Disclaimer: Los personajes de Naruto no son de mi propiedad sino de su creador, el mangaka Masashi Kishimoto. Solo los utilizo para adaptarlos a la historia de Carol Martin, Aprendiendo de ti. La pareja principal es Sasuhina, sus personalidades pueden estar alteradas ya que es una adaptación, sino te gusta no lo leas, todo lo hago sin fines de lucro y por amor al Sasuhina así que si no te gusta esta pareja ¿Qué haces aquí? Solo quiero mostrar los libros que me gustaron a través de esta gran pareja que se robó mi corazón desde que la vi.
Advertencia: este libro contiende contenido sexual y palabras vulgares. Quien avisa no es traidor. Disfruten de la lectura.
CAPÍTULO 3
Después de pasar una tarde de nervios, por fin estaba arreglada para mi primera cita con Toneri. Había salido con algunos chicos en mi vida, no era la primera vez que hacía algo así, pero sentía como si lo fuese. Mi jefe era un hombre bastante deseado por todas y tenerlo para mí era un gran orgullo en esos momentos.
No quise ponerme demasiado elegante, pues no sabía bien dónde íbamos a ir, así que opté por un look arreglado pero casual. Estrené unos pantalones vaqueros que me había comprado en esos días, lo combiné con una camisa blanca casi transparente y me puse uno de mis tacones preferidos. Me sentía bien conmigo misma y, sobre todo, feliz.
En mi adolescencia siempre fui una chica bastante regordeta y con bastante esfuerzo conseguí quitarme aquel complejo de encima. Había conseguido, a base de millones de dietas, estar dentro de mi peso normal y eso hacía que tuviera una buena autoestima. Sentir que la ropa que me gustaba me quedaba bien y que nadie se iba a ir fijando en los kilos que me sobraban, como me torturaron en más de una ocasión mis compañeros de instituto, me hacía sentir más segura que nunca.
Antes de marcharme fui a la habitación de Hanabi a despedirme y a comprobar si ya se le había pasado un poco el enfado conmigo. Desde la cena y la discusión, apenas me había hablado. No me gustaba para nada estar así con ella, prefería ser la típica hermana mayor a la que le cuentan todo y aconseja, pero entre ella y yo era difícil que sucediese.
—Voy a salir, pórtate bien, ¿vale?
—Sí...
—Tienes ahí algo de carne, puedes tomar un poco de arroz y ensalada de la nervera.
—Sí...
—No tardaré en volver — dije mientras salía de su habitación.
Hanabi apenas me echó cuenta cuando me despedí de ella, le daba exactamente igual donde fuese. Para ella era mucho mejor quedarse sola en la casa y seguir a su rollo, sin tener que soportarme. Podía imaginar que no iba a cenar nada más elaborado que un sándwich y que haría otra cosa que volver a tirarse en su cama a escuchar música y a hablar con sus amigos.
Bajé a toda prisa a la hora acordada con Toneri y sonreí al ver que ya estaba esperándome en la puerta. El coche que conducía era bastante lujoso, se notaba que las cosas en la empresa iban bastante bien. Me sentía toda una princesa de cuento, a punto de montarme en el carruaje de mi príncipe azul y directa a comer perdices todo el resto de mi vida.
—Buenas noches — dije al montarme en el coche.
—Buenas noches, preciosa — sonrió y me dio un par de besos —,¿dispuesta a pasarlo bien?
—Claro que sí — respondí feliz.
Toneri comenzó a cundir hacia el centro de la ciudad mientras puso algo de música. No hacía falta tener ninguna conversación, todo era perfecto. No tardamos mucho en llegar a uno de los restaurantes que se había puesto de moda. Había ido un par de veces allí con mis compañeros de trabajo a almorzar, nos chiflaba la comida tailandesa. Todo el lugar estaba ambientado perfectamente en la cultura de lugar, decorado al mínimo detalle.
Toneri aparcó en una de las zonas reservadas y se bajó rápidamente a abrirme la puerta. Yo me sentía más tonta que nunca, sobre todo al entrar allí cogida de su brazo. Parecía una escena completamente de película, en la que yo era la protagonista destinada a tener un final feliz con el hombre de mis sueños.
—¿Tienen reserva? — preguntó el chico de recepción.
—Sí, a nombre de Toneri Otsutsuki.
—Espere un segundo.
Mientras el chico buscaba la reserva, empecé a mirar por todos sitios. No sabía bien si era cosa mía, pero sentía que todas me miraban. Toneri era un bombón, no hacía falta más que mirarlo una vez para darse cuenta, e iba conmigo, haciéndome sentir la estrella del lugar.
El chico no tardó mucho en llevarnos a nuestra mesa y servirnos algo de vino mientras nos ofrecía el plato estrella del día. Sin dudarlo ni una sola vez, hicimos nuestro pedido y no relajamos para poder disfrutar el uno del otro.
—¿Qué tal todo con tu hermana? — preguntó mientras nos servía rápidamente el primer plato.
—Bueno, sobrellevándolo, pero no es algo de lo que quiera hablar. —pasar mi primera cita hablando de Hanabi era algo que no concebía. No porque mi hermana no fuera importante, sino que quería despejarme un poco de todo.
—¿Qué tal tú? ¿Cómo va todo? — pregunté cambiando de tema.
—Últimamente mi ex no hace más que joderme la vida, pero intento llevarlo bien también.
—¿Qué te hace?
—No creo que te interese mucho...
—Claro que sí, te considero mi amigo.
Era la primera vez que le decía algo así y me alegraba soltarlo por fin. Yo quería ser algo más que una amiga para él, pero me conformaba con empezar así, poco a poco. Quería que se sintiese a gusto conmigo y que nuestra relación se fuese construyendo pasito a pasito.
—Ya sabes, exigirme obligaciones y si me divorcié es para disfrutar la vida, no para andar de nuevo tras ella todo el tiempo.
—Bueno, en eso tienes razón...
—Al contrario de lo que muchos creen, yo también lo pasé mal con la separación.
—Me imagino... No debe ser fácil.
—Yo quiero ser un alma libre, me siento liberado desde que la dejé, y quiero una vida sin ataduras.
—¿Te refieres a relaciones? — me gustaba que hubiésemos empezado a hablar de eso.
—Si vuelvo a atarme con alguien, mátame antes — dijo entre risas haciendo algo que dentro de mí se oprimiera.
—Pero quizás encuentres a la persona ideal para ti
—¿Tú crees? — me miró a los ojos.
—Estoy segura de que sí — sonreí levemente sonrojada y avergonzada por mi osadía.
—Mientras eso pasa, habrá que disfrutar la vida ¿no? —Toneri me guiñó un ojo y cogió su copa de vino. —Brindamos porque esta noche sea especial.
Cogí mi copa y la alcé a la vez.
—Porque esta noche sea especial — dije mirándolo a los ojos y sonriendo.
Chocamos las copas a la vez y nos bebimos el vino de un solo sorbo. No me hacía falta nada de alcohol para tirarme a tus brazos y acabar en sus redes, pero no nos venía nada mal. Habíamos estado en alguna que otra ocasión a punto de tener algo, así que ese pequeño empujoncito no nos venía nada mal. El resto de la cena fue completamente espectacular. Comí anteriormente en aquel lugar, pero aquella noche todo me sabía mucho mejor. El trato que recibí por parte de los camareros me encantó y las conversaciones con Toneri fueran tan geniales como siempre.
No faltó el tonteo que siempre salía entre los dos y las indirectas. Ese hombre me atraía cada vez más y sentía que la oportunidad de tenerlo estaba cerca. Podía imaginarme su forma de besar o de hacerme suya. Si me fascinaba pensarlo no sabía bien qué iba a sentir cuando se cumpliese de verdad.
. . . . . .
Nos montamos de nuevo en el coche justo después de terminar la cena. Hubiese dado cualquier cosa porque el tiempo pasase lento, pero cuanto mejor me lo pasaba, más corrían las agujas del reloj. Con Toneri conseguí olvidarme de todo lo que me rodeaba y centrarme exclusivamente en él. Cada conversación que tuvimos, cada plato que probamos, incluso el postre de tarta de chocolate que compartimos me supo a gloria. Esperé durante muchos años para tener a alguien en condiciones a mi lado y estaba segura que él era la persona correcta.
Podía parecer un picaflor y no podía negar que siempre se le andaba viendo con una u otra chica, sin embargo, pensaba que en el fondo era diferente. Después del divorcio seguramente le iba a costa encontrar a la mujer perfecta y desconfiaría de todo, pero estaba segura de que yo le podía dar todo lo que necesitase. Estaba a la altura para ir todos los días agarrada de su brazo y apoyarlo en todo lo que llegase a necesitar.
—¿Qué podemos hacer ahora? — preguntó mientras arrancaba el coche y salíamos del parking.
—¿Ahora? — pensé que la cita había terminado.
—Sí, es temprano para regresar a casa, ¿no?
Miré el reloj y me sentí un poco preocupada. Realmente era tarde y no me gustaba dejar tanto tiempo sola a Hanabi, sobre todo después de los comportamientos que tenía, pero estaba viviendo mi noche de en sueño.
—Sí, aún es temprano — afirmé, aunque pensaba todo lo contrario.
—No sé si será muy atrevido, pero si quieres nos podemos tomar la última en mi casa.
—¿En tu casa? — me sorprendía un poco la propuesta —, sí, claro.
Mi corazón volvía a latir a mil por hora. En otra época de mi vida hubiese pensado que era demasiado atrevida para aceptar aquello, pero ya me daba igual. Era mayorcita para saber qué significaba irnos a tomar una última copa y me moría de la emoción.
Toneri me dedicó una sonrisa picarona y nos dirigimos hacia allí rápidamente. Volvió a poner música y estuvimos todo el camino callados. Agradecía esos momentos en los que podía tener tiempo para intentar relajar la emoción que me provocaba estar con él y actuar así de forma más tranquila. Imaginé durante el camino las mil formas en las que podíamos acabar, pero sabía que todo superaría mis expectativas. No iba a negarme a nada con él, estaba dispuesta a seguirle el juego hasta el final.
En cuando metimos el coche en el garaje, accedimos por una puerta a su apartamento. Nunca me había planteado exactamente en qué clase de casa vivía ni nada por el estilo, pero lo cierto es que no me sorprendió nada. La decoración era bastante recargada, dejando claro que había vivido con una mujer allí durante bastantes años. Siempre pensé que su exmujer, se había quedado con la casa, pero al parecer no fue así.
—Acompáñame por aquí.
Pasamos por un pasillo súper largo en el que a cada lado había como cientos de habitaciones. La casa parecía bastante grande y seguramente le sobraba la mitad del espacio disponible. Mi apartamento era mucho más humilde que el suyo, con apenas un par de habitaciones, baño, cocina y salón. Toneri no me pagaba nada mal, pero lo cierto es que tampoco me daba para llegar a tener tantos lujos como podía observar. Llegué a sentirme un poco abrumada ante tantas cosas, pero Toneri me hacía sentir como si estuviese en mi propia casa. No paraba de sonreír y de contar algunas historias breves sobre viajes que había hecho y cosas extrañas que compró y que formaban parte de su decoración.
Me invitó a pasar de una vez al salón y me senté en el sofá mientras servía un par de copas. Aquel sofá era inmenso y, sobre todo, elegante. Parecía como de una especie de cuero blanco y podían sentarse como mil personas a la vez. El salón era un espacio abierto que se comunicaba perfectamente con la cocina y estaba decorado de la misma forma que el resto de la casa que pude conocer. Había cientos de cuadros colgados en la pared, miles de figuritas decorando varias estanterías, y una gran alfombra de pelo gris que reinaba en todo el centro de la estancia. Sentía como si estuviera en una casa de lujo con el hombre más deseado del planeta, no podía ser más afortunada.
Toneri se desabrochó un poco la camisa antes de traer las copas y se sentó a mi lado mientras seguía contándome algunas curiosidades acerca de la decoración. Por lo que me dio a entender, una de sus pasiones siempre fue viajar y había tenido la suerte, desde joven, de hacerlo por todo el mundo. Al tenerlo tan cerca, podía oler perfectamente el perfume que se había echado, era un olor digno de los dioses.
—Por nosotros, de nuevo — chocó su copa con la mía.
—Por nosotros — repetí sonriendo.
Empecé a tomar aquel vino y me pareció demasiado fuerte, sin embargo, Toneri se lo tomó de un solo trago. Se quedó mirándome y me animó a hacer lo mismo. A pesar de que intenté disimular que estaba a la altura, no puedo evitar poner un poco cara de asco cando me lo bebí entero.
—Jajaja — empezó a reír —, ¿tan fuerte te parece?
—Bueno, algo — me reí con él.
—Esto nos da una buena dosis de energía...
—¿Energía? ¿Para qué? — intenté hacerme un poco la tonta.
—¿Por qué no nos dejamos de tanta historia y vamos a lo importante?
Me quitó la copa de la mano y puso ambas encima de una mesa pequeña que había frente a nosotros. Me quedé un poco congelada ante aquello, pero pronto me dejé llevar. Toneri se acercó a mí y me quedé tumbada en el sofá, sintiendo el peso de su cuerpo encima del mío. Comenzó a frotar su nariz con la mía, haciéndome sentir su aliento y mirándome directamente a los ojos. Me encantaba sentir que sus labios estaban tan cerca de los míos, pero que no terminaban de tocarse. Todo aquello me erizaba la piel y me hacía sentir más deseada que nunca.
—¿Estás dispuesta a pasar un buen rato? — preguntó mientras sonreía.
—¿Tú qué crees? — lo miré directamente a los ojos, aunque me encontraba terriblemente avergonzada, seguro que parecía un tomate maduro.
Empecé a sentir cómo su entre pierna se empezaba a poner dura a la vez que metía su mano por debajo de mi camiseta, accediendo a mi pecho. No podía evitar empezar a respirar rápidamente, excitada por completo sin aún haber hecho nada.
—¿Está segura? — preguntó.
—Completamente —respondí para luego brindarle una de mis mejores sonrisas.
Toneri se acercó y finalmente nos comenzamos a besar como locos. Su lengua no hacía más que entrar y salir de mi boca, mientras me metía la otra mano por debajo del pantalón. Empezó a introducir sus dedos dentro de mí y empecé a gemir de placer, mientras lo agarraba fuertemente por la espalda. No paraba de masturbarme a la vez que me mordía el cuello y agarraba mis pechos con fuerzas. Se notaba que no le iba aquello de ser delicado ni de hacer el amor, sino que le gustaba disfrutar del sexo como si fuese la última vez que lo hiciera.
No tardamos demasiado en quitarnos la ropa el uno al otro y acabar desnudos en medio de aquel salón, con todas las luce encendidas. Podía ser testigo del cuerpo tan espectacular que tenía y del que podía presumir cuando le diese la gana. Toneri me besaba por todas partes y yo hacía lo mismo con él. Me atreví a ponerlo sentado en el sofá y me puse de rodillas frente a él. Escuchar cómo gemía a la vez que me introducía su pene en la boca sin parar podía excitarme más que otra cosa. Después de un buen rato, me cogió del pelo y me tumbó de una sola vez de nuevo en el sofá, restregándose contra mí una y otra vez. En ese momento no pensé en nada más, simplemente quería que me penetrase de una vez.
—No te muevas de aquí.
Se puso de pie y comenzó a buscar su cartera desesperadamente. Nunca me había sentido demasiado segura de mi cuerpo al desnudo, pero aquella noche me dio igual. Me quedé abierta de piernas, esperando de nuevo que viniese a por mí.
Se puso un preservativo y no dudó en meterse entre mis piernas y penetrarme con fuerza. Sentía mi piel erizándose de nuevo, a la vez que gemía cada vez que me embestía. Solo podía fijarme en su sonrisa, que cada vez iba a mayor al igual que mis gemidos. Toneri sabía hacer el amor como los dioses, no tenía ninguna duda. No recuerdo bien cuántas veces repetimos, pero podía haberlo hecho durante horas y horas sin cansarme. Por fin conseguí tenerlo entre mis brazos y disfrutar de él. Lo único que deseaba era congelar ese momento y vivirlo por siempre.
. . . . . .
Toneri me había dejado la noche anterior en casa y apenas había podido dormir, pero no me importaba; estaba pletórica. Sentía que volaba en una nube y reproducía una y otra vez todas las escenas en mi cabeza. Había desayunado temprano y por suerte, Hanabi no había tardado mucho en levantarse. Apenas tuve que llamarla un par de veces para que se empezase a arreglar, pero aquella mañana me daba un poco igual. Estaba feliz, tenía una sonrisa de oreja a oreja, y nada en el mundo iba a conseguir cambiármela.
Hanabi seguía sin hablarme demasiado, como siempre. Imaginaba que seguía enfadada por la actitud que tuve en la última cena, pero esperaba que no le durase para siempre. Su comunicación conmigo era pobre y en esos momentos llegó a ser nula. No era capaz ni de dar los buenos días y me respondía con monosílabos. Quería pensar que con el tiempo se le iría quitando todo lo orgullosa que siempre quería aparentar ser y que llegaría un momento en que todo aquello fuesen simplemente malos tiempos.
Intenté sacar algún tipo de conversación mientras íbamos en el coche para dejarla en el instituto, pero no hacía falta ser muy inteligente para darse cuenta de que no estaba por la labor. Siempre iba sentada en el asiento del copiloto, con la cabeza girada haca su ventanilla y dándome la espalda. Quería hacerle entender que no era la única que se sentía incómoda en un espacio cerrado con la otra, yo también, pero seguramente no le importaba nada.
La dejé en la puerta del instituto y sin esperar a nada, me marché. Me había cansado un poco de esperar a que al menos me dijese adiós y estaba demasiado contenta para dejar que nada ensombreciera mi momento. La noche anterior estuve en los brazos de Toneri, sintiéndome la mujer más afortunada del mundo; quería que la ilusión me durase un poco más.
Cuando llegué a la oficina ya casi todos estaban allí. Pude ver cómo Kurenai ya había comenzado a teclear a medida que me acercaba a mi escritorio. Kiba y Shino estaban como siempre, hablando y riendo entre ellos, seguramente comentado mil y una tonterías.
—¡Buenos días! — saludé con una gran sonrisa.
Todos me miraron como si hubiese dicho algo malo
—¿Por qué tan feliz? — preguntó Kiba.
—¿Qué por qué estoy feliz?
—Eh, sí... — Shino me miraba serio, como si me hubiera vuelto loca.
—Siempre lo estoy — afirmé queriendo convencerme a mí misma.
—Bueno, siempre...Lo que se dice siempre... — Kurenai me miró sonriendo.
En ese mismo momento todos se pusieron a trabajar y me fije en que Toneri había entrado en la oficina. Estaba más guapo que de costumbre y aquel día me sentí mucho más orgullosa de lo que habíamos tenido la noche anterior. Iba pasando por delante de cada mesa, saludando como siempre, mientras todas se quedaban mirándole embobadas. Aquel cuerpo que admiraban era mío y lo había gozado como una loca. Yo no pude evitar hacer lo mismo, mirarlo detenidamente mientras se acercaba a mí.
—Buenos días, preciosa — me guiñó un ojo — ¿Qué tal has dormido?
—Buenos días jefe... Bien — llegué a sonrojarme un poco.
—Yo también, como un niño chico —me sonrió a la vez que lo hice yo y abrió la puerta para meterse en su despacho. Lo seguí con la mirada en todo momento, desnudándolo con la mirada.
—Parece que esa cita terminó bien — dijo Kurenai.
—¿Finalmente saliste con él? — preguntó Kiba.
—Claro, os lo dije.
—Pensamos que ibas a ser un poco más inteligente — dijo Shino.
—Chicos... por favor — resoplé y me senté en mi escritorio.
—Al menos, cuenta ¿no? —dijo Kurenai. Los tres me miraban expectantes.
—¿Qué queréis que os cuente? —les pregunté.
—Menos cómo la tiene, todo —dijo Kiba entre bromas.
—No seas grosero — le tiré un trozo de papel que tenía en la mano.
—Vamos, estamos esperando —volvió a decir Shino.
Me acerqué un poco a ellos y les conté la cita desde principio a fin, sin entrar en detalles. Parecía una niña pequeña como si estuviera contando qué le habían traído por primera vez los reyes magos y no era para menos.
Siempre pensé que lo mejor que podía pasarle a una persona era ser correspondida por quien le gustaba.
—Así que acabasteis en su casa... —dijo Shino.
—Sí, pero ya lo demás me lo guardo.
—Ni que fuésemos tontos —empezó a reír Kurenai.
—Lo sé, pero sois demasiados alcahuetes.
Me giré y me fui de nuevo a mi escritorio a trabajar. Esperaba que Toneri me pidiese algún informe, algún archivo o simplemente un café. Me moría de ganas por estar con él y empezaba a pensar con qué excusa podía ir a su despacho para pasar un buen rato. Pero mi móvil comenzó a sonar, sacándome de mis pensamientos. De nuevo era un número desconocido y, aunque no solía contestar, después de la llamada del orientador decidí hacerlo.
—¿Sí? — respondí.
—Hola, Hinata, soy Sasuke. —Desde que vi la llamada sentí que podía ser él y no me equivoqué en absoluto.
—Hola, Sasuke ¿Pasa algo? — pregunté preocupada.
—Lo cierto era que te llamaba para saber si le pasaba algo a Hanabi.
—¿Pasarle algo? No sé a qué te refieres. —Mis compañeros se dieron cuenta de mi cara de preocupación y se quedaron pendientes a mi llamada.
—Hace un par de días que no viene a clase, queremos saber si está enferma o algo.
—¿Qué? — no daba crédito a lo que acababa de oir —, la dejo todos los días allí, ¿cómo que no va?
—Por aquí no ha aparecido y tampoco ha venido a la consulta que íbamos a tener hoy...
En ese momento quise ponerme a pegar gritos como una loca preocupada por donde o con quien podría estar mi hermana pequeña.
—No sé qué decirte, no entiendo qué está pasando o dónde puede estar, te aseguro que la dejo allí todos los días.
—Es por eso por lo que te llamo, me extraña ahora su ausencia repentina.
—No sé qué voy a hacer cuando la vea — dejé salir mi mal humor.
—¿Por qué no te pasas más tarde por aquí y hablamos acerca de esto? No es bueno volver a enfrentarse a ella.
—¿Cómo voy a poder afrontar un problema si cada día me da un dolor de cabeza diferente?
—Hazme caso, hablemos primero, será lo mejor para todos.
Respiré profundamente y acepté. Sabía que en cuanto la viera podía reprenderla o algo por el estilo, estaba cansada de tantos problemas. Me venía bien alguien que me parease los pies, porque todo aquello iba a acabar muy mal.
—Te espero por la tarde, no te preocupes, y si viene a clase, te estaré avisando.
—Muchas gracias, Sasuke.
—No hay de qué.
Colgué el móvil y miré a mis compañeros, llena de nervios y ganas de llorar.
—No sé qué voy a hacer con ella, de verdad que no lo sé.
—¿Qué ha pasado? — preguntó Kurenai.
—Ahora resulta que no va a clase...
—Dios mío... No sé dónde va a llegar — dijo Shino, suspirando.
—Tranquilo, seguro que Sasuke ayuda a ambas a mejorar la cosa. —Kiba me miró riendo y le dediqué una mirada asesina. En esos momentos no estaba para bromas de ningún tipo, solo quería desahogarme, hacer que todo ese torbellino de sentimientos desapareciera.
No sabía qué tanto mal hacía con Hanabi, pero cada día iba a peor. Se había comportado mal y había hecho travesuras siempre, pero jamás se le había ocurrido estar días sin aparecer por clase. Aquello empezaba a parecerme mucho más grave y tenía que parar la situación fuese como fuese. Incluso si tenía que ponerme como un demonio, no podía dejar que mi hermana echara a la basura su futuro.
