esta historia no me pertenece, pertenece a resmiranda
yo solo la traduzco y comparto una historia que me encanto
y espero que a ustedes tambien
todos los derechos reservados a resmiranda
ojala la disfruten
Un optimista es aquel que piensa que el futuro es incierto." – Anónimo
Sesshoumaru, el Príncipe de las Tierras del Oeste, Rey del País Iluminado por la Luna, y Señor de la Casa de la Luna, calladamente reflexionaba en que jamás debió haberle dicho que clase de youkai era. Debería haberle dicho algo – cualquier otra cosa – que un perro. Cualquiera. Una rata, o una araña incluso. A las mujeres no les gustaban aquellas ¿verdad? Cualquier cosa con tal de no tener que soportar esta tortura siempre que ella lo quería despertar. Aunque, conociendo a Rin, el hubiese encontrado queso empujado bajo su puerta o moscas muertas en el fondo de la olla para el té. Su boca se torció de arrepentimiento. Tal vez no era tan malo después de todo.
Ah, pero estaba cansado. Todo lo que quería eran cinco minutos más. Solo cinco minutos con su cabeza en su almohada y la pesada sábana envuelta sobre él, manteniendo fuera la deslizante frialdad del invierno que se desvanecía. Sesshoumaru se preguntaba, ociosamente, lo que haría por tan solo un respiro. En los extraños espacios entre el despertar y el sueño, el demonio frunció en reflexión.
La Tetsusaiga, pensó. La cambiaría. Traicionaría a mi familia con los youkai taiji ya. Me traicionaría a mi mismo con los taiji ya, pero solo denme una almohada en el bloque para hacer leña. Cinco minutos mas era todo lo que necesitaba, pero el universo – o más bien, Rin – tenía otras ideas.
No había dormido mucho en recientes semanas – meses incluso – y la primera oportunidad que había tenido de tomar un pequeño descanso, la única persona de la cual se sentiría culpable al matar había sido enviada para despertarlo, infligiéndole una de sus menos preferidas torturas.
A Sesshoumaru, gobernante Taiyoukai del Oeste, le rascaban las orejas.
Saliendo lentamente del profundo pozo del sueño, Sesshoumaru intentó cuantificar su odio a la sensación de pequeñas, torpes uñas humanas rascando el lomo de su cráneo justo detrás de sus orejas, pero se dio cuenta de que era imposible ponerlo en palabras. Lo odiaba más que a los invasores, más que a la conspiradora política, más que a los arribistas rebeldes. Lo odiaba inclusive mucho mas que cuando le frotaban el estómago, lo cual era otra de las brillantes ideas de Rin que se le había ocurrido justo después de haber aprendido que clase de demonio era, cuando ella era mucho mas pequeña. De hecho, ella debió haber crecido para dejarlo ahora. Con seguridad eso era indecente.
Ella aún rascaba sus orejas. El odiaba eso.
Dejando que un gruñido intenso de desagrado brotara de su pecho, se volteó en su cama, lejos del exasperante cosquilleo de sus dedos y la brillante, afeminada risa que fluía fuera, llena de placer, sin duda a costa de su incomodidad. Demonios. Pequeña intolerable.
¿Quien le había dejado entrar aquí? Se suponía que debía haber un sirviente situado fuera toda la noche, aunque el no estaba del todo inconsciente como para ser incapaz de deducir que su presencia indicaba que la seguridad se tornaba negligente. O el criado la había dejado entrar. Intolerables, condenados sirvientes. Bueno. Los sirvientes eran bastante reemplazables – no se sentiría tan mal matando a uno de ellos, solo para poner un ejemplo. En otro lado, era tan difícil encontrar sirvientes que se adhieran a sus estándares, se sentiría culpable gastando un buen entrenamiento.
No había nada para ello, eso parecía. El tendría que despertar.
Lentamente, el youkai mas poderoso en toda la tierra abrió sus fríos ojos dorados, fijó sus pupilas con una mirada de hielo y convocó su más autoritaria y amenazante voz.
"Largo. De aquí."
Amplios ojos café miraron de vuelta, antes que una sonrisa como una media luna dividiera el rostro de Rin y se impulsó a través de la baja cama para agarrarse de su cuello, brazos apretando su garganta con admirable fuerza. Sesshoumaru se preguntaba por que el pudo pensar que eso funcionaría. Nunca funcionaba, al menos no con ella. Cuan terriblemente irritante. Flexionó sus envenenadas garras, tratando de pensar muy deliberadamente y seriamente en cuanto enseñarle una dolorosa y posiblemente terminal lección, pero su corazón simplemente ya no parecía estar mas en eso.
Se estaba haciendo blando en su... juventud.
Rayos.
"Que quieres, Rin?" preguntó con cansancio, su propio tono esforzándose en indicar que sufría mas frustración y tormento que el mismo Sisyphus, y que era toda su culpa. Como siempre, ella nunca lo descubría.
"Sesshoumaru sama," ella gimió "hoy tiene que hacer su viaje! Recuerda?"
Sesshoumaru trató de pensar, y tomó un poco de tiempo en cuidadosa pero enérgicamente desenredar los brazos de Rin alrededor de su cuello. Mantuvo su rostro pasivo mientras que sus pensamientos corrían en aterrorizados círculos.
¿Viaje? Pensó desesperadamente. ¿Qué viaje? Un débil, espectro tomado en cuenta a medias ascendió en la parte trasera de su mente; fría, incómoda, y solo un poco inesperada, como caminando en un montón de estiércol de caballo en la mitad de la noche. El iba al... Norte, era ese? Si, probablemente. ¿Eso era hoy? Se preguntaba. Oh, bueno, alguien se aseguraría de avisarle una vez que se haya levantado y vestido.
"Rin," dijo.
Ella parpadeó hacia él pícaramente. Su cabello estaba recogido en una extraña trama hoy y había flores en él – flores de luna, si recordaba correctamente, lo cual probablemente no hacía – y estaba sentada en su tapete para dormir como si tuviese todo el derecho de estar ahí. "Si, Sesshoumaru- sama?" dijo luminosamente.
"Vete."
Hace tan solo unos cortos años atrás, ella hubiese sonreído y obedecido, pero ahora ella solo formaba con su labio inferior un mohín. "Pero Sesshoumaru -sama " ella comenzó.
"Fuera. Ahora. Debo vestirme." Le dijo en un tono que él esperaba tolerara ningún argumento.
Bajó la mirada, pero el mohín permanecía. "Esta bien," dijo hoscamente antes de levantarse y retirarse de la habitación. Mientras deslizaba la puerta para cerrarla, Sesshoumaru suspiró y observó su desordenado kimono. Por qué no había hecho algo con respecto a ella todavía? De alguna manera siempre parecía escapársele de la mente.
Despacio se desvistió antes de recuperar su pesado kimono y hakama de seda y deslizarse en ellos. Tal vez, tan solo no había tiempo para hacer algo con ella, el pensaba mientras se ajustaba en sus ropas y encogía en su armadura. En cualquier caso, a pesar del hecho que se había despertado hace poco, era ya muy tarde para echarla hoy; él tenía que irse. O algo. Sesshoumaru se encogió de hombros en vano para recordar cual se suponía que era su misión específica, pero los detalles lo eludían. Para cuando ya se hubo ajustado en su armadura y deslizado sus espadas en su lugar, el estaba casi seguro que viajaría al Norte para discutir con los varios Señores ahí, pero los porques y dondes aun escapaban su comprensión.
¿Tratado de paz? Poco probable. ¿Llamada social? No, probablemente no. ¿Rebelión? Había tantas de esas irritantes cosas que parecía como si tuviese que salir una vez por semana para destruir algún youkai arribista u otro que tratase de derrocarlo. Era patético, de verdad. Un respetable oponente estaría bien, pero usualmente era una desgracia; de una forma Sesshoumaru estaba contento de que todas las rebeliones de las que el se había encargado durante su posesión fuesen tan pesadas. Que mas...una disputa de fronteras? Si, eso debe ser. Si, eso era probablemente lo que era.
Sesshoumaru corrió la cortina shoji para abrirla y caminó por el pasillo, complacido consigo mismo por haber llegado a una conclusión al menos de uno de los complejos problemas que lo rodeaban en ligaduras, no que realmente importaran al final. Una espada podría resolver todas las difíciles preguntas y aún dejar tiempo para una taza de té; cual sea el problema que se le presentara, el lo cortaría y estaría en casa en pocos días. Plan a salvo en su mente, Sesshoumaru entró en la reducida habitación donde mantenía su información doméstica para encontrar a su máximo consejero, Riui, esperando por él.
"Ayumi -chan, realmente creo que rompiste mi cerebro," Kagome se quejó mientras masajeaba sus sienes en pequeños círculos. Kagome sabía que de ninguna manera era una idiota, pero nunca había sido la mejor en matemáticas o geometría. Ahora que Ayumi se estaba especializando en física Kagome se sentía aún más tonta que cuando era tan solo una adolescente tratando de entender un atroz numero de axiomas y teoremas en la luz del fuego en el Sengoku Jidai.
"Pero si fuiste tu la que preguntó acerca de viajes en el tiempo y paradojas," Ayumi dijo razonablemente. "Por otro lado, esto es un cuanto de hadas, Kagome -chan. Sabes que no es real."
Kagome quería estrellar su cabeza contra la pared; por ser tan lista, Ayumi podía ser bastante, poco imaginativa. "Solo estaba usando esta historia como un ejemplo.
"Ayumi, sentada en su silla mientras Kagome enrollada en la cama y tomaba hilos sueltos en el cubrecama de Ayumi, puso un delicado, femenino dedo en sus labios e inclinó su cabeza a un lado estudiando las notas de Kagome. Luego de unos momentos sonrió suavemente. "Puedo ver porque querrías salvar a la joven en la historia – es muy triste, después de todo – pero sería probablemente imposible hacerlo."
"¿Pero por qué?" Kagome preguntó. Dios, este hilo esta complicado, pensó malhumorada mientras aflojaba otro punto. "¿Acaso la historia no cambiaría tan pronto como yo tomara la decisión de regresar en el tiempo y salvarla o algo?"
Ayumi negó con la cabeza. "No puedes hacer tal cosa con los viajes en el tiempo. Una de dos cosas sucedería. Regresarías y fallarías, porque lo que está en el pasado ya ha pasado, o crearías una división del cuanto, donde salvas a la joven y creas un universo paralelo al cual tu probablemente no regresarías cuando viajes al futuro de nuevo."
Kagome pestañeó siendo momentáneamente distraída de su delicada operación de desenmarañar hilos.
"Pero...ella aun estaría viva en otro universo, verdad?" dijo, intentando esconder la esperanza en su voz. Aunque ella supiese que Kagome había en realidad conocido, tocado, y hablado con los personajes de este olvidado cuento de hadas, Ayumi nunca comprendería porque el rostro de la pequeña niña de Sesshoumaru había vagado detrás de los ojos de Kagome toda la noche, luciendo luminosa y feliz y llena de un amor por la vida que era tan raro en cualquier tiempo. Una de las conversaciones de Kagome con la pequeña niña había revelado que Rin había conocido la miseria y el dolor y aun la muerte. Y aun así, ella era muy feliz. Era un agudo contraste para con los que le rodeaban que simplemente toleraban la vida en el medio de las gemelas plagas de guerra y pobreza.
Kagome sabía que nunca podría explicarle a su amiga quien jamás había visto batallas o muerte por qué la injusticia, la abyecta crueldad de toda ella había asentado sus garras en su estómago y estaba lentamente triturándola en diminutos pedazos.
Ayumi no parecía notar nada extraño en la preocupación de Kagome. "Bueno, si toda esa teoría del universo paralelo es cierta, ella probablemente no habría muerto en otra línea de tiempo si fuese una persona real. Pero la historia en nuestra línea de tiempo es que ella murió. Así que en realidad no puedes cambiarla," ella respondió mientras pasaba las hojas del cuaderno de Kagome.
Kagome enganchó una uña bajo el siguiente punto del aflojado hilo y frunció. Eso no podía estar bien ¿o si? Ella cambiaba el pasado cuando regresaba ¿o no? O...quizás no lo hacía. Quizás el pasado siempre a sido de esa manera, y el no regresar en el tiempo lo hubiera cambiado, y...
Kagome gimió y enterró su cabeza en una almohada. Su cerebro le dolía.
"Kagome -chan, no te compliques tanto con esto!" Ayumi dijo suavemente. "Es solo una historia que tu profesor contó, verdad? No pasó realmente, así que no hay necesidad de pensar en eso, si?"
Kagome solo asintió en la almohada, no confiando en si misma para hablar mientras una pequeña luminosa niña corría por su mente.
Tal vez ella estaba usando esto como una excusa para intentar nuevamente. No había sido hace mucho que ella había estado en el Sengoku Jidai; Miroku y Sango probablemente tuvieron bebés, y Shippou estaba creciendo, y Rin aun estaría viva y ella podría verlos a todos y Rin no tendría que morir...
Aún, si de algún modo ella se las arreglase para regresar ella tendría que ver a Inuyasha también. El probablemente todavía estaba vivo igual, y solo recordar su rostro causaba que un rayo de hielo atravesara su corazón tan fácilmente como una espada en un divieso.
Inuyasha... y Kikyou...
Ayumi estaba sacudiendo su hombro y Kagome arrebató a la fuerza sus pensamientos del dolor fantasma de la oportunidad perdida mientras alzaba su cabeza.
"Vamos, Kagome!" Ayumi dijo vivamente. "De todos modos todo esto es solo teórico. No podemos regresar en el tiempo, y la historia es fantasía. Vamos a desayunar antes de que las clases comiencen."
Kagome solo asintió en respuesta.
Riui miró a su amo y señor, quien observaba fijamente los documentos en frente suyo con fuerte concentración. Dorados ojos se aburrieron en el papel como si Sesshoumaru pensara que podía adivinar el futuro partiendo de las palabras escritas ahí.
Cuan noble y dedicado! Riui pensó para si mismo mientras ojeaba rápidamente el intenso rostro de su señor cuando Sesshoumaru estudiaba los mapas y varios tratados que Riui había desenterrado de la biblioteca. Debe estar pensando en su estrategia de negociación.
'Beberé y beberé este sake. Si yo bebo...Si yo bebo...' Si yo bebo...espera ¿cuál era la siguiente línea?
Sesshoumaru pensó para si mismo mientras dejaba que sus desenfocados ojos descansen en la palidez de los papeles frente a él; siempre que dejase que sus ojos se pongan borrosos, toda la desordenada escritura ante el se desvanecía en tranquilizadoras manchas y aliviaban su dolor de cabeza. Estaba un poco enojado que la melodía que solo recordaba a medias, de sus días viajando en el pequeño territorio al sur también se le estaba olvidando. No podía realmente recordar los matices al final de la primera línea.
Riui no se atrevió a moverse. Si interrumpía a su Señor mientras pensaba, podría perder el hilo sobre lo que reflexionaba y se enfadaría. Quizás él estaba pensando en el plan perfecto en este mismo instante! El mismo instante en que Riui sintió la horrible necesidad de rascarse la nariz! Riui esperaba que se fuera si es que se concentraba, bastante. Arriesgando otra mirada, el viejo consejero se preguntaba si el oído de Sesshoumaru era tan potente que podría detectar el movimiento de los globos oculares en sus cavidades, pero cuando su amo no se movió de su posición, Riui se tranquilizó. Tal vez si se movía muy, muy despacio, pueda alcanzar esa condenable picazón y no interrumpir a Sesshoumaru. Con mucha más paciencia de la que el creía que poseía, Riui muy cuidadosamente levantó una mano sobre la mesa y empezó el cruelmente doloroso, lento viaje hacia su rostro.
'Si yo bebo, conseguiré la... Conseguiré la... la mas fina lanza en la tierra del sol naciente...' Esa es la línea! Sesshoumaru pensó triunfalmente y se permitió una pequeña celebración mental. Duró poco tiempo antes de que una pequeña pero persistente sospecha le llamara la atención. En su interior, Sesshoumaru frunció y continuó con la pequeña melodía.
'¿Conseguiré la más fina lanza en la tierra del sol naciente'? Lo repitió lentamente para si mismo. Nunca había pensado sobre eso antes, pero esa línea le sonaba terriblemente provocativa. 'Si yo bebo conseguiré la más fina lanza en la tierra del sol naciente.' Ah, Que fastidio. ¿Por que las canciones folklóricas tenían que ser tan confusas? Desde la esquina de su desenfocado ojo, Sesshoumaru percibió un poco de movimiento. Instintivamente se tensionó –
Era solo Riui, tratando de alcanzar su rostro, aunque de una manera mas adecuada para alguien que se estuviera moviendo a través de espeso barro.
"¿Que haces?"
Riui culpablemente se sobresaltó e inmediatamente se empujó de la pequeña mesa para prensar su rostro en el suelo. "Perdóneme por interrumpir sus pensamientos, Sesshoumaru sama!" el chilló. "No quería molestarlo al moverme muy deprisa, pero parece que lo he hecho de todos modos! Por favor perdóneme, mi Señor! No lo haré nuevamente, me cortaré la nariz, perdóneme!"
Vagamente, Sesshoumaru se preguntaba si todos sus sirvientes recibían lecciones de cómo rebajarse de Jaken; Eso indudablemente explicaría las constantes reverencias en la tierra y largas series de disculpas y excusas cuando un simple "Lo siento mucho" sería suficiente. Bueno, realmente no importaba, suponía. Mientras sean adecuadamente deferentes estaban seguros.
Dando una rápida mirada a los documentos en frente suyo, Sesshoumaru decidió que su jaqueca era tan grande para molestarse en entender los tratados realizados antes de su periodo de posesión. Tan solo lo improvisaría como siempre lo hacía. ¿Quien necesitaba planes cuando podías pensar de pie? Planes eran para negociar con enemigos de largo -plazo, no con gente que nunca antes habías conocido. Estable en su decisión, Sesshoumaru se puso de pie, le dio la espalda a su todavía implorante consejero, y salió de la habitación.
Riui hecho un vistazo hacia arriba para ver a su señor abandonar la habitación. Oh no ¿se enfadó conmigo ¿Voy a ser castigado? Pensó, su estomago retorciéndose en horribles nudos. Escuchaba con temor mientras los pasos de Sesshoumaru se retiraban del alcance de su oído.
¿Cual era esa siguiente línea? Sesshoumaru meditaba caminado por el vestíbulo hacia la puerta frontal de la casa solariega. Tal vez Myoga sabía. Sesshoumaru hizo una nota mental de preguntarle a la vieja pulga la próxima vez que venga de paso, lo cual hacía con mucha frecuencia ahora que Inuyasha estaba muerto. Por otro lado, Sesshoumaru tenía cosas más importantes que hacer; mientras mas pronto se fuese, más pronto podría regresar.
Jaken estaba ya a la cabeza del camino ladera abajo, las riendas de A un en sus pequeñas manos verdes. Sesshoumaru las tomó de sus manos y comenzó a caminar.
"Quédate aquí," le dijo a su criado mientras caminaba senda abajo. "Asegúrate de que las cosas marchen suavemente."
"Si, Sesshoumaru- sama!" Jaken exclamó entusiasmadamente detrás de el. Sesshoumaru no se molestó en darle una respuesta. A su lado, A -un gruñó.
'Beberé y beberé este sake. Si yo bebo conseguiré la más fina lanza en la tierra del sol naciente...' el cantaba en su cabeza mientras descendían por la montaña hasta que la melodía fue interrumpida por una alta, femenina voz asomándose desde la cima del camino.
"Sesshoumaru -sama!"
Como si fuese un perro con correa, Sesshoumaru paró inmediatamente y volteó para ver tras él, mirando la longitud del sendero que ya había recorrido. En la cresta estaba Rin en un kimono rosa claro, cabello hinchándose alrededor suyo en el dulce helado viento de la temprana primavera.
"Regrese a casa pronto!" Ella le dijo, y pudo escuchar una femenina risa flotando en la brisa.
Sesshoumaru no dijo nada, y continuó montaña abajo. Estaría en casa dentro de poco, y se podrían ver el uno al otro de nuevo. Rin lo esperaría.
El todavía podía escuchar su risa aun cuando ella estaba fuera de vista
N/A: Una nota de la canción que Sesshoumaru esta cantando en su cabeza: Es una canción real llamada Kuroda Bushi, aunque tuve que cambiarla solo un poco. Sus orígenes son de alrededor de 1600. 1600, es, por supuesto, después del tiempo en que esta particular parte de la historia toma lugar, pero adivino que como muchas de las canciones folklóricas evolucionó de una anterior versión de la misma. Bueno, a quién le importa? Pueden encontrar una grabación y explicación de ella http/ / eng / mminyo .html (solo quiten los espacios)
