Los personajes y escenarios utilizados en este fanfic son propiedad de Masashi Kishimoto.
Aclaraciones:
—Pensamientos.
—Dialogo normal.
Advertencias:
Lenguaje obsceno
Contenido sexual explícito
OoC
Capítulo 3: Síndrome de Kótov
"Un jugador piensa durante mucho tiempo en una situación complicada en el tablero. Cuando se da cuenta de que le queda poco tiempo, hace un movimiento frecuentemente malo, sin analizarlo, que le hace perder la partida."
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Genma esto, Genma aquello, Genma lo otro.
Sabía que su nombre había sido mencionado en una cifra record, podría jurar que incluso ya era todo una tendencia entre rumores y habladurías. ¿Por qué? Simple, la causa desfilaba por el hospital de Konoha con una excitante bata blanca y mirada jade a juego de una cabellera rosada.
—Su cabello…
Esas hebras de exótico color, enredadas entre sus dedos que con deseo contraería para aferrarse así a su nuca por esos sudados cabellos, y tirar de ellos para hacerle levantar el rostro dándole a él la oportunidad de estampar sus labios sobre los de ella. Sí, quizá suene rudo. —Pero, es excitante.
Verdad, esa mujer le encendía el mecha y sólo era cuestión de minutos para detonar y lanzarse sobre de ella, arrancarle las prendas y sonoros gemidos.
Aún no se explicaba esa inquietante sensación, que no podía identificar, pues no se asimilaba al dolor o algo parecido. Era sentir un vació en el estómago, ansiedad, palpitaciones; justo cuando pensaba en ella y su tersa piel que apenas momentos atrás paladeó, era mucho más que una simple satisfacción de macho tras un acostón. Sólo recordar cada vibración al insertarse en ella le aumentaba el pulso. Recordar como gemía para él, su piel sudada, sus pechos víctimas de la gravedad, subiendo y bajando.
—Mierda… —Apretó entre sus dientes el senbon, no quería llegar excitado con el intuitivo y nada estúpido Hokage.
Pero atormentándose de nuevo, la verdad era que ahora no sólo su entrepierna reaccionaba al pensar en la Haruno. Acidez estomacal sus bolas, era algo más intenso, se atrevía a apostar por sentimientos involucrados, sentimientos más serios… ¿Cariño?
Los únicos sentimientos que albergaba entonces sólo eran quizá fraternales con sus amigos o colegas, pero ese hombre y su reputación no se acercaban ni un poco a sentimientos como esos y menos por el sexo opuesto, ahí el único encargado de los sentimientos con las mujeres era el paquete entre sus piernas, y no eran para nada afectuosos. Epítome: Genma era como una gran espumosa y refrescante ola del mar, llega, revuelca y se va.
Como fuese que él lo quisiera interpretar, la verdad era que ya no quería alejarse de la doctora Haruno, y eso lo tenía más que presente. Pero ¿qué pensaría ella?
Al diablo, que sus sesos entrarían en licuefacción. Agradecido debería sentirse si llegase a salir vivo del mismísimo infierno mejor conocido como: La oficina del Hokage. Estaba ya a unos cuantos metros de la torre y no es que fuera miedoso o cobarde, pero estaba comenzando a sudar frío.
Esa misma tensión se sentía tanto dentro como fuera de la torre Hokage, específicamente de la oficina, ya que Genma no era el único que sudaba frío o sentía… Inseguridad. No, por supuesto que el Hokage dentro de su oficina aparentaba nervios de acero, pero la realidad era que internamente se sentía colapsar de impotencia.
Pues por más que le pesara, por más que le doliera; no tenía alternativa. Sería ese cretino del senbon o nadie, sólo podía confiar en él, claro, hasta cierto punto. Su amistad y camaradería se habían visto bruscamente alteradas y manchadas por disputas y… ¿Odio? No, era otro tipo de repulsión. Pero por más que le doliese no tenía disyuntiva, después de todo no es como si le estuviera haciendo algún mal a ella, ¿o sí?
El sólo pensar en lo que le ha estado haciendo… ¡Dios! En verdad le carcomía las vísceras, le amargaba la saliva y le perforaba los pulmones; o eso era lo que él imaginaba le pasaba, por cómo se sentía, que ni respirar podía; al menos no sin sentir dolor.
Lo detestaba, el pensar así, el sentirse atado de manos y mudo. Por cobarde. En lugar de intentar sincerarse consigo mismo y hablarle a Sakura de todo ese embrollo que ha tenido dentro de su cabeza y golpeándole internamente el pecho, optó por hacerse el ofendido, juzgarle y distanciarla.
—Bien jugado, Hatake. —Ni él mismo se libraba de su sarcasmo tan pulido.
¿Por qué le confiaba su mujer a ese sinvergüenza? Vaya, que lindo se sentía cuando pensaba en ella como SU mujer… ¡Ja! Ni un beso le ha dado y ya se la estaba adueñando.
Ahora que la había cagado no le quedaba más que arreglar el desastre, pero lamentablemente había una prioridad, la aldea. Siempre un carajo interponiéndose, pero así lo quiso. ¿En qué pensaba cuando aceptó ser Hokage? Oh, pero que pregunta tan estúpida.
¡Pensaba en ella! Como lo ha hecho desde hace ya un buen tiempo, y no como amiga. Por supuesto que no, si sus sabanas hablaran ¿qué no dirían?
Noches pensando en ella, noches fantaseando con ella, noches totalmente solitarias. Como un púbero fantaseando con chicas, pero Sakura no era cualquier chica, oh no. Ella era esa chica, por la que hacía tonterías, por la que no ponía atención en las reuniones y mandaba a los altos mando al carajo, esa chica que lo hacía beber hasta no saber de si mismo, por la que golpeaba a su amigo, esa chica por la que… Por la que sacrificaría todo.
Todo, incluso su felicidad.
— ¿Hokage-sama? —Llamó la Kunoichi para llamar su atención.
—Uhm… Puedes retirarte. —Salió de su ensimismamiento. —Te agradezco, Shizune.
—Por favor descanse. —Se dispuso a guardar todo su equipo médico en el pequeño maletín, hasta cierto punto le sorprendió que le mandara llamar a ella para atender "un par de heridas", eso fue lo que le dijeron, pero cuando arribó a la oficina le encontró con más que un par de heridas. Pero como era de esperarse, Hatake Kakashi no se inmutaba, no se quejaba. —Sólo es cuestión de analizar las piezas en el tablero y… —Hizo una pausa abriendo la puerta de la oficina dispuesta a irse. —Mientras más lo medita, menos tiempo tiene. —Terminó prosiguiendo finalmente a salir de ahí.
A pesar de no hablar u opinar, Kakashi supo a qué se refería.
No eran muy comunes los tableros de ajedrez en la aldea, más bien se jugaba al shōgi. Pero él como de costumbre, siempre prefirió lo distinto. Él adornaba su oficina con un elegante tablero de ajedrez que algunas veces jugaba con Shikamaru, pues era el único que le daba buena partida después de todo.
Tomó con su enguantada y vendada mano una pieza blanca, la reina, suspiró y la devolvió a su lugar. Sabía perfecto de que le hablaba Shizune.
El cielo ya estaba oscurecido, bendita noche. Kakashi siempre prefirió esa fracción del día, por más callada, más relajada, más fresca, más oscura; quizá tanto como él. Eso era, siendo él tan oscuro no podía arrebatarle esa hermosa luz de juventud a su ex-alumna, ella tan joven y llena de energía… Tenía todas las de perder.
Pero aquel bastardo era aún más grande que él, uno que otro año.
¡Excusas! Eran el pan de cada, o al menos de un tiempo a la fecha. Siempre inventándose excusas para refugiarse en su amargura y de paso contagiando un poco a la Haruno. Si, la diferencia de edad era real, pero su amo… Sus sentimientos por ella también. La extrañaba, estar cerca de ella con cualquier excusa, sin pelear ni tensar el ambiente entre ellos.
Tan real, todo él, toda ella.
Shiranui Genma también, tan real, tan cerca de ella, muy cerca… Justo como lo estaba ya de la bendita oficina, aproximándose cada vez más con pasos alargados y decididos, evitando huir o posponer lo que fuera que le esperara en esa oficina de oscura aura y furia reprimida. El que pensara que la terapia de golpes que se dieron el Hokage y el shinobi del senbon sirvieron, estaba totalmente equivocado. Sólo fue un calmante.
En realidad ya se estaba hartando de jalonear el juguetito como dos niños de guardería. Su razonamiento lógico era que, si tanto le importara al Hatake, entonces sería sincero con Sakura y dejaría de estarse haciendo el melodramático niño infantil que quiere de vuelta su pelota. ¿Por qué simplemente no se la lleva a la cama y ya? Si, justo así como él… No, definitivamente no era tan fácil. Jamás dejaría que ese perezoso maltratador de mujeres tuviera en sus brazos a esa hermosura de ojos jade.
Kakashi había perdido oportunidad, esa que Genma decidió tomar oportunamente. Pero en realidad le preocupaba que ella sólo le aceptara por despecho, eso sí que se sentía incómodo; o peor aún, para causarle celos al Hokage, ¡ouch! Eso era aún más incómodo y dolía justo en su intachable orgullo de hombre.
Un ninja de élite como Genma pensando en bobadas de amor y traición, dios, esto parecía el Icha Icha Paradise, incluyendo lo erótico.
Ya de nada servía regañarse a sí mismo, esa charla que tenía consigo mismo tenía que terminar ya, pues la puerta de la oficina Hokage se apreciaba desde el inicio del pasillo.
Sin apresurar o disminuir el paso, siguió hasta llegar a la oficina y entrar, ni siquiera se molestó en llamar por si él estaba ocupado. Al diablo los modales, le había mandado hablar y él ya estaba ahí.
— ¿Qué quieres? —Arribando la oficina y yendo al grano, ese era Genma.
—Sigues vivo… —Se burló el enmascarado Hokage desde encima del escritorio donde mantenía descaradamente su pie izquierdo apoyado, con la rodilla flexionada sirviendo de apoyo para su mano izquierda que sujetaba una katana y el muslo derecho cayendo desde la superficie del mueble hasta terminar con su pie rosando el piso. Pose digna de retrato. Claras eran las señas que decían que esperaba al jōnin castaño.
— ¿Hay fiesta de disfraces? —Preguntó con claro sarcasmo al ver cómo iba vestido su superior. — ¿O sólo quieres sentirte joven como en tus tiempos de oro?
—Te quedarás al pendiente de todo lo que ocurra en la aldea y… —Se detuvo al rectificar el olor que inundaba impune sus fosas nasales, proveniente sólo de alguien. Esa esencia… —Hijo de la vil puta…
Se paró de prisa abandonando su cómoda posición y fiero clavó la katana en el mueble sobre el que reposaba. Jodido olfato desarrollado, en este tipo de ocasiones sí que detestaba esa endemoniada habilidad. Cómo le punzaba y rabiaba a Kakashi percibir el olor de ella en ese sinvergüenza que tenía frente a él. Y claro que lo hacía a propósito, alzándose el cuello con esa actitud altanera y ese brillo de triunfo en los ojos que le restregaba en la cara que había estado con ella.
—Escucha bien Shiranui, necesito que te quedes al pendiente de todo maldito shinobi, pergamino o insecto que ingrese a la aldea.
—No soy tu gato. Ve a ordenarle a tus lamebotas. —Se quejó moviendo el senbon al otro lado de su boca.
—Vigila cada puto movimiento de esta aldea. —Ya se encontraba lo suficientemente cerca de su compañero, lo suficiente para seguir enloqueciéndose con ese olor. —Es una orden.
—Claro, lárgate a buscar consuelo con piernas de otra aldea. Que patético eres.
—Te estoy dando una orden, acátala. —Hablaba con autoridad, aún muy cerca del shinobi castaño.
— ¿Y qué me harás si me niego? Pareciera que te largas sin el consentimiento de los altos mandos. —Entre cada palabra se percibía clara la amenaza de Genma.
—No te hagas el inocentón, bien sabemos que te beneficia que yo no esté en la aldea. — Había estado siendo muy paciente hasta ahora, pero pareciera que su paciencia se drenaba con la cercanía del Shiranui.
—Ahora que lo dices…
— ¡Vas a acatar mi orden te guste o no! —El puño de Kakashi fue a parar a un costado de la cabeza de Genma, atravesando claramente la pared de concreto. La victima sólo atino a quedarse quieto y buscar con la mirada la de su agresor, pero este sólo miraba el piso.
Kakashi estaba realmente perdiendo los estribos, como brabucón de academia buscando pelea. Sabía que lo mejor era salir de ahí antes de fracturarle todas las costillas a ese imbécil y su repulsivo hedor o acabar con su recién abastecido chakra, cortesía de Shizune.
Sacó su puño y parte del antebrazo del hueco en la pared, y se dirigió nuevamente al escritorio, en donde saco la katana de la pulida madera del escritorio, mismo que segundos después soltó un ligero crujido y se partió en dos; dejando caer uno que otro adorno o regalo que se encontraba encima, haciendo bastante ruido. Definitivamente tenía que largarse de ahí antes de destrozar su propia oficina.
El jōnin del senbon, quién ya no había dicho nada, seguía en su lugar a la expectativa de los movimientos de su superior. Lo observó, su mirada era opaca, no, sombría; algo oscuro había en su mirada, tal vez temor o miedo. Pero el ninja copia no tenía fama de miedoso; entonces, ¿qué era?
—Si en cinco días no hay noticias sobre mí, el ninken o el escuadrón que partió esta tarde, notifica a los altos mandos. — Hizo los sellos de invocación y en seguida apareció el ninken.
— ¿Vas de encubierto? —Genma por fin juntaba las piezas del rompecabezas. —O-oi… Sabes que no tienes permitido salir de la aldea a menos que… —Pero por más que tuviera un par de piezas unidas no encontraba forma al lio ese.
—Pakkun, rastrea al equipo de Tenzo. Nos vemos en una hora en el punto de encuentro que les indiqué. —Ordenó el Hatake a sus perros ninja y tras ocho ladridos al unísono en seguida desaparecieron en una nube de humo. Kakashi prosiguió a ponerse su reconocida máscara de ANBU, esa con la figura del rostro de un lobo, siendo ésta la última figura que vieran muchos shinobi antes de fenecer a las manos del Ninja Copia Hatake Kakashi.
—No puedes irte así… —Genma se apresuró a ejecutar unos sellos para intentar retener al Hokage y dar aviso de la locura que estaba por hacer, pero no esperó que un bunshin del peli gris se le echaría encima dejándolo boca abajo con las manos a la espalda, inmovilizándolo.
—Cuídala.
A unos cuantos segundos de haberse desvanecido tras una nube de humo justo como lo hizo el ninken, el clon de Kakashi desapareció junto con él, junto con el dolor y cariño irrigado en su cuerpo. Pero con el coraje y la decisión que siempre le caracterizaron, con un solo propósito, el salvar a sus camaradas.
Pero en el suelo y aún boca abajo otra opinión difería. Todo eso iba más allá que arriesgar su vida, reputación y posición jerárquica; Shiranui intuía que era más que eso.
— ¿Qué sabes que los demás no…? —Preguntó cómo si el ausente Hokage estuviese aun frente a él, ya sin más que hacer ahí se dispuso a ponerse de pie y marcharse, no sin antes patear parte de una taza que minutos atrás cayó estrepitosamente tras el daño al escritorio. Eso no se quedaría así, tenía que saber qué ocultaba y lo tenía que hacer en el menor tiempo posible, antes que los altos mandos le limitaran el acceso a esa oficina o cualquier cosa relacionada al asunto de la falta del Hokage.
Si de algo estaba seguro era que el asunto era de vida o muerte.
La vida, tan corta; el futuro, tan incierto. El tiempo tan limitado en vida, tan ilimitado en la inmortalidad. Los sentimientos y las sensaciones, también las experiencias, esas que diferencian criterios y manías. Pero tiempo, la vida mortal no goza de tiempo, carece de él. El optimista sonreiría por un día más de vida, el optimista por uno menos. Tiempo que no se detiene, tiempo que esclaviza, tiempo que preocupa.
¿Qué es el tiempo?
Un algo muy distinto, muy variable para cada individuo, eso es, una variable que al percibirla nos hace humanos. Puede ser existencial, puede ser sustancial, tal vez invaluable o irrelevante. Pero lo que sí, es irremediablemente culpable. Un bastardo responsable de nuestro verbo "ser". Al haber tiempo hay acciones, al haber acciones hay consecuencias. Consecuencias irremediables pero con sabiduría son a futuro compensadas.
Victimas sin desviación, victimas del tiempo y sus caprichos, tales como la edad. Ese criterio de cada ser vivo, la edad, las experiencias que sin opción te encaja la vida, esas gratas acciones pasadas que nos enseñan mucho o poco, pero que nos diferencian irremisiblemente de otra persona, tal vez una muy importante. Una persona que merece sus propias vivencias y no las de otro, un viejo con demasiadas experiencias queriendo entrometerse en las de una joven.
Tiempo, amigo del espacio. Ambos dueños del ahora y el ayer.
Maldito sea el tiempo, ese caprichoso que avanzaba y muy rápido para el gusto de Shiranui; minutos, horas, ¡días! Ya habían pasado 4 días y no había ni una sola pista.
Cualquier cosa o asunto que fuese aquello que estaba ocultando se lo tenía muy bien resguardado el Hatake, pues ni una pista o indicio dejó. Nada para el Tokubetsu Jōnin que le ayudara con el misterio dejado a la partida del Hokage.
Ya estaba en la mira de los altos mando de la aldea, incluido ANBU, ¿Por qué? Simple, era el último con el que había tenido contacto el Hokage, según mencionaban los testigos. Tremendo problema en el que ese obstinado Ninja Copia lo había metido, ahora lo acusaban de conspiración contra la aldea, pero no había pruebas contundentes, después de todo Shizune testificó que lo encontró inconsciente en el suelo, y por supuesto que era mentira, pero no quería meter en apuros a nadie. ¡Esa mujer algo debía de saber! Pero no le diría ni pío.
La presión provenía de dos lados, la aldea y cierta mujer medico de ojos color esmeralda y cabello rosa, ella sí que le estaba dificultando todo el asunto, acribillándolo con mil y un preguntas, y todas con el mismo propósito: Hatake Kakashi, alias "Amor Imposible".
Los últimos dos días fue lo mismo, preguntas por aquí y por allá. Había intentado estar cerca de Sakura, pero desde lo ocurrido en el hospital, específicamente en el consultorio, ella le evitaba y únicamente se acercaba a él por las razones ya mencionadas.
—Usted sabe dónde está Kakashi-sensei, lo sé.
—Dos cosas, hermosa… —Dio media vuelta a encararla. —La primera, no sé dónde está, ya te lo había dicho esta mañana.
— ¡Confía en mí por fav…!
—No me ruegues, terminaré mintiéndote. —Suplicó callándola con un índice sobre esos labios que le incitaban más que sólo besos. —La segunda… —Siguió hablando inclinándose para quedar a la altura de Sakura, muy cerca de su rostro. —Estás preciosa el día de hoy.
Ella le miró ruborizada, ese ninja sí que se especializaba en subirle la temperatura del rostro, y de otras partes que recordaba con vergüenza. Desde aquella noche en su consultorio no mencionó nada al respecto, ni con él ni con nadie. En verdad sentía vergüenza, con la fama de casanova que Genma tenía en la aldea, ella no estaba dispuesta andarse por las calles exhibiéndose como el nuevo juguete del shinobi. Lo disfrutó, y mucho, pero se decía constantemente que sólo fue un momento de debilidad, y no sabía que pensar sobre el momento; Shiranui había sido gentil con ella desde aquella noche donde Kakashi se presentó a la puerta de su domicilio. Genma había estado apoyándola desde entonces, y ahora con la sospechosa partida de Kakashi, él había estado ahí con ella a pesar de que intentaba evitarlo, pues sentía que le mentía en cuanto al paradero de su ex-sensei y sus motivos. Pero con tanta insistencia y las negativas del jōnin castaño, se estaba convenciendo de que nadie sabía nada.
Sentía culpa, se sentía mal al saber que se había marchado sin decirle nada a nadie y justo el día que discutieron por segunda vez, después de haber tenido un encuentro para nada amistoso con Genma. Tal vez se hartó de ella, de la aldea, de su vida… No, también estaba el hecho de que el equipo de rastreo partió el mismo día por la tarde. Todo era muy sospechoso y todo eran preguntas sin respuesta. Que estúpido le era pensar que ella sería un motivo para él.
—Sakura, vamos a la oficina del Hokage.
— ¿Qué? —Preguntó volviendo a la realidad y dejando sus pensamientos al margen. — ¿Para qué?
—Vamos. —Insistió Genma con una expresión lo bastante seria como para que la Haruno se opusiera.
La tomó de la mano y se dirigieron a la torre Hokage, en silencio, uno bastante incomodo de hecho. Hacía mucho que no veía a Genma así, pues siempre eran coqueteos, bromas y sonrisas seductoras con su inseparable senbon. Pero nada de aquello se vio camino a la torre, gracias al cielo llegaron rápido a la oficina. Entraron y fue entonces que ella por fin decidió romper con el silencio.
—Ya estamos aquí, ¿ahora qué? —Preguntó impaciente la Kunoichi.
—Yo lo vi partir, en su armadura ANBU.
—P-pero… Usted... —Bien, ahora no sabía ni cómo iniciar con los reclamos. — ¿Por qué ha estado mintiendo? Yo creí que confiaba en mí… —Ni ella misma supo de dónde salió lo último.
—Oye, oye… —Se apresuró Genma a tomarla por los hombros e inclinarse para verla a los ojos. —Él me lo ordenó.
—Ocultarme todo, vaya, ahora quiere hacerse el importante.
—No, no preciosa. La orden fue no contarle nada a nadie hasta el quinto día de su partida.
— ¡Pero yo fui su alumna y confiaba en mí! —Se regañó a si misma internamente por pensar si quiera que él llegó a confiar en ella.
—Él ordenó al ninken rastrear al equipo de Yamato que partió ese mismo día por la tarde.
Sakura se separó del jōnin y comenzó a merodear la habitación, escaneándola con su mirada. Permanecía justo como él la dejó antes de partir, pues no se quería alterar la evidencia para los ANBU peritos que tenían orden de rastrear el lugar.
La Kunoichi se sorprendió de lo vacío que lucía ese lugar a pesar de que todo estaba ahí, pero era obvio, ese vacío era por él, tanto en la oficina como en ella. Se preocupaba, tenía miedo, aunque sabía de sobra que Kakashi no era ningún debilucho; tenía tanta destreza, siempre le admiró por sus habilidades, incluso hasta ese día dónde su ausencia la ahogaba.
Llegó al escritorio aún cortado en dos y lo rodeó hasta llegar a la silla donde Kakashi pasaba horas sentado revisando documentos o perdido en su erótica lectura de pasta naranja, verde o roja. Genma miraba cada movimiento de Sakura en silencio, tratando descifrar lo que pensaba. Ella se tumbó en la silla y desde ahí observó cada cosa derrumbada en el escritorio fragmentado, y algo llamó su atención; entre todo ese desastre, no había ni un solo documento o carpeta como se acostumbraba ver, únicamente se encontraba el reporte que ella fue a dejar aquel día por la mañana antes de discutir, ahí debajo del pequeño árbol de cerezo que él mencionó conservar por ser un obsequio.
— ¿Quién le hizo esto? —Preguntó sin quitar la vista del único documento entre el desastre.
—Su katana. —Veía atento como Sakura mantenía la mirada fija en algo entre las dos partes del escritorio.
Ella no respondió nada, se acercó al escritorio abandonando la cómoda silla del Hokage y tomó la carpeta, hojeó el documento en el interior y comprobó que era el reporte que ella realizó aquel día por el escuadrón ANBU herido, entonces lo supo.
— ¿Lo descubrió? —Se preguntó a sí misma aún con la mirada fija en la carpeta.
El jōnin frente a ella no entendía nada, ni su mirada, ni su preocupación. Ella sabía algo que Kakashi también, y parecía ser la razón por la cual el peli gris se fue de la aldea como si de un crimen se tratase. Intentaba leer los gestos de Sakura mientras leía el documento en sus manos, pero no lograba descifrar nada, sus pupilas se movían de un lado a otro rápidamente. No se explicaba como ella comprendía lo que él no, a pesar de ser el único que tuvo contacto con Kakashi antes de su partida.
Vio un ligero brillo en los ojos de la chica, ¿o había sido su imaginación? Lo que fuera, él sabía que los sentimientos de ella por el Copy Ninja eran verdaderos y muy fuertes, pero no ponía sus manos al fuego asegurando que le amaba. Después de todo cuando se ama a alguien no hay entrega a otro, ¿o sí? Para Genma era tan confuso aquello, no estaba muy seguro de si eso llamado amor existía, seguía preguntándoselo a pesar del tiempo pasado y las experiencias vividas. Pero ella, tan joven, inocente y llena de vida, le hacía sentir… Diferente.
El Tokubetsu Jōnin del senbon estaba al tanto de los sentimientos de Sakura, pero no estaba muy seguro de los de su amigo, el peli gris nunca fue muy abierto o expresivo con sus amigos y colegas, todas eran meras deducciones, o eso pensaba. A juzgar por las palabras de Yamato, el más temido ANBU de cabellera gris sí tenía una debilidad: Haruno Sakura.
Tan grave era el asunto Haruno para el sexto Hokage que, incluso le doblaba las rodillas verle con alguien más, pero nadie de los interpretes aseguraba amor de él por ella. Pues apostaban más por un sentimiento fraternal o de protección. A juzgarle por la fama de semental que se ganó entre los jōnin y ANBU se sorprendía que no se hubiera "tirado" ya a su propia alumna. Sí, Hatake tenía cola que le pisaran, y pruebas contundentes que lo afirmaban. Se rumoraba que en tan sólo una noche podía convertir a la chica más pura e inocente en toda una obra de Afrodita en el mero sentido del deseo. Por eso y otras cuestiones Genma ponía en duda los sentimientos de Kakashi por la joven y bella ninja médico.
Ella tan brillante y cálida. Tan fresca.
Tan diferente a ellos.
Ellos, ella.
Un triángulo. Como su nombre lo dice; tres ángulos, pero para nada iguales. Quizá uno más iluminado que otro, más cálido o más frío.
Frío.
Luz.
Sobre todo distancia. Profundos abismos entre cada uno, quizá un salto y estarían lo suficientemente cerca, o de plano perdidos, hundiéndose y alejándose cada vez más.
Distancia.
Justo a unos kilómetros de los pensamientos de Genma, la percepción de espacio y tiempo no era la más correcta para un shinobi en especial. La luz y las sombras no parecían más que falacias, nada era muy claro, se sentía en movimiento, pero él no se movía; algo o alguien lo movían. Pero también se sentía flotar y escuchaba algo a la distancia, muy inaudible, ¿estaba bajo el agua? No, respiraba bien. Movía los párpados en busca de aclaramiento pero no lograba divisar nada en concreto, pero la iluminación y el brillo incrementaban y molestaba. Esa luz derretiría su retina.
Otra vez ese sonido a los lejos, decían algo… ¿Su nombre?
"Kakashi, Kakashi."
— ¡Kakashi!
Sus oídos se inundaron de esa voz e inmediatamente sintió como si se fuese a caer a un precipicio, un abismo desconocido. Reaccionó y se movió de prisa, estirando sus brazos en busca de algún agarre.
—Sempai, todo está bien ahora. —Otra voz, ya bastante familiar.
Ya todo era más claro, escuchaba un tanto aturdido aún las voces de sus colegas y un llanto… ¿Llanto?
— ¿Dónde…? —Su boca estaba casi seca, su saliva espesa, le costaba pasarla para hablar.
—Estamos por llegar a Konoha, todo ha salido bien.
—Tenzo… —Intentó sentarse en su lugar y en seguida sintió como un par de manos le ayudaron.
— ¡Kakashi, estás bien! —Escuchó el familiar grito con la misma energía de hace unos momentos.
—Gai, déjalo respirar. —Pidió Yamato acercándose a ayudar a Kakashi. — Y deja de llorar.
—Nos tenías preocupados, ni siquiera te esperábamos. —Comenzó a hablar Maito haciendo caso omiso al capitán ANBU. —Por cierto, buen golpe. —Agregó sobándose la mandíbula, dejando en claro que todo ese manoteo anterior del Hatake tuvo un triunfal golpe en su mandíbula.
El Hokage oía la voz de Gai más no escuchaba lo que decía. Estaba aturdido.
—Lleguemos… Llegar—Estaba exhausto, otra vez se oscurecía, otra vez no escuchaba. —Oficina…
Kakashi no supo si en realidad dijo lo último o sólo lo pensó, se sentía en un sueño. ¿Había logrado salvar a sus compañeros? No lo sabía. ¿Estaba soñando, divagando o alucinando? Tampoco lo sabía.
¿Volvería a verla?
La pregunta del millón, como impulso, como chispa en pirotecnia; justo así sintió el efecto de esa interrogante y como milagro o acto divino, vaya alguien a saber, abrió los ojos de golpe importándole un carajo lo cegadora que era la luz al inicio. Esa reacción alertó al escuadrón que le acompañaba, volviéndose todos a su respetado Hokage.
— ¡Hokage-sama!
— Uhm… —Pasó una amno por su plateada y sucia cabellera plateada. — ¿Hora? —Habló sentándose de golpe, ¿de dónde sacó la fuerza suficiente? Su estado era para estar por lo menos una semana entera en reposo. —Hice una… —Tragó con dificultad un poco de saliva para aclarar su voz.
Estaban anonadados.
—Hice una pregunta.
—L-las diecinueve horas, Hokage-sama. —Habló uno de los ANBU. — Estuvo inconsciente aproximadamente 7 horas desde sus últimas palabras.
—Ya veo. —Se movió un poco e intentó pararse. —Seguimos a los límites de la aldea.
—Queríamos esperar a que recobrara la conciencia y recibir órdenes. —Habló Tenzo quitándose la máscara deteniéndose a su lado. —Sus órdenes, Hokage-sama. —Pidió posicionándose a un costado de su superior y pasando uno de sus brazos encima de sus hombros para ayudarle a ponerse en pie. Sabía lo terco que llegaba como para quedarse acostado en la improvisada camilla.
—Lleguemos a la aldea de inmediato. —Ordenó serio el Ninja Copia.
—Aún no está en condiciones de…
—Estoy perfectamente, Tenzo. —Eso fue un "cállate y vámonos".
Si algo caracterizaba a Kakashi, además de su impuntualidad, era su necedad. Pero siempre tenía sus razones.
— ¡Oh, has despertado eterno rival! — Se escuchó a la distancia. —Sabía que no me decepcionarías, tienes muy viva esa llama de la juventud. —Halagó con su pulgar en alto una vez que llegó hasta el peli gris. —Mala yerba nunca muere, eh. —Hablaba entusiasta.
—Tu reporte, Gai. —Pidió Yamato volviéndose al de las grandes cejar, aún seguía siendo el capitán del equipo y se había encargado de mantener a salvo el escuadrón.
—Un escuadrón de jōnin al oeste, su destino: Suna. —Informó más serio Maito. —Tienen órdenes de llevar de vuelta al Hokage. —Soltó una carcajada. — ¡Ja! Como si esos debiluchos pudieran con mi gran rival.
—Hora de partir. — Comenzó a andar Kakashi sin la ayuda de Yamato.
—Deténgase a pensar un poco, esperemos sólo un par de días. —Insistía el capitán del equipo, pues era el que más centrado y él único que podría poner a razonar al Hokage. —Nuestra ubicación es segura, si va ahora lo pondrán en espera de condena bajo el poder de ANBU.
—Yo dirijo ANBU. —Seguía andando con las manos en puño.
—Dudo que estén enterados de donde andaba y qué hacía. —Habló Yamato andando detrás de él. —Te saliste sin dar aviso, ¿cierto? Te están cazando como ninja renegado. Roguemos porque aun aún no aparezca en el libro Bingo.
— ¿Ser un cobarde? —Rio ante la pregunta entre su andar. —Voy a encarar al consejo, los altos mandos y a quien me cuestione. Tengo que estar allá ahora.
—No estaba en tu poder ni decisiones salir de la aldea para salvar un escuadrón de rastreo. Ocultaste tu partida y rompiste todos sus protocolos.
Kakashi se detuvo en seco y dio media vuelta, se divisó una media sonrisa a través de su máscara. —Aquellos que rompen las reglas son escoria. —Habló claro y un tanto ronco por el elevado timbre de voz utilizado. —Pero aquellos que abandonan a sus amigos son peor que la escoria. —Dijo decidido y volvió a su andar.
Gai y Tenzo sólo atinaron a verse el uno al otro, sonriendo. Siempre supieron que aquella frase era más que sólo palabras. Para su amigo de plateada cabellera tenía un significado muy profundo.
Esas palabras que en contadas ocasiones mencionó, y que mucho significado tenían tanto para él como para los que las escuchaban. Como aquella ocasión en que por primera vez aprobó un equipo gennin, donde él no vio venir el mayor de sus problemas. Ese miembro femenino del equipo siete, su alumna, esa hermosa chiquilla que en muchas ocasiones le hizo preocuparse. Esa niña que sabía necesitaría de su protección mientras el viviera, y no por ser débil, sino por lo generosa que llegaba a ser.
Esa mujercita que años después le rectificó cuales serían sus temores. Esa misma chica que preocupada irrumpió en lo que era la oficina del Hokage en cuanto supo la llegada del Rokudaime.
Ya estaba ahí, sano y salvo, o quizá sólo salvo. De sano no tenía nada, se le veía casado, pero como siempre tan recto y fuerte ante todos sin perder su imponente postura.
No sólo estaba él, todos los del escuadrón ANBU ausente estaban ahí también, parados frente a un nuevo escritorio. Tan fieles al Hokage como siempre. Pareciera que no querían despegarse de su superior.
A pesar de la escandalosa entrada de la peli rosa, nadie se inmutó. Todos permanecían inmóviles con la frente en alto y su vista en el Hokage, quien apoyaba sus codos en el escritorio y mantenía sus manos al nivel de su boca, una mano hecha puño y la otra cubriéndolo. Llevaba su armadura ANBU, se le veía maltratada y sucia. Pareciera que no se tomó si quiera la molestia de llegar a su residencia a tomar una ducha y un buen descanso, pareciera que no había dormido en por lo menos tres días. Raspones por distintos lugares anatómicos visibles.
Kami-sama, tan atractivo que se veía el hombre aun en esas condiciones; un hermoso ejemplar tras la lucha, con su cabello despeinado y un tanto sucio, pero tan varonil. Ni hablar de esa armadura de ANBU, que le daba un toque que embelesaba a quien le viera, o eso es lo que Sakura pensaba deleitándose. Jamás le vio vestido así, siempre llevaba su característico vestuario jōnin, que por alguna razón lucía muy bien en él, pero nada comparado al verle con esa armadura y sus… ¡Sus anchos hombros descubiertos! Y ese distinguido tatuaje carmín, sabía que sus tiempos de ANBU quedaron en el pasado junto con su juventud y por eso pensó que jamás volvería a verle tal como lo tenía enfrente.
De todo eso se percató Sakura en cuestión de segundos a su llegada, pero también de otros detalles más.
Todos seguían en total silencio, pareciera que hablaban de algo sumamente importante y ella no tenía por qué enterarse, entonces supuso que al percibir su chakra callaron. Eso era lo que la Haruno pensaba, y en nada se equivocaba, pues Kakashi percibió su chakra desde que puso un pie en la torre Hokage, ya la esperaba.
—Pueden retirarse. —Irrumpió el silencio por fin el peli gris y todos se esfumaron, excepto Yamato que aún llevaba su máscara ANBU puesta.
El castaño se acercó a un costado del Hokage y susurró algo que Sakura no pudo escuchar ni percibir, pues sus labios no estaban al alcance de su curiosa vista. Pareciera que sólo fueron un par de palabras, ya que en seguida se esfumó tras haber hecho una reverencia y dicho un "Hai".
—Yo, Sakura-chan. —Se dirigió por fin a la recién llegada con tono despreocupado, viéndole por primera vez en lo que a su juicio pareciera casi un siglo.
—Me enteré que llegaste y… —Cerró la puerta detrás de ella para sentirse más en privado con él.
—Hace apenas unos minutos. —Habló como si acabara de llegar de su casa o Ichiraku, mientras se quitaba los distinguidos protectores ANBU de acero en sus antebrazos dejándose sólo los guantes.
— ¿En qué pensabas cuando decidiste irte así? —Ahora sí, a la mierda, Sakura Haruno no estaba para formalismos ni rodeos en ese momento. — ¿Por qué lo hiciste?
Estaba preocupada, la angustia le había carcomido hasta la medula durante esos 4 días de total ausencia, sin noticias, ni un pergamino o el ninken que diera rastros de él o su paradero. ¿Acaso era tan difícil darse cuenta? Estaba ahí plantada con el corazón en la garganta, palpitándole, asfixiándole por el temor y ahora la felicidad.
—Agradezco tu preocupación por la aldea ante mí ausencia. —Habló sin levantar la vista de unos documentos en sus manos. —Estúpido. — Se regañó mentalmente al darse cuenta que fue un tanto grosero y suspiró. Le ahogaba la dicha de tenerla frente a él, quería escurrirse hasta donde ella y abrazarle. —Sakura… —Se puso de pie y rodeó el escritorio, la necesitaba cerca.
Lo notó, ella se percató de la ligera cojera que intentó disimular el hombre una vez que salió del escritorio.
— Kakashi… —Pensó con dolor. Le afectaba tanto verlo dañado y sin saber las razones. Últimamente no estaba para nada bien de salud, pero él se hacía el fuerte. — ¿Acaso no pensaste que te acarrearía problemas? —Reprochó ahora más preocupada y tras percatarse que él lo preocupada que ella estaba por él y no por la aldea. — No pensaste si quiera e-en… —Lo sintió tan cerca, maldito cuerpo suyo que le traicionaba a esa deseada cercanía.
—Sakura… —Volvió a llamarla. —Todo está bien.
La Haruno sintió sus palabras tan extrañamente cálidas, así como el tacto de su mano sobre su cabeza y ese característico movimiento que acostumbraba él revolviéndole el cabello.
—Gracias por preocuparte. — Siguió el hablando. Ella alzó la mirada y lo vio, estaba sonriendo.
¡Sonreía!
Maldito Hokage y su hermosa sonrisa del demonio habitante del quinto infierno culpable del temblor de sus muslos.
—Fuiste egoísta…
¿Ella en serio quería arruinar el bello instante? Un momento… Su voz estaba quebradiza, parecía maldición, en verdad se sentía molesta. Eso no pasó para nada desapercibido por Kakashi.
—Oye… — ¿Qué no había quedado clara su disculpa? Indirecta, pero fue una disculpa por preocuparla.
— ¡Estaba angustiada! —Estalló por fin colérica, haciendo puño sus manos y apretando sus ojos para reprimir cualquiera lágrima, importándole un comino mostrarse débil. — Fuiste mi Sensei y me importas, eres mi amigo, eres el único del equipo que queda junto a mí… ¡Pero te importa un vil carajo!
Dolía.
Más claro que el agua imposible. Sensei y amigo. Lo aceptaba. Que estúpido se sintió por pensar que al volver y tras decirle esas palabras algo cambiarían su relación o sentimientos.
—Sakura, basta. — Habló calmado y soltó un suspiró cansado. —Basta, por favor. —Estaba increíblemente calmado, su timbre de voz era bajo. Sorprendente que no estallara después de que ella le gritase, en cambio él sólo pidió serenidad.
La Haruno no sabía cómo reaccionar. Él estaba tan pasivo, no lucía enojado, estaba sorprendentemente calmado, con su característica pose serena.
—No quiero más discusiones, por favor. —Rompió el momentáneo silencio. —Ya es pasado. —Su mirada estaba enfocada la nada de una de las paredes de la oficina, incapaz de ver esos orbes esmeraldas justo después de haber escuchado de esos rozados labios de ángel que, él no era más que un amigo. —Sigamos como los buenos amigos que somos sin más disputas. —Y volteó a verle pero en seguida desvió su vista a la mano que extendía a su "amiga", su mano aún vendada. Sakura se dio cuenta de ello.
La joven tragó saliva forzosamente. Él le extendía su mano y ella no sabía qué hacer. El ambiente no era pesado, cambio a algo totalmente diferente. Observó su mano por un segundo más y decidió extender la suya. Eso sonaba a tregua, pero algo no le cuadraba.
Sakura pareció perderse en el estrecho enlace de sus manos, entonces el Hatake aprovechó y la tomó con la guardia baja jalándola hacia él; ahí estaba por fin, cerca de él en un medio abrazo, ya que sólo le rodeaba con el mismo brazo con el que ofreció tregua. El otro no se había molestado en levantarlo, claramente estaba herido pero ella no tenía porque saberlo. Lo que le importaba era que ahí estaba, llenando ese frío e hiriente vacío de siempre. Como había extrañado su cuerpo, su aroma, su todo; su distinguido carácter.
—Siempre voy a cuidar de ti. —Susurró bajando su rostro hasta la cabeza delante de él, pues era mucho más alto que ella. Hundió su enmascarada nariz entre los cabellos rosas e inhalo ese perfume tan exquisito de ella, que al instante le erizo la piel.
Cuidar de ella, eso se lo prometió hace mucho tiempo en realidad, muchas primaveras atrás dónde ella marchitó y floreció múltiples veces, dejándolo a él como un mentiroso que sólo mencionó palabras vacías carentes de responsabilidad y llenas de descuido. Cada caída y helado invierno que la atacó, le hicieron florecer en una mujer más fuerte y mucho más hermosa. De alguna forma descuido esa promesa o simplemente cambio el rumbo de la misma. Pero ya era tiempo de dedicarle el poco o suficiente tiempo que le quedara de vida, ella lo merecía, ella estaba sola. Por supuesto que era una mujer fuerte y capaz, pero muy frágil, como un cerezo mártir de la gravedad siendo maltratado por el viento. Pero la verdad de todo eso era que él la necesitaba más que ella a él. Triste, pero verídico.
Ahora respetaría cada decisión de ninja y mujer en su vida, ella ya era un exquisito fruto maduro listo para la cosecha, listo para ser devorado…
No podía, no quería entregarla a nadie, esa ambrosia tan divina nadie la merecía, ni siquiera él. Pero era lo mejor para ambos, ella tenía que seguir tropezando y cayendo para aprender a levantarse con el menor sufrimiento posible, y él no intervendría, sólo sabía que estaría ahí para limpiar sus puras y cristalinas lágrimas de las cuales él ya no sería responsable.
Regresó a la aldea pensando en ella, pero la realidad se plantó delante de él. Estaba decidido, la dejaba en libertad a pesar de que nunca fue suya.
Amigos.
Renunciaba, a su amor imposible. Ella merecía felicidad y él esperaba que la encontrara. Por ahora y su sobrante de vida, él siempre sería su viejo Sensei, su viejo amigo y colega. Ahora cuidarla sería su última misión. Cuidarla de peligros y amenazas. De esas bestias llamadas hombres controladas por cierto asunto colgante entre sus piernas.
Cuidarla de criaturas como aquella de cabello castaño cubierto por un pañuelo y sonrisa socarrona que le esperaba fuera de la oficina; tan atento a sus movimientos. Ajeno a todo menos a ella, como todo un depredador detrás del pastizal esperando a que la pequeña gacela salga y esté dentro de su vista periférica para entonces saltar al ataque, a perseguirle hasta tenerla en sus garras.
— ¿A dónde tan sola? —Preguntó acercándose a pasos largo hacia ella justo cuando la vio salir de la oficina.
En cuanto Genma supo que el Hokage estaba de vuelta en la aldea previó que ella estaría ya en la oficina, con él y su corazón en la mano. Detestaba que ella no se diera su lugar y fuera a buscarle y rogarle por atención. Le hervía la sangre y eso le molestaba aún más, no sabía porque putas se preocupaba tanto.
Si Sakura fuese otra, ya lo habría acusado de acoso o algo parecido, pero con tanta cosas pasando en esos momentos no quería escándalos ni peleas. Además nadie le creería si se enterasen que ha pasado entre ellos. Bastante tenía de peleas, pensó amargamente.
Se siguió de largo, no estaba con el humor para escuchar coqueteos o piropos del jōnin castaño, sus intenciones ya las conocía. No quería ser grosera, pero si se le acercaba lo golpearía en donde los rayos del sol no llegan, a menos que se ponga en cueros a medio día en un techo.
—Lo siento, estoy ocupada Sempai.
Justo en ese momento Genma lo corroboró, nada bueno salía de esa oficina últimamente. ¿Qué le sucedía al lunático Hatake? Recién llegaba después de ser casi clasificado como un ninja renegado y lo único que hacía era tratar con la punta del pie a quien se le acercara. Lo mejor era no ir a darle la bienvenida, pues el asunto se pondría muy acalorado.
—Tengo el día libre. —Insistía él detrás de ella tratando de sacar tema.
—Bien, debería entrenar o hacer algo productivo. —Seguía sin detenerse, a cada paso su cabello se movía.
Genma no se molestó en seguir insistiendo con palaras, se limitó a seguirle en silencio. Examinando cada gesto, cada paso y su constante suspirar.
El resto del camino no hablaron ni se miraron, sólo escuchaban sus pasos resonando entre los corredores haciendo eco. Llegó un momento en que ella apretó el paso, era ridículo pensar que lo hacía para alejarse o perderse de la vista del jōnin, pues desde hace rato no quedaban muchas opciones donde esconderse o desviarse. Ya que se encontraban ya bastantes metros bajo tierra, en lo que fueran los sótanos de la torre Hokage.
—Preciosa, sé que estás molesta. Pero, ¿No crees que nos hemos desviado ya mucho de la salida? —Habló por fin el mayor aún detrás de ella.
—Sempai, usted es el que se ha desviado. Yo voy a la bóveda.
— ¿La bóveda? —Se apresuró a su lado.
—Sí, la bóveda.
— ¿Esa solitaria bóveda donde nadie escucha ruidos al exterior?
—Sólo conozco una bóveda, y sí.
Genma fácil se percató que su humor para nada había cambiado desde que la vio salir de la oficina de su colega, pero ahora se daba cuenta que en realidad no se encontraba molesta… Sino, dolida. Su mirada era vidriosa.
Llegaron a la puerta de la bóveda después de los cuatro sótanos muy debajo de la torre Hokage.
—Oye linda, lamento decir que necesitarás al Hokage para entrar ahí. —Habló Shiranui pensando que ella olvidó el detalle.
Sakura no se molestó en hablar o decir nada, sacó un pergamino con un sello en el interior. Lo pegó a la majestuosa puerta y prosiguió con unos sellos y en seguida la puerta se entre abrió.
— ¿Q-qué hiciste? —Preguntó asombrado Genma aflojando el agarre de su senbon entre los dientes. —Sólo el chakra del Hokage puede abrirla.
—Kakashi selló la cantidad necesaria de chakra en el pergamino y me pidió dejar estos documentos. —Explicó sin voltear a verle. —Pero… —Volteó extrañada a ambos lados del pasillo donde se encontraba la puerta de la bóveda.
—Sí, no hay guardias. —Anticipó la preocupación de la peli rosa. —Vamos, quizá sólo fueron a su cambio de turno o entrega de reporte rutinario. Son unos flojonazos, ya sabes.
—Te acompaño, es peligroso que una preciosura esté por acá tan solitaria. —Sonrió coqueto como de costumbre. —Prometo no espiar los documentos. —Alzó la mano dando su palabra como chico bueno.
—Gracias Sempai. —Agradeció aún sin muchos ánimos.
No dijeron nada más y se adentraron a la gran bóveda.
Mientras Sakura buscaba entre las secciones la específica para dejar el valioso documento, se preguntaba por qué Genma seguía siendo tan gentil y paciente con ella. Ya le había dejado muy claro que no le quería cerca, pero él no tenía la culpa de sus desamores después de todo.
Por otro lado, el jōnin de elite se preguntaba por la actitud de ella. Desde que entraron a la bóveda parecía más distraída que de costumbre, y en verdad se admiraba de la enorme confianza que el Hokage le tenía a su exalumna, después de todo nadie le aseguraba que la conocía del todo ahora que ya era más adulta.
—Puedo ayudarte a encontrar esa sección, linda. —Increíblemente gentil, algo quería y no era plata prestada.
Sakura aún ensimismada en sus pensamientos no se percató de la amable ayuda que el jōnin le ofrecía, en lugar de eso no alejaba la vista de una de las clasificaciones especificadas en una placa rectangular colgando del techo en uno de los pasillos. La verdad es que intentando buscar la sección indicada se quedó ensimismada viendo la placa pero sin prestarle la mínima de las atenciones.
— ¿Preciosa? —Preguntó muy cerca de su oído.
A lo que ella sólo atinó a dar pequeño brinco de sorpresa.
—Vamos, no soy tan feo para que hagas eso. —Bromeó parándose frente a ella, pero la sonrisa de su anterior broma se borró al ver que intentaba esconder sus inundados ojos jade bajo su flequillo rosa.
No habló más, otra vez estaba ahí frente a él, llorándole.
—Si tan sólo supieras lo que se siente, Kakashi. —Pensó al ver esas cristalinas gotas golpear el suelo, una tras otra y ella titiritar.
Se llenaba de rabia al verla sufrir y llorar por un bastardo narcisista como ese individuo que tenía por Hokage. No era más que un pedazo de mierda al que le encantaba pavonearse por la vida, llamando la atención, haciéndose el chulito reclamando tesoros invaluables como la hermosa y rota chica delante de él.
Quebradiza, rota, apagada. Tan frágil como porcelana.
Genma sentía que estallaría de rabia, quería ir en ese preciso momento a desquebrajarle los huesos y dejarlo hecho mierda en el suelo, pero ella lo necesitaba, aquel imbécil podía irse yendo a la mierda. No merecía más importancia que Sakura.
Ya se estaba haciendo costumbre de que él pagara los platos rotos. El Hatake la hacía sentir mal, pero ella temrinaba llorando en sus brazos rasgándole la razón por la impotencia de satisfacer sus sentimientos no correspondidos. No correspondidos por ese cabrón que prefería putillas en lugar de una mujer de la talla de la Haruno.
Tragó saliva ruidosamente, estaba realmente molesto.
—Linda, tranquila. —Se inclinó a la altura de ella. —Esos hermosos ojos se empañan por tanta lágrima.
Pero ella no podía hablar, hipaba. Tenía todo el sufrimiento y la desilusión atorada en su tráquea, impidiéndole respirar adecuadamente. Estaba sonrosada y seguía derramando hermosas gemas líquidas, se sentía incapaz de detenerse.
Genma se sentía desesperado, angustiado por no saber qué hacer para detenerle ese innecesario martirio a la mujer delante de él, y sólo optó por abrazarla.
—Por favor, ya no llores… —Susurró hundiéndose en su cuello.
El shinobi no estaba dispuesto a marcharse de ahí y sabía que tenía que torturarse a sí mismo escuchándola llorar. Le importaba un vil carajo que tan mojado dejaría su chaleco, eran valiosas esas lágrimas. —Lástima que son por ese hijo de perr…
Los envenenados pensamientos de Genma se vieron abruptamente interrumpidos por un fuerte agarre a las mangas de su camiseta.
—Se-sempai… —Susurraba la peli rosa entre sollozos aún con el rostro hundido en el pecho del jōnin delante de ella. —Por favor… No te alejes.
Y la besó.
Ansioso, buscando curar esa marchita flor. Bastaba de lágrimas, era suficiente de sollozos.
¿En qué momento se prendió esa carga de dinamita que ni cuenta se dio? Ya había explotado y no había nada para remediarlo. Estaba claro que esa personita se estaba volviendo la mecha que encendía sus más bajos instintos.
Shiranui Genma no era muy bueno con las palabras cuando de reconfortar o dar apoyo se trataba, pero en este caso su instinto le marcó un beso, uno muy apasionado que le dijera a ella que él estaba ahí para confortarla.
Sakura pasó a rodear sus brazos alrededor del varonil cuello, enredando sus manos entre las largas hebras castañas. Se paró de puntitas y acercó más su cuerpo al de él. Genma sólo atino a sentir lo ansiosa que se sentía ella por su cercanía y de inmediato la cargó en brazos por los firmes muslos sin despegar ni un momento sus labios de los de ella.
Con todo el permiso del mundo, ella se abrazó a la cadera de su Sempai. Él embriagándose del sabor en la boca de la chica opta por morder su labio inferior y jalar un poco al sentir el contacto que ella busco en él. Se gira con ella aún en brazos en busca del apoyo de la pared a su costado, la encierra entre él y la pared, teniendo ya el apoyo del concreto a las espaldas de ella, se separa un poco y baja el cierre del estorboso chaleco verde, ella ya ansiosa le ayuda a deshacerse de él y le dan vuelo a dios sabrá donde. Ella también comienza a bajar el cierre de su blusa roja, pero como se ha de saber ya, el desesperado macho se la abre de tajo milagrosamente no dañando el cierre, o algo así. No se la quita del todo, pero prosigue por desabrochar el sostén por el broche de enfrente como todo un master con únicamente dos dedos, el índice y pulgar.
Ambas copas del sostén cuelgan a los lados de los pechos de la peli rosa en donde ya se aprecian un par de pezones rosados muy despiertos, aclamando atención. Siendo Genma todo un caballero ante las atenciones que una dama necesita se mueve rápido alzando aún más alto a la Kunoichi, dejándole el perfecto panorama de sus excitados pechos justo frente a su rostro, y preparado para el gran banquete comienza a contornear una de las areolas con la punta de su lengua.
Ella por respuesta y con poco que hacer, aferra sus manos afanosa al pañuelo de la cabeza de Genma y al sentir como los dientes de su amante se aferran a la cumbre de uno de sus pechos, le arranca la tela que tenía estrujando entre sus manos, aventándola a dios sabrá dónde dejando la hermosa cabellera del hombre libre.
—A-alguien puede —Hablaba entrecortada por culpa de la excitación sucumbiendo en su organismo.
—Shh… —Calló entre besos mariposa que repartía al otro pezón.
La sintió ansiosa, aferrarse a su sudada cabellera pero poco le importaron los tirones que le hacía, lo que le excitó sin duda fue sentirla restregar su intimidad a él. Bajó un poco sus besos en dirección a su abdomen pero ella tiró más fuerte y él como perro fiel, obedeció que ella le necesitaba. Así que decidió bajarla y dejar que se pusiera en pie por su cuenta, pero antes de que ella se equilibrara la volteó haciéndola encarar la pared.
La tenía totalmente controlada.
—Shiranui-se… sempai… —Gimoteó ella al sentir como él paseó su mano desde la cara externa de su muslo hasta la interna y ascendía.
—Está bien, Sakura-chan. —Le lamió el lóbulo de su oreja y se adueñó de uno de sus pechos masajeándole, acercando más su cuerpo al de ella, haciéndole apegarse más al frió concreto de la pared.
—S-semp… Ahh… —Gimió sin evitarlo al sentir como el introducía sin advertencia un dedo a su vestíbulo.
—Sakura… —Suspiro pesado. Era él quién estaba excitándose a medida que la exploraba cada vez más, y al corroborar con su dedo lo húmeda que estaba sintió su miembro palpitar.
Atrevido se aventuró con otro dedo haciéndole a la Haruno soltar otro gemido que intentó reprimir mordiendo su lengua.
—Gime. —Ordenó ronco y masajeó más sin introducir sus secuaces en ella. Pero sin resistirse más metió ambos dedos en ella haciéndola retorcerse y respirar entrecortadamente por la boca.
Ya era volátil el olor a sexo ahí, cualquiera se daría cuenta que ahí hubo sudor, éxtasis y semen. Pero poco les importaba a los responsables, después de todo no era de menos lo que los orilló a buscar sus cuerpos. Pero la verdad era que el mal tragó no pararía ahí, después de todo sólo representaba un momento de confort. Un lujoso confort que nadie se imaginaba tenían en ese lugar tan inesperado, claro, a juzgar por la "seguridad".
Seguridad que alguien más ya había burlado y cierto usuario del mokuton se percató de ello, ahora su tarea era dar aviso de inmediato y a su superior, el Rokudaime.
— ¡Hokage-sama! —Entró sobresaltado el ANBU a la oficina, pero se percató que tenía la compañía de varios del consejo de la aldea.
Yamato hizo reverencia de inmediato a las personas presentes y sin rodeos se acercó hasta el Hokage quedando a su costado. No es que fuera de mala educación ahí susurrarle al oído al Hokage, después de todo era un ANBU el presente y tenía todo su derecho de intervenir en asuntos relacionados a la organización. Si bien no les molestaba pero les inquietaba a los presentes que interrumpieran una reunión donde se juzgaba la conducta que tomó el Hokage al decidir su partida sin aviso alguno.
En cuanto escuchó de Yamato las palabras "Intrusos y Sakura", Kakashi sólo atinó a levantar rápidamente la vista a la puerta de la oficina y fruncir el entrecej. Al pobre Hokage le llovía sobre mojado, una cosa tras otra le venía.
Se puso en pie rápidamente y sin dar explicaciones tomó su máscara ANBU y katana, después de todo aún llevaba su armadura. Y con descaro informó que la reunión se posponía, sin molestarse en aclarar nada o mirarles, dejo a los miembros del consejo en la oficina y salió junto con Yamato.
—Acude por únicamente un refuerzo, los veo allá abajo. —Ordenó ya fuera de la oficina y al ponerse su máscara desapareció yéndose como alma que lleva el diablo a lo más profundo de sus sótanos.
Se mentalizaba mil y un desgracias, ella era fuerte, pero bien claro tenía que no salió de su oficina en las mejores condiciones ni ánimos, lo reconocía. Las emociones siempre bajaban el rendimiento de un ninja, y eso siempre le quedó más que claro.
Al llegar se imaginaba desastre en la bóveda, sólo rogaba a mil dioses que ella estuviera bien. La Kunoichi por la que se preocupaba no era para nada una debilucha, pero se preocupaba demasiado.
Arribó al lugar en tiempo record y definitivamente no se topó con ningún guardia o ninja entre los pasillos que lo dirigieron hasta la bóveda. Sumamente sospechoso. A pesar de las ansias que se cargaba, se acercó cauteloso a la entrada de la bóveda, se encontraba entre abierta y sintió terror.
Escuchó ruidos dentro, y se adentró decidido, detecto dos chakras distintos y se escabulló por el pasillo principal de la bóveda que conectaba cada sección de documentos.
Se detuvo en seco al percatarse de los sonidos que escucho anteriormente. No eran nada más ni nada menos que gemidos, susurros y respiraciones agitadas. Sus sentidos no lo engañaban, hedía a sexo ahí y quien mejor que él para saber de olores. Tragó saliva y se dispuso a retirarse de ahí, eso intentaría. Sentía que se desmoronaría justo ahí parado, escuchando y oliendo lo obvio. No había margen de error, era SU olor y el de él, eran sus chakras. Rogaba equivocarse, pero sólo un bastardo estúpido no se percataría.
Quería consumirse ahí mismo por las más ardientes llamas del mismísimo infierno. La salida de la bóveda se percibía tan lejos, no se sentía capaz de moverse. No podía pensar.
Entonces los percibió, esos otros dos olores desconocidos entre todo ese repugnante hedor pasional. Ahí estaban, también alcanzó a percibir los casi inexistentes chakras de esos pobres infelices. Sentía lástima por esos cabrones, pues serían los testigos de su impotencia y furia.
De un segundo a otro se ubicó detrás de ellos, y les mutiló un pie a cada uno, negándoles esperanza de escape, y los noqueó de dos certeros golpes aquí y allá. Los dejó caer al suelo sin molestarse en no hacer ruido, y salió de esa hedionda bóveda.
En cuanto pisó el corredor externo que lo sacaría de ese recóndito lugar, se encontró con Yamato y otro ANBU.
Lo que el usuario del mokuton vio en la expresión de Kakashi no le presagió nada bueno. Su máscara estaba manchada con sangre al igual que su katana. Pero eso no era lo que le tenía así a su amigo.
—Llévenlos con los Yamanaka y sáquenles todo. Hasta las putas que se han cogido. —Escupió amargamente mostrando una mirada penetrada por un brillo atisbado de furia.
Tenzo imaginaba una que otra escena, pero nunca imaginó lo que encontraría ahí dentro. Justo como el Hatake pensó, sólo un estúpido no se daría cuenta de lo sucedido ahí.
Los dos intrusos yacían en el suelo, inconscientes y Sakura detenía la hemorragia del pie de uno de ellos y Genma aseguraba las extremidades del otro. Nada podían disimular cuando era más que obvio lo que había sucedido ahí.
—Kakashí… —Pensó con dolor ella al saber que él había estado ahí.
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¡No me maten! Ya saben: "Drama for the trama" (mi lema)
Ya sé, ya sé. Pero no juzguen :( todos sufren, pero todo irá bien... Quizá... *ríe malvadamente*
Les agradezco mucho los reviews que me dejan ;_; yo lloro de emoción, de verdad significan bastante para mi. Mil gracias por su apoyo.
Ardalus: Gracias por seguirme leyendo sensei, significa mucho :D y que bueno que te guste la trama. Verás, la chica de la arena era sin importancia, pues nunca paso nada con ella, era sólo una mensajera y ya.
Yuuki Hatake Uchiha: Claro que el fic sigue :D no te angusties, lento pero seguro. No planeo dejarla colgada.
Lexia Hatake: Me alegra tanto ver que le das oportunidad a esa cosa que tengo por fic :D y te agradezco que me menciones los errores xD como siepre edito de noche y quiero publicar rápido, ni yo misma me percato hasta que ya publiqué.
Nella: No sé como empezar, me encantan tus reviews largos *O* deeeos! Me emocionoó mucho, tú misma lo ves cuando te doy guerra por Whatsapp. Así que aunque por aquí no te agradezca, sabes que son muy importantes tus reviews y apoyo *llora*.
Kath-2H.D: Que nos pasa a las autoras? Pues es sencillo; sin drama no hay trama hahahaha. Perdoname! Es sufrimiento puro pero se compensará :D gracias por los sentimientos que le manifiestas a mi fic, te agradezco mucho que sigas al pendiente.
AleXi: Oyeeee! Que estaba esperando tu review y tambien me emocioné leyendote. Me enorgullece saber que les hago llegar los sentimientos de cada personaje, en eso me esfuerzo y me alegra que haya y un resultado. Hahaha los spoilers no faltaran ;)
marianithahdv: Y yo casi me vuelvo chango también, pero sabiendo que leíste mi fic :D gracias por los cumplidos!
MagicaShinaru: Tendrás más capitulos, por supuesto que si! (tengo quien me presioné adecuadamente para no dejar de escribir)
Ahora si, les agradezo infinitamente y espero les haya gustado este capitulo. Hasta el proximo.
Sayonara.~
