. Me encantaría saber quién es el portador de ese reiatsu tan enorme

Estaba seguro de que ella tenía estrecha relación con el tal Kurosaki, shinigami asignado a esa horrenda ciudad. El tiempo pasaba demasiado lentamente para su gusto y no veía la hora de regresar a sus cosas, a su casa y a su escuadrón. Miró de reojo su brazo, extrañando su insignia recién estrenada y soltó un nuevo suspiro de resignación y molestia.

De un movimiento bajó al suelo y estiró sus músculos, observando sin ganas el amanecer que se presentaba realmente hermoso esa mañana. Verificó que su zampakutoh estuviera en su sitio correcto y emprendió la marcha hacia el famoso parque del encuentro. No tenía demasiadas alternativas, si esa mujer había logrado sentir su presencia, definitivamente podría ayudarlo en su misión sin que tuviera que hacer demasiado esfuerzo y al fin volvería triunfante.

En el parque ya estaba Miyu, sentada en su hamaca predilecta, meciéndose despacio. El vaivén lograba que la pollera de su uniforme bailara y que no notara el peso del bolso que llevaba al hombro. Notó inmediatamente la presencia del shinigami que se acercaba y fue deteniendo el balanceo hasta que paró, tocó con ambos pies el suelo y apretó un poco las cadenas, intentando calmar su ansiedad.

- Parece que por fin te dignaste a venir. Seguramente no te dejan que hables con nadie ni que nadie te vea – afirmó con total seguridad, cosa que a Haruto no le gustó para nada. – Pero, no estás desobedeciendo – objetó – ya que yo no te vi ni escuché tu voz… Así que no hay de qué preocuparse – terminó divertida, aún sin voltear.

El silencio se apoderó del ambiente y el frío seguía molestando a Haruto, que, desde su posición estratégica, lograba focalizarse en todos los movimientos de la humana y no perder detalle. También escuchaba con total claridad las palabras suaves y, por casualidad certeras, que ella pronunciaba.

- Los plus y los hollows forman parte de mi vida desde que nací, – comenzó relatando Miyu, sin que Haruto entendiera demasiado – junto con un solo shinigami, el único que conozco en persona, mi papá – con mucho orgullo. – Siempre dice que sólo es un shinigami sustituto, - la palabra sustituto llamó la atención del chico, que se confundía más a cada instante. ¿Desde cuándo existían los shinigamis sustitutos? ¿Por qué nadie le dijo que ese tal Kurosaki ni siquiera pertenecía a la Sociedad de Almas? Incluso tenía familia en esa ciudad y no estaba seguro de que eso estuviera permitido. – Pero – siguió la castaña, sacándolo de sus reflexiones – el sustituido hace muchos años que no aparece… supongo que ya debe ser un shinigami oficial – rió. Sabía que el que la estaba escuchando era un shinigami, no tenía ninguna duda al respecto, pero debía impresionarlo con sus conocimientos para que creyera que de verdad podía confiar en ella y hacerse presente. Tragó y dejó que sus palabras siguieran saliendo con la mayor confianza que podía. – Parece que después de todo sí existen otro lazos rojos – Haruto no podía creer que también tuviera la capacidad de ver lazos espirituales. Eso ya era demasiado para que ella fuera una simple humana. – Llegué a pensar que sólo el lazo espiritual de mi papá era rojo, pero parece que tu eres igual que él… ¿Eres shinigami? – preguntó, a sabiendas de que él no respondería. Después de unos segundos, siguió – No sé para qué pregunto si sé que no voy a obtener respuesta. Tengo un trato para proponerte – se apuró – Yo tengo información que puede serte útil en tu misión de recolección de información sobre lo que está pasando – Haruto no podía contener su sorpresa: resulta que ahora también la chica era adivina o algo parecido. ¿Cómo pudo saber cuál era su misión? – Pero a cambio quiero información sobre el Seireitei. Lo único que tienes que hacer es arriesgarte a hablarme – giró y miró directamente hacia el exacto lugar donde se ocultaba Haruto – No sé si estarías dispuesto, shinigami

Él, a regañadientes, pero bastante convencido de que era lo más fácil hablar con ella y terminar al fin con la misión, decidió enfrentarla directamente. ¿Quién se creía esa pequeña niña entrometida? Definitivamente quería saber cómo era que se había enterado de la misión y quién demonios era realmente como para conocer tantas cosas de su mundo, cuando él no sabía absolutamente nada de los humanos. Salió de su escondite, y de un único movimiento, se paró justo frente a ella, a varios pasos. Intentó mostrar su mirada más fría y desafiante, al mismo tiempo que sostenía con su mano derecha el mango de su zampakutoh.

- Soy Haruto Kuchiki, shinigami – dijo, haciendo que Miyu soltara al fin el aire que estaba conteniendo en sus pulmones. Se levantó de la hamaca, se acercó a él y le tendió la mano derecha. Haruto la miró algo desconcertado.

- Yo soy Miyu Kurosaki, humana – sonrió.

Estrecharon sus manos, pero justo en ese preciso instante, Noa apareció por detrás de Haruto, logrando que él volviera a ocultarse rápidamente.

- ¿Qué haces parada ahí sola? ¿Hay algo raro? – preguntó, mirando hacia todos lados, un poco asustada.

- No, nada – Miyu estaba frustrada… una vez que había logrado que él apareciera y justo apareció su amiga. – Mejor caminemos – miró de reojo el lugar donde estaba él - ¡Volveré al atardecer! – gritó.

- ¡¿Te volviste loca? – reaccionó Noa ante el exabrupto de Miyu. - ¿Por qué gritaste así?

- Si – contestó la castaña, sacando la lengua – me volví loca – ambas comenzaron a reírse y caminar.

Haruto notó que Noa no podía verlo y que seguramente no tenía el suficiente poder espiritual, pero de todas formas no debía arriesgarse más. Sabía que si Byakuya se enteraba de su contacto con la humana lo castigaría por meses, pero la oferta de Miyu era demasiado tentadora, era la hija de ese shinigami y tenía que saber más de lo que él podría averiguar sólo observando. Además, la actividad de Hueco Mundo había cesado, al menos en esas horas que hacía que él estaba ahí.


- ¿Estabas con alguien en el parque? – insistió por cuarta vez Noa, no convencida de las negativas que le daba Miyu.

- Ya te dije que no, sólo pasé por ahí y creí ver algo raro, pero no era nada. – mintió. Sabía que su amiga era demasiado intuitiva, pero no podía contarle nada… aunque se moría de ganas de hacerlo. ¡Era un shinigami! ¡Uno auténtico! Y era un chico como de su edad, o al menos la aparentaba – Últimamente me tiene mal esto de los hollows y me distrae demasiado mi imaginación

- Está bien… te creo – dijo sin convencimiento Noa al ver que se acercaba por el pasillo un chico, era alto, morocho de ojos negros, y traía puesto un Keikogi (1).

- ¡Ey chicas! – las saludó el joven, que se notaba era un poco más grande que ellas – Hoy es el torneo, ¿vienen?

- ¡Ni que estuviera loca! – reaccionó inmediatamente Miyu, cruzándose de brazos.

- Por supuesto que iremos – refutó Noa - ¿A qué hora es, Kameda-sempai? – Noa estaba ruborizada.

- Yuki – la voz de Miyu era dura e irónica – No nos arrastres a ver tus horribles torneaos en los que te la das de muy lindo… a mi no me convences

- Es a las 4 – ignoró lo que la castaña decía – en el gimnasio – miró a Miyu - ¡Ah! Y mis padres también irán

- Así que ahora también tía Tatsuki se rebaja a venir a verte – bufó – pobre – se lamentó sobreactuando – ¡las cosas que tiene que aguantar!

- Gracias por avisarnos, Kameda-sempai – Noa quería arreglar las cosas, para que Yuki no se molestara. Él la miró sonriente.

- Nada de eso – guiñó un ojo – y no soy Kameda-semapi. Llámame de otra forma menos formal

- Está bien… - dijo una tímida Noa - ¿Kameda… - dudó – kun?

- No es lo que pretendía, pero no está tan mal – bromeó. – Nos vemos después, chicas – caminó hacia la escalera, levantando la mano a manera de saludo.

- ¡Qué pesado! – exclamó Miyu estirando los brazos – Ni creas que voy a ir a ver a ese engreído – protestó.

- ¡Por favor! ¡Acompáñame! – le pidió Noa, con verdaderas ganas.

- Ve tu sola – necesitaba escucharse decidida, tenía cosas más importantes que hacer que ver a Yuki. – Yo me comprometí a ayudar a mamá después de clase. No voy a poder venir… - cerró los ojos un momento – Aunque… - Noa esbozó una sonrisa – me hubiera gustado ver a la tía. Otro día será

- ¡Ufa! – se cruzó de brazos. Después de un momento de silencio, miró a Miyu un tanto preocupada - ¿Pasó algo ayer que tu mamá fue a buscarte?

- Últimamente quiere que estemos todos juntos para la cena. Como no habíamos llegado, nos fue a buscar… aunque después de todo, papá no regresó

- Estaba muy rara…

- Es que ya no puede soportar más la situación. Es siempre lo mismo con papá… Todos los días se va transformado en shinigami y no regresa por horas – la voz de Miyu se cargaba de tristeza. – Después de lo que pasó y con la excusa perfecta de los hollows, simplemente desaparece. Mi mamá está sufriendo mucho y yo – apretó sus puños – intento no meterme, es un tema de ellos… pero me duele mucho verlos así

- Pero… - Noa bajó la mirada.

- Si, es cierto… nunca fueron la pareja perfecta, lo sé – aclaró, anticipándose a sea lo que fuera iba a decir su amiga. – Pero a todos nos gustaría ver que nuestros padres estén bien, ¿no? – fingió una sonrisa. Noa la miró, con pena. El timbre les anunció que terminó el recreo.


Miyu caminaba rápidamente, intentando que nadie la siguiera. Tenía que llegar al parque y hacer que el shinigami confiara en ella como para que le contara todas las cosas que le pregunte. ¡Eran tantas las cosas que quería saber! Sostenía el bolso con fuerza, canalizando los nervios en sus manos, a la vez que bajaba al mínimo su reiatsu para que nadie notara dónde estaba. Al fin, llegó.

Haruto, desde uno de los árboles que conservaba sus hojas, observaba la torpe escena de unos niños jugando. Sabía que podía mirarlos más de cerca si lo quisiera, pero no tenía por qué arriesgarse. Además, la humana estaba por llegar y quería estar lo más alerta posible. Al verla entrar al predio, bajó del árbol, colocándose detrás de ella.

- Kurosaki – dijo, a forma de saludo. Ella giró.

- Hola, Kuchiki-sama – bromeó. Él no cambió su semblante dura.

- Aceptaré tu propuesta. Información de tu mundo a cambio de información del mío – la sonrisa de Miyu fue creciendo a medida que escuchaba las palabras de Haruto.

- Muy bien

- Quiero saber desde cuando aparecieron hollows – dijo, apresurándose. No sabía si iba a poder soportar mucho más tiempo en ese asqueroso mundo. – En nuestros registros no hay actividad en Hueco Mundo desde hace aproximadamente veinticinco años – aclaró – Y además, quiero saber cómo es que sabes cuál es mi misión – no podía permitirse que ella supiera cosas que eran supuestamente secretas… ¿Acaso ese shinigami tenía algún tipo de contacto con el Seireitei y él no lo sabía?

- Bien – la voz de Miyu lo sacó de sus pensamientos. – Son dos preguntas – se sentó la misma hamaca de siempre. Él se mantuvo quieto, observándola. – Después haré las dos mías - ¿Qué era eso? ¿Un juego? – Primero, yo no sé cuál es tu misión, sólo supuse que si la Sociedad de Almas se acordó de que existimos los humanos, es porque los hollows volvieron – la respuesta de la chica lograba sacarlo un poco de quicio, pero mantuvo la compostura, más interesado en seguir escuchando que en hacer un escándalo. – Suposiciones que parecen verdaderas… pero bueno – dejó el bolso en el suelo – Y segundo, con respecto al momento en que comenzaron a aparecer los hollows… - pensó unos segundos – hará tres meses. Fueron apareciendo cada vez más, y más seguido. Justamente ayer, más o menos al tiempo que llegaste, mi papá derrotó a un menos

Haruto no entendía nada de lo que estaba sucediendo. ¿Un menos? ¿No era que ese tipo de hollows sólo aparecían en los libros y nunca se habían visto? En fin, era o creer en la mocosa o esperar a verlos con sus propios ojos. De un shumpo se acercó a ella, mirándola fríamente con sus ojos color miel y su ceño muy fruncido. No podía dejarle ver ni una pizca de duda, pero ella no desistió ante tal mirada. Después de un par de minutos de silencio, decidió que era prudente seguir escuchando y se sentó en la hamaca junto a ella.

- Ahora es mi turno – rompió el silencio la castaña - ¿Quién eres? y ¿Cuál es tu misión aquí? – Haruto creyó que ella había terminado de enloquecer… ¿no eran preguntas que ya se había contestado sola? En fin, no era de su incumbencia. De todas formas decidió contestar, siendo lo más claro y extenso posible.

- Soy Haruto Kuchiki, shinigami, Teniente de la Sexta División y único sucesor del clan Kuchiki, el más prestigioso de todo el Seireitei – con mucho orgullo – Y mi misión es recolectar información sobre las recientes apariciones de hollows en la región de Karakura sin interferir en la labor del shinigami asignado, Ichigo Kurosaki, supongo que tu padre

- Muy bien – reflexionó Miyu, intentando atar cabos – Si, Ichigo es mi papá pero, yo que sepa, no es el shinigami asignado a nada. Simplemente no aguanta los tormentos de las almas de tu Sociedad de Almas – con resentimiento – dejó abandonadas hace tanto tiempo – con una pizca de ironía.

- ¿Abandonadas? – preguntó, sin quererlo realmente.

- Si, abandonadas – recalcó. – Mi papá siempre dice que la Sociedad de Almas nos abandonó – bastante enojada.

- Pero – no podía dejar que insulte el nombre de la Sociedad de Almas, no entendía mucho lo que estaba sucediendo, pero de todas formas la defendería. – Eso no es cierto. Cada región tiene asignado un shinigami y en ésta figura tu papá – era cierto que había visto con sus propios ojos ese documento, pero era demasiado viejo como para estar totalmente convencido de que todo sea cierto. Además estaba claro que él no era el titular.

- Lástima que nunca fuera informado de eso

Silencio. Otra vez ese incómodo bache. Los dos estaban desorientados. ¿Cómo que los habían abandonado? ¿Y el equilibrio? ¿Y todo lo que estudió no era real? ¿Cuál era el verdadero propósito de esa misión? Las dudas se apoderaban de la mente de Haruto que no veía la hora de ver la cara de su tío mientras le explicaba todo lo que estaba sucediendo.

- No tienes permitido que nadie te vea, ¿cierto? – preguntó pícaramente Miyu, habiendo notado el verdadero carácter del chico.

- No – contestó secamente, ¿a qué venía eso ahora?

- O sea que rompiste las reglas… - sonrió. Haruto no dijo nada. – Será mejor que me vaya a casa – miró el reloj que traía en la muñeca - sino mi mamá vendrá a buscarme y ella si puede verte

- Está bien

- Mañana nos encontraremos. Daremos un paseo por la ciudad para que puedas hacer tu investigación tranquilo. Puedo decirte quienes son los que te ven y ayudarte a recolectar información. Además quiero saber más sobre tu mundo – sonrió, levantándose de la hamaca. – Y no es que no quiera enterarme de qué es lo que realmente está sucediendo en este. Así que mañana temprano en este mismo lugar

- Entendido, Kurosaki – Haruto también se puso de pie, pero ella comenzó a avanzar hacia la salida del parque. Comenzaba a ocultarse el sol y las luces a encenderse. La miraba detenidamente, ¿quién era? Miyu se detuvo, como leyendo sus pensamientos.

- Otra cosa – dijo sin voltear – si vamos a ser socios, no me llames Kurosaki, ¡queda muy feo! – parecía niñita. – Soy Miyu – sonriendo pícaramente. Él no contestó - ¡Ah! – volteó a medias – También te traeré algo de comer, seguramente tengas hambre. Hasta mañana, Haruto-kun – Él la miró sorprendido por la manera tan descarada de llamarlo, pero decidió no hacer nada al respecto, después de todo ella era humana y no tenía por qué saber que él era el sucesor de la familia más respetada de la Sociedad de Almas.

- Hasta mañana, Kurosaki


En algún rincón oscuro de Hueco Mundo

Sentado en un sillón blanco, frente a una mesa de madera, pequeña y polvorienta, se encontraba a media luz un ser con forma humana, de piel morena, cabello blanco, corto y alborotado, con ropas rojas (2). Sostenía en su mano izquierda una taza con algo caliente y, con la otra, acariciaba una especie de perro hollow que estaba sentado junto al sillón. La cara estaba inmersa en la oscuridad que bañaba la parte superior de la habitación, que no tenía otra iluminación más que la luz de la media luna que entraba por una de las ventanas.

El perfecto silencio que se oía era cortado por el torpe y rápido caminar de alguien que se acercaba por el pasillo contiguo y abrió la puerta con cierta brutalidad, logrando que el ser se moleste. Pero al notar la preocupación en el rostro del arrancar que entró, detuvo sus palabras, antes de que salieran.

- ¡Mazui-sama! – gritó - ¡vengo a traerle noticias, señor! – lo reverenció – El equipo que mandó al mundo humano fue derrotado en su totalidad. Hay un shinigami muy fuerte, señor

- Ya veo – dejó la taza en la mesa y se puso de pie. Sus ojos brillaron, y dejaron ver sus iris rojas – Manda llamar a todos, tendremos una reunión – sonrió – Tengo planes que quiero comentar


(1) Nombre que se le da al uniforme de entrenamiento. Consta de tres elementos: una chaqueta sin botones (uwagi), un pantalón (zubon) y el cinturón (obi). El uwagi y el zubon son generalmente blancos y el obi es de diferentes colores, dependiendo el nivel del practicante.

(2) Kimono y hakama rojos, al estilo de los Espada.