Tercer capítulo de la historia (tachán!)
Esto de las actualizaciones rápidas es algo nuevo para mí –agradezco tener tiempo libre para variar– jajaja
Gracias a todos los que me dejáis review explicándome cuáles son vuestras impresiones! Lo valoro muchísimo y espero que sigáis reportándome este feedback ;)
También gracias a todos los lectores en general :3
Aquí va el capítulo, espero que os guste!
Capítulo 3. Una chica de recursos
Aún no entendía qué absurdo motivo había hecho que se quedara. Es decir, aquella rubia con aires de boba despreocupada tenía una posibilidad entre un millón de poder hacer que recuperara su empleo, ¿verdad?
La había visto juguetear con la pantalla de su teléfono móvil segundos antes de desaparecer para hacer una supuesta llamada a la empresa de Diamond Industries. Todo aquello era una locura, una maldita locura de la que no sabía por qué era partícipe. Lo mejor hubiera sido ignorarla por completo y largarse de la cafetería cuando aún podía. Pero no, ella había tenido que conservar la esperanza. Suspiró con resignación y movió, por enésima vez, la cucharilla en su taza de te.
Su "acompañante" hacía casi quince minutos que había salido fuera del establecimiento cuando, finalmente, volvió a a entrar. No habían palabras suficientes para describir la pedante y triunfal sonrisa que se dibujaba en su rostro. El brillo azulado de sus ojos, enmarcado por el negro de la sombra de sus párpados, cobró un matiz aún más intenso cuando alcanzó la mesa en la que ella la estaba esperando.
– ¿Te parece que quedemos mañana al mediodía? –le preguntó mientras se sentaba en la silla.
– ¿Qué? –entornó los ojos, incrédula.
– Te estoy preguntando si te va bien quedar conmigo mañana al mediodía –le repitió con tono jocoso.
– ¿A santo de qué?
– Ya te lo he dicho antes, si conseguía que te readmitieran quedarías conmigo –se cruzó de piernas– y tú has aceptado.
– Venga… va –chasqueó la lengua y se echó hacia atrás, apoyando la espalda en el respaldo de su silla– ¿Y como sé que no me está mintiendo?
– Mira tu teléfono móvil –la rubia ladeó la sonrisa y ella obedeció. Cogió el Smartphone y le dio un vistazo, apretando el botón para encender la pantalla. Tenía un mensaje… de Diamond Industries. Parpadeó y miró de reojo a aquella mujer, quien aún sonreía con más ganas. Abrió el mensaje de texto: "Querida Regina Mills, le informamos que desde Diamond Industries estaríamos encantados de poder contar con sus servicios como asistente de gerencia. Su incorporación sería inmediata, empezando el próximo lunes 22 de abril. Le rogamos que si por algún motivo se ve incapacitada de asistir o de aceptar el empleo lo comunique al departamento de recursos humanos cuyo correo le indicamos más adelante. Reciba un cordial saludo"– ¿Y bien?
– ¿Cómo… –bloqueó la pantalla de su teléfono y alzó la mirada, fijándola en los divertidos ojos azules que tenía enfrente– cómo lo ha hecho?
– Bueno –la rubia se incorporó hacia ella, acercándose– digamos que para no ser nadie… tengo mis recursos –aclaró en un susurro.
Aquella mirada no tenía precio. Sí, esa mirada de pasmada superada por las circunstancias y la incomprensión. Rió. Le divertía muchísimo estar con aquella chica, de la cual ya conocía el nombre gracias a las informaciones que había conseguido llamando a Diamond Industries. "Así que… Regina Mills" se mordió el labio conteniendo una carcajada "incluso su nombre es pedante a más no poder". La apariencia de la morena era demasiado clásica para su edad. A juzgar por el rostro le echaba no más de 25 años y, en cambio, vestía como si hubiera pasado ya los 40. Se preguntaba cómo una mujer como ella podría conocer chicos vistiendo así.
– ¿Por qué quiere quedar conmigo? –chasqueó la lengua, ya estaba otra vez con los formalismos.
– No es necesario que me tutees –le comentó con naturalidad– háblame de tú a tú.
– Para ello necesitaría saber su nombre –Regina levantó una ceja y se cruzó de brazos.
– Llámame… –sonrió con malicia– Trisha –acababa de darle un nombre falso a una desconocida. Se sentía como en una especie de película de James Bond.
– Está bien… Trisha –no pudo evitar echarse a reír cuando escuchó a la morena pronunciarlo– si no te atragantas con tanta risa… ¿Por qué quieres que quedemos? No me digas que te va ese… rollo… –la cuestionó con la ceja levantada.
– ¿Eh? –su risa se cortó en seco y carraspeó– No –se rascó la cabeza– de hecho tengo novio… o, bueno, podría llamarle así pero la verdad es que sólo nos acostamos –volvió a sonreír.
– Entiendo… –aún podía percibir desconfianza en su voz.
– Verás… me cuesta mucho conocer personas con las que pueda hablar y ser yo misma. Y contigo, por extraño que te parezca ahora mismo, puedo serlo.
– ¿Acabas de salir de un manicomio o algo por el estilo? –su desconfianza se tornó en miedo.
– Claro que no –negó con la cabeza intentando darle énfasis– te lo digo en serio… me cuesta hacer amigos –supo que había acertado al utilizar la baza de la empatía al ver cómo los músculos de Regina se destensaban– además, gracias a mí vuelves a tener empleo y me lo debes.
– ¿Disculpa? En primer lugar fue culpa tuya que lo perdiera y, en segundo lugar, no te debo nada –la cosa pintaba mal así que recurrió a aquello que nunca le fallaba: su mirada de cachorro abandonado. Tras unos segundos oyó cómo la morena suspiraba y se apuntó un tanto "nunca falla"– está bien… pero como vea cosas raras llamaré a la policía.
– Nada de cosas raras –le sonrió– ¿nos vemos mañana a eso de las 12 frente al London Eye? –Regina asintió con la cabeza.
– Y más te vale no volver a llegar tarde.
