«Libertad, salvación. La primera vez que te vi, pensé que yo sería tu guía, quería ser tu faro en medio de la tormenta. Pero con el tiempo noté que jamás podría salvarte si no me tendías tu mano. Nunca podría guiarte si no abrías tus ojos para mirarme. La única salvación para ti, eras tú mismo»
Escarlata. Esa fue la primer palabra que le vino a la mente cuando observó detenidamente los alrededores; el cielo, el piso, las paredes. Todo estaba teñido de rojo sangre.
Desconcertado por lo que veía, avanzó hacia donde se escuchaban estridentes gritos.
En el medio del jardín de la casa, había un grupo de humanos agazapados, encadenados como esclavos que clamaban por su vida mediante súplicas y llanto.
—Príncipe, mi señor —un soldado… saiyayin le hizo una reverencia—. Hemos reducido a casi todos los terrícolas de la ciudad. Esperamos nuevas órdenes para continuar la Purga
—ante el silencio del Príncipe, el guerrero continuó —: Queremos saber si usted quiere los honores.
Vegeta lo miró impasible para que no notara su confusión. "Tener los honores" para su raza significaba que podría jugar con los sobrevivientes como quisiera; podría torturarlos, violar a las hembras o, simplemente, conservarlos como esclavos.
Asintió al soldado y le ordenó que se retirara.
—¡Suéltame, maldita bestia!
El Príncipe se volteó al escuchar una voz que conocía bastante bien… Para su desgracia. Allí estaba la mujer, con la ropa hecha girones y el cabello revuelto siendo controlada por
unos soldados. Vegeta pensó que al fin podría callarla, pero aún a la distancia vio los ojos azules flameantes, con un gesto de odio y desprecio hacia el saiyayin que la estaba tomando del cabello. Aún cuando ella no podía ganar, la vio luchar con todas sus fuerzas para liberarse de su agarre, gritando incansablemente improperios y maldiciones.
Era casi irreal que no pudieran quebrantarla siendo que su planeta estaba siendo dominado sin que ellos pudieran hacer nada, pero allí estaba, pequeña como era, tan insignificante y débil, luchando y provocando heridas en toda su blanca piel.
Estiró una mano para pedir a esa mujer para él, ahora que podía, se divertiría con ella…
—¡Vegeta, despierta!
El estruendo provocó que saliera volando de la cama, haciendo aparecer una esfera de ki en su mano a modo de guardia. Sin embargo, ya no se encontraba en ese lugar apocalíptico, sino en su enorme habitación frente a la mujer de cabellos celestes que lo miraba con una ceja alzada y esa sonrisa burlona que comenzaba a odiar. Tomó gran parte de su paciencia tranquilizarse lo suficiente para no reducirla a cenizas.
—¿¡Qué haces aquí!? —bramó con voz ronca.
—Buenos días para ti también. Hace rato que te estoy llamando porque el desayuno está listo. Pero estabas teniendo una pesadilla, estás todo sudado.
Vegeta bajó al suelo, dándose cuenta de que lo que ella decía era cierto. Gruñó por lo bajo y se encaminó al baño para darse una ducha.
Escuchó un leve murmullo de la mujer quejándose y decirle que le dejaba el desayuno y ella se iría. Por lo que le importaba.
Se metió en la ducha y dejó que el agua caliente recorriera su cuerpo. Ese sueño había sido tan real… frunció el ceño. Ni siquiera en sus sueños podía someter a esa mujer como se lo merecía.
Pero otra pregunta rondaba su mente.
¿Qué hacía esa mujer en sus sueños?
Eran pesadillas, se recordó.
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Bulma activó una de las cápsulas con el vehículo que siempre utilizaba para ir a la oficina, estaba retrasada y todo por culpa de ese maldito mono.
¿Quién diablos la mandaba a preocuparse por él? Pero claro, su instinto de niña scout no podía dejar a su suerte a ese animal salvaje. Sentía la necesidad de domesticarlo, aunque esa tarea le parecía cada vez más complicada.
Suspiró, esta vez sí que la había asustado. Mantuvo su mano izquierda en el volante mientras acariciaba su cuello con la derecha. Por el espejo retrovisor vio la marca roja de los dedos del saiyayin en su garganta. Su apretón no había sido fuerte, no del todo, ya que sabía perfectamente que Vegeta podría quebrarle el cuello de tan sólo una caricia. Pero esta vez realmente, verdaderamente se había asustado. Sin embargo había actuado
rápidamente antes de que él posara sus ojos en ella, y se había colocado el pañuelo. No es que a él fuera a importarle haberla lastimado, ¿o sí?
Aunque no era la primera vez que lo despertaba de una pesadilla, sí había sido la primera vez que había visto esa sonrisa macabra en su rostro, más que la de costumbre.
Apartó a ese sujeto de su mente mientras pensaba que ya era hora de llamar a sus padres para ver cómo les estaba yendo y… cuándo planeaban regresar.
Presionó unos botones en el mando y esperó unos momentos hasta que del otro lado apareció el rostro siempre sonriente de su madre.
—¡Hija! ¿Cómo estás? ¡Te ves maravillosa como siempre!
Negó con la cabeza, esbozando una sonrisa.
—No tanto como tú, mamá. ¿Cómo la están pasando?
—Todo aquí es precioso, Bulma. ¡Tendrías que verlo! Me trae tantos recuerdos de nuestra luna de miel… ¡Cariño, ven, Bulma está al teléfono!
Unos segundos después su padre apareció al lado de la rubia, su rostro relajado y amable le causó a Bulma un pinchazo en su conciencia por ser egoísta y desear que volvieran pronto.
—Papá, wow, te ves muy guapo.
El señor Bief se sonrojó como siempre que le decía un cumplido y le dedicó una de sus amables y paternales sonrisas.
—Hija, ¿cómo va todo por la compañía?
—Bien, todo perfecto. Estoy cerrando unos tratos con las firmas Umbrella y Meredy Co. Fueron huesos duros de roer, pero en las últimas semanas logré ablandarlos.
Su padre le dedicó una mirada llena de orgullo que le llegó al corazón.
—No esperaba menos de ti. ¿Y cómo van las cosas por la casa? ¿Aún le quedan robots a Vegeta? Antes de irme le dejé una buena cantidad para que no necesitara pedir más.
Le duraron menos de dos días, quiso decirle pero se mordió la lengua. El trabajo de su padre era ejemplar, pero él era una bestia.
—Sí, sí, pero yo también le diseñé unos que puedan resistir su fuerza actual un poco más.
—Hija, dale un saludo al guapo Vegeta de nuestra parte —su madre volvió con un par de cócteles en mano y le entregó uno a su padre—. ¿Hubo avances entre ustedes?
—¡Mamá!
—Bueno, hija, son gente joven y sana, solos en la casa. Esperaba algo de romance…
Con un extraterrestre que amenazaba al menos un centenar de veces por día que la
mataría, sí claro.
—Lo siento, Bulma, tenemos que desembarcar para tomar el transbordo —le dijo su padre, despidiéndose.
—¿Transbordo?
—¡Claro! —replicó su madre—. Estamos en ese crucero del que te hablamos muchas veces, el que hace una vuelta por todo el mundo.
Sudor frío recorrió la columna de Bulma.
—Pero… pero, eso dura ¡seis meses!
—Claro.
La cabeza comenzaba a dolerle.
—Pero la presentación del Proyecto Milenio es en menos de dos meses… pensé que papá estaría aquí para entonces.
Su padre la miró con una sonrisa de disculpa.
—Tengo que hablar contigo más detenidamente sobre ello. Te llamaré en cuanto embarquemos el siguiente crucero. Adiós, hija.
—¡Adiós, bebé! —exclamó su madre para luego cortar la transmisión.
El corazón de la heredera de Capsule Corp dio un vuelco. Gimió por por lo bajo mientras estacionaba en el sitio de la presidencia. ¡No podía creer que su padre le hiciera aquello! Es verdad que habían trabajado juntos en el proyecto, pero era su padre el que llevaba las riendas y no ella. Él era quien ponía su imaginación mientras que ella llevaba a cabo sus ideas. Los buitres de los socios la harían papilla. O lo intentarían.
Con un genio de los mil demonios, se aventuró a bajar de su automóvil con sus zapatos taco aguja resonando fuertemente a su paso. Ahora no sólo tendría que llevar a cabo los nuevos contratos sino que además debería sacar adelante el evento que representaría el futuro completo de la Corporación.
Tenía un gran camino que recorrer. Lo mejor era que se preparara con todo el café que su cuerpo fuera a necesitar.
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Por la noche, el Príncipe de los Saiyayins tomó una ducha antes de ir a la cocina para cenar. Pasaban de las 2 de la madrugada y su estómago se lo hacía notar.
Una arrogante media sonrisa se dibujó en sus duras facciones al recordar los grandes avances de las últimas semanas. La mujer había cumplido su palabra y lo había hecho bien; los últimos robots que había diseñado para él eran, por lejos, los mejores. Eran casi indestructibles, casi, y atacaban mucho más fuerte que los anteriores, superándolos en velocidad y po
Lo único extraño es que apenas se había cruzado con la mujer dos veces en el desayuno. Ni siquiera acudía a su habitación en las noches para curarlo y en su lugar, enviaba a uno de esos tontos robots domésticos que él, obviamente, rechazaba.
No es que le molestara que la terrícola hubiera dejado de estarle atrás, después de todo ¿quién extraña el revoloteo de una mosca? Pero le parecía una total descortesía que una simple insecta como ella no lo atendiera como el digno Príncipe que era.
Dejando esos pensamientos atrás, abrió la nevera esperando ver en ella el banquete que siempre le esperaba por las noches, mas sin embargo, no sólo no encontró su comida, sino que todo estaba casi vacío. Su estómago volvió a sonar con fuerza y la furia de Vegeta no hizo más que encenderse.
—¡Mujer! —subió por las escaleras a toda velocidad, abriendo de par en par la puerta de ella. Pensó que estaría durmiendo, peor la vio concentrada, inclinada hacia unos papeles, mientras hacía trazos sin parar. El hecho de que lo ignorara lo enardeció aún más—. Maldita mujer, ¿¡en donde está la comida!?
Fue entonces que ella reaccionó —¡al fin!—, sacándose las finas gafas para luego frotarse los ojos. Vegeta la observó impaciente, esperando que le diera una explicación y, más que nada, una solución a su problema ya que sus tripas no dejaban de sonar.
—¡Vaya, al parecer viniste con todo el concierto! —dijo ella con acidez, provocando que se pusiera rojo de ira. ¡No podía negarle su comida a un saiyayin!
—Mujer, más te vale que la explicación que vayas a darme sea buena.
Pudo ver que una llama se prendía en esos cansados ojos azules. Al menos tendría el placer de provocarla.
—Pues, verás, no sé qué clase de mujeres conoces, pero Yo soy una muy, muy, extremadamente ocupada mujer de negocios. No alguien que esté a entera disposición de un cretino las 24 horas del día, así que si quieres tu comida, toma, ten —le tendió un fino plástico dorado que él no tomó —, ve y cómprala tú mismo.
Todo su discurso habría tenido un efecto de rabia infinita para el Príncipe si el mismo no hubiese terminado con un gran ruido proveniente de su propio estómago, ella se ruborizó de la vergüenza.
Vegeta la miró alzando una ceja, mientras una irónica sonrisa se dibujaba en sus labios.
—¿Dónde dijiste que está la comida, mujer?
Con una expresión que iba de la ira a la vergüenza, la vio tomar ese aparato que llamaban celular y marcar furiosamente un número, mientras intercambiaba unas cuantas palabras con la persona en el otro lado, pidiendo comida.
Al cortar, ella se puso de pie para acercarse a él y apuntarlo con uno de sus finos dedos en su pecho. Le pareció que le faltaba esa cosa que la humana se ponía para darle color a sus uñas. Sus cuerpos estaban demasiado cerca, tanto que podía sentir el tibio aliento de la mujer en su rostro. Y en ese momento, mientras ella comenzaba a hacerle todos los reclamos que no le había gritado en todos esos días, él se permitió repasarla, notando las oscuras ojeras debajo de sus ojos. Por lo que podía decir de todo el tiempo que había estado en ese lugar, ella nunca había presentado un estado tan desmejorado, pensó a la vez que veía sus vivos y batallantes orbes azules mirarlo con enojo, y a esa terrible boca suya que no dejaba de emitir esos estridentes chillidos que no soportaba. Podía ser que su cuerpo luciera cansado, pero el espíritu vulgar seguía allí, demasiado presente para su gusto.
Para su sorpresa, ya no era tan disgustante escucharla, sino que sentía aquello como un golpe de aire fresco. Frunció el ceño al percatarse de ello, tal vez tantos años con Freezer lo habían vuelto masoquista. Y chiflado, definitivamente chiflado.
Con una de sus grandes manos tomó la de ella y la apartó para darse la vuelta e irse a la cocina a esperar la cena.
Escuchó sus rápidos pasos seguirlo.
—¡Y no vuelvas a entrar de esta manera en mi habitación! —siguió gritando a sus espaldas—. ¡Podría haber estado desnuda o… o… algo peor!
Una profunda risa socarrona salió de su garganta.
—Mujer, no vería en ti nada que no haya visto antes —giró apenas la cabeza para no perderse nada de la expresión ofendida en el rostro de la terrícola —. Pero voy a cuidarme de tener tan desagradable experiencia.
El nuevo grito indignado que ella profirió fue la mejor música que alguna vez escucharon sus oídos.
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Bulma mordisqueó pensativamente una porción de pizza. Frente a ella, la bestia saiyayin devoraba como si no hubiese un mañana.
Suspiró con desgano sabiendo que esa sería una noche más en la que no podría dormir. Tan sólo le quedaba mes y medio para la presentación y, por primera vez en su vida, se sentía bloqueada. Había estado diseñando bocetos y bocetos del nuevo centro tecnológico al que su padre había nombrado el "Proyecto Milenio", ya que se llevaría a cabo en una Isla de más de mil años que la Corporación había adquirido recientemente. Todo tenía que ser perfecto e innovador pero últimamente nada parecía estarle saliendo bien, y, aunque no se rendía en su búsqueda, no podía evitar que hubiera días en los que quería mandar todo al diablo.
Un gran bostezo la asaltó. Tendría que preparar más café para mantener los ojos abiertos. Se levantó a poner en marcha la cafetera para luego sacar un par de latas de bebida energizante del refrigerador. Mientras ella abría el suyo, le tendió uno a Vegeta, quién lo tomó de sus manos sin dejar de engullir. "Gracias", pensó en regañarlo, pero eso significaría gastar más energías en él que ella estaba guardando para su trabajo.
Sacudió sus cabellos tratando de aclarar su mente. El cansancio no la dejaba pensar. Hasta que se le ocurrió una idea. El hombre que tenía frente a ella era un claro ejemplo de viajante intergaláctico, tal vez si ella sonsacaba unas cuantas cosas de distintos planetas, alguna idea podría ocurrirsele…
—Así que… —comenzó tratando de mantener un tono casual—. Has viajado mucho, ¿no?
—Hmp.
—Imagino que has visto muchas cosas sorprendentes…
—Hmp.
—Y habrás conocido infinitas civilizaciones…
—Hmp.
¡Paciencia, Bulma! ¡Paciencia!
—¿Podrías contarme algo de tus viajes? Lo que tú quieras —ante unos interminables minutos de silencio y la obvia forma en la que el hombre la estaba ignorando, Bulma estalló—: ¡Tú, insensible idiota! ¿No puedes ver cuando alguien está tratando de dialogar contigo? No te cuesta nada contestar algunas preguntas, pero no, tú tienes que hacerlo difícil. Como si hablar, sólo hablar con un ser tan inferior como yo fuera a hacerte daño. ¡Por Dios! —se puso de pie, caminando nerviosamente de un lado a otro—. ¿Acaso no puedes ser un poco, sólo una pizca de considerado? Llevo días sin dormir tratando de cazar alguna maldita idea de algo novedoso… ¡lo que sea! Pero mi mente es una gelatina que no puede formar nada sólido más que caricatiras. ¡Tengo mi cuaderno de bocetos lleno de caricaturas! —volvió a sentarse con un largo suspiro—. Tantas que hasta podría publicar un Manga completo… y —una furibunda mirada se posó en el hombre que ahora la observaba con una ceja alzada como si ella fuera algún interesante fenómeno de circo—, una vez que se me ocurre algo pequeño, tú te infiltras a los gritos en mi habitación para ahuyentar las pocas luciérnagas que se apiadaron en iluminarme.
Una vena comenzó a palpitar en la frente del Príncipe por la indigna forma en la que ella le estaba hablando, pero no pudo evitar que una sonrisa maligna se le dibujara en el rostro; la mujer estaba más alterada que de costumbre, y si él lograba controlar su genio lo suficiente, podría sacar provecho sobre la situación. Tomándose su tiempo, se recostó en el respaldo de la silla y abrió la lata de refresco dando un largo sorbo.
—Tengo un trato para ti —le dijo de manera burlona, observando como la mujer apretaba los puños y lo fulminaba con la mirada. Como pensó no pasó desapercibido que utilizó las mismas palabras que ella había usado con él semanas atrás, queriendo, en parte, manipularlo.
—Habla —masculló entre dientes.
—Podrás hacerme tres preguntas.
Hizo una larga pausa para terminar su bebida mientras la veía por encima de la lata. La mujer estaba tan roja de ira que él estaba haciendo grandes esfuerzos por no reír. Lo que le sorprendió un poco. Ya no recordaba cuándo había sido la última vez que algo le había hecho gracia o, directamente, qué cosas podrían divertirlo más que matar. Evidentemente esa mujer lo entretenía. Tal vez, sólo tal vez, cuando acabara con Kakarotto y la humanidad, la conservara como su mascota personal.
—¿Pero? —ella lo encaró impaciente con las manos en sus caderas.
—Tú estarás a mi entera disposición cada vez que lo considere necesario.
—¡¿Qué?! ¡Eso es injusto! ¡No tengo el tiempo suficiente! ¡Y por sólo 3 preguntas! —ella exhaló una gran cantidad de aire y Vegeta casi pudo ver cómo se movían los engranajes de su cerebro. La mujer volvió a sentarse, mirándolo decidida—. Escucha, no puedo estar a tu disposición cuando lo quieras pero sí puedo diseñar para ti los mejores prototipos de entrenamiento. Los últimos fueron muy buenos, y todavía pueden ser mejores —sin decir una palabra, Vegeta la escuchó con interés disfrasado de indiferencia—. Sé que cada día mejoras más, por lo que yo me encargaría de ir ajustando las habilidades de los drones a tu medida. Además —tomó una servilleta y un bolígrafo que tenía en el bolsillo del pantalón—, estuve pensando en diseñar unos trajes muy parecidos a los que vestías —Vegeta miró de reojo el papel donde la mujer había comenzado a hacer unos garabatos—, esos trajes son flexibles y muy resistentes, además de cómodos, supongo. Bueno, yo puedo mejorarlos. Pensaba en hacerlos más ligeros y que permitieran mejor capacidad de destreza y movimiento.
Le mostró con una sonrisa un extraño boceto de su traje, sólo que éste no tenía las hombreras, y la armadura solamente estaba presente en los puntos vitales. Vegeta lo observó unos segundos más sopesando la idea. Estaba donde en un principio quería llegar, y más, porque no había pensado en su traje de batalla. Todo parecía demasiado bueno... Frunció el ceño, nada era bueno cuando todo se mostraba tan ideal. Pero, por el momento, se contentaría.
—Podría decirse que llegamos a un acuerdo. Por ahora —replicó finalmente el Príncipe, dando a entender que no estaría conforme—. Pero para mañana quiero los primeros drones.
Ella hizo un puchero que resultaría ridículo en alguien de su edad, pero extrañamente no en esa mujer.
—Mañana es domingo, quería tomarme el día libre...
Vegeta se levantó.
—Entonces no hay más de qué hablar, mujer.
La joven lo detuvo tomándolo del antebrazo. Él no se apartó pero se veía su incomodidad.
—Está bien, está bien. Lo haré —cedió, impulsándolo a que volviera a sentarse —. Quiero que respondas a mis tres preguntas.
—Hazlas, entonces, mujer.
Parecía que ella quisiera reñirle, sin embargo se lo pensó mejor.
—¿Cuál fue para ti el planeta más notorio que conociste? Obviando a la Tierra, claro está. No vale mentir.
Vegeta pensó que ese planeta no tenía nada de notorio por lo que no necesitaba la aclaración, pero se lo guardó para molestarla en otra ocasión. No se tomó mucho tiempo para pensar y contestó:
—Hace tiempo, con las tropas de Freezer fuimos a un pequeño planeta azul, cuyos habitantes eran una especie de amebas. Eran unos insectos desagradables porque se podían ver sus órganos y conecciones internas; tenían unos extraños y redondos ojos plateados. Se llamaban Eptiones. No fueron difíciles de matar ya que al cortarlos o fulminarlos dejaban de moverse y esos ojos que antes eran plateados, se volvían sólidos y negros —Bulma se removió incómoda con el relato. No quería saber cómo acabaron despiadadamente con la especie, sino qué era lo interesante de ese planeta, pero antes de que pudiera formular su segunda pregunta, el saiyayin continuó perdido en sus recuerdos—: no era exterminarlos la misión, pero eran tan asquerosos que matarlos terminó siendo una diversión para los soldados. Lo que más impactaba era que esos redondos ojos no decían nada. Cuando tomamos una vida, lo mejor es ver los ojos de la víctima. ¿Qué es lo que los insectos reflejarán en su último y patético momento? Miedo, desesperación, súplica, odio... Pero esos seres parecían desconocer todo. Ni siquiera escapaban, sólo esperaban su final, atentos, como evaluando cada movimiento —él hizo una pausa mirándola a los ojos con una irónica sonrisa ante la enojada expresión de la mujer, agregando para provocarla—: Eran una especie inservible que no merecía vivir. Pero en fin, luego de matarlos a todos fuimos a explorar para encontrar lo que habíamos ido a buscar. Según las fuentes de Freezer, en ese planeta había enormes cantidades de cristales poderosos que brindaban una inagotable fuente de energía. Los encontramos en el suelo, por los árboles y en las profundidades de los lagos. Eran grandes piezas plateadas que titilaban con un brillo propio. Estando cerca se podía sentir cómo aumentaba el poder interno. Preparamos todo para irnos y llevarnos lo más posible con nosotros, volveríamos si lo necesitáramos, pero antes de volver a las naves, los cristales se fueron apagando hasta volverse piedras oscuras. Todos los cristales del planeta se apagaron, sumiendo todo en la oscuridad.
—Eso quiere decir...
—Lo que mantenía el poder y al planeta en pie, eran esas criaturas —asintió Vegeta—. Al eliminarlas, anulamos también la vida de ese ecosistema. Ahora mismo, ese planeta no es más que un punto negro en medio del Universo.
Tan oscuro como los ojos sin vida de los Eptiones, pensó ella.
Vegeta se sumió en los recuerdos, aún podía recordar la tortura a la que fue sometido luego de fallar esa misión. Freezer conocía la particularidad de ese planeta, sin embargo les había dicho que podían hacer lo que quisieran; sabiendo perfectamente que la masacre era la primer opción en su lista.
—Tal vez —la suave voz de la humana lo sacó de sus pensamientos —, no era que esos seres no sintieran nada, sino que... Tenían pena. Sabían que no podrían hacer nada para defenderse, así que aceptaron su destino sin arrepentimientos. Aunque, en mi opinión, al estar en desventaja, yo habría luchado de todas formas.
—¿De qué sirve luchar si sabes que no vas a ganar? —fue la irónica pregunta de Vegeta.
Los ojos azules de la mujer lo observaron con intensidad mientras ella se ponía de pie y se dirigía hacia la puerta de la cocina.
—Porque la vida lo merece. Tú también luchaste contra Freezer cuando sabías que no podías ganar, pero la vida te dio otra oportunidad. Por hoy me siento muy cansada, reservaré las preguntas que me quedan para otra ocasión.
Y luego se fue dejándolo sólo con sus cavilaciones.
«Tú también luchaste contra Freezer cuando sabías que no podrías ganar»
Sus palabras se repitieron en su cabeza como un mantra. Ella se había referido a lo que había sucedido en Namekusei. Y la patética verdad detrás de ello, que sólo admitiría para sí mismo, era que él quería morir. Estaba tan cansado de todo que tan sólo quería que se terminara, ya fuera llevándose a Freezer al Infierno, aunque en ello también había fallado miserablemente porque Freezer lo había matado sin siquiera esforzarse. Como a una basura, pensó apretando sus puños, sintiendo la ira resurgir en su interior.
Lo que jamás esperó es que en sus últimos momentos de vida, quisiera seguir viviendo con tantas ganas. En su último aliento lo único que pensó fue en la manera que había desaprovechado su vida.
Y ahora que tenía una nueva oportunidad, así como ella había dicho, no sabía exactamente cómo podría aprovecharla. Su única meta en esos momentos era superar al saiyayin que lo había revivido, justamente por eso. Por haberlo salvado y humillado.
Aplastó la lata que había estado tomando en su puño. Su vida nunca había sido sencilla, y nunca lo sería. No cuando tenía que comportarse como el digno Príncipe de los Saiyayins.
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Su tan ansiado domingo fue todo menos relajante.
A pesar de haberse acostado cerca de las tres y media de la madrugada, su pésimo inquilino la despertó a los gritos exigiéndole el desayuno. ¿Qué diablos hacía despierto tan temprano si se había ido a dormir tan o más tarde que ella?
Como era de suponer, directamente no había nada para poner a los robots domésticos a cocinar, así que tuvo que pedir el desayuno y ponerse a hacer la compra mensual por Internet, cosa que siempre hacía su madre porque sabía que ella odiaba esa tarea.
Para colmo de males, mientras desayunaban para lo único que él le dirigió la palabra fue para decirle: «Te toca cumplir tu parte» y siguió devorando las rosquillas y rollos de canela que había pedido a toneladas. Así que, refunfuñando, se obligó a ponerse a trabajar de lleno en esos drones que había prometido. Por fortuna, sólo tenía que afinar los últimos detalles, ya que los había comenzado para tenerlos de reserva.
Un suspiro escapó de sus labios, pensó que todavía le quedaban dos preguntas, y tendría que idearlas bien. Aunque, repasó con ironía, su narrador se decantaba por relatos de terror y no de arte e infraestructura como ella necesitaba.
Sin embargo, era algo atrapante escucharlo. Intentar descifrar sus sentimientos según la postura que adoptaba o los leves cambios en su expresión; los detalles en los que reparaba eran interesantes, aunque la mayoría fueran sanguinarios. Se descubrió a sí misma preguntándose cómo sería el saiyayin en aquel entonces, cuántos años tendría o si se acordaría tan detalladamente de todos los planetas que había visitado.
La heredera Bief, siempre había sido curiosa por naturaleza, pero justamente ahora el objeto de su interés era un asesino entrenado al que no podía persuadir ni con la mejor de sus sonrisas.
Con una mueca divertida, recordó la primera vez que le había coqueteado. «No vayas a enamorarte de mí», le había dicho con descaro. En esos momentos había pensado que iba a ablandar a ese ser de corazón frío y que podría convertirlo en uno de sus amigos.
Se puso de pie, estirando sus músculos habiendo terminado los robots; Incluso al día de hoy no sabía exactamente dónde estaba parada con Vegeta. Seguía sin saber nada de él más que era en extremo testarudo. Y, aunque a veces lo creía incapaz de hacerles daño, en otras ocasiones comenzaba a dudarlo.
Él era todo un misterio, un enigma sin pistas, sin respuesta. Y, por primera vez en su vida, Bulma odió que siempre se hubiera sentido atraída hacia esas cosas. Científicamente hablando, claro está.
Decidida a distraerse el resto de la tarde, encapsuló los drones. Afuera había un sol precioso que podría darle algo más de color a su blanco cuerpo. Y con esa idea, se apresuró a su habitación.
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Malhumorado, Vegeta abandonó la cámara de gravedad para darle la vuelta a la casa y buscar lo que le había preparado la mujer.
Decirle que él mismo fuera a buscar su parte del trato era una osadía de parte de la inútil terrícola que no estaba dispuesto a soportar. Sobre todo si cuando él iba a replicarle, ella cortaba la transmisión dejándolo con la palabra en la boca. Por millonésima vez.
Iría a decile cuál era su lugar por si se le había olvidado a esa estúpida mujer. No se la dejaría pasar porque...
Sus ojos se abrieron desorbitados cuando se fijaron la mujer a unos metros frente a él. ¿Qué diablos había pasado? Estaba recostada al sol con unos lentes oscuros, al lado de la piscina. Pero lo más impactante de todo es que no tenía puesto nada más que trapos que cubrían poco y nada. Tragó duro recordándose que sólo se trataba de esa vulgar, pero ver tanta piel al descubierto era...
Sacudió la cabeza quitando esas absurdas ideas. Él era un hombre, sí, mas no era ningún Guerrero de poca monta que se tirara a cualquier cosa hembra que tuviera al menos dos agujeros. Aunque la humana no era una cosa... Pero, ¡diablos! El solo hecho de imaginar a la mujer en ese contexto significaba que había sido demasiado tiempo, más tiempo del que un hombre debería soportar, aún siendo un Príncipe. Y sabía perfectamente que si él hubiese querido a esa mujer, ella habría sido suya, pero no se rebajaría a eso cuando aún la necesitaba para que le brindara todos los medios de entrenamiento. Le molestó que su lívido se avivara por tan poca cosa. Él mismo la noche anterior había respondido mordazmente cuando ella le dijo que si entraba a su habitación sin avisar podría verla desnuda. Además no era la primera vez que la veía en trapos, pensó recordando aquél encuentro en su habitación donde la había acorralado medio desnuda contra la pared llevado por la ira de que se hubiera burlado de él.
Obviamente si ella mostraba su cuerpo tan descaradamente no era su culpa. Sin embargo, ¿por qué lo había llamado?
Iba a darse la vuelta para regresar por donde había venido, pero no, ¿por qué se iría? No era ningún impúber. Había visto tetas más grandes y en más cantidades que las de la mujer. ¿Qué iba a intimidarlo? Y por supuesto que no se sentía intimidado, así que para probarselo a sí mismo se acercó a ella rápidamente, poniéndose frente al sol.
—¿Qué le sucedió a tu ropa?
La terrícola levantó una mano para quitarse los lentes y mirarlo con una ceja alzada.
—Viniste muy rápido —comentó pasando por alto su pregunta y sentándose mientras una gota de sudor bajaba de su cuello, haciendo todo el camino entre sus pechos para desaparecer tras la tela. Vegeta tragó saliva imperceptiblemente. Ella le tendió una cápsula—. Aquí los tienes. Parte del trato cumplida —El saiyayin la tomó sin decir una palabra. Iba a irse hasta que ella habló nuevamente—. Quiero hacer mi segunda pregunta.
¿Quién se pensaba que era? Él no iba a estar a su disposición cada vez que se le ocurriera alguna estúpida pregunta. Iba a decírselo, pero toda réplica escapó de su mente cuando vio a la humana darse vuelta en la reposera, clavando sus ojos azules en él mientras se apoyaba con los codos y sus manos en las mejillas.
Había pasado demasiado tiempo, repitió en su mente con el ceño fruncido.
Si no fuera porque era esa mujer, pensaría que lo estaba haciendo apropósito.
—Hazla rápido —masculló, apoyándose contra la pared. Lo mejor sería terminar cuanto antes para que él volviera a entrenar.
—Oye, ¿por qué tan tenso? —ella palmeó una reposera a su lado—. Ven y relájate mientras hablamos. Vegeta la miró con cara de pocos amigos y ella suspiró —. De acuerdo, aquí va: ¿qué fue lo más bello (que no tenga relación con muerte, dolor y sangre) que has visto en algunos de los planetas?
Esa sí que era una buena pregunta. Por la mente de Vegeta pasaron mil momentos, pero ninguno era bello ni memorable. Todos se basaban en batallas y sangre, en muerte y destrucción. Cerró los ojos concentrándose en cualquier cosa que le viniera a la mente hasta que una remota imagen se formó en su memoria.
—Una vez —comenzó tratando de fijar la mirada en cualquier punto que no fuera ella—, en uno de los primeros planetas que Purgué, habían unos animales salvajes que vivían en los acantilados. No recuerdo sus nombres pero eran criaturas enormes, llenas de escamas y aladas. Lanzaban ataques por sus fauces, que cambiaban según el color de su piel. Eran similares a lo que ustedes llaman dragones.
Su relato fue bastante simple, pero la enorme sonrisa en el rostro de la mujer lo descolocó. ¿Qué era tan interesante?
—Wow, ¡dragones! Siempre soñé con ellos. Me encantaban cuando era niña, tanto que le había pedido a mi padre que diseñara uno para mi —su boca hizo un mohín—. Pero papá dijo que sería demasiado peligroso y que me haría un unicornio. A todas las niñas le gustaban los ponys y unicornios, pero yo quería un dragón.
—¿Siempre vas contra la corriente, mujer? —se escuchó decir antes de poder controlarlo. No debería interesarse por las estupideces que ella dijera. Estaba quitándole su preciado tiempo de entrenamiento. En vez de contestarle, ella se puso de pie con una sonrisa burlona y se lanzó a la piscina, salpicándolo a su paso. Una vena se formó en su frente, no era el agua lo que le molestaba, era la obvia intensión de esa humana de molestarlo. Pero ignorarla era la mejor solución, iba a retirarse cuando sintió un ki acercándose a la casa. Lo reconoció —. El mocoso está viniendo.
Ella salió de la piscina, sentándose en el borde. Vegeta intentó no observar todas las pequeñas gotas que corrían por su piel.
—¿Mocoso?
Su respuesta llegó antes de que el Príncipe le contestara. Gohan había descendido en su jardín, acercándose lentamente a ellos para luego hacerle una reverencia.
—Bulma, Señor Vegeta, buenas tardes —saludó con educación mientras un sonrojo aparecía en su rostro al fijarse en ella. Vegeta elevó una ceja—. Lamento venir sin avisar, pero mi madre me mandó.
—No hay problema, Gohan, ven ponte cómodo. ¿Quieres algo de beber?
—No, gracias. Debo irme pronto. Sólo venía a invitarte a nuestra casa. El próximo viernes es el cumpleaños de mi madre y esta vez quiere hacer una fiesta —rascó su cabeza como su padre suele hacerlo cuando está avergonzado—. El señor Vegeta también puede venir, a mi padre le gustaría.
El alulido gruñó al escuchar nombrar a Goku y se fue hacia la cámara de gravedad sin mediar palabra.
Bulma suspiró viendo como se alejaba. Y se volvió hacia el pequeño Gohan, quién se veía más relajado ahora que Vegeta se había alejado.
—Dile a Milk que estaré encantada de ir.
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Y allí estaba ella, casi una semana después en la casa de Goku con todos sus amigos. No pudo evitar sentirse un poco decepcionada al no encontrar a Yamcha. Hacía poco más de un mes se habían despedido y él se había ido de viaje con su equipo. En ese tiempo habían hablado un par de veces e intercambiado unos mensajes, pero nada más. Había esperamos verlo para hablar, aunque a lo mejor era muy pronto para que volviera.
Se sorprendió cuando le pagaron un brazo por los hombros, pero el rostro sonriente de su amigo Goku le provocó devolverle la sonrisa.
—Bulma, ha sido un tiempo. Veo que Vegeta no ha venido contigo.
—Pues, a menos que esté escondido en mi cartera, no lo creo. Además, Milk te mataría si supiera que lo invitaste.
Goku rió.
—Tienes razón —contestó mirándola con una expresión extraña—. Espero que las cosas entre ustedes estén yendo bien...
¿Bien? Bueno, podría decirse. Ahora tan sólo la amenazaba de muerte diez veces al día. Vaya que se estaba ganando el corazón del saiyayin, ¡uff!
Sin querer explayarse, contestó para tranquilidad de su amigo:
—Todo está perfecto.
La sonrisa de Goku se extendió, dejándola extrañada.
—¡No sabes cuánto me alegro, Bulma! Sabía que tú podrías con él. Emm, bueno, ahora si me permites, iré a comer. Nos vemos.
Bulma lo observó alejarse. ¿Sabía quw tú podrías con él? ¿Qué había sido eso? Aunque tratándose de Goku podía significar cualquier cosa. Negó con la cabeza y se encaminó a la mesa donde Milk hablaba animadamente con otra mujer. Eran las únicas mujeres de la fiesta, así que se sentó con ellas. En la mesa había varias botellas vacías y, asumió que era alcohol cuando las escuchó:
—Cuando era adolescente, yo fui la que le propuso a Goku que nos casáramos —decía Milk—. Él siempre era tan inocente o... —largó una tonta risilla—, eso hacía parecer.
—¿Ah, sí? —la otra joven la miró con picardía —, ¿por qué lo dices?
—Goku es insaciable —respondió con soltura, seguramente por los tragos de más. La otra chica que la acompañaba observó al aludido con interés mientras éste engullía grandes cantidades de comida por segundo. Bulma realmente no quería saber de la vida sexual de su amigo así que estaba por alejarse cuando la escuchó—: Siempre creí que era demasiado para tratarse de una persona normal. Seguramente es así porque es un saiyayin. Escuché que son unos salvajes. Además de que yo soy una mujer increíblemente hermosa.
—¿Qué es un saiyayin? —preguntó la mujer.
—No lo sé —replicó Milk—. Sólo sé que es uno.
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Bulma llegó a su casa pasadas las 3 de la madrugada. Había pensado en ir, saludar y regresar, pero nunca pensó que terminaría soltándose y pasándola tan bien con esa "charla de chicas". Ciertamente era incómodo escuchar las experiencias sexuales de su amigo, pero luego de unos cuantos tragos encima, todo quedaba en el olvido. Incluso ella contó sobre la vez en la que Yamcha, al ser ambos virgenes y estar tan nerviosos, no podía hallar... Bueno, no podía encontrar dónde colocar lo suyo. Esperaba que Milk no lo recordara más adelante, porque si se lo llegara a contar a alguien sería muy vergonzoso para Yamcha.
Sacó agua del refrigerador y se sentó unos minutos en la cocina para limpiar un poco su cuerpo del alcohol. Hacía mucho no lo pasaba tan bien. Sonrió para sus adentros, embriagar a Milk era muy divertido.
«Seguramente es así porque es un saiyayin »
Las palabras de la morena volvieron a su mente como un rayo. ¿Vegeta también sería igual? ¿Tan sexualmente activo?
¡Vegeta! Bulma se atragantó con el sorbo de agua que estaba tomando. ¿Por qué tenía que relacionar aquello con Vegeta? Que él fuera el segundo saiyayin vivo en todo el Universo no quería decir que fuera un buen amante. Además, ¿a ella qué demonios le importaba? Todas las tonterías que estaba pensando eran producto de la bebida, seguro.
Pero su maldita curiosidad había despertado. No se imaginaba a Vegeta como un hombre que se dignara a dar placer, lo veía más bien como que lo tomaría sin mirar atrás. Aunque eso, de por sí, en el conjunto se veía exitante...
¡Basta!, se dijo mentalmente.
Él no había salido de la casa desde que lo había invitado, y ya hacía casi un año de ello. Por lo que asumía que su apetito sexual sería nulo. Tal vez lo que había dicho Milk no se aplicaba a los Saiyayins. Aunque insaciable en el plano sexual no se relacionaba para nada con la imagen que tenía de su amigo Goku. Sí insaciable de comida, pero de nada más. De hecho, cuando lo había visto con un hijo hasta pensó que seguramente Milk lo habría violado...
De por sí, le parecía bastante absurdo lo que la mujer había dicho. ¿Qué tenía que ver el hecho de que fueran Saiyayins con que fueran insaciables o no?
Y Vegeta... Él daba esa imagen de tipo duro que, sí, a lo mejor gustaba a las chicas porque era guapo —muy guapo— y tenía un imponente cuerpo, pero una vez que lo conocías, cualquier fantasía se iba al traste. Era tan hosco, bruto y grosero que no podía agradar a nadie. Aunque bien, no se necesita que la persona te agrade si solo buscas sexo.
—A quién le interesa la vida sexual de ese mono —refunfuñó recostando la cabeza en la mesa. Sentía su rostro acalorado. Todo su cuerpo estaba caliente y lo atribuyó a la bebida y la noche veraniega.
Si ya estaba pensando en el gran Príncipe de los Saiyayins cuando se sentía cachonda, significaba que necesitaba desesperadamente unas citas y, tal vez, algún morreo pasajero.
Sí, eso era lo que necesitaba.
Más que desesperadamente, pensó cuando imágenes de Vegeta sudando luego de su arduo entrenamiento vinieron a su mente.
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Buenas!
Mil gracias por los comentarios y la aceptación de mis opiniones en cuanto a la relación de Bulma y Yamcha. Si hay algo que recuerdo con cariño es a ellos dos juntos y, como dije antes, hubo mucho amor entre ambos. Que las cosas de la vida hubieran enfriado la pasión o desgastado ese amor es una cosa, pero el cariño nunca se va. No digo que Yamcha no haya sido infiel, tal vez sí lo fue porque, vamos, un chico que en principio era tímido con las chicas, quien tuvo una sola novia que, además, seguramente fue la primera en su cama; de pronto pasa a ser una gran celebridad con montones de chicas lanzándose a sus brazos... Creo que para cualquier hombre eso sería una gran tentación, aún cuando no justifique la infidelidad, tampoco lo culpo. Además Bulma siempre fue una chica alocada que le gusta coquetear. De ella sí no dudo que haya sido completamente fiel, pero que habrá coqueteado cuando Yamcha volteaba el rostro, tampoco lo dudo.
En fin, en este capítulo vemos un acercamiento. Leve, pero acercamiento al fin. Por ahora vamos entrando apenas por los ojos, comenzando a prenderse esa llama. Ambos están muy metidos en sus cosas como para fijarse en el otro. Por el momento vemos a una Bulma tapada de trabajo por la ausencia de su padre (quien se encarga siempre de todo lo diplomático) y tratando de que le caiga alguna buena idea del cielo para no perjudicar a la compañía y a su orgullo. (En esto sí que voy a tener que romperme los sesos, no queremos que Bulma quede mal).
Como verán utilizo el tiempo indiscriminadamente. Dejo que pasen semanas e incluso meses sin comentar qué pasó entre ellos, pero todo tiene un por qué. Desde que comencé a leer más de esta pareja y a repasar una y otra vez los vídeos de Youtube de compilados en donde aparecen ellos dos (sí, cuando le lanzo el ojo en algo me pongo pesada), me di cuenta de que si no hubiera un desencadenante, todo quedaría en la nada. También noté que era Bulma la primera en tomarle interes y lo seguía, más que nada para molestarlo. Esa Bulma es la que quiero, pero también quiero demostrar la faceta del otro lado de su vida. Ya sabemos que es una multimillonaria excéntrica y una genio, pero también es el motor de la compañía, y que junto con todo lo que ello conlleva tiene una vida amorosa que generar. Me molesta un poco que sus encuentros siempre sean en los mismos lugares, pero no es algo que pueda cambiar... Aún. Vamos a ver qué nos trae el futuro.
En fin, nuevamente gracias por el apoyo y espero que esto haya contribuido a serles un poco de entretenimiento en su día.
Saludos!
S.M.B.
