¡Hola!
Ahora que por fin ya terminé el otro fic definitivamente, les dejaré la conti de este.
Muchas gracias por todos los reviews que me han dejado, se los agradezco mucho porque eso significa que les gusta esta historia y eso me anima a seguir ^^
Sin más, les dejo el capítulo 2.
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Capítulo 2: Una solución desesperada
Un mes había pasado ya, un maldito y fatídico mes completo y Gaara aún seguía sin encontrar a una estúpida esposa. A él jamás le había costado encontrar mujeres con las cuales tener aventuras de una noche o algo más que eso, pero eran sólo eso: simples aventuras, no era lo mismo que buscar una esposa.
Aunque estaba seguro de que cualquier chica habría aceptado casarse con él sin mayores complicaciones, él era muy exigente y sabía que jamás podría soportar a una mujer demasiado escandalosa, o que quisiese estar encima de él todo el día preguntándole cosas, o peor, haciéndole escenas de celos.
Odiaría a una mujer que lo estuviese llamando todos los días y a cada rato, que le hiciese berrinches y que pidiera fidelidad. Detestaba la fidelidad, jamás le sería fiel a una mujer y nunca se enamoraría de una tampoco. Que idiotez.
—Mierda, me voy a quedar sin un peso por culpa de esa maldita cláusula – Masculló mientras apretaba los puños, tratando de contener la ira que lo embargaba. En estos momentos estaba odiando a su padre y no tenía miedo de decirlo, porque era demasiado orgulloso para aceptar que había perdido con él, que su padre muerto le había vencido.
Unos golpes a la puerta de su oficina le distrajeron de sus pensamientos y con fastidio le dijo a esa persona que pasase. Y allí, en el marco de la puerta, su hermano mayor lo miraba con una expresión de burla en su rostro.
—¿Por qué demonios pones esa cara? – Inquirió el pelirrojo molesto -. Ya sé que últimamente soy tu burla, pero no es mi maldita culpa el no encontrar una esposa.
—Claro que es tu culpa hermano – Le dijo Kankuro mientras se sentaba en el sillón de terciopelo de la oficina -. Eres demasiado exigente con las chicas, si no es que hablan mucho, es que son muy celosas, o no saben hacer nada ¿Qué demonios quieres? ¿Una esclava?
—No estaría mal – Respondió Gaara con una media sonrisa, mientras se apoyaba sobre su escritorio -. Pero no, sólo quiero a alguien que no me estorbe.
—Lo que pasa es que tú quieres seguir siendo un vividor aún después de casarte, pero las cosas no son así Gaara, si te casas debes ser un hombre responsable, date cuenta de que no puedes seguir así toda tu vida – Dijo el castaño mientras observaba a su hermano menor, quien se cruzó de brazos con el ceño fruncido.
—Suenas igual a papá – Bufó Gaara. Kankuro suspiró.
—¿Será porque soy su hijo? Y en todo caso, te habla la voz de la experiencia, yo soy completamente feliz en mi matrimonio, Temari también lo es, realmente no sé a que le tienes miedo.
—Al maldito compromiso – Escupió el pelirrojo descruzando sus brazos y moviéndose de su lugar, sentándose en su silla.
—Gaara, ya deja de maldecir – Lo regañó su hermano.
—Déjame en paz ¿Por qué no te largas?
—Que mal, y yo que pensaba ayudarte a encontrar una esposa – Sonrió Kankuro con sorna, al tiempo que se ponía de pie y se dirigía a la puerta, pero ciertamente sus palabras captaron la atención del pelirrojo, quien enseguida se levantó.
—Espera Kankuro – Pidió Gaara, un poco más calmado -. Háblame más sobre eso ¿Qué tienes en mente?
—Que bueno que lo preguntas – Respondió el castaño sonriente.
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Matsuri estaba en un restaurante sentada junto a su amiga Hinata. Ambas estaban comiendo helado de chocolate en una copa y se veían muy animadas.
—¿Y como vas con Naruto-san? – Preguntó la castaña, haciendo que su amiga se sonrojara y mirara a un costado, mientras jugaba con sus dedos.
—Bueno… todo ha estado normal, igual que siempre – Respondió la ojiperla avergonzada, pero enseguida recordó algo que podría causar el mismo efecto en su amiga -. ¿Y que hay de Gaara-san?
—¿G-Gaara? – Repitió Matsuri sonrojándose. Ellos no habían pasado demasiado tiempo juntos éste último mes, ya que Gaara había tenido innumerables citas con chicas de toda clase y por suerte ninguna lo había convencido. Pero Matsuri tenía miedo de que más temprano que tarde, él encontrara a la mujer perfecta para ser su esposa.
Matsuri no quería ser egoísta y tampoco quería que Gaara se quedara sin su herencia, porque no quería verlo sufrir, pero ella lo amaba, lo amaba más que a nada y no deseaba verlo casado con otra mujer y al mismo tiempo tenía demasiado miedo de confesarle su amor, porque sabía que él no le correspondía.
Era sólo cuestión de tiempo el perderlo, o le decía que lo amaba y perdía su amistad para siempre, o se quedaba callada para verlo casarse con otra. Con cualquiera de las dos opciones tenía las de perder y prefería tenerlo como amigo a no tenerlo en su vida.
Hinata se dio cuenta que la expresión en el rostro de su amiga había cambiado, de pronto se veía triste. Se sintió algo culpable, al parecer había sido por lo que dijo. Ella ya estaba enterada de la actual situación del pelirrojo y sabía lo mucho que le dolía a Matsuri, pero ella estaba segura de que él también sentía algo por su amiga.
—Lo siento Matsuri-chan – Se disculpó la chica bajando la mirada -. No debí sacar ese tema, sé muy bien que te hace daño.
—No, sé que no era tu intención hacerme sentir mal, así que no te preocupes – Le dijo Matsuri con una sonrisa fingida -. Además con él… las cosas siguen igual, sigue buscando una esposa, y yo sigo sin atreverme a decirle que lo amo.
—Te diría que se lo digas de una vez, pero yo soy igual que tú, aunque tu caso es peor. Tal vez sí debas decirle, si no lo haces se casará con otra – Hinata trató de convencerla, pensaba que si ella se declaraba a Gaara quizá él también se daría cuenta de lo que sentía y le correspondería.
—No sé que hacer Hinata-chan, realmente no lo sé… - Dijo la castaña en un triste tono, al tiempo que bajaba su mirada al suelo. Se sentía realmente confundida.
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Gaara se encontraba en un restaurante, sentado junto a su hermano. Lo miraba con cierta expresión de enfado en su rostro ¿Cómo demonios se le podía ocurrir una locura de ese tipo? Definitivamente Kankuro se había vuelto loco, Gaara jamás podría hacer algo así, nunca.
—¿Y bien Gaara? – Preguntó el castaño al tiempo que se llevaba un trozo de carne a la boca y miraba de reojo la expresión en el rostro de su hermano.
—¿Estás mal de la cabeza, Kankuro? – Cuestionó el pelirrojo mientras veía a su hermano mayor con una ceja en alto. En verdad estaba dudando de la integridad mental de Kankuro ¿Y es que a quien se le podía ocurrir algo así?
—¿Por qué? ¿Acaso dudas que ella quiera ayudarte?
—Matsuri es mi mejor amiga, no podría pedirle que se case conmigo y que finjamos un matrimonio feliz – Dijo Gaara bajando la mirada -. Yo no puedo hacerle eso, sería un favor demasiado grande.
—Vamos Gaara, acéptalo, la única mujer en el mundo que tú soportas es Matsuri, además acabas de decirlo, sería una boda fingida, sólo seis meses.
El pelirrojo se quedó mirando a Kankuro. Ciertamente él tenía razón, la única mujer que él soportaba era Matsuri, pero eso era porque eran amigos y nunca se le había pasado por la cabeza acostarse con ella como con las otras, ni mucho menos casarse con ella. Pero sabía que no era una mala idea, una locura sí, pero no mala idea.
—De todos modos, no es que Matsuri vaya a aceptar gustosa casarse conmigo – Dijo Gaara con un tono sarcástico -. Al igual que ella para mí, yo soy su amigo, no me vería como algo más.
—"Que ciego estás Gaara" – Pensó Kankuro irónicamente -. ¿Por qué no le preguntas? No pierdes nada con intentarlo y no encontrarás a alguien mejor en sólo un mes.
—Tsk – Gaara chasqueó sus dientes -. No lo sé… no sé si Matsuri acepte algo así.
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Temari estaba bajando de su auto en el estacionamiento de la empresa. Acababa de volver de almorzar y aún le quedaba trabajo pendiente, así que se estaba dando prisa en subir a su piso.
Abordó el ascensor y notó que al mismo tiempo subía una de sus trabajadoras, la cual le hizo un respetuoso gesto de saludo. Temari le correspondió y mientras subían, le miró de reojo. Aquella mujer estaba embarazada y eso le daba cierta envidia, ya que ella también tenía muchos deseos de ser madre.
—"Cuanto quiero un bebé, pero Shikamaru…" – Pensó algo afligida, ya que varias veces había tenido esa conversación con su esposo, pero él siempre se negaba a que tuvieran un hijo, diciéndole que no estaba preparado para ser padre.
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Matsuri había acabado de almorzar y ahora iba rumbo a la empresa, después de despedirse de Hinata. Había decidido irse caminando, ya que quería ejercitar un poco las piernas.
Mientras caminaba, recordaba una conversación con Kankuro algunos días atrás, la cual la tenía un poco inquieta.
Matsuri y Kankuro estaban charlando en la sala de la casa de él, ya que ella había ido a visitar a Sari, pero en este momento ella se encontraba bañando a Miki.
—¿Y entonces que piensas hacer?
—¿Respecto a qué? – Preguntó Matsuri algo confundida.
—Sabes de que hablo, sobre la boda de Gaara – Respondió Kankuro, observando como su amiga bajaba la mirada -. Sé perfectamente lo que sientes por él.
—¿Qué? – Exclamó Matsuri sorprendida y a la vez sonrojándose un poco porque Kankuro ya sabía que ella amaba a Gaara.
—Sí Matsuri, aunque fue Sari quien me lo dijo – El castaño cerró los ojos y se apoyó contra el respaldo del sofá -. Creo que tú eres la indicada para ser la esposa de mi hermano.
—¿Y-yo ser su esposa? ¿De que hablas Kankuro? – Preguntó Matsuri en tono triste -. Gaara sólo me ve como una amiga, nunca se fijará en mí y mucho menos querrá casarse conmigo.
—No te preocupes por eso, yo puedo ayudarte – Dijo Kankuro cruzando sus brazos -. Pero sólo lo haré si me prometes que harás que Gaara se enamore de ti, entonces yo haré que tú seas quien se case con él.
—Y-yo… - Matsuri no sabía que decir, estaba totalmente sorprendida, esa era una propuesta que no se esperaba, pero si en verdad Kankuro la iba a ayudar ella no iba a perder ésta oportunidad, porque estar con Gaara era lo que más deseaba y sabía que no se atrevería a confesárselo nunca. Levantó la mirada decidida y observó a su amigo -. Yo amo a Gaara con todo mi corazón, y si él me pidiera que me case con él yo haría todo lo posible por que él me ame.
—Perfecto – Dijo el castaño sonriendo -. Entonces hablaré con Gaara, haré que él se case contigo, tú confía en mí – Aseguró muy confiado, dejando a Matsuri algo desconcertada.
—Ojalá yo pudiera casarme con Gaara – Susurró con tristeza -. Pero aunque Kankuro me lo haya dicho sé que eso es imposible.
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Naruto se encontraba en su oficina revisando unos papeles. La verdad era que siempre había encontrado muy aburrido eso de ser el líder de una empresa, pero había seguido éste camino por su padre, quien le insistió mucho en que como único heredero debía ser el siguiente presidente.
—Y él muy feliz divirtiéndose con mamá en el Caribe – Se quejó el rubio algo molesto y envidioso pues también deseaba unas vacaciones, pero después sólo soltó un suspiro de resignación.
—Permiso, Naruto-kun – Dijo Hinata después de tocar la puerta. Entró con una taza de café en sus manos, la cual Naruto miró con una sonrisa -. Te he traído un café.
—Vaya, gracias Hinata – Dijo el ojiazul poniéndose de pie -. Era justo lo que necesitaba, tal parece que estamos conectados.
—¿Tú crees? – Preguntó la ojiperla sonrojándose levemente, mientras Naruto le recibía el café y le daba un sorbo.
Hinata se sentía muy feliz al oír esas palabras, pensaba que por fin había encontrado algo que los uniera, aunque fuese sólo un gesto común y corriente para la mayoría de las personas. No podía creer cuanto quería a ese rubio, cuando era que lo amaba. Desde la primera vez que lo había visto se quedó prendada de él y de alguna forma, sentía que había una pequeña posibilidad de estar a su lado.
De pronto sus pensamientos se vieron interrumpidos por el sonido de un celular, y observó a Naruto sacar el suyo de su bolsillo.
—Me llaman – Dijo el rubio con una sonrisa al ver la pantalla -. ¿Bueno? ¿Mi amor?
—"¿Él ha dicho… mi amor?" – Pensó Hinata sorprendida, borrando inmediatamente su sonrisa. No podía creer que él tuviera novia, fue una noticia que le dolió mucho, que le destruyó por completo sus ilusiones.
—Sí mi amor, nos vemos ésta noche para la cena – Hablaba Naruto con una sonrisa. Hinata le hizo una leve reverencia y salió de la oficina. Se sentía demasiado mal para seguir oyendo el resto de su conversación.
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Temari iba por el pasillo con unas carpetas en sus manos, cuando de pronto alguien la tomó por la cintura y la acorraló contra una pared, comenzando a besar su cuello con devoción y pasión. La rubia comenzó a reír y lo apartó suavemente.
—Shikamaru, aquí no – Alegó Temari mirando a su esposo con una sonrisa, mientras este reía de forma algo maliciosa.
—¿Qué tiene de malo? Todo el mundo sabe que estamos casados – Le dijo él, tratando de volver a acercarse a ella, pero yendo esta vez por sus labios, sin embargo Temari volvió a apartarlo.
—Sí, pero es nuestro trabajo y debemos dar el ejemplo – Temari ésta vez se puso seria y se arregló un poco la ropa para que no se le notara lo que había pasado, ya que ésta se había arrugado un poco a causa de las caricias de su esposo.
—Sí, lo siento mucho mi amor, tienes razón – Le dijo Shikamaru, poniéndose serio también -. Pero en la casa no te escapas.
Temari sonrió levemente ante éstas palabras.
—Oye, después del trabajo necesito hablar muy seriamente contigo.
—¿Puedo saber de que?
—No – Respondió la rubia antes de darle un beso corto en los labios, para después perderse por los pasillos, ante la vista de su marido.
—Que mujer tan problemática tengo – Dijo una con una sonrisa.
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Gaara se encontraba en su oficina. No podía quitar de su cabeza la tonta idea de su hermano Kankuro, que ciertamente era la solución perfecta para todos sus problemas. Sin embargo, no podía pensar en proponerle algo así a su mejor amiga; se suponía que ella sería la mujer que él jamás tocaría, la única a la cual no vería jamás como una de sus conquistas y sin embargo, hoy estaba pensando seriamente en pedirle que fuera su esposa, y todo por la estúpida idea de Kankuro.
—No, definitivamente esto es una mala idea – Se dijo tratando de auto-convencerse, sin embargo esa idea no quería abandonar su mente.
Se puso de pie ofuscado y se dirigió a la salida de su oficina. Cerró la puerta tras su espalda y observó a Matsuri sentada en su escritorio, atendiendo el teléfono. Le sonrió levemente y ella le respondió con otra sonrisa.
—"Matsuri mi esposa… la verdad nunca lo había pensado, pero Matsuri es una chica hermosa, además tenemos muchas cosas en común y nos conocemos desde hace años. Tal vez sí sea la decisión correcta" – Pensó al observar a la castaña con detenimiento. Era verdad que nunca se atrevería a faltarle el respeto a Matsuri, pero si ella aceptaba, sería una boda fingida, ni siquiera tendría que hacerle creer que la quería porque ella lo sabría todo.
Decidió no seguir pensando en aquello por el momento y concentrarse en su trabajo. Después hablaría oportunamente con Matsuri, aunque sería lo más sutil posible, no quería arruinar la que creía su única oportunidad.
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Sasuke estaba saliendo del edificio de las empresas Konoha. Llegó hasta el estacionamiento y se quitó sus lentes negros antes de subir a su auto. Todas las chicas que estaban en el lugar se derretían al verlo pasar, y él sólo les miraba con fastidio. Estaba cansado de todas esas mujeres que trataban de conquistarlo sólo interesadas en lo que él era por fuera; cuando ninguna de ellas se daba el tiempo de conocerlo realmente.
Para Sasuke Uchiha, el amor era simplemente un invento de la gente ingenua. Por eso prefería estar solo. Y aunque de vez en cuando salía con algunas mujeres para divertirse, jamás tendría una relación estable con nadie.
No es que fuese un total mujeriego como su amigo Gaara, pero ciertamente las mujeres no significaban nada más que aventuras en su vida; o al menos todas con las que se había involucrado hasta ahora.
—¡Lo amamos Sasuke-sama! – Gritaron un grupo de chicas al verle salir de la empresa montado en su auto negro. Él sólo les hizo un saludo con la mano y volvió a ponerse sus lentes, mientras las chicas gritaban emocionadas.
—Que molestias – Bufó el azabache al alejarse de ellas.
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Hinata se encontraba encerrada en el baño, sentada y llorando sobre el excusado. Se sentía como una tonta ¿Cómo había podido pensar en que alguna vez Naruto iba a fijarse en ella? Él tenía novia, él jamás la iba a ver como una mujer.
—Él nunca me va a querer… - Susurró cubriendo su rostro con ambas manos, para poder detener las lagrimas.
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La noche había llegado y todos estaban saliendo de la empresa. Como la mayoría de las veces, Matsuri era la última en salir, ya que no quería dejar nada pendiente para el día siguiente.
Gaara salió de su oficina dispuesto a irse, pero se quedó parado al ver a su amiga ordenando minuciosamente unos archivos y tal parecía que no iba a irse hasta que no acabara. De pronto se quedó admirándola, se veía realmente linda ahí. Matsuri siempre había sido una persona increíble, desde que eran niños y ella era la única niña que jugaba con él, ya que todos los demás le tenían miedo por ser muy agresivo.
Y eso no era todo, Matsuri siempre estaba alegre, sonriéndole a la vida. No le había conocido muchos novios, ya que a diferencia de él, era muy reservada con esos temas. Pero sin duda lo que siempre le sorprendía era su increíble eficiencia.
—Al fin terminé – Dijo Matsuri muy animada soltando un leve suspiro, pues estaba muy cansada ya. Al mirar hacia el frente notó a Gaara ahí parado y que éste no le quitaba la vista de encima, lo que la hizo sonrojarse levemente -. Gaara…
El pelirrojo notó que aún la estaba mirando fijamente y desvió su mirada con un leve y casi invisible sonrojo en sus mejillas.
—Matsuri ¿Aún sigues aquí? – Preguntó lo primero que se le ocurrió. Se sintió algo extraño y tal vez un poco estúpido, pero sentía como si un pequeño cosquilleo recorriera su estómago, y eso sucedió cuando los ojos de ella se encontraron con los suyos.
—Eh, sí, es que estaba terminando de archivar éstas cosas, pero ya me voy – Le respondió Matsuri con una sonrisa dibujada en sus labios.
—Si quieres puedo llevarte – Se ofreció el pelirrojo, haciendo que ella volviera a sonrojarse, para después asentir con la cabeza.
—De acuerdo Gaara, vamos.
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—¿Ya se ha dormido Miki-chan? – Preguntó Kankuro a su esposa cuando ésta se le acercó, sentándose junto a él en el sofá para abrazarlo dulcemente.
—Sí, ya podemos hacer lo que queramos – Le susurró al oído. Tomó el rostro de su marido entre sus manos y lo besó apasionadamente. Kankuro posó sus manos en la cintura de ella, haciendo que quedara recostada sobre el sillón y quedando sobre ella. Sari comenzó a quitarle el nudo de la corbata, pero de pronto una duda la asaltó -. ¿Oye mi amor?
—¿Sí? – Le preguntó Kankuro dejando de besarla.
—¿Era cierto lo que dijiste… de hacer que Gaara-kun le pida matrimonio a Matsuri?
—Sí – Respondió el castaño sonriente -. Te aseguro que más temprano que tarde ellos dos anunciaran que se van a casar.
—Me parece muy tierno de tu parte que quieras ayudar de esa forma a tu hermano – Le dijo Sari con una sonrisa. Kankuro también sonrió.
—Es mi hermano menor, quiero su felicidad.
—Por eso te amo – Dijo la castaña antes de besarlo.
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Shikamaru y Temari no paraban de besarse, mientras entraban a su habitación. Cayeron a la cama sin separarse y él comenzó a recorrer una de las piernas de la rubia con su mano. Temari cerró los ojos para sentir mejor sus caricias y sus manos acariciaban la espalda del Nara por debajo de su camisa.
—Shikamaru… - Trató de llamarlo, pero él no detenía ni sus caricias ni sus besos -. Shikamaru… - Volvió a llamarlo.
—¿Qué sucede? – Le preguntó él, deteniéndose al fin.
—Yo quiero hablar contigo – Dijo Temari -. Es algo importante.
—¿De que se trata? – Cuestionó separándose de ella, para sentarse sobre la cama. Temari se sentó también y lo miró con una sonrisa.
—Shikamaru… sé que ya lo hemos hablado, pero quiero tener un bebé.
Cuando Temari dijo esas palabras, instantáneamente la sonrisa de Shikamaru se borró. Se sintió enfadado y se puso de pie.
—¿Qué sucede mi amor? – Preguntó la rubia, confundida por su reacción.
—¿Otra vez vas a empezar con eso Temari? ¿Qué no te quedó claro la última vez?
—Pero Shikamaru – Alegó poniéndose de pie -. La última vez me dijiste que querías esperar porque creías que no estábamos listos; ya ha pasado un año y llevamos más de dos años casados – Se acercó a su esposo y posó ambas manos sobre su pecho -. Yo creo que estamos listos para tener un hijo.
—Pues yo no lo creo – Dijo él apartando las manos de su esposa -. Yo no quiero un hijo.
—¡Pero Shikamaru…!
—¡No! – Gritó el Nara antes de salir de la habitación dando un portazo.
Temari cayó sentada sobre su cama y no pudo evitar derramar algunas lágrimas, aunque jamás llorara esto era demasiado para cualquier mujer. Lo que más deseaba era tener un hijo del hombre que amaba, pero le dolía que él se negara tanto a ello ¿Por qué era tan cruel? ¿Por qué no quería que tuvieran un hijo?
—Eres un idiota Shikamaru Nara – Susurró dolida y enfadada.
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Gaara iba conduciendo su auto por las calles oscuras, sólo iluminadas por los focos y su tenue luz.
—Sigo pensando en que deberías comprarte un auto, no sé como prefieres irte en un taxi, cualquier cosa podría pasarte – Regañó a su amiga, la cual sólo sonreía. Ella iba sentada a su lado.
—Bueno, conducir no es lo mío y lo sabes – Dijo Matsuri recordando que la vez que intentó tomar clases de manejo terminó estrellando el auto y mando al instructor al hospital -. Pero gracias por preocuparte Gaara – Sus mejillas se ruborizaron ligeramente.
—Lo hago porque eres mi amiga – Dijo Gaara sin dejar de ver al frente.
—Lo sé… - La castaña se sintió algo mal al oírle decir que sólo eran amigos. Ella lo sabía perfectamente, pero no podía evitar que le doliera ¿Por qué había tenido que enamorarse de él? Era demasiado triste estar enamorada de su mejor amigo. A veces deseaba haber sido una de las tantas mujeres con las que jugó Gaara, al menos así habría podido disfrutar de sus besos y de su cuerpo una vez.
Se sentía avergonzada cada vez que pensaba en eso, pero no podía evitarlo, siempre había sido su mayor fantasía hacer el amor con Gaara, poder sentir su cuerpo masculino sobre el suyo, sentir como esas manos acariciaran centímetro a centímetro toda su piel, y sus labios recorrieran su cuerpo. Pero Matsuri aún era virgen, y eso era simplemente porque a pesar de haber intentado hacerlo con otros hombres, nunca había podido, porque siempre algo la hacía detenerse, porque se sentía una traidora. Aunque ese era un secreto muy bien guardado que ni siquiera sus mejores amigas conocían.
—Oye Matsuri… - Le habló el pelirrojo sacándola de sus pensamientos.
—¿Qué? – Preguntó ella volteándolo a ver. Gaara la miró por unos segundos y luego volvió su vista al frente.
—¿Estás saliendo con alguien?
—¿Eh? – Exclamó confundida. Gaara presionó sus manos contra el manubrio.
—"Idiota, lo pregunté muy de repente, era obvio que se sorprendería" - Se regañó mentalmente -. B-bueno… ¿Tienes novio Matsuri?
—No – Respondió Matsuri cruzándose de brazos -. ¿Qué no te acuerdas que terminé con Yusuke hace como seis meses?
El pelirrojo chasqueó la lengua al recordar a ese tal Yusuke, y es que no era de su agrado, ese sujeto era un pervertido que siempre estaba mirando el trasero de Matsuri. Aunque no sabía por que habían terminado, lo prefería así.
—Sí, pero, no sé, podrías estar saliendo con otro, después de todo ya han pasado seis meses desde eso – Dijo tratando de ignorar el mal sabor de boca al recordar a ese tipo -. No sé como duras tanto tiempo sin se… - Se corrigió -. Alguien.
—Yo no soy como tú, no necesito estar teniendo sexo todo el día para ser feliz – Le dijo la castaña algo ofendida, haciendo que él se molestara también.
—Perdón, olvidé que a ti no te gusta el sexo – Dijo Gaara con sarcasmo. Matsuri se sonrojó, ya que realmente no era que no le gustara, sino que no lo conocía. A pesar de eso, no pudo evitar molestarse por el comentario tan desubicado de su amigo.
—Gaara, detén el auto, yo me bajo aquí – Espetó enfadada.
—¿Estás loca? Aún nos falta para llegar.
—Te dije que me bajo aquí – Insistió la castaña, pero él ni se inmutó, entonces decidió detenerlo ella misma -. Dije que te detengas ¿Qué no me oíste? – Dijo agarrando el manubrio con sus manos y haciendo que Gaara perdiera el control por un momento.
—¿Qué haces Matsuri? ¿Estás demente? – Decía el pelirrojo tratando de no chocar.
—¡Que te detengas! – Gritó Matsuri pisando el freno, haciendo que se detuvieran de forma abrupta -. ¡Eres un idiota Gaara!
Después de eso Matsuri se bajó dando un portazo muy fuerte y Gaara se bajó también para reclamarle la locura que acababa de hacer, pero de pronto las alegres luces de colores de un parque de diversiones les llamaron la atención a ambos.
—¡Un parque de diversiones! – Gritó Matsuri emocionada y con estrellitas en los ojos, mientras Gaara entornaba los ojos y una gotita aparecía en su frente.
—Y lo dice así tan campante después de casi matarnos – Susurró el pelirrojo, pero ella no pudo oírlo.
—Oye Gaara ¿Qué te parece si vamos? – Le preguntó la castaña tomándolo de la mano y jalándolo para que entrara al auto de nuevo -. ¡Date prisa! – Gritaba animada.
—¿Qué no estabas molesta hace un momento? – Cuestionó Gaara desconcertado.
—Olvídate de eso, sólo vamos.
Después de eso los dos regresaron al auto y se dirigieron al parque de diversiones. Matsuri se emocionaba mucho porque cuando ella y Gaara eran sólo unos niños solían ir al parque de diversiones y pasaban horas riendo juntos. Gaara también recordaba esos momentos que pasaron juntos, por eso había decidido ir también.
Matsuri era alguien muy especial para él, desde pequeños ella siempre había sido tan dulce y gentil, cuando se hacía raspones por pelearse con otros niños era ella quien los curaba, cuando necesitaba hablar con alguien porque tenía problemas en casa también era ella quien estaba a su lado. Su querida amiga de toda la vida.
Al llegar al parque Matsuri se veía tan feliz que parecía una niña pequeña. Lo primero que hizo fue comprar un algodón de azúcar. Después de comerlo, ambos tuvieron una buena dosis de gritos en la montaña rusa. Luego fueron al tiro al blanco, dejando para el final su favorito; la rueda de la fortuna.
—Que linda noche ¿No crees? – Preguntó la castaña con una sonrisa, mientras observaba todo a través del vidrio de la cabina.
—Sí, es muy linda – Respondió Gaara. De pronto se quedó observando atentamente a Matsuri –quien estaba sentada frente a él-, ella seguía admirando el paisaje, por lo que no notó que los ojos aguamarina estaban sobre su persona.
El pelirrojo no podía dejar de verla, de pronto se había vuelto algo adictivo. La luz de la luna y de los juegos bañaba con delicadeza el rostro de Matsuri, haciendo que se viera aún más hermosa. De pronto, Gaara pudo oír el sonido de los latidos de su corazón, el cual estaba palpitando de una forma en que nunca antes lo había hecho.
Matsuri por fin se dio cuenta de que él la miraba, y con sus mejillas sonrojadas lo miró también.
—¿Sucede algo Gaara?
—N-nada – Respondió él volteándose rápidamente, algo sonrojado, cosa que lo sorprendió. Y Matsuri simplemente le sonrió, sin notar su sonrojo ya que la luz no le llegaba.
Cuando bajaron comenzaron a caminar hacia la plaza. Matsuri comía unos dangos y Gaara un calamar. Ambos platicaban y se sonreían mutuamente.
—Jeje, entonces… ¿Debería disculparme por lo de hace un rato? – Preguntó la castaña con una sonrisa algo traviesa.
—Bueno, ciertamente deberías disculparte - Respondió Gaara también sonriendo -. Pero eso ya pasó, así que sólo olvidémoslo.
—Si – Matsuri asintió con la cabeza -. Oye Gaara… - Le habló mientras ambos se sentaban en una banca de la plaza, donde estaba demasiado oscuro, sólo iluminado por los focos y su blanca luz. La luz de uno daba junto sobre la banca donde se habían sentado.
—Dime.
—¿Cómo te ha ido con… ya sabes? E-eso de buscar esposa – Dijo Matsuri bajando la mirada con cierta tristeza.
—Es inútil – Le respondió Gaara soltando un suspiro -. Encontrar una esposa no es tan fácil como parece. Aunque muchas chicas me griten en la calle que se quieren casar conmigo o hasta que les dé un hijo – Ambos rieron con ese comentario -. Bueno, la mayoría de ellas son insoportables.
—¿Y no crees que eres demasiado exigente? Es decir, sólo la necesitas por seis meses.
—Lo sé, pero también sé que no podría durar ni un mes con alguna de ellas, es por eso que no he encontrado a la indicada.
—La indicada… - Repitió Matsuri, observando la luna en lo alto del cielo -. Gaara… ¿Tú crees que en algún lugar del mundo… exista la chica ideal para ti?
—Tú sabes que yo no creo en el amor Matsuri, eso es sólo una tontería – Respondió el pelirrojo mirando fijamente a la luna.
—Pero yo sí creo en él, y aunque a veces duela, sé que la persona que está destinada a estar a mi lado llegará – Murmuró la chica, haciendo que él la mirara.
—Hablas como una persona enamorada – Le dijo Gaara, viéndola con esos ojos tan hermosos que él poseía. Matsuri se sonrojó.
—E-eso… es porque soy una persona enamorada – Contestó Matsuri, volviendo a mirar al cielo -. Hay alguien a quien amo con todas mis fuerzas y soy feliz con sólo verle sonreír. Él no sabe que existo, me ve como a una amiga.
—Vaya… - Gaara dejó de verla para mirar al suelo. Por alguna razón no le gustó oír que su mejor amiga estaba enamorada de alguien. Ella jamás le había contado algo como eso, siempre que hablaban era sobre intereses y esas cosas, nunca sobre sus novios y era la primera vez que Matsuri le confesaba el estar enamorada, porque por ninguno de sus novios había dicho sentir eso -. Y bueno… ¿No has intentado decírselo?
—Es inútil, en poco tiempo él se casará con otra, y aunque se lo diga sé que él no me corresponde – Respondió la castaña con un triste tono de voz -. A veces te envidio, tú no te enamoras de nadie, quisiera ser así. Amar y no ser correspondido por esa persona es muy doloroso.
—Pues ese sujeto es un idiota – Habló Gaara, sorprendiéndola, él se veía muy molesto.
—¿Eh?
—¿Quién podría rechazar a una chica como tú? Eres muy bonita y tienes un carácter muy agradable. Si ese tipo no ve eso en ti entonces el apodo de idiota le queda perfecto – Dijo molesto. Matsuri le sonrió dulcemente y él una vez más sintió ese cosquilleo.
—Gracias Gaara – Le dijo ella -. "Ay Gaara, si supieras que ese idiota eres tú"
—Y bueno… entonces… ¿Ya te has rendido con él?
—¿A que viene esa pregunta?
—Sólo responde Matsuri – Le pidió el pelirrojo. La chica suspiró y bajó la cabeza y los hombros.
—Él no me quiere… ¿Qué caso tiene seguir intentándolo?
—Perfecto – Dijo Gaara.
—¿Eh? ¿Te parece perfecto que yo sea infeliz de por vida? – Le preguntó Matsuri algo ofendida y cruzándose de brazos. Gaara sonrió algo divertido por su reacción infantil.
—No me malinterpretes – Dijo -. Sin embargo, tengo algo que decirte, o más bien pedirte – Suspiró -. Matsuri… ¿Te casas conmigo?
—¿Q-que? – Fue todo lo que pudo articular Matsuri ante esa pregunta que la dejó congelada, y es que simplemente no lo podía creer.
Continuara…
Avance:
Matsuri acepta la propuesta de Gaara, sabiendo que si se casa con él será una boda fingida por sólo seis meses, sin embargo está dispuesta a tomar ese riesgo. Temari ha decidido no dirigirle la palabra a su esposo hasta que éste recapacite. Sasuke sufre un accidente que podría cambiar su manera de ver las cosas, mientras Hinata conocerá a la novia de Naruto, y Gaara y Matsuri harán público su "compromiso" ganándose una inesperada enemiga.
Próximo capítulo: Aunque no me ames.
….
Bueno, hasta aquí se queda el capítulo.
En el próximo se viene algo bueno (cofcofbesocofcof)
En fin ¿Vieron que Kankuro es un manipulador? Aunque lo que hizo estuvo bien, a ver si así al ciego de su hermano le llega la luz jajaja.
Pobre Gaara, se ha insultado a él mismo sin darse cuenta.
Bueno, nos estamos leyendo ^^
Gracias por los reviews ^^
¡Bye!
