Encontrando a viejos amigos
«¡Emma Swan, salida, deje a su enamorada respirar un poco!» dijo Ruby Lucas, antigua compañera de universidad de la rubia al ver a aquellas dos mujeres prácticamente devorándose la boca una a la otra.
Emma y Regina se separaron abruptamente y encararon a la mujer morena de mechas rojas que estaba acompañada de una joven pelirroja.
«¡Rubs, cuánto tiempo!» dijo Emma abrazando a su amiga. «¿Qué estás haciendo aquí, loca?» preguntó.
«Vine a ver el partido. Pero cuando el espectáculo en el campo acabó y miré para el otro lado de las gradas, vi un espectáculo mucho más interesante: ¡una rubia casi succionándole el alma a una morena con la boca!» dijo riendo «Y pensé: ¡aquella solo puede ser Emma Swan! Y le dije a Belle que viniéramos a hablar con esta salida antes de que cometiera un atentado al pudor en pleno estadio de los Black Bears» concluyó sonriendo.
Regina, que hasta ese momento estaba atónita por causa de los besos intercambiado con Emma y por la súbita llegada de aquellas dos mujeres, tuvo la certeza de que estaba con la cara más roja que la bandera de China ante el comentario hecho por Ruby.
«Regina, esta es Ruby Lucas, una amiga de la facultad» dijo Emma.
Ruby apretó la mano de la morena y pensó: Finalmente conozco a la famosa Regina. Ahora entiendo tu martirio, Swan.
Regina creyó extraño la mirada que Ruby le dirigió, como si tuviese una visión en aquel momento.
«Emms, ¿te acuerdas de Belle French?» preguntó Ruby.
«¡Claro que sí! Hice pasar a Belle muchos apuros cuando ella trabajaba en la biblioteca de la universidad y me revolcaba con las novatas entre los estantes de los libros» habló sonriendo.
Belle, con esa expresión dulce, dijo
«¡Hola, Emma!» Y enseguida sonrió a Regina, como señal de educación, recibiendo el mismo gesto de la morena.
«¡He arrastrado a Belle al lado oscuro, Emms!» comentó Ruby.
«¡No puedo creer que lo hayas conseguido, Rubs!» dijo Emma con un grito «Estuve encima de Belle tres meses y nunca conseguí arráncale más que una linda y dulce sonrisa» añadió
Esta vez fue Belle quien enrojeció, y Regina se estaba poniendo cada vez más enfadada por el rumbo de aquella conversación.
«Emma, sabes que nadie se resiste a la loba, ¿no?» Emma le había dado ese nombre a Ruby en el primer año de facultad, cuando se dio cuenta de que la morena tenía la costumbre de aullar para llamar la atención de cualquier chica guapa con la que se cruzase por el campus. Incluso la propia rubia fue diana de ese excéntrico galanteo.
«¿Y vosotras? ¿Vinieron a ver el partido o solo querían una platea que apreciase el intenso restregón de las dos?» preguntó a bocajarro Ruby.
Emma adoraba las payasadas de Ruby, y Regina querría tener el poder de desaparecer de allí en medio de una humareda roja.
«No, vinimos a ver el partido. Y te agradezco mucho que hayas venido a interrumpir el intenso restregón» dijo Emma irónicamente.
«Ah, vamos a ir a casa de Jefferson, que por casualidad, el otro día dijo te echaba de menos, Emms. ¿Por qué no nos acompañáis? Aviso que tienen cerveza y comida gratis» comentó Ruby.
«Ruby, ahora dices las palabras mágicas. ¡Claro que vamos!» asintió Emma, que quería continuar cabreando y sacando de quicio a la morena.
Regina preocupada por la hora que era y sabiendo que tendían que despertarse temprano para salir hacia Storybrooke, se disculpó de Ruby y Belle, y arrastró a Emma hacia un lado, para conversar en privado.
«Emma, ¿te acuerdas de que tenemos que salir mañana temprano? ¡Además, pienso que ya has bebido demasiado!»
«Regina, podemos aplazar la hora del viaje. Hace mucho tiempo que no veo a mis amigos y las fiestas en casa de Jefferson son siempre las mejores, principalmente hoy que los Bears han ganado. ¡El sitio debe estar hirviendo!» dijo la rubia y profundizó el tono de susurro en el oído de la morena «Y prometo que después de acabar contigo, te dejo dormir para que estés bien descansada y nos puedas llevar tranquilamente hasta nuestra querida Storybrooke mañana»
En ese momento, Regina sintió sus piernas debilitarse, tragó en seco y perdió totalmente las ganas de contra argumentar.
Solo recuperó los sentidos cuando ya estaba dentro de su Mercedes, sentada en el regazo de Emma, sintiendo la lengua de la rubia recorrer su pescuezo.
En realidad, las dos estaban en la parte de atrás, y al lado de ellas, Belle y Ruby también se prodigaban intensas caricias.
Regina giró la cabeza y vio que al volante del coche estaba Neal y sentado a su lado su novia, Tamara.
Se había olvidado que, unos minutos antes, cando se dirigían al coche, Ruby había comentado que el hombre castaño y la joven negra, también ex- compañeros de Emma, estaban esperando fuera del estadio.
Después de que Emma los saludara, entregó las llaves del coche a Neal, que no había bebido nada, y empujó a la morena para la parte de atrás, haciendo que se sentase con las piernas abiertas entre sus muslos.
El nivel de excitación de la morena ya había traspasado todos los límites. Emma chupaba, lamía, mordía y besaba cada parte expuesta de su cuerpo, mientras enterraba sus uñas en los muslos de Regina.
La morena hacía un movimiento de vaivén encima de la rubia, notando sus bragas completamente empapadas y pegadas a su sexo, ajena a las posibles miradas curiosas que las otras parejas de aquel coche podrían estar lanzándoles.
Emma parece un pulpo, sus manos recorren cada centímetro del cálido cuerpo de la otra mujer, y cuando desliza la punta del dedo índice sobre las bragas de Regina y siente aquella abundante humedad, nota que no solo sus bragas, sino también sus vaqueros ajustados ya están completamente empapados.
El coche para en frente de una enorme casa, en la que varias personas beben y conversan animadamente.
El ímpetu de las parejas dentro del coche es contenido y los seis ocupantes bajan para entrar en la casa.
Regina se encamina hacia la puerta, pero antes se quita el abrigo y lo deja en el coche.
No siente frío, es más, está a punto de entrar en ebullición a causa de la excitación y de la humedad que siente entre las piernas, quiere quedarse en ese coche y ser devorada completamente por Emma.
Emma, ya más recuperada de la bebida consumida durante el partido, entró en la casa y saludó a Jefferson que la abrazó fuertemente. Vio un barril de cerveza encima de la mesa que tenían al lado y llenó un vaso y se lo bebió de una vez, para apagar el efervescente deseo de subir a Regina en esa mesa y chuparle entre las piernas y hacerla gozar en su boca.
La casa era un completo jaleo: vasos tirados por todos lados, comida tirada en el suelo, cola para entrar en el baño, personas semidesnudas conversando alrededor de la enorme piscina situada en el patio de la casa.
Regina pensó que aquello se parecía al escenario de una película de adolescentes. Nunca fue del tipo de personas que frecuentan este tipo de fiestas, ni cuando estaba en la universidad, aunque no faltaron invitaciones, siempre fue una persona muy reservada y prácticamente solo tuvo dos amigos durante su vida de estudiante, Daniel en el instituto y Kathryn en la facultad.
Al mirar a Emma que conversaba animadamente con Jefferson, pensó que la rubia debía haber aprovechado sus años de universitaria, ya que, más de una vez, iban hacia ella personas para saludarla, abrazarla, besarla, todas sonriendo, en su mayoría mujeres.
Regina se acordó del comentario de Emma sobre revolcarse con las novatas en la biblioteca del campus y pensó que posiblemente ya se hubiera acostado con buena parte de las chicas que estaban en la casa.
Borró ese pensamiento tan perturbador de su cabeza, pues no quería aceptar que está celosa.
Preguntó a Belle, que estaba a su lado, si había otro baño ya que el de la planta baja no se podía usar.
La pelirroja dijo que sí y la condujo a la planta de arriba, explicando que Regina podía usar el baño del cuarto de Jefferson. Después de preguntar si el anfitrión de la fiesta no se molestaría por esa intrusión, y Belle asegurarle que no, entró en la habitación y vio una enorme cama de matrimonio.
El cuarto está muy bien decorado y apenas la luz de la luna, que entraba por las dos puertas de vidrio que conducían al balcón, iluminaba parcialmente la estancia.
Regina encendió una pequeña lámpara que hay en una mesita al lado de la puerta y se dirigió al baño.
Se lavó la cara, se adecentó el pelo que estaba despeinado debido a los contantes tirones de Emma y se retocó el lápiz de labios.
Cuando salió del baño, se encontró a Emma de pie, apoyada en la puerta cerrada del cuarto.
«¿Huyendo nuevamente de mí, Señora Mills-Swan?»
«No, Emma. Solo estaba usando el baño» habló y se dirigió a la puerta con intención de salir del cuarto.
Emma bloqueó el paso de Regina y dijo
«Creo que tenemos asuntos pendientes, señora»
Regina respiró profundamente y respondió cínicamente con una sonrisa en los labios
«¡Es verdad! Estoy esperando que una rubia acabe conmigo, pero empiezo a creer que ella no pasa de calienta bragas porque hasta el momento mucho hablar y poco actuar»
Los ojos verdes de Emma se pusieron más oscuros, atrajo a Regina hacía sí, poniéndola de espaldas y susurrándole al oído
«Entonces, ¿quiere decir que yo soy una calienta bragas, majestad? ¿Piensa que no soy capaz de acabar con usted?» preguntó Emma con voz cargada de lujuria.
«Querida, continua hablando mucho y haciendo poco» respondió Regina, jadeante, sintiendo su sexo palpitar, pues adoraba ser dominada por Emma.
En ese instante, Emma subió el vestido de su cuñada, deslizando los dedos por dentro de las bragas de la morena y rasgando la prenda de sopetón con la mano derecha, mientras agarraba a Regina por los cabellos con la otra y susurró en su oído
«Voy a hacer que se corra en mi boca, señora Mills, pero antes voy a restregar mi sexo en su lindo trasero y dejarlo todo humedecido»
Regina gimió ante aquella declaración.
Emma sacó el vestido y el sujetador de la morena con ágiles manos, mientras que la mantenía presa contra la pared presionándola con sus pernas, después la arrastró hacia la cama y la tiró de bruces.
Después de librarse de las botas de la morena y de toda su ropa, la rubia echada sobre Regina, levantó la cabeza de la mujer, tirándole de los cabellos, y murmuró
«Ahora, majestad, va a pagarme por todos estos años que me provocó con su contoneo, usando faldas ajustadas, o esos pantalones de cuero que ceñían su trasero tan delicioso»
Tras decir eso, Emma comenzó a cabalgar en el trasero de Regina, mordiendo el lóbulo de la oreja de la morena, gimiendo, sintiendo su sexo arder al contacto con aquella suave piel.
Regina estaba completamente trastornada por el contacto de los pelos, del clítoris y de la humedad de la rubia en su trasero y sus gemidos se mezclaban con los de la otra mujer, nunca había sido dominada de esa manera.
Emma apretaba su sexo contra el trasero de Regina casa vez con mayor rapidez y violencia. Sus pechos turgentes rozaban la espalda de su cuñada y enloqueció cuando percibió que la morena comenzaba a moverse debajo de ella, sintiendo sus piernas estremecerse.
Sin poder aguantar más, Emma se entregó a un violento orgasmo, mojando todo el trasero de Regina con el líquido, lava ardiente, que chorreaba de su sexo, mientras mordía con fuerza el hombro derecho de la morena.
Las mujeres se quedaron en esa posición, intentando recuperar la respiración, pero, de repente, Emma invirtió la posición del cuerpo de Regina y la besó con locura, explorando la boca de la cuñada con su lengua caliente.
Regina enlazó sus piernas en las de Emma y comenzó a moverse procurando un contacto entre sus sexos, pero la rubia tiene otros planes, y aseguró las piernas de la morena impidiendo que continuase con los movimientos.
La rubia descendió su boca hasta el pezón derecho de su cuñada y comenzó a succionarlo, escuchando cómo se escapaba un gemido de su boca.
Emma lamió, chupó y mordió cada centímetro del abdomen de Regina, mientras que sus manos se paseaban por los muslos de la morena.
Cuando llevó su rostro hacia la entrepierna de aquella mujer tan sabrosa, Emma sonrió maliciosamente al constatar lo mojada que estaba.
Regina era presa de la lascivia y no aguantaba más aquella tortura, miró a Emma de forma suplicante y la rubia la penetró con dos dedos, bruscamente, y la morena arqueó la espalda.
Emma mordisqueó el clítoris de la otra mujer y lo succionó completamente en su boca, mientras la penetraba a más velocidad.
Regina colocó su mano izquierda en la cabeza de la rubia para aumentar todavía más el contacto de aquellos suaves labios contra su sexo, y con la otra mano se agarraba a las sábanas de la cama.
Emma introdujo un tercer dedo dentro de la morena, aumentando el ritmo de las estocadas y agarrando uno de los muslos de la mujer con su brazo izquierdo para atraerla más cerca de su rostro.
La rubia sintió que la cuñada comenzaba a temblar, anunciando la llegada del orgasmo.
En ese momento, Emma retiró los dedos rápidamente y enfiló su lengua dentro del sexo de Regina, sintiendo el líquido caliente que salía de la mujer mezclarse con su saliva y bajar por su garganta, escuchando cómo la morena gritaba escandalosamente su nombre, arrebatada por violentos espasmos.
Después de lamer todo el sexo de Regina, para retener ese sabor tan delicioso en su boca, Emma subió besando el cuerpo de la morena y el par de esmeraldas encontró la satisfacción estampada en los ojos marrones.
Se besaron lentamente, y la morena percibió su propio sabor en la saliva y en los labios de Emma. La rubia invirtió las posiciones y dejó a su cuñada encima de ella.
Regina se acurrucó en los pechos y los brazos de Emma y se durmió instantáneamente, sintiéndose enteramente protegida por aquella mujer insoportable por la que estaba completamente enamorada.
