Capítulo tercero.
Disclaimer: Los personajes pertenecen a la gran S. Meyer y la historia es de mi autoría.
Capítulo beteado por Yeya Lazzari, Betas FFAD. groups/betasffaddiction/
Llegué al estacionamiento a toda velocidad, fui directamente a mi Audi blanco. Manejé como nunca, normalmente era una conductora responsable, no cometía ninguna falta, ciertamente esta era una excepción. En el camino recibí varios bocinazos de conductores molestos, pasé tres semáforos en rojo y no iba a ponerme a pensar en las demás faltas que cometí. Pero necesitaba llegar urgentemente al hospital.
Luego de los diez minutos más largos de mi vida, visualicé a lo lejos el edificio, aceleré aun más entrando al aparcamiento, me estacioné horriblemente, en este momento eso no era importante.
La llamada me había desesperado tanto que no me dio tiempo de ponerme la cazadora y estaba lloviendo torrencialmente, ni siquiera tomé la cartera, solo salí corriendo a la entrada.
Iba con la cabeza baja para evitar que el agua me pegara en la cara, por lo que terminé chocando con alguien. Con semejante golpe me caería, era inevitable, pero el desconocido me sujetó por los brazos, no me soltaba. Quería ir a ver a Rose, Emmett me necesitaba.
Deseaba pedirle que me dejara ir, pero las palabras no salían de mis labios, sólo podía sollozar. Luego de unos minutos, o eso creo, él se separó un poco y clavó sus bellos ojos verdes en mí, los cuales se veían preocupados. Una mata de cabello dorado le caía por la frente incitándome a moverlo de allí. Desperté de la ensoñación recordando que tenía que estar con mi familia.
—Lo siento —susurró soltándome luego de una larga mirada, para irse corriendo. Hice lo mismo, pero hacia dentro del hospital, olvidando momentáneamente al apuesto desconocido. Al traspasar las puertas, sentí el cambio de temperatura, estaba segura que terminaría enferma. Llegué a la recepción donde había una mujer joven con una credencial que citaba "Stanley".
—Disculpe, ¿Rosalie Hale?
—Sexto piso, maternidad. Aún no sale de parto, pero puede aguardar en la sala de espera si desea. No demorará mucho.
No agradecí ni nada, corrí al ascensor y presioné el botón. A los segundos se abrieron las puertas, entré rápidamente marcando el piso que me indicaron. Las personas demoraban años en subir, todos a su paso, mientras yo me moría de los nervios. Se cerraron las puertas y me miré en el reflejo del ascensor: tenía el cabello todo revuelto, los ojos rojos, la ropa completamente mojada.
Apestaba.
¿Qué dirían mis asociados si me vieran así? La siempre impecable Isabella Swan hecha un desastre.
Las puertas se abrieron y salí rápidamente, había enfermeras por todos lados, se lograba escuchar el llanto de varios bebés.
Me quedé esperando en los sillones color claro que había en la sala, los minutos pasaban lentamente, torturándome. No sabía qué hacer, cuando Emmett me llamó estaban por comenzar con el parto y ya llevaba esperando cerca de una hora.
En ese momento una enfermera apareció por el pasillo, decidida, me acerqué a ella.
—Disculpe, ¿Rosalie Hale?
—Acaba de salir, ahora se encuentra en la habitación 367 —se aseguró en el libro que llevaba en las manos.
¡Gracias Dios!
Me despedí con un seco gracias y comencé a buscar la habitación de Rose. 363, 364, 365, ¡diablos! Parecía no llegar nunca. 366, 367.
¡Finalmente!
Me arreglé el cabello, la ropa e intenté limpiarme algo los ojos. Toqué despacio, un suave adelante de parte de Emmett me dio permiso para entrar. Abrí lentamente la puerta y encontré a mi cuñada durmiendo, con las mejillas rojas, una trenza en el cabello rubio, el cuerpo tapado por una sábana y se podía ver que ya no poseía la barriga de embarazada.
Miré a Emmett con la duda plasmada en el rostro, rogando que todo estuviera bien. Él estaba demacrado, sus ojos siempre alegres se encontraban tristes, rojos y sin vida, me sentí morir al verlo.
—Em… —susurré, me miró, de un paso se acercó a mí, tomándome por la cintura en un abrazo de oso que me levantó como si fuera de papel.
—Bells… —Me apretaba demasiado fuerte como cuando éramos pequeños, le tenía miedo a las tormentas por eso me iba a su cama para que me protegiera. Observándome con los ojos llorosos continuó—: Querían que eligiera entre Rose o el bebé... —¡Oh por Dios!—. No sabía qué hacer, la enfermera necesitaba una respuesta, pero no la tenía. Rosalie se había desmayado, su frecuencia cardiaca disminuía cada vez más, yo… no podía hacer nada, simplemente estar allí procesando todo, en shock. —No, no, no—. Pero el doctor Cullen echó a la enfermera de la sala, me dijo que aún se podía hacer algo. ¡Los salvó a ambos Bella! —expresó brillando de felicidad—. Es un bebe tan bello, poco pelo castaño claro, con suerte logro distinguirlo, ojos azules, los abrió apenas nació, pesó… —Lo abracé fuerte haciéndolo callar. Estaba tan contenta por él y Rose, ¡la familia se agrandaba! Era increíble.
—¡Felicitaciones papá! —exclamé mirándolo a los vivaces ojos que lo caracterizaban. Me rodeó con los brazos nuevamente.
—¿Hoy es el día de los abrazos o qué? —preguntó Rose con ese tono tan característico en ella. Ambos nos reímos de su actitud—. ¿Por qué no tengo uno? —dijo mirándonos con el ceño fruncido.
Emmett me soltó y fue a su lado. La ayudó a sentarse poniendo unos cojines detrás de su espalda, la besó con mucha ternura.
—¿Cómo está la nueva mama? —cuestioné acercándome a ella para abrazarla suavemente por los hombros—. ¿Cómo te encuentras? Según lo que dijo mi hermano fue un parto realmente… —¿Cómo llamarle? ¿Duro? ¿Escalofriante? ¿Aterrador?—. Difícil.
—Ni que lo digas, tengo pocos recuerdos de cómo fue. Si no fuera el nacimiento de mi hijo, probablemente desearía olvidarlo —contestó riendo, por lo menos se encontraba bien.
—Me alegra tanto que las cosas salieran bien —expresé con una sonrisa.
Tocaron brevemente la puerta y entró una enfermera con una cuna color azul. Emmett se acercó al bultito que pedía a gritos a su mamá para que lo alimentara lo antes posible. Mi hermano lo tomó con excesivo cuidado mientras acariciaba el poco cabello de su cabecita.
—Bella, ven a conocer a tu sobrino —incitó con el bebé en sus brazos.
Me acerqué y lo miré detenidamente: era simplemente impresionante como algo tan pequeño podía traernos tanta felicidad. Em me permitió acunarlo mientras me explicaba cómo hacerlo. Quise decirle que lo sabía, fui mamá, pero no era mi intención molestarlo. El niño se acomodó dejando de llorar por un momento, era tan pequeño y hermoso. No sé cuanto lo tuve en brazos, el tiempo no pasaba, sólo estaba ese pequeño que llegó a alumbrar nuestras vidas.
—Creo que lo más adecuado sería que la mamá alimente al bebé —opinó la voz de un hombre, me sonaba extrañamente familiar. Levanté la vista encontrándome con la persona con quien había chocado hace unas horas, sólo que esta vez tenía puesta una bata.
Tonta Bella, es el doctor.
—¡Oh sí! Claro. —Bajé la vista al bebé, no me había dado cuenta que tenía mi dedo índice en su pequeña mano. Ese fue el detonante para que los ojos se me llenaran de lágrimas, todos los recuerdos se arremolinaron en mi mente.
Le pasé el bebé cuidadosamente a Rose antes de salir del cuarto a toda velocidad.
Y Aquí otro capítulo de Inaudito, acepto si creen que me demore demasiado, cosa que no niego, y creen que ya no lo deben leer… Solo les digo que tengo que estudiar, y el año se me ha hecho muy pesado, trabajos, pruebas, en fin, muchas cosas…
Solo les digo que intentare actualizar mas pronto y espero que me sigan apoyando si creen que la historia es de su agrado….
Agradecimiento especial a mi querida beta Yeya, me ayudo mucho en este cap., aun que sea corto, lleva cosas especiales…
Sin más se despide, Conni Stew.
