Disclaimer: Los personajes y el universo le pertenecen a JK Rowling. La historia es mía. No obtengo beneficio económico ni lucrativo al escribir este fic.
Capítulo 03.
Los meses siguientes fueron difíciles. Remus y Peter se enteraron de lo que Lestrange había hecho aunque no con tantos detalles como James.
Sirius pasaba de la depresión a la ira y de vuelta a la tristeza hasta que un día se cansó.
Él era un Black, Potter por adopción aunque no legal y no iba a permitirse sucumbir. Su pequeño lo necesitaba y dependía de él para sobrevivir.
Le asqueaba sobre manera la forma en la que había sido concebido, pero si de él dependía, ese bebé no iba a tener una vida de mierda con expectativas familiares ni ideas preconcebidas ni cualquier otra cosa que el cachorro no deseara.
Su infancia había sido una mierda, pero la de su hijo no sería igual.
Así que con esa decisión tomada, trató de superar como pudo aquellos meses de cautiverio.
Sus amigos y Lily eran de gran ayuda. El animago sabía que sin ellos tal vez se habría dejado morir de inanición probablemente.
Aún tenía pesadillas y no podía permanecer encerrado en una habitación, tenía que dormir con la puerta abierta, y una pequeña luz encendida.
No era por miedo a la oscuridad, pero le gustaba ver a su alrededor.
A veces deseaba transformarse en Canuto, pero a causa del embarazo no era posible y si lo intentaba, podría ser muy peligroso tanto para él como para el feto.
Cuando Lily se puso de parto, estaban Sirius y ella solos. Remus estaba trabajando en una tienda de ropa muggle y James estaba fuera arreglando unos asuntos en el ministerio.
La bruja se negó a ir a San Mungo, pues se rumoreaba que habían robado a un par de niños y tanto ella como Sirius se negaron a ser trasladados al hospital. No se arriesgarían.
Así que Black se encargó de llamar al medimago Smith y a James.
Peter estaba en paradero desconocido así que no se arriesgó a mandarle un patronus por si acaso se encontraba en el mundo muggle igual que Remus al que tampoco pudo enviarle uno.
Pero sí le mandó a Mitsi. Ella era una elfina doméstica que Sirius había adquirido hacía algunos meses.
Le dio el mensaje y le recordó la importancia de no ser vista por nadie.
Ella inclinó la cabeza y desapareció.
Lily gemía de dolor en un sillón pero Sirius no podía hacer mucho por ella. Él apenas se veía los pies.
Cuando el medimago Smith y James llegaron, trasladaron a la mujer a una habitación que había sido preparada días atrás y el calvario para James comenzó.
Recibió hechizos, insultos y maldiciones hasta que le quitó la varita a su esposa y Lily, como ya no podía hechizarlo, le gritaba.
-¡Te castraré, James Potter! ¡Serás un eunuco! ¿Me oyes? ¡Y no creas que voy a permitirte tocarme jamás! ¡Y olvídate de que te dé más hijos! -Se detuvo para tomar aire y continuó.
A Sirius le habían dicho que saliera de la habitación sin embargo él como padrino del bebé se negó rotundamente.
Aceptó salir solo para comer y tomar las vitaminas que necesitaba pero volvió enseguida.
Harry nació siete horas más tarde. Pesaba tres kilos y medio y estaba sano.
Cuando James lo tuvo en sus brazos, se le escaparon algunas lágrimas de emoción.
-Es precioso. -Dijo con la voz tomada. -Protegeré a este bebé con mi vida de ser necesario.
Tanto Sirius como Lily supieron que hablaba en serio. Ellos harían lo mismo.
Cornamenta colocó al infante sobre una agotada Lily y cuando ella lo alimentó, el orgulloso padre se lo tendió a Sirius.
El animago lo sostuvo con gran cuidado y también derramó algunas lágrimas.
-Hola ahijado. Vamos a hacer muchas travesuras juntos mi cachorro, tu y yo. -Susurró.
Se lo devolvió a James y antes de que lo dejara en la cuna, Remus entró en la habitación.
Tenía ojeras y se lo veía cansado, pero sonreía tan ampliamente que parecía como si el pequeño fuera suyo y en cierto modo así era puesto que en cuanto lo tomó en sus brazos fue añadido a su manada.
El lobo solo salía durante la luna llena, pero el hombre tenía algunas costumbres lupinas arraigadas en él.
El parto de Sirius llegó cinco días después.
Estaba jugando con Remus a un divertido juego de mesa muggle, el monopoli, cuando las contracciones que llevaba sintiendo durante el día se intensificaron y algo líquido le bajó por las piernas.
-Lunático, creo que he roto aguas. -Murmuró.
-¿Lo dices en serio o solo porque te estoy ganando espectacularmente?
-Va en serio. -Gimió llevándose las manos al vientre.
-Vale, vale. Pensemos. ¿Qué hacer? ¿Qué hacer?
El tranquilo y estoico licántropo entró en pánico.
-Llama al medimago Smith, lobo idiota. -Black le gruñó con dientes apretados tratando de soportar el dolor. -Parece que me voy a partir en dos y juro que si no te das prisa, te cruciaré hasta que mi magia se agote.
Remus corrió hacia la chimenea e hizo lo ordenado por el animago.
James bajó al salón debido al escándalo, pues el ruido había despertado a Harry y lo que vio le hizo bajar la varita que tenía preparada para repartir maldiciones a diestra y siniestra.
Peter entraba en ese momento a través de la chimenea y cayó sobre Remus.
Se levantó lo más rápido que pudo y al ver a Sirius empapado y gimoteando se desmayó.
Lily apareció en las escaleras y comenzó a dar órdenes como una sargento. Parecía mentira que su esposo se hubiera quedado paralizado cuando había estado unos días atrás en el nacimiento de su hijo.
Al llegar el medimago, todo estaba listo y él solo tuvo que realizar la incisión por la que saldría el bebé y esperar.
Aiden Regulus Black llegó al mundo el cinco de agosto de mil novecientos ochenta a las once y cincuenta y siete de la noche tras nueve horas de parto.
En el momento en el que Sirius tuvo a su hijo en brazos, sabía que lo amaría incondicionalmente.
James había sido elegido como padrino y fue el primero en sostener a Aiden después de su agotado padre.
Después fue el turno de Remus y por último el de Lily.
Peter se negó a sostenerlo puesto que le daba miedo tirarlo pero le acarició la cara con un regordete dedo.
El bebé pesó dos kilos y novecientos gramos y estaba en perfecto estado de salud.
Días más tarde, Rodolphus se enteró del nacimiento de su heredero y sonrió de satisfacción.
Su plan había dado frutos... Literalmente.
En unos años, ese pequeño niño sería suyo. Permitiría que lo criaran los gryffindor de momento.
