Capítulo 3. El mejor día de Arthur.

Molly había servido té, mientras Ginny repartía panecillos, todos estaban congregados en el salón mientras Arthur seguía contando sus vivencias.

-Después de aquel día-Arthur dio un sorbo a su té- Su madre y yo teníamos una relación más que cordial, un poco más que amigos, cada salida de Hogsmeade quedábamos, ya sea nosotros solos o con nuestros amigos, aunque ellos desaparecían en el transcurso del día, supongo que tenían intenciones de que la situación se prestara para algo más, pero con lo penoso que era yo y cohibido, pues no había mucho progreso de mi parte.

-Después que terminó nuestro cuarto año, mantuve comunicación con su madre vía lechuza. Nos escribíamos 2 veces a la semana, inclusive llegamos a escribirnos 4 veces a la semana, sólo preguntando cómo estábamos, para mí, se volvió indispensable tener noticias de ella, pues aunque no me di cuenta de en qué momento Molly pasó a tener un lugar en mi corazón, era un alivio saber que ella se encontraba bien. Pero todo cambio tan sólo un par de días de haber entrado a Agosto.

-Habíamos quedado la última semana de vacaciones ir al callejón Diagon a comprar todo lo indispensable para nuestro nuevo curso, la última lechuza que me envió fue el 1 de Agosto, en ella decía que estaba de acuerdo, que ella avisaría cuándo y dónde nos veríamos. Pasaron dos días y le envié una lechuza esperando que ella estuviera bien, pero a la noche que llego Errol venía con la patita vacía, me preocupe y envié otra carta. No tuve noticias de ella hasta la segunda semana de Agosto, cuando recibí una lechuza que decía: "si puedes, ven a mi casa esta tarde, por favor, te necesito", al leer esas palabras, mi corazón se encogió de tristeza y preocupación, pensando que algo le pudo haber ocurrido.

-¡Papá!- baje de inmediato al salón y grite cuando apenas puse un pie.
-¿Qué pasa hijo?- preguntó mi padre preocupado al ver mi cara.
-Recibí una carta de una amiga del colegio- dije atropelladamente- ella no se encuentra bien, y me preguntaba si me podrías llevar a su casa- le mire suplicante.

El frunció un poco el ceño, pero al ver mi cara me dijo- Esta bien, sólo ve a arreglarte y enseguida te llevó a su casa- corrí a mi habitación de nuevo y tome las prendas menos viejas que tenía, baje como subí, y vi a mi papá preparado en el salón.

-Cuídate Arthur- dijo mi madre abrazándome- manda una lechuza para que tu padre vaya por ti, pero no salgas de su casa, los tiempos no son buenos para estar en la calle.
-Si mamá- le dediqué una sonrisa nerviosa y después en un ¡puack! Desaparecimos mi papá y yo.

-Reaparecimos enfrente de una casa pequeña, de dos plantas, con fachada agradable y cálida. Mi padre me tomo de la mano y nos dirigimos a la entrada, toco tres veces y después apareció un mago de altura media, cabello rojizo y una cara igual de pálida que la de Molly, sus ojos marrones estaban rojos, hinchados tal vez de tanto llorar, portaba una túnica de color negro y con una sonrisa forzada nos dijo amablemente.

-Hola, ¿Tú debes ser el amigo de Molly?- yo asentí- bien pasen.
-No se preocupe, yo sólo traje a mi hijo, pasaré por el más tarde- dijo mi papá.
-Oh, bueno, está bien, pasa hijo- me despedí de mi padre y después entre a la casa.
-Soy Ferman Prewett- me dijo estrechando mi mano.
-Mucho gusto, yo soy Arthur Weasley- dije con una sonrisa. Él correspondió mi gesto aunque un poco forzado, me condujo a una sala de estar donde estaban los hermanos de Molly sentados, esperando a ver quién había tocado la puerta. Al verme parado allí se levantaron y me saludaron cortésmente.

-Molly está en su habitación- dijo Gideon a su padre- la llamaré…
-No, no la molestes- dijo su padre sorprendiendo a los gemelos- es mejor que Arthur vaya a su habitación, si ella quiere estar allí es porque se siente más cómoda- Me dio un pequeño empujón animándome a subir las escaleras y me dijo- su habitación es la primer puerta a la izquierda, les prepararé algo para que platiquen más a gusto.

-Camine por la sala, que solo estaba decorada por 2 sofás grandes y un sillón, dos libreros pegados a las paredes y encima de la chimenea un cuadro con, lo que supuse toda la familia de Molly, tanto su padre como sus hermanos sonreían y Molly, era cargada por su madre. Seguí las indicaciones del señor Prewett y toque la primera puerta a la izquierda. Escuche algunos gemidos del otro lado de la puerta y me preocupe, tardo un poco, pero al final la puerta se abrió un poco, no podía ver nada pero dije al instante.

-Molly soy yo, Arthur- la puerta se abrió más y la vi, no como la recordaba, sus ojos marrones estaban tan rojos e hinchados que apenas se podían apreciar, tenía unas espantosas ojeras negras, que resaltaban gracias a su más pálido rostro, llevaba puesto un vestido negro y estaba toda despeinada, pensé que la había despertado.
-Molly, ¿qué ocurrió?- dije preocupado, ella sólo se hizo a un lado y me hizo un ademan para pasar. Entre a su habitación, la cama estaba desordenada, y en su buró estaban todos sus libros esparcidos, el cesto de basura estaba completamente lleno. Cerró la puerta y después quedamos frente a frente.

-Molly, por favor, dime, ¿qué sucede?- Ella sólo me abrazo y comenzó a llorar, pase un brazo, para atraerla más a mí y le dije al oído- Molly, cuentas conmigo, aquí estaré el tiempo que necesites.- Estuvimos mucho tiempo abrazados, incluso después de que dejo de llorar, puse mi mentón sobre su cabeza y me llegó un aroma de fresas de su cabello y me embriague completamente, se veía tan frágil en ese instante y sólo pude abrazarla lo más fuerte sin lastimarla, hasta que me hizo movimientos para deshacer el abrazo.

-Arthur, mi mamá murió hace una semana- me soltó de golpe- Fue a visitar a mamá Muriel y- las lágrimas regresaron a sus ojos- unos magos malvados la asesinaron- no pudo más y volvió a estallar en lágrimas. De una zancada corte la distancia entre nosotros y la lleve a su cama, donde nos sentamos y la abrace.

-Molly- dije en un susurro- De verdad lo siento, no tenía idea de lo que paso, de verdad lo siento.
-Yo no quiero estar aquí, quiero estar con mi mami- dijo entre hipos y lloró más fuerte.
-Molly, por favor, no digas eso- sentí mi corazón romperse al oírla decir eso- Ella no quería esto para ti, tu eres lo que fue tu madre, una persona alegre y feliz, dónde quiera que este, no le gustaría verte en ese estado, ella te quería, y mucho, y tú debes ser fuerte, salir adelante, por ti, por tus hermanos y padre, por ella, Molly- su llanto cesó, pero el abrazo no se rompió, seguimos así un buen tiempo, de vez en cuando, sin estar seguro si era bueno, daba pequeños besos en su cabello, para tranquilizarla, y parece que tuvo el efecto deseado.

-Arthur, yo sabía- dijo después de mucho rato- yo sabía que si tu venias iba a estar mejor- se tallo los ojos a causa del picor del llanto y me miro con una pequeña sonrisa, yo sabía que si tu venias podría estar mejor.
-¿De verdad?- dije sorprendido- ¿Por qué pensaste eso?
-Fue fácil- me dijo- Siempre que estoy contigo, me siento feliz- lo consiguió, a pesar de todo me puse rojo hasta las orejas.
-A mí también me gusta estar contigo, y quiero que sepas que hoy más que nunca estaré para ti.- tome sus manos entre las mías- no quiero que sufras Molly, y si puedo evitarlo, lo haré. - Ella se puso un poco roja, pero me dedico una sonrisa, no sólo con sus labios, sino también con sus ojos, con esos ojos que ahora eran mi luz, mi sol particular.
-Gracias Arthur- ella me abrazo y no supe en qué momento nos recostamos en su cama, ambos nos quedamos dormidos abrazados, después de tanto llorar, no hay nada como una pequeña siesta.

-No nos dimos cuenta de que había anochecido, hasta que sentí que me movían por el brazo, abrí un ojo y vi la cabeza pelirroja de mi padre, después de un segundo entendí dónde estaba, cómo estaba y sobre todo con quién estaba, me levante de golpe moviendo bruscamente a Molly que también reaccionó de la misma forma, y ambos nos deshicimos en disculpas que acallaron nuestros padres.

-Arthur tranquilo- dijo mi padre- sé que no hiciste nada, cuando vi que era tarde y no enviabas ninguna lechuza, me presente de nuevo ante el portón de la casa, y el señor Prewett me dijo que estabas dormido con Molly.
-Todo el tiempo Fabián y Gideon estuvieron detrás de la puerta, así que estamos seguros que no hicieron nada malo- dijo el señor Prewett con una sonrisa más franca- supe que tu compañía le hacía bien a mi hija, porque toda la semana ha estado llorando, así que debo agradecerte.

-Después de despedirme, mi papá y yo regresamos a la casa, donde mi madre nos esperaba en el salón preocupada, cuando aparecimos, me abrazo muy fuerte y me lleno de besos la cara. Después, durante la cena conté a mis padres lo que le había sucedido a la mamá de Molly.

-Los ataques se hacen cada vez más fuertes- dijo mi papá serio.
-Tenemos que tener mucho cuidado cada vez que salimos- dijo mi madre- no sabemos si regresaremos o despertaremos el día de mañana- después de ello comimos en silencio y acabando yo me marche a mi habitación, donde escribí una carta a Molly deseándole una bonita noche y diciéndole que contaba siempre conmigo.

-Vaya mamá, no sabía eso de ti- dijo Ginny con una lágrima en la mejilla.
-Oh, cariño-dijo con aire triste- jamás conté esto, porque ustedes aún eran muy pequeños y con una guerra tocando a la puerta, tenía que estar fuerte para ustedes.
-Si- confirmo Arthur- siempre quisimos que ustedes crecieran lejos de todo ese dolor, sabíamos que algún día debían de saberlo, pero en ese momento, eran muy pequeños, y no sabíamos cómo explicarle a unos niños lo que era el dolor por la pérdida de un ser querido.
-Pasemos a cosas más alegres- Dijo Fred, viendo que la conversación se dirigía hacia otro lado menos amigable.- cuéntanos cómo terminaron juntos- su padre asintió y siguió hablando.

-A partir de ese momento Molly y yo no s hicimos más cercanos, cuando entramos al colegio, siempre estábamos juntos, sus amigas también le daban ánimos por lo sucedido, y casi ya no la veía triste, a parte que apenas teníamos tiempo para sentir, ya que era el año de los T.I.M.O.'s y teníamos montones de deberes por hacer. Un día, habiendo entrado invierno la amiga de Molly Elena me llamo durante la comida.

-Arthur- me dijo sentándose a mi lado- después de clases tendrás un poco de tiempo
-Mmmm, si, ¿ocurre algo?- dije un poco preocupado, pues las desapariciones de magos eran más notorias.
-Oh, no hay de qué preocuparse- me dijo con una sonrisa al ver mi rostro- sólo necesito intercambiar unas palabras contigo.
-Está bien, ¿a las 8 en la sala común te parece?- la chica asintió y después se fue unos lugares más allá, donde estaban sus amigas.

-Llego la hora acordada y estaba esperando a Elena en un rincón lejos del ruido de los estudiantes. Unos minutos después de la hora llego Elena con su bolso lleno de libros.

-Perdón- se excusó- tenía unos deberes que hacer- dijo sentándose en el sillón de un lado.
-No te preocupes- dije restando importancia- dime, ¿Qué ocurre?- dije directo al grano, pues mi curiosidad me comía el cerebro.
-Arthur, es sobre Molly- me dijo en un susurro, temiendo que alguien escuchara.
-Le sucede algo- dije espantado.
-No ella está bien, pero- se quedó pensando un momento- bueno, ella quiere salir contigo.
-¿Salir?- pregunté desconcertado- pero si siempre salimos juntos, a Hogsmeade, tú lo has visto.
-No, tonto, no me refiero a "ese" salir- dijo esbozando una sonrisa- me refiero a que- y se juntó más a mi- Molly quiere ser tu novia- Abrí mucho los ojos, yo tenía muy claro ya para ese entonces que mis sentimientos hacia Molly habían cambiado, yo quería mucho a Molly, y quería hacerla feliz, pero ella, yo pensaba que ella sólo me quería como amigo, pero aun así, las palabras de Elena se habían quedado en mi cabeza.

-¿Lo dices enserio?- pregunte perplejo.
-Claro, sólo que ella tiene miedo, que tu pienses que sólo sea pasajero, ha estado enamorada de ti desde hace mucho tiempo, incluso antes que te invitara a salir- me sorprendí mucho, había pasado más del año desde nuestra primera cita.
-Bueno, pues- dije nervioso- yo… yo la quiero, pero, no sé cómo pedírselo.
- Mira, el siguiente sábado es la última salida a Hogsmeade, tal vez sería el momento indicado- dijo guiñándome un ojo- Dan y yo lo arreglaremos todo, para que ustedes se vayan de tortolos.
-Está bien- dije con miedo.

-Paso rápido la semana y yo estaba esperando a Molly en la entrada del reloj, había planeado llevarla al parque que habíamos descubierto en nuestra primera cita, allí le confesaría todo lo que sentía, ¡Merlín poderoso!, si no salía corriendo en ese instante debía ser condecorado con la medalla al valor, ya que en ese momento me estaba armando con todo el valor por el que había sido colocado en Gryffindor, entre mis desvaríes Molly llego más guapa que nunca. Tenía un gorro morado que hacia juego con su bufanda, un abrigo azul y unas botas para la nieve. Su cabello suelto y peinado hacía que su cara se viera hermosa, ¿qué estoy diciendo? ¡Ella es hermosa!, bien Arthur estas perdidamente enamorado de esta chica, pensé.

-Hola- dijo dedicándome una sonrisa.
-Hola- le ofrecí mi brazo y nos fuimos caminando.
-¿A dónde iremos?- pregunto- "Bien Arthur- pensé- primero a las tres escobas, aún te falta armarte un poco más de valor"
-A las tres escobas, ¿te parece bien?- ella asintió, y fuimos caminando mientras me platicaba de su clase de Runas.

-Entramos a las tres escobas y seguimos nuestra charla amena, después de tomar unas cuantas jarras, salimos hacia el parque, pero una ventisca callo sobre Hogsmeade, así que tuvimos que refugiarnos en el pórtico de una casa, cada vez se hacía más intensa y Molly tiritaba.

-Toma- le dije extendiéndole mi chamarra- te protegerá.
-Pero, ¿Y tú?- dijo preocupada.
-Yo estaré bien- pase por sus hombros mi chamarra y la abrigue un poco más, después la abrace al notar que no dejaba de tiritar.
-Debemos regresar al Castillo- dije.
-¿Pero cómo?
-Mmm, esperaremos a que se suavice y nos marcharemos a la primera oportunidad.- Esperamos un tiempo y ella se sentó en un escalón, acto seguido la imite para quedar junto a ella.
-Vaya- me dijo- siempre tú me estas salvando de todo, últimamente.
-¿sí?- pregunte un poco desconcertado.
-Sí, siempre estas cuando más te necesito.
-Es porque te quiero- dije sin pensar, y enseguida enrojecí hasta más no poder- perdón, no quise incomodarte, yo….¿Por qué siempre pasa esto?
-¿De verdad me quieres?- dijo Molly haciendo caso omiso a mi nerviosismo.
-Yo…- ya estaba perdido era ahora o nunca- yo Molly- clave mi vista en mis pies- yo te quiero- mi sonrojo estaba a punto de volverse morado- yo te quiero mucho, y …
-¿Y?- me animo a continuar.
-Y… quería pedirte, que- trague grueso- ¿querías ser mi novia?, sé que no tengo mucho que ofrecerte pero…- Ella no me dejo terminar, sólo sentí sus manos sobre mi cara y me planto un beso, me sorprendí tanto por su reacción, aunque después temí, jamás había besado a nadie, y tenía miedo de estropearlo, así que sólo moví mis labios al compás de los suyos. Pareció haber durado una eternidad ese beso. Cuando nos separamos, ella me dedico una hermosa sonrisa y me dijo.

-Arthur Weasley, claro que acepto ser tu novia.
-WOW, ¿De verdad?- pregunté impresionado y ella asintió con la cabeza. La abrace y la volví a besar, un poco brusco porque mi diente choco con su diente, después me tranquilice un poco y me separe de ella. Cuando nos dimos cuenta la ventisca había parado. Me levante y le ofrecí mi mano, después nos fuimos caminando al castillo, y yo pase un brazo por su hombro para tenerla más cerca de mí. En definitiva fue el día más feliz de mi vida.

-Papá- dijo Charlie serio- eres un bruto.
-¿Qué?, pero si eso fue tan romántico- dijo Ginny, con lágrimas en los ojos.
-Es un bruto, mira que no darse cuenta que mamá estaba muerta por él.
-Bueno Charlie- interrumpió la señora Weasley- Al final, eso fue lo que me atrajo de su padre, su descuido, su timidez, su inocencia, esa personalidad tan peculiar me atrapo, además de la pureza de sus sentimientos.
-Pero papá, ¿No crees que eres un poco negado?- Dijo George.
-Si, a veces lo pienso- dijo Arthur con franqueza- y después me doy cuenta, que más ciego no podía estar en ese momento, aunque me sacasen los ojos.
-Yo tengo curiosidad de algo- Dijo Bill, con una mano en el mentón- La vez que fuimos mamá y yo al Hogwarts a ver a Harry, mamá dijo que la señora gorda le había dado una reprimenda inolvidable, por salir a horas inapropiadas, ¿qué diablos andaban haciendo?
-Bueno Bill- dijo Arthur avergonzado- las locuras que puede hacer uno de adolecente.
-Cuéntanos papá- dijeron los gemelos.
-Está bien, pero primero, vamos a estirar las piernas al jardín, de verdad me estoy entumiendo.

Todos salieron al jardín, donde se organizó una pequeña partida de Quidditch, mientras Arthur y Molly caminaban un momento.