Disclaimer: Los personajes le pertenecen a S. Meyer y la trama está basada en una historia creada por Idea Factory, Reject y Zexcs.

Hola a todos, nuevamente vuelvo con el tercer capítulo. Este fue uno de los que más tiempo me costo escribir así que espero que lo aprecien y, por supuesto, lo disfruten también.

Gracias por los buenos comentarios, sin más, nos vemos la próxima semana. Adiós.


CAPÍTULO 3

¿Vampiros?

No, esta situación era completamente irreal, parecía una interminable pesadilla. Mi corazón latía descontroladamente y en ese momento lo único que logré hacer fue desabrochar con mis temblorosas manos el crucifijo que llevaba como colgante para luego estirar mis brazos hacia delante, posicionando la pequeña cruz plateada justo frente a mí.

—¡Tomen esto! —grité nerviosa, cerrando fuertemente mis ojos al mismo tiempo que rezaba desesperadamente.

Pasaron unos momentos en silencio y me sentí a salvo, hasta que escuche varias risitas burlonas. Abrí mis ojos para encontrarme a los seis hermanos riéndose a gusto mientras me admiraban como si fuera algún tipo de raro animal.

—Honestamente… ¿De verdad creíste en cuentos de hadas que aseguran que los vampiros son vulnerables al ajo, cruces sagradas y a la luz del sol? —dijo con tono cansino Demetri mientras acomodaba sus lentes —. Eso sólo demuestra cuan ingenuos y arrogantes pueden llegar a ser los mortales.

No podía creerlo pero en realidad estaba sucediendo, estaba encerrada en una mansión con seis vampiros, seres que hasta este momento había considerado ficticios pero que, sin lugar a dudas, ahora los tenía en frente.

Casi por instinto e ignorando el punzante dolor en mi rodilla, me incorporé rápidamente y eché a correr, abriendo de par en par la puerta de la sala para poder salir de aquella habitación en la que se encontraban mis peores pesadillas.

Con cada paso que daba podía sentir el creciente cansancio golpeándome y maldecí el nunca poder haber hecho deportes, maldecí la descabellada situación en la que me encontraba y también me maldecí a mi misma, por haber sido tan estúpida, pues desde que entre a esta mansión era obvio que algo andaba mal. Tuve que haber llamado a papá apenas me baje del taxi, tuve que haberme ido luego del ataque de Edward, tuve que haber hecho tantas cosas… Como deseaba que mi papá estuviera aquí conmigo, protegiéndome como siempre.

Y de solo recordar que mi padre estaba tan lejos de mí, sentí como mi ojos se llenaban de lágrimas y en pocos segundos mi vista estaba completamente nublada pero aún así no paré de correr por el oscuro pasillo, que en este momento parecía interminable. Aunque claro, supe que fue una mala decisión cuando sentí como mi pie se doblaba y volvía a caer fuertemente al suelo, amortiguando la caída con mis manos.

Aterrada, intenté incorporarme pero mi pie estaba enredado con lo que parecía una especie de cable. Sentándome en el suelo, intenté desesperadamente desenredarme tirando fuertemente del cable, haciendo que un objeto unido a este cayera al suelo provocando un ruido seco.

Nuevamente comencé a recitar mentalmente mi ronda de maldiciones, hasta que me fijé en que aquel objeto desgraciado era un teléfono fijo.

Emocionada con mi hallazgo, miré hacia ambos lados del pasillo y, afortunadamente, estaba desolado. Sin perder más tiempo, me incorporé rápidamente con el teléfono entre mis manos mientras arreglaba el cable con el que me había tropezado, que era precisamente el que mantenía el teléfono conectado a la línea.

Con mis manos temblorosas, marqué aquel número que bien me sabía de memoria y esperé ansiosa a que papá contestara pero luego de unos segundos con el teléfono pegado a mi oído dejé de escuchar los pitidos característicos de una llamada en espera. Confundida, dirigí mi vista al cable para fijarme es que estaba… ¿Cortado?

Parecía imposible hasta que escuché una risa burlona resonando por todo el pasillo, volví a mirar a ambos lados pero no había nadie. Horrorizada, solté el teléfono para volver a correr pero no pude avanzar ni dos pasos hasta que sentí una mano en mi cintura, abrazándome por detrás, y una respiración pesada en mi oído.

—Te dije que no necesitaría un teléfono mientras estés aquí —escuché como me susurraba una grave voz masculina, haciendo que un escalofrío me recorriera todo el cuerpo —. Adivina quién soy, little bitch.

Supe quien era al instante pero, sin valor para girarme, me solté como pude de su agarre y volví a correr con todas mis fuerzas sin mirar atrás. No sé exactamente cuanto tiempo pasó, aunque para mí fue una eternidad, hasta que volví a encontrarme con la alfombra roja del pasillo principal que me llevó rápidamente a la entrada.

Paré bruscamente ante la puerta e intenté abrirla pero, por supuesto, estaba cerrada con llave. Con impotencia, la golpeé fuertemente, esperando con todas mis fuerzas que un milagro ocurriese.

Pero nada de eso pasó, muy al contrario, vi como una mano se estampó en la puerta a pocos centímetros de mi cabeza y, sentí que el corazón se me iba a salir cuando, al darme la vuelta, me encontré de frente con el sonriente rostro de Edward.

—¿A dónde estas tratando de ir? —me preguntó con un tono sarcástico mientras ensanchada su sonrisa, mostrando sus filosos y aterradores colmillos —. Ahora es el momento para que grites hasta que tus pulmones no puedan más, sabes que ya no puedes escapar de mí.

Paralizada veía como sus ojos verdes se acercaban peligrosamente a los míos pero en un segundo a mi mente volvieron los recuerdos de su primer ataque y eso fue estímulo suficiente para que reaccionara a empujarlo con mis últimas fuerzas.

No esperé a ver su reacción y, al tener la salida principal bloqueada, no tuve más remedio que subir las escaleras sabiendo muy bien que ya no tenía escapatoria.

El segundo piso era casi una réplica del primero, pasillos largos y oscuros con varias puertas cerradas. Para este momento, más que correr ya estaba trotando desesperadamente y, en contra de mi voluntad, tuve que parar unos segundos para calmar mi respiración antes que me diera un infarto.

Miré hacía atrás para asegurarme que nadie me estuviera persiguiendo y así era, atrás mío solo había una profunda oscuridad. Volví mi mirada hacia el frente y fruncí el seño a darme cuenta de algo que antes había pasado por alto, a pocos pasos estaba una puerta levemente abierta, por la cual se colaba un poco de claridad.

Sin pensarlo dos veces, avancé hasta la puerta y la abrí rápidamente para pasar. Una vez dentro, la cerré silenciosamente con pestillo y me dediqué a admirar donde me encontraba.

Era una habitación bastante espaciosa, por lo cual contaba con varios muebles, sin embargo, todos estaban tapados con sábanas blancas, como si esta recámara le perteneciera a alguien que ya no vive aquí. Avancé lentamente hasta llegar a unos ventanales enormes, cubiertos con finas cortinas blancas, por los cuales se colaba la luz de la luna.

Lentamente moví las cortinas para encontrar un pequeño balcón y no solo eso, allí también se encontraba parada la silueta de una mujer con largo cabello color castaño que le cubría hasta las caderas, por las cuales caía un vestido de color negro que llegaba hasta el suelo.

No podía quitar mis ojos de ella y, de repente, como si se hubiera percatado de mi presencia, ella se giró para mirarme pero apenas sus profundos ojos verdes se encontraron con los míos, sentí un punzante dolor en el pecho que me hizo perder el equilibrio, cayendo hacia atrás y golpeando un mueble a mis espaldas.

Caí sentada junto a otros objetos que estaban sobre el mueble con el que me tropecé. Volví a mirar al ventanal pero la mujer había desaparecido, intenté ignorarlo mientras buscaba desesperadamente en mis bolsillos una pequeña cajita. Rápidamente la saqué y la abrí para sacar un par de pastillas que me tragué rápidamente, acostumbrada a tomarlas sin agua.

Nuevamente llevé mis manos sobre mi pecho, intentando controlar mi respiración mientras esperaba que las pastillas surtieran efecto. Pues, claramente, toda esta terrorífica situación y el haber corrido por toda la mansión era mucho más de lo que mi corazón podía soportar.

Quizás a una persona con una condición física normal le parezca exagerado pero no para mí, que nací con un corazón deficiente, por lo que con tan solo seis meses de vida fui sometida a un trasplante de corazón, cirugía a la que pocos recién nacidos sobrevivían.

Por ello, siempre me he considerado afortunada y, sobre todo, bendecida. O así me sentía hasta hace un par de años, en donde comencé a sufrir esporádicos dolores en el pecho, los cuales a medida que pasaba el tiempo se fueron intensificando hasta el punto de volverse insoportables. Aunque cuando mi padre me llevó al médico, este simplemente me recetó unas pastillas para mitigar el dolor y me aconsejó que me alejara de situaciones estresantes.

Y eso era justamente lo que intentaba hacer, alejarme de esta situación que parecía sacada de mis peores pesadillas, aunque eso iba a ser prácticamente imposible mientras no lograra calmarme. Así que con esa lógica, decidí acomodarme mejor en el piso para vigilar más eficazmente la puerta y, mientras el dolor disminuía, dirigí mi vista hacia los objetos esparcidos por el suelo debido a mi caída; todos ellos eran libros que parecían bastante antiguos aunque hubo uno en especial que captó mi atención.

Entre todos, se encontraba un libro o más bien una especie de cuadernillo que con la caída se había abierto, dejando al descubierto varias notas escritas a mano con una caligrafía impecablemente ordenada, lo que llamó mi atención puesto que la mía es un desastre.

Debido a mi curiosa naturaleza decidí tomarlo para echar un pequeño vistazo, pues quizás eso me daría alguna pista de quienes eran los habitantes de esta mansión y de la conexión que estos podrían tener con mi padre pero nada más levantar el cuadernillo hizo que de entre sus páginas cayera un papel.

Distraída por esto, primero examiné el papel para darme cuenta que se trataba de una foto algo desgastada y, al apreciarla más de cerca sentí como mi corazón volvía a palpitar descontroladamente, pues en aquella foto se mostraba a mi padre de joven, vestido con su túnica de sacerdote y sosteniendo a un pequeño bebé que estaba dormido y envuelto en una sábana de color rosa.

Aún procesando toda esta nueva información decidí leer rápidamente el cuadernillo, comenzando desde la primera página, en donde habían anotado la fecha del 20 de Abril de 1988 y par de líneas debajo.

—Isabella me da felicidad —susurré para mi misma mientras iba leyendo —… El hecho de que no sea realmente mi hija no significa nada ahora, solo estoy agradecido por esta gran bendición que vivo cada día.

¿Es acaso este el diario de mi padre?

Pero, si ese fuera el caso, no comprendo que hace en un lugar como este y menos porque tiene escrito disparates como los que acabo de leer pues, obviamente, mi padre es incapaz de haberme mentido todos estos años… Aunque estoy segura que el hombre de la foto es él y, ciertamente el nombre escrito en el diario coincide con el mío pero aún así me niego a creerlo, sea como sea necesito contactarme con mi padre y aclarar toda esta situación.

—De todos los cuartos tuviste que escoger este para entrar —mencionó una voz grave, interrumpiendo bruscamente mis pensamientos.

Cuando me volteé al sonido de aquella voz, me topé con la abrasadora mirada de Demetri y no sólo eso, si no que también me percaté de la presencia de los otros cinco hermanos dentro de la habitación, quienes creaban una especia de semicírculo a mi alrededor, haciendo imposible que corriera hacia la puerta, la cual misteriosamente no había sido abierta en ningún momento.

—Enserio, ¿cómo hiciste para entrar justo aquí, little bitch?

Mi vista se dirigió al más alto de todos los hermanos, quien se encontraba a pocos pasos de mí, contemplándome con una sonrisa burlona que parecía nunca borrarse de su rostro.

—Por favor mantente en tu lugar, eres mi presa —dijo Alec con tono monótono.

—No… No soy la presa de nadie —respondí intentando sonar lo más calmada posible.

—¡Deja de ser tan molesta! —gritó repentinamente Riley mientras estampaba su puño contra el mueble a mis espaldas, haciendo que varios libros cayeran peligrosamente cerca de mí.

—Oh vamos, no de nuevo Riley —se quejó Emmett.

Riley simplemente le ignoró sin despegar ni un segundo su dura mirada de la mía y, fui imposible de mantenerla por mucho tiempo hasta que decidí simplemente mirar al suelo intentando crear un plan de emergencia pero, antes de poder hacerlo, una mano me tomó bruscamente de la barbilla, girando mi cabeza hacia mi derecha para encontrarme muy de cerca con la cara de Edward.

—Esta vez no te vas a volver a escapar—dijo el castaño mientras se acercaba peligrosamente.

—Creo que también tomaré mi parte —dijo Emmett mientras se posicionaba a mi izquierda.

Sintiéndome atrapada, miré desesperadamente al frente para encontrarme con Alec, quien parecía algo molesto aunque tampoco hacía nada para detener la situación.

De repente sentí que Emmett aparto mi cabello, dejando mi cuello al descubierto. Nerviosamente, me intente apartar pero a mi izquierda sentí una respiración pesada en mi hombro.

—De-deténganse —les pedí desesperadamente mientras miraba aterrada a los demás hermanos —, ¡Por favor deténganse!

Cerré mis ojos bruscamente mientras gritaba que pararan pero la situación no parecía mejorar, incluso podía sentir sus colmillos rozando dolorosamente mi piel hasta que, por milagro, un estruendoso ruido interrumpió la situación.

Todos en la habitación dirigimos la mirada al origen del ruido para encontrarnos con un espejo roto en suelo.

—Perdón, lo dejé caer por accidente —dijo perezosamente Jasper, quien se había apoyado descuidadamente sobre un mueble.

Luego de la interrupción, la habitación se sumió en un completo silencio. No sé exactamente cuanto tiempo pasó pero mi mirada no se podía apartar de él pues extrañamente parecía que había intentado ayudarme. El único, de hecho, que había intentado hacer algo por mi bien en todo el día.

—Sólo hay una cosa que debes comprender en su totalidad —me recalcó Demetri, interrumpiendo aquel casi agradable momento —, y eso es el hecho de que nunca podrás escapar de nosotros.

—Nunca cambias, Demetri —reclamó Riley, nuevamente enfadado —. Simplemente ve al grano y dile que si intenta escapar, está muerta.

Para este momento, mi mente estaba trabajando a mil y, aún así, seguía sin procesar todos los sucesos que habían pasado en las últimas horas.

Y es que, nadie puede realmente culparme de seguir incrédula ante el hecho de estar encerrada en una habitación con seis vampiros que intentan atacarme a la mínima oportunidad, a pesar de que ellos mismos habían establecido que no tenían permitido matarme, sin embargo, recién ahora me entero que ese trato solo aplica, siempre y cuando, no intente escapar, lo cual es exactamente lo que he intentando hacer durante todo este tiempo. Sin mencionar, que cabe la posibilidad de que no sea la hija biológica del que hasta ahora había considerado mi padre.

Incluso ahora, después de todo ese razonamiento, esta situación me parecía aún más descabellada. Sentía como si algo no encajara, un detalle que estaba pasando por alto…

—Oye, tabla —Irritada, me giré hacia la derecha para encontrar al origen de todos mis males —. ¿Estás lista?

De repente, la respiración comenzó a faltarme y, fue recién entonces, cuando comprendí lo que realmente estaba sucediendo; Edward tenía una de sus manos alrededor de mi cuello, el cual estaba apretando fuertemente haciendo que me sea casi imposible respirar.

No comprendía realmente cual era el punto de matarme ahora pero, luego de unos segundos, cuando mi conciencia comenzó a nublarse y sentí que él aflojó de a poco su agarre me di cuenta que no intentaba matarme, simplemente buscaba dejarme inconsciente para que abandonara mis intentos de escapar o resistirme a sus ataques.

Sin embargo, eran tantas las atrocidades que estos sicópatas podían hacer conmigo mientras estaba inconsciente que, mientras todo a mi alrededor se volvía negro, le rogué con mis últimas fuerzas a Dios para que me ayudara.