Eremika Week 2017
Día 3
Memorias
Información de la historia:
Géneros: Angst, Hurt/Comfot, Romance.
Clasificación: K+
Estado: Completo. Oneshot.
Personajes: Mikasa, Eren, Armin, Jean, Sasha, Connie, Levi, Escuadrón de Operaciones Especiales, Hanji, Erwin, Reiner.
Parejas: EreMika.
Universo: Canon, universo de SnK.
Aquella mañana los caballos de los soldados cabalgaron durante más de dos horas hasta una de las zonas boscosas en el interior del muro María. Eran conscientes de los peligros que conllevaba el estar en territorio titán, las altas posibilidades de no regresar, pero aún así todos continuaban con un pensamiento claro en mente: cumplir las órdenes que se les habían encomendado, pues todos ellos habían ofrecido sus vidas a la humanidad.
Había transcurrido aproximadamente un mes desde que los nuevos cadetes se incorporaron a las filas. Sus superiores se habían encargado de enseñarles las formaciones básicas que empleaban en las expediciones, así como la forma en la que funcionaban. Después, continuaron con sus entrenamientos diarios que eran un tanto diferentes a los que les obligaban a llevar a cabo de reclutas. En la Legión los preparaban de modo que fueran capaces de hacer frente a diferentes situaciones en el exterior, se amoldaban a sus conocimientos y necesidades.
En esta ocasión, la gran misión que estaban llevando a cabo tendría varias fases, pues era lo mejor para reducir todo lo posible las bajas. Además, contarían con el apoyo del Escuadrón de Operaciones Especiales dirigido por el mismísimo Capitán Levi. Todo se debía a las diversas peticiones de Hanji Zöe para capturar un espécimen titán con el que poder realizar diversos experimentos. A la mujer le entusiasmaba tener a Eren en sus manos, pero seguía sin renunciar a la captura de uno de aquellos enemigos. Finalmente, su petición fue tomada en cuenta por el Comandante Erwin, aquel año tenían buenos soldados entre los cadetes, por lo que todo apuntaba a que podrían reducirse las pérdidas. Y acabó dando su consentimiento.
En cuanto alcanzaron su destino rodearon una amplia zona entre varios de los grupos. Los carruajes que transportaban las piezas de las trampas diseñadas por la líder de escuadrón Hanji se situaron allí también. Los soldados escogidos por ella la ayudarían a instalarlas en sitios estratégicos, pues esa había sido una de las condiciones que tuvo que aceptar para que Erwin le diera su consentimiento. Debía crear armas que permitieran facilitarles el proceso de captura y ella había cumplido encantada. Estaba convencida de que funcionarían.
Por ello, Hanji, junto a una tercera parte de los soldados que los acompañaban se pasaron alrededor de una hora montándolas y escondiéndolas en los puntos decididos con anterioridad y que ella tenía marcados en el mapa que llevaba. No podían hacerlo con mayor rapidez, pues para ello se requerían más soldados y las dos partes restantes se encontraban en el frente protegiendo aquella zona.
Algunos de ellos iban en caballos para tratar de alejar a los titanes del lugar, ya que eran atraídos por el movimiento y el ruido. Los que se situaban escondidos entre los árboles descendían con seguridad alcanzando sus nucas cuando se acercaban demasiado. Habían colocado varias barreras de soldados que estaban repartidos en pequeños grupos. Al frente aquellos con mayor experiencia y que tenían contacto directo con los enemigos. La segunda barrera estaba compuesta por los cadetes recién incorporados y los soldados con menos de dos años de experiencia. Éstos solo debían entrar en batalla cuando alguno de los titanes atravesaba la primera de las defensas. Y así, impedirían que llegaran hasta el centro donde estaban siendo montadas las trampas. Finalmente, para evitar el peor de los casos, el equipo de élite se encontraba tras todos aquellos soldados. Serían los encargados de dar caza a los que se escaparan de los cadetes.
-¿Por qué tenemos que esperar aquí de brazos cruzados? Si nos hubieran puesto al frente, acabaríamos con todos ellos en un santiamén.- se quejó Auruo en lo alto de una rama. Petra, Gunther y Erd se situaban en los árboles contiguos al suyo. Todos ellos esperaban la aparición de algún titán para poder acabar con él.
-Deja de quejarte, Auruo.- contestó Petra. –No deberías cuestionar tanto las órdenes del Capitán Levi.
-Todavía no entiendo por qué se ha llevado a Eren al frente.- continuó él irritado. –Yo le sería de mucha más… ¡argh!- se le oyó gritar tras morderse nuevamente la lengua. El dolor fue instantáneo y Petra lo agradeció porque al fin se había callado. Aunque en cierto modo, ella tampoco comprendía qué rondaba por la cabeza del Capitán. Pero eso no importaba, de todas formas la misión estaba a punto de terminar. Según les habían dicho, el equipo de Hanji ya había terminado de montar todos aquellos aparatos, procederían a preparar los carruajes para regresar. Y no parecían tener demasiadas bajas.
El Capitán Levi esquivaba los árboles con agilidad, sus objetivos caían como sacos pesados una vez que cortaba en profundidad sus nucas. Era tan efectivo como se esperaba de él. A pesar de haber recibido órdenes de mantenerse en la retaguardia había decidido adelantarse junto a Eren para ayudar a aquellos que estaban teniendo más dificultades. Confiaba en sus hombres y en que realizarían un buen trabajo llegado el momento.
En otras circunstancias habría dejado a Eren con ellos, posiblemente en el lugar más seguro de aquella formación, pero prefería llevarlo consigo y mantenerlo vigilado, si llegaran a tener graves problemas su poder titán les vendría bien.
-¿Capitán, falta mucho?- preguntó Eren tras él tratando de seguirle el ritmo a duras penas. Habían pasado varios grupos de los novatos, algunos de ellos ya estaban combatiendo. Más adelante solo encontrarían escenarios similares o incluso peores. Y Eren debía hacerse a la idea de ello porque el hombre ante él parecía tener intenciones de continuar avanzando.
-Eren, continúa.- dijo con sequedad sin dar ninguna otra explicación. El chico no volvió a preguntar nada hasta que tras ellos vieron unas columnas de humo moradas que indicaban retirada. Entonces, fue Levi quien le habló a él. –Es hora de volver. Nos desharemos de los titanes de esta zona a medida que el resto se van retirando poco a poco.- ordenó.
Mikasa fue la primera de su grupo en ver la señal en el cielo. Aunque era impropio de ella, tenía la respiración agitada a causa de todo el esfuerzo que había realizado. Ninguno de sus compañeros había caído en aquella batalla y aunque no lo demostrara, eso le aliviaba. Había vigilado en especial a Armin, quien por suerte estaba en el mismo grupo que ella. Casi no le había dejado aproximarse a ninguno de los titanes que habían logrado pasar por encima de los veteranos. Ella estaba mucho más capacitada para enfrentarlos y no veía la necesidad de que su buen amigo de la infancia arriesgara su vida en deshacerse de uno de esos titanes, sobre todo, a sabiendas de que la lucha física no era lo suyo.
Se ofreció a cubrir a los de su equipo mientras retrocedían hasta los caballos que esperaban en el lugar en el que la líder de escuadrón Hanji había instalado las trampas para titanes. Acabó rápidamente con los pocos enemigos que quedaban y siguió a sus compañeros, sin embargo, al ver a los miembros del Escuadrón de Operaciones Especiales no pudo evitar alterarse cuando no encontró a Eren con la mirada. El capitán tampoco estaba por ninguna parte.
Sin dudarlo, se acercó a la mujer menuda de pelo naranja que aguardaba allí las nuevas órdenes. Ninguno de ellos podía abandonar su posición pues a medida que los soldados vivos retrocedían, los titanes se acercaban más allí y seguramente pronto llegaría el momento en el que ellos tuvieran que actuar.
-Petra…- la llamó cuando se situó ante ella. Había tenido muy pocas ocasiones de cruzar unas pocas palabras con ella, pero no le importaba la falta de confianza porque estaba preocupada por Eren y necesitaba saber dónde estaba. –Eren… ¿sabes dónde puede estar?- preguntó sin rodeos. La mujer la reconoció al instante, Mikasa Ackerman no destacaba solo por sus habilidades sin comparación, sino también por ser extremadamente cercana al chico titán. Petra admiraba su valentía y su fuerza, se sentía orgullosa de poder contar con una subordinada tan fuerte y capaz. Estaba segura de que algún día, cuando formara parte del escuadrón de Levi, tendría la oportunidad de conocerla mucho mejor.
-Ackerman, ¿verdad?- quiso asegurarse. La chica de pelo oscuro asintió con un solo gesto de cabeza. Había dejado su inexpresividad a un lado para dejar paso a un rostro repleto de preocupación. –Habéis recibido órdenes de retiraros si no me equivoco.- continuó ella sin saber muy bien lo que debía contestar.
-Lo sé, pero…
-Deberías cumplirlas, Mikasa. Te puedo asegurar que Eren estará bien, el Capitán no dejará que le ocurra nada.- trató de mostrarle una sonrisa cálida para que no se preocupara pero no funcionó, más bien pareció fastidiada al cerciorarse de que no obtendría la información que buscaba.
-¡Eh, tú eres la amiga de ese mocoso!- gritó Auruo al verlas a las dos conversar. –Tiene suerte de tener a alguien como el Capitán o como yo cerca, si no a este paso ya estaría mordiendo el polvo junto a los veteranos.- comenzó a reírse con ganas. Aquel comentario fue suficiente para hacer que Mikasa reaccionara como una bala y saliera disparada de allí de inmediato para alcanzar los primeros grupos que habían entrado en combate con los titanes hacía una hora.
-Espera, Mikasa, no…- trató de detenerla Petra pero la muchacha era veloz y ninguno de ellos podía abandonar su posición para ir detrás. -¡Serás idiota, Auruo!- le gritó enfadada por el error que acababa de cometer. Su compañero no entendía nada pero viendo el enfado que llevaba Petra, era mejor no dirigirse a ella en un buen rato. -¡Muérdete la lengua y muérete!
Mikasa no se detuvo a reparar en nada más, ante ella estaba la persona a la que buscaba casi con desesperación esperando que estuviera sana y salva. No dudaba de las capacidades del Capitán Levi, ella misma lo había visto actuar y sabía que los rumores sobre él eran ciertos. Pero simplemente no podía dejar la vida de Eren en manos de nadie más porque tenía que ser ella quien se asegurara de que sobreviviera a toda costa. Quizás ninguno de ellos se hubiera percatado de la retirada y si era así, ella debía avisarlos.
Tuvo que deshacerse de algún que otro titán que encontró por el camino pero minutos después logró encontrar al chico que buscaba. Reconoció al instante su voz en la lejanía, lo vio realizando uno de los diversos movimientos que les habían enseñado para acabar con los titanes. Cuando las hojas del joven cortaron la nuca del cuerpo de doce metros, Eren subió hasta uno de los árboles contemplando como los dos soldados bajo él habían logrado marcharse. Uno de ellos estaba herido y por ello no habían podido escapar antes.
El Capitán se había ido alejando de él poco a poco incapaz de ignorar a aquellos que lo necesitaban. Pero no era algo que le preocupara porque confiaba en sus habilidades, por algo se habían estado entrenando aquellos años como reclutas y tampoco era la primera vez que enfrentaba a un titán. Además, en caso de encontrarse en peligro siempre guardaba un as bajo la manga: la posibilidad de transformarse.
-¡Eren!- una voz conocida le hizo girar la cabeza hacia atrás con brusquedad. No podía creer que Mikasa estuviera allí, pensaba que se habría retirado junto a los demás tal y como se les había ordenado. Aunque en el fondo tampoco le extrañaba tanto porque no era la primera vez que la chica insistía con permanecer a su lado y proporcionarle apoyo, algo que numerosas veces había rechazado, pero ella no terminaba de entenderlo.
-¡Mikasa, qué haces aquí!- le reprochó contemplando cómo la joven se encaramaba hasta donde él estaba con una facilidad impresionante. -¿Es que no habéis visto la señal?- preguntó. Ella asintió con la cabeza guardando sus hojas.
-Sí, pensaba que eras tú quien no la había visto.- contestó.
-¿Entonces a qué esperas? vuelve con los demás.- pero ella no se movió de su lugar.
-Tú…- comenzó a decir pero el chico ni siquiera le dio la oportunidad de terminar de hablar. Comenzaba a cansarse de tanta preocupación y cada vez tenía menos paciencia con ella.
-No puedo retirarme aún, hay soldados que necesitan mi ayuda y la del Capitán, además, quizás necesitemos mi poder titán.- explicó él, algo con lo que Mikasa estaba totalmente en desacuerdo. Eren ya había permanecido allí lo suficiente como para poder volver con el resto, no se iría sin él. En cuestión de segundos, el chico se giró dispuesto a bajar de nuevo para despistar a un par de titanes que perseguían a una chica cuyo equipo se había encasquillado. Sintió cómo lo detenían, Mikasa había agarrado su capa impidiéndole avanzar. -¡¿Qué demonios haces, Mikasa?!- se soltó de malas maneras. -¡Tengo que hacerlo, tú regresa con los demás! Tu escuadrón ya se ha retirado.- la empujó empleando más fuerza de la que quiso y se marchó de allí.
Mikasa se sintió mal por haberlo hecho enfurecer como siempre ocurría pero aún así no estaba dispuesta a dejarlo solo.
-Si tu vas… entonces yo también.- susurró para sí misma. No estaba dispuesta a dejar que ocurriera lo mismo. Hace tiempo Eren le aseguró que no moriría y no había logrado cumplir con su promesa, aunque ella tampoco insistió en mantenerse a su lado, por lo que también rompió su palabra. En esta ocasión, no lo permitiría. Se aseguraría de que volviera sano y salvo.
Eren tardó un buen rato en percatarse de que Mikasa aún seguía allí, pues esperaba que le hubiera hecho caso. Pero en cuanto el número de enemigos comenzó a disminuir con rapidez supo que seguía allí. La buscó con la mirada cuando paró unos instantes a recuperar el aliento en un lugar alto.
No pudo evitar sorprenderse de lo rápida y eficaz que era, casi tanto como el Capitán. Intentaba dejar aquello de lado pero incluso durante los entrenamientos Mikasa destacaba sobre el resto, parecía haber nacido para combatir titanes. No pudo evitar sentir un poco de rabia en su interior al verla arriesgarse de aquella forma, apurando tanto los movimientos y los ataques, pero siempre segura de lo que hacía.
Cuando todo parecía haberse tranquilizado y la oportunidad de salir de allí estuvo al alcance, un grupo de titanes de clases quince y trece se aproximaron a ellos. Eren contempló a Mikasa dispuesta a salir disparada hacia ellos para impedir que él lo hiciera, pero entonces, decidió usar aquella habilidad que solo él poseía y con la que podía salvar muchas vidas. El Capitán le había dado permiso para convertirse si era necesario.
El estruendo resonó por los alrededores al tiempo que una especie de rayo caía sobre el cuerpo de Eren. Se vio rodeado por un montón de carne hasta quedar en el interior de aquel enorme cuerpo de quince metros repleto de músculos. Mikasa tuvo que agarrarse con los ganchos a los árboles para no salir disparada a causa de la onda de aire que se había levantado durante la transformación. Inmediatamente los sujetos que se acercaban mostraron interés en Eren y se dirigieron a por él.
Ella lo contempló actuar, el joven parecía no haber perdido la cabeza en aquella ocasión, aplastó y eliminó en pocos minutos a los cuatro enemigos. No le costó nada hacerlo. Mikasa entonces se acercó a una rama alta que estaba junto a él para indicarle que se retiraran antes de que acudieran más pero solo obtuvo un rugido de desacuerdo. A pesar de eso fue consciente del significado. Eren le estaba pidiendo que se marchara de allí y que lo dejara todo en sus manos, pero simplemente era incapaz de abandonarlo. Aunque fuera mucho más fuerte que ella en aquel estado, o por mucho que pudiera regenerarse, el pensamiento de volver a perderlo y el miedo la detenían. No podía irse sin él.
Por ello, Mikasa lo ignoró nuevamente y continuó cortando extremidades y nucas de los titanes que Eren ignoraba. La mayor parte de los enemigos los estaba eliminando él pero aún así ella no se detuvo en ningún momento. Estaba convencida de que aunque fuera un poco, lo ayudaba.
Un grito desgarrador la obligó a girar la cabeza hacia el titán de Eren. Demasiados enemigos para ellos dos solos. Lo habían inmovilizado entre varios de ellos y comenzaban a devorarlo poco a poco. Mikasa abrió los ojos sorprendida, nerviosa por temor a no llegar a tiempo y satisfecha con la decisión que había tomado, pues si se hubiera marchado Eren podría haber muerto.
Sin pensárselo e ignorando la mirada furiosa de Eren, fue directa al que estaba en su espalda. Después de ese, se alzó todo lo que pudo para bajar en picado a por el que sujetaba su brazo. Mientras más permanecieran allí, más difícil sería regresar. Entonces, cuando Mikasa utilizó el cable de sus ganchos para girar alrededor de una de sus presas, no vio con anticipación al pequeño titán que saltó para atraparla con su boca. La chica lo detectó unos pocos segundos antes, pero no eran suficientes para escapar. Eren rugió nuevamente con ira, agarró al titán que pretendía devorar a Mikasa con su gran boca y lo despedazó en aquel momento. En el proceso dejó atrás uno de sus brazos pero a pesar de prescindir de él, la lucha no hizo más que mejorar. Aquel error de Mikasa parecía haberle dado nuevas energías a Eren para acabar con todos ellos.
Durante el regreso, Mikasa no tuvo la oportunidad de ver a sus compañeros. El Capitán apareció poco después de que se deshicieran de aquellos titanes y mandó a Eren a reposar en una de las carretas mientras que a ella la obligó a cabalgar a su lado para defender el final de la formación.
Todos aquellos soldados que aún se encontraban en buenas condiciones se ocuparon de llevar los caballos a los establos y de acercar a los heridos hasta las salas de la enfermería. No había muchas bajas pero la cantidad de heridos era bastante alta. Aquellas personas no podrían volver a salir de expedición en un tiempo.
Cuando acabó de cumplir con todo lo que le habían encomendado, Mikasa fue a asearse y cambiarse de ropa a una más cómoda, al igual que hicieron sus compañeras. Por suerte, la sangre de titán que había surcado parte de su cara se había evaporado, pero aún así prefería limpiarse bien. No podía ocultar sus ganas de bajar al comedor para volver a ver a Armin y a Eren, a pesar de saber que se encontraban bien.
Connie, Sasha y Jean ya se habían sentado en una de las mesas, reservando así sus sitios. Aunque era temprano, ya había bastante gente esperando en la cola para que les sirvieran su ración. Así que decidió colocarse al final y esperar. Fue entonces cuando detectó a ambos introducirse en la sala. Mikasa cogió otras dos bandejas para dárselas una vez que se acercaron a ella.
-Gracias, Mikasa.- contestó Armin con una sonrisa. Tenía un pequeño corte en la frente pero ya se lo habían tratado. Le alivió saber que estaba bien.
-Puedo hacerlo solo.- Eren se la quitó de las manos. Seguía de mal humor desde lo ocurrido en el bosque y ella lo sabía. Eren se les adelantó para tomar asiento junto al resto. Armin le indicó a Mikasa con la mirada que lo dejara estar y que no se preocupara por el estado del chico, aquella noche parecía especialmente irritado, más que de costumbre.
Todos ellos agradecieron poder sentarse una vez más juntos, aunque tuvieran que aguantar las tonterías de Sasha y Connie. Habían sobrevivido a una batalla más.
-Sí, ¡y entonces se tropezó con la roca y calló como un saco al suelo!- gritó Sasha dándole fuertes palmadas en la espalda a Connie obligándolo a escupir lo que estaba masticando. Jean que estaba justo en frente logró apartarse a tiempo pero les dedicó una mirada amenazante.
-Deberíamos usar más el terreno para luchar contra ellos. Los titanes pueden llegar a ser muy torpes.- dijo Connie volviendo a pegarle un mordisco al bollo de pan.
-Pero seguramente no funcionaría con los excéntricos.- les advirtió Armin. Si pretendían capturar a un titán para experimentar con él, debían asegurarse de que no era uno que se comportara de forma diferente al resto, pues podría resultar peligroso. Aunque en un futuro les vendría realmente bien poder analizar a uno con comportamiento anormal, quizás pudieran descubrir algo que lo diferenciara del resto.
-Hm… cierto.
-Ugh…- en ese momento Eren soltó el cubierto automáticamente al rozar las heridas de sus dedos. Le escocían bastante. Todos en la mesa lo miraron curiosos y preocupados, no tenían demasiado buen aspecto a pesar de estar curándose por su poder titán.
-Eren… deberías tratarte esas heridas- Mikasa interrumpió el silencio. Se apresuró a tomar la mano del chico con cuidado para observarla de cerca. Era la primera vez que las marcas de sus propios mordiscos estaban tan rojas e hinchadas.
-No es necesario, se curarán en pocas horas.- apartó con algo de brusquedad a la chica. Estaba un tanto cansado de su actitud y no era capaz de cuidar sus modales con ella. Aunque tenía razones para preocuparse, pequeñas heridas como aquellas se curaban en cuestión de minutos, mientras que en aquella ocasión estaban tardando más de lo usual. Podía deberse al agotamiento y la falta de energías.
-Aún así… es mejor que…- Eren se levantó de golpe de su sitio impidiendo que terminara de hablar. Todos se sorprendieron por su reacción, aunque en realidad ya comenzaban a acostumbrarse a la impulsividad del chico.
-¡Ya está bien! Te he dicho mil veces que no soy tu hijo ni tu hermano pequeño, ¿me oyes? Deja de decir lo que crees que debería hacer o dejar de hacer.- le reprochó con tono alto y furioso. Sus ojos se fijaron en los de ella que escuchaba atentamente a pesar de que cada palabra resultaba como una aguja clavándose en su interior. No era la primera vez que Eren le decía algo similar, pero no podía dejarlo solo, no después de perderlo aquella vez. –En vez de estar las veinticuatro horas detrás de mí, preocúpate por tu propia vida, no eres inmortal, Mikasa.- con eso último dejó el comedor para dirigirse a su habitación con paso rápido, tanto que Armin tardó un buen rato en alcanzarlo.
El chico rubio se lo temía desde hacía tiempo y aquella noche había esperado que Eren se acabara calmando al terminar la cena pero ocurrió todo lo contrario. La bomba con la mecha encendida había explotado en un mal momento y nuevamente su mejor amigo no había logrado controlar sus impulsos. Por eso, Mikasa había acabado herida otra vez.
-¿Qué demonios le pasa?- soltó después Jean, aunque estuviera de acuerdo en que Mikasa no debía seguir arriesgando su vida por Eren, aquella no era la forma de decir las cosas. Miró a la chica que continuaba callada preparándose para marcharse, a pesar de parecer la misma de siempre, su expresión había cambiado ligeramente. Jean podía notarlo, podía ver la tristeza a través de aquella máscara. Y eso solo lo enfurecía aún más.
-¡Eren, espera!- lo llamó Armin detrás de él, aunque ambos habían llegado ya a la habitación que compartían. Armin cerró la puerta tras él y desde allí buscó la mirada de Eren quien se situaba cerca de la ventana. –No puedes dejarlo así.- le pidió.
-¿Dejarlo cómo, Armin? Solo le he dicho lo que pienso y aún así se que no servirá de nada porque Mikasa no va a cambiar su actitud.- odiaba ser así porque en el fondo, aunque no quisiera admitirlo, no le gustaba reaccionar de aquella forma con alguien a quien quería tanto. Pero cada vez que ella se arriesgaba de esa manera por él, la sangre le hervía y se enfurecía todavía más. A veces se sentía como un crío pequeño incapaz de hacer nada por sí solo, eso era lo que parecía siempre que estaba cerca de Mikasa.
-Es cierto que Mikasa se preocupa demasiado pero esa no es la forma de decir las cosas.- le intentó hacer ver. Eren se levantó de su cama para acercarse más a Armin, le habló con tono bajo pero aparentemente irritado.
-¿Entonces, cuál es la forma correcta según tú? El día que Mikasa muera, no habrá vuelta atrás, ¿sabes? y a este paso ese día llegará pronto y ninguno de nosotros podremos evitarlo- explicó. Ni siquiera quería pensar en eso. Perder a alguno de los dos sería un golpe demasiado duro para él, uno del que le costaría horrores recuperarse. Porque eran lo único que le quedaba, las personas a las que debía proteger por encima de todo y encontraría la manera de hacerlo. Si en el caso de Mikasa la forma de salvarla era alejarla de él todo lo posible, entonces así lo haría. Aprovechando que Armin siguió callado, volvió a hablar más relajado y tumbándose sobre su propia cama. –Estuvo a punto de ser devorada, Armin.
El chico rubio abrió los ojos de par en par sin poder creérselo. El momento en el que Mikasa desapareció cuando ellos se retiraban, supo que había ido a buscar a Eren pero nunca antes se había arriesgado hasta ese extremo. Podía llegar a ser realmente descuidada cuando de ellos se trataba.
-Le dije que se marchara pero no quiso, me ayudó a combatir a varios titanes que me tenían sujeto y entonces… la vi muerta, por un momento creía que moriría.- apretó sus puños con fuerza. Si hubiera tardado un segundo más en reaccionar, no lo hubiera contado. –A veces parece que no es consciente de que es humana y de que no puede regenerarse como yo.
-Es cierto pero Mikasa es más fuerte de lo que creemos.- no supo muy bien cómo defenderla cuando en realidad también estaba de acuerdo en intentar que ella abriera los ojos. Sin embargo, no aprobaba los métodos directos de Eren porque eran dañinos y no se daba cuenta de ello.
-Ya lo he decidido. Si no quiere entenderlo, entonces haré que lo entienda a la fuerza.- ya tumbado en la cama se giró hacia el lado de la pared dando por terminada la conversación, necesitaba descansar. –Tomaré medidas para que se aleje de mí.
Armin bajó la mirada apenado, aquello no podía acabar bien de ninguna manera.
-Esa no es la solución, Eren…
Durante los siguientes días, Mikasa esperó que el enfado de Eren se fuera disipando como de costumbre, pero en aquella ocasión todo parecía diferente. El chico la evitaba la mayoría de veces y en otras ocasiones ni siquiera se molestaba en contestarle. Aquella actitud fría y distante solo lograba que el vacío en el interior de la chica se hiciera cada vez más grande y profundo. No soportaba que Eren estuviera enfadado con ella, y aunque intentara disculparse, de nada servía porque no quería escuchar nada de ella. Sus esfuerzos por acercarse a él y eliminar el gran abismo que se estaba creando entre ambos eran nulos porque él no le daba ni la más mínima oportunidad de arreglar las cosas y regresar a como estaban antes.
Pasaron unas pocas semanas en las que Mikasa tuvo que acostumbrarse a conformarse con ver a Eren una vez cada dos o tres días y durante las comidas. Evitaba sentarse junto a ella o coincidir en los mismos horarios. Mentiría si dijera que aquello no la afectaba porque le estaba costando horrores no bajar sus marcas en los entrenamientos. No podía quitarse el tema de la cabeza pero era muchísimo más desagradable la sensación de opresión en su pecho, además, su estómago también se encogía cada vez que veía de reojo al chico actuar como si ella no estuviera en la misma sala. Aquello que tanto temía parecía haberse hecho realidad, había perdido a la persona más importante para ella. Sin embargo, no estaba dispuesta a dejar las cosas así sin intentarlo hasta el último momento.
En pocos días partirían a una nueva misión y en esta ocasión, había sido asignada a uno de los grupos que trabajaría mano a mano con el Escuadrón de Operaciones Especiales. Le alegró saberlo, de aquel modo Eren no podría quejarse de que se quedara junto a él o que lo protegiera porque tendría permiso para hacerlo.
-Connie, ¿has visto a Eren?- preguntó al chico que se sobresaltó al escucharla, pues no la había escuchado llegar. Se quedó pensativo unos instantes, estaba seguro de haberlo visto a lo largo del día pero no recordaba exactamente dónde.
-Creo… que la última vez que lo he visto estaba en el pasillo que da a los baños del primer piso.- ella asintió agradecida con un gesto de cabeza antes de salir corriendo hacia allí. Con un poco de suerte lo encontraría.
Subió de prisa las escaleras mirando a ambos lados cuando lo vio de espaldas a ella. No había nadie más para interrumpirlos así que era el momento perfecto para solucionar todo y hablar sobre la nueva misión.
-¡Eren!- lo notó sobresaltarse cuando escuchó su voz, pues la había reconocido al instante, pero no se detuvo. Ella continuó acercándose a él. Mikasa tenía dificultades para decidir qué decir o cómo decirlo, pues toda disculpa anterior no había servido de nada, así que prefirió empezar comentando lo que sabía acerca de la misión. –No sé si has visto aún los informes de la misión pero esta vez podré pelear junto a ti.- dijo con la mirada gacha y muy cerca de él. Por eso no vio venir el siguiente movimiento.
Eren se había girado repentinamente para arrinconarla contra la pared con fuerza y ella no había hecho nada para impedírselo. Podría haberse librado del amarre en cuestión de segundos y darle la vuelta a la situación, pero aquellos ojos verdes la miraban de una forma tan severa que era incapaz de moverse de su lugar. Y entonces consiguió que Eren le dirigiera la palabra tras muchos días, sin embargo, no era lo que ella quería escuchar.
-Puedo cuidarme solo, ¡entiéndelo de una maldita vez, Mikasa!- la tenía sujeta por los hombros contra la pared y mostraba sus dientes con agresividad. –Quiero que me dejes solo y que no vuelvas a acercarte a mí. Cuando te comportas así, no eres más que un estorbo.- terminó diciendo observando que nuevamente no sería suficiente para alejarla.
Los ojos de la chica se llenaron de lágrimas, sentía que algo en su interior se había roto, algo realmente importante que siempre le había dado las fuerzas necesarias para seguir luchando con ganas. Y esa esperanza había desaparecido porque Eren ya no quería seguir a su lado, porque finalmente se había convertido en un lastre incapaz de seguir su ritmo y había preferido dejarla atrás para que no lo entorpeciera aún más. Lo peor de todo era que ya no podría cumplir su promesa de protegerlo, no era apta para ello.
Cuando las primeras lágrimas tocaron la superficie del suelo, Eren ya había desaparecido del escenario. La respiración de Mikasa se volvió pesada y dificultosa.
La segunda parte de la operación para atrapar un espécimen titán se llevó a cabo unos cuantos días después cuando todo estuvo en orden. La mayoría de los soldados se habían recuperado de sus heridas. Necesitarían todas las fuerzas disponibles, ya que en esta ocasión cazarían a uno de ellos para transportarlo después al interior de los muros. El Comandante se había hecho con un permiso especial que le permitiera tener a uno de sus enemigos encerrado para poder experimentar con él, sin embargo, debían ocultarlo al público para que el pánico no se extendiera entre la gente.
Algunos pequeños grupos de soldados se adelantaron para despejar la zona clave, mientras, los dirigidos por Hanji ocupaban sus puestos en las trampas dispuestos a accionarlas cuando ella diera la señal, pero antes de eso, debían esperar.
-Auruo, Petra y Erd, vosotros eliminaréis a todos los que se acerquen por la izquierda.- comentó Levi. El resto de soldados de la Legión se habían dispersado por los alrededores de la zona para mantener a salvo aquel perímetro. Ellos eran los que se encargarían de atraer hasta las trampas al sujeto que cazarían. Pero también tenían que tener cuidado de que no pasara ningún otro titán, pues podría mandar toda la operación al traste. –Gunther y yo nos encargaremos de los de la derecha. El resto de vosotros os quedaréis aquí para guiar al titán que dejemos pasar hasta donde está Hanji.- especificó. Todos ellos asintieron ante sus órdenes.
Con la primera señal de humo, salieron disparados para ocupar sus posiciones. De vez en cuando, varios titanes se colaban por la zona y no les quedaba más remedio que terminar con ellos. Hasta que vislumbraron una señal de humo amarilla, la que indicaba que debían dejar pasar uno de ellos y atraerlo hasta la zona de las trampas.
-Sasha y yo lo guiaremos, el resto cubridnos.- gritó Eren. Mikasa lo miró de reojo en todo momento con la palabra en la boca. Quiso negarse, impedirle que se arriesgara de aquella forma, ofrecerse en su lugar pues ella estaba mejor preparada. Pero fue incapaz porque aquellas palabras y esa severa mirada no dejaban su mente ni un instante. Tenía dificultades para concentrarse en lo que debía hacer, por mucho que lo intentara, no podía deshacerse de la desagradable sensación de continuo malestar.
Los árboles retumbaron, el titán de catorce metros se dirigía hacia ellos con paso lento y firme distrayéndose con cada soldado que se cruzaba en su campo de visión. Hasta que finalmente Sasha y Eren se posicionaron ante él y atrajeron toda su atención. El resto se ocultaron en los árboles cercanos para vigilarlo.
-¡Mikasa, dos de ellos se acercan por el frente!- la avisó Reiner, quien estaba en su equipo junto a Jean. Los otros tres soldados que los acompañaban eran veteranos y habían avanzado junto a Sasha y Eren que actuaban como cebo.
La pelinegra dudó unos instantes, aquello la alejaría más de Eren, le disgustaba hacerlo porque temía por su vida. Indecisa, finalmente bajó del árbol para ayudar a eliminar a aquellos enemigos.
Reiner se comportó como un señuelo distrayéndo a uno de ellos, Mikasa aprovechó ese momento para rebanar su nuca y deshacerse de él. El otro no estaba a la vista, y Jean también había desaparecido.
-¿Dónde se ha metido…?- comenzó a preguntar Reiner cuando escucharon un grito cerca de ellos. Mikasa salió disparada hacia el lugar del que procedía aquel sonido desgarrador, estaba convencida de que pertenecía a Jean y que debía encontrarse en peligro. Por fin encontró tanto al segundo titán oculto entre un conjunto de árboles como a Jean atrapado en sus manos a punto de ser devorado.
Mikasa se propulsó empleando una gran cantidad de gas para poder llegar hasta él. Cortó con fuerza las muñecas del titán, liberando así a su compañero quien inmediatamente se alejó del lugar. Entonces, ella lanzó los ganchos a la garganta del titán para girar alrededor de su cabeza y alcanzar del impulso la nuca sobre la que trazaría un corte profundo.
-¡MIKASA!- escuchó a Jean gritar sobre ella con desesperación, le pareció ver al chico dejar su lugar para acercarse pero no pudo anticiparse a la enorme mano que amarró el cable de su equipo y la obligó a detenerse de una manera brusca. Consiguió soltarlo justo a tiempo, sin embargo, salió disparada hacia uno de los lados, incapaz de controlar el equipo y evitar el golpe contra aquel enorme árbol. Todo su mundo se vino abajo al instante con el golpe que se había propinado, sintió su cuerpo romperse en mil pedazos y su visión volverse borrosa hasta adquirir un color negro. Pronto, también dejó de escuchar el ruido a su alrededor. Ya no había nada para ella.
Jean la vio golpearse contra el árbol y caer al suelo como una muñeca sin vida, jamás pensó tener que presenciar una escena tan desgarradora. Su corazón se aceleró cargado de adrenalina, debía acabar con esos dos titanes para poder atender a Mikasa y esperaba que aún siguiera viva. Quería creer que lo estaba porque ella era fuerte y luchadora. Sobreviviría.
No supo muy bien cómo lo hizo pero logró apañárselas para eliminarlos y no tardó en apresurarse para ver el estado de la chica. Jean no supo muy bien si sería adecuado moverla en aquel estado pero dado que estaba inconsciente y era inevitable, la cogió en brazos con el mayor cuidado posible. Estaba repleta de sangre y magulladuras, era difícil ver su rostro cubierto de rojo y de mechones de pelo adheridos a él. Su respiración era excesivamente lenta, pero al menos, seguía viva. Los ojos de Jean se humedecieron al contemplarla así, era incapaz de seguir mirándola por más tiempo, y justo entonces escuchó el gas de otro equipo cerca de allí.
-¡Jean! ¿Estáis bien?- preguntó Armin aproximándose a ellos, en la lejanía no pudo detectar el estado de Mikasa.
-¡Armin! ¡Ve a pedir ayuda y avisa al Capitán Levi de inmediato!- gritó logrando que el chico rubio se detuviera en su sitio pasmado. El cuerpo de Mikasa inmóvil en los brazos de Jean le provocó un leve mareo, no pudo asimilar bien aquella situación. -¡Vamos, Armin! ¡Mikasa no aguantará mucho!- insistió él consiguiendo que reaccionara y se marchara de allí. –Pronto llegará la ayuda, así que no mueras, Mikasa… - le pidió en un susurro.
Armin se acercó con torpeza hasta donde el Capitán estaba reunido con el resto de soldados. Habían logrado llevar con efectividad a su presa hacia la trampa y ya se encontraba en manos de Hanji. Debían reagruparse y retirarse cuando dieran la señal. El chico se quedó enganchado en un árbol cercano con la respiración agitada, era la primera vez que se movía a tanta velocidad con su propio equipo. Su rostro lúgubre y atemorizado llamó la atención de todos.
-Arlert, dónde están los que faltan.- preguntó el Capitán con tono bajo dejándole tiempo para que hablara de una vez.
-C-capitán… Mikasa… ella está…- no encontraba las palabras adecuadas para contar lo sucedido, ni tampoco el aire necesario para hablar. Levi asintió con la cabeza comprendiéndolo, viéndolo así debía ser algo grave.
-Petra, regresad con los demás, Arlert me llevará a donde están Kirschtein y Ackerman.- pidió. La chica de pelo naranja asintió preocupada. Pero Eren no tenía intenciones de obedecer. Solo había visto tal expresión de terror en los ojos de Armin una vez, el día en el que él fue devorado por un titán en su lugar. Por lo que Mikasa debía encontrarse en peligro.
-¡Espere, Capitán! Yo también voy.- pidió pero Levi se negó.
-No, volverás con los demás.- insistió. Eren apretó con fuerza su mandíbula, quería ir a donde ella estaba. –Es una orden.
En los pasillos del cuartel se respiraba tensión en el ambiente. En esta ocasión muchos más soldados habían resultado heridos, pero había una soldado de gran importancia que se encontraba en estado grave debido a las heridas recibidas. No habían permitido el acceso a la habitación de Mikasa a nadie salvo a los médicos y a la líder de escuadrón Hanji.
Por eso, los demás compañeros esperaban fuera a que las horas de peligro pasaran y que les permitieran verla al menos un momento. Armin, Sasha y Jean habían permanecido en el pasillo toda la noche, algunos otros compañeros también pasaron por allí diversas ocasiones para ver cómo iba todo pero los superiores no tardaron en mandarlos a cumplir con sus obligaciones. A excepción de ellos tres que se negaron a abandonar el lugar a pesar de poder recibir un castigo en consecuencia.
Eren, quien había tenido que estar junto al Capitán desde que regresaron no había parado de llevar a cabo cada orden de Levi. Parecía querer entretenerlo todo lo posible para evitar que se acercara a la habitación de Mikasa, y nada más lejos de la verdad, aquella era su intención pues sabían que sería un estorbo para los médicos que cumplían con su trabajo. Les habían informado del estado lamentable de la chica y el descanso que necesitaría en caso de seguir con vida pasada la noche. Por ello habían decidido mantener a Eren alejado del lugar durante unas horas. Pero ya no tenía excusas para seguir reteniéndolo, el joven había limpiado a la perfección todos los baños y habitaciones de la primera planta y en un tiempo record. A pesar del cansancio de la operación anterior, se lo había ganado y ni siquiera él era tan injusto.
-Puedes irte.- dijo al fin. Las palabras que Eren llevaba esperando oír tantísimo tiempo. No podía desobedecer las órdenes del capitán por la situación delicada en la que se encontraba y actuar por su cuenta podría poner en peligro también a Armin y Mikasa. Pero tampoco podía mantenerse alejado de ella a sabiendas de que algo le había sucedido. Nadie le había contado lo ocurrido ni su estado, no sabía absolutamente nada a excepción de los rumores que circulaban por el cuartel y la expresión de Armin que se había quedado grabada en su mente. La soldado más fuerte que cien soldados normales no podía pasar desapercibida para el resto pues era conocida por todos, aunque para Eren, simplemente solo era Mikasa. Una de las personas más importantes en su vida.
Con paso apresurado, atravesó el cuartel de un extremo a otro hasta encontrar a tres siluetas sentadas contra la pared del pasillo. Tenían la cabeza gacha y muy mal aspecto, ellos tampoco debían haber dormido en toda la noche.
-Mikasa… ¿cómo está?- susurró obteniendo miradas cansadas y apagadas como respuesta.
-Todavía no sabemos nada, pronto se sabrá si seguirá con vida o no.- comentó Armin. El corazón de Eren se encogió. ¿Seguir con vida o no? ¿Cómo era posible que hubiera llegado hasta ese punto? Y él no había hecho absolutamente nada para impedirlo. ¿Para qué tenía ese poder si no podía proteger a las personas que le importan?
Justo entonces, la puerta se abrió para dejar salir a los médicos que portaban sus maletines con todas las herramientas utilizadas. Tras ellos, Hanji se despidió y volvió a cerrar la puerta. Los cuatro la miraron expectantes, temerosos de lo que pudiera decirles pero intentando adivinar en su rostro el resultado de la operación.
-Vivirá.- los tranquilizó a todos. Era lo único que necesitaban saber. –Pero sigue inconsciente y es posible que continúe así unos días más.
-¿Podemos verla?- preguntó Jean con un hilillo de voz. Hanji dudó unos instantes de eso, la chica necesitaba descansar y mucha calma.
-No estoy segura… quizás es mejor que la dejéis por hoy.- pero Eren no le hizo caso y se introdujo en la habitación de la chica a pesar de las advertencias de su superior. – ¡Eh, Eren, espera!
Se quedó boquiabierto al contemplar su cuerpo en tan delicado estado. Mikasa estaba totalmente destapada y eran visibles todas las vendas que habían tenido que utilizar para tapar sus heridas. Los brazos, todo el pecho, las costillas y una de las piernas. Tenía un aspecto horrible. Algunas de las zonas algo más oscuras por la sangre que comenzaba a filtrarse con lentitud. Tenía el pelo alborotado, tez más pálida de lo normal y diversas heridas por la cara también. Sus ojos permanecían cerrados y daban la sensación de no volver a abrirse nunca más. Un pensamiento que atormentaba a Eren de forma inimaginable. Fijó su mirada en el pecho de ella que se movía con mucha dificultad, le costaba creer que realmente estuviera fuera de peligro porque aparentaba lo contrario.
-Cómo… has podido acabar así…- susurró sin saber reaccionar. Se acercó lentamente hasta ella para tomar su mano con delicadeza. Estaba fría y sudorosa, aunque seguía manteniendo cierta suavidad.
-Fue al ayudarme.- contestó Jean para sorpresa de Eren. Algunos de los rumores decían que Jean había sido atrapado por un titán y que al ayudarlo Mikasa sufrió un accidente. Si admitía esos hechos, entonces eran verídicos.
-Tú… ¡maldito seas Jean!- gritó levantándose al momento para arremeter contra él. Eren hizo retroceder al chico alto con pelo castaño hasta una de las paredes agarrándolo del cuello de su camisa con rabia mientras alzaba el puño de su otra mano amenazando con golpearlo. -¡Es tu culpa que Mikasa esté así! ¡Tendrías que haber sido tu en su lugar!- gritó sin pensar bien lo que decía. La falta de sueño y el pesar que sentía estaban haciendo mella en él.
-¡¿Y qué me dices de ti?!- contraatacó él encontrando una abertura por la que amarrar también la camisa de Eren. Jean tampoco estaba contento con aquella situación, con gusto se cambiaría de lugar con Mikasa porque verla en ese estado era doloroso para él. Pero no admitía que alguien tan insensible como Eren le reprochara nada a él. -¡¿De quién crees que es la culpa de que Mikasa estuviera tan distraída durante la misión?!- Ese reproche pilló desprevenido a Eren y dejó de ejercer fuerza sobre Jean.
-Eh, ya es suficiente, chicos. Mikasa necesita reposar.- les pidió Armin. No era ni el momento ni el lugar para aquello. –No tiene sentido que os culpéis el uno al otro, nadie tiene la culpa de lo sucedido.- quiso hacerles ver, pero no supo si sus palabras sirvieron de algo.
-Bien, es hora de que regreséis a vuestros dormitorios.- comentó Hanji cansada de contemplar aquella escena. Armin y Sasha fueron los primeros en acatar las órdenes, pero Eren y Jean siguieron resistiéndose a abandonar a Mikasa. – ¿Es que queréis… que os deje en peor estado del que está ella? Porque soy perfectamente capaz de ello. Podéis poner a prueba mi paciencia si queréis.- los amenazó con un tono escalofriante.
Ahora que se habían asegurado de que estaba a salvo, quizás tendrían la ocasión de descansar un poco, aunque Eren tenía pensado pedir todos los permisos que pudieran darle para permanecer junto a ella todo lo posible.
Quince días fue lo que tardó Mikasa en recuperar la consciencia de nuevo. Ocurrió durante una de sus revisiones diarias. Hanji inspeccionaba sus heridas para ver en qué estado estaban, todas ellas evolucionaban favorablemente. Cuando empezó a revisar los cortes en su cara que ya se habían curado, la vio fruncir el ceño. Comenzaba a despertar y pronto tendrían que proporcionarle calmantes hasta que las heridas más profundas dejaran de dolerle. La chica soltó algunos quejidos hasta que finalmente abrió uno de sus ojos para analizar el lugar en el que se encontraba y a la persona que debía estar atendiéndola.
-Tienes suerte de ser una chica fuerte, Mikasa.
Una vez que hubo despertado, continuó revisándola en busca de otro tipo de problemas que pudieran estar ocultos a simple vista. Debía asegurarse.
En el instante en el que terminó de redactar sus informes, la puerta de la habitación sonó pidiendo permiso para entrar. Hanji imaginaba quién podría ser y le pidió que esperara fuera. Minutos después, salió del lugar para encontrarse con la mirada curiosa de Armin a la espera de los avances.
-Mikasa está despierta. Acaba de recuperar la consciencia.- le comentó siendo testigo de cómo los ojos del chico se iluminaban a medida que hablaba. Aquella era sin duda la mejor noticia que podría darles. –Pero hay algo más, Armin.
Armin tenía que avisar al resto de sus compañeros, Hanji tenía cosas que hacer y prefería ser él quien diera la noticia. Tal y como esperaba los encontró a todos en el comedor, quien peor aspecto tenía era Eren y no le extrañaba. La mayoría de las noches se quedaba dormido junto a la cama de Mikasa con medio cuerpo tendido sobre el colchón y sin soltar su mano en ningún momento. Aquello le estaba pasando factura. Como condición de dejarlo permanecer al lado de la chica no debía bajar su rendimiento en los entrenamientos. Por eso se había esforzado en ello, aunque en más de una ocasión Armin había tenido que ir a pedirle al Capitán que lo obligara a irse a dormir a su propio cuarto porque no atendía a razones.
Cuando lo vieron entrar corriendo, se alarmaron pero después no tardaron en relajarse al contemplar su rostro en calma, solo podía significar buenas noticias.
-Armin, ¿ha pasado algo?- preguntó Sasha. –Mikasa no habrá empeorado, ¿no?- se preocupó, pero él lo negó con la cabeza.
-Mikasa ha despertado hace un par de horas y sus heridas están bastante mejor de lo esperado.- les informó. Sasha no pudo contener un pequeño gritito de alegría, aunque no tuvo comparación con el brillo en los ojos verdes de Eren, parecían haberse llenado de vida una vez más. –Aunque hay algo importante que tenéis que saber antes de ir a verla…- no pudo terminar porque junto a él pasó Eren con una velocidad increíble. -¡Espera, Eren! ¡No puedes ir a verla así!- intentó advertirle a gritos pero eso no lo detuvo.
El camino hasta la habitación de Mikasa se le hizo eterno, al contrario que las otras veces. Ansiaba llegar de una vez por todas y volver a verla despierta con sus propios ojos, asegurarse de que realmente estaba con vida y que se recuperaría pronto. De que volvería a ser la misma Mikasa de siempre.
Ignoró los gritos y las peticiones que trataban de detenerlo y continuó avanzando hasta que finalmente alcanzó el cuarto. Su corazón palpitó con fuerza, nervioso. Sabía que también le debía una gran disculpa por todo lo ocurrido antes de que acabara en aquel estado, y podría ser que Mikasa estuviera enfadada con él por ello, se lo merecía. Pero primero lo primero, asegurarse de que Hanji tenía razón, después ya se encargaría de hacer todo lo que estuviera en sus manos para compensárselo.
Se introdujo en la habitación ante los ojos curiosos de la chica sentada en la cama. Su piel pálida tenía algo más de color, su respiración había vuelto a la normalidad y muchas de las heridas estaban prácticamente curadas. Mikasa era fuerte y no había nada que agradeciera más, porque cualquier otro soldado en su misma situación probablemente habría muerto.
Al de unos segundos se percató de que había estado conteniendo la respiración desde que se había introducido en el interior. Se acercó a ella para contemplarla de cerca, la chica no dijo nada y tampoco mostró expresión alguna, se mantuvo quieta a la expectativa de lo que Eren fuera a hacer. El chico tomó asiento en la silla junto a la cama.
-Mikasa… me alegro tanto… de que estés despierta.- susurró sin poder mirarla a los ojos. Se le hacía difícil porque su mirada lo ponía nervioso. Aunque después se obligó a sí mismo a hacerlo al tiempo que cogía la mano de la chica entre las suyas como muestra de afecto. Pero entonces se quedó perplejo, Mikasa apartó de golpe la mano con recelo. Como si Eren fuera una especie de amenaza para ella.
-No te conozco, así que no te tomes tantas confianzas conmigo.- contestó ella para el asombro del chico que la miraba como si fuera un fantasma. No entendía lo que ocurría, jamás imaginó que Mikasa podría estar tan enfadada como para querer tacharlo de su vida para siempre.
-¿Q-qué… estás diciendo, Mikasa?- preguntó con un hilillo de voz, el nudo que se acababa de formar en su garganta no le dejaba hablar con fuerza porque si lo hacía, probablemente acabaría rompiéndose ante ella.
-¡Eren!- volvió a llamarlo Armin cuando entró por la puerta. Por el escenario ante él supo que algo debía haber ocurrido. –Ven fuera un momento.- se dejó arrastrar por su mejor amigo porque era incapaz de digerir aquella situación. Una vez todos estuvieron allí, Armin comenzó a explicarles lo que Hanji le había contado. –Mikasa mejora cada día, pero veréis, sus recuerdos se han alterado a causa del golpe que se dio en la cabeza.- las manos de Eren comenzaron a temblar con fuerza, no podía creer lo que estaba escuchando. –Es cuestión de tiempo que acabe recordando todo, pero de momento será mejor no hacer ningún comentario que la haga pensar demasiado en ello.
-Armin, ¿hasta qué punto se ha visto afectada su memoria? No parecía reconocer a Eren.- esas palabras sobresaltaron al chico nombrado porque él mismo había comprobado de primera mano que Mikasa no sabía quién era.
-Hanji le ha hecho un montón de preguntas y cree que no recuerda nada hasta el día anterior a la noche en la que perdió a sus padres.- aclaró. Todos a excepción de Eren se quejaron sorprendidos, aquello parecía imposible, y sin embargo era cierto. Con la cabeza gacha y sin ganas de continuar de pie allí, Eren se alejó lentamente del lugar inmerso en sus pensamientos, que Mikasa estuviera así no arreglaba nada. Evidentemente, agradecía que estuviera sana y salva, que pudiera seguir con vida. Pero la relación que tendrían a partir de entonces sería como la de dos desconocidos. Aquel había sido un duro golpe para él, solo le quedaba esperar que Hanji estuviera en lo cierto y que recuperara pronto la memoria.
Eren intentó llevarlo lo mejor que pudo, al igual que el resto, aunque era entendible que para él fuera más duro pues llevaba muchísimo más tiempo junto a la chica. Todos acordaron decirle a Mikasa que aún estaba enferma y que ese era motivo de que permaneciera en cama. Algunas veces insistía en querer ver a sus padres pero siempre inventaban alguna excusa para que se olvidara del tema. No era conveniente que supiera la verdad de forma repentina porque no sabían cómo podría reaccionar.
Mientras tanto, lo único que Eren y Armin podían hacer para recuperar la confianza de la chica era pasar tiempo con ella y acercarse poco a poco. Aunque fueran unos completos desconocidos para ella, ellos lo sabían todo sobre Mikasa, así que partían con ventaja. Sin embargo, seguía siendo difícil pues la chica en general era bastante cerrada con los extraños.
Aquella tarde, Eren decidió probar con algo que quizás le ayudaría a acercarse a ella un poco más. Si Mikasa recordaba a sus padres hasta la noche antes de que fueran asesinados, entonces probablemente también recordaría a su padre.
-Mikasa, ¿puedo preguntarte algo?- le dijo captando su atención. Acababa de terminar de comer, así que Eren le apartó la bandeja del regazo para que no tuviera que hacer ningún esfuerzo. Todavía no le permitían levantarse de la cama.
-Dime.- contestó seca. Poco a poco comenzaba a acostumbrarse a la presencia de aquellos chicos que la visitaban cada día. No entendía muy bien la razón pero parecían sentir bastante afecto hacia ella. Sin embargo, no podía evitar actuar con cautela ante ellos porque no los conocía de nada.
-¿Recuerdas al doctor Jaeger? Os ha visitado en muchas ocasiones.- trasladó todo al presente para que no sospechara, aún así ella se quedó mirándolo sorprendida de que él supiera eso.
-Sí, lo conozco… ¿por qué lo preguntas?- quiso saber. Inconscientemente se llevó la mano a la bufanda que rodeaba su cuello en busca de calor.
-Bueno, yo soy su hijo, Eren Jaeger. Es posible que alguna vez te haya hablado de mí.- dijo con algo de esperanzas. Con aquello, quizás Mikasa confiara algo más en él, pero no estaba seguro de que fuera a funcionar como él quería.
-No estoy muy segura… de todas formas, siempre he creído que el hijo del doctor sería de mi edad.- admitió ella bajando la cabeza para tratar de recordar. Por algún motivo en ocasiones le daba la sensación de que las cosas no encajaban del todo. Como un puzle con piezas que no le pertenecían. El silencio se hizo, ninguno parecía saber qué decir pero entonces Mikasa volvió a hablar inmersa en una de sus reflexiones que compartió en voz alta. –A veces… me da la impresión de que todo a mí alrededor es diferente a lo que creo.- aquello alarmó al chico, pero antes de contestar nada la dejó terminar. –No he visto a mis padres en mucho tiempo, y por algún motivo creo que no volveré a verlos más.- Eren bajó la cabeza entristecido. –pero no es solo eso, la ropa es demasiado grande y sin embargo me queda bien, y aunque no he salido de esta habitación sé que me encuentro en un cuartel. Mi pelo antes era más largo y mi cuerpo…- el chico no pudo evitar pensar en aquello último, Mikasa había cambiado muchísimo en los últimos años aunque él nunca se había fijado en eso. Aquella mentira piadosa tenía fecha de caducidad y no tardaría mucho en llegar a su fin. –Eren, ¿qué es lo que ocurre realmente?
-Será mejor que lo dejes estar por ahora, Mikasa. No es algo por lo que debas preocuparte.- fingió una sonrisa y se levantó de golpe. –Iré a llevar esto y volveré en seguida.- Fue lo único que se le ocurrió para que ella no siguiera insistiendo. Se sintió egoísta por haber estado pensando solo en el daño que la pérdida de memoria de Mikasa le hacía a él. La chica también estaba sufriendo, debía estar totalmente desorientada y perdida, sin nadie que la apoyara realmente. Seguramente se sentiría sola. Quizás era hora de hablar con Hanji para tomar una nueva decisión.
Tras la reunión que tuvieron los superiores junto a las personas más cercanas a Mikasa, finalmente decidieron que se lo contarían sutilmente, sin detallar demasiado. Estaba claro que la joven sabía que aquello que le habían dicho no era viable y seguir mintiéndole podría hacer que desconfiara aún más en ellos. Así que se lo contarían.
Por fortuna, reaccionó mejor de lo esperado. Escuchó atentamente lo que Hanji, Armin y Eren le contaron, aunque omitieron bastantes detalles del pasado y se centraron principalmente en el presente. En la Legión y su objetivo principal, lo importante que era pelear contra los titanes. Aceptó su lugar en el cuartel advirtiendo que lo que le estaban contando encajaba bastante mejor con la realidad ante sus ojos, así como la edad que realmente tenía.
Sin embargo, todo tuvo sus consecuencias. Otra de las razones por la que habían decidido contárselo era por las altas posibilidades de que aquello la ayudara a recuperar la memoria poco a poco. Y así fue, pero no de la forma esperada. Mikasa no tardó en ser víctima de pesadillas horribles. En ellas siempre veía muertes que le daba la sensación de haber presenciado, aunque no conocía más que los rostros de sus padres. Después no se acordaba muy bien de lo sucedido porque se despertaba a causa de sus propios gritos.
Hanji no tardó en recetarle unos calmantes para que no pasara por aquellos malos momentos durante sus horas de descanso. El dolor de las heridas también podía estar influyendo en esos episodios de pesadillas, pero estaban seguros de que se debía a que podía estar recordando todo lo vivido a lo largo de aquellos últimos años.
-¿Ya le has dado la medicina de Hanji?- preguntó Eren a Armin cuando entró a la habitación. El chico rubio asintió, aquella tarde había sido su turno de quedarse junto a Mikasa hasta que terminara de cenar. Los dos congeniaban bastante bien, Armin era amable y volcado en todo lo que hacía, a la joven no le había costado mucho confiar en él y verlo como a un compañero. Aún así, no permitía que nadie la cuidara durante las noches, ni siquiera durante las pesadillas.
-Sí, me he quedado con ella hasta que se ha ido a dormir.- le contó.
-¿Sabes, Armin?- Con todo aquello Eren había recordado las primeras semanas en casa cuando Mikasa empezó a vivir con ellos. –Todo esto se me hace bastante familiar, las pesadillas de Mikasa… cuando vino a casa también era así. Papá tuvo que darle calmantes para que pudiera dormir tranquila.- comenzó a contarle. –Pero aún así no mejoraba, así que una vez probé a dormir con ella y funcionó.- Armin sonrió en la oscuridad, entendía que Mikasa hubiera estado desde siempre tan apegada a él, pues compartían un lazo muy especial del que Eren no parecía haberse dado cuenta aún. –Aquella noche… había olvidado la promesa que le hice. Le dije que siempre estaría a su lado para protegerla.- susurró para sí mismo. Las lágrimas amenazaron con caer por sus mejillas porque le había fallado. No había cumplido con su promesa y por su culpa las cosas habían acabado de una de las peores maneras. – ¿Y si nunca me recuerda?
Por fin fue capaz de sacar uno de sus mayores temores en aquel momento. Los recuerdos especiales que ambos compartían desde el día en que se conocieron era lo que tanto los unía. Momentos que solo ellos conocían y sus pequeños tesoros. Sin esas vivencias, Mikasa había perdido una gran parte de su propia esencia y de su persona. No era la misma que ellos conocían.
-Es algo temporal, Eren. Nos acabará recordando.- le aseguró Armin.
Esa noche antes de quedarse dormida, por la cabeza de Mikasa pasaron varias imágenes que le resultaban familiares. La calidez de otra persona que le hacía sentir realmente bien, segura, protegida y esperanzada. Sentía que había algo importante que había olvidado pero cada vez que intentaba recordarlo la cabeza le dolía demasiado y en su pecho se formaba un sentimiento de angustia que parecía estar ligado a esa persona que tanto debía significar para ella.
Dos meses transcurrieron de las pesadillas y estas se esfumaron tan pronto como empezó a recordar a las personas a su alrededor. Los recuerdos regresaron a ella, algunos agradables y reconfortantes, otros dolorosos pero al mismo tiempo importantes, porque al final el conjunto de todos ellos la habían convertido en lo que era. Sin embargo, aún tenía enormes lagunas en esos recuerdos, como si alguien hubiera intentado recortar a una misma persona de todos ellos para borrar su existencia.
Era consciente de que en su infancia y desde que perdió a sus padres, apareció alguien realmente vital en su vida, pero no podía recordar a esa persona por mucho que lo intentara. El pecho le dolía cuando se esforzaba más de la cuenta en buscar el significado de todo aquello, por eso solían decirle que no se forzara.
La muerte de sus padres, la de su familia adoptiva… por fin recordaba aquellos rostros de personas que ya no estaban junto a ella, y aunque le causaran dolor prefería poder tenerlas en mente.
Cuando Eren entró al comedor, la escena de hacía meses ya era visible nuevamente, nada parecía haber cambiado y sin embargo, todo era diferente. Mikasa estaba prácticamente curada y podía comer con ellos y entrenar con normalidad. Vio a la chica comer junto a Armin y Jean, era evidente el interés de éste último en mantener una conversación con ella. Cuando le dijeron que había recordado a Jean, Eren no pudo evitar reaccionar ante el comentario.
-¿¡Jean!? ¿El también?- preguntó frustrado dejándose caer en el banco ante la mesa en la que comían. Primero fue Armin y progresivamente todos los demás, incluso a sus superiores. A aquellas alturas solo faltaba que lo recordara a él y no podía entenderlo. Era quien más tiempo había permanecido a su lado, con quien más momentos había compartido y no era capaz de reconocerlo.
-¿Algún problema?- contestó él molesto por el tono con el que había hablado como si lo menospreciara.
-Sí, el problema es que fuiste el causante de lo ocurrido y aún así te recuerda- volvió a sacar lo mismo que le echó en cara la anterior vez. En el fondo se sentía culpable por lo que le pasó a Mikasa pero fue Jean quien pudo hacer algo para evitarlo y no lo hizo, por tanto, estaba convencido de que parte de la culpa era del chico.
-¡De qué estás hablando! Todos recordamos lo que le dijiste aquella noche durante la cena, Eren.- dijo acercándose a él por encima de la mesa, ambos parecían estar a punto de enzarzarse en una nueva pelea. Mientras que Mikasa con cada nuevo dato que recibía solo sentía malestar. –Mikasa ya no será un estorbo para ti, tal y como tú querías, ¿no?- le recordó abriendo aquella herida que no se sanaba con el paso de los días. Nunca se había arrepentido tanto de algo que hubiera dicho, y ya no había forma de volver atrás en el tiempo para cambiarlo. Jean lo había vuelto a agarrar del cuello de su camisa. –Deja que aquellos que de verdad la valoramos nos quedemos junto a ella.- esto último lo susurró para que solo él pudiera escucharlo. Después le pegó un pequeño empujón y volvió a sentarse mientras que Eren permanecía de pie dándole vueltas a sus recientes palabras. Los demás observaron la escena, expectantes de lo que fuera a ocurrir y pendientes por si debían actuar.
-Quienes… de verdad la valoran, ¿eh? Así que… yo nunca la he valorado como debía.- repitió en un tono de voz realmente bajo como si estuviera sacando sus propias conclusiones. –Es cierto, no merezco que me recuerde después de cómo me he comportado.- con aquello dejó su comida intacta y se marchó de allí. No tenía hambre ni ganas de permanecer cerca de sus compañeros y recordar continuamente los errores irreparables que había cometido. Todas las veces que había apartado a Mikasa de manera brusca y sin tener en cuenta los sentimientos de la chica, posiblemente se habría sentido tan mal como él en ese momento. Como si no fuera nada para ella.
Las ganas de llorar volvieron a él, sentía más presión de la que realmente podía soportar, pero no quería que nadie lo viera así. A pesar de que tenían prohibido salir al exterior en plena noche a menos que se tratara de alguna guardia, Eren se subió a uno de los árboles cercanos a la entrada del bosque para tranquilizarse. No regresaría hasta haberse calmado del todo.
Sería perfecto si pudiera olvidar aquel sentimiento de culpa, pero a pesar de que Mikasa se hubiera recuperado y que volviera a ser la misma, faltaba algo importante. No podía sentirse completo si no formaba parte de la vida de la chica de alguna manera. Nunca creyó que echaría en falta tenerla a su lado proporcionándole todo el apoyo que necesitaba, creyendo en él ciegamente y sin poner en duda sus acciones ni una sola vez. Y es que por mucho que hubiera tratado de alejarla de él por su propio bien, ella había insistido en permanecer a su lado porque le importaba por encima de todo y él no había sabido llevarlo de la forma adecuada. Por eso solo le quedaba el resentimiento y la culpa hacia su persona.
Escuchó unas pisadas que pronto se transformaron en una figura subida sobre la rama contigua a la suya. La oscuridad no le permitió ver el rostro de la persona pero solo Armin había podido salir en su busca para tratar de hacerlo sentir un poco mejor.
-Si no te vas, te castigarán.- soltó aún con la cabeza apoyada sobre sus brazos, los cuales rodeaban sus piernas flexionadas. Pero no notó que la persona se marchara a pesar de su advertencia, Armin podía resultar realmente terco cuando se lo proponía.
-Tú tampoco te librarás.- escuchó aquella delicada voz que le provocó un gran escalofrío y que se coló en sus oídos sin permiso para permanecer en su cabeza.
-¿Mikasa?- giró la cabeza bruscamente tratando de encontrar los ojos grises de la chica en la oscuridad pero no pudo verlos porque se había acomodado junto a él para observar el cielo nocturno sobre ellos. El corazón de Eren dio un vuelco al tenerla tan cerca, era raro que estuvieran solos de aquella manera, quizás había logrado recordar algo y por un momento sus ojos brillaron con esperanza.
-Armin me ha contado que tu y yo éramos muy cercanos antes de que perdiera la memoria.- continuó hablando ella, disipando toda esperanza del chico. –Me dijo que sería mejor que fuera yo a buscarte.- su tono monótono e inexpresivo era el que conocía y aún así no era la misma Mikasa de siempre. Armin había acertado, como de costumbre, siempre parecía saber qué era lo que ellos necesitaban en cada momento. Aunque preferiría que aquella acción hubiera salido de ella.
-Sigues sin recordarme, ¿verdad?- la vio asentir en silencio. La rabia se extendió por él, necesitaba descargar, golpear algo hasta desahogarse completamente porque cada vez la situación era más insostenible para él.
-Hanji dice que es cuestión de tiempo, no tienes que preocuparte.- añadió ella. Tampoco se sentía demasiado bien viendo lo mucho que Eren parecía estar sufriendo con la situación, podía percibir con sus actos que de alguna forma la apreciaba muchísimo, más de lo que seguramente ella podría imaginar. Pero no había nada más que ella pudiera hacer.
-Quizás sea mejor que no me recuerdes.- susurró añadiendo alguna que otra carcajada, pero la tristeza era notoria en el tono de voz. Mikasa se sintió un poco dolida, no solo por él, sino porque sentía que algo le faltaba para sentirse completa, por eso ella también quería recuperar la memoria.
Eren buscó a tientas la mano de la chica que se encontraba a un costado, cuando se percató de ello, Mikasa estuvo a punto de apartarla como la última vez pero se forzó a sí misma a dejar que la agarrara. Ante aquel contacto el corazón de Mikasa comenzó a palpitar con fuerza, su respiración se paralizó como si aquel revoltijo de emociones estuviera a punto de hacerle recordar algo. Sin embargo los recuerdos pasaron tan sumamente rápido que no pudo quedarse a analizar ninguno de ellos. En cierto modo, aquella sensación era agradable y la mano de Eren cálida, como si arropara su alma.
Pronto, las listas aparecieron en uno de los tablones preparados para informar a los soldados, un nuevo sistema que habían preparado los superiores. Según decía el informe, Hanji había perdido el titán que habían logrado atrapar al excederse en uno de sus experimentos, pero viendo los avances obtenidos contaban con un nuevo permiso para capturar otro de ellos. Además las trampas permanecían colocadas en su lugar, por lo que parte del trabajo estaba hecho.
-¿Otra expedición?- preguntó Eren intentando hacerse hueco entre los soldados ante él, pues no lograba ver los nombres de la larga lista. Consiguió aproximarse hasta donde estaba Armin junto a Jean, su amigo no tenía muy buena cara.
-Mira, Eren.- señaló provocando que mirara en su dirección uno de los papeles. Pasó la mirada por la lista, ninguno de los nombres le llamó la atención hasta que apareció el de Mikasa entre los de ellos. No podía creerse que después de las heridas graves que había tenido la mandaran a una misión como aquella de buenas a primeras.
Ambos se miraron negándose a aceptar aquello, hablarían con quien hiciera falta para oponerse a aquella decisión tan descabellada. Y así lo hicieron, pidieron permiso para charlar con el mismísimo Comandante Erwin. Eren dejó que Armin hablara por petición suya, pues era bastante posible que perdiera los nervios.
-El estado físico de Mikasa Ackerman está en condiciones idóneas.- fue la respuesta que les dio a ambos. Hanji se encontraba presente para confirmarlo, la había inspeccionado concienzudamente para que pudieran asegurarse de ello. El Capitán tampoco se quedó a un lado, había participado en los entrenamientos con la chica y aunque los primeros días si que notó un descenso en sus habilidades, pronto recuperó su velocidad y su fuerza. Estaba preparada para ello.
Por mucho que intentaron llevarles la contraria y hacerlos cambiar de opinión, no lo lograron. Pero aún había una oportunidad de evitar que Mikasa fuera a la expedición. Eren le pidió a Armin que lo dejara todo en sus manos, que lo arreglaría.
Con suerte encontró a Mikasa todavía en su habitación. Sasha no estaba en el interior, así que aquello les daría más privacidad para tratar el tema. Después de obtener el permiso para entrar cerró la puerta tras él y se dirigió a Mikasa. Hacía mucho que no entraba a su habitación y en parte había echado en falta el aroma a ella que se extendía por la sala. Era dulce y entrañable.
-Mikasa, ¿has visto las listas del tablón?- comenzó a hablar sacando directamente el tema. No tenía intenciones de dar rodeos porque tampoco era que tuvieran demasiado tiempo. Ella asintió con la cabeza sin entender muy bien por qué parecía alterado con aquello. –Bien, pues tenemos que buscar una excusa para que te puedas ausentar.
-¿Por qué haría eso?- contestó ella para sorpresa de Eren. Mikasa dejó de recoger algunas de sus cosas y se sentó sobre la cama junto a Eren.
-¿Cómo que por qué? Hasta hace nada seguías en una cama sin poder moverte, Armin y yo creemos que es lo mejor. No estás lista para esa misión.
-No podéis impedírmelo.- fue lo único que dijo, en su tono no se mostró rechazo ni tosquedad, mantuvo la calma en todo momento, al contrario que Eren, quien comenzaba a perder los nervios a causa de la frustración. –De todos modos, ¿quién crees que eres para decidir qué es lo mejor para mí?- en esta ocasión sí que pareció un ataque, a pesar de que no quiso formularlo de aquella forma. –Todos arriesgáis vuestras vidas, no es diferente para mí. Soy una más.
No se daba cuenta de lo equivocada que estaba porque para Eren ella nunca podría ser solo una más, era alguien, una persona realmente importante e imprescindible. Pero mientras no recordara nada, no podría entenderlo. ¿Así era cómo se sentía ella cada vez que intentaba alejarlo del peligro y se negaba con palabras hirientes? La diferencia estaba en que Mikasa se negaba siguiendo una lógica muy simple basada en los recuerdos y sentimientos que había recuperado mientras que él en todas esas ocasiones había sido consciente de que podría estar haciéndole daño y a pesar de ello continuaba apartándola. Lo comprendía, por fin era capaz de verlo desde otra perspectiva diferente.
-No te equivocas, ahora mismo no soy nadie para pedirte que no vayas.- se levantó para irse con la cabeza gacha pero entonces se detuvo en su lugar de espaldas a ella. -¿puedo preguntarte algo?- el silencio de la silla lo tomó como una respuesta afirmativa. -¿por qué decidiste entrar a la Legión de Reconocimiento, Mikasa?- ella se quedó pensativa durante un buen rato tratando de encontrar la respuesta idónea en algún lugar.
-¿Por qué… lo preguntas?- respondió sin saber lo que decir. –No estoy segura… debió ser para ofrecer mi corazón a la humanidad y protegerlos a todos.- terminó diciendo, a pesar de que en el fondo sentía que había sido impulsada a aquello por otra razón mucho más profunda, para impedir que alguien estuviera en peligro.
-Te equivocas, eso no es cierto.- le llevó la contraria. Aunque pareciera que no prestaba atención a la chica, Armin y él siempre supieron lo que Mikasa realmente quería. –Mikasa, tú querías una vida tranquila y pacífica lejos de todo esto.- le recordó. Después añadió algo más que ella no pudo escuchar. –si no te hubiera arrastrado hasta aquí…
Entonces, Eren no soportó más la tensión que estaba aguantando, toda la culpa acumulada en su interior lo estaba torturando hasta el punto de volverlo completamente loco. Se giró de repente con tosquedad y se echó prácticamente encima de Mikasa provocando que ella se tumbara sobre la cama. Agarró con fuerza la bufanda que la chica todavía llevaba en el cuello, Mikasa lo observó sorprendida pues no esperaba aquella reacción. Los ojos verdes del chico estaban repletos de lágrimas y rabia.
-¿¡Y esto!? ¿¡Qué me dices de esta maldita bufanda!? ¡No recuerdas nada y aún así la sigues llevando cada día!- le gritó. Daba la impresión de estar pagándolo con ella cuando en realidad la joven no tenía culpa de lo ocurrido. El culpable era él y con aquella actitud sabía que solo estaba empeorando las cosas pero no pudo reprimirse por más tiempo. Quería que lo recordara de una maldita vez. Después de unos segundos Eren pudo ver con más claridad el rostro sorprendido de Mikasa y algo de miedo en sus ojos. Aquello terminó de romper la poca esperanza que le quedaba, lo último que quería era que Mikasa lo mirara como a un monstruo, igual que toda aquella gente durante el juicio.
Tras aquella conversación que se había transformado en una discusión, Mikasa no pudo quitarse de la cabeza la expresión desesperada del chico. De alguna forma le hacía sentirse terriblemente mal. Tanto su compañera como ella estaban preparadas para irse a dormir, pero cuando se dio cuenta ya había formulado la pregunta que le rondaba por la cabeza.
-Oye, Sasha… qué sabes de esta bufanda.- preguntó antes de que la chica se quedara dormida. No solía costarle nada conciliar el sueño. Ella se giró para mirarla desde el otro extremo de la habitación.
-La verdad es que yo también sentía curiosidad por ella.- admitió. –Se que debía habértelo preguntado a ti pero tenía la sensación de que no me lo contarías, así que un día se lo comenté a Armin.- tenía sentido, Armin era su amigo más cercano y quien mejor la conocía. Casi cualquier duda podría resolvérsela él. Mikasa esperó que la chica continuara. –Me dijo que fue algo que Eren te regaló al conocerte y parece ser que es realmente importante para ti.
Mikasa entonces comprendió la reacción de Eren aquella mañana, era normal que se sintiera de esa forma si no podía recordarlo cuando se suponía que era alguien muy importante para ella. Pero por mucho que lo intentara era incapaz de ello, ni siquiera con lo que Sasha le había contado sus recuerdos habían regresado. Solo le quedaba aquella sensación de nostalgia y comodidad que recorría su cuerpo cada vez que acariciaba la prenda en su cuello.
La expedición se llevó a cabo tal y como estaba señalada. Sin mayores incidencias que las habituales, todos ocuparon sus posiciones. El escuadrón de operaciones especiales se dispersó bajo órdenes del Capitán Levi que aún se encontraba junto al equipo de Hanji dándole unas últimas advertencias.
-Eh, cuatro ojos, ten cuidado esta vez. Es el último juguete que atraparemos para ti.- le advirtió. Ella aún así no pudo ocultar su rostro de entusiasmo, tenía ganas de ver qué cosas nuevas podrían descubrir en aquella ocasión.
Mikasa y Eren no habían vuelto a cruzar palabra desde aquel día, en esta ocasión parecía ser él quien trataba de alejarse de ella para no incomodarla, aunque por dentro estaba demasiado nervioso como para quedarse tranquilo. La vio partir junto a Levi hacía la zona repleta de titanes mientras que él en esa ocasión tuvo que quedarse con Hanji esperando.
-No te preocupes, Eren, Mikasa sigue en tan buen forma como antes.- habló Armin preparándose para unirse a su escuadrón. –Además, irá junto al Capitán. Estará bien.- intentó convencerlo y aunque asintió con la cabeza no se quedó más tranquilo.
La espera se le hizo eterna. Al cabo de una hora el titán que se había convertido en su objetivo pasó entre los árboles aproximándose a ellos. El único momento en el que pudo despreocuparse de todo lo demás fue cuando tuvo que encargarse de guiarlo hacia las trampas que no estaban muy lejos de él. Tras eso, cuando Hanji lanzó la bengala con humo verde, no pudo dejar de preguntarse cuántos de sus compañeros habrían perecido en aquella misión, y si entre ellos estaría ella.
Buscó con la mirada a la líder de escuadrón que no dejaba de dar brincos alrededor del titán apresado con una enorme red y un montón de lanzas que se hundían en su piel.
-Hanji, podría…- ella lo miró con una amplia sonrisa. Estaba demasiado contenta pero aún así pudo prestar suficiente atención al chico como para saber qué era lo que iba a pedirle. Era consciente de lo preocupado que estaba por Mikasa, ella misma había sido testigo durante todas aquellas semanas.
-Avisa al Capitán Levi de la retirada.- contestó. Era una orden que indirectamente la llevaría hasta ella, pues ambos debían encontrarse en el mismo lugar. Asintió agradecido y salió hacia allí a toda velocidad.
El Capitán y Mikasa se habían estado ocupando ellos solos de la zona en la que más titanes se agolpaban durante aquellas misiones. La última vez perdieron a bastantes soldados por allí, por eso, en esta ocasión los habían asignado a ellos. Confiaban en las buenas habilidades de la chica a pesar de ser aún una principiante que junto al hombre más fuerte de la raza humana no tendrían de qué preocuparse.
Tenía alguna que otra herida sin importancia en sus manos a causa de las veces en las que se había tenido que agarrar a los troncos de los árboles con sus dedos. En otra ocasión salió impulsada hacia atrás dando varias vueltas por el suelo pero se recuperó de inmediato durante el retroceso y obtuvo nuevamente el equilibrio. Tal y como solía ocurrir las escasas ocasiones en las que sus movimientos no eran bien ejecutados por factores externos.
-Ackerman, ocúpate de ese, yo iré a por los otros tres.- le ordenó Levi. Ella solo asintió con un gesto de cabeza mientras lo vio alejarse de reojo. Los titanes que perseguía el Capitán debían ser excéntricos porque los ignoraban y se precipitaban hacia el centro de la formación. Debía ocuparse de ellos cuanto antes, pues pronto se retirarían y no podían perder al titán que habían capturado.
Se preparó para darle el golpe de gracia a aquel titán ansioso por atraparla y devorarla. No alargaría mucho más aquel último golpe, pero cuando se deshizo de él, sus ojos captaron otra nueva silueta de gran tamaño que levantó su mano hacia ella. Usó el gas para propulsarse hacia arriba y evitar que la alcanzara. Sin embargo, la velocidad y la voltereta que había efectuado terminaron de aflojar la bufanda de su cuello y ésta calló enganchándose en una de las ramas más bajas del árbol cerca del titán.
Su corazón dio un vuelco al verla caer de aquella forma, de pronto se sintió desnuda y desprotegida. Como si hubiera perdido parte de ella. Su primer impulso fue recuperarla de inmediato, con la velocidad adecuada podría esquivarlos y llegar hasta ella pero cuando se quiso dar cuenta un tercer titán acudió al lugar y todos ellos se concentraban cerca del árbol que tenía su bufanda.
Con una mueca de disgusto volvió a retroceder hasta un lugar alto fuera del alcance de sus enemigos para pensar con claridad. Se desharía de ellos primero y después podría recuperar con mayor facilidad su preciada prenda sin tener que arriesgar su vida.
-¡Mikasa!- una voz conocida llamó su atención obligándola a contemplar al recién llegado. Eren apareció del interior del bosque aparentemente al tanto del problema que tenía. El chico se colocó junto a ella para darle nuevas indicaciones. –Distráelos, yo recuperaré tu bufanda.- No estaba segura de si eso sería lo más adecuado. Aunque ella atrajera la atención de sus enemigos, si lo veían a él posiblemente la ignorarían.
-Estás herido, puedo hacerlo sola.- nuevamente aquella actitud que tanto le recordaba a él mismo. Creyó que la chica no se fijaría en las pequeñas heridas en sus brazos causadas por los titanes que se había cruzado de camino allí.
-Tú tampoco estás mejor que yo, además mis heridas se curan rápido- le recordó. Así, se lanzó hacia atrás para desaparecer entre los árboles mientras los tres titanes estuvieron atentos a los movimientos de Mikasa ahora que Eren había desaparecido de su campo de visión.
Mikasa los alejó todo lo que pudo del lugar, aliviada de que estuviera funcionando. Se deshizo del más grande, el de quince metros. Y acto seguido, se dispuso a acabar con el segundo más cercano a ella pero sus ojos se abrieron de par en par, pues mientras estaba totalmente concentrada en su segundo objetivo, el tercero había captado al chico junto a la bufanda y se dirigía hacia él.
-¡EREN!- gritó casi con desesperación para alertarlo de lo que ocurría. Intentó ir hacia allí pero el titán restante se lo impidió obligándola a acabar primero con él. No llegaría a tiempo para ayudarlo y su pecho se oprimió tanto que le costó respirar. No podía ni quería perderlo, esa era la sensación que crecía en su interior y aunque no lo recordara, las emociones atadas a ello le hacían actuar.
El chico se giró con la bufanda en mano pero fue demasiado tarde, el titán se abalanzó sobre él. Eren se lanzó hacia atrás tratando de evitar acabar en sus fauces pero alcanzó una de sus piernas antes de que cayera estrepitosamente precipitándose hacia el suelo. El grito de dolor resonó en los alrededores alertando a Mikasa y llenándola de adrenalina. Su cuerpo reaccionó a aquello con rabia y en menos de cinco segundos el cuerpo del titán se encontraba tirado en el suelo emanando vapor.
Inmediatamente siguió hacia el lugar por el que había caído el chico hacia unos matorrales al pie de aquel árbol. Poco antes de que ella llegara hasta él, Eren asomó de entre los arbustos con buen rostro. Un tanto pálido y lleno de heridas pero por algún motivo que ella desconocía, contento.
-¡Mira, Mikasa! ¡La tengo!- celebró con una enorme sonrisa observándola acercarse hasta él y situarse justo en frente. Mikasa se dejó caer de rodillas apenada y sin poder apartar la vista de la pierna izquierda de Eren que ya no estaba en su lugar.
-Por mi culpa… tu pierna.- susurró perdida en un mar de emociones y culpas hacia su persona. Por muy importante que fuera aquella prenda para ella, no valía la vida de nadie. Estaba convencida de que Eren había hecho todo aquello por ella, porque la bufanda era importante para ella. Y ni siquiera era capaz de recordarlo.
-Duele un poco, pero no te preocupes, se recuperará pronto.- le restó importancia. Era una ventaja que solo él tenía. Eren viendo que ella seguía seria sin decir nada más al respecto, decidió que era momento de colocar lo que había recuperado en su lugar.
Se aproximó un poco más a Mikasa, ella no se apartó y tampoco hizo ningún gesto, solo se limitó a contemplar atenta los movimientos del chico porque aquella escena la había vivido antes. No era la primera vez que Eren le ponía la bufanda, lo sabía. Y entonces, con cada vuelta de la tela rodeando su cuello, miles de momentos regresaron a su mente desvelando al fin cada una de las emociones que había sentido: Lo agradecida que estuvo el día en el que fue a salvarla y apareció en su vida para devolverle la esperanza. Todo lo que había hecho por ella durante los años impidiendo que se cayera en un abismo cada vez más profundo. Lo mucho que se había esforzado para mantenerla a salvo y para hacerla evolucionar, para que quisiera luchar por la vida y por tener un lugar en aquel mundo. La persona que hacía tiempo había decidido que sería la más importante para ella, al fin había vuelto.
Mikasa no se dio cuenta de la cantidad de agua que estaba acumulando en sus ojos pero repentinamente las lágrimas comenzaron a caer sin parar. La figura de Eren se emborronó y cuando terminó de colocarle la bufanda solo pudo sollozar en silencio mientras él la observaba preocupado. Por muy culpable que la chica se sintiera por su pierna, jamás creyó que se pondría de aquella forma. Hacía mucho que no la veía mostrar sus emociones de forma abierta porque acostumbraba a guardárselo todo para ella sola. Aunque sí que recordaba haber escuchado de Armin lo emocionada que estuvo cuando emergió del cuerpo de aquel titán. Debió padecer el mismo estado en el que estaba en ese momento. Y en realidad, aunque sonara egoísta y le agradara que se preocupara por él, odiaba verla así de destrozada.
-¿Mikasa?...- preguntó sin saber muy bien qué hacer. No quería precipitarse pero tampoco podía quedarse ante ella sin hacer nada. –Te he dicho que me recuperaré, no tienes que preocuparte por esto.
Mikasa acortó de repente los centímetros que los separaban y lo envolvió en un fuerte abrazo hundiendo la cabeza en el pecho de Eren, susurrando su nombre una y otra vez. Y fue entonces cuando él comprendió lo que ocurría porque el tono que empleaba era diferente. Lo había recordado, al fin. Y no podía sentirse más feliz porque ya nada más importaba, Mikasa por fin había vuelto.
-Me has… recordado, ¿no?- quiso asegurarse. Ella asintió con la cabeza aún en su pecho empapándolo de lágrimas. Eren se tomó la libertad de hundir la nariz en su pelo, de inhalar nuevamente aquel aroma que era sinónimo de hogar. Disfrutó volver a tener el cuerpo de la chica entre sus brazos, de tener la oportunidad de protegerla. Y en esta ocasión no cometería los mismos errores porque lo último que quería era alejarse de ella, por fin se había dado cuenta de ello. La estrechó aún más temiendo que volviera a desaparecer, que aquello solo fuera un buen sueño del que pronto despertaría, pero el dolor de la pierna era real. –he estado a punto de darme por vencido… no sabía qué más hacer.- la apartó un poco para poder mirarla a los ojos, aquellas bonitas y brillantes orbes grises que le transmitían tanto.
Eren colocó ambas palmas de sus manos en las mejillas de la chica y con sus pulgares retiró las lágrimas que seguían escapando hasta que finalmente dejó de llorar y se tranquilizó. Él también estaba emocionado, tan feliz que podría ponerse a llorar al igual que ella en aquel preciso instante pero debía aguantar.
-En el fondo me lo merecía, lo sé. Por todo lo que te dije.- ella intentó negarse pero no le dejó hablar. – ¿Crees… que algún día podrás perdonarme?- preguntó. Ella asintió de inmediato.
-No tengo nada que perdonarte, Eren.- contestó de inmediato recuperando la voz después del llanto. –Si no fuera por ti, ahora mismo… yo no estaría aquí.- y justo entonces, Eren gritó con todas sus fuerzas para terminar de soltar lo que había estado reteniendo durante tanto tiempo. Lo hizo hasta que se quedó sin aire y se sintió totalmente en calma consigo mismo.
-Mikasa, a partir de ahora quiero ser yo quien te proteja. No quiero… que vuelvas a arriesgar tu vida por mí.- le pidió. Todo habría sido mucho más fácil desde un inicio si hubieran hablado las cosas tranquilamente.
-Pero Eren…- el chico pasó el pulgar de su mano derecha sobre los labios de Mikasa obligándola a callarse. Aquel gesto insignificante había acumulado una gran cantidad de calor en la cara de la chica y también había acelerado el ritmo de su corazón.
-Escucha, Mikasa. Todo esto me ha servido para darme cuenta de que no te he dicho las cosas como es debido.- sus ojos verdes la miraban de forma tan intensa que se sentía atrapada por ellos, incapaz de apartar la mirada de él. –No podría perdonarme jamás que tu murieras por mí, eres… bueno, ya sabes.- en esta ocasión fue él quien apartó la mirada al verse incapaz de encontrar las palabras adecuadas a pesar de que sabía que tenía que sincerarse completamente. La duda se extendió en el rostro de Mikasa.
A cada segundo que pasaba y se mantenían en aquella posición, la cara de Eren fue enrojeciendo hasta el punto en el que la mismísima Mikasa se dio cuenta de que algo ocurría. Comenzaba a preocuparse por aquella reacción tan extraña. Tuvo intenciones de preguntarle si se encontraba bien pero entonces volvió a hablar repentinamente.
-… Eres irremplazable para mi.- fue entonces cuando Mikasa le ofreció la sonrisa más bonita que jamás había visto. Natural, brillante y cálida. Una muestra de agradecimiento desde lo más profundo de su corazón y por fin era capaz de ver a través de ella. Una sonrisa que la chica le había ofrecido solo a él y de la que quería adueñarse para seguir contemplándola una y otra vez.
-Eren, Armin y tú…- pero de nuevo no la dejó hablar porque sus labios sintieron la necesidad de encontrarse con los de ella, de probarlos al fin y comprobar si eran tan agradables como la sonrisa. La había pillado por sorpresa y lo sabía porque se había quedado estática hasta que finalmente Mikasa, embelesada por aquella nueva pero atrayente sensación se dejó llevar y cerró los ojos. Fue entonces cuando ambos comenzaron a experimentar una explosión de emociones que llevaban mucho tiempo acumulando sin saber expresar y que solo podían explicar al contrario con cada beso y caricia. Olvidaron todo; el lugar, la misión, la gente. Porque solo estaban ellos, el cariño que se tenían, la necesidad de mantener al otro con vida a su lado. Las ganas de construir un futuro juntos.
-Eh, mocosos, ¿es que pensáis quedaros ahí pegados todo el día?- interrumpió Levi en la distancia. Acababa de llegar al lugar atraído por el grito de Eren y ya comenzaba a arrepentirse. –Qué asquerosidad…- susurró apartando la mirada después de que ellos se alejaran sobresaltados.
¡Por fiiiin lo he acabado! Solo me quedaba escribir un cachito y corregirlo todo pero me estaba muriendo de sueño. Aún así quería dejarlo antes de irme a dormir por si alguien podía disfrutarlo a estas horas jajaja. En realidad esta idea de jugar con la memoria de Eren o de Mikasa ya se me ocurrió hace mucho para escribir un longfic pero al final he acabado usándola en este oneshot kilométrico. Podría haber desarrollado más bastantes escenas pero al final me he tenido que contener. Espero que eso no haya afectado a la trama y que os emocione de igual manera. ¡Gracias a quienes seguís ahí apoyándome cada vez que subo algo! ¡Un saludo! ^^
