Erza tragó saliva. Su mano llevaba aprisionada tanto tiempo que ya comenzaba a ser tortuoso; solo imaginar que de casualidad Kagura se diera la vuelta y lo viera era demasiado para su frágil tranquilidad. Y cuando ya estaba a punto de solo saltar del sofá y tirarse por el balcón, Mirajane la soltó. Sus pasos la condujeron al baño, donde se encerró. Erza suspiró muy aliviada.

-¿Tienes frío?- Le preguntó a Kagura

-Un poco- Respondió rodeándola con ambos brazos

-Iré por una frazada a tu habitación ¿Te traigo una almohada también?

-Qué encantadora- Sonrió la pelinegra –Vale, es buena idea

Erza se puso de pie y fue a la habitación de Kagura. Tomó la frazada y un cojín y antes de atravesar el pasillo aguardó. Mirajane salió del baño, encontrándola cruzada de brazos y mirándola seriamente.

-¿Qué crees que haces?- Murmuró Erza enfadada

-Entrar al baño- Susurró Mirajane sonriendo -¿Esperabas tu turno?

-Para ya- Le advirtió la pelirroja señalando su rostro –Estás pasándote

-Ara, lo que no sepa no la dañará

-¡Basta!

-¿Erza?

-Voy- Respondió en voz alta –Tropecé con algo

Luego de darle una última y silenciosa mirada de advertencia, Erza retomó sus pasos de regreso al sofá, donde se volvió a acomodar al extremo del mueble, dejando el cojín contra sus piernas para que Kagura se recostara en ellas y luego cubrirla con la frazada.

-Saldré un rato- Dijo Mirajane desde atrás –Volveré en la mañana

-Llévate un abrigo- Le sugirió Kagura levantando la cabeza

-Gracias Kagura-chan… Hasta luego, Erza

La pelirroja la miró de reojo.

-Hasta luego, Mirajane

Mirajane agarró un abrigo, lo usó sobre el vestido verde marino que llevó todo el día y se marchó. Erza respiró más tranquila.

-No te agrada Mira-chan ¿verdad? - Comentó Kagura

-¿Por qué lo dices?

-Intuición

-Mmm… No me cae del todo bien- Respondió sin dejar de ver la pantalla

-Mira-chan es una mujer maravillosa. Cuando la conozcas mejor seguro te caerá bien

-No tengo muchas ganas de conocer otras chicas ahora- Contestó con indiferencia

-Okey… -Kagura sonrió –Más para mi

-¿Qué insinúas?- Le preguntó Erza sonriendo

-Si no conoces otras chicas, tendré todo el camino libre para estar a tu lado mucho tiempo

-No planeo conocer a otras personas como te quiero conocer a ti- Erza acarició su cabello –Nena, no necesito a nadie diferente de ti

-Cada momento que paso contigo y dices cosas así, siento que tengo la mejor suerte del mundo

-Jajaja la suerte no tiene nada que ver

-Claro que si- Kagura levantó la cabeza

Rozó la nariz contra la de Erza sonriendo.

-No es coincidencia que estemos juntas, es como… como…

-Magia- Murmuró Erza interrumpiéndola

-… Magia… -Susurró a un tono más bajo besándola

Ese beso se sintió un poco más amargo de lo que debería al saborear esa última palabra en los labios de Kagura; pero poco a poco los labios suaves y dulces de su chica terminaron por sacar ese escozor e incómodo recuerdo, dando lugar al instinto y deseo.

Desde el primer piso, una Mirajane derrotada, abatida y dolida aguardaba sentada en una de las murallas de la zona verde del edificio al frente del que compartía con Kagura. Miraba hacia arriba mientras fumaba un cigarrillo pausadamente. Mantenía la barbilla levantada, mirando en dirección al departamento, donde la luz de la película enseñaba el reflejo de dos mujeres que se sacaban la ropa y se besaban apasionadamente. Apartó la vista un momento; si bien antes la incomodidad era bastante, en este momento el remordimiento y dolor era peor.

"Esa podría ser yo"

"Esas podríamos ser nosotras"

"Así luciríamos"

Arrojó el cigarrillo a medio fumar, recordando en un instante de lucidez como sus hermanos insistieron por todo este tiempo en que ya dejara es vicio horrendo. Según Lisanna "Una mujer hermosa no puede ser vista fumando" mientras Elfman se preocupaba siempre por su salud. Tomó su celular abriendo su line; el estado de Laxus aparecía en línea.

¿Dónde estás? - Era el último mensaje que él le mandó

Laxus

Vaya, que tú me hables es casi un milagro

Si no estás ocupado, me gustaría tener a alguien con quien hablar

Voy por ti

Guardó su teléfono, descubriendo que de hecho no se sentía mejor. Laxus fue alguien con quien se dio el gusto de salir por unos meses; y si bien es un gran hombre y todo lo que se espera de un caballero, su relación del tipo romántica no duró demasiado. Sin embargo, mutuamente siempre están ahí para hablar o desahogarse. Y como si no fuera suficiente el saber su situación actual, continuaba mirando hacia el departamento, donde esa luz del TV ahora iluminaba a ambas chicas frente a frente dedicándose mutuos bamboleos, que, para una imaginación como la suya, no era necesario preguntar para saber qué posición estaban llevando a cabo. Sus manos apretaron los bordes del vestido; solo le quedaba tragar profundo y esperar.

La motocicleta de Laxus estacionó frente a ella; sonriéndole y en silencio le facilitó el segundo casco. Laxus es la única persona que conoce la naturaleza de la relación que Erza y Mirajane mantuvieron durante tanto tiempo, y a pesar de que es tan cercano a ella, también se incluye en ocasiones en los planes del grupo de amigos de Erza. Así que incluso antes de llegar ya estaba bien enterado de que la tenía deprimida, dado que la idea de recibir a Kagura como su compañera de piso, fue de él. Pero ¿Quién iba a saber que esa pelinegra tímida y enamorada platónicamente de alguien a quien describía como una diosa de la belleza y sensualidad, terminaría siendo la nueva novia y más apasionada pareja conocida de Erza?

Y es que cuando el karma hace de las suyas, puede llegar a ser una verdadera perra.

Y aquella vez fue la última vez que Erza y Kagura vieron a Mirajane durante esas vacaciones.

Los días se hacían cortos y en sí mismos se hacían rutina; esto hasta que finalmente las vacaciones terminaron y dieron lugar a un nuevo ciclo de clases.

Después de iniciadas las clases, pasaron dos semanas más. En ausencia del fantasma de Mirajane, Erza fue libre de dar rienda suelta a su relación con Kagura, dándole los cimientos necesarios para incluso abiertamente ser identificadas como pareja adonde quiera que fueran.

Uno de esos lugares fue la fiesta de cumpleaños de Lucy, una de las amigas más cercanas de Erza.

Esta se celebró nuevamente en casa de Juvia.

Los chicos se encargaron de la parafernalia de la fiesta, mientras que las chicas de los invitados y la selección de eventos en la misma.

Erza y Kagura estuvieron desde muy temprano en casa de Juvia ayudando con la preparación: poniendo globos, serpentinas, preparando las bombas de confeti y corriendo los muebles a los extremos de la sala de estar. Y entre todo eso se encontraba la inquietud más importante: ¿Dónde poner el gran cartel de "FELIZ CUMPLEAÑOS LUCY"?

Erza estaba de pie sobre una silla sujetando uno de los extremos, mientras del otro lado estaba Minerva. Juvia y Levy abajo, con todo y mano en la barbilla, trataban de decidir si mejor en el techo o cubriendo la chimenea.

-¡Pero bueno!- Gritó Erza -¿Creen que es divertido tener un brazo estirado media hora? A ver vengan y súbanse ustedes

-Mejor… Mejor arriba- Titubeó Levy ladeando la cabeza, ignorando a Erza

-No, desluciría la luz, se opacaría –Agregó Juvia

-Ya me encalambré- Gruñó Minerva

-Si a la cuenta de tres no tienen una decisión, se los pondré en la tumba de sus ancestros- Bufó Erza ya harta de estar ahí

-Ya, ya, sobre la chimenea- Respondió Juvia

-¡Por fin!- Celebró Minerva

Luego de ubicar el letrero bajar de sus sillas, llegaba el momento de decidir el menú, y de eso se encargaría Wendy; los invitados empezaron a llegar. La selección de música fue elegida cuidadosamente por Levy (sabiendo las canciones que debía evitar y cuales definitivamente usar). Kagura terminó de poner las luces en las ventanas del segundo piso y bajó a reunirse con su chica, quien la recibió de buena gana con un beso y abrazo. Mientras muchos bebían cerveza sentados o por fuera charlando con los suyos, otros se quedaban en la sala contigua al mesón de la cocina bailando; una de esas parejas era Erza con Kagura, quienes más en lugar de bailar solo se bamboleaban lentamente.

-Entonces… Si yo pienso en algo rojo y con alas- Dijo Kagura

-Yo diría… Mariposa, mantis, una mariquita o un ave

-¿Por qué no un hada?- Rio Kagura

-Porque las alas de las hadas no son rojas… A menos que tengan fiebre

-Jajaja eso no tiene sentido

-Lo tenía en mi cabeza Jajaja

-Entonces diré… Algo azul y con cola

-¿Un gato ahogado?- Erza alzó una ceja

-Jajaja no, nada que ver

-¡Oe, Erza!- Le llamó Gray abriéndose paso en medio de los bailarines

-Más vale que sea importante

-Llegó Natsu, trajo a los demás y unas chicas ¡Ayúdame a apartarlas de el para traer a Lucy!

-Demonios, ese chico… -Erza se frotó la frente –Ok, vamos

Gray guio a ambas chicas a la salida, hacia donde un gran grupo de personas se reunían a saludar a los recién llegados. Y es que no solo llegaba Natsu, también Laxus y Gajeel, y con ellos tres presentes la fiesta por seguro se pondría entretenida; sin mencionar que Natsu en si mismo era el regalo de Lucy, indirectamente. Gajeel venía acompañado por algunas compañeras y detrás de Laxus venían otras más.

-A ver, a ver, háganse a un lado- Erza se abrió paso entre la multitud -¡Natsu!

-¡Erza, estás aquí!- Exclamó el chico de pelo pincho al verla

-Pues claro que vine, es el cumpleaños de mi amiga

-¿Con Kagura también? ¡Genial!

-Hola, Natsu-san- Saludó Kagura sonriendo

-¿Y quiénes son tus amiguitas?

-No vienen conmigo, Gajeel y Laxus las invitaron

-Ok, tu irás con Gray, tiene algo para ti

-¿Ha? ¡Por qué Gray!

-¡Porque yo lo digo y ya basta!- Erza lo mandó de un estrujón hacia donde estaba Gray

-Como siempre agresiva- Habló Laxus sonriendo

-Hola Laxus- Le saludó sonriendo -¿Quiénes son tus amigas?

-Oh ya sabes –Erza se giró a la dirección de donde había estrujado a Natsu al reconocer esa voz femenina –Solo unas cuantas viejas amigas

Erza se enserió. Mirajane se había presentado a la fiesta habiendo sido invitada por Laxus, quien solo la miró con una media sonrisa culpable cuando una de sus mejores miradas asesinas le fue dirigida. La pelirroja rodeó los hombros de Kagura acercándola a su regazo.

-Erza… Ha pasado un tiempo ya- Le dijo Mirajane –Ya no has vuelto a casa de Kagura

-No hay sentido de estar ahí si su departamento siempre está disponible- Respondió Kagura –No sabía que conocías a alguien de la universidad

-Sí bueno, aunque me gradué ya el año pasado, conozco a Laxus desde hace mucho tiempo

-Es una gran amiga- Agregó Laxus –No vi problema en invitarla

Una mirada asesina más de Erza taladró en su cuello.

-Pero entremos- Invitó Kagura

Agarró el antebrazo de Mirajane y ambas chicas se adelantaron a entrar.

-Laxus- Le detuvo Erza en voz alta

El rubio detuvo sus pasos y se dio la vuelta a verla, con las manos metidas en los bolsillos.

-¿Por qué?

-Mira lleva mucho tiempo sin socializar. Y me pareció que tu relación con Mikazuchi ya es suficientemente fuerte como para que ella vuelva a aparecer

-Lo es- Afirmó asintiendo –Pero aun así… Kagura no sabe que mi ex es Mirajane, y ella tampoco se lo dijo. Sabes que Mirajane no hace nada sin tener por sentado el siguiente paso, así que si no se lo ha dicho...-

-Erza, me parece que te tienes que relajar… Mira solo busca eso también

-… Ojalá sea cierto

-Tranquila- Laxus le dio una palmada en la espalda y luego entró

Erza se tomó un momento para respirar, prepararse para una noche muy molesta y luego regresar. Kagura y Mirajane estaban sentadas junto a la barra de bebidas (preparada improvisadamente en el mesón de la cocina) bebiendo cada una un zumo de mora (lo único disponible para los no bebedores de la fiesta). Erza avanzó con seguridad hasta ponerse al lado de Kagura, y sin poner la cara en dirección a la conversación, rodeó el cuello de la pelinegra con su brazo.

-Ha pasado mucho tiempo, Erza- Le habló Mirajane

Erza la miró de reojo; la atención de Kagura estaba sobre su respuesta. Entornó los ojos y suspiró.

-Sí, mucho tiempo

-Hablaba con Kagura sobre tu ausencia

-Fascinante…

-Y que probablemente se deba a que muy pronto le vas a pedir que se mude a vivir contigo

-¡Mira-chan!- Le regañó Kagura sonrojada –No le hagas caso Erza, solo está diciendo tonterías

-Sí, es verdad, son tonterías- Respondió Erza

Kagura borró su sonrisa por un momento.

-No llevaría a Kagura a un lugar que ni siquiera elegiría yo para mí misma; la llevaría a un lugar donde las dos eligiéramos lo que queremos

La pelinegra volvió a sonreír. Se apegó al brazo de Erza frotando sus dedos entrelazados, mientras Mirajane componía una sonrisa con una mueca incómoda.

-Entonces no planean mudarse a vivir juntas pronto… Yo pensé que ya lo hacían

-Nos gusta pasar el tiempo juntas, así que solemos pasar el mayor tiempo posible donde nadie nos interrumpa- Le respondió Erza –Pero ya fue suficiente de nuestra relación ¿Qué hay de ti, Mirajane?

-Llámame Mira

-… Mira- Erza la miró con los ojos entre cerrados

Kagura miró a ambos lados. La tensión era tal que incluso a ella la intimidaba

-¿Bailamos?- Le pidió Kagura a Erza

-Claro- Contestó sonriendo de buena gana –Discúlpanos un rato… Mira

Mirajane se enserió. Se volvió a su zumo viéndolas atravesar la gente para llegar al área de baile.

-Déjalo ir, Mira- Le habló Laxus sentándose a su lado

-Ara, Laxus trataba de asustarme

-Conozco esa mirada… Ese tono… Conozco ese semblante

-¿Y qué dice todo eso?- Preguntó Mirajane mirándolo de reojo

-Qué estás a punto de hacer algo, o que quieres hacer algo

-No sé de qué estás hablando- Mirajane se puso de pie alejándose entre la gente

-¡Solo asegúrate de no herir a Kagura!

Mirajane avanzó hasta el umbral entre las escaleras y la pista de baile. A la feliz pareja se le veía compartir unas risas, mientras Kagura con sus brazos sobre los hombros de Erza y la pelirroja con sus manos en su cintura, bailaban a un ritmo lento, pero muy cercanas. De lo que sea que hablaran parecían muy ensimismadas únicamente en ellas. Sus puños se apretaron. Buscó entre la multitud el cabello rubio de Lucy o el rosa de Natsu, y no tardó mucho para encontrarlo; llegó con ellos luego de evitar varias personas.

-¡Lucy-san!

-Ah- Lucy la miró sonriendo –Me dijeron que viniste con Laxus

-Soy una amiga, es verdad… Lucy-san, pronto serán las doce

-¿Y?

-La tradición de apagar las luces y darle el regalo al cumpleañero, ya sabes… -Le dijo cerca del oído –Natsu-san está cerca

-… Tienes razón… ¡Dame cinco minutos! ¡JUVIA!

Lucy se alejó buscando a su cómplice en el crimen; Mirajane sonrió triunfalmente y regresó rápidamente al lugar donde su feliz pareja objetivo se encontraba. Las mantuvo en la mira hasta que con el rabillo del ojo vio a Juvia correr escaleras arriba a buscar los interruptores de la luz. Comenzó a avanzar lentamente entre la multitud, sin sacarle la vista de encima a cierta pelirroja.

La luz se apagó.

El bullicio de la sorpresa fue la distracción perfecta.

Agarró el antebrazo de Erza sacándola de los brazos de Kagura hábilmente, arrastrándola hasta el área detrás de la cocina, contra el closet de los insumos de aseo.

En la oscuridad se adueñó de su posesión, tomando sus labios agresivamente y manteniendo las manos contra sus hombros para no dejarle escapar. Erza, ya acostumbrada hace más de un mes al sabor dulce de los labios de Kagura, y a su ritmo gentil, reconoció al instante ests labios agresivos y dominantes. Y es que solo una mujer que conocía era capaz de manar tal agresividad, instinto y deseo solo en un beso.

Lilas…

Viéndose envuelta en el juego de dominar o ser dominada, terminó cediendo al beso, aferrándose con todas sus fuerzas a los bellos recuerdos del pasado cuando se escondían en los armarios de la casa donde Erza pasó su adolescencia con Natsu y Gray a darse sus primeros besos, a dar rienda suelta a las primeras caricias. Esos labios demandantes aprendieron a gozar siéndolo contra los suyos; por eso no habría deseo más suyo, dado que nació producido entre las dos.

-¡Basta!- Erza la empujó alejándola de sí -¡Qué crees que haces!

-Recuperándote… Erza… -Mirajane acarició su mejilla -¿Cómo pudiste?

-Como… C-como… ¡Cómo pudiste tú!... Me dejaste, me abandonaste y… Yo… ¡Soy feliz ahora!

-Sé que no la amas… Y si lo haces, sé que no la amas como a mi

Erza la abofeteó. Tal fue la fuerza que usó, que la espalda de Mirajane chocó contra el extremo del armario. Se agarró la mejilla manteniendo la cara gacha.

-¡Es demasiado tarde ya!- Le gritó Erza –Tú me abandonaste… ¡Tu decidiste dejarme! No pretendas que ahora cuando soy feliz, puedes regresar solo porque ya no te pertenezco

-¿Crees que no me dolió esto como a ti?

-No lo sé… Pero tu tiempo terminó

Erza se giró para salir del pequeño armario, fue cuando Mirajane la abrazó por la espalda. En sus hombros pudo sentir los sollozos y respiración entre cortada de la chica. Su corazón se apretó, casi sintiéndolo hacerse tan pequeño que dolía.

-Déjame, Mira

-Todavía te amo… Erza, regresa

-¡Déjame!

Erza la estrujó tirando el brazo hacia atrás. Salió de aquel armario en el momento en que las luces regresaron. Regresó a paso rápido a la pista, donde encontró a Kagura justo en el lugar donde estaban bailando antes.

-¿Adónde fuiste?- Preguntó al verla

-Lo siento, fui con… con… con Natsu, le ayudaba en una sorpresa para Lucy

-Al menos avísame a la próxima- Kagura abrazó su cintura

-Lo siento, nena- Erza acarició su cabeza sonriendo –No volverá a pasar

-Quiero volver a casa pronto

-Sí, también yo. Ven, escapémonos

-¿Iremos a tu departamento?

-… No- Contestó en voz baja –Vamos al tuyo

-Pero, Mira-chan…

-No importa- Contestó mirándola –Hace mucho no vamos allá

-Bueno, como quieras- Respondió Kagura sonriendo

-Anda, vámonos ahora

Luego de mezclarse entre la gente un rato, finalmente se escabulleron de la fiesta y se marcharon. Y por supuesto, lo suficientemente lejos para no ser detectada, pero cerca para verlo todo, Mirajane, sujetando un vaso con hielo en su mejilla, observó toda la escena. Dolida; rechazada. Con su corazón roto.

-Hey- Laxus se acercó a verla -¿Qué te pasa?

Vio sus ojos llorosos y el ovalo enrojecido en su mejilla; Mirajane soltó un par de sollozos más y finalmente calló entre sus brazos llorando. El rubio se llevó a Mirajane entre la gente, evitándole el tener que desahogarse frente a tantas personas. Cuando ella pudo calmar su ansiedad y lloró hasta el hartazgo, se hallaban sentados detrás de la casa, Laxus sosteniendo un vaso de agua para ella, mientras Mirajane en silencio solo miraba sus pies.

-Por un momento, pensé que nuestro problema había sido que ella no lo intentó lo suficiente… Que debió… luchar más

-Mira, sabes que soy tu amigo. Y que estoy de tu lado… Pero eso que dices es un poco injusto

-¿Injusto? ¿Crees que yo no la amaba?

-No lo pongo en duda, pero por lo mismo, si dos personas se aman y una de ellas quiere dar el siguiente paso… Lo normal es darlo.

-¡No estaba lista! Es que… casarse… ¡Es demasiado!

-No lo era para ella… -Laxus sonrió –Estaba segura de lo que sentía

-Yo también la amaba… ¡Amo a Erza! - Remarcó ella

-No lo dudo… Pero tienes que entender que ella ahora ya está amando a otra chica

-… No… -Murmuró secándose los ojos –Me niego a aceptarlo, Erza no puede amar a alguien más

-Lo hace… -Murmuró en un suspiro

-Yo la recuperaré

-¿A pesar de que eso hiera a Kagura?

-No seré yo quien la hiera… -Respondió decidida –Tendrá que ser Erza, no yo

-Hablas de herir a Kagura como algo que no va a afectar a Erza, pero no es así… Ellas se quieren ¿Sabes?

-¡No lo digas!

Laxus suspiró guardando silencio. Le ofreció el vaso de agua, ella lo recibió bebiéndolo casi de un trago. Al final de este doloroso episodio emocional, Mirajane acompañó a Laxus a su casa y allí terminó de pasar el mal trago de la noche; mientras en el departamento de Kagura, ella y Erza vieron una película y cayeron dormidas ahí mismo, en el sofá, tan solo cubiertas por una frazada.

Cuando el amanecer llegó, también lo hizo Mirajane. Saboreando en su semblante derrotado aun el mal trago de la noche anterior; y como si sus recriminaciones personales no fueran suficientes, justo al entrar vio a Erza recostada en el sofá de su departamento, Kagura en sus brazos. Ambas profundamente dormidas, cómodamente abrazadas; dolorosamente juntas.

Agachó la cabeza y caminó en dirección al pasillo.

-Mira-chan… -Murmuró Kagura despertando -¿Acabas de llegar?

-Así es- Respondió seriamente –Veo que estás bien acompañada

-Oh… -Kagura sonrió –Si te molestamos, iremos a la habitación

-No te preocupes… Iré a dormir, así que no estaré por aquí hoy

-¿Segura?

-Sí, estaré bien

-Okey… -Respondió Kagura con un semblante más preocupado –Descansa

-Gracias, Kagura-chan

Cuando Mirajane se retiró a su cuarto, Erza abrió los ojos.

Recordaba cada instante de la noche anterior; cada palabra y roce con Mirajane. Durante los años que estuvieron juntas, creyó conocerla, y creyó saber los motivos por los que ella terminó su relación… Pero tras todo lo dicho la noche anterior en ese armario, ya no sabía que pensar.

¿Y si fue un error dejarla ir?

¿Y si luchar por su amor hubiera sido lo mejor?

¿Y si esa era una prueba más a su relación?

¿Y si…?

-¿Erza?

-Lo siento… -Murmuró Erza sobándose los ojos -¿Me hablabas?

-No, te noté pensativa

-Lo siento- Le sonrió la pelirroja –Pensaba en la siguiente pieza que haré en mi taller

-Hooo, saca tu cabeza de tus armas alguna vez

-La última que estoy haciendo es preciosa, ya la verás

-No lo dudo ¿Pero ni al despertar?

-Jajaja lo lamento… Te haré el desayuno para compensarte

-Okey, eso sí me agrada- Sonrió Kagura

-Jajaja vale, vale madame

Erza le dio un beso en los labios corto y se puso de pie. Aun descalza y apenas usando una falda de pliegues color negra y una camisilla blanca, empezó a buscar en la alacena cualquier cosa con la que pudiera hacer un desayuno digno de su novia. Al final optó por hacer tostadas francesas con mermelada y queso.

Se sentaron a tomar el desayuno en el sofá mientras miraban las noticias matutinas. En pleno sábado, no tenían mucho que hacer, y las últimas semanas habían ganado la costumbre de tener los sábados como su día de "hacer algo diferente cada vez", por lo que éste sábado no sería la excepción.

-Podemos ir en la noche a un karaoke- Propuso Erza

-Eso lo hicimos hace dos semanas… ¿Y si vemos una película n un auto cinema?

-Vemos películas todo el tiempo- Disintió Erza

-Okey, entonces salgamos a un día de campo

-Hmmm… -Erza miró a través de la ventana el cielo –Está despejado, creo que es factible

-¡Bien! Tendremos que pasar a comprar repelente de insectos

-Y por mi departamento, tengo que cambiarme de ropa y darme una ducha

-Okey, okey, iremos, pero entonces me iré a bañar ahora

-Acá te espero

Kagura le dio un beso corto antes de ir rápidamente al baño.

Una vez la puerta del baño se cerró, la puerta del cuarto de Mirajane se abrió. Erza la miró seriamente, pero en silencio.

-Lo que sea que vayas a decir… Basta- Le dijo Erza antes que hablara

-No es lo que piensas- Mirajane se cruzó de brazos –Quería disculparme

-¿Y me dirás que bebiste?- Erza levantó una ceja –Sé que no bebes

-No diré excusas estúpidas- Mirajane avanzó hasta el sofá –Es lo contrario, solo quiero decirte que lo siento… No debí hacer o decir nada de lo que de anoche

-… Quisiera poder creerte eso

-Es en serio- Asintió Mirajane con una sonrisa triste –En serio lo lamento

-Veremos… -Erza volvió a ver la TV

-No voy a intentar nada contigo o con Kagura… Con una condición

-Ahhh… -Erza se sobó las sienes –Dime

-Dime ahora, con la claridad de la mañana y sin presión… Dime que ya no sientes nada por mi

Erza la miró anonadada.

-¿Qué tú quieres qué?

-Si lo haces… Juro que me alejaré… Te dejaré e incluso hasta me mudaré de aquí

-¿Lo dices en serio?- Erza la miró con los ojos entrecerrados –Después de lo que hiciste y todo lo que dijiste, no sé si creerte

-Lo juro- Mirajane levantó su palma derecha

Erza se puso de pie, dejó el sofá y caminó hasta la cocina donde se sirvió un vaso de agua. Luego de cerrar la llave se detuvo en silencio con las manos puestas sobre el mesón.

-No tengo por qué decir nada de lo que me pidas. O probarte nada… Tú por tú cuenta deberías respetar que estoy con alguien más y ya

-¿Es significa que aun sientes algo por mí?- Mirajane la miró por sobre el espaldar del sofá

-¿Ves de lo que hablo? Estás buscando excusas para seguir con este juego

-¿Cuál juego?

-¡Este juego que nos estás imponiendo! ¡A Kagura y a mí! ¿Qué no ves que quiero ser feliz con ella y ya?

-Y si eso es lo que quieres- Mirajane se puso de pie y caminó hasta el otro lado del mesón -¿Por qué no puedes solo decirme que ya no me amas?

-Porque no quiero caer en tu juego de hacer lo que tú quieras, solo para que al final hagas exactamente lo que te llegue en gana

-Tienes miedo… -Mirajane sonrió –Que cuando lo digas, no se sienta verdad

-Tú no sabes nada sobre mi

-Sé lo suficiente… Lo que hay que saber- Mirajane se acercó por encima del mesón –Y lo que veo ahora es que todavía sientes algo por mi

Erza la miró fijamente en silencio. Cualquier cosa que contestara sería usada en su contra, y ya no quería seguir cayendo en el juego de hacer o decir todo lo que Mirajane esperara o ya supiera que sería. Suspiró con fuerza.

Se dio la vuelta del mesón con el vaso de agua en sus manos y volvió a sentarse en el sofá, en silencio.

-¿No lo vas a decir entonces?- Insistió Mirajane

-Déjame en paz, Mira

-Tú admite que todavía sientes algo entonces

-¡Déjame en paz!- Gritó poniéndose de pie –Solo… Vete… Déjame

Mirajane sonrió por lo bajo.

-Es lindo saber que, a pesar del tiempo, todo parece seguir igual, Erza