¡Hola!, disculpen por no haber subido este capítulo antes. Mi internet había muerto y pues... andúbe ocupada con el colegio -risas-. En fin, gracias por sus lindos reviews ^^. ¡Espero que el cap les guste!.
Como ya saben WANG YAO NO ES PROPIEDAD MIA, SINO DE HIDEKAZ HIMARUYA, SU RESPECTIVO CREADOR Y DE HETALIA TAMBIÉN (tanto asi como Feliciano Vargas, Alemania, entre otros).
¡Buen fin de semana!.
El chino entró a la primera puerta por la fuerza. Se quedó inmóvil, pues parecía que había entrado a ninguna parte. Aquella habitación estaba completamente oscura, tal como al lugar donde llegó por primera vez. Empezó a cuestionarse si aquel sujeto le había hecho una broma de mal gusto, encerrándolo en ese sitio para siempre o quizá sólo quería asustarle. Se abrazó a si mismo, sintiendo la frialdad del cuarto, caminando hacia delante, sin saber para qué o qué; con algo de pánico, no quería admitírselo a sí mismo, pero ese lugar oscuro le daba bastante miedo. Aún así, trataba de ser fuerte.
Cerró los ojos por unos instantes… los abrió. Parecía ser una ilusión, pues el sitio oscuro, se pintó de una hermosa habitación. Miró el lugar, sin saber si era real, comenzó a tocar las paredes y todo mueble que encontraba.
– ¿Es real?, aru. – Preguntó, toqueteando todo. Se echó a reir de la nada. – Por un momento, me asusté demasiado, aru. – Tartamudeó al decir esto.
De repente, comenzaron a oírse pasos que venían de fuera la habitación, deteniéndose en la entrada. Sin embargo, el chino no quería voltearse a ver, temía lo peor.
– ¡Es China!, ¡Doitsu!, ¡Doitsu!, ¡salvame!. – Llorando, gritó una voz conocida. Era Italia.
– ¿Italia?, aru. – Se giró a verle enseguida. Se le acercó. – Oye, Italia, aru. – Trató de hablar con él, pero parecía imposible, no podía calmarle el llanto a ese país más joven que él.
Recurrió a darle un leve zape. De una forma extraña, ésto pareció calmar al italiano, quien tenía más miedo que otra cosa.
– ¡Por favor!, ¡tengo parientes en tu país!. – Suplicó, para que el chino no lo lastime.
– No voy a hacerte daño, aru… – Una gota se deslizó por su cabeza. – Italia, ¿a ti también te metió en este juego sucio un sujeto que se parece a mí?, aru. – Preguntó, mirándole serio.
– ¿Eh?, ¿juego?, ¿qué juego?. – Se emocionó.
– El juego de las puertas, aru… De seguro él te metió en esto, ¿verdad?. –
– ¿Y eso cómo se juega?~. – Le preguntó, parecía ser que no tenía la más mínima idea de lo que Yao estaba hablándole.
El andrógino se llevó una mano a la frente, dándose una palmada.
– Entonces, ¿él no te metió en esto?, aru. –
– … ¿Quién?. –
Yao suspiró, sabía que Italia era tonto pero no se imaginó que para tanto. Era inútil preguntarle, parecía que él estaba en otro mundo. Se resignó.
– ¿Dónde estamos?, aru. – Le miró.
– Esta es mi casa, vee~. – Comentó, feliz.
En aquel momento, el chico de cabello largo y oscuro, comenzó a preguntarse cómo demonios había llegado a Italia a través de una mísera puerta. No conseguía asimilar que tenía que ver Italia en el tema del juego. Pensó, que quizá él representaría un pecado pero… ¿Qué pecado podría representar ese ser que es mucho más bueno que el pan mojado en leche?.
– ¿De verdad?, aru… Que raro, no creí que esta fuera tu casa, aru. – Trató de sonreírle.
– Es bonita, ¿cierto?. Doitsu me ayudo a decorarla, vee. – Exclamó, hiper mega feliz, típico de él.
El chino solo afirmó con la cabeza, mientras miraba detenidamente el cuarto de nuevo. Salió de él, seguido por el italiano. Sólo quería hallar la manera de irse de allí y burlar al ente igual a él, quien fue el que lo metió en todo esto. Se dirigió a la puerta de salida, agarró la perilla… misteriosamente, no podía abrir. Llamó a Italia.
– ¿Por qué no puedo abrir la puerta?, aru. – Trató de sonar calmado.
– ¿Eh?, ¿no puedes?. – Se acercó Feliciano, el verdadero nombre de Italia del norte, sujetó la perilla y pudo abrir. – Ya está abierta. – Le sonrió al chino.
– ¡Vaya!, gracias, aru. – Le sonrió también, creyó que se iría por fin a su casa. Intentó pasar por la puerta. – … ¡¿Por qué demonios no puedo salir?, aru. –
Era extraño, algo invisible le impedía el paso. Parecía ser como si no hubiese abierto la puerta y ésta fuera de color transparente o vidrio. Feliciano se sorprendió, puesto que él entendía mucho menos lo que sucedía. Sin embargo, él intentó salir y, raramente, pudo.
–… ¡¿Qué broma de mal gusto es esta?, aru. – Yao empezaba a perder la paciencia, ¡parecía el colmo!.
Sin saber qué hacer en esa situación, el italiano solo se limitó a verle mientras jugaba con su rulo sobresaliente.
– China, ¿no quieres comer algo?, vee. Te hará mal enojarte con el estomago vacío. – Le miró con una gran sonrisa somnolienta.
Al chico andrógino no le desagradó la idea, ya era hora de la merienda y no había comido nada aún. Sabía que Italia se destacaba, principalmente, por su buena comida. De todas formas, no podía confiarse, después de todo, Italia fue su oponente en la segunda guerra mundial. "Pero no parece muy mal chico ni tampoco extremadamente listo como Alemania", pensó. Le miró y aceptó su invitación.
Feliciano, feliz ( más que de costumbre ), arrastró al chino hacia la sala haciendo que se siente en un sofá.
– Iré a preparar algo entonces, vee. – Ingresó en la cocina, sonriente y, tarareando, comenzó a hacer la comida.
China se levantó del sillón y empezó a inspeccionar la sala. No había mucho, cuadros hermosos, libros de cocina italiana, fotografías con Alemania y Japón abundaban en el ambiente, también con su hermano Romano. Pero algo le llamo la atención… una fotografía en especial, se paró delante de ella y le miró fijo. Era una foto de Italia de más pequeño junto con su abuelo Roma.
Tomó el portarretratos, observándolo, recordó aquellos días en los que conoció a aquel sujeto fuerte y mujeriego. Perdido en un mundo de recuerdos, pasó mirando la foto un largo rato, hasta oír un ruido proveniente de la cocina. Era Italia del norte que había roto un plato. Yao dejo la fotografía en su lugar y se acercó a la cocina.
– ¿Estás bien?, aru. – No era que el italiano le preocupase, el instinto de "madre" le hizo preguntar por aquel plato roto y la seguridad del chico.
– ¡Estoy bien!, vee. – Comentó rápido, impidiéndole el paso al chino. –No te preocupes, vee, yo lo junto y ya llevo la comida a la sala. – Explicó, alegre.
No le quedó de otra que ir a sentarse de nuevo, a esperar. A los pocos minutos, apareció Feliciano con un carrito para traer
los alimentos y bebidas. Traía comida en abundancia, junto con una botella de vino y dos copas. Sirvió todo en la mesa de café y fue a buscar más. Parecía que no terminaba más de traer comida hasta llenar la mesa que era demasiado grande y extensa.
– ¿Vas a comer todo eso?, aru. – Preguntó, tartamudeando.
– ¡Claro!. – Respondió con una sonrisa de oreja a oreja. – De todas formas, es poco, vee. –
Fue en ese preciso momento en que Yao comprendió que, aquella puerta que atravesó, de color naranja, en busca del primer pecado, era Feliciano representando a la gula. ¿Pero cómo hacerle frente?, Italia es un sujeto que, por más que quieras, no puedes hacerle daño; ¿o será que sólo debía compartir ese banquete interminable con él hasta reventar?. Estaba comenzando a sentir que el pecado surgía de él mismo, ya que sólo tenía ganas insaciables de comer y, para completar el momento, su estómago rugía como un verdadero panda enojado.
Sea cual fuera la acción que debía hacer, sólo sabía que tenía hambre. Le sonrió a Italia del norte y comenzó a comer con él, teniendo una pequeña charla, tratándole como si fuera uno más de sus hermanos. Disfrutando la comida que le prepararon, comió hasta quedar satisfecho. Volteó a mirarle por última vez al italiano, quien estaba sonriente, con la boca llena de comida y algo sucia alrededor... entre un parpadeo, aquella imagen de Feliciano desapareció, volviendo a ser un sitio vacío y negro. El desafío había terminado.
Ultimo comment mío, cuando dije "instinto de madre", me refería a que Yao ha tenido hermanos y los ha cuidado y criado... Sin olvidarnos de Hong kong 8D (que para mí es su hijo perdido con iggy, jhum (?)).
Cualquier duda o crítica... ya saben xD.
