Capítulo 3
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Allí se encontraba la morena nuevamente. Como hace tantos años atrás. Siguiendo su propia tradición.
¿Qué hacía?
Pues componer en la sala de estar de su casa.
Estaba rodeada de papeles, con letras de canciones. Su vieja guitarra, aquella que no se llevó la última vez que estuvo aquí, era su fiel compañera en estos momentos.
Y como la última vez que estuvo aquí. En este momento sufría de una racha de inspiración, sin detenerse de escribir, canción tras canción, partitura tras partitura.
La única diferencia de la última vez… es que ahora no eran canciones de amor, ni esperanza, ni nada de eso.
Más bien eran todo lo contrario.
Pero eran canciones después de todo. Y como su marca personal en cada uno de sus éxitos, éstas reflejaban sus sentimientos y emociones, las cuales transmitía de una forma increíble hacia quien la escuchara, haciendo que cantaran a todo pulmón, o bien llevándolos a las lágrimas.
Ya estaba un poco adormecida de estar prácticamente toda la mañana y parte de la tarde, sentada en el suelo, frente a la mesita de café. Donde descansaba olvidado un plato con el sándwich que su madre le había servido hace poco más de media hora.
Cora cada treinta minutos se asomaba hacia la sala, cada que a Regina le daba la inspiración se olvidaba hasta de comer, y era ahí donde ella cobraba su papel protagónico de madre y no de representante, alimentándola y recordándole descansar.
Dejó el lápiz sobre la mesita, y entrecruzó sus dedos, estirando sus brazos hacia adelante y luego hacia arriba, estirando los músculos adormecidos. Luego puso sus manos en su espalda arqueándose, logrando que sus huesos tronaran. Soltó un suspiro al ponerse de pie.
Miró el reloj y vio que aún era temprano para que llegara Emma a sus clases. Ordenó sus papeles, apilándolos sobre la mesita, cogió el sándwich a medio comer y se dirigió a la cocina donde se encontró con su madre.
-Hey ma-. Saludó arrancando una media sonrisa a su madre, por lo ronca que sonaba su voz, después de prácticamente no hablar en lo iba del día.
-Hola cariño… ¿ya volviste a la tierra?-. Dijo Cora bromista.
-Si… ya era hora. Emma va a llegar en un rato y yo aún ando en pijama-. Respondió mirándose.
-Luces como un día domingo.
-¿Un día domingo?
-Sí ya sabes, la mayoría de las personas que trabajan toda la semana y descansan únicamente los domingos prácticamente no se levantan de la cama todo ese día. El día de pereza-. Respondió riéndose.
-Vale… iré a ducharme-. Sonrió –I'm lazy girl yeah yeah I'm lazy girl!-. Salió bailando graciosamente moviendo el trasero, arrancando carcajadas de su madre.
….
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….
-Está bien… hoy tuvo un día de inspiración, desde la mañana estuvo escribiendo y escribiendo en la sala, como antes-. Comentó Cora al teléfono.
-Eso es bueno ¿no? Digo, llevaba un buen tiempo sin escribir-. Respondieron del otro lado de la línea.
-Si… lo que me preocupa es que sus letras son un poco sad.
-Bueno ¿desde cuando no lo son?-. Dijo riendo.
-Tienes razón… hace años no escribe algo de real felicidad y no esas canciones sobre fiestas y locura descontrolada-. Cora volvió su mirada hacia la puerta de la cocina. Había escuchado la escalera, y pronto vio a Regina haciendo su aparición.
-¿Hablas con Lena?-. Preguntó curiosa a lo que Cora asintió con la cabeza y puso el altavoz de su teléfono móvil. –¿Que hay brujita?
-¡Hey! Bien ¿que tal tú reinita?-. Respondió Zelena.
-Nah… bien, me duele el trasero de estar todo el día sentada, pero estoy bien. Tratando de sobrevivir en ese pueblo-. Respondió exagerando un poco para diversión de su madre y su hermana. –¿Cuando llegas por acá? No se supone ¿llegabas hoy?
-Sí lo sé, pero tuve que re agendar una reunión, a la que no puedo faltar para este viernes, por lo que saliendo de la reunión seré libre para ir allá. Compartiré tu miseria en el olvidado y aburrido Storybrooke-. Dijo Zelena exagerando lo último igual que su hermana. Provocando que su madre rodara los ojos por lo iguales que llegaban a ser a veces.
-Madre, ¿Lena puede traer mi moto?-. Preguntó Regina usando su cara de cachorro y jugando con sus dedos.
-Bien…-. Dijo Cora después de soltar un suspiro. Tal vez y así su hija crearía nuevas experiencias que la llevaran a escribir canciones más alegres. Solo cruzada los dedos para que encontrara el amor nuevamente.
-¡Yei!-. Exclamó la morena con un puño en alto. Luego se movió a abrazar a su madre –Te amo má, voy a la sala. ¡Bye Lena!.
-¡Bye Gina!-. Respondió la mujer al teléfono, antes de que su madre quitara el altavoz y volviera a hablar con ella.
…
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…
Regina se adentró en la sala cogiendo las letras de las canciones y las partituras que había escrito y se acomodó en el asiento del piano, colocó su teléfono celular en modo grabación de sonido, se masajeo las muñecas y comenzó a tocar una de las melodías nuevas.
¿Por qué no lo sabes?
Aún te extraño
Tocó nuestros recuerdos cuando nos amamos
Eso trajo lágrimas a mis ojos
Tú ya estás alejando de mi
Seguramente no pueda alcanzarte
Te necesito, te amo
Mi corazón roto te llama
Siempre te amaré
Siempre
¿Dónde estás?
Te lo llevaste todo de mí
Estoy buscando por ti
En ese momento tocaron el timbre pero Regina ya estaba en su burbuja que ni se dio cuenta. Cora fue a abrir, oyendo la hermosa voz de su hija. Sonrió al ver la cara asombrada de Emma, seguramente la música se escuchaba también fuera de la casa. Se saludaron y Cora condujo a Emma hasta los escalones de las escaleras, tácitamente invitándola a sentarse para disfrutar de la voz de Regina sin interrumpirla. Desde los escalones podían ver claramente a la morena de espaldas a la puerta tocando el piano y cantando.
A veces piensas en mí
Aunque no este ahí, no te preocupes
Te encontraré y me quedaré
Después de limpiar las lágrimas
El corazón de Emma corría como un loco, escuchar la voz de Regina cantando, era un éxtasis completo y la emoción que transmitía la canción la hizo sentir abrumada.
Voy a ir, te encontraré
Nos veremos algún día
Incluso si mi cuerpo se descompone por el frío viento
Siempre
Te lo diré a ti, quien me dejaste
Por favor, vuelve. No te dejaré ir, no
Ahora sonríe, serás feliz
Estaremos juntos y no volveremos a llorar
Te necesito, te amo
Mi corazón roto te llama
Siempre te amaré
Voy a ir, te encontraré
Nos veremos algún día
Incluso si mi cuerpo se descompone por el frío viento
Siempre
Cora se limpió silenciosamente una lágrima, mientras escuchaba las últimas notas del piano. Miró hacia Emma y la encontró prácticamente en un transe mirando la espalda de su hija. Realmente a esta chica le gustaba su hija, era obvio para todos, menos para Regina.
La morena detuvo la grabación de su teléfono, y guardó la grabación bajo el nombre de la correspondiente canción antes de girarse en el asiento y levantar rápidamente la mirada, encontrándose con su madre y Emma, sentadas a los pies de las escaleras.
-¿Que hacen ahí?-. Interrogó con voz tranquila y con una ceja alzada.
-No queríamos interrumpir-. Contestó Cora rápidamente. Regina les dio una pequeña sonrisa.
-Y ¿que tal? ¿Les gustó? ¿No les gustó? ¿Algo que le cambiarían?-. Preguntó poniéndose de pie y caminado hacia ellas que aún seguían sentadas.
-Muy buena, no le cambiaria nada querida-. Respondió Cora.
-Es perfecta-. Fue lo único que dijo Emma, aún en un estado de transe. Haciendo sonreír a Regina por lo adorable que sonó y Cora tuvo la fuerte impresión de que la rubia no hablaba precisamente de la canción.
-Gracias.
-¡Bueno!-. Exclamó Cora poniéndose de pie y sacando a Emma totalmente de su transe esta vez –Será mejor que se pongan a estudiar, antes de que se haga más tarde para Emma.
-Estaba pensando… ¿porque no salimos de aquí y estudiamos mejor en la cafetería?-. Preguntó la joven morena inclinando la cabeza de lado, pareciendo más hermosa a ojos de Emma.
-¡Claro!-. Respondió la rubia.
-Bien… ¡ya me sentía un poco claustrofóbica aquí!-. Exageró nuevamente dirigiéndose a la mesita de entrada y cogiendo sus llaves.
-Que conste que fuiste tú quien estuvo todo el día en casa con el pijama puesto-. Comentó Cora bromista.
-¡MADRE!-. Exclamó la joven girándose, oyendo la risita de Emma. –Me desperté inspirada, estuve escribiendo todo el día-. Trató de justificarse ante la rubia.
-Te creo, además… es tu casa ¿no? Puedes andar como quieras-. Respondió la rubia encogiéndose de hombros.
-Oh no le des ideas, que después las hace-. Dijo Cora divertida señalando a la rubia.
-No le hagas caso. ¡Vamos!-. Dijo Regina cogiendo la mano de la rubia sacándola de la casa, bajo la atenta mirada de Cora, a las acciones de su hija.
Ya estando fuera, Regina soltó su mano provocando que extrañara el contacto inmediatamente.
-Entonces… ¿siempre escribes todas tus canciones?-. Preguntó la rubia tratando de hacer conversación mientras caminaban
-Si, siempre. A veces me ayuda mi amigo Killian, es quien hace el coro y toca la mirándola -Olvide decirle que venía a Storybrooke o lo más probable es que me hubiera seguido. Entonces estaríamos paliándonos por las chicas-. Respondió riendo
-¿Killian conoce Storybrooke?-. Preguntó haciendo reír a la morena
-Killian nació y creció aquí en Storybrooke. Se unió a mi banda de músicos hace cinco años. Es uno de mis mejores amigos. Prácticamente un hermano-. Contestó encogiéndose de hombros con una sonrisa –¿Y tú Emma?-. Dijo mirándola –¿Hace cuanto que vives en Storybrooke?
-Amm como tres años ya. Mis padres murieron en un accidente cuando tenia catorce, entonces me vine a vivir con mi abuela.
-Lamento lo de tus padres.
-Gracias-. Respondió la rubia con una pequeña sonrisa, que a Regina le encantó.
-¿Cómo se llama tu abuela? Tal vez la conozca…
-Se llama Georgina Colter, tiene el mejor puesto de verduras en el mercado-. Respondió con una sonrisa, orgullosa de su abuela. -¿Regina?-. Preguntó al percatarse de que Regina detuvo su caminar.
-¿Tu apellido no era Swan?
-Si… Colter era el apellido de soltera de mi madre ¿Por qué?
-¿Que eras de Daniel Colter?-. Preguntó nerviosa.
-¡¿Conociste a mi hermano?!. Por favor dime como era-. Pidió juntando sus manos.
-¿Hermano?
-Si… mamá tuvo a Daniel cuando era muy joven, siendo madre soltera. Cuando ella se casó con mi padre, Daniel se quiso quedar a vivir con la abuela, es por eso que no lo conocí. Al menos no en persona aunque siempre hablábamos por teléfono.
-Nunca mencionó ninguna hermana…
-Decía que me presentaría como una sorpresa para sus amigos. Aunque nunca pude pasar mis vacaciones aquí para que eso ocurriera-. Dijo un poco triste.
Regina un poco turbada con esa revelación solo pudo murmurar un
-Será mejor que vayamos a Granny's
…
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…
-¡EH! Ahí están mis chicas favoritas-. Dijo Ruby apenas las vio entrar. –¿Cambiaron la sala de clases?
-Algo así-. Respondió Regina –Emma porque no buscas una mesa, tengo que hablar algo con Ruby-. Pidió con una sonrisa.
-Claro…-. Se alejó extrañada.
-¿Hablar algo conmigo? Parece serio. ¿Qué ocurre?
-¡Porqué no me dijiste que Emma era hermana de Daniel!-. Dijo en un grito susurrado.
-¿Eso hubiera cambiado algo?-. Respondió simplemente Ruby sin extrañarle que su amiga estuviera molesta.
-¿Qué?
-Si… ¿la hubieras tratado diferente de haber sabido desde el principio que es hermana de Daniel? Déjame responderte yo misma. ¡Sí!, probablemente la hubieras alejado, como alejaste a todo lo que recordaba a él. Lamento no habértelo dicho, pero gracias a ti Emma está subiendo sus calificaciones. No iba a arriesgar eso, a que tú la alejaras-. Le dijo tratando de hacerla entender.
-Vale… tienes razón. Sólo… fue una gran sorpresa, él nunca mencionó ninguna hermana.
-Lo sé, fue una gran sorpresa para todos en realidad. Pero dime… ¿ha cambiado algo ahora que lo sabes?
-Si… -. Respondió y Ruby la miró intrigada -Voy a cuidarla como lo hubiera hecho él-. Dijo con una sonrisa triste y Ruby le respondió de la misma forma.
-Bueno, bueno. Cambiando de tema… te tengo una verdadera joya. Directamente de Sudamérica.
-¿No me digas?-. Respondió con un estado de ánimo más lúdico.
-Una linda chica del país del tango-. Dijo la camarera moviendo sus cejas graciosamente.
-Mmm Argentina…-. Comentó la morena con una sonrisa un tanto pervertida.
-Si… es una turista, llego ayer, y de lejos mi gaydar comenzó a pitar, esta es para ti-. Le guiño un ojo.
-¡Oh gracias, eres una excelente amiga!-. Dijo abrazándola y ambas comenzaron a reír. –Bueno, mejor voy con Emma, para que me presentes a la chica luego-. Dijo alejándose.
-¡Eso está hecho nena!
Aún riendo Regina se sentó frente a Emma en la mesa.
-Bien, ¿con que comenzamos hoy?-. Preguntó sin quitar su sonrisa de la cara.
-Ecuaciones exponenciales.
-Bien, veamos-. Dijo viendo el libro. –Si k = 3x + 3x, entones 9x +9-x es igual a: A) k2, B) k2 + 2 C) k2 -2 D) k2 -1 E) 3k. ¿Entendiste lo que en realidad están pidiendo?-. Le preguntó a la rubia que la miraba atenta mientras leia en voz alta.
-¡Amh claro!, Cual es la que corresponde a 9x + 9-x, ¿no?
-¡Si!, para que te vaya bien en matemáticas sólo tienes que poner atención y tener buena comprensión lectora.
-Si suena súper fácil-. Respondió Emma sarcásticamente, haciendo reír a la morena.
-Lo es, mira fíjate bien-. Dijo comenzando a resolver el problema.
-¡¿Sólo había que hacer eso?!-. Dijo impresionada la rubia.
-Sí, solo eso.
-¿Regina?-. Se escuchó una voz masculina preguntar y ambas chicas levantaron la mirada.
-¡David!-. Exclamó la morena poniéndose de pie, abrazando al rubio.
-Oh por dios, creí que nunca te volvería a ver-. Dijo éste abrazándola muy fuerte.
-Dave no puedo… respirar-. Logró decir y el rubio la soltó disculpándose –Que exagerado eres… siempre podías ir a verme a Nueva York.
-Es muy perezoso para hacer eso-. Respondió una chica que no se había fijado estaba al lado de David.
-Es cierto. Oh y ¿tú eres…?
-¿No me reconoces?-. Preguntó la chica. Regina la miró detenidamente. Cabello negro en corte pixie, piel blanca y ojos verdes. Nunca olvidaría esos ojos.
-… ¡OMG Mary Margaret! ¿Dónde están tus brackets y tus lentes?-. Dijo abrazando esta vez a la chica.
-Ya era hora de un cambio-. Contestó ésta riendo.
-Y que cambio… ¡estás muy guapa!. ¿Sigues siendo novia de este idiota?
-¡Hey!-. Se quejó David.
-Si, aún seguimos juntos.
-Un idiota con suerte-. Comentó Regina, haciendo reír nuevamente a la otra morena.
-Hey Emma, no te había visto-. Dijo David sentándose junto a la rubia.
-Ya lo he notado, cada día estés más ciego-. Comentó haciendo reír a las dos morenas.
-Si… ríanse a mi costa-. Dijo David dándose por vencido con ellas.
…
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…
-Psst… Regina…-. Susurro Ruby, a la morena sentada aún en la mesa junto a Emma, frente a la pareja azucarada frente a ellas.
-¿Qué?-. Susurró esta también
-¡El tango!-. Dijo simplemente Ruby.
-¿Tango?-. Se preguntó, había tenido una buena tarde junto a Emma y los encantadores (apodo que les dio Emma a David y Mary Margaret) que se había olvidado de lo que le había dicho Ruby.
-La turista argentina ¡memoria de pez!-. Dijo Ruby, llamando la atención de los otros tres ocupantes de la mesa.
-Oh si, lo había olvidado, ya vuelvo chicos-. Dijo Regina poniéndose de pie ante la mirada de los demás. Alejándose con Ruby, hacia la barra.
-Jimena. Ella es la chica de la que te hablé, mi amiga Regina-. Dijo Ruby presentándolas.
-¡Un gusto conocerte!-. Dijo la chica, con un claro acento argentino.
-El gusto es mío. Créeme-. Respondió Regina, dándole una mirada apreciativa, con ojos brillantes de emoción. Sentándose en la silla al lado de la castaña. Le gustó inmediatamente lo que veía, de su estatura, cuerpo atlético, linda piel y una cara de niña buena, pero sus ojos denotaban que era una chica traviesa.
-¿Entonces, boxeabas?-. Preguntó Regina. Llevaban un buen rato hablando, los temas de conversación no se agotaban.
-Sí… sentí por acá-. Dijo Jimena acercándole el bíceps y Regina lo acarició. La chica, a simple vista no parecía muy musculosa, pero al tocarla se notaba fibrosa. Regina sintió que su abdomen se contraía deliciosamente al imaginar su cuerpo pegado al suyo.
…
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…
-Al fin un pequeño descanso-. Dijo Ruby sentándose con sus amigos en el mismo lugar que antes ocupaba Regina.
-¿Quién es esa chica?-. Preguntó Mary Margaret
-Una turista que se hospeda aquí-. Respondió Ruby tranquilamente
-¿A donde van?-. Preguntó Emma al notar que Regina y "la turista" salían juntas por la puerta trasera que unía la cafetería con la posada.
-A echar un polvo-. Dijo Ruby como si fuera lo más obvio del mundo.
-Pero si se acaban de conocer-. Dijo Emma, extrañada.
-Así es Regina "aquí te pillo, aquí te cojo"-. Respondió David –Se volvió así después de…
-¡Después de que se fuera de Storybrooke!-. Lo interrumpió Ruby, mirándolo seriamente. Con la amenaza implícita de "no le digas a Emma".
-¡Sí! Después de que salió de Storybrooke, mucho más con la mala influencia de Killian-. Respondió David.
-¿Te recuerdo que tú también eras así?-. Dijo Ruby bromista.
-¡Los hubieras visto Emma!. Regina, Killian y David eran prácticamente inseparables. Los trillizos del mal, les decía Granny-. Dijo Mary Margaret, riendo.
-Y no me los quiero imaginar tenerlos juntos a los tres en un solo lugar nuevamente-. Respondió la anciana que pasaba cerca de la mesa. Haciendo reír a las chicas y David.
-Cierto, bueno, será mejor que nosotros nos retiremos-. Dijo el rubio poniéndose de pie –Dudo que veamos a Regina para poder despedirnos.
-¡Adiós chicas!-. Dijo Mary Margaret antes de salir por la puerta.
-¿Que te ocurre a ti?-. Le preguntó Ruby a Emma, que se encontraba callada desde hace rato.
-Na… nada-. Dijo encogiéndose de hombros.
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-¡OH DIOS!... ¡Si! ¡SIGUE ASÍ!... ¡NO TE PARES REGINA! ¡UMMG!-. Exclamó Jimena entre gemido y jadeos.
La morena siguió lamiendo y succionando su clítoris, y cuando los gemidos y jadeos se volvieron más fuertes, introdujo dos de sus dedos dentro de su calor húmedo, sintiendo sus músculos internos aferrarse deliciosamente a sus dígitos.
¡Dios! había extrañado tener una chica en sus manos.
-¡MÁS RÁPIDO!... ¡OH MIERDA! ¡AHHH!-. Seguia gimiendo y retorciéndose debajo de la morena.
-Shhh, no quieres que nos echen a patadas de aquí ¿verdad?-. Preguntó Regina deteniendo todo movimiento, haciendo lloriquear a Jimena.
-No-. Simplemente respondió la castaña.
-Buena chica-. Dijo Regina retomando el ritmo de sus dedos y lengua. Rápidamente la sintió tensarse y luego deshacerse en su boca, con un gemido estrangulado. Siguió lamiendo y bombeando sus dedos para ayudarla a bajar del orgasmo.
Subió besando todo su cuerpo hasta llegar a sus labios, dándole un feroz beso. Saco los dedos de dentro de la chica y los chupó frente a la atenta y excitada mirada de Jimena.
-Deliciosa-. Exclamó en un ronroneo.
La castaña rápidamente invirtió sus posiciones, quedando esta vez arriba.
-Te toca a vos-. Dijo antes de atacar su cuello, con besos húmedos.
-Mmm… por eso me gustan las chicas latinas-. Dijo Regina, haciendo reír a Jimena.
La chica comenzó a repartir besos por su pecho, estomago y siguió bajando hasta sus muslos, mordiendo la cadera derecha, burlándose de la morena que se retorcía debajo de ella.
-Deja de jugar-. Le advirtió Regina
Jimena se hizo la que la virgen le habla, y siguió tentándola. Cuando Regina ya había perdido la paciencia e hizo el intento de levantarse, Jimena atacó su centro con lamidas, succiones y pequeñas mordidas, que arrancaron gemidos y jadeos de la morena. Cuando ésta le pidió más, Jimena introdujo dos de sus dedos, llevándola a la cima con un grito estrangulado.
