CAPITULO TERCERO: UN DESEO OCULTO

Pasaban y pasaban los días. Era medio día y Ginny había salido a buscar unas fresas al bosque lejano. Mientras caminaba a paso lento por el césped marrón, la pelirroja pensaba o mejor dicho recordaba una sensación. Poso los dedos de su mano izquierda en sus labios.

Aquella calidez que envolvía aquel lugar.

- ¿Qué será? – Se preguntaba en vos alta – Nunca antes lo he sentido. Es algo parecido a lo que sentía con los besos de Harry, pero esto tiene algo más…

Llego junto a unos setos y de allí recogió algunas fresas que guardo en una canasta que hizo aparecer en el suelo.

Cof, cof.

- Estúpido resfriado – se lamentaba Luna mientras leía el Quisquilloso acostada en su cama, o la que en ese momento era su cama, porque en verdad era la cama de Ron y la pieza de Ron en la que se encontraba en ese momento.

La chica dejo de leer aquel artículo que se trataba de un nuevo tipo de dragón, supuestamente extinto, avistado en las afueras de Rumania. Observo aquellas paredes que la rodeaban, llenas de posters de equipos famosos de Quidditch y de dragones de diferentes partes del mundo. Guardados en el closet estaban las revistas de Ron, sus CD's y su ropa. Sus zapatos estaban junto a la cama y sus útiles, ingredientes sobrantes para posiciones y libros estaban desordenadamente guardados en su baúl, y algunos fuera de él. Toda aquella habitación pertenecía a una persona totalmente diferente a ella, que en este preciso momento podría estar luchando contra mortifagos y otros espeluznantes seres, o perdido en algún alejado lugar o tambien podría estar muerto.

La muerte.

De improviso, para Luna, todo se transformo a negro. Los cantos de los pájaros le parecieron melodías fúnebres y aquellas fotos de jugadores de Quidditch, felices levantando una copa o haciendo un tanto a favor de su equipo, se vieron lejanos a sus ojos. Y Luna se vio transportada a otro lugar del tiempo, en su imaginación, a una nevada llanura frente a un gran castillo…

Un cementerio frente a Hogwarts.

Una llanura blanca llena de cruces negras.

Personas vestidas de negro con mal aspecto físico: heridas o enfermas.

El viento fuerte.

Y un féretro.

Cargado por cuatro hombres vestidos de negro. Formales.

Uno de cabello oscuro azabache y de aspecto desordenado.

Otros dos de cabello color sangre que se confundía con aquella pura nevada.

Y el ultimo de cabello tambien rojizo, con marcas de haber sido mordido por un hombre lobo.

Los cuatro caminaron seguidos por una pequeña procesión.

Una chica de cabello castaño enmarañado. Lloraba.

Una señora junto a su marido se lamentaban y consolaban mutuamente.

Una chica de cabello color chicle que trataba de ocultar su tristeza.

Amigos del difunto.

Y un sollozo…

"¿Por qué?... él no debía morir de aquella forma… Ron no debía morir…"

El viento helado.

El ataúd bajando a la tierra.

Dolor.

Frió.

Oscuridad.

- ¡Luna, ya volví! – Se escucho gritar a Ginny desde el primer piso.

Luna abrió los ojos y rápidamente paso sus dedos por uno de sus ojos. Estaba llorando y no se había dado cuenta. Se seco las lágrimas con la manga de su pijama. Y pensó.

- No… esto es solo otra cosa producto de mi imaginación – trato de convencerse y se olvido del tema. Suspiro cansada.

- ¡Luna, baja a merendar! – se escucho de nuevo la voz de Ginny.

Luna bajo lentamente las escaleras. Y al llegar al primer piso, desde el último descanso de la escalera, observo como Ginny la esperaba viendo la tele sentada en el suelo de la sala de estar, junto a ella había dos vasos de jugo y un plato con algunas galletas y fresas.

- ¿Esas son las fresas que recolectaste hoy? – pregunto Luna sentándose junto a su amiga.

- Si, pruébalas – le ofreció Ginny en respuesta.

Luna obedeció y tomo algunas. La primera se la llevo a la boca y cuando aplasto aquel blando cuerpo con su lengua contra el paladar y aquel extraño jugo toco su lengua, Luna no pudo hacer otra cosa que sonreír de gusto.

Ginny puso en la radio el CD de Las Brujas de Salem mientras Luna le daba la espalda y se ponía a lanzar fresas al aire a ver si podía atajar con su boca algunas cuando cayeran.

Ginny rió, Luna no podía coger ninguna fresa en el aire.

Luna tomo la penúltima fresa que quedaba en el plato y la lanzo en el aire. La fresa empezó a caer asia atrás, muy atrás de Luna. Así que la rubia se inclinaba cada vez mas asía atrás para atajarla, hasta que perdió el equilibrio y callo sobre las piernas de Ginny. La fresa no se sabe donde fue a parar.

Luna se ruborizo y observo a Ginny que la miraba divertida.

- Eres muy mala en esto – comento Ginny.

- No me molestes – refunfuño Luna.

- Mira aun queda una fresa – dijo Ginny alcanzando la ultima de aquellas delicias. La tomo entre sus dedos y la acerco a la boca de Luna – vamos, abre la boca.

El rubor de Luna paso a ser de un color rojo intenso.

Y la rubia comió de la mano de Ginny, titubeante.

Ginny sonrió y Luna cerró los ojos. Y las dos se quedaron escuchando las canciones de Las Brujas de Salem.

Luego de unos minutos.

- ¿Luna?

- ¿Qué?

- ¿Qué es lo que mas deseas ahora? – pregunto Ginny con curiosidad.

Luna abrió los ojos sorprendida y de momento no supo que responder, pero luego dijo…

- Un beso.

- ¿De quien? – Ginny se sonrojo.

Luna se levanto para quedar a la altura de Ginny.

- Pues de alguien que me quiera.

Los ojos de las dos muchachas se encontraron. Sus respiraciones comenzaron a agitarse. Los latidos de sus corazones se aceleraron. Ginny comenzo a acercarse a Luna lentamente, y Luna hizo lo mismo por su parte con Ginny. Ahora las dos sentían la respiración de la otra. Ginny cerró los ojos. Luna los entrecerró. Sus labios estaban a escasos centímetros de juntarse y…