Capítulo III: "Un nuevo caso"
Como todas las mañanas, se ve por un largo pasillo una figura moviéndose con total naturalidad, llevando en su mano una carta sellada con un símbolo muy particular. Alrededor de aquella figura, un joven de cabellos rubios pasó velozmente creando un gran estruendo a su alrededor. Al mismo tiempo un estallido en la cocina, y el sonido de varias tazas rompiéndose, cambaron el paso delicado y calmado que llevaba Sebastian, logrando sacarlo de sus casillas. Entonces en un abrir y cerrar de ojos apareció frente a la puerta de su amo, quien estaba siendo atendido por Finnian. Éste ya había partido a la mitad la mesa en donde se colocaba el desayuno.
Ciel agarrándose la cabeza le pidió al chico que se retirara, entonces alzó la vista y vio que su mayordomo se encontraba parado donde debía haber estado todas las mañanas.
-Tardaste demasiado Sebastian, ya estaba volviéndome loco, no pude adelantar ningún trabajo. Apúrate y tráeme un desayuno-. Con su mirada feroz clavada en la cara preocupada del mayordomo, Ciel le demostraba una vez más cuán importante es su papel en la Mansión.
lord, lamento haberme ido por unos días, me imaginaba que las cosas no estarían bien en mi ausencia, pero su encargo fue un tanto más complicado de lo que esperaba-.
-.¿Qué es lo que traes en la mano?-.
sobre para usted-. (Se acercó lentamente hacia su joven amo y se arrodillo delante de su cama)- Creo que debería leerlo atentamente antes de que le traiga su desayuno.
Ciel intentando tomar el sobre de las manos de Sebastian rozó suavemente los dedos de él, y aunque siempre trae puestos sus guantes no puede evitar notar sus manos, más grandes que las de él, y a pesar de que son frías, le generan un extraño calor. Esto lo hizo ruborizarse por un momento. Pero enseguida volvió en sí.
Con un movimiento rápido y brusco abrió el sobre. Un nuevo caso se presentaba ante él. Luego de leer la carta observó detenidamente a su mayordomo. Esta vez no tenía aquel semblante impasible que acostumbre tener. Parecía un tanto preocupado.
-¿Que sucede, crees que esta vez pueda suceder algo y no puedas obtener mi alma?-.
-. Señor, vea el caso, atacan solamente a personas… ya sabe-.
Ciel se molestó por un momento y levantó el tono de voz -.Sí, a personas bellas, como cuando mataron a mis padres, como cuando tuve que hacer el pacto contigo. Pero ahora soy más fuerte. Si no me mataron antes no lo harán ahora-.
Lanzó todo el contenido del sobre, donde comenzaron a caer imágenes de hombres y mujeres de rasgos delicados y rostros únicos. Y de entre esas imágenes Sebastian levantó algunas, mirándolas detenidamente. ñor, al parecer usted está en la lista para los próximos asesinatos-.
El conde comenzó a reír de manera extraña, poco a poco parecía enloquecer. En medio de las carcajadas, sus ojos fijaron una imagen, y su risa paró tan repentinamente como había comenzado.
, ¿estás seguro que conseguiste las fotos de las próximas victimas como te encargué?, No es otra de tus bromas verdad.-
, esos son todos.-. EL demonio esbozó una leve sonrisa, en medio del todo el caos, quizás podría divertirse un poco.
El chico se cruzó de brazos, y algo molesto le ordenó a Sebastian llamar a su otra mansión y traer a aquellos dos. Ciel en el fondo esperaba que dentro de las personas bellas que buscaran estaría Lady Elizabeth, su plan era atraerlos con una trampa. Pero Lizzy, no estaba en la lista, sino unos viejos amigos, los cuales no quería recordar.
Después de unos minutos el demonio regresó.
que el príncipe Soma, dice que preferiría que usted lo buscase, mi señor, y que de lo contrario no vendrá-.
El conde ardía en llamas, mientras pensaba "No lo escuché, ni lo vi y ya me está haciendo enojar". entonces, prepara el coche, y los bolsos necesarios, lo traeré aquí.-
encuentro más paciente que de costumbre, joven amo-.
-.Cállate y ve, ahora mismo quiero todo.-
, my lord-.
Llegaron al lugar más rápido de lo esperado, Ciel entró a su casa de un portazo, pero ésta parecía vacía. Le ordenó a Sebastian que arreglara sus cosas en una habitación para ya poder irse a dormir, si de casualidad ese principito estaba fuera de casa, todo sería más tranquilo para descansar. Entonces Sebastian lo dejó solo.
Ciel comenzó a recorrer la casa, el príncipe sí estaba cumpliendo con lo acordado. Todo parecía limpio, los pasillos, cada cuadro, estatua, figura y candelabro relucían de limpio. Y las habitaciones bien ordenadas con cama tendida.
También casi todo lugar estaba sumido en la oscuridad, casi no se oía un sonido, aunque Ciel oyó muy a lo lejos unos leves gemidos. Siguió caminando por el largo pasillo, buscando de dónde provenían, miraba dentro de cada puerta que encontraba. Hasta que llegó al final y la anteúltima puerta estaba entre abierta, y de sus rendijas salía una pequeña luz. Al parecer alguien tenía velas encendidas allí dentro.
Se acercó sigilosamente, como si fuera un ladrón dentro de su propia casa, y espió por el pequeño espacio de la puerta que estaba entreabierta, y allí se encontró con una imagen que no esperaba.
Estaban Soma y Agni, juntos en la cama, abrazados. Agni lloraba, y Soma le secaba las lágrimas con besos sobre sus párpados. Ciel se sobresaltó por la sorpresa y dio unos pasos hacia atrás cuando se chocó con algo. Por un momento se asustó y abrió grandes los ojos, pero antes de que pudiera decir algo Sebastian tapó su boca con una mano, y le susurró al oído.
ás, mi amo, nadie le explicó de estas cosas, pero es de mala educación interrumpir-.
Ciel al sentir el aliento de Sebastian en su oído se sonrojó y sintió un cosquilleo por todo su cuerpo.
Esta vez, no estaba enojado, simplemente asintió con la cabeza y bajó la viste, luego tomó la mano de Sebastian, sin siquiera mirarle. Este lo condujo hasta su habitación.
El conde estaba más calmado cuando estuvo ya en su habitación bien iluminada.
-¿Antes de retirarme puedo hacerle una pregunta mi lord?-.
Ciel volvió a asentir, desde aquel momento no hablaba, y se movía de forma muy tierna.
-¿Sintió algo especial al ver esa escena? Sebastian no reía, esta vez era totalmente serio en lo que le preguntaba.
El chico, que no levantaba la mirada desde hacía un rato, pareció despertar de repente, su rostro se sonrojó y miró fijamente a los ojos de demonios, los cuales estaban rojos como la sangre. Entonces volvió su aura fría y distante habitual. -. No es de tu incumbencia-.
Sebastian, quien tenía el ceño fruncido, se tranquilizó al ver que su amo volvió a la normalidad. Aunque aún seguía con dudas.
