Hola guapas y guapos, gracias por entrar aquí; hoy les traigo el capítulo tres de este long fic. Quise actualizar esta historia, porque el capítulo dos tuvo una excelente acogida tanto en Fanfiction como el Wattpad, además que sus comentarios me emocionaron. Espero que les guste este nuevo capítulo.

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Como siempre agradezco a todas las personas que leen mis historias y dejan reviews, a las que marcan mis historias o a mí como favorita y/o siguiendo, y a las que simplemente leen. Para todos ustedes, muchas gracias, me inspiran de cierto modo a continuar :D

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Capítulo dedicado a las lindas personas que me dejaron un review en mi última actualización: ANABELITA N, andreina. salomon, Mel-Nara de Hatake, Alexein-KLUK, MarFer Hatake, Shirae, Roronoa Saki y AnitaNara040922. Muchas gracias por comentar, les mando un beso y un fuerte abrazo.

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andreina. salomon, recién me di cuenta que tu nombre se borró en la anterior dedicatoria, ya que fanfiction no acepta un punto entremedio de dos nombres, así que ahora lo escribiré con espacio :D

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Disclaimer: Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. La historia es mía y la publico sin ánimos de lucro.

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Lo que siempre nos unirá

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Capítulo 3.- Shikadai.

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Completamente emocionada, Ino limpió sus lágrimas. Enterarse que su mejor amigo era padre, había sido, sin duda, una hermosa sorpresa.

Una sutil sonrisa se le dibujo en el rostro.

—¿Se siente bien señora Yamanaka? —le habló una de las asistentes, pero ella no respondió. Su mente divagaba en otro mundo.

Señora Yamanaka, ¿se encuentra bien? —volvió a repetir en tono más alto, la asistente, sacando a la rubia de sus cavilaciones.

—Sí, estoy bien —respondió, Ino, recuperándose lentamente de la impresión. Sin embargo, a los pocos segundos, recordó que al hijo de su amigo lo venían a buscar.

—¡Shikadai!—exclamó, la rubia, de improviso, y rápidamente se asomó por la ventana.

No tuvo suerte, el niño ya se había ido.

Ino no lo pensó dos veces, y rápidamente comenzó a avanzar hacia la salida.

—Me tengo que ir —espetó aceleradamente, la ojiazul, mientras cruzaba la puerta —, vuelvo en unos diez minutos más a recoger a Inojin.

—¿Y las invitaciones?, las mamás pronto comenzarán a llegar —inquirió una de las asistentes.

—Mañana las entregó —gritó, la platinada, ya fuera del salón—, ahora tengo que resolver un asunto.

Una vez fuera del aula, la rubia echó a correr por el pasillo. No podía permitir que Temari se fuera, necesitaba alcanzarla, necesitaba conversar con ella. En cosa de segundos, Ino salió de la dependencia, y se dirigió al estacionamiento, el cual poco a poco comenzaba a llenarse, ya que estaba próxima la hora de salida de los niños. Se detuvo en la entrada, e hizo un rápido escaneo a todos los vehículos, hasta que al fin sus ojos dieron con el objetivo.

Te encontré —susurró para sí, la platinada, al ver que la otra rubia acomodaba a su hijo en el asiento trasero del automóvil. Inmediatamente, Ino corrió hasta allá.

—¡Temari! —exclamó la ojiazul, captando la atención de la otra rubia, la cual enseguida, se enderezó y giró hacia su interlocutora.

—Ino, ¿qué haces aquí? —inquirió con un deje de nerviosismo, la ojiverde, cerrando la puerta del automóvil.

—Vine a lo mismo que tú, vine a buscar a mi hijo —aseveró con convicción, la platinada, mirándola con detenimiento.

Temari no fue capaz de sostenerle la mirada.

—Ino, yo…—acotó complicada, la rubia, sin embargo, no pudo seguir emitiendo palabras.

Se sintió acorralada.

La platinada al ver que la ojiverde no pudo continuar, decidió tomar la palabra.

—¡Por Kami, Temari, tienes un hijo!, ¡un hijo con Shikamaru! —exclamó hiperventilada, la Yamanaka, acercándose a ésta—. Esa es la razón por la que quieres juntarte con él, ¿cierto?, ¿quieres contarle sobre su existencia?

El tono entusiasta que utilizó platinada, logró bajar la tensión que se había creado. Temari lentamente alzó el rostro, topándose con los ojos azules de Ino, que la miraban emocionados.

La ojiverde sonrió forzadamente.

—Sí, Ino, como siempre tienes razón —aseveró con deje de amargura, la rubia, cosa que no pasó desapercibida para la Yamanaka.

Ella estiró su brazo para tomarle la mano.

—Quédate tranquila, Temari, yo no le diré nada —espetó con empatía, la ojiazul, apretándole la mano—. No me corresponde.

Sonrió dulcemente, la platinada, logrando que la ojiverde relajara su semblante.

—Gracias, Ino —acotó con sinceridad, la rubia, devolviéndole el apretón de mano.

Ambas se quedaron en silencio por unos segundos, manteniendo el contacto visual, hasta que Ino volvió a retomar la palabra.

—Lo que si te voy a pedir, Temari, es que hables con él lo más pronto posible —espetó con convicción, la platinada, soltándole lentamente la mano—. Shikamaru merece saberlo, independiente de lo que haya pasado entre ustedes en el pasado, es su derecho.

—Lo sé, Ino, créeme que he intentado contactarlo —aseveró, la ojiverde, con franqueza—, pero cuando he estado a punto de hacerlo, siempre termino arrepintiéndome. Es un paso difícil de dar, ya que no es sólo contarle que tenemos un hijo en común, si no que tengo que aclararle la razón por la cual me marché hace casi cinco años.

Ino la miró con atención, era algo que sin duda ella también quería saber, se moría por saberlo, sin embargo, prefirió olvidarse de esa última frase que escuchó, y se centró en su argumento.

—Pero debes hacerlo pronto, recuerda que estás viviendo en konoha, y en cualquier momento te puedes topar con alguien que reconocerá al niño, tal como te pasó conmigo —espetó aceleradamente, la platinada, casi sin respirar—. A mí casi me dio un soponcio, cuando lo vi de frente, imagínate si te topas con tía Yoshino, se muere ahí mismo, o si lo ve un tercero, y luego se lo cuenta a Shikamaru. Lo más seguro, es que él se enfade, y luego vaya a buscarte para discutir contigo.

—Entiendo tu punto, Ino, pero…

—Temari, evita que Shikamaru se entere por un tercero —la interrumpió, la ojiazul, rogándole con la mirada—. Por favor, habla pronto con él.

La rubia luego de escuchar esa petición, sólo suspiró.

—Está bien, Ino, hablaré con él esta semana —respondió resignada, Temari —, no retrasaré más esa conversación.

La platinada sonrió.

—Gracias, Temari —susurró alegre, mientras veía que la ojiverde comenzaba a alejarse de ella. —¡Espera!, tengo algo para Shikadai.

La mujer de ojos aguamarina se detuvo en seco, volviendo a girar su cuerpo hacia su interlocutora.

—¿Cómo sabes el nombre de mi hijo? —inquirió, Temari, mirándola con detenimiento.

—Una de las asistentes, me lo dijo —le respondió, Yamanaka—, cuando estaba en pleno estado de shock.

Sonrió avergonzada al terminar la frase.

Temari la miró comprensiva.

—Lo siento, no fue mi intención causarte tamaña impresión.

—No te preocupes, fue un lindo descubrimiento —acotó con empatía, la ojiazul, para luego desviar su mirada hacia su cartera. Buscó dentro de ésta, por algunos segundos, hasta que dio con un sobre y un lápiz.

—Mi hijo estará de cumpleaños este sábado —espetó, Ino, mientras apoyaba el sobre en el auto de la Temari para escribirlo. Luego sacó de su interior, una invitación, la cual también rellenó —, y quiero que Shikadai asista a éste.

Temari la miró algo complicada.

—No sé si podremos asistir, Ino.

La ojiazul inmediatamente le replicó.

—Claro que podrán, para esa fecha, tú ya tendrás todo conversado con Shikamaru.

El tono sardónico que utilizó la platinada, no pasó desapercibido para rubia de ojos verdes. Ahora entendía por qué tanta insistencia de parte de ésta.

—Eres muy astuta, Yamanaka, lo tenías todo planeado.

Ino esbozó una sonrisa divertida.

—Temari, quiero nuestros hijos sean los mejores amigos, tal como lo somos Shikamaru y yo —espetó con sinceridad, la platinada, haciéndole entrega de la invitación.

La rubia de ojos verdes, suspiró.

—Está bien, te prometo que Shikadai asistirá —le respondió resignada, mientras miró el sobre de reojo. Frunció el entrecejo. —Aquí dice «Nara Shikadai»

—Lo siento, no pude evitar escribir su verdadero apellido —se excusó, la platinada, como una niña chiquita. Al ver que la ojiverde no se molestó, Ino prosiguió. —Temari, ¿puedo saludar a tu hijo?

—Sí, Ino, no hay problema —respondió, la rubia, abriendo la puerta del vehículo.

La platinada lo miró emocionada. Era tan parecido a su amigo, eran como dos gotas de aguas.

—Dai, quiero presentarte a una amiga —le habló su madre, sin embargo, el niño no le hizo caso.

—¡Dai, deja de jugar con esa Tablet, y mírame! —alzó la voz, la ojiverde, captando la atención de su hijo. —Salúdala, su nombre es Ino.

El niño miró a la platinada con timidez, y luego desvió la mirada.

—Vamos, Dai, dile hola —insitió, Temari, en un tono neutro, pero no logró convencerlo.

El pelinegro sólo la miraba de reojo.

Ino se agachó lentamente, y se acercó a la silla donde estaba sentado.

—Hola Shikadai, mi nombre es Ino —acotó con dulzura, la platinada, tomándole la mano—, soy la mamá de Inojin.

Sus últimas palabras, captaron la atención del niño, logrando que esos grandes ojos verdes se fijaran en los suyos.

Ino, no lo pudo evitar, sus ojos se le aguaron.

—Así que tú eres la mamá del pintor —espetó, Temari, interrumpiendo el momento.

Ino rápidamente secó sus lágrimas, y volteó el rostro hacia la rubia.

—Pues…sí —acotó dudosa, la platinada. La sorna con la que le habló, la ojiverde, no pasó desapercibida para ella. Estaba preparada mentalmente para escuchar las quejas que se venían a continuación.

—Inojin me pintó —habló, Dai, tomando por sorpresa a Ino. Ésta giró su rostro hacia él, y observó la parte de la ropa que el niño le señalaba.

—Es un gato —espetó emocionada, la ojiazul —, ¿te gusta?

El niño afirmó con el rostro.

—Sabes, Dai, este sábado es el cumpleaños de Inojin, ¿tú quieres ir?

Al niño se le iluminó el rostro.

—Sí, quero —respondió, el pequeño, provocando que Ino esbozara una gran sonrisa.

—Dice «quero», en vez de «quiero», es igual que mi hijo —espetó emocionada, la platinada. A ella sólo le faltaba un babero. —Entonces, te espero este sábado.

Ino lo miró embobada.

Shikadai aseveró con rostro, y enseguida, sonrió.

—Sabes, Dai, tienes una sonrisa y unos ojos muy hermosos, igual que los de tu madre.

El niño se avergonzó por dichos de Ino, e inmediatamente desvió la mirada, para luego sobarse la nuca.

A ino, se le apretujó el corazón.

—Por Kami, los genes Nara, se te notan a leguas —susurró para sí.

Shikadai, sólo la miró de reojo, ya que él no entendió sus palabras.

Ino se acercó más al niño, y le dio un beso en la frente.

—Nos vemos, Shika… Shikadai. Te estaré esperando para el cumpleaños de Inojin.

Una vez que la platinada se despidió del niño, la ojiverde cerró la puerta del automóvil.

—Gracias, Temari, por dejarme conocer a tu hijo.

—Gracias a ti, Ino, por hacerme entender que debo dar este paso de forma rápida.

Ino abrazó a Temari de improviso, tomando desprevenida a ésta última. La platinada no lo podía evitar, era una persona de piel.

—Quiero que todo resulte bien, luego que converses con Shikamaru —le susurró mientras la abrazaba —. Lo digo de corazón, tanto por ustedes como por el niño.

—Gracias por todo, Ino —le respondió con sinceridad, Temari.

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Era la vigésima vez que Temari buscaba el contacto de Naruto en su celular, para marcarle, pero al final, no podía hacerlo. Lo había intentado la semana anterior, pero siempre con los mismos resultados. Sin embargo, sabía que debía llamarlo, era la única forma de contactar a Shikamaru.

Volvió a apagar la pantalla de su celular, y suspiró, dejando otra vez caer su espalda sobre respaldar del sillón.

Cerró los ojos.

—Por lo que veo, algo ocupa todos tus pensamientos, ¿qué pasó? —la voz de su marido, la sacó de sus cavilaciones.

—Itachi, no te escuché llegar, ¿hace cuánto rato llegaste? —respondió, la rubia, colocándose de pie.

—Hace como diez minutos —espetó sereno, el azabache, acercándose a la rubia. Le dio un suave beso en los labios, y luego prosiguió—. Saludé primero a Dai, que estaba jugando en la entrada, luego vine a saludarte, pero te vi tan ensimismada que no quise interrumpirte, así que regresé con Dai por un momento.

La rubia miró hacia la entrada de la sala, pero sus ojos no dieron con el objetivo.

—¿Dónde está Dai? —inquirió preocupada.

—Hace como tres minutos subió a su habitación para ver televisión —respondió, el Uchija, tomando la mano de su esposa, e invitándola a sentarse.

Ella inmediatamente accedió.

—¿Y tú que te quedaste haciendo? —le preguntó curiosa, la rubia.

—Me quedé observándote —le respondió, el azabache, sonriendo al final—. Al parecer querías llamar a alguien, pero luego, te bajaba el arrepentimiento.

Ella cerró los ojos, y luego, suspiró.

—Hoy me encontré con Ino, en el estacionamiento del Jardín de niños —acotó al momento de abrir sus ojos, topándose enseguida con los ojos negros de su marido.

—¿Te vio con Dai? —inquirió sereno, el azabache, sin desviar la mirada de los ojos aguamarina de Temari.

—No, ella lo vio antes de que yo llegará, e inmediatamente lo reconoció —le explicó con calma —. Después ella habló conmigo, su hijo es compañero de Dai.

Ella bajó la mirada.

—Te lo dije desde un principio —espetó con convicción, el azabache, alzándole el rostro con la mano—, el radicarse en Konoha significa que tú debes contar toda la verdad. Tú tienes un tema pendiente con Shikamaru, necesitas contarle todo antes que alguien se te adelante, ¿Ino se lo contará?

Itachi la miró con curiosidad.

—No, ella me dijo que no lo haría —le respondió con seguridad, la rubia—, pero le prometí que en esta semana hablaría con él.

Un silencio se produjo en el ambiente, el cual, rápidamente él rompió.

—¿A él era al que no podías llamar? —inquirió sereno, mirándola con detenimiento.

Ella negó con el rostro.

—No, no tengo su número, era a Naruto —espetó en un tono neutro, la ojiverde—. Le iba a pedir que fuera el intermediario entre él y yo.

Itachi la miró con cariño.

—Escucha Temari, al mal paso hay que darle prisa —acotó con empatía, el azabache, tomando el rostro de ella entre sus manos—. Si vas a llamar a Naruto para que contacte a Shikamaru, hazlo ya, no lo pienses más. Cualquier día de estos, alguien te puede ver con el niño, y se lo irá a contar.

—Ino me dijo lo mismo —espetó, la rubia, con una sonrisa forzada.

—No lo pienses más, bella, llama a Uzumaki —insistió con dulzura, el ojinegro—. Por último, si no se lo puedes pedir a través del celular, dile que pase mañana por la casa, y habla personalmente con él. Creo que eso es lo mejor que puedes hacer.

—Tienes razón, Itachi, eso haré —le respondió la rubia con una sonrisa.

El azabache la besó con dulzura, y enseguida, se puso de pie.

—Iré a tomar un baño antes de cenar, una vez que termine, bajaré con Dai

La rubia asintió.

El azabache caminó hacia la escalera.

—Bella, aprovecha el momento, y llama a Uzumaki —le recordó, el Uchija, mientras subía los peldaños.

—No te preocupes, Itachi, lo haré enseguida —acotó con seguridad, la rubia.

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Eran casi las cuatro de la tarde del siguiente día, cuando el citófono sonó.

—Sí.

—Tema-chan, soy yo, Naruto.

—Hola Naruto, enseguida te abro la reja.

En cosa de segundos, el Uzumaki ingresó a la residencia Uchija, y aparcó su carro en el estacionamiento. Éste se bajó velozmente, y se dirigió enseguida a la puerta.

—Hola Tema-chan, ¿cómo has estado? —la saludó, el rubio, con entusiasmo.

—Bien, Naruto, gracias, pero pasa —la rubia hizo un ademán con la mano, y el rubio inmediatamente le obedeció —¿Cómo has estado?

—Muy bien. Tema-chan —le respondió, el ojiazul, mientras se sentaba en el sillón.

—¿Y Hinata?, ¿cómo se ha sentido? —le preguntó, la rubia, sentándose a su lado.

—Ella está muy bien, dettebayo —espetó alegremente, el rubio—. Está última semana, ya no ha sentido ninguna molestia, al parecer, ya superó los síntomas de los primeros meses.

—Me alegro mucho por ella —acotó, la ojiverde, con una amplia sonrisa.

Naruto también le sonrió, pero como vio que Temari no prosiguó, decidió tomar la palabra.

—Pero dime, Tema-chan, ¿qué necesitas?, ayer cuando me llamaste estabas muy misteriosa.

El semblante de la rubia se tensó.

—Naruto, yo… yo necesito pedirte un favor.

—Dime, Tema-chan, para qué soy bueno.

—Necesito que vayas donde Shikamaru, y le digas que quiero conversar con él —espetó, la rubia, mirando fijamente al ojiazul—. Necesito juntarme con él, ya sea aquí o en otro lugar.

La sonrisa de Naruto desapareció, su semblante cambió a uno serio.

—Disculpa, Tema-chan, pero no sé si él quiera hablar contigo después de todo lo que pasó.

A Temari se le apretó el corazón, sabía que ella había actuado mal en el pasado, pero todo tenía una explicación. La reacción de Naruto era lógica, mal que mal, era su amigo.

—Lo sé, Naruto, pero hay un asunto importante que debemos tratar —insistió, la rubia—. Por favor, ayúdame.

—Mira, Tema-chan, iré a su oficina a conversar con él, pero no te garantizo una respuesta afirmativa de su parte —le explicó serio, el Uzumaki—. Ustedes no terminaron de la mejor manera, él la pasó muy mal. Mejor me callo, creo que estoy hablando demás.

—Por favor, Naruto, insiste lo más que puedas —volvió a insistir, la ojiverde, visiblemente afectada —, es algo que no puede esperar, es un asunto muy importante que nos incumbe a ambos.

La aflicción se le reflejó en el rostro.

—Debe ser algo sumamente importante por la forma que me lo pides, Tema-chan —acotó conmovido, el rubio, sin quitarle los ojos de encima.

A él le dolía verla así.

—Naruto, yo…

Sin embargo, Temari fue interrumpida.

—¡Mamá!, ¡mamá!

Tanto la rubia como Naruto miraron hacia el lugar de donde provenía la vocecita.

A Naruto se le desencajó el rostro, era impresionante el parecido.

—Mamá, no pende —espetó, el niño, corriendo hasta el sillón donde estaba sentada su madre.

Temari tomó la Tablet que le pasó su hijo, y la examinó.

—Sólo está descargada —acotó, la ojiverde, sentando al niño en sus piernas. Luego, miró al rubio con los ojos acuosos.

—Naruto, te presento a mi hijo —susurró en un hilo de voz—, su nombre es Shikadai.

Al rubio se le llenaron los ojos de lágrimas, los cuales rápidamente limpió con el dorso de su mano.

—Hola Shikadai, yo soy Naruto, el tío Naruto —espetó emocionado, el rubio, mirándolo con dulzura.

Las palabras del ojiazul llamaron la atención del niño.

—¿Tío? —acotó, Dai, mirando a su mamá.

—Sí, hijo, él es el tío Naruto.

El niño giró su rostro hacia el rubio, regalándole una amplia sonrisa y estirándole los brazos. A Naruto no le quedó otra que tomarlo, para luego sentarlo en sus piernas.

—Él actúa así con Gaara y Kankuro, ¿cierto? —inquirió visiblemente conmovido, el Uzumaki, mientras le acariciaba el cabello al pequeño.

La rubia solamente asintió.

—Tema-chan, no te preocupes, yo mismo traeré a Shikamaru a tu casa para converse contigo —espetó con convicción, el rubio—. Es una promesa.

—Gracias, Naruto.

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CONTINUARÁ…

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Gracias por leer, espero que les haya gustado.

Cualquier cosa que quieran decirme, pueden hacerlo a través de un review, me encanta leerlos y responderlos. Recuerden que los reviews siempre motivan al escritor (yo los amo).

Más rato responderé los reviews pendientes, disculpen la demora.

Disculpen también las posibles faltas de ortografías, apenas tenga tiempo las corregiré.

Nos leemos en mi próxima actualización.

Que tengan una linda semana. Les mando un fuerte abrazo.

Saludos.