Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
Puede que sean rivales en la cancha, e incluso enemigos, pero la llegada de un nuevo integrante a la gran familia del basket, hará que olviden sus rencillas y se unan para apoyar a los nuevos padres, al tiempo que van contando la historia de amor de Kagami y Kuroko, y como su noviazgo dió paso a su boda y su ahora, reciente paternidad.
KagaKuro, MidoTaka... y alguna pareja mas.
Dedicado a MoniK. Mi pequeña princesa Fujoshi.
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Uno mas en el equipo.
Capítulo Tres: El primer y dulce beso.
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– Momoi chan, déjalo ya. – Aomine la agarró de la muñeca con dulzura, para apartarla del mostrador de ingresos, donde la enfermera del turno nuevo, le pedía con un movimiento de la mano que regresara a su lugar en la sala de espera. – Ya la has oído, solo pueden dar información de los pacientes a la familia, el resto tenemos que esperar noticias directamente del doctor.
– Maaaaaa pero quiero saber como le va a Tetsu kun mientras llegan los de su equipoooooo... llevamos un millón de años aquí, maaaa, quiero saberrrrr. – Gritó infantilmente la chica, haciendo rodar los ojos al resto de muchachos que ya se había resignado a esperar ahí lo que hiciera falta.
– No podemos, ya lo has oído. – la llevó de vuelta a la sala de espera tomándola por la cintura con un brazo. – Sé buena chica y compórtate. No querrás que por nuestra culpa la paguen con Kuroko, ¿Verdad?.
Momoi hizo un puchero y le miró estrechando la mirada molesta, pero le había dado tiempo a reparar en ciertos detalles mientras duraba su pataleta. Y sabía un modo de conseguir la información fácilemente.
– Vale... – Esperó que Aomine la soltara para volver junto a la enfermera, de lo mas tranquilo. – ¿Me lo dirías si te consigo un autógrafo de él?. – Señaló la revista del corazón junto al codo de la enfermera.
– Mmm... No creo, podrías hacerlo tu y decir que es suyo. – Repitió la orden de que se fuera con la mano. – Venga, molestas a los demás pacientes.
– Y... ¿Una foto?. – Se inclinó de nuevo sobre el mostrador. – Si consigo que puedas hacerte una foto con él...
– Cariño. – Le cortó la enfermera muy maleducadamente. – Si me lo traes para hacerse una foto conmigo te dejo pasar a la habitación de tu amigo. Pero eso es imposible, a si que despeja el pasillo por favor, y deja el mostrador libre.
Momoi estrechó la mirada, sonriendo. Cosa que no pasó por alto Aomine, que seguía detrás de ella para evitar que montara otro escándalo innecesario.
– Volvamos con los demás anda. – Puso la mano en su cintura y la empujó despacito en la dirección correcta. – Dentro de nada vendrán los de su equipo y podremos salir de dudas con lo de su relación y eso.
La chica alargó la sonrisa cuando entró en la sala de espera. Levantó a Murasakibara de su sitio tirando de su mano y haciendo fuerza hacia atrás hasta conseguirlo y se escondió detrás de su enorme cuerpo, para justo después, poniendo una vocecita de niña pequeña de las suyas, ponerse a decir en tono alto, para que la enfermera de antes la oyera pero no la viera desde su sitio.
– ¡Ohhhh, no puede ser!... ¡Kise Ryota, está aquí!. – El muchacho de cabellos morados levantó una ceja y quiso girarse, pero ella le abrazó para que se quedara quieto. – Siii, es cierto, ese super modelo tan guapo... ¡Kyaaaa!. – Cambió la voz a otra mas grave. – ¿Dices que Kise Ryota, la portada de la última revista del corazón por su nueva campaña está aquí?, ¿En este hospital?
Kise la miraba con cara de "¿Se puede saber que haces?, Si me conoces sobra..."
Aomine se pasó la mano por la cara, suspirando derrotado. Así que ese era su plan maestro.
– ¡Ay, es cierto!. – Takao la siguió el juego al darse cuenta de lo que trataba de dibujó una tenue sonrisa a su lado. – Se parece un montón...Si, hombre, a ese modelo tan famoso que sale en todas las revistas de moda...
– He oído que un jugador de basket está ingresado en este hospital. – Momoi volvía a poner otra voz para decirlo, al conseguir que la enfermera se levantara para prestar atención al jaleo en la sala de espera. – Es posible que sea un BUEN amigo suyo y esté MUY preocupado por él.
El cebo sirvió para llamar la atención, no solo de esa enfermera, si no de las que pasaban por ahí, lo suficiente como para que abandonara su puesto curiosa, y se acercara a ver si era verdad.
Akashi le empujó fuera de la silla con el pie, haciéndole dar unos pequeños salitos en dirección a la puerta, en el campo de visión de las mujeres.
Momoi salió de su escondite satisfecha, y le tomó por la mano para sacarle al pasillo.
– Lo siento Kise kun. – Se disculpó en voz baja antes de ponerse a su lado. – Lo hacemos por una buena causa. – Le habló a la chica que había sido maleducada con ella. – Kise kun estará encantado de hacerse las fotos que haga falta, si me dejas ver a Tetsu kun.
– Será un placer. – Kise entró en modo super modelo, sonrisa comercial incluida, tomando la mano de la enfermera y besando sus nudillos, aunque su cara le decía a la entrenadora que le debía una, y muy gorda, y a su vez, la cara de Aomine le dijera que esta, se la iba a pagar, y que no pensaba perdonarle ni aunque fuera por saber de Kuroko.
– V-vale... je je je... Tu amigo está en … – Tomó la lista de enfermos clavada a una carpeta rígida y consultó los nombres sonrojada hasta las orejas. – La habitación 1011. Te rogaría que no armaras mucho escándalo. Es un área restringida para que las mamás estén en la mayor tranquilidad posible, lo último que necesitan es ser alteradas.
Momoi buscó entre sus compañeros alguien que la acompañara, para no ir sola.
Pensó en Daiki y le hizo un gesto con la cabeza que el chico negó con la cabeza, serio.
Aomine aún seguía enamorado de Kuroko, era algo que no había logrado superar, y no le importaba lo más mínimo que estuviera a punto de tener el hijo de otra persona, pero precisamente por eso, prefería que Kuroko fuera feliz con Kagami, ya que fue él mismo quien rompió la relación. Sabía que el chico sombra lo había pasado realmente mal con la ruptura, y que había tardado meses en volver a confiar en la gente. Kagami llegó a él como una luz, y nunca mejor dicho, por esa misma razón, Daiki les ayudaría a seguir siendo felices, en lo que estuviera en su mano, como traer en su moto a Kagami para que viera nacer a su pequeño.
Lo que fuera por la felicidad de Kuroko, cualquier cosa, así él pagaba por el daño que le había hecho al no darse cuenta de lo que tenían, por ser demasiado jóvenes e inexpertos. El orgullo pudo mas que amor que se tenían, y lo estropeó todo.
Pero eso no quería decir que quisiera verlo en primera fila.
Aomine negó la invitación, esperaría con los demás.. o no.
– Yo me voy a casa. – Tomó su chaqueta y el casco de la moto, que colgó en uno de sus brazos, y el otro, el que había usado Kagami en la mano. – No hace falta que estemos todos aquí. Si pasa algo me dais un toque y vengo.
Nadie dijo nada, todos lo entendían.
La chica fue sola, que remedio.
Tocó en la puerta con los nudillos suavemente y la abrió un poquito.
Kuroko estaba sentado en el borde del colchón con los pies colgando sin tocar el suelo, y Kagami a su espalda, con las manos puestas a los lados, dándole un reconfortante masaje para calmar un poco a la mamá, ya que el pequeño había decidido que era un buen momento para ponerse ha hacer volteretas dentro.
– ¿Mejor?. – Preguntó el pelirrojo dulcemente a su chico, posando la barbilla en su hombro, a la espera de la respuesta.
– Mucho mejor, te damos las gracias, los dos. – Desplazó la cara para darle un dulce beso en la mejilla, y ladeó la cabeza sonrojado un poquito al descubrirse observados. – Momoi-chan...
Kagami rodeó la cama y le ofreció la silla que había estado ocupando hasta ese momento.
La chica se sentó y les miró unos segundos antes de decir nada.
– ¿Cómo te han dejado pasar aquí?. – Taiga musitó curioso la pregunta, sin malicia alguna. – A mi casi me hacen un tercer grado tipo interrogatorio. – Exageró un poquito.
– Hemos sacrificado a Kise kun por la causa. – Kuroko dibujó una tenue sonrisa, comprendiendo. – Todos estamos preocupados por ti, bueno, por los dos... y nadie nos dice nada. – Se sentó finalmente en la silla, mientras Kagami lo hacía a los pies de la cama, con la mano puesta en el tobillo de su chico.
– Estoy bien, de verdad. – Una enorme sonrisa, poco habitual en él, le iluminó la cara al completo, pero solo duró unos segundos, por que un nuevo jadeo a causa del pequeño, que se colocaba para salir finalmente al mundo, le robó hasta el aire. – Lo siento, espera... dame un minuto, que este revoltoso pare un momento... – La chica vio el gesto mudo que el peliazul le hizo a su marido para que no se acercara, y así no preocuparla mas, y eso que se veía de lejos que le dolía, y mucho.
– Tetsu kun. – Gimoteó a su lado. Miró con los ojos convertidos en dos ranuras a Kagami, que estaba a punto de saltar para hacer algo. – La culpa es tuya, por hacerle un niño tan grande. No podías estarte quietecito, ¿Eh?... Ya sé que Tetsu kun es muy tentador, pero tenías que haber aguantado las ganas... pervertido, acosador.
– Momoi chan. – Kuroko la "regañó" con dulzura. – La culpa es compartida, ¿No?... la mitad de mis genes también están aquí. – Atrapó la mano de la chica y la puso en lo alto de la curva, apretando con su propia mano para que ella sintiera al pequeño bebé moverse también. – Y te recuerdo que Taiga... no es solo el padre de esta cosita... también es mi marido. Por favor, no te enfades con él, ¿Si?
– Vale. – Los tres rodaron los ojos, por diferentes razones. La pareja por que esa chica no tenía remedio, culpándoles de ser padres como excusa por su preocupación, y ella, por que sabía que discutir con esos dos era inútil, y siempre lograban contagiarle su aura rosita de enamorados que exudaban por todos sus poros. – Entonces, ¿Qué digo fuera?
– Diles que se vayan a casa, que no hace falta que estén ahí en esas sillas tan incómodas. Diles que agradecemos el apoyo, y que cuando el bebé nazca los avisaremos. – Relató tranquilamente a la chica.
– Qué estás bien y que se pongan cómodos que esto va para largo, vale. – Kagami escondió una carcajada tras la mano abierta. – Cuida de Tetsu kun y del chibi, o me las pagarás, cabeza tomate...Bueno, me voy fuera, que Kise kun estará a punto de ser devorado por las enfermeras y alguien tiene que rescatarle... Aish, que dura es la vida de entrenadora, nunca se descansa de cuidar de ellos.
Caminó hasta la puerta, y con la mano en el tirador se giró un momento para preguntar.
– Una cosa antes de irme, ¿Cuándo empezasteis a salir?, es que fuera no lo tenemos muy claro.
Kagami y Kuroko se miraron, con cierto aire travieso.
– ¿A salir?, ¿Cómo novios te refieres?. – El pelirrojo habló divertido, y la chica asintió, con demasiadas ganas por saberlo.
– No salimos. – Kuroko respondió. – Nunca me lo pediste... ni yo a tí tampoco. – Dijo mirando a Kagami, que estaba pensando la respuesta igual que él.
– Bueno, pues ...¿Cuando empezó lo vuestro?. – Un poco decepcionada preguntó de nuevo. – Ya sé, el primer beso. Eso si lo recuerdas, ¿No? Di que sí, di que sí...
– Si, claro que lo recuerdo. – El pelirrojo contestó orgulloso del logro que era besar a Kuroko. – El día que me inscribí en el club de basket de Seirin, por la noche, después de jugar contra Kuroko en la cancha del parque que está detrás del instituto, en el camino de vuelta...
– Le dije que le ayudaría a ser el mejor... – Kuroko cortó la frase y cambió lo que seguía por una sonrisita traviesa...
– ¿Y que pasó?... ¿Te besó?. – Casi gritó entusiasmada. – ¿Le besaste?, ¿Dejaste que te besara Tetsu kun?... Ay madre, que me da algo de solo imaginarlo. – Casi podían jurar que la chica brillaba de ansias...
– Pues , la verdad no es tan alucinante como crees. – Los dos se miraron un segundo, sonrientes. – Un coche pasó por encima de un charco.
– ¿Y?.
– Demasiado cerca de por donde íbamos caminando de regreso.
– ¿Yyyy?.
– Me tropecé intentando esquivar el agua.
– ¿Y Luego?.
– Tiré a Kuroko al suelo conmigo.
– ¿Y entonces?.
– La mochila me golpeó la cabeza al caer, y mi cara acabó sobre la suya.
– Venga, hombre. ¿Será una broma, no?. – Momoi que se había hecho un montón de historias en la cabeza sobre algo románticamente espectacular, se quedó fría con la realidad.
– Es lo que pasó, de verdad. Fue un accidente.– Contestó Kuroko como si esa situación en concreto fuera lo mas normal del mundo, pero la mamá fue interrumpida de nuevo por una de las molestias típicas de su estado, mandando a paseo la divertida conversación, dejándola para otro momento.
– Bueno, voy a decirles que pidan una pizza o algo..., Tengo hambre. – Cerró la puerta tras ella un poco decepcionada con la respuesta... Aún así no se lo creía mucho, a si que, preguntaría de todos modos a los chicos del Seirin.
Y aún tenía que rescatar a Kise de las garras de una legión entera de enfermeras a parte de su club de fans, que siempre iban con él.
Genial... iba a ser una noche muy larga... pero mucho.
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Je jejeje, ¿Quéeeee? Ya han pasado tres días, ¿No?...
Super mega gracias por los comentarios, y el apoyo, en serio,me dais la vida, os super mega lovio que te mueres...
Os espero en tres Dias, con la versión de Hyuga san y compañía.
Besitos y mordiskitos
Shiga san.
Pd: Edité la parte del cap anterior de Murasakibara por petición popular, a mí me gustaba así, pero bueno, lo cambié, a si que dejen de quejarse, nee? que para una frase que dice no veas que escándalooooo jejejeej.
