La momia de las turberas


Este fic fue escrito como parte del evento de Halloween 2010, en el cual a cada club de Saint Seiya Yaoi le correspondió un "disfraz" y todos los fanfics y fanart que participaran debían estar acordes con ese disfraz. Al Blood Roses Piscis' Fan Club le correspondió "culturas antiguas".

En este fic la pareja es AfroditaxMM, y la historia intenta ser un poquito de miedo (no lo logra mucho, pero que lo intenta, lo intenta).


Anochecía el 31 de octubre y toda la Orden de Atenea celebraba una fiesta.

¿Toda la Orden? En realidad, no. Había algunos Caballeros que no estaban muy entusiasmados con el festejo y esa era la razón de que Afrodita de Piscis estuviera bajando desde el palacio (donde ya la mayoría estaba divirtiéndose) hacia las primeras Casas, en busca de los rezagados.

Era una misión que estaba cumpliendo de mala gana y que además no le correspondía.

Se suponía que los Caballeros de Oro debían turnarse para organizar esa fiesta anual en particular, y ese no era el año de Afrodita, sino el de Shura… que había acudido a él en busca de ayuda porque no tenía ni la menor idea de lo que debía hacerse.

Tampoco Afrodita tenía experiencia como organizador. Para el turno anterior de Piscis, su predecesor todavía vivía y él se había encargado de todo, pero a Atenea le había parecido una buena idea que le ayudara "un poco" al pobre y angustiado Shura. Como resultado, Afrodita había terminado haciendo casi todo el trabajo, porque Shura había sido completamente veraz: no tenía ni idea de qué hacer, ni cómo, ni en qué orden.

Así pues, en ese momento Afrodita estaba casi al límite de sus fuerzas, sus buenos modales y su paciencia. Casi no había dormido durante la última semana y lo único que deseaba era que esa noche terminara de una buena vez y que nadie se atreviera a echar a perder la fiesta, porque entonces sin duda iba a correr sangre.

Encontró el grupo que buscaba en la Cuarta Casa y eso fue un alivio (momentáneo, tristemente) a su estrés, al menos no tendría que dar vueltas por todo el Santuario buscándolos uno por uno.

-No, lo has entendido todo mal –decía MM en ese momento-. No quité las caras, es solo que hoy no dejo que los espectros de Cáncer salgan a jugar. Las barreras entre los universos se debilitan determinados días del año y hoy es uno de esos días, no es prudente dejar fantasmas sueltos en este momento.

-Pero, entonces, ¿de dónde salieron estas máscaras? –preguntó Shiryu.

-Siempre han estado aquí, algunas son más viejas que el Santuario. Lo que pasa es que hay muchos espíritus en esta zona y, cuando están sueltos, se manifiestan a través de las máscaras. Entonces lucen bastante feos, pero en realidad son inofensivos.

-Máscara Mortal… la primera vez que cruzamos esta Casa dijiste que todas esas caras en las paredes eran tus víctimas…

-Para haber juntado tantas en los pocos años que tengo de ser el Caballero de Cáncer habría tenido que masacrar unas cuantas multitudes. Todavía no puedo creer que me creyeran ese cuento… Debí guardármelo para el Día de los Inocentes.

Afrodita paseó la mirada por la colección de máscaras que Seiya, Shun, Hyoga y Shiryu estudiaban con tanto interés. Era una tradición de la Cuarta Casa: siempre que un Caballero de Cáncer derrotaba a un enemigo de Atenea, conmemoraba esa victoria con una máscara, ya fuera que hubiese pertenecido al enemigo, o que el Caballero la fabricara por su cuenta. Había máscaras de todas clases cubriendo las paredes, muchas de ellas eran verdaderas piezas de museo.

-Cada una tiene su propia historia –dijo Afrodita, acercándose a ellos-. Cuando era niño, solía pasar mucho tiempo aquí, escuchando al predecesor de Máscara Mortal relatar cómo llegó al Santuario tal o cual pieza de la colección.

MM lo miró de arriba abajo con cara de disgusto y no lo saludó, cosa que sorprendió bastante a Afrodita. Lo había notado cada vez más molesto durante las últimas semanas, pero eso se estaba volviendo excesivo.

-¿No deberías estar en la fiesta? –preguntó MM.

-Faltan ustedes y Shura me envió a buscarlos.

Shiryu, Shun y Seiya estaban disfrazados… o al menos Afrodita tuvo la esperanza de que Shun y Shiryu estuvieran disfrazados, porque no le quedaba más remedio que admitir que no estaba seguro de si lo que llevaban puestos eran disfraces o ropa común de Japón y China. En cuanto a Seiya… ese estaba vestido de verde y tenía consigo arco y flechas.

-¿Robin Hood? –preguntó Afrodita.

-En realidad pretendía ser Guillermo Tell.

-Hum… -no, no era un buen momento para indicarle que su ropa no correspondía con la época de Guillermo Tell sino con una película de Errol Flynn y que además debería tener una ballesta en lugar del arco. Si él no sabía lo indispensable sobre Oriente como para identificar la ropa de Shun ni la de Shiryu (aparte de que Shun podría ser, tal vez, un samurái y Shiryu le hacía recordar vagamente una película de Bruce Lee), tampoco podía esperar que Seiya supiera bastante de Occidente como para ser más exacto. Era mucho con que supiera que Robin Hood y Guillermo Tell eran distintas personas.

Eso en cuanto a los disfrazados, con respecto a los otros…

-¿Ustedes no piensan disfrazarse? –les preguntó, tratando de ser diplomático.

-Yo ya lo estoy. ¿No es obvio? –MM se acomodó el corbatín-. Estoy disfrazado de caballero.

Afrodita suspiró con resignación.

-¿Te pusiste un smoking con el único propósito de hacer ese mal chiste?

-Por supuesto –MM frunció el ceño-. Shura irá como caballero de la Mesa Redonda, ¿no?

-Tal vez –respondió Afrodita con cautela, en realidad no se había molestado en averiguar cuál era el disfraz del Caballero de Capricornio, pero, conociéndolo, era probable que apareciera como Gawaine o Percival.

-Entonces, ¿él es Tristán y tú eres Isolda? ¿Cuál de las dos? ¿Isolda la Rubia o Isolda la de las Blancas Manos?

Afrodita puso cara de asombro. ¿Pero qué le pasaba a ese loco? No podía ser que estuviera confundiendo su túnica con un vestido…

-No soy una dama del Ciclo Artúrico. ¡Se supone que soy un druida!

-¿Un druida? –dijo Shun, intrigado-. No imaginaba que vistieran completamente de blanco.

-Hum… era parte de su religión –Afrodita empezó a jugar nerviosamente con la hoz de oro que colgaba de su cinturón por medio de un cordón-. Esta no es la ropa de uso diario, sino un atuendo ceremonial, lo que usaban en las fiestas del fin del verano.

-Muy apropiado.

-La verdad es que lo escogí a último minuto. Perdí tanto tiempo ayudando a Shura a organizar la fiesta que no se me ocurrió pensar en mi disfraz hasta hoy y esto fue lo primero que encontré que me quedara. Forma parte del patrimonio de de la Casa de Piscis desde hace generaciones.

-¿Es auténtico?

-Supuestamente, sí. Los druidas adoraban los espíritus de las plantas, especialmente los de los árboles y, como la Casa de Piscis siempre ha estado ligada a las plantas, a alguno de mis predecesores debe haberle interesado la cultura celta lo suficiente como para coleccionar algunas vestiduras y objetos diversos.

-Sí, qué bonito –gruñó MM, que ya no se molestaba en disimular su disgusto.

-¿Qué hay de ti, Cisne? –preguntó Afrodita, a quien MM ya estaba empezando a poner nervioso.

-Participar en el Halloween va en contra de mi religión.

Afrodita se sintió aturdido por un momento y luego le dirigió una mirada de franco desconcierto.

-No… no vamos a pedirte que comas carne sacrificada a los ídolos o algo así, Hyoga –dijo, poniendo su mejor esfuerzo en hablar con calma-. Solamente estamos celebrando el año nuevo celta.

Hyoga enarcó una ceja.

-¿No se supone que es una fiesta en la que se rinde culto a los espíritus de los muertos y a los demonios?

-Cielos, no. Las almas de los antepasados pueden llegar de visita y los demonios andan más sueltos que de costumbre, pero no se les rinde culto ni a unos ni a otros. Es el inicio de un nuevo ciclo vital, un momento para estar con la familia y los amigos, recordar a los que amábamos y ya partieron, y también para tener presente las tradiciones de cada familia.

-¿Y cómo es que la Orden de la diosa griega Atenea festeja el año nuevo de los celtas?

-También festejamos el año nuevo persa… -Afrodita suspiró, ya era tarde como para tener que darles una lección de historia a los más jóvenes de la Orden-. Creo que no tardaremos en incluir el año nuevo japonés, porque ya hace dos siglos que celebramos el año nuevo chino. Esto empezó como una muestra de respeto hacia miembros de la Orden provenientes de fuera de Grecia. En la mayoría de los casos, se trata de celebraciones privadas porque solo tienen sentido para una o dos personas… no nos verás a todos participando del Ramadán, por ejemplo, y los que celebran Hannuka prefieren hacerlo a puerta cerrada…

-¿Qué hay de la Navidad?

-Pues, me figuro que podrás ir con Kamus, Shura y Aldebarán a la Misa del Gallo en Atenas, pero a cambio tendrás que tolerar que Máscara de Muerte, aquí presente, celebre la fiesta del Sol Invicto justo en la misma fecha en que ustedes recuerdan el nacimiento de su Redentor.

-Libertad de culto dentro de un culto pagano, quién lo dijera –Hyoga sonrió, divertido-. Entiendo eso, pero en las últimas semanas todos han estado actuando como si la participación en el Halloween fuera obligatoria.

-No, no lo es. Lo que pasa es que esta fiesta fue la primera ajena al culto de Atenea que se aceptó en la Orden, y suele ser más divertida que las Panateneas o, mejor dicho, menos formal y solemne. No la llamamos "Halloween" porque empezamos a celebrarla antes de que el cristianismo instituyera el Día de Todos los Santos. Es la Fiesta del Fin del Verano, o Samheim.

Hyoga enarcó las cejas. El Caballero de Piscis lucía realmente preocupado.

-¿Es muy importante que asista?

-No es indispensable, sobre todo si te resulta ofensiva. Es solo que he invertido mucho tiempo y esfuerzo en organizarla y estoy algo ofuscado.

-Sí, mucho esfuerzo y mucha dedicación, sobre todo teniendo en cuenta que no es tu turno, pero todo sea por complacer a Shura, ¿no? –dijo MM.

-¿De qué rayos estás hablando?

-Te has dedicado al asunto de la fiesta en cuerpo y alma –MM se encogió de hombros-. Tu queridísimo Shura debe estar muy contento contigo.

Afrodita lo contemplaba boquiabierto. Imposible. Aquella furia apenas controlada en cada palabra llena de sarcasmo… ¿celos?

-Angello… ¿Cuánto hace que nos conocemos? –preguntó con suavidad.

-Tú tenías cinco años y yo, seis.

-Ya casi dieciocho años, entonces…

-De hecho, Dita, es justo hoy a las 11:00pm que se cumplen los dieciocho años.

Afrodita sintió la repentina urgencia de darse una palmada en la frente, pero en ese momento ya le dolía demasiado la cabeza como para intentarlo.

-¿Nuestra amistad llega hoy a la mayoría de edad? –lo había olvidado por completo-. Si sobrevivo a esta noche, mañana hornearé un pastel y lo festejaremos en mi jardín con un buen café, a eso de las 4:00pm. ¿Te parece?

-Mañana ya será primero de noviembre y estás pasando nuestro aniversario con Shura.

-¿Y en serio crees que lo hago por mi gusto? ¡Hace dos meses que estamos trabajando como burros…

-Cada quien trabaja como puede.

-…y sería capaz de jurarte ante Atenea que ya estoy harto de tener que soportarlo a diario y escuchar sus quejas!

-…¿En serio?

-Eres mi mejor amigo. ¿Cómo se te ocurre pensar siquiera que valoro eso tan poco como para que dos meses de trabajo horrible y estresante impuesto por Atenea en persona puedan cambiarlo?

-Creí que te llevabas bien con Shura.

-Hasta que empezamos a organizar la fiesta, sí. Ahora los dos estamos rezando para que se acabe esto. Hasta acordamos hace quince días que no nos dirigiremos la palabra entre mañana y el 31 de diciembre. Estamos hartos de nuestra mutua "encantadora" presencia y "gentil" disposición.

-…¿En serio?

-En serio. Apiádate de mí, ¿quieres? Ya no doy más –Afrodita se encaminó hacia la puerta-. De acuerdo, hice lo que pude para que toda la Orden participara del festejo. Los que quieran llegar a la fiesta serán bienvenidos y a los que no, no se les guardará rencor… al menos no demasiado. Angello, espero que logres honrar ese disfraz tuyo aunque sea durante diez segundos antes de la media noche.

-¿A qué te refieres con eso?

-Es la fiesta del fin del verano, bobo. Las fronteras de los mundos se debilitan esta noche y habrá siempre por lo menos un instante en el que serás aquello de lo que estés disfrazado.

-Entonces, si te pido tres deseos a media noche, ¿me los concederás?

-Soy un druida celta, no un genio árabe. Pero pídemelos de todos modos, tal vez logres hacerme reír un rato.

Unos instantes después de que Afrodita se marchara, MM advirtió que los cuatro Caballeros de Bronce estaban mirándolo con tanta atención como cuando estaban mirando las máscaras un rato antes. ¿Se había puesto en evidencia delante de los mocosos? Menos mal que Afrodita estaba demasiado estresado como para darle importancia a una escenita de celos.

-Iré a buscar el resto de mi disfraz. No toquen nada –murmuró y marchó a su habitación. Lo último que necesitaba en ese momento era que alguno de esos listillos tuviera la ocurrencia de comentarle algo.

-Entonces, ¿vas a asistir a la fiesta? –le preguntó Shun a Hyoga.

-Supongo que puedo estar ahí un rato –Hyoga sonrió sin poder evitarlo-. Nunca imaginé que un día acabaría sintiendo pena por Afrodita de Piscis. Entre Shura y Angello van a volverlo loco.

-No creo que sea bueno para la salud llamar a Máscara Mortal por su nombre –Shun apenas podía contener la risa-. Creo que Afrodita no se dio cuenta cuando lo hizo… En fin, será mejor que te disfracemos de algo.

-No creo que…

-¡Al menos deberías usar una máscara! –decidió Seiya-. Seguramente Cáncerpuede prestarte una de estas.

-¡No toques eso, Seiya! ¿No escuchaste cuando dijo que algunas son más antiguas que el Santuario? –exclamó Shiryu.

-Oh, vamos, mira esta, es de cuero, no va a romperse o algo así…

-No deberías…

Demasiado tarde. Seiya ya había quitado de la pared la máscara que, curiosamente, no estaba sujeta como las demás, sino clavada al muro por medio de una pequeña estaca de abedul.

En su habitación, MM estaba terminando de abrocharse la capa que completaba su disfraz. En realidad, con esa ropa lo mismo habría podido ser Drácula que Mandrake el Mago, pero el enojo acumulado durante casi dos meses lo había impulsado a decir tonterías. "Disfrazado de caballero", ¿de dónde había sacado una idea tan ridícula?

Si no tenía más cuidado, acabaría resultándole obvio a todo el mundo lo que sentía por Afrodita.

No tenía la menor idea de cómo, por qué o cuándo se había enamorado de su mejor amigo, pero sí recordaba cuándo comprendió eso: el día en que cumplían diez años de haberse conocido.

Era un pésimo momento para el romance, con Arles luchando por imponer su voluntad a una Orden inestable y llena de conflictos. Por si eso no bastara, la adolescencia no había sido sencilla para ninguno de los dos y en ese entonces MM consideró que era mejor no decirle nada a Afrodita, porque solo conseguiría añadir más peso a la carga de angustias que ya arrastraban ambos.

Durante la Batalla de las Doce Casas se arrepintió sinceramente de haber callado, pero al regresar del Hades junto con el resto de los Caballeros Dorados y con el perdón de la diosa, había continuado guardando silencio.

Libre ya de las intrigas y los conflictos que habían oscurecido su vida entera, Afrodita se reveló (para sorpresa de al menos nueve Caballeros de Oro, los diez de Bronce y las Amazonas) como una persona alegre y sociable. No tardó en hacer amistad con todos, a diferencia de MM, que se volvía más huraño a medida que Afrodita se volvía más amigable.

Estaba resignado (al menos eso creía la mayor parte del tiempo), tenía la certeza de que Afrodita no tardaría mucho más en encontrar a alguien de quien enamorarse perdidamente, sin duda alguien igual de alegre.

Él estaría contento por ellos (o fingiría estarlo) y les desearía lo mejor. Seguiría guardando su secreto y no molestaría nunca a Afrodita con algo tan trivial como confesarle que lo amaba. Podían ser mejores amigos, pero pedirle a alguien tan risueño y gentil que se atara para siempre al tosco y malhumorado Caballero de Cáncer era demasiado soñar.

No, él se quedaría callado y sería su mejor amigo mientras Afrodita lo tolerara. Al principio de aquellos dos meses de planear la fiesta, hasta había ponderado que sería capaz de dar su aprobación a Shura si Afrodita lo encontraba atractivo…

Pero el 31 de octubre era sagrado.

Nunca había sido para ellos Halloween, ni Samheim, ni el Día de Muertos. Era su aniversario y siempre lo pasaban juntos, a menos que se atravesara una guerra… hasta ese año, cuando se atravesaron Shura y su dichosa fiesta.

Un grito de alarma a cuatro voces lo hizo salir a toda prisa hacia donde había dejado a los cuatro de Bronce, para encontrarse con un espectáculo realmente inusual.

-¿Qué diablos…?

Una criatura extraña había aparecido de repente en su Casa. Parecía un hombre que hubiera estado sumergido en lodo durante mucho tiempo (siglos quizá) y se hubiera vuelto del color del lodo… o una figura humana hecha completamente de cuero.

Los ojos negros y opacos de aquel ser se fijaron en él y una sonrisa lenta encontró la manera de aparecer en aquella cara que debería haber sido tan dura y rígida como la madera antigua.

-El Caballero de Cáncer… -dijo, con una voz que parecía salir de un pozo profundo.

-Sí, ese soy yo. ¿Qué diantres eres tú?

-¿No me recuerdas? Soy Fearn, siervo de Essus, Señor del Bosque Sangriento.

Los ojos de MM se abrieron un poco más, con sorpresa, al tiempo que le dirigía una mirada a la pared en la que faltaba una máscara.

-Oh, no… -murmuró.

-Oh, sí… -replicó la criatura-. ¿Te divertiste mucho al humillarme en mi derrota, siervo de Atenea? ¡En lugar de darme la sepultura honrosa que merecía, me trataste como un sacrificio a Tutatis! ¡Arrojaste mi cuerpo a un pantano! ¡Mírame! ¡Me convertiste en una momia de las turberas!

-Eh… hay un ligerísimo error en lo que estás diciendo. Yo no…

-¡Silencio, Caballero de Cáncer! Estoy libre de la prisión de las paredes de tu residencia y me vengaré de lo que me hiciste.

-¿Sí? Bueno… -MM asumió su posición de defensa-. Estoy listo. Dame tu mejor golpe.

-Ah, no. No lo tendrás tan fácil.

La momia se adelantó unos cuantos pasos, miró a los Caballeros de Bronce y luego concentró otra vez su atención en MM.

-Cuando liberaste a tus compañeros del Árbol de los Sacrificios, te hice una promesa y hoy voy a cumplirla: me vengaré destruyendo lo que más amas.

Dicho eso, se trasformó en lodo, que escurrió por las junturas del piso y desapareció.

Los cuatro Caballeros se quedaron atónitos, contemplando el suelo.

-¿Quién era? –preguntó Seiya.

-¿Quién fue el chistoso que quitó de su lugar la máscara de cuero? –replicó MM.

-E-eso podemos discutirlo luego. Tenemos una emergencia, ¿no?

-Hn. Ni piensen que lo voy a olvidar… En fin, Fearn era un brujo, creo. O más bien una especie de druida al servicio de Essus, un dios celta. Cuando él y los suyos intentaron asesinar a la reencarnación de turno de Atenea, fue derrotado. Fin de la historia.

-¿Cuándo fue eso? –preguntó Hyoga.

-Pues… en la cuarta o quinta generación, creo. Por ahí del siglo V a. C.

-¡¿Qué? ¡¿Esa cosa tiene más de 2.000 años?

-Se conserva bien para su edad, ¿no?

-Te confundió con otro Caballero de Cáncer –dijo Shun.

-Eso parece.

-¿Alguna idea de qué era lo que amaba más?

-¿Estás de broma, enano? ¡Tenemos mucho con que medio recuerde quién es esa momia! Entre tantas generaciones, ¿cómo voy a saber qué era lo más valioso para cada uno de mis predecesores?

-Tenemos que avisarle a los demás cuanto antes –sentenció Seiya al tiempo que se dirigía hacia la salida-. ¿Qué tal que lo más valioso para él fuera Atenea?

-¡Lo dudo mucho! –respondió MM, pero lo siguió igualmente.

Subían a buen paso hacia el palacio, manteniéndose alertas por cualquier indicio, por pequeño que fuera, que sirviera para señalar a dónde se había ido el nuevo enemigo, pero todo parecía en calma, como si no hubiera sucedido nada.

-¿Qué es una momia de las turberas? –preguntó Shun de repente-. No se parecía a ninguna momia que haya visto antes.

MM hizo una mueca.

-No tiene nada que ver con las momias egipcias, ni con las momias peruanas… es algo que puedes encontrar en el norte de Europa. En la Edad del Hierro se hacía sacrificios humanos a algunos dioses celtas; la víctima era estrangulada, apuñalada, degollada… o todas las anteriores, y se le arrojaba a una especie de pantano que se conoce como "turbera": un humedal lleno de materia vegetal llamada "turba". Con el paso de los años la turba se va depositando en el fondo convertida en un lodo negro y espeso, su propio peso la comprime y, si le das el tiempo suficiente, se convierte en carbón vegetal… el caso es que el agua de esas turberas contiene cantidad de ácido tánico, liberado por la descomposición de la materia vegetal, eso hace que los cadáveres se curtan como si fueran cuero y contribuye a preservarlos. Se han encontrado momias de este tipo que conservan todo su cabello y sus vestiduras, e incluso ha sido posible analizar el contenido de sus estómagos.

-Pero esta momia… -empezó Hyoga.

-Es el resultado de no sepultar a alguien con los ritos correctos. Mira, niño, no se sabe mucho sobre las religiones celtas porque los druidas no escribían sino que transmitían todo su conocimiento de memoria, y los romanos los exterminaron. Lo que puedo contarte sobre esto es, a partes iguales, datos aportados por sus enemigos (y, por lo tanto, poco confiables), lo que pueden deducir los arqueólogos y un buen montón de especulaciones al respecto, pero si los celtas hacían sacrificios humanos a sus dioses, bien cabe la posibilidad de que fueran sacrificios voluntarios. Es más, Pomponio Mela escribió, por ahí del año 44 d. C., que los druidas se conformaban con sacarle unas gotas de sangre a los devotos que se ofrecían para ello, luego de que el emperador Claudio proscribiera los sacrificios humanos. ¿Hasta aquí, vamos bien?

-…Sí.

-Bien. Así se cree que era el culto de la mayoría de los dioses celtas. Pero resulta que había dioses a los que no se les hacía sacrificios que involucraran las turberas. Casi no se sabe nada del dios Essus, excepto que se le representaba como un leñador cortando en pedazos con su hacha un cuerpo humano colgado de un árbol, cabeza abajo, y los estudiosos creen que su culto era particularmente sanguinario, y que no solo involucraba víctimas voluntarias, sino también prisioneros de guerra.

-Ugh.

-Ajá. El Árbol de los Sacrificios y el Bosque Sangriento que mencionó Fearn se citan en la Casa de Cáncer como parte de la historia de esa máscara en particular. Cuando los Caballeros de esa época llegaron al bosque en cuestión, encontraron muchos cadáveres despedazados colgando de los árboles. Y en el centro del bosque había un árbol más sagrado que los otros, donde se realizaba el destace que las víctimas más importantes –MM hizo una pausa y se pasó la mano por la frente con gesto preocupado-. Unos cuantos caballeros estuvieron cerca de participar en el ritual, de la peor manera posible, pero Lisandro de Cáncer y… ¿cuál era?... Adrasto de Sagitario lograron detener a Fearn y sus seguidores, la máscara que usaba Fearn se convirtió en una pieza más de la colección de la Cuarta Casa y eso fue todo… o casi todo. Por lo visto, cometieron un error al disponer del cuerpo.

-Debieron cremarlo o enterrarlo, ¿no? –dijo Hyoga.

-Jeh. Piénsalo un poco. Cualquier guerrero que se precie sabe que, luego de dar muerte a un enemigo, debe asegurarse de aplacar su alma, o correr el riesgo de que ésta regrese a darle un buen susto. Pues resulta que el culto del dios Essus era contrario a los cultos que implicaban enviar sacrificios a las turberas, el fuego o la tierra. Para ellos, el más alto honor era ser desmembrados entre cielo y tierra, o sea, colgarlos de un árbol y destazarlos… el haber sido sumergido en la turbera, como se hacía con los homenajes a los dioses pacíficos de la Tierra y la Vida, debe haber sido el colmo de los insultos para Fearn. Su alma no encontró paz y ahora está buscando venganza, cortesía del idiota que haya quitado la máscara de su sitio.

Para cuando llegaron al palacio (y a la fiesta) reinaba un profundo silencio. La momia había llegado ahí antes que ellos.

Estaba de pie en el centro del salón, observándolos con una sonrisa de triunfo. Su mano izquierda reposaba sobre la cabeza de Afrodita, que estaba arrodillado en el suelo, completamente inexpresivo, como si se encontrara en un trance.

-Bienvenido, Caballero de Cáncer. Llegas a tiempo de verme destruir lo que más amas en este mundo.

-Oh, vamos, ¿es broma? –exclamó MM-. ¿Dita? Estás muy, pero muy equivocado, viejo…

-Para nada, sé perfectamente quién es la persona más importante en tu vida, …Angello de Cáncer.

La sonrisa burlona de MM se desvaneció.

-Sabes mi nombre.

-Por supuesto.

-Creímos que me habías confundido con Lisandro de Cáncer.

-Eso te dejé creer. De otro modo, habría arruinado la sorpresa –la mano con textura y apariencia de cuero curtido acarició el cabello de Afrodita como si se tratara de una mascota y luego rozó un momento su mejilla para volver a la posición inicial-. Desde que Lisandro puso su trofeo en la pared de la Cuarta Casa, me dediqué a esperar el momento de mi liberación. Te he observado con suma atención desde que eras niño, Angello, a ti y a tu mejor amigo, la persona más valiosa para ti…

-Bah, insisto en que estás equivocado. Afrodita no…

-Pues, si no es valioso para ti, no te importará lo que le suceda, ¿verdad?

MM apretó los labios. Si Fearn realmente los había espiado desde niños, debía estar perfectamente enterado de lo unidos que eran, no le serviría de mucho negarlo.

-Está bien. Tienes ahí a mi amigo. Más te vale que lo dejes ir ahora mismo.

-¿Justo cuando estoy empezando a divertirme? Creo que no.

Con un susurro ininteligible para los demás, Fearn le ordenó a Afrodita que pusiera en pie.

-Atenea, tu druida me pertenece ahora.

-Afrodita no es un druida.

-Tal vez no en cualquier otro momento del año, pero esta es la noche del fin del verano, cuando lo real y lo imaginario son la misma cosa… ¿Pero, para qué gastar palabras? Que sea este muchacho, nombrado en honor de una diosa de la fertilidad, quien te demuestre el poder de dioses más antiguos que tú. Invoca al Árbol de los Sacrificios, Afrodita.

El suelo empezó a estremecerse, el piso de mármol se resquebrajó y decenas de rosales brotaron a través de las grietas.

No era rosas sangrientas ni rosas demonio ni rosas piraña. No se parecían a nada que hubiera crecido alguna vez en el jardín de la Casa de Piscis. Los tallos eran completamente negros, lo mismo que las hojas; las espinas (demasiado grandes, demasiado curvas, demasiado afiladas) no guardaban proporción con el grosor de los tallos; las rosas… las rosas eran amarillas, con un reflejo metálico que la naturaleza jamás había puesto en una planta, pero además chorreaba de ellas un líquido rojo que (muy probablemente) era savia o néctar (o al menos eso deseó MM con todas sus fuerzas), solo que en ese momento se parecía demasiado a la sangre.

Las cosas no terminaron ahí: los rosales se enroscaron unos con otros y siguieron creciendo más allá de lo que es saludable en un arbusto, hasta que aquello adquirió la forma de un árbol.

-Es decepcionante que el joven druida no sea capaz de invocar un roble verdadero, pero esta aproximación le ha quedado bastante artística, ¿no te parece, diosa de la Sabiduría? –comentó Fearn, burlón.

-Si no fuera por el color de las hojas, el estilo de las espinas y ese goteo constante, diría que es bellísimo –respondió Saori, imperturbable-. ¿Se puede saber quién eres y por qué agredes así a uno de mis Caballeros?

-Alguna vez fui un humilde servidor de Essus, hasta que tus Caballeros acabaron conmigo y con mis seguidores. Hoy estoy aquí para tomar justa retribución… Ah, no, Atenea, mi reclamo no es contra ti ni contra toda tu Orden. Fui derrotado y acepté mi derrota.

-¿Entonces?

-Mi reclamo es por la indignidad que sufrí después de muerto. Quiero la vida del Caballero de Cáncer a cambio de mi sufrimiento, ya que él es el heredero de quien me humilló.

-Es a mi Caballero de Piscis a quien estás lastimando –señaló Saori.

-Concédeme la sangre del Caballero de Cáncer y lo dejaré ir…

-¿En serio? –dijo MM.

-…una vez que el joven druida lo haya ejecutado con sus propias manos.

-Ah, no –MM empezó a acercarse a Fearn-. Afrodita no me perdonará nunca si le mancho la ropa con mi sangre. Si es tan necesario ejecutarme, ¿por qué no lo haces tú mismo?

Varios tallos de la maraña de rosales se lanzaron hacia MM a la velocidad de un latigazo y se enroscaron en su tobillo derecho; un instante después, el Caballero de Cáncer estaba colgando cabeza abajo de una rama del "árbol".

-En realidad es muy sencillo, mi apreciado muchacho –le dijo Fearn, con una sonrisa escalofriante-, eres muy capaz de morir alegremente por tu adorado "Dita", y lo que me interesa es proporcionarte una larga agonía. ¿Puedes imaginar lo que sentirá Afrodita cuando lo deje en libertad y te encuentre muerto? ¿Cuando sepa que él mismo te mató y bebió tu sangre? Eso lo destruirá por completo y yo habré completado entonces mi venganza.

MM empezó a insultarlo en italiano, pero solo logró hacer reír a Fearn, que le dio un empujón leve (de modo que MM quedó ahí, balanceándose y sintiéndose más ridículo que en peligro), y se volvió hacia Saori.

-Ordena a tus otros servidores que no intervengan. Quien intente interrumpir esto correrá la misma suerte que el Caballero de Cáncer.

Saori decidió no darle la satisfacción de ver lo angustiada que estaba y se concentró en buscar una solución. Essus y Fearn eran nombres celtas… ¿qué sabía sobre el culto de los dioses celtas…?

Fear acarició de nuevo la mejilla de Afrodita (lo que provocó otra andanada de groserías en italiano por parte de MM) y le habló con un tono que era casi paternal.

-El Maestro de tu mejor amigo era un gran narrador y tú amabas sus historias. Te recuerdo sentado junto a Angello, escuchando, con los ojos brillantes, pendiente de cada palabra. Sé que guardaste en tu corazón todas esas historias… ¿Recuerdas el asombro y el miedo que sentiste cuando les contó sobre mi máscara? Les explicó hasta el último detalle del ceremonial que se seguía en el Bosque Sangriento. Toma esa hoz, Afrodita de Piscis, y convierte a tu amigo en una víctima que complazca a Essus.

Afrodita desató la hoz con movimientos pausados, besó la hoja y se aproximó a MM.

-¡Dita! ¡No lo hagas! ¡Escúchame! ¡Tienes que luchar contra él!

Fearn rió a carcajadas.

-¿Ahora le dirás que lo amas y le rogarás que se libere de mi control en nombre de ese amor? No funcionará. Vas a morir, Caballero de Cáncer, como debió haber muerto tu predecesor.

MM lo miró estupefacto. Probablemente tenía razón, y tratar de hablar con Afrodita no era la solución más adecuada a su próximo destace. Encontró la manera de balancearse con fuerza, aunque eso le costó que las espinas del rosal se le clavaran todavía más en la pierna y, cuando Afrodita estuvo a una distancia conveniente, le dio un puñetazo en la muñeca, con lo que la hoz salió por los aires y cayó tintineando a los pies de Saori.

-¿Empeñado en hacerlo difícil? –Fearn le obsequió otra de esas sonrisas aterradoras-. Como desees, Caballero de Cáncer. Afrodita, tu amigo ha elegido morir de una forma todavía más lenta. Usa tus rosas.

-¡No, Dita…! –gimió MM cuando sintió una de las manos de Afrodita sujetarlo por el cuello. En su otra mano acababan de aparecer tres más de aquellas rosas extrañas, cuyos tallos se entrelazaron para convertirse en algo así como una burla de un puñal, erizado de espinas… iba a tardar muchísimo cortándolo en pedazos con semejante herramienta.

Saori recogió la hoz, sacó una flecha del carcaj de Seiya y usó la hoz para quitarle la punta de acero y afilar rápidamente el astil.

-Usa esto –dijo, mientras le devolvía la flecha a Seiya-. Es madera de abedul, si logras clavársela a esa momia, lo detendrás.

Seiya examinó la flecha con aire de duda. La modificación alteraba el largo del proyectil y probablemente afectaría también su trayectoria. No sería sencillo acertar el blanco.

Fearn advirtió lo que planeaban y llamó a Afrodita con un grito. MM supo de inmediato lo que pensaba hacer: usar al Caballero de Piscis como escudo, él conocía perfectamente cuán veloz podía ser Afrodita y no le cupo la menor duda de que podría colocarse entre Fearn y la flecha una fracción de segundo antes de que ésta llegara a su blanco. Así pues, no perdió tiempo: al momento en que Afrodita daba media vuelta para obedecer la orden, lo agarró por el cabello y tiró con fuerza.

La brusca maniobra, además de derribar a Afrodita, consiguió reventar las ramas que sujetaban su pierna. Afrodita estaba empezando a incorporarse cuando MM cayó sobre él. Cuando las cosas volvieran a la normalidad, Afrodita sin duda iba a matarlo. Un golpe en la mano, un tirón a su cabello (por todos los dioses, desde los cinco años había dejado claro para el resto de los aprendices que quien tocara su cabello lo hacía bajo riesgo de muerte lenta y dolorosa), un azotón contra el suelo y ahora 82kg de Caballero de Cáncer cayendo sobre él sin previo aviso… y todo eso delante de medio mundo. Sí, MM podía darse por muerto.

Se levantó un poco sobre codos y rodillas para permitirle respirar sin darle oportunidad de moverse para seguir obedeciendo a Fearn, y miró hacia el "árbol".

El Caballero de Pegaso tenía buenos reflejos, no quedaba más que reconocerlo: había aprovechado a las mil maravillas la caída de los dos rehenes, porque cuando la mirada de MM se encontró con la de Fearn, éste tenía la flecha clavada en la frente.

-Maldito… -murmuró Fearn-. Malditos todos…

El cuerpo de la momia se disolvió en un charco de lodo y turba, en cuyo centro quedó la máscara, ensartada en la flecha.

-Buen tiro –dijo Aioros, dándole una palmada en el hombro a Seiya.

-…Yo estaba apuntado al corazón.

-Oh.

MM aspiró profundamente y se puso en pie, teniendo el buen cuidado de ayudar a Afrodita al mismo tiempo.

Cuando devolviera la máscara a su lugar en la pared… MM interrumpió ese pensamiento antes de que terminara de formarse. No iba a colocar de nuevo esa máscara en su Casa; eso había sido una equivocación de su antecesor, un simple error cometido por ignorancia, pero él estaba mejor informado y no tendría excusa si algo así ocurría de nuevo.

Lo primero que hace un guerrero responsable luego de dar muerte a un enemigo es aplacar su espíritu. Y eso debía hacerse con los ritos correctos, no solo por respeto al enemigo, sino también por la prudencia más elemental.

Así pues, tan pronto como pudiera serenarse un poco, buscaría un árbol apropiado (un roble sería lo mejor, sin duda) y colgaría la máscara de una de sus ramas. Quedaría entre cielo y tierra hasta que el tiempo y los elementos la desintegraran, como complacía a Essus y como (seguramente) sería del agrado de Fearn.

Por lo pronto, se limitó a abrazar a Afrodita, aunque el resto de la Orden estuviera ahí, mirándolos. Eso había estado demasiado cerca.

-…¿Qué fue lo que pasó? –preguntó Afrodita, con un tono de voz que sonaba completamente intrigado.

MM evaluó rápidamente la situación. Estaban de pie en el centro del salón, muy juntos, las manos de Afrodita reposaban en sus hombros y las suyas rodeaban al Caballero de Piscis. Alguien que acabara de llegar podría creer (equivocadamente, claro) que recién terminaban de bailar una pieza lenta.

Pudo observar una que otra sonrisa indecisa a su alrededor, y volvió a concentrar su atención en Afrodita, que parecía sinceramente confundido.

-¿No lo recuerdas?

-¿Francamente? Lo último que recuerdo es a Milo tratando de apostar con Kamus sobre si Hyoga vendrá o no a la fiesta. Luego de eso se apagaron las luces, o me "apagaron las luces" a mí. Me duele la cabeza.

Buscó desesperadamente una respuesta, de preferencia una que no involucrara (todavía) explicarle lo cerca que había estado de matarlo y, mucho antes de que su cerebro pudiera coordinarse con la realidad y con su boca, se encontró diciendo lo primero que se le ocurrió.

-Estábamos bailando.

-¿Tú, que siempre has dicho que tengo la agilidad de una momia, bailando conmigo? ¿Qué bailábamos? ¿Un vals? No seas ridículo.

-Dijiste que era tu canción favorita.

Afrodita se veía todavía más desconcertado que al principio.

-¿Mi… canción…?

-"Un millón de rosas", ¿no?

-Esa no es mi…

-Y me prometiste un beso.

-¿Qué?

-Y que pasarías la noche conmigo.

-¿Es broma…?

La incredulidad de Afrodita lo hirió más de lo que había imaginado posible.

-Es más, prometiste amarme el resto de la vida -ahora Afrodita lo miraba como si creyera que se había vuelto loco. El lado más cínico de MM salió a flote con eso, mientras las risas de la maldita momia seguían resonando en su mente-. Bueno, esos fueron los tres deseos que te dije que te pediría a media noche. Tal vez "toda la vida" sea demasiado, pero al menos podrías darme el beso, ¿no crees?

-¡Eres insoportable, Angello! ¡¿Cómo puedes bromear con algo tan importante para mí…? –exclamó Afrodita, al tiempo que se apartaba de él con brusquedad… para quedar frente al "árbol".

Un grito ahogado escapó de sus labios.

-Eh… No es tan grave como parece, Dita, son solo unos cuantos rosales.

Que chorreaban sangre, estaban jugando a ser un árbol y habían brotado en el centro del salón… para lo cual tuvieron que destrozar el piso (y, probablemente, también una parte de los cimientos de esa área del palacio). Sí, nada grave.

Afrodita se cubrió la boca con las manos y salió corriendo.

MM suspiró antes de dirigirle a Saori una sonrisa propia de alguien que se siente más que medianamente patético.

-Con su permiso, Alteza, iré a asegurarme que no le ocurra nada malo.

-Adelante.

Casi había llegado a la puerta cuando Saori lo llamó.

-¡Angello!

MM se encogió un poco. Si todavía quedaba alguien en la Orden que no supiera su verdadero nombre, acababa de enterarse.

-¿Alteza?

-Dile que está relevado de sus deberes hasta nueva orden. El pobre necesita un descanso después del trabajo que ha tenido últimamente.

-Totalmente de acuerdo.

-Procura no dejarlo solo.

-Como usted mande.

Siguió a Afrodita, cojeando un poco y maldiciendo en silencio las espinas que tenía clavadas en la pierna.

Sabía exactamente en dónde encontrarlo: en el jardín. Efectivamente, ahí estaba, con los ojos cerrados y respirando lenta y profundamente, tratando de serenarse.

-Afrodita…

-¿Era Fearn? ¿En serio? ¿El druida maligno del que nos contó tu Maestro cuando teníamos como nueve años?

-¿Cómo lo sabes?

Afrodita extendió los brazos, señalando las plantas que los rodeaban.

-Se fundió por un rato con la tierra, lastimó mis rosales y usó su conexión conmigo para llegar hasta mí. Fue por eso que pudo dominarme tan completamente en tan poco tiempo.

-Uh… ¿Las rosas te dijeron eso?

-Sí, sabes que hablo con ellas todo el tiempo.

-No sabía que te contestaran.

-Solo los locos hablan solos.

Entonces, ¿era así como Afrodita resultaba ser casi siempre el primero en enterarse de todos los chismes?

Afrodita aspiró de nuevo, retuvo el aire unos instantes y lo soltó despacio.

-Angello, voy a hacer algo que quizá resulte poco tranquilizador, procura no asustarte.

-¿De qué…?

El suelo tembló de nuevo. MM procuró mantener el equilibrio sin dejar de mirar, preocupado, a Afrodita, que parecía estar concentrado en algo que le resultaba difícil.

Frente a ellos brotó de nuevo una maraña de rosales deformes con la figura de un árbol… ¿o eran las mismas plantas?

-Eh… ¿Para qué quieres dos de esas cosas? –preguntó MM.

-Es una sola, acabo de traerla aquí desde el palacio.

-Uh…

-Están asustadas. Aioria estaba preguntándole a Atenea si sería conveniente cortarlas y quemarlas. Nadie le hace algo así a mis niñas y vive para contarlo… pero no estoy de ánimo como para matar a Aioria, así que mejor las traje aquí.

Y tenía que haber sido a costa de un gran esfuerzo.

-Me parece excelente. Ahora, ¿qué tal si…? Uh… ¿Qué estás haciendo?

Afrodita parecía estar concentrándose de nuevo para otra tarea difícil.

-No puedo dejar que se queden así, están sufriendo -explicó.

Luego de unos instantes angustiosos, el árbol de rosales empezó a destejerse.

Poco a poco, las distintas plantas se separaron. Unos con suavidad (los más tiernos) y otros con chasquidos escalofriantes que recordaban huesos rompiéndose (la mayoría), los tallos adquirieron formas y posiciones más naturales. Las espinas desproporcionadas cayeron con un ruido de cristales rotos y todos los pétalos y hojas cayeron también, silenciosamente.

Pudo ver que Afrodita se tambaleaba y se apresuró a sostenerlo. Al sentir sus brazos rodeándolo, Afrodita dejó de luchar por mantenerse en pie y dejó que él se encargara de impedir que se diera de bruces contra el suelo. MM calculó que soltarlo en ese momento y permitir que se golpeara por segunda vez sería demasiado y, tras considerarlo unos instantes, se sentó cuidadosamente en el suelo, dejando que lo usara como respaldo.

Afrodita apoyó la cabeza en el pecho de MM y suspiró, al tiempo que cerraba los ojos.

MM contempló los rosales deshojados, ¿estarían muertos? La respiración de Afrodita era normal, tranquila, y no daba señales de tener prisa por abrir los ojos de nuevo, por lo que MM asumió que se había quedado dormido por la fatiga. Luchó consigo mismo por un rato, acabó por caer en la tentación y besó con suavidad su frente. Total, nunca se enteraría de eso…

-Entonces, ¿soy lo más importante para ti?

MM se congeló. ¡Estaba despierto!

-¿Es… estás bien?

-Cansado, un poco dolorido, sobreviviré.

-Me alegro. Escucha, Dita…

-Mis rosas dicen que lo de los tres deseos lo dijiste en serio.

¡Chismosas!

-¿Fue en serio, Angello?

No quedaba más remedio que enfrentarlo.

-Dita, ¿hace cuánto que nos conocemos?

-Tú tenías seis años y yo, cinco.

-Dieciocho años, entonces. Hemos sido mejores amigos prácticamente toda la vida y… no quiero correr el riesgo de echar a perder eso. Somos demasiado diferentes y no puedo dejar de pensar que, si cometiera la torpeza de decirte cualquier cosa sobre mis sentimientos, tarde o temprano meteré la pata y entonces me quedaré sin tu amor y sin tu amistad. No podría soportarlo y…

-Angello…

-¿Sí?

-Hazte un favor: deja de pensar tanto y bésame.

En medio de toda esa locura, aquello sonaba como un buen consejo.

-Como gustes.

Afrodita abrió los ojos al escucharlo, evidentemente sorprendido.

¿Así que no esperaba que fuera a tomarlo en serio? MM se encogió de hombros y procedió a besarlo, convencido de que Afrodita se espantaría, lo apartaría con brusquedad (y unos cuantos gritos) y todo volvería a quedar como antes.

Sin embargo, nada de eso pasó. Fue un beso suave, tranquilo, sin pretensiones y (para sorpresa de MM), Afrodita pareció disfrutarlo.

Tuvo que interrumpirlo para mirar a Afrodita y comprobar si era cierto o se trataba solo de su imaginación. Debía ser la verdad, porque (por inverosímil que resultara), Afrodita le estaba sonriendo.

-No tengo idea de cómo ni cuándo fue que me enamoré de ti –dijo Afrodita, con los ojos entrecerrados y tono soñador-, pero me parece que fue hace como ocho años que empecé a darme cuenta.

MM tragó saliva con dificultad. No era posible, no lo era…

Entonces empezó a escuchar una serie de voces tenues que parecían venir… ¿de las rosas? Eran voces que no hablaban en ningún idioma que MM conociera, pero le resultaba perfectamente claro el mensaje: "¡Ya era hora!".

-Dita… estoy oyendo voces…

-Estás oyendo las rosas.

-¡¿Qué?

-Estuviste así de cerca de ser sacrificado a un dios de las plantas, y estabas dispuesto a morir por mí… ¡Ni siquiera intentes negarlo! Las rosas son testigos de que te pusiste al alcance de Fearn a propósito –Afrodita sonrió levemente-. Estuviste suspendido entre cielo y tierra, como Odín cuando quiso obtener la sabiduría, y lo hiciste por tu propia voluntad. Parece ser que le caíste en gracia a Essus y decidió concederte un don.

-Y tú… ¿cómo hiciste para empezar a oírlas?

-Siempre he podido. Nací con el don, por eso me seleccionaron para ser Caballero de Piscis. De otro modo, me habría correspondido entrenar por una armadura de Plata o Bronce. Ahora, en cuanto a tus tres deseos…

-Eh… eso…

-Concedido el primero. El tercero hace años que puedes darlo por hecho. El segundo es el que me da problemas.

-…¿Por qué?

-Porque ya casi son las doce y entonces lo que voy a pasar contigo sería la madrugada, no la noche.

-No te preocupes, puedo perdonar eso.

MM paseó la mirada por los rosales a su alrededor. Las plantas nuevas tenían ahora brotes nuevos. Los tallos seguían siendo negros, pero las hojas eran verdes, completamente normales, y las espinas que brotaron luego de la caída de las anteriores eran blancas y pequeñas, el resultado era bastante vistoso.

Ya no escurría ningún líquido de las rosas que, además, había perdido el toque metálico. Ahora eran amarillas… mejor dicho, eran amarillas en el centro, pero hacia la mitad de cada pétalo empezaban a cambiar de color hasta que al llegar al borde eran de un rojo intenso.

Había visto rosas parecidas antes, pero no exactamente iguales a esas.

-Ahora lucen mucho mejor, ¿verdad? –comentó Afrodita-. Mañana o pasado, cuando tenga tiempo, voy a revisar mis libros de botánica. Si son una variedad nueva, habrá que nombrarla y registrarla.

A MM no le cabía la menor duda de que eran únicas en el mundo. Abrazó de nuevo a Afrodita y aspiró el perfume de su cabello, contento.

Si en el lenguaje de las flores la rosa amarilla es "somos amigos" y la roja es "te amo", ¿una rosa que pasa de amarillo a rojo sería "la transición de la amistad al amor"? Tendría que preguntárselo alguna vez.

Pero, por el momento, lo dejaría descansar un poco más y luego lo convencería de entrar a la Casa de Piscis. Estaba empezando a comprender por qué Afrodita solía referirse a las rosas como "sus niñas" y ahora que podía escucharlas con más claridad a cada segundo que pasaba (risueñas, alegres, dulces… felices por las nuevas hermanitas y enternecidas por el cuadro que formaban ellos dos), definitivamente se sentía incómodo. La versión vegetal de "¡Awww!" sonaba sospechosamente parecida a un coro de colegialas y besar a Afrodita delante de las rosas era como hacerlo delante de un jardín de niños (nunca mejor dicho). Así no había manera de reclamar el segundo deseo: necesitaba primero un poco de privacidad.

Además tenía otra razón de (mucho) peso para entrar a la Doceava Casa: buscar el botiquín de primeros auxilios. Tenía la clara sospecha de que iban a necesitar pinzas y mucha paciencia para sacarle las espinas que todavía tenía clavadas en la pierna derecha.

Cuando las cosas se normalizaran, buscaría a Pegaso (tenía que haber sido él quien quitó la máscara de su sitio, los otros tres eran más prudentes) y le daría las gracias.

…O, pensándolo mejor, primero le daría un puñetazo y luego le daría las gracias.

Después de todo, tenía que cuidar lo que quedaba de su reputación.

Fin


Notas:

Hace algún tiempo leí que algunas de las momias de las turberas han sido encontradas con una rama de abedul clavada en el pecho, y que por eso existe la teoría de que ese tipo de sacrificios tiene alguna relación con las leyendas de los vampiros (en ese caso, la misión de la madera sería impedirles volver a la vida).

Realmente es poco lo que se sabe sobre Essus y su culto, aparte de la posibilidad de que haya sido un culto sangriento (claro que no hay pruebas al respecto, la representación del dios desmembrando a una víctima puede ser puramente simbólica), pero el que las víctimas aparezcan colgando de un árbol ha servido para especular si habrá alguna relación con la leyenda de Odín, quien obtuvo la sabiduría luego de sacrificarse a sí mismo colgándose cabeza abajo de una rama del árbol Ygdrasill.

Como dijo MM, no se sabe mucho sobre los verdaderos druidas precisamente porque no dejaron nada escrito, la información utilizada para este fic se sacó un poco de "La Guerra de las Galias" (de Julio César) y un poco de internet.

Fearn es un nombre celta que significa "líder", pero me hizo gracia porque si le quitamos la "n" final queda "fear" ("miedo", en inglés) XD