Disclaimer:
Severus no nos pertenece (si nos perteneciera no le hubiéramos hecho sufrir tanto, pobrecillo) y el resto de personajes, tampoco. Son de una señora inglesa que se ha hecho rica maltratándoles
Notas de autora:
Como ya viene siendo mi costumbre, en la N de A me dedico a haceros las confidencias que por otro lado no podría y, aprovecho que estoy yo sola, aquí, peleándome con el internet y poder subir el capitulillo, para tranquilizaros respecto a mi estado de salud. Severus sería incapaz de lanzarme un cruciatus, y menos por mostrarme preocupada por su pulcritud, eso sólo es una invención por nuestra parte para quitarnos de encima un tiempito a ITrustSeverus, y que nos deje hacer "cosillas" tranquilamente. En fin, ya dicho esto me quedo más tranquila y de paso limpio la reputación de nuestro protagonista.
Espero vuestros comentarios con deleite.
Snape's Snake
Vaya, vaya, así que aprovecháis que yo no estoy para hacer "cosillas", ¿eh?
De lo que se entera una... me parece que la que va a tener que empezar a repartir "cruciatus" soy yo...
En fin, como bien ha dicho Snape's Snake, esta semanita estoy de campo y playa, así que la respuesta a vuestros reviews puede que tarde un poquillo más; pero tranquilos, que llegar, llegarán. Vuestros comentarios no caerán en saco roto, todos recibirán contestación, así que esto no os servirá de excusa para no dejar vuestro comentario, ¿eh? Que cuando vuelva quiero encontrarme montañas y montañas de reviews :) (bueno, vale, me conformo con una colinita de reviews...)
Un abrazo
ITrustSeverus
Estamos humildemente agradecidas porque nuestra pequeña familia se ha ido ampliando y hemos recibido más comentarios que en el capítulo anterior, bienvenidos y bienvenidas !
Somos felices !
Al final de este capítulo responderemos al review anónimo que hemos recibido.
Gracias especiales a Black Imago, mordred, MoonyMarauderGirl, Nancy, Lolitobunny, dedog, ES, PrincessofDark, Amia Snape y Gabrielle. Rickman. Snape por vuestros comentarios.
Gracias muy especiales también para liss-arcangela, nerey, Amia Snape, Gabrielle. Rickman. Snape, daname y yurel-chan por poner esta historia entre sus favoritos.
Capítulo 3 – ¿Es mucho pedir un poco de intimidad?
Por la mañana, Harry y Lupin entraron en la habitación para comprobar el estado del paciente.
Black seguía inconsciente y febril. Las sábanas volvían a estar empapadas, y un tremendamente serio Severus Snape, sentado en una silla al lado de la cama, mantenía su vista clavada en el hombre, exactamente en la misma posición en que le habían dejado la noche anterior.
El profesor parecía no haberse movido ni un milímetro, y si no fuera porque Harry sabía perfectamente que habían pasado horas, podría parecer que desde que salió por la puerta hasta que volvió a entrar, había transcurrido sólo un minuto.
Únicamente había un detalle que delataba la actividad que el profesor había llevado a cabo durante la noche: más de una decena de botellitas de pociones de diferentes tamaños y formas yacían destapadas y vacías en el espacio de suelo alrededor de la silla del hombre.
En cuanto ambos se acercaron al lecho, Snape alzó la vista hacia ellos y se puso en pie.
-Relevo —susurró, estirándose para relajar los músculos en tensión—. Me largo.
Y sin añadir nada más, recogió los frascos vacíos con un movimiento de varita y se dirigió a la puerta, rozando a Harry con su capa al pasar.
Sin embargo, antes de que cruzara el umbral, el muchacho le sujetó del brazo para que se detuviera, Snape clavó sus ojos en la mano que le agarraba y luego en el chico, con una mirada tan feroz que el muchacho le soltó inmediatamente y dio un paso atrás.
-¿Tiene algún problema con que me tome mi merecido descanso, Potter?
-No —repuso éste—, sólo quería preguntarle cómo está mi padrino.
Snape dirigió una despectiva mirada al hombre tumbado en la cama.
-Vivirá —dijo, con más convicción de la que sentía—. Sólo necesita los cuidados adecuados.
Y tras decir esto, se dio media vuelta y salió de la habitación. Harry se acercó a Lupin, que se hallaba comprobando la temperatura de Black.
-¿Cree de verdad que podemos confiar en él? —Preguntó con un hilo de voz.
El licántropo le miró, sorprendido.
-¿En Severus? ¡Pues claro que sí, Harry! Es un miembro de la Orden, el profesor Dumbledore tiene plena confianza en él.
-Ya, ya… —rezongó el chico— eso ya lo sé, pero aún así…
-Mira, si alguien puede ayudar a Sirius, ése es Severus, tenemos que dejar que lleve el asunto cómo él considere oportuno y no incomodarle o hacerle pensar que no le queremos aquí, porque de lo contrario…
-Vale, sí, lo entiendo… —claudicó Harry, vencido.
Lupin le dirigió una mirada comprensiva.
-Oye, Harry, no hace falta que nos quedemos los dos. Baja a comer algo, después de desayunar lo verás todo de manera más positiva. Más tarde podrás venir a relevarme a mí por un rato.
El muchacho asintió y salió de la habitación, cerrando la puerta tras de sí.
Bajó las escaleras hasta la cocina, el olor a café era tan intenso que le hizo despertar un hambre que no sabía que tuviera. Vio a Snape junto a los fogones, de espaldas a él.
-Veo que Lupin me ha hecho caso y ha decidido hacer algo útil preparando el desayuno —murmuró el hombre, sin girarse—. Aunque no sé de dónde habrá sacado la idea de que pueda apetecerme tomar un café. ¡Estamos en Inglaterra, por el báculo de Merlín, no en los malditos Estados Unidos! Ahora tengo que prepararme el té yo mismo, después de una larga y cansada noche en vela. Eso pasa por encargarle las cosas a un estúpido lobo.
Harry estaba tan estupefacto que no supo decir nada, ¿cómo podía ser tan desagradecido el jodido murciélago? Lupin se había esforzado en preparar un desayuno estupendo, a juzgar por los abundantes y variados alimentos que poblaban la mesa.
Se acercó a coger un cruasán con expresión de desagrado ante el comentario de Snape y empezó a comérselo sin sentarse siquiera.
Mientras masticaba con satisfacción, el hombre se giró con brusquedad y, sorprendentemente, colocó dos tazas sobre la mesa.
-Quizás le apetezca también un té, Potter —ofreció.
El chico estaba boquiabierto, no esperaba esa deferencia de su parte.
-S-sí, gracias.
Snape apagó el fuego, cogió la tetera y llenó las dos tazas. Luego puso sobre la mesa la cajita con las bolsas de té y la azucarera y tomó asiento.
-¿Piensa quedarse ahí de pie toda la mañana? —Rezongó.
El chico se sentó y puso azúcar en su taza, mientras no dejaba de mirar de reojo al hombre que se estaba sirviendo unas tostadas con mantequilla.
-Espero que haya traído sus libros, Potter, así podrá repasar mientras…
-¿De verdad cree que me importan algo mis estudios en estos momentos? —Saltó Harry, indignado.
-¿Quiere eso decir que hay momentos en los que sí que le importan? —Repuso el hombre, mordaz.
El chico le lanzó una mirada de odio, pero antes de que pudiera contestar, el hombre se le adelantó.
-Supongo, por esa respuesta tan a la defensiva, que no los habrá traído, pero no se preocupe, yo tengo el mío en el maletín y…
-Snape, no pienso ponerme a estudiar unas estúpidas pociones mientras Sirius puede estar muriéndose.
-Estas estúpidas pociones son las que pueden salvarle la vida al… a su querido padrino, pero en fin, si prefiere seguir siendo un mago mediocre toda su vida…
Harry quiso replicar, pero entonces se fijó en el rostro del hombre, estaba más pálido que el día anterior, y parecía cansado. Al fin y al cabo, llevaba toda la noche cuidando del enfermo. Decidió no decir nada, y un pesado silencio se instaló entre los dos.
-Digo yo que habrá alguna bañera en este cuchitril —susurró entonces el profesor, sobresaltando al chico con su repentina intervención—, después de desayunar tengo intención de tomar una ducha y meterme en la primera cama que encuentre sin chinches ni pulgas del perro, si eso es posible.
-Hay una bañera en el aseo de la segunda planta —dijo Harry—, pero la puerta no cierra bien.
-Comprendo que un poco de intimidad hubiera sido demasiado pedir —comentó irónicamente Snape.
-No se preocupe, no pienso acercarme a menos de quince metros de ese aseo mientras usted se encuentre dentro —aseguró el chico.
Snape levantó una ceja y sonrió de medio lado.
-No puedo creer mi buena suerte —se mofó.
Tras este comentario, el resto del desayuno transcurrió en silencio. Cuando el hombre hubo terminado, se levantó y se marchó de la cocina sin decir una sola palabra.
Harry siguió sorbiendo su té con parsimonia, y de pronto se dio cuenta de algo. Cuando se había duchado esa mañana, después de despertarse, había salido envuelto en la toalla y la había dejado en la habitación, y no había ninguna más en el baño, de modo que Snape no encontraría ninguna.
Chasqueó la lengua, no tenía ganas de hacerle de criado a Snape, y mucho menos después de haberle asegurado que no pensaba acercarse al baño mientras él estuviera dentro, pero el hombre no podía saber dónde se encontraban las toallas limpias en esa casa, y lo más probable era que le llamara para preguntárselo igualmente, de modo que, molesto consigo mismo por lo que iba a hacer, se fue hasta el armario de la ropa del hogar, que estaba en un cuartito debajo de la escalera, y subió hasta la segunda planta.
La puerta del baño, que no se podía cerrar, estaba abierta un centímetro, y el chico dudó entre si debía llamar o no. Sabía que lo correcto era hacerlo, por supuesto, pero importunar a Snape entrando sin llamar era una tentación demasiado fuerte, así que empujó la madera y entró con la toalla en la mano.
-Se ha olvidado la toalla, profesor…
La barbilla del muchacho cayó en picado y sus ojos se abrieron desmesuradamente. Desde luego, decidió en ese momento, tendría que haber llamado antes de entrar. Snape debía llevar mucha prisa por ducharse, porque ya se encontraba desnudo y de espaldas ante la bañera. Su piel pálida se destacaba contra todo pronóstico contra el fondo de baldosas blancas de la pared; sus pies descalzos acariciaban el suelo; sus piernas, delgadas y fuertes, culminaban en un redondeado y bien moldeado trasero; y más arriba, una espalda ancha y fuerte se elevaba con firmeza para acoger el contraste del negro cabello derramado sobre sus hombros. Visto desde esa perspectiva, su profesor de pociones ofrecía un aspecto muy diferente, mucho más… interesante.
Harry se sacudió la cabeza para quitarse esos absurdos pensamientos de la mente mientras Snape giraba medio cuerpo hacia él, mostrando un torso cubierto de una suave capa de fino vello oscuro. Su ceño estaba fruncido en un gesto de suma irritación.
-Ya me parecía a mí que no iba a ser tan afortunado como para poder evitarle ni siquiera en el baño.
-Se… se ha olvidado… —repitió el chico.
-Sí, ya lo sé, la toalla. Ya me lo ha dicho, Potter. ¿Pero para qué cree usted que sirve el hechizo secante?
Harry enrojeció violentamente, pero no contestó, ni tampoco se movió.
-¿Hay algo más que quiera decirme, o es que le gusta contemplar mi trasero?
-¿Qué? —Respingó el chico—. No, ¡claro que no!
Dejó la toalla sobre un taburete y salió rápidamente de allí, mientras Snape llevaba una sonrisa socarrona a sus finos labios y volvía a girarse para entrar en la bañera.
Respuesta a review anónimo:
Nancy: Nos alegramos que sigas pegadita a la pantalla, y que nos envíes comentarios que animan a nuestros perversos corazoncitos, y esperamos que los capítulos que irán viniendo no hagan más que aumentar tus ganas de seguir leyendo la historia ) Qué bueno es Remus, ¿verdad? Si es que es un encanto... tiene muchos ases escondiditos en la manga... ya verás ya. Y respecto a que Harry es terco... jeje, bueno, ya te darás cuenta de hasta qué punto llega a ser tozudo el muchacho XD.
Muchas gracias por tu review.
Un beso.
Gracias de nuevo a todas y todos por aguantarnos XD. Y os pido disculpas si alguna cosa no ha salido como deba salir.
