HILOS ROTOS

DISCLAIMER: Inuyasha y el resto de los personajes no me pertenecen, son de Rumiko Takahashi. Historia original realizda por Dialaba, complando los personajes de la serie. Prohibida su distrubucion sin autorización.


Especial Inuyasha:


-Te quiero Inuyasha. Y quiero permanecer a tu lado. Pero dime, ¿Qué quieres tú?-

Mi respuesta fue un beso, algo que no me detuve a pensar o nunca lo haría. Quería a Kagome, la quería conmigo.

Eso sucedió hace un año.

Cuando Kagome llegó por primera vez al Sengoku y que la perla se rompiera, comenzamos con la recolección de los fragmentos y con un propósito aún más importante, matar a Naraku.

Entonces, despues de meses de busqueda la perla estaba casi completa y Naraku secuestró a Kikyo. Claro que envió a su marioneta Kagura para avisarnos, yo supe de inmediato que era una trampa pero saber a Kikyo en peligro pudo más conmigo.

Nada más llegar comenzamos a ser atacados por hordas de monstruos, eran cientos, miles, nunca habíamos estado frente a tantos, blandí mi espada tantas ocaciones, pero nada funcionaba. Miroku y Sano siguieron luchando, Kagome y yo fuimos tras Naraku, debíamos acabar con el de una buena vez.

Fue verlo y sentir náuseas. Se veía tan seguro de si, entre sus brazos estaba Kikyo, su cuerpo parecía agotado. Creí que la mataría, aún recuerdo la furia que corría desbocada por mi cuerpo, intenté llegar hasta ellos pero el maldito no hacía más que atacar, mi espada no causaba daños a su campo de fuerza y yo comenzaba a desesperarme. Kikyo se mantenía inconsciente y yo no podía salvarla.

Vi como Kagome corrió por entre los escombros para estar frente a Naraku. Mientras el reía ante mis fallidos intentos. Fue algo tan veloz que aún con mis sentidos fue difícil de ver. Kikyo abrió los ojos y tocó el pecho de Naraku, donde debía estar su corazón. Vi un movimiento en su cuerpo, como si algo nuevo hubiese aparecido. Naraku gruñó y entonces Kagome disparó la flecha.

El campo se rompió.

Naraku gruñó con una mezcla de alarido y rugir.

Una luz grande nos segó a todos. No pude saber si había acertado con esa flecha. Del lugar donde Naraku estaba comenzó a emerger su veneno característico, era tan denso que no podía ver nada más haya de mis propias manos. Me quemaba la garganta, los ojos ardían y el escozor que mi piel expuesta sentía era insoportable. Supe que moriría, que todos moriríamos. Deseaba moverme y con mi espada disipar el veneno pero no podía, el veneno que respire por un par de segundos me estaba devastando, mis pulmones ardían y mi vista se estaba nublando.

Sin darme cuenta, perdí la conciencia. Lo último que pensé fue que Naraku una vez más había ganado.

Desperté por el dolor que me ocasionaba respirar. Mi vista trato de enfocar y no ubicaba donde nos encontrábamos. De pronto los recuerdos fluyeron y me estremecí. Hice ademán de ponerme de pie como pude, pero mi mirada estaba borrosa y mi cuerpo me pesaba pero no me importo. Debía saber qué ocurría y donde estaban todos. Más lo único que logré fue sentarme en aquel lugar.


-Oye, relájate.-

Esa era la voz de miroku. Me esforcé aún más por enfocar, y tras unos tortuosos segundos lo logré. Estábamos en una cabaña. Recostados alrededor mío estaban todos, casi todos. Sango en la esquina, Kikyo junto a ella, Shippo y Kirara y a lado mío estaba miroku con el torso descubierto.

Con más ímpetu busque a Kagome pero no había señales de ella. Me desespere y intente ponerme de pie pero nada.

-Ella está bien. Fue al río por agua. Ella nos salvó Inuyasha, a todos.-

Miroku se veía cansado, parecía tener un gran dolor que le hacía fruncir el ceño, pero algo había cambiado en el. Sus ojos mostraban un brillo que no tenia antes. Se veía como esperanza. Entonces caí en cuenta.

-¿Lo mato?- Mi pregunta fue torpe.

-Hizo mucho más que eso Inuyasha.

Quería preguntar a qué se refería. Entender que había ocurrido. ¿Cómo llegamos a ese lugar?

Escuchar que Naraku había muerto era ilógico. ¿Cómo ocurrió algo así sin que yo fuese consciente de ello?

Tenía intenciones de acribillar a Miroku con muchas más preguntas pero desistí al ver entrar a Kagome. En ese instante todo se redujo a su presencia, a lo serena que lucia cargada con esos objetos extraños para recolectar el agua, con su ropa desgastada y algo sucia por la reciente batalla pero aún con eso ella parecía brillar, era como si incluso los rayos del solo se pusieran a su favor.

-Kagome…- Su nombre salió sin esfuerzo, era un llamado, era un agradecimiento, de que estuviera bien, de que nos salvara de alguna manera a todos. Ella, que sin saberlo ya era la dueña de mi corazón.

-Me alegra que estes bien Inuyasha- su sonrisa bastó para acallar mis preguntas. Ella estaba bien, nosotros lo estábamos y se lo debíamos.

Así era Kagome, sin darse cuenta nos salvaba a todos, su mera presencia te hacia merecer seguir viviendo.

-Kagome… ¿Qué ocurrió? -Ella demoró en responder, parecía que sopesaba las cosas como si intentara buscar un lugar por donde comenzar, supe que desistió cuando suspiro cansada.

-Es una larga historia… Será mejor que descanses por ahora.

Y no la contradije, porque realmente lo necesitaba, solo deje que la pesadez de mi cuerpo volviera al suelo.


Aqui Dialaba. Con cariño para ustedes mi amados lectores. Disculpen la ausencia, deseo sigan acompañandome a mi y al resto de nuestros personajes en esta historia que apenas esta comenzando.