Que será de Ti, capítulo dos
Años después.
"Doctor Ardlay a emergencias por favor, doctor Ardlay a emergencias" - decían en el alta voz del hospital Bellevue.
Albert se había convertido en uno de los mejores doctores de la ciudad en Manhattan. A diferencia de cualquier otro médico con prestigio y nivel social, Albert había decidido prestar su servicio y conocimientos a las personas de bajos recursos.
El hospital Bellevue habría sus puertas a ricos y pobres. Ese gesto de bondad había derretido el corazón a más de una mujer de la alta y baja sociedad.
Había sido una noche agitada de muchos pacientes, era la temporada de otoño y el cambio de clima drástico, provocaba las enfermedades como las alergias, resfríos y fiebres. En una hora el clima era cálido minutos más tarde la fría lluvia.
Por fortuna al amanecer el turno del Dr. Ardlay había terminado,
Albert camino a su auto cuando de pronto su móvil comenzó a sonar.
_ ¡Albert! ... Hola, soy Candy.
_ ¿Candy?- dijo el de manera sorpresiva, pues hacía casi un año que Candy no se había comunicado con él.
_ ¡Donde te habías metido!- decía con una gran sonrisa en sus labios. _ Estuve de viaje acompañando a Terry, ya sabes después de lo sucedido con su carrera, entro en depresión y no podía dejarlo solo.
_ Lo sé... lamento mucho lo sucedido a Susana.- un silencio se mantuvo por unos segundos.
_ Candy debemos vernos, hablar. Aun no entiendo porque de pronto desapareciste, no escribiste, tampoco una llamada.
_ Si, y lo siento... gracias al cielo que aun mantienes el mismo número telefónico. - Dijo ella. _ Tuve temor al marcar y llevarme la sorpresa que lo habías cambiado.
_ No puedo, nunca lo haría...por mis pacientes- mintió Albert, la razón por que nunca lo cambio ni mudado de lugar era por ella, por Candy. _ Por cierto Candy, la señora que me encontraste hace un año para limpiar mi apartamento es muy buena. Pero a veces encuentro las cosas movidas y eso no me gusta para nada sabes. _ No te preocupes hablare con ella. – dijo Candy un poco preocupada. _Espero verte pronto cuando regrese de viaje.
_ Hasta pronto Candy... - dijo colgando su móvil.
Pero a quien quiero engañar, si la razón por la que nunca me moví de lugar y cambie mi número telefónico fue por ella - se decía Albert quitándose su bata blanca y colocándose su americana azul.
Era una mañana lluviosa, las gotas de agua caían como cascada sobre el parabrisas del auto... Albert recuerda con nostalgia el día que entrego a Candy en los brazos de Terry. _ Fui un imbécil, creí cuidaría de ella, que la protegería. Pero todo lo que ha hecho es hacerla sufrir. Y yo como un cobarde calle mis verdaderos sentimientos. – Albert se reprochaba una y otra vez el no haberle confesado su amor por ella. – Al encender el motor del auto una suave melodía de Ed Sheeran sonaba en la radio, cuando de pronto una llamada entrante irrumpió el romántico sonido.
_ ¡Hola!- respondió Albert por el alta voz.
_ William soy Sancai ¿Podemos vernos en media hora en el mismo café de siempre?- dijo una chica con acento Asiático.
_ Sancai, disculpa que no he podido comunicarme contigo antes, he estado muy ocupado en el hospital y en la universidad dando clases.
Por el momento iba rumbo al departamento a darme una ducha. Si no te molesta, claro que podemos vernos.
_ ¡Okay! Estaré esperando por ti- respondió ella.
Al llegar al lugar, la lluvia había cesado un poco, al entrar al café, Albert se dirigió a la mesa donde estaba la chica. Como todo un caballero le saludo y tomo asiento.
_ William mis padres están en New York, y con ellos está el chico que han buscado para comprometerme con él. _ ¡Oh! ¡Eso es una buena noticia! _ ¿cómo puedes decir eso? ¿Y lo nuestro? _ ¿Lo nuestro? A que te refieres si nunca te prometí nada. – dijo Albert dejando descansar su espalda en la silla. Sancai enfadada se puso de pie y tomo en sus manos uno de los vasos de agua fría que habían servido junto al café.
Albert rápidamente se dio cuenta de las intenciones de ella _ ¡espera un momento!- Él se quitó su Americana favorita y le indico que ahora si podía hacerlo. Sancai con todo el coraje le tiro al vaso con agua en la cara, mas eso no fue suficiente, pues sabia cuanto Albert amaba su americana azul, era especial para él, porque había sido un regalo de Candy.
Ella tomo el vaso de agua que estaba del lado de Albert y se lo vacío completo a su preciado tesoro, la americana azul.
_ Ahora si- dijo ella. _ Me voy complacida, ojala y seas infeliz toda tu vida. – fueron sus últimas palabras y salio del local.
Albert agarro servilletas para secar su rostro. _ Lo siento- dijo observando las gotas de lluvia que comenzaban a caer nuevamente. _ Pero creo que jamás podre enamorarme o amar a alguien... - se decía bebiendo un poco de café._ Y todo por ella, por Candy... No sé cuándo ni cómo mis sentimientos cambiaron, solo sé que la amo, que la he amado desde mucho tiempo.
La mesera se acercó y ofreció más café. _ ¿Le ofrezco algo más Joven? –pregunto ella un poco avergonzada, pues había sido testigo de la escena que la chica había creado unos minutos antes. _ sírvame un desayuno regular por favor con hotcakes .
_ Enseguida joven- dijo la amable chica, sonriendo coquetamente.
Mientras esperaba el desayuno, Albert recuerda con alegría y a la vez con nostalgia su encuentro en Londres con Candy.
Flash back
Londres Inglaterra.
_ Fue un largo día joven William, se merece un descanso.- decía George mientras observa a Albert orgulloso por cerrar el trato del nuevo negocio con los ingleses. _ ¡Creo que estoy aprendiendo rápido! ¿No crees? – respondió el joven mientras observa las calles desde la ventana del hotel.
_ George, esta noche iré a tomar una copa de vino. No regresare por favor no me esperes, me quedare en el zoológico blue river. _ ¿Planea continuar trabajando en ese lugar?. _ tú sabes que amo los animales. Además es la forma de mantenerme cerca de mis sobrinos y por supuesto de Candy. _ comprendo joven... que tenga buena noche.
Albert salió del hotel y se dirigió a un bar cercas del zoológico.
Albert es un hombre amante de la libertad, del aire libre sin temor de nada y de nadie.
Mientras el galante hombre caminaba por las calles solas de Londres de pronto escucho las voces de unos hombres y los quejidos de un joven quien estaba siendo asaltado por el grupo de malandros. "suéltenme desgraciados, uno a uno no sean montoneros" -les gritaba el joven ebrio y con su labio roto, Al ver tal escena Albert se lanzó a ellos dejándolos tirados en el pavimento después de darles una buena paliza a los tres.
_ ¿Estás bien?- pregunto al joven quien apenas podía levantarse. _ Sí, estoy bien, gracias por su ayuda. _ que haces a estas horas y solo por estos lugares, y en tu estado es muy peligroso. Pudieron haberte matado.
_ ¿Quieres que te lleve a un hospital? Necesitas limpiar tus heridas._ No, ayúdame a llegar al colegio San Pablo ahí puedo curarme. _ ¿Colegio San Pablo? Que coincidencia - se decía así mismo.
Después de ayudar al joven y dejarlo en el Colegio, Albert se dirigió al bar más cercano.
Después del momento dramático y la adrenalina vivida hace unos minutos era necesario un trago de wiski doble.
Había pasado media hora cuando de pronto vio pasar un rostro conocido. _ ¿Candy?... ¡no puede ser! ¿Que hace a esta hora de la noche y en un lugar tan peligroso? – sorprendido y a la vez feliz salió del bar y la siguió. Candy caminaba de prisa mirando de un lugar a otro como si estuviera en busca de algo.
"¡Candy!... ¿Eres Candy cierto? " -pregunto el cuándo la tenía más de cerca. Ella un poco molesta se voltio y con voz fuerte dijo: _ ¿quién eres, como te atreves a llamarme por mi nombre? _ ¡Candy soy yo mírame bien!... -Ella sorprendida lo observaba cuidadosamente, _ ¿Albert, eres tú? – pregunto con una enorme sonrisa en sus labios.
_ ¡Si Candy!...soy Albert. – al quitarse las gafas ella corrió a sus brazos colgándose de él, El feliz la cargaba y giraba como un carrusel bajo la luz de la luna.
Candy lloraba de felicidad, hacía años que no había visto a su amigo, su mejor amigo.
_ ¡! Estas muy linda Candy! Has crecido y te has convertido en una preciosa señorita. _ Albert que felicidad verte, tú también estas lindo. _ ¿Lindo? ¡Ja ja ja!... te lo agradezco.
Conversando recordando los momentos vividos en la cascada y la cabaña, las horas pasaron rápidamente, casi era de mañana cuando Candy recordó porque había salido a esa hora del colegio.
_ Oh, ¡las medicinas!...
Tenía que buscar una medicina para un amigo que estaba herido. _ ¿amigo?_ Sí, pero creo que ya no será necesario seguramente se habrá quedado dormido.
Que casualidad se dijo así mismo.
Albert y Candy tomados de la mano llegaron hasta el colegio, cargándola en su espalda la ayudo a que ella trepara el muro del colegio.
_ Hasta pronto Candy, no olvides visitarme. _ dijo el con una dulce voz.
Ella se despidió felizmente, no podía creerlo que gracias a la golpiza de Terry, el destino la junto con Albert nuevamente.
New York, tiempo actual
Había sido un día agotador y de poca suerte para Candy, como todas las mañanas se levantaba con la esperanza de encontrar un trabajo.
El poco de dinero que ganaba limpiando el spa cerca del centro de la ciudad, no eran suficiente para pagar un lugar decente donde vivir. Así que se había quedado a vivir en el apartamento que rentaba junto a Terry... viviendo a escondidas del dueño del lugar, sin agua ni electricidad, el pequeño lugar estaba desalojado y por petición de la ciudad seria demolido.
Lo único que tenía con ella era su celular y dos cambios de ropa.
Por las noches, ella recuerda los días vividos en ese lugar que un día fue su hogar.
Continuara.
Hola chicas,
Muchísimas gracias por sus comentarios, significan mucho para mí.
Sé que a muchas no les pareció que Candy se casara con Terry. Pero así va la novela jajaja.
Poco a poco durante la novela Candy y Albert nos darán más detalles.
Que tengan un feliz fin de semana, se les aprecia mucho, bendiciones
XO!
Sakura.
Thank you!
