Se miró al espejo por quinta vez antes de salir, se peinó un poco a pesar de quedar igual, se acomodó el cuello de la camisa y se miró los zapatos de nuevo, se acomodó las mangas arremangadas y se dispuso a caminar hasta la casa de la mujer. Al menos caminando tendría el tiempo de pensar en qué diablos tenia pensando hacer ¿Qué iba a decir? ¿Qué iba a hacer? ¿acaso debía llevarle algo? Su madre le hubiera dicho que lo hiciera… y Cass también, incluso la pequeña Gina. Se detuvo de golpe y se devolvió una cuadra para quedarse mirando las flores tratando de decidir que debía llevarle a la mujer
-es obvio tío, esas blancas con rosado-dijo Sirius soltando una risita
-buena elección-dijo la chica- aunque un clásico son las rosas, pero quizás son demasiado
- ¡¿Qué hacen los dos aquí?! -dijo el pelinegro sonrojado
-pues escuchamos a mi papá cuando hablo contigo por teléfono-dijo ella sonriente- venimos siguiéndote hace tiempo
- ¿Cómo puedes hacerle caso a Gina, Sirius? Es solo una pequeña genio malvado
- ¡cómpralas! -dijeron al unísono
Cedió ante los pedidos de ambos jóvenes que caminaron a su lado un par de cuadras mal, habían salido a dar un paseo aprovechando sus vacaciones desde el primer día, ahora se iban al cine cuando se separaron. Siguió caminando hasta una calle donde había apretadas casas de 2 pisos, subió tres escalones y golpeo la puerta, escucho un ruido y luego apareció ella. Tenía un vestido negro, usando zapatos altos y con el cabello corriéndole por la espalda. Se quedó en silencio un momento admirándola, mientras ella le miraba con una sonrisa
- ¿Albus?
-… ¿Qué?... -le entrega las flores- l-lo siento Hazel
- ¿Por qué lo sientes? -dijo mirando las flores- son muy lindas, nunca nadie me había regalado flores
- ¿e-enserio?... no estaba seguro si traerlas-sonrió- me alegro haberlo hecho
Dejo las flores dentro y cerró la puerta, estaban ambos un poco nervioso mientras que trataban de armar una conversación, el restaurant italiano no estaba lejos, la noche era fresca y estaba el cielo completamente despejado. Cuando comenzó la comida ambos se quedaron hablando una que otra cosa hasta que el robo un bocado de su plato
-son los mejores raviolis que he probado-dijo con una sonrisa- buena elección Hazel
-bueno-sonrió- tenía muchas ganas de salir contigo
- ¿c-conmigo?
-s-si-desvía la mirada- yo no… digo… desde Paris
-Paris…-susurro con una sonrisa- gracias por invitarme… ¿te gusta el helado?
-si ¿por?
-iremos por uno de postre
Caminaron por las calles de Londres hablando una que otra cosa cuando se sentaron en un parque luego de comer helado, mirando como la vida muggle se desarrollaba. Ella se volvió a mirarle mientras que este solo quería evitar su mirada, para que no le hiciera agitar su pecho
- ¿tengo algo malo?
- ¿Qué? -dijo sorprendido- ¿Qué malo podrías tener?
-no lose, evitas que te toque… que te mira-desvía la mirada- si no te pareció, debiste decirme que no
Se iba a ir, iba a correr lejos de él, pero no podía permitírselo, no podía dejarla irse de su lado, la única persona que no le hacía pensar que estaba solo. El agarro su brazo y luego la apretó en un abrazo escondiéndose en su cuello, para sentir su perfume cítrico. Ella parecía algo reacia y se mantuvo firme sin acercarse a el
- ¿Qué sucede?
-Hazel-le aparta y le mira-eres joven
- ¿Qué?
-eres muy joven para mi… tienes 10 años menos que yo, mereces estar con alguien joven, yo no voy a ir a fiestas ni nada de eso, una noche emocionante es salir con mi amigo a beber y bromear, ver si nos sale una granea de color con sabor extraño… no puedo darte nada especial
-no quiero nada-sonrió- solo quería estar contigo Albus, no me importa… diez años no son nada
- ¿Qué tengo de especial? -le sujeta el rostro- solo soy la sombra del gran Harry Potter
- eres justo con quien quiero estar, Albus-sonrió- eres amable y maduro… eres comprensivo a pesar de terco y gruñón-dijo sonrojada- no eres la sombra de tu padre… eres la mano derecha de la ministra, su confidente… eres un buen amigo y un buen padrino
-Hazel… no soy bueno para ti-dijo apoyándose en su frente- pero desde que te conocí no pude evitar mirarte... créeme nadie me ha impresionado en años-se separa-pero no puedo hacerte esto
-Albus…
Él se separó de golpe y comenzó a alejarse a pesar de los gritos de la mujer para que regresara. No sabía qué hacer, solo que no era bueno para ella estar con él, necesitaba aclarar su mente y alejarse de cualquier problema. Sentía el pecho apretado cuando entro a su casa, en su mente todo se sentía pesado y el pecho apretado, su vista se cubrió de lágrimas. Se cubrió el rostro y se dejó caer en el suelo. Se sentía tan estúpido y a la vez culpable, sentía que su cuerpo se llenaba de dolor antes de sentir una mano sobre su hombro
- ¿Al?
-odio cuando me dices así-se limpia rápido los ojos-siempre lo dices cuando quieres tocar un tema raro
-estas llorando en el piso ¿Qué otro tema podría ser? -dijo el rubio algo serio- ¿quieres ir a tomar algo? ¿comer algo?
-solo quiero quedarme en el sofá-dijo moviéndose lentamente hasta este- quedarme aquí hasta mi muerte, con suerte será pronto
- ¡por dios! -dijo con el ceño fruncido-no seas fatalista… otra vez con lo mismo ¡tú no te permites ser feliz!
-Delphini
-siempre sacas lo mismo, eso no cuenta Albus… sabes de que hablo
-no
-Lizzy Davis… ella era buena, pero tú no querías algo serio así que adiós… luego vino Laurie, la amiga de Cassie ¿y que paso con ella?
-no lose, al parecer tu puedes explicarlo
-ella tampoco no te pareció suficiente ¿no?
-ve al punto-desvía la mirada- ¿recordar mis fracasos te reconfortan?
-entonces llega esta linda chica-dijo sin prestarle atención- una excelente chica, joven quizás, pero con buenas cualidades ¿y que hace Albus Severus Potter?
- ¿la rechaza?
- ¡la rechaza! Al parecer a Albus Severus Potter le gusta auto sabotearse ¿no?
Tuvo que escuchar toda la charla de su amigo, parecía eterna mientras que el pedía comida muggle hasta la casa, la pizza era una de sus favoritas, además de la comida china que el rubio devoraba mientras aún seguía diciéndole que él se auto saboteaba. Quizás tenia razón, pero no quería escucharlo ahora, no quería escuchar absolutamente nada sobre mujeres, menos todos sus intentos fallidos sobre formalizar con alguien ya que sabía que su amigo tenia razón. Nadie le parecía lo bastante bueno como para tentarse a tener algo serio, siempre en su mente había algo, excepto con Hazel, ella no era el problema, era él.
La mañana siguiente solo se levantó por la insistencia de su amigo, debía ir a trabajar sin importar los problemas que hacían a su cabeza dar vueltas. Se sentó en su escritorio haciendo cualquier encargo o cualquier cosa con tal de no escuchar nada de su amiga que seguro le regañaría de nuevo. Pero no podía escapar todo el día
-Albus…-dijo ella sentándose frente a el
-no necesito un sermón ahora, créeme, tu esposo ve lo suficientemente claro -dijo molesto
-no soy tu enemiga, no me mires así-suspira- Albus… anoche Gina se encontró con Hazel y la llevo a casa
- ¿Qué? -le ira sorprendido- ¿Gina?
-si… ella la llevo a casa… está con nosotros, Gina se está quedando con ella, cuidándola… estaba muy mal
-n-no debiste hacerlo, es mi culpa-baja la mirada
-no lo dudo ¿Qué paso?
-le dije… que no podíamos estar juntos
- ¿eres un idiota o qué? -suspira- perdona… sé que para ti es entenderlo… pero amar a alguien implica riesgos y prejuicios, muchos problemas, la pregunta es ¿crees que Hazel vale la pena?
-por supuesto que lo vale… el problema no es ella Cass ¡soy yo!
- ¿Qué?
-estoy demasiado viejo, estoy cansado solo quiero llegar a casa y tener a alguien que me reciba y que me ame ¡¿es demasiado pedir eso?!
-cálmate-suspira- ve a hablar con…
Pero antes de que dijera algo más el había hecho una aparición, lo pudo ver en sus ojos, él estaba desesperado, el simple hecho de escuchar que estaba mal, le hizo reaccionar de inmediato. Apareció en la casa mientras la castaña estaba sentada en el sofá con la rubia mirando una película mientras comían helado, dejo caer su tazón hasta sus piernas sorprendida.
-A-Albus
- ¡t-tío!
-sé que Sirius está detrás del sofá-suspira- vayan ustedes dos por algo para comer-dijo dándole dinero- vuelvan en una hora
- ¡e-entendido! -dijeron al unísono
Salieron corriendo por la puerta y cerraron de golpe, la mujer se movió lentamente sin quitarle los ojos de encima, dejando su helado en la mesita junto al sofá, él estaba nervioso, no sabía qué hacer, hasta que finalmente la miro directo a sus ojos verdosos que estaban marcado por la pena y el dolor. Se acercó instintivamente a ella, rodeándole con sus brazos apretadamente, aunque ella no lo hiciera, ni siquiera se movió de su lugar
-no soy un juguete-dijo apartándole
- ¿Qué?
-no soy un juguete Albus-le mira enojada- no puedes decirme que sí ¡y cambiar de parecer cada vez que se te da la maldita gana!
-no… quería que pensaras eso… no la he pasado bien… con las chicas
-pues yo…-desvía la mirada- no … olvídalo… estoy viva y mejorare… si eso te importaba
-Hazel… no… ¡tú no entiendes!
- ¿Qué?
- ¡eso! ¡tú no entiendes! ¡Yo lo hecho a perder todo! ¡eso dice Scor! Y todo comenzó con Delphi
- ¿Delphi?
-es la hija del mago más tenebroso jamás conocido! ¡si, el mismo! ¡Aunque suene irracional, es real! Ella me dejo maldito por siempre, simplemente todo me parece muy poco para mi… pero llegas tú y eres endemoniadamente perfecta ¡¿y qué hago yo?! … ¡pues lo arruino!
- ¡cállate! -dijo molesta- ¡estuve sola toda mi vida! ¡toda! ¡y tu apareces intentando ser importante para mí y me botas! ¡es como si fuera basura!
