Aquí está, el gore ~ O al menos he intentado que sea decente.

Advertencias: Lo dicho. Gore, lenguaje grosero, insultos... Oh, y lo que puede ser un tema más sensible para algunas personas, lo aviso por si acaso: Agresión de hombre a mujer. Aquí también muere gente.

Los del otro lado

3

Allí

Lituania miró nerviosamente hacia los lados, confundido y desorientado. Desde luego, esa no era su casa, y la persona que vivía allí no era precisamente un fanático de la limpieza, aunque tampoco estaba hecho un asco. Pero en ese momento al báltico le preocupaba más cómo salir de allí, y dónde estaba. Caminó por aquellos pasillos, hasta que al girar por uno de ellos, la vio.

—¿Señorita? ¡Bela! —Se acercó a la chica rubia que estaba de espaldas. Pero cuando ésta se giró, se detuvo. Era idéntica, sí, pero esos ojos rosas, la expresión de pánico, incluso la ropa... no eran suyos. —¿Quién eres?

—No deberías haberte acercado. Él sabía que te acercarías a mi. —Dijo la chica con voz temblorosa, mirando hacia los lados. —Tienes que irte o te matará a ti también... ¡Vete!

—¿De qué estás hablando...?

Un grito sonó desde algún lugar de la casa, concretamente, bajo ellos. La chica se tapó las orejas y negó con la cabeza, sollozando.

—¡No vayas! ¡Por favor! —Ella le agarró del brazo, y tiró un poco de él. —Te llevaré con ella, confía en mi... No quiero que muera nadie.

La chica le condujo a una habitación, era una especie de sala llena de pantallas, recordaba a la sala donde se ven las grabaciones de las cámaras de seguridad en algún edificio; había pantallas donde se veía una especie de sótano, y todas mostraban la misma escena desde distintos ángulos. El grito que habían escuchado venía de los altavoces, ya que también se escuchaba lo que sucedía en ese sótano. El lituano palideció al ver quienes estaban allí.

—¡Por favor, dime cómo llegar allí! —Rogó, pero al girarse la chica de rosa retrocedió y cerró la puerta, al parecer la atrancó por el otro lado ya que no pudo abrir. El castaño dio un puñetazo a la puerta, desesperado. —¿Qué... qué haces? ¡Déjame salir! ¡No voy a dejar que la maten!

Ella retrocedió hasta pegarse a la pared, limpiando un par de lágrimas que no pudo contener.

—Esto está bien. Si no les matamos, ellos nos matarán a nosotros... —Murmuró para si misma, recordando lo que le había sido dicho a ella anteriormente. Respiró profundamente y corrió por el pasillo, pero se detuvo frente a unas escaleras, y las bajó lentamente, al llegar al sótano se quedó quieta, observando la escena desde un lugar apartado. —Lituania.

Un chico la miró unos segundos y luego la ignoró. Era, como todos, muy parecido al del otro mundo, pero éste tenía una mecha verde en el cabello recogido en una coleta, y vestía de manera más desarreglada. Él volvió a centrar su atención en la persona que estaba a sus pies.

Bielorrusia gruñó y le fulminó con la mirada. Tenía las manos atadas, y dos uñas completamente arrancadas, aún así se mantenía bastante firme, incluso indiferente, ni siquiera prestó atención a la chica idéntica a sí misma que acababa de entrar. El joven cogió una de sus manos y clavó la punta de una aguja en la carne bajo las uñas, empezó a levantarla sin ninguna prisa, moviendo la aguja bajo la uña, hasta que ésta se levantó casi por completo y él tiró de ella con la mano para quitarla del todo. Frunció el ceño al ver que ella se limitaba a apretar la mandíbula y contener las lágrimas, pero no hizo nada más. El chico se agachó junto a ella y agarró bruscamente su barbilla para obligarla a mirarle.

—Hazte la dura todo lo que quieras, vas a acabar llorando.

—Que te jodan. —Masculló ella, escupiéndole en la cara. Como respuesta, recibió un puñetazo que hizo que escupiera un poco de sangre, pero no soltó un quejido, simplemente volvió a mirarle de manera desafiante. —Ah, le estás dando una paliza a una mujer atada... Eres todo un hombre valiente. Que patético... ¿También la pegas a ella? Porque ha sido verte y está acojonada.

—Cállate, zorra.

La empujó hacia atrás y la obligó a tumbarse, mientras ella lanzaba puñetazos y se revolvía violentamente, tratando de librarse de él, pero era más fuerte que ella y no conseguía nada. Ahogó un grito cuando un cuchillo desgarró su ropa por la zona del vientre, desde la cintura hasta la parte baja del pecho. Seguidamente, el cuchillo no tardó en pasar a su piel, cortando como mantequilla. Empezó a gritar, mientras el chico pasaba tranquilamente el filo del cuchillo por su estómago, dibujando trazos sangrientos en su piel, no eran muy profundos y no llegaban a dañar mortalmente.

Sin miramientos, él dejó el cuchillo y pasó los dedos por uno de los cortes del vientre, y repentinamente los metió dentro. Hurgó en la herida, arañando por dentro de su piel y desgarrando más la carne, mientras ella chillaba y se retorcía, consiguiendo solo que doliera más. Lo que más odiaba era que no la mataba, y en ese momento, deseaba morir. Era mejor que aquello.

—¡Maldito cobarde! ¡Si no estuviera atada y yo también tuviera armas, esto iba a ser completamente distinto!

—Cierra el pico. —Gruñó el chico, y no le costó nada alcanzar unas pequeñas tenazas. Ella agitó la cabeza pero no consiguió soltarse, y después de forcejear unos segundos, él consiguió obligarla a abrir la boca, y no se lo pensó dos veces antes de meter la herramienta en su garganta. La rubia se mantuvo firme todo lo que pudo, pero cuando comenzó a tener arcadas y dificultad para respirar, rompió a llorar. —Voy a hacer que te calles de una vez.

La muchacha que observaba todo en silencio no pudo seguir mirando. Cerró los ojos, escuchando un grito desgarrador segundos después, y empezó a temblar. Cuando volvió a abrirlos, tuvo que hacer un esfuerzo por no vomitar, mientras notaba como la bilis se le subía a la garganta. Deseó no haber mirado.

—Algo de esto serán las cuerdas vocales. —Murmuró el chico, observando el charco de sangre en el suelo. La bielorrusa había acabado vomitando sangre cuando él cerró las tenazas dentro de su garganta y tiró de lo que fuera que habían cogido; se tapaba la boca con las manos, algunos pedazos no habían sido arrancado del todo y unas especie de cuerdas ensangrentadas colgaban de su boca. —Que asco. —Masculló él, las agarró y tiró de ellas para arrancarlas, tirándolas al suelo. —¿Ya no gritas? Debería habértelas dejado más tiempo.

Tiró del cabello de la chica que se había derrumbado gimoteando en el suelo, empapada en sangre, obligándola a levantar la cabeza. Ella soltaba pequeños sollozos, quejidos y gemidos de dolor, lo cual le hizo pensar que aún podía hablar, más o menos. Le miró, pero no hizo nada más. Sus ojos se pusieron en blanco y él la dejó caer de nuevo.

—Bah. —Murmuró él con desinterés, levantándose y limpiándose las manos en la ropa. —Ya no es divertido. Acabemos con esto...

Alcanzó el cuchillo y se dispuso a terminar de una vez. Se había entretenido un rato, al menos. Cuando lo levantó, alguien se colgó de su brazo y el peso hizo que se desviara, clavando el cuchillo en el suelo.

—¡Estúpida! ¿¡Se puede saber qué haces!? —Dijo irritado, incorporándose y mirando de manera amenazadora a la Bielorrusia de su mundo, que le miraba, asustada.

—¡No la mates! No está bien hacerlo, ¿por qué la has hecho eso? Aunque hubiera que matarla... no es necesario hacerlo de esta forma, solo... solo la haces sufrir porque te gusta. Además... ese chico estaba realmente preocupado por ella, era tan... tierno...

—¿Crees que tengo tiempo para tus estupideces ahora? —Él gruñó y la empujó, volviendo a coger el cuchillo. —Deja de molestarme o la próxima a la que voy a hacer sufrir es a ti, ¿entendido?

Ella retrocedió y él la ignoró por completo de nuevo. Pero, una vez más, no pudo clavar el cuchillo. Recibió un golpe en la cabeza y se desmayó.

La chica salió rápidamente del sótano, casi sin creerse ella misma que hubiera sido capaz de hacer algo así, pero lo había hecho. Caminó rápidamente, pero al llegar al cuarto donde había encerrado a Lituania, frenó en seco. La puerta estaba rota, abierta, y él no estaba allí.

Escuchó un sonido cerca de ella y se asustó, al girarse le vio.

—¡Iba a sacarte, yo...!

—Lo sé. —Él la sonrió, pero a ella la ponía nerviosa. No supo el qué, tal vez algo en su mirada, pero algo la pidió salir corriendo. Sin embargo, no lo hizo. Agarró la mano que el chico la ofreció, y caminó hacia el sótano. —Todavía puedo salvarla... ella va a vivir.

La chica de rosa le miró algo extrañada, pero sonrió.

—¡Sí! Lo siento mucho, yo no quiero que nadie muera, todo esto es una locura...

—Tranquila.

Ella asintió, más tranquila. Curarían a aquella chica tan parecida a ella, después los dos se irían y ella misma convencería al lituano de su mundo de que eso era lo correcto. Y todo estaría bien.

—Las dos... sois Bielorrusia, es decir... sois la misma. ¿No? —Murmuró el chico, deteniéndose y mirándola. Tenía una mano tras la espalda. Ella asintió. —Ya veo. Supongo que... solo una va a salvarse.

La chica ladeó la cabeza, sin entenderlo. Pensó que se refería a que no creía que la otra chica fuera a sobrevivir.

—¿Yo?

El castaño suspiró y la abrazó, y ella se dejó.

Claro que, ella no se dio cuenta de la pistola que tenía él en la mano, hasta que notó el cañón del arma contra su sien.

—Ella.

NA:

Esto fue raaaro.

Amo a Bielorrusia, es mi personaje favorito, por eso la torturo (es mi lógica); y así queda la cosa. Y sí, Lituania mata a 2P!Bielorrusia, por si alguien se ha quedado con la duda. Y no, no se va a saber todavía si la 1P muere (se sabrá, como se sabrá qué pasó con Austria.)

En el siguiente capítulo... España y Romano ~