Primer Capítulo: ¿Dónde estoy?

En algún lugar de la gran ciudad, un joven estudiante de secundaria había abierto los ojos tras estarse un largo rato inconsciente. ¿Cuánto habían sido? ¿Minutos, horas? Él no sabría decirlo. Lo que sí que sabía es que, de alguna forma, algo no iba bien.

Y no tardó mucho tiempo en darse cuenta.

Por mucho que mirara a su alrededor, el joven Yukiteru Amano no reconocía nada del lugar en el que se encontraba. Lo cual, era alarmante. Conocía como la palma de su mano su ciudad, así que esto sólo podía significar... Que estaba fuera de ella, en un lugar que él desconocía.

- ¡El diario! - dijo en voz alta, acordándose de su móvil.

Afortunadamente, a su diario no le había ocurrido nada. Lo encontró cerca de donde él se había despertado. Abrió su tapa y comenzó a leer las entradas.

"?

Martes 22 de abril [23:01]

Recobro el conocimiento después de horas inconsciente. Yuno no está a mi lado.

Martes 22 de abril [23:04]

He caminado un buen rato. No reconozco ninguno de los edificios de esta ciudad.

Martes 22 de abril [23:14]

Definitivamente, este lugar es completamente desconocido para mí."

Yukiteru se tiró al suelo, cayendo sobre sus rodillas. ¿Dónde estaba? ¿Y cómo había llegado hasta ahí?

Lo último que recordaba era a Deus, diciendo que su mundo iba a colisionar.

Deus...

Amano llamó a Deus varias veces, sin resultado alguno. También llamó a Muru Muru, pero fue del todo inútil. Nadie acudió a su llamada. Nadie.

"¿Y ahora qué se supone que debería hacer? Quizás debería preguntar a alguien cómo llegar a mi ciudad...". Yukiteru comenzó entonces a caminar entre aquellas calles desconocidas, con la esperanza de encontrar a alguien que lo ayudara.

Sin embargo, a aquellas horas de la noche, no había ni un alma caminando por la acera. Las tiendas estaban cerradas y no parecía que hubiese algún policía por la zona.

Aún así, Amano no se rindió y continuó caminando.

Consiguió encontrar una tienda que abría las 24 horas y preguntó al encargado por una estación de autobuses.

- Hay una un par de calles más abajo. No te será difícil encontrarla.

- Muchísimas gracias. Una última pregunta, ¿no sabrá si por algún casual, alguno de estos autobuses pasa por el instituto Sakurami?

Yukiteru nunca había cogido el bus, pero sabía que había una parada enfrente del colegio por el que pasaban infinidad de autobuses que provenían de distintos sitios. Y del instituto a su casa hay apenas 10 minutos a pie.

- Un momento, voy a consultarlo en Internet, espera aquí. - le contestó el encargado.

El joven estudiante asintió con la cabeza y esperó pacientemente la llegada del encargado. Mientras tanto, dirigió su atención a una pequeña televisión que había en la tienda, que hablaba sobre unos extraños asesinatos en masa de criminales. Curioso informativo aquel...

- Oye muchacho, ¿cómo has dicho que se llamaba el instituto? -preguntó entonces el encargado.

- Instituto Sakurami, señor. - contestó Yuki.

- ¿Estás seguro de eso?

- Absolutamente. ¿Por qué lo pregunta?

Hubo un pequeño silencio. Cuando el encargado habló de nuevo, no fue para dar muy buenas noticias.

- Chico, ese instituto no aparece en Internet. No existe.

Yukiteru no pudo creer esas palabras. ¿Qué no existía? ¡Imposible, imposible! El joven comenzó a sentirse mareado, y poco a poco, se le fue nublando la vista, hasta que finalmente, se desmayó.


Mientras tanto, en algún otro lugar de las calles de Tokio, un hombre acababa de recuperar la consciencia. Se llevó una mano a la cabeza, la cual le daba vueltas, intentando serenarse un poco. ¿Qué le había sucedido?

Se llevó la otra mano entonces en el oído. En aquella mano tenía un objeto que emitía sonidos, y estaba tremendamente concentrado en él.

Y lo que escuchó en aquel momento, no le gustó ni un pelo.


Cuando el joven volvió en sí, se encontraba arropado por una manta, sobre un pequeño sofá. Alzó la mirada para intentar averiguar dónde estaba. Era una habitación grande, con dos puertas, una enorme mesa y dos sofás. Había una máquina dispensadora de bebidas y otra de comida y varias revistas amontonadas en un rincón. ¿Estaba en una sala de espera?

- Vaya, por fin despiertas. - dijo una voz de repente.

Yuki se giró rápidamente, sorprendido de haber oído aquella voz. Vio a un hombre muy bien vestido detrás de él.

- ¿Quién es...?

- No te preocupes. - le dijo el hombre, viendo a Yukiteru un tanto alarmado. - Soy agente de policía, no voy a hacerte daño.

El joven estudiante suspiró aliviado de oír aquellas palabras. Al menos ahora, estaba a salvo.

- Por favor señor agente, tiene que ayudarme. - suplicó Yukiteru entre lágrimas. Estaba cansado y agotado. - Quiero regresar a casa.

- Claro chico, no hay problema. ¿Dónde vives? - le preguntó amablemente el policía.

- Vivo en el barrio de Sakurami. En la zona residencial.

El policía ladeó la cabeza ligeramente. Parecía no comprender algo de las palabras del estudiante.

- ¿Sakurami dices? No me suena ese lugar. ¿Seguro que no te has equi-?

- ¡No, no me he equivocado!

En ese momento, entraron otras tres personas a la habitación. Uno de ellos se dirigió al agente que estaba con Yukiteru.

- ¿Qué ocurre aquí Matsuda? - centró su atención entonces en el joven, quien se había levantado. - Vaya chico, veo que has recuperado las consciencia.

- Buenas Aizawa. El chico, que debe de sufrir algún tipo de conmoción o algo. Dice ser del barrio de Sakurami.

Entre los nuevos agentes de policía, se miraron entre ellos, confundidos. Ellos no conocían ningún lugar por los alrededores por aquel nombre. O al menos, eso parecía.

- Chico, ¿dónde están tus padres? ¿Por qué no les hacemos una llamada para que vengan a buscarte? - preguntó Aizawa.

- ¡Que ya se lo he dicho! - gritó Amano, perdiendo los nervios con aquellos hombres. - ¡Que soy de Sakurami!

- Si me disculpan, caballeros... - dijo entonces otro de los hombres que acababan de entrar. - Déjenme que hable con el chico. Se le ve bastante confundido. Intentaré hablar con él, para que razone y nos diga la verdad.

Los otros agentes de policía se miraron entre ellos. Asintieron con la cabeza y entonces, abandonaron la sala, dejando solos a aquel hombre y a Yuki.

- ¿Cómo que la verdad? ¡Ya la estoy diciendo!

- Calma, calma, te creo chico, no hace falta que lo digas más... - el hombre esbozó una pequeña sonrisa. - ¿Por qué no me dices tu nombre? ¿O puedo llamarte Primero?

Amano abrió ampliamente los ojos, sorprendido ante aquellas palabras. ¿Primero? ¡Ese era su nombre clave en el juego de supervivencia! Pero, ¿cómo lo sabía él? ¿Acaso era otro de los poseedores del diario?

- Tranquilo Primero, como bien te dije, estoy de tu lado, y te protegeré si es necesario.

- Entonces... ¡Eres el Cuarto! - exclamó el chico.

- Así es. Me llamo Kurusu Keigo. Soy el Cuarto poseedor del diario. Y al igual que tú, soy de Sakurami. - el Cuarto hizo una breve pausa, y suspiró. - Aunque ahora yo no estamos ahí, sino en la ciudad de Tokio.

- ¿Y qué hacemos aquí? ¿Cómo es que Sakurami no existe?

- Ojala tuviese las respuestas a tus preguntas, Primero. Pero no es así. Estoy tan confundido como tú. Y en desventaja también.

- ¿Qué quieres decir?

- Bueno... - dijo Kurusu, llevándose una mano tras la cabeza. - Verás, poco después de abandonar la sala en la dimensión del tiempo y el espacio, mi diario hizo un sonido muy extraño. Ese sonido sólo se produce, bien sabes, cuando el futuro está siendo escrito de nuevo.

Mi diario se conoce como Diario de Investigación. En él se recogen todos los casos que llevo como inspector de policía que soy, incluidos asesinatos y crímenes que el resto de poseedores cometen. Supuse en aquel momento que alguien se acababa de meter en un lío.

Sin embargo, mi diario tenía una entrada muy distinta al resto. No llegué a leerla por completo porque entonces una luz cegadora salió de mi teléfono y fui forzado a cerrar los ojos. Cuando los volví a abrir, no tenía ni idea de dónde estaba.

Lo primero que hice fue inspeccionar el lugar en el que me encontraba, y descubrí que estaba en la gran ciudad de Tokio. Y aún hay más, la ciudad de Sakurami no existía. Por si no era ya suficientes malas noticias, mi diario, que está limitado a la jurisdicción de mi comisaría, no funcionaba.

Entonces decidí entrar en la comisaría de Tokio y les dije a los policías de aquí que soy un agente enviado de una de las comisarías más importantes del país, en busca de un asesino en serie que quizás podría estar aquí. ¿Has oído hablar de los asesinatos de Sakurami? Tras mucha investigación y la ayuda de mi diario, supe que el Tercero era el culpable de todo. Enseñé las pruebas que tenía guardadas en el móvil -las cuales, afortunadamente, no eran pocas- y decidieron colaborar conmigo y permitirme entrar aquí.

Viendo ahora que no soy el único poseedor que ha acabado aquí, estoy empezando a pensar que quizás los doce hayamos sido enviados a este lugar...

Yukiteru escuchó toda la historia de Keigo, sin interrumpirle ni una sola vez. Aquella historia no era sino una prueba más que demostraba que estaban los dos metidos en un buen lío, del que quizás no consigan salir.

- Es extraño... - dijo Yuki entonces. - ¿Dices que tu diario no funciona?

- En efecto. - confirmó Kurusu. - ¿Acaso el tuyo sí?

Yukiteru asintió con la cabeza, mostrándole su móvil con las nuevas entradas sobre el futuro. El policía cerró los ojos y se concentró, pero por mucho que lo intentaba, no parecía encontrar una respuesta a todo lo que estaba pasando.

En ese momento, ambos móviles -el de Yukiteru y el de Kurusu- emitieron un sonido. Era la voz de Deus, que decía:

- Reunión de emergencia en la dimensión del Espacio y el Tiempo. ¡Ahora!


Light seguía hablando con Ryuk, cuando entonces escuchó el teléfono de su casa sonar. Light miró el reloj que tenía su cuarto. Eran más de las once de la noche. Se preguntó entonces quién pudo haber sido la persona que acababa de llamar por teléfono. Dejó su cuarto, bajó las escaleras y se encontró a su padre hablando por el aparato electrónico:

- ... Entendido, voy para allá. - y con esas palabras, el hombre colgó.

- ¿Quién era, papá? - preguntó Light.

- Era Matsuda, uno de mis hombres. - contestó él. - Dice que ha aparecido un joven muy extraño que asegura ser de una ciudad que no existe y que se niega a llamar a sus padres. Así que voy a ver qué es lo que sucede.

El estudiante entonces se quedó pensativo. ¿Un joven extraño? Aquello le decía más bien, que quizás era una de esas doce personas de las que hablaba Ryuk.

- ¿Puedo ir contigo?

- Ni hablar. - contestó secamente el padre. - Mañana tienes que madrugar para ir al instituto, son los últimos días de clase hijo. Los últimos y podrás así ir a la Universidad.

- Pero papá, sabes que no estoy teniendo problemas con el instituto, por eso mismo.

- La respuesta sigue siendo la misma. Hijo, ya sé que quieres ayudar, pero quiero que ahora te centres en los estudios. Ya nos veremos.

El padre de Light abandonó el hogar para ir a la comisaría. "Fantástico", pensó el joven. "Bueno, no importa, voy a centrarme en mis cosas, ya me encargaré de esas doce personas más tarde". Estaba él tan ensimismado en sus pensamientos, que no se dio cuenta de que su madre le estaba llamando.

- Light, ya que estás aquí, ¿podrías ir a la tienda y comprar unas cosas que necesito para la comida de mañana?

El joven bajó entonces de sus pensamientos y miró la bolsa de tela que su madre le estaba dando.

- ¿No podría ir Sayu?

- Tu hermana está desde hace un rato en la cama ya. Venga Light, por favor.

Tras suspirar largamente, decidió no hacer enfadar a su madre. Cogió la bolsa, las llaves de casa, un abrigo y salió de la casa. La tienda no quedaba demasiado lejos. En menos de diez minutos, Light llegó a la tienda, compró lo que su madre le había encargado y se dirigía de vuelta a casa. Ryuk iba con él, pero a diferencia de las personas normales, él podía verlo.

- ¿Has comprado manzanas Light? ¡Las manzanas son importantes!

- He comprado un par de ellas. - le dijo Light. - Para que así luego no te quejes.

En ese momento, alguien se acercó por detrás del joven y le agarró del abrigo. Antes de que pudiese quejarse, sintió tras su espalda el tacto de algo afilado. Era una navaja.

- Chaval, como te muevas, te rajo. - dijo la voz de la persona que tenía detrás. - Suelta toda la pasta que tengas y te dejaré sin un solo rasguño.

Light frunció el ceño, molesto de este inconveniente. ¡Un atraco! No se lo podía creer. Si al menos pudiese ver el rostro de la persona y conocer su nombre... Tenía en su bolsillo un trozo de página del Death note, así que podría matarlo si quisiera. "Mierda...", se dijo Light para sí mismo.

- ¡No des ni un solo paso en falso, maleante! - se escuchó de repente.

El joven alzó la mirada para así poder echar un vistazo a su alrededor. ¿Quién era aquella voz?

- ¿Quién eres? - dijo el asaltante. - ¡Muéstrate cobarde! ¡O rajo al chaval en dos!

- ¡Soy un héroe de la justicia! - dijo la voz. - ¡Y no permitiré que le hagas daño a un inocente! ¡Y si para ello he de usar mi poder, entonces que así sea!

El asaltante comenzó a temblar de pronto. La cuchilla que llevaba en la mano se le cayó al suelo.

- Héroe de la Justicia... Poder... Entonces, ¿¡eres Kira!? - el criminal, entonces, salió corriendo despavorido, gritando muerto de miedo.

Light estaba flipando con la situación. Estaba visto que el nombre de Kira hacía temblar a los maleantes. Pero ahora él estaba centrado en su 'rescatador', ¿quién era? Porque Kira desde luego no.

- Se diría que has tenido mucha suerte, Light. - comentó Ryuk entre risas.

Entonces, de entre las sombras, surgió una figura que se acercó a Light.

- ¿Estás bien? Es un alivio que aquel rastrero te haya dejado libre e ileso.

El joven fijó su vista en la persona que lo había salvado, aunque casi suelta un grito de sorpresa al verlo. Su rescatador era un hombre con unas pintas de lo más extrañas: llevaba un mono de color negro, un cinturón, unos guantes y... Una especie de máscara en forma de pelota, de color blanca, con un círculo en color rojo y dentro de ese círculo, otro en color negro.

- ¿Quién eres? - preguntó Light.

- Tan sólo alguien que pasaba por aquí y que quería hacer justicia. ¡Y al parecer lo he conseguido! - y en ese momento, el extraño personaje comenzó a marcarse un baile de lo más... Raro.

Light, quien no quería perder su tiempo en alguien tan extravagante como aquel personaje, se disponía a marcharse, cuando el desconocido habló de nuevo.

- ¿Ya te vas? Bueno, si es así, ¿te importa si te pregunto algo?

- Dispara. - contestó el joven.

- Bien, exactamente... ¿Dónde estoy? Verás, iba de camino para mi casa, peeeeeeero me he perdido.

Light arqueó una ceja.

- ¿Cómo que dónde estás?

- Sí, que dónde estoy. Porque esto no puede ser Sakurami, ¿no?

Ahora sí que el estudiante estaba confundido. ¿Sakurami? No había oído hablar de ese nombre en su vida.

Entonces, el desconocido sacó un objeto que se llevó a la altura del oído, prestándole de repente toda su atención. Parecía un enorme reproductor de mp3.

- Oye, ¿qué es eso?

- Shhhhh. Silencio. Intento escuchar. - replicó el desconocido.

A Light ya se le estaba terminando la poca paciencia que tenía. Si había algo que Light odiase tanto es que le hiciesen perder el tiempo con tonterías. Le hizo una pequeña señal a Ryuk para abandonar el lugar pero el shinigami no estaba por la labor de marcharse.

- Oye Light. Sé un buen chico y vuélvele a preguntar por esa cosa. - dijo, señalando el reproductor. - Hay algo que no me gusta.

-Eh. Tú. - el desconocido volvió a fijar su atención en Light. - Te he preguntado por esa cosa.

- ¿Esto? - dijo alzando el objeto que llevaba en su mano. - Es... Mi diario.

- ¿Tu diario? - preguntó Light, con cara de no creerse ni una palabra.

- Sí, me gusta grabar lo que sucede durante el día en esta grabadora. Y ahora, intento escuchar una de sus entradas, pero no me dejas. (...) ¿Oh?

Ryuk se acercó al desconocido, aprovechando que éste no podía verle. Pegó su oreja a la grabadora para intentar escuchar algo, pero su dueño, le había dado al pause.

- He de irme ya. - dijo con una voz animada.

- ¿No decías que no sabías dónde estabas? - preguntó Light. - ¿Qué pasa, que escuchando ese cacharro ahora sí que lo sabes?

- (...) Chico, no digas tonterías, esto es sólo una simple grabadora. - dijo el desconocido, con una risa. - No te metas en líos. - y tras esas palabras, echó a correr, en dirección a una calle.

- ¡Oye, espera! - le gritó Light, persiguiéndole.

"Hay algo muy extraño en esta persona y pienso averiguarlo", pensó el joven.

En ese momento, el hombre a quien perseguía se metió en otra calle. Light sonrió, "qué idiota, conozco este lugar como la palma de mi mano, sé que eso es un callejón sin salida". Sin embargo, cuando éste llegó a la calle, la persona a la que perseguía ya no estaba.

- ¿Pero cómo...? ¿Cómo lo ha hecho? - dijo el joven en voz alta.

Ryuk también echó un vistazo al lugar. Definitivamente, aquel hombre ya no estaba ahí.

- Había algo muy extraño con esa grabadora... - dijo el shinigami, llevándose la mano al mentón.

- ¿Qué tenía de extraño?

- Emitía... Un poder demasiado enorme para ser 'una simple grabadora'.


En la sala de reuniones, los doce portadores del diario fueron apareciendo uno a uno. Deus Ex Machina los había convocado a todos a una reunión de emergencia. Y no estaba solo, iba acompañado de un ser de más o menos su tamaño y de apariencia siniestra.

El Primero y el Cuarto fueron los primeros en aparecer. Después fue la Segunda. Y el Séptimo, el Décimo, la Octava... Y así hasta que los 12 ocupaban sus respectivos lugares.

- Bienvenidos de nuevo portadores. - les dijo Deus. - Os he reunido aquí por un pequeño inconveniente que acaba de surgir.

- ¿Pequeño? - vociferó en Undécimo. - Deus, la ciudad en la que vivo... ¡Ya no existe! ¿Dónde demonios estamos?

- Lo mismo me pregunto yo. - dijo la Sexta, su voz sonaba preocupada. - Mi vida gira alrededor de una agenda específica que me impide salir de mis aposentos. Y sin embargo, me he visto en un lugar completamente desconocido para mí.

- Por eso estáis aquí. - interrumpió Deus. - Tengo algo que explicaros, que no resultará ni fácil de decir, ni fácil de asimilar. De acuerdo, en primer lugar, comenzaré a relataros cómo ha surgido todo esto.

Todo comenzó hace un par de semanas. La sala del Tiempo y el Espacio comenzó a mostrarse inestable y surgió una brecha dimensional. Dicha brecha era señal de que nuestro mundo y otro paralelo a éste, iban a colisionar pronto. Sin embargo Muru Muru y yo nos encargamos de hacerla desaparecer.

Aún así esta misma mañana, la brecha no sólo volvió a aparecer sino que además, lo hizo con mucha más fuerza. Por consiguiente, dos mundos que nunca jamás iban a colisionar se han visto mezclados.

Afortunadamente, no se han fusionado los dos mundos, sino que sólo ha habido una pequeña distorsión. Dicha distorsión son, en definitiva, los diarios que os entregué. De alguna forma, al calibrar los diarios para que funcionasen, hicieron que los mundos colisionasen. El problema es que, al haber hecho contacto, nuestro mundo tal y como lo conocíamos ha... Cambiado de la peor de las formas. Rechaza todo tipo de contacto con los Diarios del Futuro, y por tanto, habéis quedado atrapados aquí.

La angustia y la desesperación pronto hicieron acto de presencia en la sala. Todos comenzaron a hablar entre ellos, presas del pánico y del miedo. ¿Significa eso que no volverían a sus vidas normales nunca?

- ¡Sin embargo! - gritó el dios del Tiempo y el Espacio. - Gracias a la ayuda del Señor de los Shinigamis... - dijo señalando al tenebroso ser de su lado. - Hemos podido rescatar Sakurami y a sus habitantes. Pero no como la ciudad en sí, sino su espíritu, por así decirlo.

Vamos a hacer que la ciudad en la que se estaba desarrollando el juego de supervivencia sea la ciudad de este mundo, la ciudad de Tokio. Se hará que las personas que vivían en Sakurami formen ahora parte de este nuevo lugar y sus vidas y las vuestras se comenzarán a desarrollar aquí. De hecho, será como si siempre hubieseis vivido aquí.

Modificaremos las calles y los edificios públicos para que así se parezca a la ciudad a la que vosotros os habéis acostumbrado a vivir. Pero los nombres de dichos edificios y calles no serán modificados, así que tendréis que adaptaros vosotros a eso.

En ese momento, el Cuarto alzó la mano.

- Deus, yo tengo un problema con todo esto. Mi diario ha dejado de funcionar desde el primer momento en el que he llegado aquí.

- Ah, por eso no te preocupes Cuarto. En cuanto haya terminado de dar unos retoques por aquí tu diario volverá a funcionar.

El shinigami que acompañaba a Deus miró detenidamente a todos y a cada uno de los presentes en aquel juego. Después, sonrió de manera retorcida y exclamó.

- ¡Ex Machina me habló de todos vosotros y ahora que os veo, soy incapaz de predecir quién de vosotros puede resultar vencedor! Por un lado, felicito vuestro valor al adentraros en un juego tan peligroso. Por otro lado, lo que hacéis es bastante temerario. Así que no sabría si decir que estáis todos como regaderas o sois de los humanos más valientes que he conocido.


Tras la reunión, Deus Ex Machina, junto con Muru Muru y el shinigami fueron a dar los últimos retoques al plan del Dios para darles a los usuarios lo necesario para seguir con el juego. Yukiteru y Kurusu se juntaron para hablar sobre lo que había surgido.

- Todavía no puedo creerme que estemos en otro mundo... - murmuró Yuki.

- Suena realmente descabellado, de eso no hay duda. Sin embargo, después de lo que ha ocurrido me lo creo.

A su pequeña charla se unió la Segunda, quien abrazó a Yuki por la espalda.

- Estaba tan preocupada por ti... Menos mal que estás bien...

- Yuno... - susurró Amano. Se había olvidado de ella. Estaba tan sorprendido de todo lo ocurrido...

- Me alegro de conocerte al fin, Segunda. - dijo Keigo, con una sonrisa.

- Lo mismo digo Cuarto. Has ayudado a Yuki, así que supongo que te debo una. - contestó ella de vuelta, también sonriendo.

Poco después de haberse dado a conocer, apareció de nuevo Deus.

- De acuerdo, siento haberos hecho esperar. Ya podéis volver todos a las calles de la ciudad. Ahora la ciudad va a sufrir un cambio para poder adaptarla así a vuestra querida ciudad. - tras una breve pausa, Deus añadió. - Tendréis los mismos puestos de trabajo que en Sakurami solo que en Tokio. Lo mismo va para aquellos que todavía van a clase. Iréis al instituto que pueda haber en este lugar. Si necesitáis algo más, sois bienvenidos aquí.

Los jugadores poco más iban a hacer ahí. Todos volvieron a su dimensión, no muy contentos con lo ocurrido en el día de hoy.

Yukiteru se dispuso a irse también, pero entonces Yuno le detuvo.

- Yuki... No te vayas... - le suplicó.

- Yuno, he de volver... A casa. - contestó éste. - No te preocupes, como bien a dicho Deus, volveremos a nuestras vidas y rutinas diarias. Nos veremos mañana en clase.

La chica asintió con la cabeza y despidiéndose con la mano, abandonó el lugar.


Tras un buen rato caminando, Yukiteru halló una casa exactamente igual a la suya en una de las calles de Tokio. ¿Sería esa su... nueva casa? Tomó las llaves de su bolsillo e intentó abrir la puerta principal. Ésta se abrió, sin ningún problema.

Cuando entró dentro del edificio, se encontró con los muebles y la decoración de la casa en la que vivía en Sakurami. Entonces supo que estaba en el lugar indicado.

Yukiteru subió as escaleras, dirigiéndose así a su cuarto. Todo estaba intacto: su juego de dardos, el desorden de su cama... Incluso la mochila que usaba para el instituto estaba ahí.

El chico entonces, comenzó a reflexionar sobre lo que Deus había dicho y también el las palabras que le había dicho a Yuno. Era cierto eso de que pronto volverían a la rutina diaria y a sus vidas, pero... Él no estaba muy seguro de si sería capaz de adaptarse a la nueva ciudad.

Cansado de todo lo sucedido se metió en la cama y cerró los ojos. Mañana sería otro día.