CAPÍTULO 2 TE ENCONTRÉ

- Jacob-

Me metí dentro del baño y me duché. Había puesto música para que mis oídos solo pudieran oír el ritmo de las canciones, el agua cayendo sobre mí, y nada mas. Notaba como el caliente vapor me envolvía y el agua se deslizaba por cada rincón de mi cuerpo. Necesitaba aquello. Podría no ser humano, pero no renunciaría nunca a una buena ducha. Al salir empezó a sonar I Knew You Were Trouble, de Taylor Swift. No sabía porqué pero esa canción me hacía bailar como un loco. Empecé a bailar con la toalla atada por la cintura. No me dí cuenta que la puerta se había abierto y Edward me observaba bailando. Me giré y lo vi, con una expresión de incredulidad en su rostro, la boca desencajada y los ojos como platos. Si hubiera podido ruborizarme, ese hubiera sido el momento perfecto.

Nos estuvimos mirando fijamente con caras de idiota un buen rato. Y, sin venir a cuento, nos empezamos a desternillar de la risa.

- Mejor… mejor te dejo… yo… me voy a…- decía él entrecortadamente.

Cerró la puerta y yo terminé de secarme y de vestirme. Salí del cuarto de baño y Edward estaba en el sofá lo que al parecer era un libro, pero… estaba del revés. Me reí disimuladamente. Fui a buscar mis cosas y recordé que no habíamos sacado las maletas del coche. Me sentí estúpido por un momento, hasta que vi mi maleta al lado del gran sofá de cuero negro. Miré a Edward. Me miraba de reojo con una sonrisa muy dulce en sus labios. Agradecí en ese momento que no pudiera leerme la mente, ya que, sin saber porqué, se cruzaron unos cuantos pensamientos lascivos por mi cabeza. Edward me gustaba. Pero claro, no podía decir nada y provocar una pelea con Nathan. Me tumbé en el sofá, que no tenía reposabrazos, solo un par de cojines blancos. Apoyé la cabeza sobre uno de ellos y cerré los ojos. Sabía ya que los vampiros no pueden dormir, pero nadie podía negarme que me tumbara y cerrara los ojos. Noté que Edward me miraba. Lo percibí, no se como.

- Te voy a cobrar por mirarme, ¿sabes?- le solté, entreabriendo un ojo y mirándolo.

Él simplemente me sonrió y giró la cara. Yo me reí sonoramente. Al cerrar los ojos, empecé a darle vueltas. Parecía haber captado la atención de Edward, pero no del mismo modo que yo le atendía a él. Me sumí en mis pensamientos, dejando pasar las horas.

- ¿Te apetece… que vayamos a dar un paseo?- soltó de repente Edward.

Miré el reloj de mi móvil. Eran las tres y cuarto de la madrugada. Asentí, y él me mostró una amplia sonrisa. Él abrió la ventana y se lanzó. Yo le seguí. Ambos hicimos una carrera. De pronto, Edward corrió por delante de mí y se escondió.

- No vale, ¡tu te conoces este sitio!- protesté yo en vano

Me fié de mis sentidos. Me relajé. Busqué entre cada arbusto, cada árbol, hasta que lo vi. Él se dio cuenta y volvió a esconderse.

- Maldito Cullen- suspiré yo.

Seguí el rastro de Edward, su olor era indescriptible, atractivo. Un olor dulce y masculino que hacia despertar en mi instintos muy primitivos. Seguí su rastro hasta encontrarlo. Lo vi. Y de nuevo salió corriendo. Salí detrás de él, me lancé y lo derribé. Él sonreía mientras yo me ponía sobre él. Ambos nos quedamos quietos. Nuestros rostros se juntaron.

- Te encontré- susurré yo.

Sonreí cortadamente, tragué saliva y me dispuse a levantarme, cuando él me cogió del cuello de la camisa y me atrajo a él. Posó sus fríos labios sobre los míos, dándome un dulce beso que nunca llegaría a olvidar. Me hizo sentir como si volara, como si en aquel momento todo desapareciera. Me acurruqué entre sus brazos, y allí, entre los árboles, noté como algo despertaba dentro de mí.

Al cabo de un rato nos desperezamos y volvimos a correr hasta que llegamos a un pequeño claro, de forma circular, hermoso y lleno de flores, y con una roca grande en medio. Era de noche, y la luna iluminaba las flores dándoles a todas un color blanco un tanto azulado. Me tumbé en aquel claro, y Edward hizo lo mismo a mi lado.

- Espera a que salga el sol, es aún más hermoso al amanecer - me susurró él.

Estuvimos bastante rato tumbados en aquel claro. Ambos comentábamos las reacciones de nuestras familias. Edward leyó en la mente de sus hermanos que les había sorprendido, ya que nunca habían conocido a nadie capaz de neutralizar los dones de los demás. Parecía mirarme con anhelo, o eso, o era una sensación mía. Sin darme cuenta, le cogí de la mano. Él me miró sorprendido, yo no pude evitar sonreír a modo de excusa. Él, en vez de soltarme, aferró su mano a la mía. Giré mi cuerpo, intentando acercarme más a él. Edward me imitó. Acarició mi rostro con su pálida mano fría como el mármol. Tenía una expresión extraña en el rostro. Parecía una mezcla entre deseo y sorpresa al mismo tiempo. Me sentí tentado a besarle, pero no me atreví. Me mordí el labio inferior, y él se fijó. En sus ojos apareció un brillo de lujuria. Estuve a punto de lanzarme, cuando en mi mente se cruzó el rostro de Nathan. No podía hacerle esto. Pero realmente yo no le amaba. Estaba con él porque sentía algo, aunque con el tiempo me dí cuenta de que no éramos más que amigos.

De repente Edward se colocó encima de mí. Había amanecido. El tiempo había pasado muy veloz. Su piel y la mía se iluminaron como diamantes con los primeros rayos del sol.

- No tienes porqué hacer esto- dijo Edward. Su rostro brillaba, haciéndolo más hermoso.

Acercó su rostro al mío, hasta quedarnos a milímetros. Sus labios casi rozaban con los míos.

- No voy a hacer nada que tú no quieras- repitió.

- Quiero hacerlo- dije yo, y fundí mis labios con los suyos, sintiendo su frío aliento juntarse con el mío.

Él atrajo mi cabeza a la suya. Parecía haber esperado aquel beso desde hace años. Me sentía vivo de nuevo a su lado. Aquella sensación volvía a nacer dentro de mí, florecía dentro de mi pecho. ¿Era aquello amor?

Nos quedamos mirándonos durante unos minutos. De pronto, quise hacer la croqueta por el claro, y él se abrazó a mi, y rodamos por aquel mágico lugar riendo sin parar, y dándonos besos dulces y cortados.

- Tenías razón- le dije al cabo de un rato. Nos habíamos sentado apoyados en la roca, me apoyaba en su pecho y acariciaba sus brazos mientras él cogía mi mano libre y me acariciaba el pelo con la otra.

- ¿Sobre que?- preguntó.

- Este lugar es mucho mas hermoso al amanecer- le respondí, recordándole lo que anteriormente me había dicho.

Él simplemente me dedicó una dulce sonrisa que derritió mi paralizado corazón. Miré el móvil. Eran las diez de la mañana. Nos habíamos tirado horas allí. Tenía perdidas de Mark, de Gaby y de Nathan. Un remordimiento recorrió mi conciencia. Pensaba hablar con Nathan. Contarle lo ocurrido, y esperar a que lo entendiera.

Nos decidimos a ir hacia la casa. Por el camino, miradas furtivas. Yo me mordía el labio mientras él sonreía al yo hacerlo. Al llegar, todos estaban en el salón. Emmett, Jasper y David estaban viendo el televisor en el sofá. Ayla y Gaby conversaban con Rosalie y Alice sobre organizar una salida a Seattle. Carlisle, Esme y Mark estaban en la cocina. Pero… ¿y Nathan?

De repente, Edward salió despedido al jardín, rompiendo la ventana y quedándose en el suelo. Nathan estaba manipulando la gravedad para no dejar que se levantara. Corrí a ver donde estaba. Miraba a Edward con odio. Puso la vista en mí, y su expresión cambió a un estado de decepción, angustia y dolor. Levantó a Edward en el aire. Éste intentó moverse, pero no podía. Nathan le había aprisionado en un campo gravitatorio.

- ¡Suéltale!- le grité.

Me volvió a mirar, y mientras lo hacía, retorcía a Edward dentro del campo gravitatorio.

- ¡Para, por favor!- le grité de nuevo.

- No lo haré- dijo él. Edward gritaba de dolor.

Nathan estaba fuera de sí. Sus ojos brillaban con verdadera maldad. Ahora conocía las consecuencias de no haber terminado con aquello. Deseé fuertemente que todo aquello acabara.

Fue entonces cuando Mark, como obedeciendo a mi deseo, se abalanzó sobre Nathan. Le puso la mano en su frente, y este de desmayó. Edward cayó de golpe al suelo. Fui a socorrerle.

- Tranquilo, estoy bien- me dijo- ve a ver a Nathan-.

- No tengo por que ir- dije yo firmemente.

- Ve, hazme caso- dijo él.

Le ayudé a levantarse. Mark se acercó a nosotros. Explicó que le había borrado de la memoria las últimas horas. Pero que de la rabia que tenía había quedado inconsciente. Miré a Nathan. ¿Tanto me quería como para montar todo aquello? Emmett y David llevaron a Nathan a su habitación. Mark y Carlisle hablaban y a la vez dirigían sus miradas hacia mí y Edward. Mark nos hizo un gesto para que entráramos. Al entrar, las dos familias estaban en el salón.

- Creo que tenéis algo que explicarnos- dijo Carlisle, mirándonos seriamente.

Edward y yo nos miramos. Yo puse un gesto de preocupación. Él me sonrió, me cogió de la mano y miró a su familia. Había cosas que contar.