Una semana después…

Ada Wong observó la Mansión Spencer con detenimiento, estudiándola minuciosamente. Estuvo sentada en la rama más alta del árbol por más de medio día, sin quitar los ojos del edificio. Era hermoso con todas esas enredaderas subiendo por las paredes y las plantas exóticas llamando la atención. Ada conocía el edificio de cabo a rabo, o eso creía, puesto que la estructura exterior era idéntica a la de la Mansión Spencer de hacía ya diecisiete años.

Se preguntó a sí misma, por un momento y con algo de asombro, si alguna vez iba a poder llevar adelante una vida normal, con algún hombre bueno y que la quisiera, pero apartó la idea velozmente.

Eso no era para ella, no.

La única oportunidad que había tenido de hacer eso, la había desperdiciado. La única vez en toda su vida que había decidido quedarse con un hombre y tratar de tener una vida común y corriente, una vida donde tenía un futuro asegurado y también podría haber tenido una familia… Y la había desperdiciado.

Ese hombre era León Scott Kennedy.

Volvió a su mente otra incógnita que nunca podría responder. ¿Qué habría pasado con ellos si Mr. X no la hubiera golpeado y dejado en estado catatónico por horas? La había salvado Albert Wesker, y en su momento había sentido que tenía que compensarlo de alguna forma… Y luego la había contactado Trent, el archienemigo de Umbrella. Pero no era un enemigo de cara al público, lo era a puertas cerradas… Y trabajaba condenadamente bien. Ada había trabajado para él durante años para derrocar a Umbrella, y finalmente lo habían logrado cuando Chris Redfield, que ahora quería matarla, y Jill Valentine habían destruido al T-A.L.O.S., y Umbrella se vino abajo junto con la muerte de su mejor arma jamás creada.

Años más tarde, Trent la convenció de volver con Wesker a modo de espía e hizo que lo ayudara a conseguir Las Plagas de Osmund Saddler. Al final, cuando Wesker mandó a Jack Krauser a matar a León, Ada no pudo soportarlo y asesinó a Krauser, cuya muerte justificó frente a Wesker diciendo que "Las Plagas que se había administrado lo habían puesto bajo el mando de Saddler." Wesker, por supuesto, no le creyó, pues sabía que la voluntad de Krauser era de acero, y que su odio sería más fuerte que su razonamiento y cualquier control mental. Pensó en matarla cuando la misión acabara, pero decidió que no era necesario. Dejó que Ada escapara, y eso fue un grave error. Ella no le entregó Las Plagas sino un líquido cualquiera, pero para cuando Wesker se dio cuenta ya era demasiado tarde. Uroboros ya estaba creado y era defectuoso además de incontrolable. Wesker tuvo que extraer anticuerpos de Jill Valentine y usarlos para perfeccionar su nuevo Virus, pero al final sucumbió ante Chris Redfield y Sheva Alomar.

Ada volvió en sí.

No era normal en ella distraerse, cualquier persona podría haber entrado o salido de la casa en ese rato, pero supuso que como nadie lo había hecho en tantas horas, nadie lo habría hecho en ese rato.

Sonó su celular, con una melodía silenciosa apenas audible, pero a la que ella estaba muy acostumbrada, tras años de lo mismo. Atendió sin desequilibrarse de la rama y dijo con voz suave:

-Trent.-

Le contestó la estática. Era una grabación programada. Trent casi nunca hablaba con ella directamente, solo lo había hecho en dos ocasiones. Cuando la contactó y cuando la felicitó por cómo había manejado los hechos durante su cruzada en España contra Saddler. Era un tipo muy misterioso, y no figuraba en ningún registro del mundo.

-Mi estimada Ada, le dejaré una última tarea, la definitiva, y luego la dejaré marchar.-Ada esperó a que la grabación siguiera.-¿Recuerda la que le llegó la semana pasada? Bueno, es momento de entrar en acción. Entre a la casa y comience el ataque. Destrúyalo todo, antes de acudan los otros invitados, de ser posible.

Ada observó frente a la Mansión, donde un ruedo de arena lucía manchas de sangre de sus víctimas pasadas. Decidió esperar. No atacaría sola, y además quería esperar a León. Al menos para verlo una última vez, ya que iba a morir en cuestión de días.

Habían pedido un helicóptero y habían partido. Chris no sabía cómo, pero Jake lo manejaba condenadamente bien. Habían decidido poner rumbo a la Mansión Spencer y acabar el trabajo rápidamente, pero cuanto más cerca estaban, más nervioso y entristecido se sentía por volver tan pronto a todo aquello.

Jill había intentado mejorar su estado de ánimo, sacándole unas cuantas sonrisas y risas, pero nada tardaba Chris en caer de nuevo en su mundo de dolor. Se preguntó si volvería a ver a Claire y se dio cuenta de que había estado tan inmerso en el asunto, que había olvidado llamarla.

-Claire.-dijo sin ánimo cuando ella le contestó.

-¡Chris! ¿Dónde estás? En la BSAA me dicen que te marchaste de improviso, ¿qué…?-

-Voy camino a la muerte misma.-dijo sin ocultarle nada.- Claire, ¿recuerdas la carta que te comenté? Estoy yendo a ese lugar, a la Mansión Spencer. Y tengo el presentimiento de que no sobreviviré. O al menos, de que no volveré entero.-

-Pero, ¿de qué estás hablando, Chris?-Claire sonaba como a punto de echarse a llorar, pero Chris continuó. Tenía que hablar.

-Hay algo que no te dije. La carta estaba firmada por un tal A. Wesker. Jake afirma que se trata de un hermano de su padre, pero no sabemos nombres. Y Sherry aportó algo sobre un tal Virus-I, pero no sabemos nada más, ni siquiera qué significa la I. Esto suena muy mal, y… Bueno. Las cosas no suelen salir bien en mis misiones, muere gente. Casi toda.-

-Pero… Pero…-Claire comenzó a llorar. Su llanto hizo que Chris reemplazara el miedo que sentía por odio. Odiaba escuchar a su hermana llorar por culpa suya, no le gustaba, se reprendía fuertemente cada vez que le provocaba el llanto. Ese tal A. Wesker lo pagaría caro.

-Tengo a los mejores en el grupo. Jill está conmigo. También Jake, Sherry, León y Helena. Y hay alguien más. Ada Wong.-Chris suspiró.-Juntos, seríamos un grupo indestructible en otras circunstancias, pero no sé. Todo este asunto suena muy feo, y… No sé, sospecho que de verdad no volveré.-

-No, no puede ser…-

-No pude ir a despedirme… Perdón. Lo siento de veras.-Chris apretó los ojos y la mandíbula, se propuso no parar hasta romperse los dientes, pero sabía que eso no iba a pasar.

-Chris, -dijo Claire con extrema dificultad.- siempre has sido el mejor hermano que una chica podría desear.-lloraba fuertemente.-Si no vuelves, te voy a extrañar.-se le escaparon más aullidos de dolor.-Te amo, hermano.-

-Yo también.-susurró antes de cortar.

Ya podía llorar en paz. No quería que Claire lo escuchase llorar. Oyó que Jill se sentaba a su lado y lo abrazaba y le frotaba la espalda mientras lo acariciaba suavemente con la mejilla.

-Yo te cuidaré.-le susurraba.

Chris no podía hacer nada más que aferrarse a ella en el consuelo.

-¿Por qué Wesker escribe Missouri si Kansas está en Kansas?-valga la redundancia, pensó León para sí mismo.

Jake hizo un gesto desdeñoso con la mano.

-Es una estrategia.-dijo.-Los mercenarios la usamos constantemente. Sabes que Kansas está en el límite con Missouri, ¿no? Pues según leí en los informes viejos, una de las tres Mansiones Spencer estaba a las afueras de Kansas. Esa es a donde vamos. Y si bien está a las afueras de Kansas, está en tierras legales de Missouri. ¿Lo captas?-

-¿Y tú cómo sabes todo eso?-inquirió Helena.

Jake se encogió de hombros.

-No lo sé, sólo estoy suponiendo.-

Sherry, que había llegado aún llorosa, dolorida y malhumorada, estaba callada y acurrucada en un rincón al lado de León, mirando por la ventana, casi deseando saltar y suicidarse, pero recordó que de todos modos no moriría. El maldito Virus-G la reconstruiría milímetro a milímetro, sufriría muchísimo y al final no lograría su objetivo.

-En fin.-León bajó la vista al suelo del helicóptero. Pareció recordar que Sherry estaba ahí, se volvió a ella y le susurró: -¿Cómo te encuentras?-sin darse cuenta había adoptado ese tono paternal que solamente había usado con Sherry en toda su vida. Tenía treinta y ocho años, y aún no era padre. Se sentía mal respecto a ello, pero normalmente no tenía tiempo de pensarlo.

-Mal.-susurró.-León…-él la miró expectante.-Tú… Eres como un padre para mí, y…-no podía hablar, se le cerraba la garganta.

León le pasó la mano por la espalda y la abrazó. La oyó llorar contra su pecho y sintió las lágrimas mojarle la camisa poco después. Le acarició el pelo, como había hecho muchas veces en Raccoon city, muchos años atrás. A pesar de todo, Sherry no había cambiado nada. Seguía siendo una chica insegura. No podía culparla, había sufrido mucho y ya no quería sufrir más por nada, pero, bueno, la vida te golpea mil y un veces, da igual cuán fuerte, pero sigue haciéndolo.

-Sherry.-León la miró a los ojos. Hablaban en voz casi inaudible, para que nadie oyera lo que le iba a decir.-No importa cuántos golpes recibas. Lo que te define es el hecho de volver a levantarte. Míranos a nosotros, por ejemplo. Hace no más de tres años, setenta mil personas murieron frente a mis ojos. Y eso es solo la suma del Campus. ¿Quieres sumarle Tatchi? Son más o menos cinco millones. Me siento responsable de todas esas muertes, porque pude haber dejado que Chris matara a Ada… Y esas cinco millones de muertes se habrían evitado. Ahora cae sobre mis hombros el peso de dos virus nuevos. ¿Cómo crees que me sienta eso?-Sherry lo escuchaba con atención. León le limpió las lágrimas.-No te digo que no llores ni que no te sientas mal. Sólo que no dejes que eso te destruya. Porque entonces, habremos perdido esta guerra.-

Sherry parpadeó. Le dedicó una sonrisa algo burlona.

-Típico de los padres.-dijo.-No se dan cuenta de qué le pasa a su hija realmente.-

León se sintió terriblemente estúpido. Quiso pegarse, o al menos enterrar la cara fuera de la vista de Sherry, pero se forzó a quedarse ahí.

-Y, entonces… ¿Qué es?-preguntó.

Sherry dio un suspiro tembloroso.

-Primer problema amoroso.-dijo con dificultad.

-¿El primero?-inquirió León.- Vamos, ¿qué no has salido con otros muchachos en todo este tiempo?-

Sherry le pegó en el brazo, con una intención del tipo "Ay, calla, que harás que me sonrojo, idiota".

-Lo sabía.-León se rascó la barbilla. Le agarró una mano y siguió.-Todo lo que sé sobre problemas amorosos, Sherry, es que debes mantener la mente ocupada en otra cosa hasta que llegue el momento en que te puedas reír de esa pelea y decir "Ah, yo salía con tal muchacho, pero la cosa no funcionó", y seguir adelante. Me ha pasado. Mucho.-puso énfasis en "mucho", como para resaltar arrogancia, pero ella no pareció darse cuenta.

-Pero es que… Es culpa mía, porque…-le contó a León toda la historia, y él se sorprendió.

-¿Y no le dijiste nada? ¿Tú, que sufriste una cosa parecida en Raccoon cuando Claire y yo no queríamos decirte que lo que nos perseguía era tu padre?-

Sherry lo consideró por un rato. Las aspas del helicóptero hacían eco en su mente. Quería pensar y no podía. Era algo más o menos así: Mi padre… Jake… Era un monstruo… Jake…. Mutado por el Virus-G y… Jake… Ellos me lo ocultaron, yo… Jake… Me enojé y entonces… Jake… León tiene razón.

-No lo había pensado así.-dijo ya más calmada.

Charlar con León o Claire siempre la calmaba, aunque no supiera por qué. Supuso que porque los quería como si fueran sus padres. En un momento había querido que se casaran y la adoptaran, pero años más tarde se dio cuenta de que eso era una fantasía inalcanzable, porque ninguno de los dos estaba interesado en el otro amorosamente.

-¿León, nunca pensaste en adoptarme?-la infantil pregunta saltó desde lo más profundo de su corazón, e, incapaz de detenerla, la formuló, y al instante se arrepintió.

León se quedó patidifuso mirándola, procesando la pregunta, mirando de Sherry a Helena, que estaba tan pasmada como él, y de Helena a Sherry, tratando de ordenar las palabras y razonar una respuesta.

Él realmente nunca lo había pensado. La quería como si fuera su hija, sí, pero… ¿Adoptarla? Sólo tenía diez años más que ella, once antes de que Sherry cumpliera años. No se sentía del todo cómodo con la idea.

-Yo…-

-¡León!-Jake gritó desde la cabina.-¡Mejor que veas esto! ¡Tú también, Redfield!-

Él y Chris acudieron a la cabina. Se sentía mal con eso de dejar a Sherry esperando una respuesta, pero, bueno, ya le contestaría en otro momento.

-Esa es la mansión.-

Jake señaló por la ventanilla a un edificio enorme cuyas paredes estaban tapadas por enredaderas y madreselvas, con masetas llenas de rosas en los alféizares de las ventanas. El techo estaba despejado y había un helipuerto.

Ante la vista, Chris sufrió un flashback.

Esos recuerdos hundidos en su ser, casi olvidados al fin, resurgieron con fuerza. Recordó cómo habían llegado a la Mansión Spencer en mil novecientos noventa y ocho en busca del Equipo Bravo de los STARS. Joseph Frost había muerto masticado por los perros. Chris halló los restos de Kenneth Sullivan dentro de la Mansión, que estaban siendo mordisqueados por un zombi. Más tarde, esa misma noche, había hallado a Forest Speyer picoteado hasta la muerte por unos cuervos infectados. Había presenciado la muerte de Richard Aiken a manos de una serpiente gigante, y finalmente Wesker, aunque Chris no lo sabía en ese momento, había disparado a Enrico dos tiros. Uno en el corazón y otro en la frente.

Todas esas imágenes pasaron por su cabeza a la velocidad de la luz, pero eso no era nada. Recordó al Tirano atravesando al Capitán Wesker de lado a lado, matándolo, recordó la serpiente masticando otras víctimas, recordó cómo había llorado Jill a raíz del miedo por estar ahí dentro, recordó el temor que le provocaba tener que dar la vuelta a una esquina, recordó cuán inseguro había estado allí dentro, recordó los insectos que lo perseguían por los pasillos subterráneos, y los Hunters… Los Hunters. Esos humanoides habían sido lo peor, y eso sin hablar del tiburón extra grande, Neptuno.

Sacudió la cabeza y se dio cuenta de que había estado gritando y apretándose contra la pared. León estaba sosteniéndolo, y tanto Jill como Helena y Sherry lo observaban con detenimiento. Jill se acercó y lo llevó hasta el asiento y comenzó a hablarle en voz baja. Jake no lo había mirado. Probablemente no le importaba qué le pasara a Chris.

León se sentó en el asiento del copiloto y ayudó a Jake a hallar un lugar. Por si acaso, no descendieron en el techo. No sabían qué había dentro, y decidieron que sería mejor no averiguarlo rápido. Había un ruedo de arena delante de la Mansión. Jake descendió a un lado del mismo, y los seis bajaron del helicóptero.

En menos de diez segundos, el juego comenzó.

Alguien habló por megáfono casi a los gritos:

-¡Buenos días, gladiadores!-

-¡No somos tus gladiadores, hijo de puta!-gritó Helena.

-¡Muéstrate!-ladró Jake desenfundando su arma.

Nadie la había visto antes, pero llevaba encima varias armas, siete para ser exactos. Chris supuso que las llevaba en un rincón y por eso no las había visto. Colgando del hombro llevaba una M16, y tenía siete cargadores en el cinturón y uno cargado. En el otro hombro descansaba una escopeta de asalto, la misma que usaban los equipos SWAT. Una Desert Eagle calibre cincuenta descansaba en una funda en su pierna izquierda. Varios cuchillos estaban atados a su cinturón, y llevaba una escopeta de mano del calibre doce en la parte posterior de la cintura además de una pistola atada a la pierna con diez cargadores anexos a la funda. No era cualquier pistola. Jake tenía por las armas el mismo gusto que su padre. Era una Samurai Edge modificada. Chris podía deducir que la había hecho más pesada, le había puesto una corredera el doble de larga, por lo que parecía una pistola de juguete, le había puesto un puntero láser y un cargador el triple de grande. Si había modificado su pistola hasta convertirla en una Mágnum con mucha munición y mira láser… Chris no quería ser enemigo de Jake. Había dejado un bolso muy pesado delante de sus pies, en cuyo interior, Chris divisó kilos de armamento. La revisó y repartió las armas.

-¡MUÉSTRATE!-gritó, aún más fuerte.-¿¡O es que eres tan cobarde como mi padre era!?-

-Paciencia, Jake, paciencia.-respondió la voz.-Bienvenidos…-se interrumpió brevemente y alrededor del ruedo de arena crecieron unas murallas.

Jake no le había prestado especial atención al tamaño del ruedo de arena, pero ahora que había quedado apresado dentro… Se dio cuenta de que tenía más o menos veinte metros de largo por quince de ancho, y las gradas para los espectadores oscilaban entre los seis o siete metros de altura.

-¿Esto es…?-Chris y Jill se miraron, Helena y León hicieron lo mismo.

-¡El Coliseo!-rugió la voz, llena de alegría.-¡Que comiencen las pruebas! ¡Los que perezcan durante esta primer etapa, no serán aptos para entrar a la Mansión y participar de las eliminatorias!-

León oyó algo, era un ruido que no escuchaba hacía mucho, pero aun así, un ruido familiar. Era un lanzagarfios. No. No uno cualquiera. Era EL lanzagarfios.

Ada Wong cayó majestuosamente a su lado, al frente del grupo.

-No hay tiempo para presentaciones.-dijo, dejando a todos atónitos, excepto a Jake, que estaba decidido a no mostrarse sorprendido ni asustado por nada. Quizás estaba esforzándose por no denotar expresiones. Estaba convirtiéndose en un Wesker poco a poco. León esperaba poder evitarlo.-En breve vamos a…-

-¡Señorita Wong! O, mejor, dicho, ¡gladiadora!-

-No seré tu marioneta, Wesker.-Ada lanzó el lanzagarfios contra los megáfonos.

La voz se cayó por un momento, pero entonces se partió de risa.

-¡Los megáfonos están por todas partes! ¡No pueden cayarme!-se siguió riendo y en pocos segundos dijo.- Prepáranse a fallecer. Pelearán uno a uno, gladiadores.-el suelo se abrió, había una puerta trampa a varios metros de ellos.-¡Vayamos por orden cronológico!-un Tirano saltó desde la oscuridad que se veía en el pozo.-¡Gladiador Redfield, un paso al frente! ¡Sea hombre y enfrente a este maravilloso monstruo con las manos desnudas! Y usted, gladiadora Valentine…-una serpiente de diez metros de longitud se arrastró fuera del pozo, que se cerró tras ella.-enfrente esto… ¡Sin un hombre que de la vida por usted! ¡El resto, ¡fuera!-

-¡No nos saldremos fuera, no dejaremos a nuestros compañeros peleando solos!-ladró León, desafiante.

-Entonces, gladiador Kennedy, enfrentarán todas las épocas a la vez.-la voz se volvió fría, como la de un Wesker, pero más dura aún.

Entonces el terror los inundó a todos. Todos sus némesis salieron del pozo. Uno a uno. El monstruoso William Birkin que parecía un físico-culturista deforme, el tirano Mr. X, el propio Némesis, un gusano blanco gigante que, en conjunto con Némesis, hizo que Jill palideciera muy rápido, el U-3, Osmund Saddler mutado en una retorcida especie de araña de cuatro patas, algo parecido a un ogro de Mordor el triple de grande que un humano promedio, una bestia de cuatro parecida a Saddler pero unas siete veces más grande, el Ustanak (monstruo que persigue a Jake en RE6), una copia del Simmons que parecía un T-Rex y finalmente, el mismísimo Haos (el monstruo que matan Chris y Piers en RE6).

Chris tuvo un brevemente recuerdo de Piers empujándolo a la cápsula de escape y devolviéndolo a la superficie, solo, quedándose él bajo el agua, medio mutado y medio muerto, velando por que llegara vivo y a salvo a la superficie.

Jake le pasó un arma a cada uno y él se quedó con esa súper Samurai Edge modificada.

-¿A qué estamos esperando? ¡Destruyámoslos!-

-¿Y bien, gladiadores? ¡Luchen!-

Como si hubieran estado esperando esa orden, todos los monstruos cargaron a la vez, y ellos cargaron contra los monstruos.

A Roxana Wesker:

Bueno, fuiste mi primera lectora, te agradezco el apoyo ahora públicamente como lo hice ya por MP, ¡y espero que no dejes de leerme! Gracias de nuevo.

A Victoria Grayson:

Tenía doce y solamente sobrevivieron Albert y otro más. ¡Gracias por leer!

A M. Bidden:

Estoy esperando que juzgues cómo relacioné la Mansión hasta ahora, pero por supuesto esto no es todo. ¡Gracias por la crítica y el tiempo que gastas en leerme!

A Ary. Valenfield:

Me gusta cómo piensas, muchacho/a (no sé de qué sexo eres y la verdad no espié tu perfil para corroborarlo). ¡Arriba Valenfield! Para mí, la mejor pareja aunque no los muestren como tal. ¡Gracias!

A akira-kun.8:

Aquí tienes otro capítulo, me costó seis horas escribirlo, ¡espero que te guste! ¡Gracias por contestar el MP (la única que contestó, de hecho, jeje)!