Cuando el joven Lightwood se alejó el brujo volvió a sentarse en ese banco-balancín, necesitaba procesar todo lo que había pasado en menos de 24 horas. No tenía intención alguna de volver a esa fiesta pero ese cumulo de emociones lo habían desvelado por completo, así que tampoco tenía intención de ir a dormir. Finalmente optó por despejar la mente dando un tranquilo paseo por las calles de Idris. Se sintió tremendamente solo paseando sin nadie que lo acompañase mientras escuchaba la música y diversión de fondo. Lo mejor sería ir para casa y esperar a que el sueño se apoderase de él.
Las casas destinadas a los representantes de los subterráneos estaban en lo que se podría llamar la zona rica de la Ciudad de Cristal. Era como una especie de urbanización vallada con una única entrada. Alrededor había granjas y campos de cultivo. El Gran Brujo de Brooklyn se dirigía cabizbajo camino a su hogar cuando vio a un alto chico sentado enfrente de una de las columnas de la puerta de la urbanización, como si estuviera esperando a alguien. Cuando estuvo más cerca el corazón le dio un salto: era Alec.
No intercambiaron ni una palabra. El nefilim simplemente fue hacia él, le agarró fuerte por la solapa de la chaqueta y le besó con pasión y desesperación. Magnus le apretó fuerte contra su cuerpo y sin dejar de besarse fueron alejándose del camino para buscar más intimidad. Sin ni siquiera mirar por donde iban chocaron contra la puerta de un edificio y entraron. Era un granero. Aunque no era muy grande ya tenía habitantes: tres ovejas, un par de vacas, un caballo, conejos y una grupito de gallinas con su respectivo gallo. Como buen guerrero que era Alec hizo un barrido rápido de la zona y vio unas escaleras que llevaban a un segundo piso. Guió al brujo hacia allí y entre risas subieron al piso de arriba donde el granjero guardaba la paja, montones y montones de paja amontonada por el suelo o en forma de bloques. Magnus tiró a Alec encima de uno de estos destruyéndolo por completo y se tumbó encima de él. Dejó de besar sus labios para bajar hacia su cuello y clavícula para posteriormente desabrocharle la camisa y lamer lentamente su estómago hasta llegar por debajo del ombligo, haciendo que Alec contorsionarse el cuerpo. Cuando empezaron a quitarse la ropa el brujo hizo aparecer un par de sabanas y almohadas para que la paja y pienso de los animales no se les clavase en el desnudo cuerpo. Ambos sabían dónde besar, acariciar o morder para que el otro extasiase de placer. Sus fuertes gemidos rompían la quietud y el silencio de la noche y seguramente podían ser oídos desde fuera ya que la ventana estaba abierta, pero les daba igual, ya nada importaba, tan solo importaban ellos dos como siete años atrás. Cuando acabaron no se separaron ni un milímetro el uno del otro. No dejaron de besarse y acariciarse, al principio lentamente pero una vez más la situación fue subiendo de temperatura y acabaron haciendo el amor una segunda vez.
El canto del gallo despertó con un buen susto a Magnus que de rebote despertó a Alec que estaba completamente abrazado a él.
-Magnus tranquilo- le sonrió el nefilim – es el gallo. Te ha asustado ¿Verdad?- Poniendo la mano en su pectoral para sentir el acelerado latido del corazón del brujo. –Que tonto soy tendría que haberte avisado. Chss ya está, tranquilízate tú corazón no tendría que ir tan rápido.-
-Estoy bien- y tiró del chico para abrazarle y tumbarse de nuevo. Estuvieron así un par de minutos: en silencio y disfrutando del tacto del otro. Aunque había dormido no más de tres horas Magnus se sentía relajado y descansado. Hacía tiempo que no se despertaba con esa sensación, Alec tenía algo que le transmitía paz. El ruido de los granjeros empezando su jornada laboral destruyó el momento. Los ojos de Alec se abrieron de par en par.
-¡Tenemos que irnos ya!- Entre risas empezó a vestirse a toda prisa – Vamos, vamos o nos descubrirán.
Se acabaron de vestir justo a tiempo para tirarse al suelo cuando la puerta se abrió. La mujer dejó salir a los animales y se fue de nuevo dando tiempo a los dos amantes a bajar e irse a escondidas. Parecían dos ladrones huyendo. Como brujo que era podría haber hecho un glamour para poder irse sin ser vistos pero así era mucho más emocionante. A más eso parecía divertir a Alec.
-Ven por aquí- indicó Magnus dirigiéndose a una especie de montón de hierba y paja.
-¡No! ¡Por aquí no!- le advirtió Alexander – Esto es estiércol – Pero ya era demasiado tarde, la superficie no era dura como el brujo esperaba y la pierna se le hundió en esa montaña de excrementos.
Por unos momentos maldijo todas las granjas del mundo. Sus caros y exclusivos zapatos estaban literalmente cubiertos de cacas de animales.
Intentaron lavarlos en un riachuelo que había justo al lado del granero pero ni la más pura agua podía solucionar ese desastre: mojados aún tenían más mal aspecto. El enfado de Bane desapareció cuando vio la divertida cara que se le ponía a su ex cuando intentaba aguantarse la risa.
-Oh, adelante ríete, no hace falta que te contengas- dramatizando adrede.
-No me estoy riendo – dicho eso no pudo contenerse más y empezó a carcajearse – Lo siento de verdad. Puedes conjugar otros.-
-¡No puedo! ¿Qué parte de edición limitada no has entendido?- Tampoco pudo evitar reírse.
Sin que Magnus entendiera el por que Alec lo arrastró a toda prisa de vuelta dentro del granero y lo apretó contra la pared tapándole la boca con la mano. Segundos después los dos granjeros aparecieron. Cuando ya habían pasado se quedaron mirando y se besaron. El brujo le apretaba tan fuerte contra él que pensó que le acabaría rompiendo la espalda.
-Magnus-.
-¿Qué?- Molesto porque Alec había separado los labios de los suyos. Le besó de nuevo.
-Hueles fatal- tirando la cabeza atrás para poder hablar y echándose de nuevo a reír.
El brujo de Brooklyn también sonrió y le volvió a besar esta vez cogiéndole por la parte de atrás de la cabeza para evitar que se volviera a separar.
A toda prisa cruzó la puerta de entrada a la zona de viviendas de subterráneos y entró en casa sigilosamente: no quería despertar a Laurie. Se duchó para quitarse el olor a estiércol y a granja y fue al dormitorio a despertar a la ifrit. Era la primera vez en toda su vida que había sido infiel. ¿Se lo iba a contar a su novia? No sabía que hacer, estaba hecho un lío. Era Alec, su relación más especial ¿Se podía considerar infidelidad? ¿O simplemente el cierre de un importante capítulo de su vida?
Fue a despertarla temiendo su reacción ante su ausencia durante la pasada noche, pero había bebido tanto durante la ceremonia que no recordaba prácticamente nada. Benditas resacas con amnesia.
Prepararon su ligero equipaje y se dirigieron al Gran Salón para la renovación de la "Firma de los Acuerdos". Magnus firmó sin haber escuchado nada de lo que se digo, si todos firmaban tan malo no debía ser. No podía dejar de pensar en el día de ayer, más bien en la noche, en ese granero, en ese cuerpo de infarto, en esos besos y orgasmos. Durante la asamblea empezaron abonar los campos que rodeaban el Salón haciendo que todos los reunidos se molestasen por ese fuerte olor, pero para el brujo esa pestilencia ya nunca más fue una molestia porque le transportaría a esa magnífica velada.
El portal estaba ya abierto y eran muchos los líderes del submundo que habían partido, pero Bane tal y como prometió no pensaba irse sin despedirse. Tenía que reconocer que le asustaba la reacción que tendría Alec al verle y más aún porque Kevin ya habría vuelto de su turno de vigilancia en Nueva York ¿Y si se sentía tan culpable que no se presentaba? Pero sus temores se desvanecieron cuando le vio aparecer junto a su familia y al cruzarse sus miradas le dedicó una amplia sonrisa. El pequeño Nathan fue corriendo hacia él al grito de "El señor de los dragones" separándose sin pensarlo del agarre de mano que le ofrecía Kevin, cosa que al mayor no le gustó. Se tiró a los brazos del Gran Brujo que lo cogió y empezó a jugar con él tirándole por los aires y cogiéndole al vuelo. El pequeño no dejaba de reír.
-Haz la magia- no dejaba de pedirle.
-¿Cuál? ¿Esta?- Hizo aparecer unos graciosos dragones chiquitines en las palmas de sus diminutas manos.
-¡Papá! ¡Papá! Corre ven. Mira-. Con los ojos desorbitados de asombro.
Alec se puso detrás del niño y se agachó abrazándole con fuerza.
-¿Te gustan? Magnus sabe hacer cosas muy bonitas- Intercambió miradas de lujuria con el brujo.
-¿Tú quieres uno muy muy grande?- le preguntó Bane bajando también a su altura. Chasqueó los dedos y conjuro un dragón de peluche tan grande que era más alto incluso que el pequeño Lightwood.
-Uooo- exclamaron ilusionados padre e hijo al unísono.
El brujo se fue despidiendo de todos dejando a su nefilim y a su pequeña fotocopia para lo último.
-Hijo, dale un besito y agradece a Magnus que ya se va-. Ordenó el padre. El pequeño abrazó de nuevo al brujo y le dio un cariñoso beso en la mejilla.
-Muchas gracias.- dijo tímidamente. Bane no pudo evitar estrujarlo como si el mismo niño fuera un peluche y darle una sonora ráfaga de besos.
-Ha sido un placer volver a verte Alexander- se despidió el brujo cuando al fin quedaron un poco alejados de la multitud, haciendo una broma de doble sentido que hizo sonrojar al nefilim.
-El placer ha sido mío, no lo dudes.- le devolvió la broma dejándole pasmado.
-¡Cariño! ¿Vienes o no?- le advirtió Laurie con impaciencia desde el portal.
-¡Voy!- Se giró hacia Alec y le dio un fuerte abrazo susurrándole algo en su idioma natal.
-Oh no ¿Por qué haces esto?- le preguntó al brujo mientras se dirigía hacia el portal- ¿Qué significa lo que me has dicho?-
El brujo se giró y antes de desaparecer por el portal le contestó con picardía
-La próxima vez que nos veamos te lo diré-.
