Capítulo II
Conociéndola
Nunca en mi vida había usado el tren, ni en mi niñez, pero ahora era imperante que coincidiera con aquella entrometida lo más pronto posible, tenía que averiguar lo que sucedía con ella y para qué había venido exactamente. Fred me avisó por teléfono la hora de salida del tren que iba de Lacio a Roma. Tenía media hora para llegar así que me dirigí a la sala y me despedí de todos. Casi no había disfrutado de la fiesta de Archie, pero seguramente él, Annie y mi madre me lo agradecerían después, de cualquier forma mi temperamento esa mañana no era el mejor para la celebración de una fiesta. Salí de allí, decidí apresurarme, la media hora estaba por concluir, de un momento a otro corrí hasta el vagón, tomando el boleto de las manos de Fred que lo tenía extendido en la mano sobre el andén e introduciéndome antes de que el tren avanzara, me coloqué en la barandilla para despedirme como cualquier pasajero aunque solo asentí a Fred que intentaba sonreír, si es que eso pudiese suceder.
Recuperé el aliento, me metí al vagón y comencé a buscarla, al pasar algunos minutos, la hallé entre algunas maletas, metida en un libro y soltando risotadas a morir, sus risas se oían en todo el vagón aunque podría jurar que hasta en todo el tren. Revisé el ticket, así que según el pasaje, ella se encontraba ocupando el asiento que tenía asignado para mí, por lo que decidí molestarla.
Perdone, el asiento en el que se encuentra es el mío - le notifiqué no tan molesto.
¡Eh, oh, disculpe! ¡Lo siento! - ella se disculpó para luego moverse rápidamente, señalando el asiento al palmearlo.
¡Gracias, qué pena! - exclamé irónicamente.
Al contrario, ya me había instalado como en mi casa. Tome usted asiento - me ofreció ella, haciéndose a un lado.
Gracias. ¿Qué lees? - pregunté ya que volvía a reír cómicamente.
¡Ah, una novela! - sonrió cerrándola de un palmo. Que por cierto está muy monótona. Y ¿usted? Otro poco y no llega - refirió asombrada quién sabe ¿por qué?
Familia, ya sabes que son despedidas largas - referí sin pensarlo.
Sí, por supuesto - asintió cuando volvió a tomar el libro para abrirlo.
¿Tu familia vive en Lacio? - pregunté como queriendo saber.
No, no en realidad, vine a visitar a unos amigos, pero no encontré al que buscaba. Mi visita no fue del todo una pérdida de tiempo - me sonrió mientras pensaba el ¿por qué lo había dicho? ¡Por andar de fisgona en mí biblioteca!
¡Ah, no! ¿Encontraste algo aquí en Lacio? Sabes, ¡las praderas son bellísimas! - quise aparentar que le seguía el tema de la plática.
Bueno así como que encontrar no, sabes fue... emocionante, ¡conocí una súper biblioteca, había tantos libros! Sí, lo hice, lo acepto, olí todo ese aroma contenido en cuatro paredes, fue emocionante, lástima que al parecer los dueños no leen nada, si yo tuviese una biblioteca así no trabajaría, me quedaría leyendo todo el día. ¿Emocionante verdad? - me preguntó... ¿emocionada?
¡Creo que eres come libros! - respondí súbitamente y sonriendo al mismo tiempo.
¡Me das miedo! - exclamó aterrada.
¡No, no temas, no te haré daño! - le aseguré asustándome por lo dicho, observándola como bajaba el rostro... ¿triste?
Eso mismo me dice Anthony, mi cuñado, pero ¡qué remedio, así soy! - respondió haciendo un mohín.
¿Eres casada? - pregunté muy quitado de la pena.
Viuda - respondió alegremente.
Ya veo, ¿de viaje por Italia? - cuestioné.
Trabajo en Italia - me respondió de la misma forma.
En serio y eres ¿española? - pregunté queriendo saber.
¡Qué es lo que te comes! - me sonrió para después ponerse seria. No, mexicana - me sonrió.
¿Latina? En serio y ¿en qué trabajas aquí en Roma? Digo si no es indiscreción - quería saber.
Pues la verdad, tengo tres trabajos, uno es para Kolios Consultores; soy crítica de venta y trabajo con una editorial y diseño animales para Andley´s Enterprises - respondió recordando todo.
¿Qué has dicho? ¿Trabajas para Anthony Andley? - pregunté sin poder creérmelo, no parecía personal de los Andley.
Sí, lo conoces, es una lindura, ¿no te lo parece? - me sonrió.
Bueno así como conocerlo, pues no tanto, pero he oído de él. ¿A qué se debe la visita? ¡Pensarás que soy muy entrometido! - exclamé como si estuviera apenado.
Perdona, ¿cómo te llamas? - me preguntó.
Terrence Grandchester - respondí cortésmente.
Mucho gusto, Grandchester ¿dónde lo he escuchado? - repitió colocando un dedo sobre su sien.
No es un apellido común - le aclaré.
He visto tu nombre en otra parte, ah si eres parte del contrato tripartita con los Andley, ¿verdad? - me cuestionó.
¡No tengo ningún contrato de ese tipo, tripartita es ridículo! - exclamé enojado.
Espera, por aquí debe estar, lo vi recientemente. ¡Sí aquí está, Andley-Rocco- Grandchester, observa - me mostró la agenda y sí, ahí estaba la fecha del contrato.
¿Qué quiere decir con Rocco? No tengo ningún contrato con los Rocco. ¡Es una locura, debe estar equivocada! - alcé un poco la voz.
Muy poco probable, pero bueno, ahora si me disculpa - respondió ella cerrando la agenda y acomodándose para dormir un poco.
En serio, es extraño. Bueno si quieres sigue con tu lectura - sólo eso pude decir.
¡Ah imposible! He estado ocupadísima éste día, debo dormir más bien, espero que no te moleste - soltó ella.
¡No para nada! - respondí, pero qué habría querido decir con ello.
Sí, eso hizo, tan solo reposó la cabeza sobre el asiento y se quedó profundamente dormida. Se veía diferente, en la mañana traía un vestido blanco de lazos azules y bastante primaveral; sin embargo ahora vestía diferente, como hombre.
Tiempo después mi mente trataba de adivinar las conexiones de ésta chica con los Andley y los Rocco, nada me daba una explicación del por qué ella no me había contado nada de lo que supuestamente había hecho con él, ya que al parecer Anthony era su cuñado… de pronto llegó a mi mente el nombre de Albert Andley, ¿sería ella la ex esposa perdida de Albert Andley? De pronto, el libro que leía, cayó de su regazo y se abrió justo donde le había hecho un doblez a la esquina de la hoja, ahí escrito, en otro idioma, tenía unas anotaciones. Quería saber lo que decía, así que me limité a tomarle una foto y eso fue todo, lo coloqué nuevamente en su lugar antes de que despertara y me viera haciendo ese tipo de cosas. Tiempo después, el personal de la estación comenzó a despertar a los pasajeros, pues Roma ya se encontraba cerca. Cuando ella despertó, se asustó y comenzó a buscar su libro, hallándolo en el piso, el oficial me despertó a mí que obviamente fingía dormir y los demás pasajeros comenzaron a bajar.
¡Bueno, hemos llegado! - susurré.
Sí claro, bueno me dio gusto conocerlo, señor Grandchester - me extendió la mano despidiéndose de mí.
Llámeme Terry - quise darle seguridad.
Seguro que será mejor, señor Grandchester, ya que no es muy probable que vuelva a verle. Hasta luego - se despidió amablemente, tomando su maleta, comenzó a caminar hacia la salida.
¡Señorita! ¿Quiere que la lleve a algún lado? Al parecer nadie ha venido por usted - recapitulé tomando su maleta.
No se preocupe, tengo otras formas de llegar - me aseguró.
La ayudo, en verdad, mi chofer se encuentra por aquí - señalé a Fred.
No, no señor Grandchester, de verdad que no necesito su ayuda - me agradeció volviendo a caminar.
Pero a mí, nada me cuesta…acepte - le supliqué tomando la maleta que tenía entre las manos.
¿Seguro que no lo desvío? - me preguntó preocupada y afligida por mi reacción.
Para nada… - afirmé, quería que aceptara para sacarle más información.
Perdone, madame Andley, el señor la espera en el auto - llegó alguien más a la conversación, alguien a quien no esperaba ver.
Nadie tenía que venir por mí, Arthur ¿cómo me has reconocido? - preguntó sorprendida ella al molestarse por ser invitada a otra limusina.
Bastante información y demasiado entrenamiento madame - refirió sonriente Arthur.
Ya lo veo, deberías decirle a Anthony que no necesito que me cuiden - susurró ella mientras con la mirada observaba como Arthur tomaba la maleta de mis manos y la llevaba cuando extendió su brazo, invitando a Candy a seguirlo.
Lo siento mándame, órdenes expresas del patrón. Por favor siga usted por aquí - le pidió después de informarle.
Espere, debo despedirme. Gracias señor Grandchester - ella me agradeció con una venia y comenzó a caminar.
De nada, Candy White - respondí como me indicó.
Sí, ese es mi nombre. ¿Cómo lo sabe? - cuestionó sorprendida.
Por el libro, sí mire, tiene su nombre en el dorso - referí tomando el libro y mostrándoselo.
Sí, por supuesto - aceptó y se retiró de ahí. sin pronunciar una palabra más y reprobando con la mirada a Arthur.
La vi alejándose, lo cual me sorprendió bastante, ella me dijo White entonces por qué le habían dicho Andley, ese nombre, ahora estaba más confundido, era White o Andley.
Fred - lo llamé cuando sentí que ahí se encontraba.
Señor, el auto está por aquí, ¿cómo estuvo el viaje? - me preguntó sin saber que agregar.
¡Ilustrativo, Fred! ¿Nos vamos? Y ¿el tuyo? - decidí regresarle la pregunta.
Por supuesto, bastante lento de hecho. Señor - me comunicó.
A la mansión, Fred - le ordené y salió rápidamente de detrás mío para adelantarse y abrirme la puerta de la limosina.
Sí, señor - respondió al acatar mi orden.
Llevaba dos horas devanándome el seso, creía necesitar la soledad de la biblioteca, cuando ni siquiera sabía lo que Fred había comprado para ésta habitación, mi cabeza era un sinfín de ideas. Candice White, recordaba que debía de firmar un contrato de tridirección con los Andley en algunos meses, era demasiado complicado, ya que dándole la vuelta a la página dos me di cuenta que sí, los Rocco también participaban, no me daba idea de que tenía ella que ver con la opulenta familia italiana, vaya combinación. De pronto recordé la foto que le había tomado a su libro, lo metí al traductor y encontré otro acertijo.
"Llamar a Marcello para decirle que ésta novela es una soberana porquería, pero que debe sacarla primero que la última, la autora debe de estar aniquilando a la última neurona que de seguro le queda viva"
Era demasiado simpática aquella anotación, editorial, eso es, debía buscar en las editoriales que había en Roma, que de seguro serían miles, pero éste no era un trabajo que debiera hacer otra persona, lo debía hacer mi más fiel empleada, Nympha. Decidí llamarle a la oficina y encargarle el nombre de la editorial y los nombres de los dueños. Ella podría sacarme de este embrollo de ideas.
Me había salido de una fiesta familiar y todo por perseguir a la ladroncilla aquella, ¿ladroncilla? ¿Qué era lo que me había robado? Eso era lo más extraño, nada, bueno todo ese enigma de detalles, digo, se veía tan atenta a prestar todos los detalles para unos y todos los enigmas para otros asuntos, pero ¿por qué eran los asuntos referidos a mi curiosidad en los que tenía que ser tan escueta?
No había podido pegar un ojo en toda la noche y cuando por fin pude hacerlo, había llegado la hora de levantarme, en mi celular se encontraba un mensaje, Nympha me había dejado un listado de todas las Editoriales de Roma en mi escritorio la noche anterior y a primera hora la vería, sin más me duché, cambié y desayuné en minutos, no podía esperar más.
Al bajar, Fred recién afeitado esperaba tomar su desayuno cuando le informé que lo hiciera y que me prestase su auto, que luego se lo regresaría, lo cual me hizo verlo confundido, alargándome las llaves de su Land Rover.
Me subí al 4X4 y llegué en tan sólo 20 minutos a la oficina, lo cual a todos tomó desprevenidos, haciendo que más de uno volcara su café y que se ahogaran con las migajas de pan que ingerían como todas las mañanas. Si mis empleados pensaban que yo no sabía que lo hacían estaban completamente equivocados.
Caminé con paso decidido por los corredores, casi corriendo y derrapándome en la entrada, lo que a la mayoría de mis asesores les pareció algo extraño, eché mi portafolio y me quité el saco, dejándolos en el sillón; corrí a sentarme en mi silla, dirigiéndome al sobre que se encontraba encima del escritorio. Lo abrí con sigilo y ahí estaban, sólo había una editorial en Roma que el nombre del dueño comenzaba con Marcello…no, no, no, no podía estar pasándome esto a mí, que mujer por Dios, de todos los hombres de Roma, tenía que ser Marcello Rocco el que ella escogiera…
"Editorial Farfalla, Dir. Marcello Rocco III"
Esto sin duda requería de una investigación profunda, era hora de llamar a Thomas Stevenson, él había sido mi amigo desde que recordaba y hoy era un investigador privado, por medio de Fred averiguaba todos los oscuros y sórdidos secretos de mis enemigos y de mis posibles novias; con Thomas, solamente le había pedido favores pequeños, en este momento lo que más me interesaba es que averiguara con discreción, ya que ignoraba el terreno que pisaba con White-Andley y además con los Rocco, no sabía ¿cómo manejar la situación? Nunca en mi vida, me podía atrever a pensar que una chica latina se volvería un dolor de cabeza, tomé el móvil y marqué un número en particular.
Terry, ¿nombre? – cuestionó el investigador.
Candice White, trabaja en la Editorial Farfalla – respondí lo único que sabía de ella.
¿Rocco? – preguntó un sorprendido amigo.
¡Eso creo, sé discreto, muy discreto! – le recomendé tácitamente.
No sabrá que la investigo. Te mantendré informado – afirmó el investigador.
Gracias, Thomas – agradecí infinitamente su seguridad.
De nada, Terry – se despidió él, antes de colgar.
Continuará...
