III: Apoyo (Sakuno)
La noche es cálida, algo anormal en esa época del año, y la estación en la que se encuentras está llena de gente, caminando de un lado a otro e irradiando calor, pero Sakuno no puede evitar tiritar.
No tiene razones para estar intranquila, lo sabe, pues cuando An la invitó a comer en su casa le aseguró que era idea de su hermano y que éste parecía haberse llevado una buena impresión de ella, mas Sakuno no logra usar eso como consuelo.
No es lo mismo encontrarse con Tachibana Kippei por coincidencia que verlo en la casa de los Tachibana, donde no podría escapar de su intimidante mirada durante toda la velada ni mucho menos evitar preguntas que no sabe si podrá responder.
El impulso de dar un paso y luego otro, hasta terminar en un tren o perderse en la multitud, la invita a moverse, pero al final Sakuno se obliga a detenerse del lugar donde han prometido encontrarse.
No quiere perderse, ni preocupar a An y tampoco quiere quedarle mal, obligándola a cancelar los planes en el peor de los casos o haciendo que llegaran tardes en el mejor.
Sakuno fija su mirada en su suelo y se obligó a mantenerse inmóvil, cosa que logró hasta que escuchó la voz de An.
—¡Sakuno!
El sobresalto la hace respingar al tiempo que alza su cabeza, buscando con su mirada a An en medio del tumulto de gente. La encuentra cerca, tranquila y sonriente, y aunque eso debería calmarla, el efecto fue el opuesto.
—No creo que... —dice sin pensarlo, sintiéndose culpable de inmediato por ni siquiera haber contestado el saludo primero.
—¿Qué estás diciendo? —pregunta An juguetonamente, haciéndole un guiño—. Mi hermano está tan entusiasmado que no ha salido de la cocina en todo el día.
Eso parece indicar que no tiene que temer, pero Sakuno muerde su labio inferior suavemente y a duras penas se contiene de bajar la mirada, avergonzada por sentirse así.
Es obvio que Tachibana Kippei no es el único emocionado y esa debería ser una motivación para ella en lugar de incrementar sus nervios.
—Pero... —murmura a pesar de eso y de inmediato la expresión de An se torna seria.
—Ven —dice An y sin esperar por una respuesta la lleva hasta una banca y la obliga a sentarse—. Espérame aquí —indica antes de correr hacia una máquina expendedora.
No le toma mucho regresar y lo hace con dos botellas en su mano, una de las cuales le entregó antes de sentarse a su lado.
—Gracias. —Sakuno no se fija en qué es, no le importa, mas aprecia el gesto de An, por lo que comienza a beber con lentitud, notando tardíamente el sabor a limón de esta y disfrutándola poco después, recordando las muchas veces que han tomado una limonada tras jugar en las canchas públicas.
Hay, en el fondo de su mente, algo que le impide relajarse, pues espera que An le insista en cumplir su promesa o le reclame por no hacerlo o le recuerde que su hermano es un exagerado con buenas intenciones, mas nada de eso ocurre.
En vez de eso, An toma su propia bebida en silencio y no dice nada siquiera cuando Sakuno deja la botella vacía sobre su regazo, como si quisiese darle todo el tiempo que necesita para calmarse o como si supiese que hablando sólo conseguiría hacerla sentir peor.
Tal vez, incluso, An ha dicho la verdad todas las veces que ha bromeado diciendo que ella siempre se siente asustada cuando se topan con "la entrenadora Ryuuzaki" y la entiende ahora mejor de lo que Sakuno había creído posible.
Pensar en eso hace que Sakuno suspire, se recueste contra la pared y se permita una pequeña sonrisa.
An es, al fin de cuentas, alguien en quien puede contar y en quien vale la pena confiar plenamente.
—¿Mejor? —pregunta An en ese instante, como si hubiese estado pendiente de ella todo el tiempo y hubiese estado aguardando por una seña que le indicara que Sakuno ha logrado controlar sus nervios.
Sakuno le sonríe con suavidad, asintiendo con su cabeza, y en un impulso sugiere:
—¿Vamos?
No queriendo esperar hasta que el valor que la llevó a decir eso desapareciese, Sakuno se pone de pie y aunque An no la imita en seguida, cuando lo hace es con una sonrisa aliviada en su rostro y toma su mano antes de andar.
Caminar así siempre hace que Sakuno se sonroje y que piense que quizás no deberían hacer algo tan obvio, pero ahora puede apreciarlo y agradecerlo con sinceridad, pues es un recuerdo palpable de que An se encuentra allí, apoyándola, y eso probablemente no cambiará.
