¡Hola a todos!

Me han pasado un montón de cosas esta semana, afortunadamente la mayoría han sido buenas. Así que vengo muy contenta a compartirles este tercer capítulo, que espero sea de su agrado.

Agradezco de corazón a todos los que se toman la molestia de pasar a leer : )

En general les mandó un beso enorme enorme :***

Disclaimer: Kuroko no Basket no me pertenece, todo es obra de Fujimaki-san.


Detrás del balón

Ese tipo de personas

Antes de pedir cualquier explicación al respecto ya tenía el puño de Kasamatsu en la cabeza. Todos en la práctica comenzaron a reír aunque estaban extrañados por la herida que mostraba el impecable rostro del rubio, misma que era cubierta con una cinta en forma de reloj de arena.

—Entonces te enfrentaste a ese sujeto. Admite que fue por interés propio.

Ese era el capitán del equipo, estudiante de leyes de cuarto año, Sugita Natsu. Era el chico más alto del equipo, casi rozando los dos metros además de ser sumaente corpulento. Su posición de juego era centro. Muy enérgico y bromista. Poseía una cabellera corta de color marrón oscuro, al igual que sus ojos.

—Claro que no –negó agitando la mano.

—Pero no deberías usar tus habilidades indiscriminadamente –volvió a golpearlo Kasamatsu-. ¿Qué hubiera pasado si sucedía algo peor?

—Pero no podía quedarme sin hacer nada…

—Admiro tu valentía Kise-kun –halagaba Sakurai.

—Es sólo porque fue deporte, si hubieran peleado le hubieran dado una paliza –comentó un quinto.

Egami Haru era un chico particularmente fastidioso, de tercer año en la escuela de ingeniería. Jugaba de pivot la mayor parte del tiempo, eso cuando Kise no ocupaba la posición. Tenía envidia de la popularidad creciente del novato, aun así no le caía mal ni se llevaban pésimo tampoco. Simplemente lo toleraba. Media 1.85 mts. De aspecto rebelde, más por sus alborotados cabellos puntiagudos de color azabache.

—Tal vez –dijo un sonriente Kise, iba a tomarlo como lo que era…una broma.

—Kise, ¿puedes copiar movimientos de pelea? Es decir, si alguien pelea contigo…-habló Sugita.

—Pues –se llevó la mano a la barbilla-. Nunca lo he intentado. La verdad es que nunca me he peleado a golpes con nadie -misteriosamente un aura súper brillante parecía haber salido de las espaldas de Kise.

—¡Entonces yo te estrenaré Ryouta! –gritó Haru lanzándole un puñetazo al cuerpo.

—Dejen de jugar y vengan acá –les llamó el entrenador.

—Nos estábamos divirtiendo –la decepción reinó en Haru, quien casi logra su cometido de sacarle el aire al rubio.

—Senpai~ ¿Por qué todos quieren golpearme? -lloró Kise cual niño pequeño.

—No sé, ¿por qué será? –dijo sarcásticamente Kasamatsu rodando los ojos.

—¡¿Qué se supone que significa eso?!

—Como saben tenemos tres partidos antes de entrar al torneo regional de Chubu. Hemos ganado un juego y espero sean igual de eficientes para el próximo que será el día de mañana.

—¡Ganaremos! –vociferó Natsu.

Motivados ante las deseos de ganar, el entrenamiento fue llevado exitosamente. Isshin, su entrenador, era alguien sumamente exigente pero para nada inflexible, aunque constantemente los llevaba a sus límites para obtener mejores resultados.

—Esto… Kise-kun –tímidamente Sakurai llamó al blondo quien recogía sus cosas para marcharse.

—¿Qué sucede?

—Pues, veras… lo siento –dijo primero que nada. Kise sonrió paciente. Menos mal que Yukio no andaba cerca-. Yo quería saber si podías… lo siento.

—¿Qué? –volvió a repetir. Sakurai era alguien muy extraño.

—Ayudarme con mi tarea de algebra –soltó de golpe e inmediatamente se disculpó agachando su cuerpo constantemente.

—Con que era eso… Claro, ¿ahora mismo?

—Si no es mucha molestia –habló con pena.

—¿Quieres quedarte en mi casa? Es muy grande y no habrá problemas con mis abuelos.

—¿De verdad puedo?

—Claro.

—Sí, está bien. Lamento las molestias.

—¿Qué traman ustedes? –preguntó Kasamatsu al verlos.

—Estudiaremos juntos en mi casa –respondió Kise.

—Hablando de eso Kise –mencionaba seriamente el moreno-. Necesito que me ayudes con inglés.

—Oh senpai, ¿en verdad está pidiendo mi ayuda? –no podía ocultar la sonrisa en su rostro por el hecho.

—¡No me hagas repetirlo de nuevo!

—Sakurai, ¿es mucha tu tarea? –preguntó Kise, el castaño comenzó a ponerse azul de los nervios.

—Pues… a… más o menos. Lo siento, en verdad lo siento.

—No te preocupes Sakurai, tú se lo pediste primero.

—Pero Kasamatsu-senpai….

—Dije que está bien –le miró con esa cara de terror que bien sabía poner y había perfeccionado en Kaijou.

Curiosamente mientras atravesaban el campus para dirigirse al metro, Kise se encontró con su compañera de clase, Aoi. La saludó efusivamente desde la distancia. Tal vez fue el único que se preguntó qué hacía ahí a esas horas.

—Kise-kun, Sakurai-kun, Kasamatsu-kun –habló a modo de saludo la oji verde.

—Kimura-san, que sorpresa verte tan tarde.

—Oh, bueno, venía por unos libros que olvidé tomar esta tarde. ¿Acaban de terminar?

—Así es –respondió Sakurai.

—Kimura-sa, ¿estás libre esta noche? –siseó Kise, tan jovial como sólo él podía.

—¿Por qué? –de nuevo frunció el ceño antes las confusas palabras del rubio.

—No pongas esa cara –comentó con desaire, aunque fuera para eso no había necesidad de poner esa cara como si fuera lo peor del mundo-. Veras, Kasamatsu-senpai necesita un tutor de inglés, y ya que eres tan buena como yo estaba pensando en…

—Oye Kise si no quieres hacerlo tú puedo hacerlo solo, no involucres a gente de esa manera –menos si se trataba de una mujer.

—Si puedo tomar el metro de las once y treinta está bien –respondió Aoi.

—No tienes que –insistió Kasamatsu más por pena que otra cosa.

—No es molestia -le era imposible decirle no a Kise en esos momentos, no cuando había actuado tan valientemente por ella.

—¡Entonces vamos a casa! –gritó de lo más entusiasmado.

—¿A tu casa? –había tomado por sorpresa a Kimura.

—Si… ¿no dije eso antes?

—Me temo que no.

—¿No puedes?

—Sí, solo que olvidaste mencionarlo –sonrió forzosamente. Pensaba que estudiarían en la escuela. Pero ya era tarde para arrepentirse.

—Kise idiota –Kasamatsu golpeó al rubio por enésima vez en el día.

—Lo siento, lo siento. Es mi culpa –siguió Sakurai.

Era un grupo extraño.

La casa de la familia de Kise era muy grande. Y a pesar de ser más o menos céntrica tenía un gran terreno, posiblemente debido a que la casa era muy antigua, antes de que Nagoya fuera tan urbanizada.

Su aspecto era meramente tradicional, muy al estilo de un dojo japonés. Estaba resguardada por grandes paredes blancas que formaban el perímetro del extenso patio de la misma; muy cuidado por lo que podían ver. La casa contaba con dos pisos y techo con tejas color índigo.

Poseía un corredor largo que daba justo a la entrada. El interior tenía colores neutros y no muchas decoraciones salvo algunos cuadros y floreros elegantes. Aunque por fuera luciera tan antiguamente japonesa, el interior era un poco más moderno.

—Kise, tu casa es enorme –comentó Kasamatsu.

—Es la casa de mis abuelos. Pero si, es enorme.

—Ryou-chan ¿eres tú?

Deslizando un shōji, una señora de edad mayor se acercó hasta los muchachos. Tenía sus cabellos blancos fielmente atados en un moño alto y en su rostro se apreciaban los signos de la edad.

—Así es abuela. Traigo conmigo a unos amigos –respetuosamente Kise le ofreció una reverencia, el resto del grupo hizo lo mismo.

—Mucho gusto –la vieja inclinó la cabeza y sonrió para todos.

—¿El abuelo está dormido ya?

—Sí, hoy estuvo cansado –comentó pasivamente.

Kise no pudo evitar poner una cara de preocupación. Aoi y Kasamatsu se encogieron de hombros, pues ambos sabían del estado de salud de los dos ancianos.

—Siéntanse como en casa –tomó de nueva cuenta la palabra la anciana para romper el incómodo momento.

—Muchas gracias –dijeron en coro. Después de eso la anciana desapareció.

—¿Quieren algo de tomar? –Preguntó Kise.

—Agua, por favor –pedía Aoi. Yukio y Ryou pidieron lo mismo.

La sala de estar era muy cómoda, pero poco tiempo estuvieron ahí dado que subieron a la segunda planta donde estaba localizada la habitación del rubio.

El espacio era reconfortable y grande. Había una cama con base de madera justo al lado de un gran ventanal. Una mesa de estudio a juego con una bonita silla y lámpara. Así como un mueble enorme atiborrado de libros de todo tipo. En el centro una mesa cuadrada de medianas dimensiones y en cada lado unos suaves cojines de color azul cielo. Todo en perfecto orden y en su respectivo lugar, además de que esa habitación olía demasiado dulce. Ninguno estaba equivocado al pensar que eran los litros de colonia que Kise usaba diariamente lo que le daba esa fragancia permanente a la habitación.

—Apesta a ti –espetó Kasamatsu sin miramientos.

—Tan malo como siempre senpai –lloriqueó como de costumbre.

—¿Serán acaso las feromonas de Kise-kun? –comentó Sakurai de lo más impresionado. Él no era feo, pero sabía perfectamente que Ryouta estaba en otra liga.

—No seas imbécil Sakurai –gruñó Yukio.

—Abramos la ventana para que entre aire fresco –dijo Aoi quien ya estaba haciendo lo dicho.

—¡¿Tú también?!

—Ya cállate, que no venimos a eso –rápidamente Kasamatsu le dio un piquete en el costado a su querido vasallo para que se centrara-. Cuento contigo Kimura-san.

Antes de que sucediera otra cosa los cuatro se dispusieron a trabajar en lo que les competía. Ryou estaba más que encantado con las explicaciones tan eficientes de Kise, que a pesar de que no estudiaban lo mismo podía entender perfectamente esos temas que a él ni por nada en el mundo le entraban en la cabeza…hasta ahora.

Kasamatsu tampoco podía quejarse de la chica que tenía por tutora. Aoi era muy paciente con él y no tenía mayor problema en explicarle en repetidas ocasiones si algo no había quedado claro. Su forma tan tranquila de hablar y el tono de su voz la hacían perfectas para la enseñanza.

Sakurai ponía mucho empeño en sus ejercicios. Por lo que después de una hora y media ya iba por la mitad gracias a Kise. Yukio intentaba mantener una conversación en el idioma extranjero con Aoi. Y el modelo no podía evitar reírse tímidamente ante los intentos del moreno.

So, why she choose that position? –esperó unos segundos la respuesta, pero nada salía de la boca de su alumno-. Come on, you can do it so much better.

Because she… -estúpido ingles pensaba Kasamatsu.

Cuz she didn't know what to do –contestó Kise por él.

Don't say "Cuz", is wrong.

—Pero se oye mucho mejor –Ryouta ya había entrado en su faceta de berrinchudo.

—Solamente provocas que se confunda.

—Yo quería ayudar –ahora estaba en la de pucheros.

—¡Kise! –alzó la voz, molesta.

El mencionado comenzó a reír cada vez más fuerte por la reacción de su compañera. Y pese a estarse burlando de ella encontraba muy relajante su risa, por no decir bonita. Y hubiera estado así de no ser por que Kasamatsu le arrojó un cojín para que se callara de una vez por todas.

—Iré por algo de comer –estipuló después de recuperar el aliento ante su ataque repentino de risa.

—Necesito ir al baño –se paró Aoi de su lugar.

—Sígueme.

Cuando Aoi salió del baño Kise seguía en la cocina decidiendo qué cosa era mejor llevar para todos. Ciertamente era abril todavía pero el frio se mantenía por las noches.

—¿Necesitas ayuda?

—Sólo estoy poniendo todo en esta bandeja, no hay problema –al final había optado por galletas y té.

—¿Cómo sigue tu herida? –el rubio fleco le impedía poder ver con claridad su ceja.

—Está bien, ya no duele ni nada.

—Si duele puedes usar la crema que te he dado en la mañana –articuló un poco incómoda.

—Claro, Thank You –el acento de Kise era tan bonito que le sacó un fugaz sonrojo contra toda predicción suya.

—El trabajo ha quedado bien –cambió de tema.

—Hacemos buen equipo, deberíamos trabajar juntos la próxima vez.

—Por supuesto, siempre y cuanto te mantengas centrado.

—¿Es un reproche?

—Algo por el estilo. En fin, iré arriba con Kasamatsu-kun ya que me iré pronto –indicó la planta de arriba con la mano.

—Por cierto, Kimura-san, ¿hay algo que no te guste de mí?

—¿Eh? –parpadeó de lo más incrédula-. ¿Por qué?

—Como decirlo…-hizo una mueca- siempre que insinúo algo referente a una cita, cuando en realidad no estoy suponiendo nada –aclaró- haces un gesto con la mirada como si te molestara.

—Es porque no me gustan los chicos –dijo con naturalidad.

Hubo un silencio sepulcral en la cocina de varios segundos. La piel de Kise pasó de ser clara a tornarse de un carmín muy llamativo de sólo pensar que la chica frente a él tenía ese tipo de gustos. Demonios, que nadie confesaba eso de buenas a primeras.

—¡No me refiero a que soy de ese tipo! –gritó ofuscadamente Aoi.

—¿No? –apenas gesticuló Kise de la impresión.

—Claro que me gustan los chicos –corrigió apresuradamente-. Es únicamente que no quiero salir con nadie y me molesta que me lo pidan.

—Con que era eso –suspiró aliviado.

—No tengo tiempo para esas cosas –habló un poco más normal después de obtener compostura ante sus imprudentes palabras.

—Es que nadie me había puesto esa cara antes, así que estaba un poco sorprendido.

—Te diré un par de cosas, tómalas como mejor te parezcan. Ciertamente eres alguien interesante, por no decir inteligente y bien parecido. Pero es por eso mismo que no encuentro interés alguno en ti… Tú mismo acabas de afirmar que siempre obtienes lo que quieres con las chicas sólo por tener esa cara bonita. Pero conmigo no funciona así. Me caes bien, pero exclusivamente es eso.

Kise Ryouta quedó como paleta helada mientras escuchaba las palabras de su compañera. Era cierto que no estaba pretendiéndola porque él tampoco tenía tiempo para dedicarlo a una relación amorosa, sin embargo, era el orgullo en donde aquellas palabras habían calado.

La preparatoria le había dado muchas lecciones en su vida, incluso le había hecho entenderse a sí mismo mucho mejor. Había perdido en más de una forma pero siempre se levantaba de la derrota, la superaba y avanzaba con la frente en alto. Tal vez en lo que nunca perdió fue en el ámbito sentimental… y es que como siempre había afirmado nunca había sido rechazado por una chica, inclusive aunque algunas se hubieran hecho las difíciles al principio.

¿Número de relaciones antes de entrar a la universidad?… Bueno, no podía contarlas con ambas manos, y no se sentía culpable por ello ya que no había encontrado alguien por la cual valiera la pena esforzarse. Si, está en eso le gustaba pelear. Porque toda su vida había obtenido las cosas a lo fácil, y aunque a veces no le molestara que fuera así, las cosas con las que más se empeñaba y le tomaba cariño eran aquellas que le hacían sudar sangre para obtenerlas…como el basquetbol.

—Iré con los chicos, ¿te ayudo? –habló primero Aoi ante la nula respuesta de Kise después de su comentario. Al diablo si había sido ruda o no, eso era lo que pensaba y nada lo iba a cambiar.

—Yo lo llevo.

—Te espero arriba… -fue lo último que dijo antes de ir de nueva cuenta a la habitación de Ryouta.

—Cielos, ¿qué le pasa a esa chica? –sonrió para sí mismo.

—Parece interesante, ¿no es cierto? –se escuchó a una voz senil de entre la oscuridad.

—Abuelo –musitó-. ¿Estabas escuchando?

—Un poco.

—Es de mala educación espiar a las personas sabes…

—No espiaba, solamente vine por un vaso con agua y vi que estaban ocupados en lo suyo –se excusó.

—Mentira~…

En el segundo piso Kasamatsu y Sakurai parecían ya haber arrojado la toalla.

—Si le ponen un poco de ganas así como el baloncesto apuesto que les irá bien –fue el vano intento de ánimo por parte de Aoi.

—En realidad sólo pienso que mañana tenemos juego.

—Y examen –agregó la castaña. El moreno arrugó la frente.

—Sakurai, ¿eres bueno en inglés?

—Un poco…

—¿Y si cambiamos de examen? –Yukio estaba derrotado sobre la mesa de centro.

—No puedes hacer eso –expresaba la castaña como un susurro.

—Traje algo de comer –anunció Kise mientras pasaba.

—¡Lo siento! –gritó y respingó Sakurai al mismo tiempo.

—¿Por qué te estas disculpando? –dijeron los tres al unísono.

Una hora más tarde llegó el momento en que Aoi debía irse para que pudiera tomar el último metro de vuelta a casa. Los tres chicos bajaron para acompañarla hasta la estación, que no distaba mucho de ahí. Como las temperaturas eran bajas y Kimura no llevaba el abrigo adecuado Yukio le pidió a Kise que le prestara uno suyo; a regañadientes Aoi tuvo que aceptarlo.

—Esperen –advirtió la voz del abuelo de Kise. Los cuatro estaban sobre el genkanponiéndose los zapatos.

—¿Qué pasa abuelo?

—Nada en particular –se rascó la mejilla con el dedo índice. Todos lo miraron extrañados.

—¿Necesita algo? –amablemente preguntó Kasamatsu.

—Si… ¿tú y ese jovencito podrían ayudarme? –señaló a Sakurai.

—¿Yo?

—Sí. Mientras Ryou-chan puede acompañar a la señorita.

El ambiente se tornó pesado súbitamente, tal vez por la sonrisa malvada que el anciano tenía el rostro… como si tramara algo. Kise negó con la cabeza mientras le sonreía al viejo, lo conocía tan bien como a su padre o su hermana mayor. Esa cizaña era hereditaria, ¿por qué él no la había obtenido?

Tan sólo eran cinco cuadras de la casa hasta la estación, pero parecían dos mil con tan solo el chillido de los grillos nocturnos. Kise tal vez se había ofendido por lo que había dicho… pero no podía hacer nada, era lo que pensaba.

Refugió su boca dentro de la sudadera de Kise, que olía exactamente igual que su cuarto. Aunque lo más propio tal vez era decir que olía a él…Pero no era como si lo hubiera olido antes para comparar.

Como era de esperarse había escasas tres personas aguardando la llegada del metro, por lo que Aoi tomó asiento en una banca y Kise la imitó a un lado suyo.

—Haré que cambies de opinión –habló Kise con la mirada al frente.

—¿Sobre qué? –tampoco volteó a verlo.

—Sobre mí.

—Tengo opinión más o menos de ti –sonrió-, ¿quieres que cambie a una mala?

—Prácticamente me dijiste que soy un chico fácil.

—En realidad dije que tus chicas eran fáciles y no me confundieras con una.

—Todavía no me conoces –afirmó.

—Para nada…

El tren arribó a la estación puntual como siempre y Aoi se marchó a casa junto a una rara promesa.