Al despertar no abrió los ojos inmediatamente, pero Chrollo notó un cambio en el aire de la habitación. Cuando olfateó de nuevo, se dio cuenta Kurapika estaba cocinando, y que lo que sea que estuviera cocinando, olía muy bien. Abrió los ojos, volteó a ver el reloj que estaba a un lado. El reloj marcaba las 8 am. Soltó un suspiro de cansancio y se quiso sentar.

Pero cuando se movió, el dolor en sus músculos aún le parecía muy fuerte. Sentía como al estirarse sólo un poco, todo el cuerpo le causaba una molestia aguda y punzante. Así que se resignó y miró el techo por un rato. Parecía que su fiebre por fin había bajado, su cabeza ya no le daba tantas vueltas y las náuseas desaparecieron. No sentía que pudiera mover su hombro o muslo por las heridas de bala, pero en general parecía estar estable.

Su muñeca todavía estaba esposada al mueble de noche de a un lado y sus miembros estaban acalambrados por la falta de movimiento.

Escuchó el sonido del sartén caliente cocinando algo y eso le recordó que no había comido en días. Ni siquiera recordaba haber tomado agua. La falta de alimento no era algo que no hubiera experimentado antes, pero igual su estómago gruñó con muchas ganas.

Chrollo se preguntaba cuál iba a ser la decisión del Kurta respecto a alimentarlo.

'' ¿Será tan amable de tomarse el tiempo de guisar un desayuno para mí? '' pensó el criminal, genuinamente curioso al respecto.

El tiempo pasaba y el rubio seguía en lo que supuso era la cocina, así que Chrollo volvió a tratar de sentarse un poco. Pero terminó en la misma posición incómoda de la vez pasada, donde sólo sus hombros y cabeza estaban recostados contra la base de la cama.

Seguía sin poder hacer mucho movimiento. Examinó el estado de su cuerpo, Chrollo sabía que no tenía muchas posibilidades de poder moverse libremente sin dolor por unas semanas. Así que no veía probable la idea de cocinarse algún desayuno decente.

Y considerando la actitud del rubio de odio infinito que le tiene al criminal, no esperaba que le prepara el desayuno de forma cortés y voluntaria. Mucho menos que sea tan amable de llevárselo hasta la cama en la que estaba atrapado.

En la cabaña empezó a rondar el aroma de vegetales y pescado frito. Su estómago rugió más fuerte.

Entonces escuchó cómo el rubio empezaba a mover cosas en la cocina. Ya no se escuchaba el aceite caliente, y parecía que Kurapika estaba abriendo y cerrando gabinetes. Luego escuchó pasos y vio su sombra acercarse por el marco de la puerta.

Kurapika entró a la habitación con un tazón de arroz blanco, palillos negros y un vaso de agua.

''Buenos días'' dijo Chrollo de forma cortés, con su voz algo ronca por recién haberse despertado. Estaba algo sorprendido por los objetos que llevaba el rubio en mano, pero aliviado porque al menos no lo quería matar de hambre.

Kurapika no le contestó y tampoco lo volteó a ver, se fue directo al costado de la cama y dejó la comida ahí. Sin saber qué pensar, Chrollo sólo dijo ''Muchas gracias, pero-'' no pudo terminar lo que iba a decir porque vio cómo Kurapika buscaba algo en su bolsillo trasero y sacó una llave. El rubio se agachó para liberar a Chrollo de sus esposas.

''Come'' le dijo Kurapika. Tenía la vista baja, sin dirigirle la mirada al hombre de cabello azabache.

Chrollo sin tomar importancia la sequedad del joven, tomó el plato de arroz, lo dejó en su pecho, agarró los palillos y se puso a comer.

El platillo no era la gran cosa, los granos no estaban sazonados pero de igual manera era suficiente. Mientras tanto miró que el rubio salió de la habitación, por el mismo marco de por donde entró.

Cuando escuchó afuera de la habitación una silla moverse y un aplaudido, supuso que era un rezo antes de comer.

Mientras Chrollo comía su desayuno, aprovechó y empezó a observar la habitación con más detalle.

La cama en la que se encontraba era bastante cómoda y amplia, con sábanas blancas y frescas. Aunque ese momento deberían de estar sucias en el lugar que estaba por la mugre que traía encima. Volteó a su derecha y miró el grupo de árboles a través de la gran ventana. Los rayos de sol atravesaban el cuarto iluminando el otro lado de la cama.

Dando otro mordisco, observó los muebles de la habitación. El sillón en el que se sentó el rubio a curarlo estaba pegado a la pared. Del mismo lado de la cama en donde se encontraba él. Supuso que era para cuando Kurapika lo necesitara, sólo lo jalaba más cerca de la cama y se sentaba.

También había un clóset frente a la cama, no muy grande ni amplio. Para Chrollo tenía sentido por el estilo de ropa modesto y aburrido del rubio. Y de lado de ese clóset estaba un escritorio con un estante de libro pegado a la pared.

Detuvo su mirada para revisar los títulos. Tuvo que admitir que el Kurta tenía buen gusto en lectura. Los libros que llegaba a reconocer, eran libros que le habían parecido interesantes en su momento. Aunque tenía más libros que él desconocía que los que sí. Pero cuando llegó al último libro, vio su Fun Cloth sobresaliendo el libro y la pared.

Le pareció extraño que no estaba escondida, sólo estaba… ahí. La Fun Cloth que tenía el objetivo que obtuvo en su misión pasada. Kurapika de verdad estaba seguro que Chrollo no podía hacer nada ese estado, como para dejar la franela a simple vista.

Extrañado levantó una ceja y ladeo un poco su cabeza. Pero después de meditarlo, soltó un suspiro de resignación y terminó su desayuno. Escuchó una silla arrastrarse y más ruido viniendo de la cocina, uno de esos siendo el de una llave de agua abrirse.

Chrollo volteó a ver el marco de la puerta que daba a fuera de la habitación. Le pareció curioso cómo el rubio pudo desayunar sin que Chrollo escuchara ni un sólo ruido, pero tampoco le sorprendía.

De igual manera, miró de nuevo la estantería y le dio una mirada analítica. Tenía que recuperar ese pañuelo. Pero sabía que en el estado en el que estaba, no podía tomarlo sin más y salir por la puerta.


Al estar lavando los platos, se puso a hacer lo que normalmente hace cuando toma decisiones tontas, reprenderse sin cesar.

'' Ni siquiera le he dicho a Gon exactamente dónde vivo como para que no tenga problema con este hombre en mi casa '' pensaba Kurapika frunciendo el ceño mientras tallaba el sartén con un poco de demasiada fuerza '' ¿Por qué tienes que ser así, Kurapika? Ese bastardo no se merece nada de lo que estás haciendo ''.

Apenas y durmió la noche pasada porque su ''invitado'' seguía temblando fuertemente por la fiebre. Tuvo que estar revisando que los pañuelos se mantuvieran frescos cada 45 min. Además de que, la idea de dormir en la misma habitación que Chrollo le quitó el sueño completamente. ¿Cómo podría dormir sin inconvenientes con el asesino de su familia en la misma habitación?. Con el simple hecho de verlo en su cama, hacía que su cuerpo se tensara totalmente como una tabla y tuviera el instinto de recurrir a su fuerza para herirlo.

Kurapika seguía entretenido lavando sus trastes con furia, cuando al enjuagar la tasa que usó para su café se resbaló de sus manos y cayó al lavamanos haciendo que se espantara un poco. Apretó los ojos y levantó de golpe sus antebrazos a punto de explotar de la exasperación, pero, se detuvo. Tomó aire por su nariz lentamente moviendo sus manos con él, lo retuvo dos segundos y entonces exhaló dejando sus brazos caer a sus costados.

Terminó de enjuagar la tasa de la espuma, se lavó el jabón de las manos y cerró la llave. Secó sus manos en la toalla que estaba a un lado de él, se quedó mirando la toalla entre sus dedos y se detuvo a pensar.

''¿Por qué tengo que hacerme pasar por esto? Mejor lo suelto en alguna parte cerca del camino''.

Las cosas cambiaron, estaba decidido a quitarse a Chrollo de encima. No quería estar sufriendo inconvenientes sin sentido, por una persona que no se merece ni la más pequeña caridad de su parte. Pero al darse la vuelta, muchas memorias empezaron a inundar su cabeza.

Los rostros de personas que quisiera olvidar, las veces en que se sintió más poderoso que nunca, todo eso empezó a pasar uno tras otro como rollo de película.

Sintió una contracción en su pecho y su garganta se sentía incómoda.

Para él no era como que se arrepentía de todo lo que hizo por su clan. Pero aún así todavía el recuerdo de la sangre en sus manos hacía que quisiera vomitar.

Salió de su trance, se talló la cara con ambas manos jalando hacia abajo y siguió caminando. Acomodó la silla en la mesa, los condimentos en los gabinetes, agarró un vaso grande, lo llenó de agua y empezó a caminar a su habitación de nuevo.

Al entrar, miro a Chrollo terminarse de un trago el primer vaso que le dio y el plato de arroz vacío a un lado. Entonces levantó la vista al notar a Kurapika entrar.

Cuando cruzaron miradas fue más que nada extraño.

Por una parte el rubio miraba a Chrollo con una gran intensidad, transmitiendo una combinación de odio y desprecio. Sin embargo, el criminal se limitaba a responder con una sonrisa cortés, pero en sus ojos no se traducía nada más que indiferencia.

''Muchas gracias por el desayuno'' dijo Chrollo.

Kurapika se acercó a dejarle el vaso con agua en la mesa de noche y le dijo ''Necesitas un baño''. Seguido a eso, abrió la puerta que estaba a un lado de la cama, prendió el foco y se dirigió a la bañera para abrir la llave del agua, dejando a un Chrollo algo perplejo en la otra habitación.

El criminal sabía que necesitaba un baño, se sentía incómodo en su ropa, pero lo que le intrigaba es lo que implicaba darse un baño.

Escuchó el chorro de agua y vio que Kurapika salió de donde había entrado para volver a salir de la habitación.

Volteó a ver el marco de la puerta del baño y notó que algo vapor empezaba a salir del cuarto en donde estaba el Kurta.

''Bueno'' pensó Chrollo ''Mínimo no quiere torturarme con agua fría''. Lo cual eran buenas noticias, pues su piel estaba algo helada por la falta de sábanas, el lodo seco en su ropa y la brisa fresca de la ventana. Un poco de agua caliente le causaba algo de alegría.

Giró su rostro al techo, cerró los ojos y empezó a controlar su respiración. Inhalando lentamente y soltando igual de lento. Le causaba un poco de dolor pero trataba de relajarse y tratar de pensar.

Tenía que admitir que las decisiones del rubio le sorprendían.

Además de que lo salvó de una muerte lenta y solitaria en el bosque, lo acogió en su hogar para él mismo cuidarlo. Sin ninguna ganancia o compromiso. De hecho, era como una tortura para él. Aún así lo hizo sin pedirle nada a cambio.

Es cierto, le impidió volver a usar nen de nuevo, pero nada le garantizaba al rubio que no pudiera recuperar sus habilidades de la misma forma que antes.

Escuchó a Kurapika entrar de nuevo, interrumpiendo su línea de pensamientos. Volteó a verlo y se dio cuenta que se acercaba acarreando una silla de ruedas.

Dejó la silla de ruedas pegada a la cama cerca de sus pies y se paró a su lado.

Kurapika alzó los brazos para recogerse el cabello. Chrollo notó la poca piel que se dejaba ver por la alza del camisón, un pequeño ombligo. El Kurta remangó sus mangas y dijo '' Trata de doblar tus rodillas ''

Chrollo miró al rubio, parpadeó un par de veces por un momento y volteó a ver sus piernas. Primero dobló una pierna, la que tenía la herida de bala, y después la otra. Le dolió pero nada que no hubiera sentido antes. Dobló sus piernas sólo lo suficiente para separar sus rodillas de la cama y hacer un pequeño espacio para lo que el rubio tenía pensado.

Kurapika acercó la silla para ponerla a su costado, miro las piernas de Chrollo y subió la mirada para verlo a él.

El rostro del rubio mostraba fastidio. Su boca formaba una línea y tenía odio en su mirada. Pero igual, se agachó un poco, pasó un brazo por las rodillas de Chrollo, el otro brazo lo metió entre su espalda y la cama, levantó al de cabello azabache en estilo de princesa.

Chrollo sintió un dolor agudo por todo su cuerpo por los estirones, pero más fuerte en las zonas delicadas como su hombro, abdomen, muslo y tobillos. Aún así no dejó que nada de eso se mostrara y sólo dejó que su cabeza colgara un poco hacía atrás como peso muerto.

Sin embargo, el rubio no perdió tiempo y puso a Chrollo en la silla de ruedas. De una forma brusca, dejando claro que no le importaba qué tanto le doliera al criminal. A Chrollo no le extrañó la brusquedad del rubio.

Kurapika se puso tras de él y empujó la silla al baño.

El baño del Kurta era pulcro y limpio, algo agradable para Chrollo. Las paredes tenían azulejos blancos al igual que el piso, que relucía de brillante. Casi en la entrada estaba un lavabo blanco que parecía de porcelana. Con un espejo de tamaño mediano en forma cuadrada y la bañera estaba en el fondo acaparando toda esa pared del pequeño baño.

Chrollo notó que había un espacio muy estrecho entre la bañera y el retrete.

Kurapika se detuvo y dejó a Chrollo cerca del lavabo. Se acercó a la bañera, se remangó la camisa y metió su mano al agua de la llave. Ajustó la temperatura con las perillas y volteó a las repisas que estaban arriba del retrete para tomar una botella blanca. Abrió la tapa, echó un líquido transparente al agua y se volteó a ver al criminal mientras cerraba la tapadera.

El criminal sin embargo estaba algo entretenido con la escena frente a sus ojos y tenía una pequeña sonrisa en sus labios. Simulando falsa inocencia y agradecimiento.

El Kurta lo miró con molestia y se acercó a él agachándose un poco para tener su rostro a su altura ''¿Desde cuándo no tomas una ducha?''.

Chrollo miraba hacia los lados mientras hacía memoria. ''Hace como 5 días'' dijo ladeando la cabeza mirándolo con la pequeña sonrisa en los labios.

Kurapika se enderezó para mirar al criminal desde arriba ''Veamos si con una ducha se puede ir el olor a rancio de la habitación''.

El criminal soltó una pequeña risa y dijo ''Perdón por los inconvenientes''.

Entonces vio que en el rostro del rubio nació una pequeña sonrisa para acompañar su mirada de molestia. Una sonrisa de malicia que a Chrollo le causó gracia. El rubio gruñó en respuesta mientras volteaba de nuevo a la bañera, esta vez para cerrar el grifo.

Kurapika se dirigió a Chrollo de nuevo, y sin nada de delicadeza empezó a levantar los brazos del criminal para desvestirlo.

Empezó con la camisa, se la quitó de forma brusca por la espalda. La mirada del criminal cambió de una cortés y ''agradecida'' a una inexpresiva, al igual que sus labios que formaron una línea recta. Como cuando lo levantó de la cama. Kurapika sabía que era para no dejar mostrar su dolor, el cual estaba seguro ardía infiernos. De todas formas, a pesar de disfrutar del dolor del criminal, trató de no perder tiempo.

Kurapika prosiguió removiendo los vendajes del hombro, pecho y brazos del criminal. Ahora el rubio evadía su mirada totalmente del rostro de Chrollo, no quería prestar atención a lo que tenía frente. Pero el mismo criminal sólo miraba un punto sin enfoque a la pared de enfrente, sin darle atención al rubio tampoco. Las manos de Kurapika entonces fueron a los costados del criminal y lo levantó de las axilas.

Uno pensaría que sería complicado para el rubio levantar a Chrollo, por la gran diferencia de altura y peso, pero Kurapika seguía teniendo la misma fuerza de hace años.

Dejó caer un poco a Chrollo en su hombro y usó la pared para recargarlo un poco y liberar sus brazos. Los pectorales heridos del criminal tenían su peso en el hombro del rubio, apretando sus heridas y causándole más dolor al criminal. Por eso Kurapika se reía antes.

Sin embargo, Kurapika fue algo más delicado al quitarle los pantalones. Esta vez tomó unas tijeras de la repisa de arriba y cortó los pantalones por los lados, incluyendo su ropa interior. Todo cayó al piso. Kurapika volvió a dejar las tijeras en la repisa de arriba.

''¿Es necesario todo esto?'' pregunta Chrollo fastidiado pero con tono cortés. No le gustaba para nada la posición en la que estaba. No le importaba estar desnudo, pero el dolor de su cuerpo ardía muchísimo.

''Claro que no'' dijo Kurapika sarcásticamente ''Vamos, párate''. Lo tomó por la espalda para tratar de pararlo.

Pero Chrollo no pudo.

Al tratar de poner su peso en sus pies se cayó casi de inmediato, su cuerpo no respondía por el delirio en sus tobillos y muslo. Kurapika lo atrapó antes de que cayera al suelo y lo sentó de nuevo en la silla.

Se hincó para terminar de quitarle los vendajes en sus piernas, y cuando llegó a sus tobillos, Chrollo cuando vio por primera vez su estado, se sorprendió.

Líneas púrpuras y casi negras invadían su piel, con manchas verdes y amarillas a su alrededor. Se podía ver cortadas hechas con espada en circunferencia a sus tobillos y algunas suturas en sus heridas. Pero había otras heridas no tan profundas que dejaban mostrar su carne.

Sabía que en la batalla contra los guardianes, uno de ellos había dirigido todos sus ataques a sus pies, pero no esperaba que resultara con heridas tan graves como estas. Chrollo tragó saliva y sintió su rostro calentarse. No pudo evitar que el shock se demostrara en su mirada y Kurapika al notarlo, sólo soltó una pequeña risa amargada entre dientes.

''Esto es lo mínimo que una persona como tú merece'' dijo con la mirada al suelo.

Se paró y lo tomó de los brazos otra vez, para levantarlo en estilo princesa de nuevo y se agachó para dejarlo en el agua. La espalda de Chrollo estaba contra la pared de la bañera. Era más fácil lidiar con su peso en el agua y con la ayuda del Kurta pudo sentarse.

Los movimientos hicieron que su cuerpo gritara de dolor, pero lo caliente del agua hizo que todos sus músculos se relajaran.

Ya dentro de la bañera el cuerpo de Chrollo no se podía ver por las burbujas que se habían formado, sólo su pecho y sus heridas suturadas. El agua olía a limones, el criminal odiaba el aroma a limón.

Entonces el rubio tomó una pequeña cubeta del piso y se la dio.

''Ten'' le dijo.

El rostro del Kurta no demostraba emociones, con la mirada apagada que, en vez de ver un punto en la cabeza de Chrollo, parecía que observaba algo más allá de la realidad. Como si no quisiera estar en ese lugar.

Y el caso de Chrollo no se alejaba mucho. El criminal estaba igual de absorto mirando las burbujas del agua y pensando en su situación. Ahora se había vuelto una especie de minusválido temporal. Las consecuencias de sus decisiones más recientes tuvieron un precio muy caro y tenía que encontrar la manera de salir ganando de esto. Pero tomó la cubeta con su brazo sano, la llenó y dejó caer el agua en su cabeza.

''El shampoo y el jabón está en el piso a un lado de ti'' dijo Kurapika.

''Gracias'' dijo Chrollo con el mismo tono monótono que el Kurta.

Sin voltearlo a ver o contestar, Kurapika se dio la vuelta y salió del baño.


El vapor del baño hizo que los azulejos de las paredes sudaran, el espejo del lavamanos estaba empañado y la lámpara blanca del techo molestaba un poco al hombre en la bañera.

Según Chrollo habían pasado 30 minutos desde que estaba en la bañera.

En esos 30 minutos lavó su cabello, lo acondicionó y se enjabonó a como pudo. Fue delicado con su piel y le agradaba mucho la sensación de limpio en su cabeza.

Hubo un momento donde se recostó en la bañera y sólo su cabeza permanecía fuera. Tenía los ojos cerrados y estaba meditando. Trataba de poner su mente en blanco. Disfrutando del pequeño momento de paz que había tenido en semanas.

Escuchó a Kurapika aproximarse pero permaneció con los ojos cerrados. El rubio entró al baño, dio unos pasos hacía él y el criminal esperó que le dijera algo. Pero no, sólo llegó y se fue.

Ya que escuchó la puerta cerrarse, Chrollo abrió los ojos y se dio cuenta que había dos toallas blancas en el retrete. Soltó un suspiro y volvió a cerrar los ojos, tratando de volver al lugar en blanco de su mente.

Aunque no duró ni 5 minutos cuando Kurapika volvió. Y esta vez al ponerse a su lado se aclaró la garganta. Chrollo abrió sólo un ojo y volteó a verlo. El rubio estaba cruzado de brazos y lo miraba con cara exasperada. El criminal sólo se quedó observando sin hacer nada y el rubio puso los ojos en blanco soltando un exasperado suspiro

''Siéntate'' ordenó.

Chrollo alzó una ceja.

''Hazlo'' repitió el rubio.

El criminal sólo cerró los ojos de nuevo. No estaba acostumbrado todavía a ser ordenado. Inhaló profundamente y con ayuda de su brazo se sentó lentamente.

Cuando terminó de sentarse, Kurapika remangó su camisa blanca y metió la mano casi el final de la bañera, donde los pies de Chrollo no lo tocaban, y destapó el tapón para que el agua saliera.

''Sí que me odia'' pensó el criminal mientras miraba su rostro. Notó que el rubio llevaba los aretes rojos con los que cargaba desde la última vez que lo vio, la vez de la embarcación, hace años. También notó un lunar detrás de su oreja.

Kurapika debió haber sentido que estaba siendo observado porque volteó su rostro a la pared, fuera de la vista del de cabello azabache.

Al drenarse toda el agua, Chrollo sintió el aire fresco contra su cuerpo, haciendo que su piel se pusiera como piel de gallina. Kurapika rápidamente agarró una toalla y la tiró a la cabeza del hombre, tapando su vista.

Chrollo se quedó petrificado en su lugar. Entonces otra toalla tocó su cuerpo, una más larga a la de su cabeza.

Después sintió cómo el Kurta rodeaba sus caderas con sus brazos para taparlo completamente de la cintura. Chrollo entendió y se levantó un poco (ignorando las punzadas) para que fuera más fácil para el rubio.

Ya que logró tener la toalla en su lugar, Kurapika agarró a Chrollo y lo volvió a levantar, se volteó en su suelas y lo sentó en la silla. Ya en la silla le quitó la toalla de la cabeza, se agachó y la usó para secar su pecho y hombros. Con un tacto sorpresivamente ligero.

Chrollo miraba un punto en la pared detrás del rubio, haciendo lo mismo que él, evadir su mirada.

Pero la cabeza del rubio estaba en totales llamas. Él sabía que esto era lo que tenía que hacer, pero no lo que quisiera hacer.

Quería hacer que las heridas del criminal sangraran más y que sintiera una mínima parte del dolor que él sintió por tantos años, pero no debía de tirar su progreso al final de todo eso.

También odiaba tener el cuerpo desnudo de la persona que masacró a toda su familia tan cerca.

Ya que terminó de secarlo, dejó la pequeña toalla en el regazo de Chrollo, se levantó y empujó la silla fuera del baño a la habitación.

Puso a Chrollo al costado de la cama, tomó el botiquín que estaba en el mueble de noche, se sentó en la cama frente a frente al criminal, se puso sus guantes y empezó a curar a Chrollo.

Comenzó con su herida en el hombro derecho, echando un vistazo a los puntos que había hecho. Ya que vio que todo estaba bien, desinfectó y puso una gasa encima. Entonces tomó el brazo de Chrollo y lo levantó, para poder vendar todo su hombro. Cuando lo hizo miro el tatuaje de la araña que posaba llamativo en el brazo del criminal, en ese momento sintió su rostro calentarse y le entraron las ganas inmensas de hacer tronar sus huesos.

Pero respiró profundo, contó hasta tres y siguió con las vendas.

Mientras el rubio seguía concentrado en lo que hacía, Chrollo observaba el estante de libros que había visto hace rato. Estudiando con más detalle título por título. Notó un libro en específico que ya había leído hace un mes, que tomó mucho su interés. También notó otro tomo de un autor que había llegado a repudiar por sus puntos de vista. Trataba de pensar en cualquier otra cosa que no sea la incomodidad en la que estaba.

Kurapika terminó con su pecho y estómago. Se enderezó un poco y volteó a un lado suyo para agarrar la bata larga y beige que había sacado hace rato.

El criminal miró las manos del Kurta con la prenda y cómo este se las estaba dando a él.

''¿Harás que me ponga eso yo solo?'' dijo secamente.

Kurapika sólo rodó los ojos y enrolló la prenda entre sus dedos. Se acercó un poco a él y pasó el agujero de la bata por la mojada cabeza de Chrollo.

Sin ser delicado, el Kurta tomó su brazo herido y lo pasó por el primer agujero. Chrollo pasó el otro brazo él solo y se acomodó la bata de tal forma que tapara su regazo para quitarse la toalla. Luego el rubio lo tomó en brazos para subirlo a la cama y acostarlo.

Mientras Kurapika se sentaba en la silla de ruedas y tomaba el botiquín, notó que Chrollo estaba concentrado viendo en el techo y agradeció su falta de interés en lo que hacía, odiaba sentir su mirada sobre él. Soltando un suspiro se concentró en terminar de vendar las heridas de sus piernas.


La mañana siguió y Kurapika estaba haciendo sus quehaceres diarios. En ese momento estaba limpiando la sala de estar con una escoba, moviendo un poco la alfombra del medio para poder recoger bien el polvo.

Después del baño de Chrollo, el rubio tomó una ducha rápida con agua bien caliente. Cuando se cambió decidió usar pantalones blancos y el camisón blanco que predominaban en su clóset. En su cabaña generalmente le gustaba andar descalzo, así que sólo se puso unos calcetines. Para cuando salió del baño, el criminal se encontraba dormido, derecho como una estatua y su rostro plácido sin preocupaciones. Como si no le importara estar en la casa del Kurta, o que esté tan vulnerable. Kurapika irritado por sus pensamientos, lo inspeccionó un poco para asegurarse de que sí estuviera dormido.

Los moretones en su rostro se habían vuelto más oscuros y las ojeras en sus ojos se veían como manchas negras. También observó la marca verde en su frente, intacta de heridas y sudor, señal de que no tenía fiebre. Su respiración era rítmica y profunda. Estaba dormido.

''Bien'' pensó Kurapika.

Entonces prosiguió a su rutina cotidiana, para tratar de aclarar un poco su mente.

Desde lavar las sábanas sucias, hasta cortar los vegetales para la comida y hacerse un café para el cansancio. El Kurta intentó calmar sus nervios a través de sus quehaceres. Se había vuelto una forma de terapia, el estar solo con sus pensamientos, encargándose de su casa y su patio, cocinando las recetas de su familia.

Cuando terminó de barrer la sala de estar, se fijó en el reloj y eran las 3 de la tarde. Dejó el recogedor y la escoba en el marco de la puerta de la cocina y entró a revisar la olla con sopa.

Pero al querer quitar la tapa, escuchó el sonido de un golpe al piso y el murmullo de lo que parecían gruñidos. Exasperado, rodó los ojos, se dio la vuelta y caminó a la habitación.

Al entrar se encontró una escena muy peculiar. Chrollo Lucifer, el buscado criminal mercenario asesino de masas, estaba tirado boca abajo en el piso. Su rostro estaba pegado a la madera y sólo se escuchaba que murmuraba cosas que no alcanzaba a entender.

Cuando Chrollo se dio cuenta que el Kurta entró, giró su rostro para verlo. El rubio tenía una ceja levantada y estaba cruzado de brazos. El criminal cerró los ojos y se recostó lentamente contra la base de la cama. Mirando al rubio seriamente dijo con voz ronca ''¿Podrías por favor pasarme la silla?''.

''¿Por qué quieres la silla?'' le dijo Kurapika con tono irritado.

''Necesito la silla para ir al baño'' dijo Chrollo tratando de ser cortés, pero sonó más condescendiente de lo que hubiera querido.

Kurapika soltó un pequeño gruñido de afirmación y sin dejar de alzar la ceja, caminó hacía la silla que estaba cerrada a un lado del sofá, la abrió, la puso frente a la cama y se agachó para tratar de ayudar a Chrollo a subir.

Ambos al darse cuenta de lo que iba a pasar, los dos volvieron a la misma cara inexpresiva que tenían cuando Kurapika desnudó a Chrollo para entrar a la bañera.


Cuando cayó la tarde, Kurapika recién había terminado de lavar los platos del medio día y ahora se encontraba calentando agua caliente para hacer un té. La brisa fresca del otoño visitaba la cocina, y la luz naranja calentaba el ambiente. El rubio estaba recargando sus codos frente al lavamanos mirando el atardecer a través de la ventana. Había sido un día muy largo y estresante.

La presencia del criminal en su hogar hizo que una gran tensión creciera en su cuello y hombros. La molestia de estar cuidándolo lo tenía exhausto, y le parecía difícil no soltar un golpe a su rostro cada vez que lo veía.

La buena noticia para Kurapika, es que Chrollo sabía lo que le convenía y no había abierto la boca más que sólo para decir ''por favor'' y ''gracias''. Pero tampoco es como que iba a descartar la idea de sólo ponerle un trapo en la boca e impedir que hablara si se ponía muy afán de estar platicando.

La tetera empezó a silbar en señal que el agua estaba lista, se dio la vuelta y se sirvió su té de canela mientras pensaba en los posibles finales de todo eso. O mínimo de cómo salir de esa situación.

Por una parte podría llevarlo al hospital del pueblo, pero conociendo la horrible naturaleza de su ''inquilino'', no iba a poner en peligro la vida de todas esas personas.

También podría volver a la opción de decirles a sus amigos, pero conociendo a Leorio, este iba a hacer un alboroto al respecto e iba a mandar a fuerzas especiales para que encarcelen a Chrollo. No sería tan mala idea si no fuera que Kurapika quiere seguir con su estado de ''desaparecido''. No confiaba en la Asociación de Cazadores para guardar el secreto de su paradero.

Killua (el único que sabía dónde vivía exactamente) le iba a decir que tirara al criminal en alguna parte del bosque para que muriera solo, y no tenía el humor de estar dando explicaciones para sus razones de mantenerlo vivo.

Y pues por otra parte, sabía que Gon iba a confiar en él sin importar qué, pero no quería poner a su amigo en el peligro de estar cuidando a Chrollo. Porque definitivamente iba a querer a venir a visitarlo, cosa que tampoco quería que pasara.

Se dio cuenta que estaba apretando un poco demasiado fuerte la taza cuando terminó de echar la leche, estaba tenso de nuevo. Para relajarse se concentró en el aroma que inundaba la cabaña; canela y madera. Eso hizo que su pecho se calentara un poco y se sintiera más relajado. De verdad se alegraba de vivir en ese lugar.

Todavía no era tiempo para hacer la cena, así que decidió dirigirse a su habitación a recoger el libro que había dejado a medias hace días. Al entrar a la habitación vio que Chrollo estaba despierto mirando el techo, con una expresión fría y sin emociones.

Cuando el de cabello azabache se dio cuenta de la llegada del rubio, ladeó sus ojos para verlo por un momento y devolvió su mirada al techo. Tenía mil cosas en la cabeza, principalmente ideando el plan para salir de esa cabaña con su objetivo en manos. No le importaba el costo, pero tenía que salir de ahí sano y salvo con el Fun Cloth en su posición.

Kurapika ignorando al criminal, se dirigió al estante de libros y tomó uno con tapa azul. Se dio la vuelta y se dirigió al sofá que estaba pegado a la pared. Dejó su taza de té entre sus muslos y se puso a leer.

Chrollo al notar que tomó un libro devolvió su atención al rubio y trató de leer el título '' La Civilisation Mewni Et Ses Rois ''. Un libro que había leído hace un año. Era interesante, no asombroso, pero aportó un poco a sus estrategias.

Entonces el criminal se movió un poco y recostó su cabeza contra la base de la cama y se aclaró la garganta para llamar la atención de Kurapika.

'' Ehem ''.

Pero el rubio no respondió, así que lo volvió a internar.

''e hEEem ''.

Kurapika bajó el libro de su rostro y miró a Chrollo con una ceja arqueada ''¿Qué?''.

El criminal le dedicó una pequeña sonrisa falsa y cortés y dijo ''¿Podrías por favor prestarme uno de tus libros?''.

Kurapika alzó su rostro con desconfianza ''¿Por qué haría eso?''.

''¿Porque lo pedí por favor?'' dijo Chrollo con un tono sarcástico.

El rubio frunció el ceño ''¿Y qué te hace creer que haré lo que me pidas?''.

Con un pequeño momento de silencio, Chrollo pensó en su respuesta y dijo ''Estoy aburrido y no tengo nada mejor que hacer más que contar los agujeros en tu techo, que por cierto, son 21'' mientras señalaba hacia arriba.

Kurapika frunció el ceño, devolvió su atención al libro y con voz fría dijo ''Debiste haber pensado en eso antes de masacrar a sangre fría a toda mi familia''.

Chrollo soltó un suspiró de resignación, su mirada se endureció y respondió con el mismo tono que el rubio ''No es como que tú no hayas asesinado a mi familia tampoco''.

En un instante, como un abrir y cerrar de ojos, el filo de una bokken estaba contra en el cuello del criminal. Un rojo escarlata se encontraba mirándolo con total odio, Kurapika estaba parado a un lado de la cama y Chrollo sólo presionó más su piel contra el filo de la daga con una mirada indiferente.

''Hazlo'' susurró con voz grave levantando un poco más su cuello.

La mano que portaba la bokken tenía los nudillos blancos, incluso temblaba un poco. Pero así como el odio se desató, este se fue.

Kurapika desvió su mirada del criminal, volvió a guardar su bokken en su bolsillo y caminó hacía su escritorio. Donde una pequeña estéreo posaba en el fondo en una esquina. Picó algunos botones y melodias de piano empezaron a sonar en la habitación.

Ignorando todavía el criminal en su cama y las ganas de vomitar que lo asaltaron de repente, se sentó en su sofá de nuevo, le dio un trago a su té y siguió leyendo su libro.

Chrollo viendo que no iba a sacar ninguna otra reacción del rubio, devolvió su atención al techo.

Esa noche Chrollo no recibió cena.