CAPÍTULO II

EL PRINCIPIO DEL CAOS

La empresa Matsuoka, una famosa constructora turística, considerada una de las mejores en Japón, había crecido y cada vez adquiría más popularidad dentro del mundo turístico a nivel nacional e internacional. El joven heredero, Rin Matsuoka, se había encargado de eso con tan sólo veintiocho años recién cumplidos. Sin embargo, a pesar de ser un genio de los negocios, era un hombre arrogante, altanero, que no soportaba que nadie tratara de controlar su vida, pero sobre todo, era endiabladamente atractivo.

Su perfecta, pero aterradora sonrisa actuaba como un imán, que, junto con sus exóticos ojos rojos, los cuales eran más embriagadores que el vino, eran muchas veces de muy buena ayuda a la hora de cerrar un trato, sin importar que el contratante fuera hombre o mujer.

Él, junto con su equipo, habían llevado el turismo en Japón a otro nivel.

Matsuoka se encontraba de fiesta, en un perfecto dos de febrero celebraría su vigésimo octavo cumpleaños; posiblemente no le emocionaba tanto como antes, pero vamos, era un día importante de todas formas y, Seijuro Mikoshiba, el líder de su equipo de marketing, le tenía preparada una sorpresa.

-¿Estás listo para divertirte, Rin?- dijo Seijuro, dándole un codazo e interrumpiéndolo mientras firmaba unos documentos.

-Dime, Mikoshiba, ¿cuál es tu definición de "diversión"?- pronunció sin despegar la vista de los papeles.

-¡Mujeres, alcohol y sexo!

-Ya veo… por esa razón mi hermana te abandonó.

-¡¿Ehh?! ¡Usted es tan cruel, Matsuoka-sama!

Rin volvió la vista hacia el pelirrojo, no pudo evitar sentir pena por él, debía de admitir que era gracioso. Tedioso, pero gracioso.

-Ahh, Seijuro, ¿cuándo entenderás que no me gustan las mujeres?- suspiró, cansado.

-… pero a las mujeres sí que les gusta usted… casi provoca un divorcio.

-¡No me recuerdes eso! Aún tengo pesadillas…

-Bueno, entonces… ¿sí vendrá conmigo? Le prometo que habrá más que mujeres.

Matsuoka sabía que él no pararía de atosigarlo hasta que accediera, por lo que, exhalando, aceptó.

-Más te vale, Mikoshiba, más te vale. Debo pasar a mi casa por unas cosas, nos vemos ahí, sólo mándame la dirección y yo…-

-No, no, no, jefe, el lugar al que lo llevaré es tan exclusivo que resulta casi imposible encontrarlo a menos que se tenga un contacto.

-¿Y acaso tú tienes ese "contacto"?

-Por algo soy su mejor publicista.- le guiñó un ojo.

-¡¿Rei Ryugazaki?!- gritó Seijuro al ver al alto sujeto con gafas. Rin soltó una carcajada, sabía que se molestaría, como sea, no es como si le importara.

-¿Qué tiene? Creí que te alegraría ver a mi cuñado.- se burló con crueldad, Rei era la razón por la cual su hermana, Gou, había dejado al pobre publicista después de meses de noviazgo. El peli-azul se acomodó las gafas rojas sin prestarle demasiada importancia, él sólo estaba ahí porque tenía que mejorar su relación con cuñado.

-Su crueldad no tiene límites, jefe- expresó, mientras un tic se hacía notorio en una de sus cejas.

-¿Podemos irnos de una vez?

Mikoshiba, derrotado, los condujo hacia el auto y comenzó el trayecto. Rin, al ver que su empleado los estaba llevando hacia uno de los barrios más bajos de Tokio, no pudo evitar sentirse estafado.

-¡¿Qué clase de mala broma es esta?! Creí que dijiste que esta noche sería divertida, si pensabas llevarnos de putas al menos hubieras escogido unas de buena calidad o un mejor lugar.

Rei estaba preocupado, no le gustaba para nada esa clase de cosas, pero no dijo nada y prefirió guardarse sus comentarios. Sólo pensaba en lo que Gou diría si se llegaba a enterar en lo que lo había metido su hermano.

El auto dio una vuelta y entró a un edificio abandonado, accediendo por una rampa hacia el estacionamiento. Por fuera nadie creería que dentro de éste estuvieran aparcados otros finísimos autos de lujo.

-Está bien, te creo cuando dijiste que era difícil de localizar, ni siquiera mi GPS logra decirme dónde estoy.

-Ahora, ¿nos podrías explicar en dónde rayos nos metiste, Mikoshiba?- exigió saber Rei, buscando señal con su celular.

-Sólo esperen y verán.

Los guio a través del edificio hasta llegar a una puerta resguardada por robusto hombre rubio y armado.

-¿Qué es esto, Seijuro?- susurró Rin al ver la pistola que portaba el hombre entre sus enormes manos.

Éste no le respondió, se limitó solamente a caminar hacia el sujeto; cuando estuvo junto a él, discretamente le mostró una pequeña placa dorada atada a un listón del mismo color.

-Ellos viene conmigo- señaló a Rin y Rei. Al momento, el hombre abrió la puerta y se hizo a un lado.

-Bienvenidos a Husain's Club- su voz era mucho más aguda de lo que debería haber sido.

Los hombres pasaron al establecimiento, algo que era totalmente diferente a la pinta que presentaba el edificio donde habían aparcado. Todo el lugar estaba basado en los países de la península arábiga con un ligero toque occidental. Rin no pudo evitar lanzar un silbido, tenía muchos hoteles en esos lugares y, sin embargo, ninguno lograba compararse a lo que sus ojos estaban viendo.

-Debo admitir… que este lugar es increíble.

-Muchos de los objetos que adornan nuestros hoteles los he conseguido aquí, jefe.- confesó.

Seijuro los llevó más adentro del local, que en realidad era bastante amplio. Una mesa preparada justo frente al escenario los esperaba.- Todo lo que ven está a la venta.

-Bienvenidos, caballeros- saludó un camarero alto de peculiares cabellos rosas y ojos violeta igual de extraños- llegan en buen momento, el espectáculo está por comenzar.

-¿Espectáculo?

En ese momento, las luces descendieron hasta casi quedar a oscuras.

-Kisumi Shigino, a su servicio- el camarero hizo una breve revencia y se alejó, permitiendo que los tres hombres pudieran disfrutar el show.

Mikoshiba le dio una leída al programa de esa noche: "Bien, bien, hoy estarán… Eros… Agape y…"

-Oh, jefe, definitivamente estoy seguro de que disfrutará esto.

La música comenzó a sonar con un breve tintineo, como la lluvia. Rápida, inesperada y audaz, de ahí, una tenue luz azulada se hizo presente, delatando la figura de un hombre con vestimentas ligeras, típicas de un bailarín.

La música era fuerte, pero él no se quedaba atrás, con cada golpe de timbal el joven levantaba el pie y zapateaba en el suelo, haciendo sonar los cascabeles de su caderilla. Un velo de tono grisáceo le cubría gran parte del rostro y, a pesar de esto Rin pudo adivinar que sonreía, ya que sus ojos resplandecían como dos llamas vivas. De pronto, el bailarín se llevó una mano a la cabeza y se desprendió el sarí resplandeciente y, como si este fuera su pareja comenzó a hacerlo girar en el aire, al tiempo que él mismo giraba, en una danza apasionada.

La luz se apartó de él, en cambio una suave luz blanca iluminó una visión pura y angelical. La música bajó el ritmo a uno mucho más lento. Era un delicado joven de piel lechosa y abundante cabellera blonda, parecía un hada revoloteando en su lugar correspondiente. Sus movimientos a comparación del primero eran mucho más suaves, casi tímidos, pero sin dejar de ser sensuales. Al igual que el otro bailarín su cara estaba finamente cubierta por un velo blanco.

Entonces la melodía se detuvo por un instante y las luces volvieron a dejar todo en completa oscuridad. Rin temió por un segundo que aquello se hubiera acabado. Pero cuando la delicada voz de una mujer marcó el comienzo de un ritmo nuevo, luces rojas serpentearon hasta posarse en la silueta de un nuevo personaje arrodillado en el suelo, sin revelar ninguno de sus rasgos.

Un débil aroma a vainilla se coló por su nariz, era casi embriagador.

La silueta comenzó a ascender, como un seductor ángel sin rostro. Rei, que había soportado toda la presentación, por fin se sintió atraído hacia lo que veía; mientras Rin inconscientemente se echaba hacia delante.

El rumor distante de un tambor y cascabeles se escuchaba apenas y, a medida que la visión se erguía por completo, estos iban aumentando el volumen hasta llegar a una especie de clímax. Justo en ese momento, las tres luces se juntaron para iluminar por completo el escenario. Matsuoka ya había visto a los dos bailarines anteriores y se había maravillado, pero, cuando pudo ver con claridad la materialización del olor a vainilla, vestido de un rojo escarlata, mostrando el pecho desnudo adornado con joyas y moviendo las caderas como si fueran agua, sintió que la respiración se le cortaba.

Por su parte, el de lentes también estaba sintiendo algo parecido. No podía dejar de ver el movimiento de sus caderas y del arete de obsidiana que acicalaba su ombligo. Todas las joyas se movían al compás del cuerpo que las portaba. El bailarín jugaba con sus manos extendiéndolas a ambos lados y luego regresándolas, como si estuviera abrazando al aire. Rei se imaginó siendo envuelto por aquellos brazos.

"¡Por Dios!". Se reprochó a sí mismo "¿cómo es posible que un hombre despierte esa clase de sentimientos en mí?" Quiso apartar la mirada, y al hacerlo pudo notar que Rin estaba casi babeando mientras que el pelirrojo saboreaba el éxito con su jefe.

Poco a poco la música comenzó a apagarse y los movimientos de los bailarines eran más lentos, llegando a ser casi inexistentes, hasta que la melodía se detuvo, anunciando que la función había acabado.

Al instante, un coro de aplausos inundó el lugar y todos los presentes gritaban nombres distintos. "Eros… Agape" pero el nombre que más podía escucharse entre la multitud era el de Roxanne.

-¿Quién es el pequeño rubio del medio?- preguntó Rin con necesidad, casi con desesperación.

-Es Roxanne, es la estrella del lugar. Claro los demás son buenos, pero él es capaz de hacerte venir con tan solo verlo bailar. Es cautivador, ¿no lo crees? – su empleado le preguntó con un doble sentido. Rin no dudo en asentir, sentía la garganta seca.- ¿Qué opinas Rei? Te noto algo callado.

Rei no respondió, en cambio, se dedicó a mirar la decoración del techo. Se sentía incómodo por tener ideas en su cabeza que definitivamente no deberían estar ahí. En cambio, el cumpleañero no sentía ninguna culpa, quería volver a ver a ese menudo chico, apreciar los movimientos de sus caderas, la lujuria que transmitían sus delicados pasos y ese aroma… ese aroma a vainilla.

Sabía lo que era ese sentimiento que se adhirió a su cuerpo a partir de entonces; tenía que volver a ver Roxanne, tocar su piel, hacerlo suyo. En ese momento parecía un simple capricho, una simple obsesión, pero en realidad… era el principio del caos.


Notas de autor:

He aquí el capítulo dos, ¡por fin apareció Rin y Rei!

Esperamos que les guste y dejen reviews...alegran el día de Shio y nos dan mas animos. No pesespereis mis estimados, ya casi se viene lo bueno.

Chao...