Los personajes de Twlight no me pertenecen y la historia es de blueberrytree, solo me adjudico la traducción.

POR FAVOR LEER LA NOTA AL FINAL, LES CONVIENE JAJAJA ;)

Disfrútenlo.


Día 2

El despertador sonó, indicando que ya eran las ocho y debía comenzar a arreglarme para un día ajetreado con Edward. Tomé un baño y me vestí, optando por un pantalón jean y una blusa azul marino, escotada y de tirantes delgados.

Al llegar a la cocina vi a una chica desconocida conversando con Zafrina.

—Buenos días —hablé y ambas respondieron de la misma forma.

—No nos conocemos, soy Carmen —habló la mujer con un fuerte acento español. Era muy bonita, tenía la piel morena y largo cabello negro, diría que estaba entrada en los treinta años.

—Bella —dije, apretando su mano

—¡Buenos días! —Edward habló atrás de mí. Aparentemente había acabado de salir del baño y vestía solamente un pantalón jean que colgaba debajo de su cadera—. Voy directo a la mesa. ¡Estoy hambriento!

¡Ay Dios mío! —dijo Carmen en español, abanicándose a mi lado —. ¡Mira qué guapo!

—¡Carmen, eres una mujer casada! —dijo Zafrina, regañándola.

—¿Y qué? Soy casada, no ciega. Solo estoy expresando lo que la chica de aquí no fue capaz de decir mientras estaba con la boca abierta —dijo Carmen, apuntando hacia mí, haciendo que mi boca se cerrara y mis mejillas se enrojecieran. Zafrina miró en mi dirección sonriendo y mi vergüenza solo aumentó.

—Esto… voy con Edward, quiero decir, a la sala… comer… con Edward —hablé, saliendo de la cocina antes de que me pusiera en ridículo aún más.

—¿Cómo fue tu primera noche aquí? —preguntó él mientras le pasaba mantequilla a una tostada.

—Perfecta, creo que ya estoy acostumbrada a dormir en la cama de extraños —hablé y Edward se atragantó.

—¿Todo bien aquí? —preguntó Zafrina, juntándose a nosotros en la mesa.

—Sí, solo me… distraje —habló Edward, carraspeando.

Desayunamos en silencio y a veces mis ojos involuntariamente se detenían en el pectoral desnudo de Edward, pero apenas notaba mi desliz desviaba la mirada. Reparando en que Carmen a mi lado en la mesa, al contrario de mí, no tenía ningún problema con mirarlo. Zafrina, sentada al lado de Edward, de repente me sonreía como diciendo "Sé lo que estás mirando, muchachita."

Edward subió para terminar de arreglarse mientras me cepillaba los dientes y agarraba mi cartera. Nos encontramos en la puerta y me presentó a Demetri y Marcus, los nuevos funcionarios de la casa, de los que Jessica había hablado.

Félix, guarda espaldas de Edward, llegó en un Mercedes negro S55 AMG y nos abrió la puerta para que entráramos en la parte de atrás. Nos llevaría hasta el estudio donde Edward haría la sesión de fotos.

—¿Vas a sacarte esas fotos para alguna revista?

—Sí, es para Sixteen —dijo él mientras buscaba su cajetilla de cigarros en su bolsillo del pantalón—. ¿Félix, crees que alguien nos está siguiendo?

—No, todo limpio.

—Genial —dijo con un cigarrillo entre los labios, encendiéndolo y abriendo la ventana—. Si sale alguna foto mía fumando, Jessica va a querer matarme.

—¿No te incomoda la forma como te trata? —pregunté.

—A veces, pero hace parte de su trabajo. Sé que no es bueno mantener una imagen de esas, todavía más cuando buena parte de mis fans son adolescentes, pero es algo que infelizmente me gusta. Ya intenté parar durante un mes. Fue terrible, nunca me sentí tan estresado. Estoy intentando disminuir, sé que puede perjudicar mi voz y con ella me gano el pan —confesó—. Carajo, creo que Jessica está consiguiendo hacerme un lavado cerebral, ya estoy repitiendo sus palabras.

—¿Puedo hacerte una pregunta personal?

—Bella, estás viviendo conmigo, hacer una pregunta es lo de menos. —Rio él, soltando el humo de su boca por la ventana.

—¿Hay algo entre ustedes?

—No —respondió seco, girando su rostro hacia la ventana y exhalando con fuerza, el humo dejando sus pulmones por la nariz. Se quedó serio y no giró su rostro hacia mí. Momento incómodo, perfecto. Miré el paisaje por la ventana y me asusté cuando Edward finalmente volvió a hablar—. ¿Y tú?

—¿Qué?

—¿Tienes a alguien?

—¿De verdad, Edward?

—¿Qué pasó?

—Apenas tengo tempo para mí. ¿Crees que lo tendría para otra persona?

—¿Entonces desde que comenzaste a trabajar en esto no tienes relaciones? —preguntó y mi mente automáticamente pensó en James.

—Ninguna que valiera la pena —respondí y giré mi rostro hacia la ventana.

Nos quedamos en silencio hasta que llegamos al lugar donde las fotografías serían tomadas. Edward saludó al equipo y se quedó por algunos minutos conversando con el fotógrafo. Apenas toda la información fue suministrada, se giró hacia mí.

—Tengo que cambiarme de ropa y todas esas babosadas.

—Ok, me quedaré esperándote aquí.

—¿Bella, estás enojada conmigo? —preguntó, presionando su índice en mi abdomen.

—Deja de pincharme —dije, golpeando levemente su mano—. No estoy enojada.

—Entonces sonríe.

—No, ve ahí, estás atrasando a la gente.

—Solo después de que me sonrías.

—No.

—Solo unita —pidió haciendo un puchero. Dios, era tan irritante. Lo adoraba—. Así —habló y después me mostró la sonrisa más idiota del mundo. Sus blancos y perfectos dientes quedando expuestos, el color de sus ojos casi no era visible, pues estaban pequeños de tanto que su rostro se había estirado. Yo me mordía el interior de mi boca, intentando no sonreír.

—Ríndete.

—¡Nunca! Estoy viendo que estás mordiéndote la boca, vamos… —habló. No conforme llevó su mano hasta un lado de mis labios y los estiró, formando una sonrisa contra mi voluntad—. ¡Ahora solo tengo que encontrar una cinta adhesiva y listo!

—Eres ridículo —dije cuando dejó mis labios, sin embargo, una de sus manos se quedó sobre mi mejilla y cuando me acarició una sonrisa automáticamente se formó en mi rostro.

—¡Ah! ¡Así es que me gusta! —habló, guiñándome—. Ahora puedo continuar con mi día.

Mientras Edward iba al camerino me quedé sentada en un sofá —en frente al lugar donde el fotógrafo se preparaba para iniciar la sesión— con un cuaderno en la mano. Escribí un poco cómo el día anterior había sido, guardando información que sería importante a la hora de escribir el artículo final.

El clic de la cámara fotográfica disparando hizo que pusiera atención hacia lo que pasaba frente a mí. Edward estaba con una chaqueta de cuero verde oscura, una blusa blanca debajo y un pantalón jean negro. Posaba para el lente sin inhibición, haciéndome pensar en que, si no fuera un fantástico cantante, con seguridad podría intentar una carrera de modelo.

El fotógrafo lo incentivaba a cambiar de pose y le pedía que interactuara con el escenario. La ambientación consistía en un cuarto que podría pertenecer a cualquier adolescente. Edward se paró de la silla en la que estaba sentado, donde hizo las primeras fotos y caminó hasta el estante de libros. Agarró el libro y fingió hojearlo, mientras eso el fotógrafo capturaba cada movimiento. Después de algunos minutos el hombre bajó la cámara y una mujer fue al lado de Edward, le quitó la chaqueta verde y arregló su cabello desordenado hasta encontrar que estaba lo suficientemente bien.

Las sesiones de fotos eran aburridas y parecían durar más tiempo de lo necesario. Edward se acostó en la cama y los clicks comenzaron una vez más. Abrí mi cuaderno y volví a hacer anotaciones.

—¿Estoy viendo mi nombre en tu cuaderno? —Edward preguntó, sentándose a mi lado y despertándome de mi transe.

—¡Hey! ¡Sin espiar! —dije, cerrando mi cuaderno.

—¿Acaso es tu diario, garrapata? ¿Será que si lo abro voy a encontrar mi nombre dentro de un corazón junto con Bella Swan? Es por eso que no quieres mostrarme, ¿verdad? O mejor aún escribiste tu nombre con Cullen al final, ¿no es cierto?

—¡Claro que no, Cachorro! —hablé, colocando el cuaderno dentro de mi cartera—. ¡Es el cuaderno que uso como borrador para ayudarme a la hora de escribir el artículo a fin de mes! Y por favor, ¿tengo cara de adolescente que escribe el nombre del chico que le gusta en un diario? Soy mayor que tú, niño.

—Eres tres años mayor que yo, eso es casi nada… ¿Y escuché bien? El chico que te gusta, ¿eh? —preguntó, golpeando su hombro con el mío y guiñándome. Argh, apuesto que hace esas cosas solo para avergonzarme.

—Sabes que no fue eso lo que quise decir.

—Lo sé —dijo riendo—. Pero en un poco más de veinticuatro horas ya descubrí cuán genial es molestarte. De vez en cuando te pones incómoda y tus mejillas se enrojecen.

—¡Cállate! —hablé, pero era en vano, mis mejillas se fueron calentando y Edward soltó una carcajada a mi lado.

—¡Mira cómo te poner rojita! Pareces Pikachu.

—¿Qué? —pregunté seria, mirándolo. Me las va a pagar.

—Pikachu, ¿sabes? El Pokémon.

—¡Edward, no se compara a una mujer con una mascota amarilla, que hace un sonido irritante y además es gordo! —hablé con fuerza, aparentando estar enojada. Merecía mínimo un Emmy por mi actuación.

—Bella, no quise… no es gordo, es tiernito —Edward nervioso intentaba justificarse.

—Tiernito es el sinónimo universal para gordo, Edward.

—Bella… esto… yo no te llamé gorda, eres flaquita, la verdad… pero no muy delgada del tipo anoréxica, tienes un cuerpo normal, ¿sabes? Pero no normal del tipo flacucho, normal del tipo bueno, ¿Sabes? Tienes un buen trasero… quiero decir, no que te haya mirado, pero es que… —Edward ya estaba sudando y su mano dejaba su cabello más desordenado que nunca. Se tropezaba con las palabras y no aguanté, me comencé a reír en su cara.

—¿Bella? ¿Qué…? ¡No puedo creer que estabas fingiendo estar enojada!

—¿Cuál es el problema? En veinticuatro horas aprendiste cuán genial es molestarme y yo aprendí cuán genial es verte nervioso. Además, gracias por el cumplido sobre mi trasero.

—No puedo creer que hablé de tu trasero.

—Lo dijiste, pero admito que la parte más genial fue cuando comenzaste a limpiarte el sudor de la frente. Imagino las de cosas que puedo sacarte en esos momentos.

—Ugh, no escribas esas cosas en tu artículo.

—Claro que lo pondré. ¿O crees que voy a perder la oportunidad de decir que el queridito de América elogió mi trasero? —hablé, guiñándole—. Broma aparte, Edward, no tienes que preocuparte con lo que voy a escribir, nada va a ser publicado sin tu autorización. Solo tienes que ser tú mismo, del resto yo me encargo —hablé, dándole una palmadita en la rodilla.

—Créelo, quisiera decir que estoy fingiendo ser otra persona, pero no puedo, Garrapata, me siento cómodo a tu alrededor —habló, mirándome con una sonrisita tímida.

—Hmmm… ¿Terminaron las fotos? —pregunté, desviando la mirada.

—No, todavía están acomodando el escenario externo. Es muy aburrido, lo sé.

—No lo es…

—Lo es, no me mientas.

—Ok, es extremadamente aburrido —dije riendo—. ¿La cantidad de fotos que sacaron no son suficientes?

—Siempre me hago la misma pregunta. ¿Tienes hambre?

—Por ahora no. ¿Crees que va a demorar mucho?

—Unas dos horas más —habló con un suspiro—. Voy afuera a fumar y ver cómo andan las cosas. ¿Vienes?

—Ok.

El escenario del área externa estaba casi listo cuando llegamos. El arreglo era semejante a un área de comedor de colegio. En una gran mesa de madera estaban algunos libros y bandejas con alimentos, dando la ilusión de que era la hora del recreo. Edward apenas pudo terminar su cigarrillo cuando fue llevado para cambiarse de ropa. Regresó con el cabello impecable y un uniforme escolar típico de los jugadores de fútbol americano. Las fotos comenzaron y puse el iPod en mi oído, no viendo la hora de acabar. Apretando Play, la voz suave de Edward llegó a mis oídos.

El resto de la sesión fotográfica duró más de dos horas y treinta minutos. Casi salto de felicidad cuando Edward dijo que podíamos irnos.

—Hay un pub cerca de aquí que hacen un sándwich estupendo, podemos ir ahí hasta la hora de mi siguiente compromiso. ¿Qué piensas? ¿O prefieres regresar a casa?

—Por mi está bien. Una hamburguesa y una cerveza me caerían muy bien ahora.

El pub quedaba cerca de donde estábamos y Félix tardó solo algunos minutos para llevarnos. Subió con nosotros, pero se reusó al pedido de Edward para que se sentara en la mesa con nosotros, optando por quedarse de pie en el bar tomando una Coca-Cola y mirando el juego que se transmitía.

Nos sentamos en el lugar más reservado y una mesera vino a entregarnos el menú. Sus ojos prácticamente saltaron fuera de su rostro cuando se dio cuenta de que quien estaba sentado frente a ella era nada más y nada menos que Edward Cullen. Intentaba aparentar tranquilidad, pero la forma cómo su mano temblaba cuando escribía nuestra orden no dejó duda de cuán nerviosa estaba realmente.

—Pobrecita, debe ser tu fan —comenté.

—Parecía un poco tensa, ¿verdad? Es gracioso porque acostumbro a venir aquí algunas veces, debe ser empleada nueva.

—¿Disculpa, eres Edward Cullen? —le preguntó una mujer pelirroja, llegando cerca de nuestra mesa.

—Sí —respondió sonriendo.

—¡Ah, Dios mío! Ah, Dios mío —comenzó a repetir e hizo una seña llamando a otra mujer que imaginé era su amiga—. ¡Te dije que era él, Brittany!

—¡Ah, Dios mío! ¡De lejos no estaba segura, pero ahora de cerca puedo ver totalmente que es él! —La mujer que, por lo que entendí se llamaba Brittany, comentó con la otra que parecía querer desmayarse en cualquier momento.

—¿Todo bien aquí? —apareció Félix de la nada al lado de Edward, mostrando que, aunque estuviese atento al juego, prestaba mucha más atención a su cliente.

—Todo ok, Félix. Cualquier problema te llamo.

—Ok, señor Cullen —respondió, volviendo a su lugar en el bar.

—¿Podemos tomarnos una foto contigo?

—Claro —dijo Edward, levantándose.

—Eres Bella Swan, ¿verdad? —la chica preguntó, dejándome completamente sorprendida. ¿Cómo diablos sabía mi nombre?

—Sí.

—Imagina, todo el mundo no para de hablar de cuan suertuda eres por tener que pasar un mes con Edward. ¿Puedes tomarnos la foto? —me pidió, entregándome la cámara.

—Primero tomé una foto de Brittany con Edward, que actuó como si nada hubiese pasado cuando ella pasó la mano por su abdomen. Después fue el turno de la pelirroja, que se presentó con Edward como Victoria, batiendo las pestañas incansablemente. Por poco le pregunto si tenía algo dentro de su ojo. Les devolví la máquina y ellas se despidieron, dándole dos besos a Edward y de mí despidiéndose solo con la mano.

—¿No te irrita? Solo les faltó tirarse encima de ti.

—¡Caramba, mujeres tirándose encimad de mí! ¡Qué tortura! —dijo riendo y haciéndome rolar los ojos—. Estoy bromeando, pero hablado en serio, hace parte. Algunas fans deben encontrarme atrayente, otras deben encontrar a mi dinero aún más atrayente; sea cual sea el motivo, son fans, no me cuesta nada tomarme una foto o dar un autógrafo. ¿Entiendes? Lo que me incomoda más es lo que ellas están haciendo ahora —habló él, mirando en dirección a las mujeres que no paraban de teclear en su celular.

—¿Qué exactamente están haciendo?

—Te apuesto que están en Twitter contando que acaban de verme. Eso siempre pasa. En algunos minutos más, fans van a aparecer y junto a ellos, algunos paparazzi.

—¿Quieres irte ahora?

—No. Quiero comer mi hamburguesa y tomar mi cerveza contigo, aquí.

—Ok, si eso es lo que quieres, es eso lo que haremos.

—¿Quieres decir que puedo querer cualquier cosa y lo haremos?

—No fue eso lo que quise decir, pero dependiendo de tu idea de diversión, puede ser que hasta me anime —respondí con una sonrisa. Era fácil ver cuánto a Edward le gustaba coquetear, era todo broma y no me hacía mal responderle de la misma manera.

—Definitivamente pensaré en algunas formas de entretenerte, señorita Swan.

—Aquí está su pedido —la mesera habló, interrumpiendo nuestra conversación. Puso nuestros platos en la mesa y en seguida volvió con nuestras cervezas—. ¿Puedo ayudarle con alguna cosa más?

—No, gracias —sonrió y juro que ella soltó un gemido.

—Cualquier cosa es solo llamarme, mi nombre es Abby.

—Puedes estar tranquila, Abby —habló y ella se retiró de nuestra mesa.

—No deberías coquetear con ella.

—No estaba coqueteando con ella.

—¡Claro que sí! Lleno de sonrisitas…

—Solo estaba siendo simpático con ella, eso se llama carisma. Ahora, eso que estás sintiendo son celos, pero no te pongas así, también te sonrío a ti —habló con una sonrisa tonta estampada en su rostro.

—Claro, estoy muriendo de celos —hablé, rolando los ojos y agarrando mi cerveza para beber, pero antes que pudiese llevármela a los labios, Edward me quitó el vaso de las manos—. ¡Hey! ¿Cuál es tu problema?

—¿Estás loca? Beber sin brindar, siente años sin follar.

—¿Realmente crees en esas payasadas?

—Prefiero no arriesgarme —dijo levantando su vaso.

—¿Por qué brindamos? —indagué, levantando mi cerveza y poniéndola frente a él.

—Por nuestros días juntos.

—Por nuestros días juntos —repetí, golpeando mi vaso con el de él.

Comimos y bebimos nuestras cervezas, Edward decidió que aún nos daba tiempo de tomar una más. Caramba, la segunda cerveza no fue bien disfrutada como la primera, ya que algunas fans aparecieron pidiendo fotos o autógrafos. Edward siempre les respondía con cariño y la forma cómo hablaba con ellas no trasparentaba otra cosa que no fuera gratitud. Cuando las personas se apartaron de nuestra mesa, permanecían observando y me sentí un poco incómoda, como si analizaran cada acción que hacía

—¿Señor Cullen? Creo que mejor nos vamos, abajo se está poniendo muy lleno.

—Ok, voy a pedir la cuenta —dijo Edward, llamando a la mesera. Cuando regresó con la cuenta él pagó con una tarjeta.

—¿Cuánto salió mi parte? —pregunté.

—Cero —respondió.

—De verdad, Edward. ¿Cuánto salió?

—¿Crees que realmente voy a hacerte pagar tu parte? Te invité.

—Puedo pagar mi parte.

—No estoy dudando que puedas hacerlo. Solo estoy diciendo que esta vez va por mi cuenta —dijo, entregándole la tarjeta a la mesera. Mientras firmaba el papel, calculé más o menos cuánto había dado mi cuenta y retiré el dinero de mi cartera. Apenas Edward se levantó, metí el dinero en su bolsillo trasero.

—Bella, si quería tocarme el trasero no necesitabas usar el pretexto de meter dinero dentro de mi bolsillo —dijo, retirando el dinero de su bolsillo y girándose hacia mí, con una sonrisa en un lado de su rostro. Me desmayo. Miró hacia mi pantalón, buscando bolsillos, pero no vio ninguno, entonces sus ojos fueron hacia el escote de mi blusa—. Toma, coge este dinero antes que me atrapen colocándolo en un lugar totalmente inapropiado.

—¡No estaba intentando tocar tu trasero!

—Aham, intenta convencerme de eso —dijo girándose, dándome la espalda y siguiendo a Félix.

Bajamos las escaleras del pub con Félix frente a nosotros y apenas llegamos a la última escalera escuché la conmoción que venía de afuera.

—Voy a ver qué sucede y me esperan aquí, ¿ok? —Félix preguntó calmadamente, como si ya estuviese acostumbrado a eso.

—Sí —respondimos.

—¿Estás bien? —habló Edward, colocando la mano en mi hombro.

—Estoy un poco asustada. Cuando salía con otros famosos siempre había griteríos, pero nunca de esta manera.

—¡EDWARD! ¡EDWARD! —gritaban las fans desde afuera.

—Mantente tranquila, el carro está afuera. Va a ser rápido —dijo Edward y en el mismo momento Félix regresó.

—Bella, ve por el frente con el de seguridad del pub. Algunas personas no te conocen, entonces es más fácil moverte primero. Edward, ven conmigo.

Cuando la puerta se abrió entré en pánico. Millones de chicas estaban esperando a Edward y los flashes de los paparazzi me dejaban ciega, dificultando mi camino hasta el carro, el de seguridad del pub, notando mi confusión me haló, haciendo que mis pies apenas tocaran el suelo. Abrió la puerta del carro y entré en el banco trasero, segundos después Edward estaba a mi lado. Algunas fans golpeaban el vidrio y Félix intentaba mover el carro sin atropellarlas. Los fotógrafos continuaban incansables con sus cámaras.

—Creo que me voy a desmayar —dije, cerrando los ojos y respirando profundo.

—Mantén la calma —habló Edward—. ¿Félix, puedes ir rápido?

—Lo estoy intentando, señor.

—Intenta relajarte, ya estamos saliendo de aquí —dijo Edward, intentando asegurarme.

Algunos minutos después Félix consiguió llegar a la carretera, abrí los ojos y Edward me observaba con cara de preocupación.

—Estoy mejor —avisé.

—Disculpa —habló Edward, exhalando con fuerza—. Debimos habernos ido en el momento que vi a las chicas pasando información.

—Tonterías, nos divertimos.

—No pareces divertirte ahora, ni un poco.

—No estoy acostumbrada, solo eso. Es insana la manera que las personas actúan cuanto te ven.

—Con el tiempo te adaptas —habló, encogiéndose de hombro.

—No sé cómo puedes hablar tan naturalmente de eso.

—Es mi vida en los últimos años, es el precio que se paga.

—¿Hay algún momento en que te arrepientas?

—No.

El día no había terminado y Félix partía en dirección al siguiente compromiso de Edward, quien tenía una grabación de tres canciones de su nuevo CD para un programa que se trasmitía online. La trasmisión solo sería en dos semanas, pero Edward explicó que esos programas eran grabados con antelación.

Edward concedió una pequeña entrevista para el canal y después fue hasta la silla que estaba en medio del estudio. Por primera vez escuché las canciones del nuevo CD. Hacía una versión acústica, diferente de la que se podía encontrar en el álbum, y parecía trasmitir en cada palabra tanta emoción que en ese instante fue fácil entender por qué tenía tantos fans. Él era hermoso, más aún cuando cantaba, pero lo que llamaba más la atención era la pasión que tenía por su música.

Cuando todos estaban satisfechos con las canciones grabadas, yo quedé un poco desilusionada. Podría escucharlo cantar por algunas horas más.

—Las canciones son hermosas —comenté cuando estábamos en el carro regresando a casa.

—Gracias —habló con una gran sonrisa en el rostro—. Fue un CD arduo de grabar, pero estoy orgulloso del resultado.

—Deberías estarlo, quedé hasta un poco decepcionada por no escuchar más. Quiero una copia del CD apenas salga.

—¡Te daré hasta una copia autografiada!

—¿Con dedicatoria y todo?

—¡Claro! Quién diría que Bella Swan es mi fan, ¿eh?

—La verdad no soy tu fan, pero sabes cómo es, voy a pasar un mes en tu casa, tengo que darte algunos elogios de vez en cuando.

—Me siento usado —habló, fingiendo estar herido.

—Bienvenido a Hollywood —hablé riendo—. Sabes que estoy bromeando, ¿verdad? Naciste para hacer esto. Hacía tiempo que no veía un artista tan apasionado por su propio trabajo.

—Así me sonrojas —habló riendo, pero parecía sinceramente tímido. Resolví cesar con mis elogios por hoy.

Llegando a casa la cena esperaba. Conversamos sobre la programación del día siguiente y me contó que tenía una fiesta en la noche, el lanzamiento de una película de la cual hacía parte de la banda sonora. La película era estelarizada por Charlotte Bouvier, que coincidentemente fue mi celebridad número seis. Cuando terminamos de comer Edward se retiró de la mesa y me deseó buenas noches.

Manteniendo la rutina del día anterior, tomé un baño y me fui a dormir, pero, así como anoche, alguien golpeó a mi puerta después que me acurruqué debajo de las cobijas.

—¿Garrapata?

—Entra.

—¿Aún estás interesada en escuchar las canciones de mi CD? —preguntó, sosteniendo en una mano la guitarra y en otra una botella de vino.

—¡Claro! —hablé, saltando en la cama en el mismo instante.

—¿Te incomoda si hacemos esto en el balcón de mi cuarto?

—No. ¿No es ahí donde la magia sucede? —pregunté bromeando y él se carcajeó.

Sentarme en el balcón del cuarto de Edward —con Nessie durmiendo en mi regazo y una copa de vino en la mano— mientras él tocaba las bellas canciones de su nuevo disco, haciendo pausas solamente para beber de su vino o fumar un cigarro, hizo que comprendiera perfectamente lo que dijo la fan que nos encontramos en la tarde. Realmente era suertuda por pasar un mes con él.


¿Y qué tal? Edward está cada vez más coqueto y eso, en lo personal, me mata. ¿Qué piensan ustedes?

La cosa es la siguiente, para quienes no se han enterado aún, hay ESCENAS EXTRA de cada capítulo de este fic que también estoy traduciendo, ya publiqué el primero en mi perfil, pueden ir a leer. Pero ¿Qué va a pasar con los siguientes? Voy a tomar la misma dinámica que hizo la autora en su momento, las chicas que me dejen sus reviews aquí, les mandaré el capítulo antes de publicarlo. Entonces, para las chicas que tienen sus cuentas en FanFiction, si el rr me llega desde su cuenta, les envío el EXTRA por MP, las que no tienen cuenta, pueden dejarme su correo, pero separado por un * ya que al publicar el comentario no se publica el correo, ejemplo: mercedes*3192* *gmail*com.

Espero haya quedado claro y aparte de ello me dejen saber su opinión del capítulo, que esto se está poniendo cada vez mejor.

Antes de terminar con esta nota tan larga, quiero agradecer a cada una por tomarse el tiempo de dejarme sus comentarios, saber que están disfrutando la historia taaanto como yo, es lindo leerlas también. Gracias a las que me dejan sus alertas y favoritos, es un magnífico pago para esta seudo traductora.

Nos leemos la siguiente semana.

Beijos

Merce