No me odiéis pero este puede ser el capítulo final. Al menos va a serlo de momento. Primera porque no quiero meterme más aun en temas de sentimientos y segunda porque tengo otras ideas de fanfics y quiero llevarlas a cabo. ¡Así que disfrutadlo mucho!
Entonces empezó nuestro juego. No inmediatamente, claro. La cosa llevó su tiempo. Pasaron días, más de una semana, donde yo evité el tema y sólo esperé. Porque podían pasar dos cosas: o que nunca más volviera a ocurrir o que volviéramos a saltar el uno sobre el otro. Y sinceramente, si pasaba lo segundo, yo prefería que fuera Daryl quién viniera a mí.
Y vino, aunque le costó. Pasaron días en los que nos vimos e hicimos como si no pasara nada entre nosotros. Yo por expectación y él, supongo, por no tener que afrontar lo que había ocurrido. Incluso salimos a fuera a tratar de reclutar gente, dedicándonos a eso y nada más, hablando cordialmente y sin tener la más mínima intimidad. Fue horrible, porque cada mirada y cada roce me devolvía por unos segundos a mi cama, días atrás, y me encendía al instante. Una tortura. Pero aguanté, porque vi que nuestra relación no había ido a peor. Sólo estaba ahí, suspendida, como si no hubiera pasado nada.
Salimos hacia el norte, a comprobar unos grandes almacenes por si aún quedaba algo que nos sirviera dentro. Si por el camino encontrábamos a alguien, mejor que mejor. El viaje era de casi un día pero, como siempre, Daryl iba en su moto y yo solo en un coche. Hicimos una parada al encontrar una gasolinera, pero parecía saqueada hasta los cimientos. Al ir a subirnos a los vehículos para seguir la marcha Daryl pareció oír algo y me hizo una señal para que me callara. Cuando salíamos a explorar y temíamos encontrar a alguien, vivo o muerto, él se comunicaba conmigo básicamente por señas. Después de unas cuantas salidas ya podía entenderlas perfectamente, cosa de la cual me sentía un poco orgulloso. Al final iba a convertirme en un buen rastreador.
Daryl pareció relajarse cuando se dio cuenta de que eran sólo un par de caminantes. Así que acabamos con ellos y seguimos el camino. Tampoco tuvimos mucha suerte en los almacenes. Se había hecho un agujero en el tejado y había estado entrando agua de lluvia durante a saber cuánto tiempo. La mayoría de cosas que quedaban dentro estaban podridas por el agua pero pudimos salvar algo de ropa que no parecía demasiado dañada y algunas medicinas que estaban protegidas por botes de plástico. En un momento dado, ambos fuimos a coger el mismo bote para guardarlo y nuestras manos se tocaron. Fue sólo un segundo pero yo sentí un escalofrío. Nos miramos y yo le sonreí. Él apartó la mirada y se alejó, dejándome a mí la tarea de seleccionar los medicamentos.
Dejamos el coche y la moto apartados en el bosque y tuvimos un poco de charla intranscendental mientras cenábamos unas latas de judías que yo había cogido para la ocasión. Nada importante o que hiciera avanzar nuestra relación, pero me demostraba una vez más que entre nosotros todo parecía estar bien. Daryl parecía haberme cogido más confianza porque habló más que de costumbre, aunque yo no me atreví a hablar de nosotros y él no parecía tampoco dispuesto a ello. Dormimos un rato por turnos en la parte de atrás del coche mientras el otro hacía guardia y al salir el primer rayo de sol iniciamos el viaje de vuelta. Al llegar a Alejandría descargamos el coche y cada uno se fue a su casa.
Así los días pasaban, sin que la cosa fuera a mejor ni a peor. Nuestra relación estaba como en stand by, pero yo sabía, por las miradas que me echaba y su comportamiento, que la llama que habíamos encendido no se había apagado.
Daryl volvió a coger la costumbre de entrar en mi garaje como Pedro por su casa siempre que necesitaba ajustar su moto. Y, aunque yo sabía que podía aparecer en cualquier momento, me seguía asustando cuando me lo encontraba de sopetón. Un día cualquiera, creo que era miércoles, andaba yo en la cocina pelando patatas y Daryl apareció por la puerta de mi garaje. Me giré a mirarle y me saludó con la cabeza, y a mí se me escapó lo que debió ser una de mis sonrisas de idiota. Sin mediar palabra se metió en el baño, dejando la puerta abierta. Oí el agua correr. Inhalé aire profundo y, tomando la puerta abierta como una no negativa a hablar, le pregunté:
- ¿Te quedas a cenar?
Y el silencio que siguió a mis palabras me cayó encima como una losa. Sí, yo soy de esos impacientes que, aunque quiere que sea el otro el que venga, hace invitaciones a cenar. Pero la respuesta tardó y pensé que el agua era una excusa válida para que no me hubiera oído. Entonces sacó la cabeza por la puerta.
- ¿Qué vas a hacer?
- Eh...- dudé. La pregunta me había sorprendido- Puré de patata y hamburguesas de... bueno, no sé de qué son. De carne.
Asintió y volvió a meterse en el baño sin cerrar la puerta. Yo seguí pelando patatas, sonriendo como un imbécil, aunque ahora tuviera que preparar más cantidad. Me puse a pensar en lo realmente solo que me había sentido desde que Eric se había ido. Habían sido demasiados años viviendo con otra persona y me había acostumbrado a tener siempre a alguien con quien hablar. Que Daryl se quedara, aunque fuera sólo a cenar, quizás haría que me sintiera un poco más normal, más yo otra vez.
Entonces, sin previo aviso, Daryl estaba contra mi espalda, pegado a mi cuerpo como un imán. Sus manos rodearon mi cintura y su pelvis me clavó contra el mármol de la encimera. No sabía cómo había llegado Daryl hasta mí sin qué le oyera. ¿Tan metido estaba en mis pensamientos? Solté el cuchillo y la patata que tenía en las manos y cerré los ojos. Por fin las cosas volvían a estar donde yo quería y estaba deseando ver por dónde iban. No traté de borrar mi sonrisa de triunfo, porque sabía que él no la podía ver.
Sus manos empezaron a subir por mi torso, acariciándome por encima de la camisa mientras sus caderas se movían contra mí. Notaba su aliento en la nuca mientras yo empezaba a volverme loco.
- Quiero follarte- susurró contra mi oído, haciendo que un escalofrío me recorriera todo el cuerpo.
Nada de lo que me hubiera podido decir en ese momento me habría sorprendido más. Aunque las cosas con Daryl eran así: de cero a cien en cuestión de segundos. Para todo. Cambiaba de opinión radicalmente sobre las cosas, y parecía que en cuestiones de sexo iba a ser igual. Pero la cuestión es que, según sus palabras textuales, quería follarme. Bien, estaba deseando descubrir qué pensaba hacerme. Yo no había dejado de pensar en él todos esos días y esperaba que él hubiera hecho lo mismo. Deseé que hubiera pasado el rato pensando en mí e imaginando todo lo que le gustaría hacer conmigo. La simple idea me puso mucho más que tenerlo frotándose contra mí.
¿Cómo podía yo oponerme a tal declaración de intenciones? Era justo lo que había estado esperando así que le dejé hacer sin protestar. Fue muy diferente a la primera vez, donde yo me vi obligado a tomar la voz cantante. No le culpé, él estaba asimilando demasiadas cosas a la vez y yo sólo intentaba que se sintiera lo más cómodo posible. Pero esa vez parecía que los nervios de Daryl ya no estaban tan presentes y fue más decidido y dominante.
Sus labios bailaban por mi cuello y mis clavículas mientras sus manos desabrochaban torpemente mi camisa. No me dejó darme la vuelta para estar cara a cara con él, simplemente me agarró de la barbilla y me giró la cara hacia un lado para poder besarme mientras su pelvis seguía empujándome contra la cocina. Me besó como si tuviera que compensar todos los días en los que no lo había hecho y yo sólo podía apoyarme en el frío mármol y disfrutar, expectante. Me desnudó e hizo conmigo todo lo que le apeteció, como le pedí que hiciera días atrás.
Fue apasionado y atento pero, a pesar de eso, no me miró a los ojos ni un segundo ni articuló palabra. No me quejé ni intenté imponer nada porque quería dejar a Daryl su espacio para experimentar las cosas por él mismo. Pero mientras tenía los codos clavados en el mármol de la cocina con él detrás de mí, me di cuenta que sin duda había estado fantaseando con nosotros tanto como yo.
- No voy a quedarme a cenar- me dijo mientras se abrochaba el pantalón y, por fin, me miraba-. Ya no tengo hambre.
Y desapareció. Salió de mi casa como si me hubiera robado algo y tuviera que alejarse rápidamente de la escena del crimen. Yo sonreía porque me daba igual. Sólo me importaba que hubiera vuelto a ocurrir y, seguramente, volvería a pasar más veces. No me equivocaba.
Así empezó el juego en el que Daryl venía a mí, aprovechando que la oscuridad de la noche lo protegía, y dábamos rienda suelta a nuestra pasión de puertas para adentro, en secreto, como si tuviéramos quince años. Yo realmente disfrutaba el estar con él. A veces se quedaba a cenar. Otras tomábamos una cerveza en mi patio de atrás. Incluso en icasiones sólo venía a follar, como a él le gustaba llamarlo. Era divertido y excitante y, el preocuparme de si iba a venir o no esa noche, me hacía sentirme un poco más en el mundo real y no en medio del maldito fin del mundo. Cada uno de nuestros encuentros era mejor que el anterior, había cada vez más confianza y menos vergüenza. Y estaba empezando a ver un Daryl que realmente me gustaba.
La única cosa que no cambió fue que él se iba siempre justo después, como si al no quedarse el hecho significara menos. No lo entendía aunque no me atrevía a reprochárselo. Pero tenía mis métodos para intentar que se quedara.
Una noche cualquiera Daryl llamó a mi puerta y le abrí sin siquiera mirar quién era. Nadie más picaba a mi puerta a las once de la noche con esa prisa. Empezaba a hacer calor fuera, pero él jamás se separaba de su chaleco de cuero. Me pregunté cuánto haría que no lo lavaba, pero enseguida deseché la pregunta porque, en realidad, no quería saberlo.
- ¿Quieres una copa de vino?- Le pregunté alzando la que yo tenía en la mano mientras entraba.
Asintió y fui a la cocina a por otra copa y luego hacia la mesita junto al sofá, donde me esperaba el resto de la botella de vino. Llené la copa hasta la mitad y me senté.
- ¿Qué hacías?- Me preguntó cogiéndome la copa e imitándome.
- Estaba leyendo. No hay mucho que hacer desde que no hay televisión ni internet- dije señalando el libro que descansaba en el reposabrazos del sofá-. Pero ahora que estás aquí, se me ocurren otras cosas para hacer.
Daryl se rió, como burlándose de mi comentario. Pero las probabilidades de que viniera a eso eran altas. Me encantaba hacer ese tipo de comentarios porque él siempre parecía reaccionar muy tímidamente a ellos, y yo cada vez me sentía más cómodo haciéndolos. Bebió un sorbo de vino y yo esperé a que siguiera hablando, pero Daryl no era la persona que mejor seguía las conversaciones.
Aún y así conseguí sacarle temas de los que hablar y acabó explicándome que Rick y él ya estaban pensando en hacia dónde nos dirigiríamos en nuestra próxima salida. Daryl me habló de ello con ganas, explicándome todo lo que habían pensado. Se notaba que se sentía como un animal enjaulado en Alejandría deseando salir a correr por el bosque. No le culpé, esta comunidad tenía cosas muy buenas pero no estaba hecha para todo el mundo. Al fin y al cabo la habitaba gente, mucha de la cual no sabía, ni quería saber, cómo era vivir fuera de esos muros y no entendían muchos de los comportamientos del grupo de Rick. Yo sabía, por experiencia un poco, que ellos serían siempre considerados "extranjeros" por algunos habitantes del pueblo.
Fuimos bebiendo vino y, cuando la botella se acabó, fui a la bodega a por otra. Hacía días que no me sentía tan a gusto, bebiendo relajadamente en el sofá con Daryl al lado, cada vez más acomodado entre los cojines. A ratos parecía olvidársenos que ahí fuera el mundo que conocíamos había acabado y ahora teníamos que pelear cada día para sobrevivir. La bebida empezó a hacer efecto y yo sentía calor en las mejillas, ganas de reír y la lengua muy suelta. Le hablé de mi infancia, de cómo me gustaban los chicos ya a los doce años y de cómo pasé mi adolescencia saliendo con chicos mayores mientras mis compañeros de clase se dedicaban a hacerme la vida imposible. Él me contó, fruto seguramente también del vino, cosas de su hermano, de su infancia y de su vida. De vez en cuando paraba, como si hubiera episodios que no quisiera contar, y seguía con otra cosa. Su narración era desordenada y caótica, pero yo podría haberme pasado la noche entera escuchándole hablar de su vida.
- Odiaba a mi madre- siguió contándome-. Era una borracha de mierda que no movía un dedo para pararle los pies a mi padre- volvió a hacer una pausa de las suyas e intervine.
- No suena como el modelo de madre ideal, desde luego.
- Solía mandar a mi hermano a la tienda a por alcohol o tabaco cuando se le acababa, hasta que Merle fue lo bastante mayor como para causarle problemas. Entonces empezó a mandarme a mí. En la tienda nos lo vendían porque sabían quién éramos. Yo lo odiaba. Era un jodido niño.
No sabía qué decirle porque era la primera vez que Daryl me contaba esa clase de cosas, así que le dejé seguir hablando mientras miraba a la nada. Supe que estaba recordando cosas dolorosas para él, pero quizás le iba bien sacarlo. Como estábamos muy cerca el uno del otro puse una mano sobre su muslo y apreté, para que supiera que estaba ahí. Ni se inmutó.
- Lo único que sabía hacer era fumar y pegarnos cuando hacíamos algo mal, que era muy a menudo- siguió-. ¡Ah, y tortitas! Era una madre de mierda pero nunca he probado unas tortitas como las que hacía ella.
- Se me da muy bien hacer tortitas.
Daryl me miró levantando una ceja. Me ofendió que dudara así de mí, sin siquiera comprobarlo, así que le di un golpe en el brazo, haciéndome el molesto.
- Lo digo en serio.
- No creo que sean como las de mi madre.
- ¡Compruébalo!- Le dije, sonriendo- Tengo mermelada en la nevera y todo. Si quieres mañana te las puedo hacer para desayunar.
Y ya estaba: acababa de soltar la bomba directamente sobre él. Pero es que las palabras ya me quemaban en la garganta. Necesitaba hacerle saber que quería que se quedara, y la oportunidad había sido de oro. Esperé, pues mis palabras se habían quedado flotando en el aire entre nosotros, como parando el tiempo. Daryl me había apartado la mirada y ahora tenía la vista fija en la pared de delante. Yo le miré, esperando ver alguna reacción en su cara, pero estaba totalmente inexpresivo. Los segundos se me hacían minutos y temí que se levantara y se fuera, dejándome ahí con mi arrepentimiento. Iba a decir algo para cambiar de tema pero entonces Daryl se volvió a mirarme.
Me besó sin mediar palabra y, por un momento, me sentí realmente confuso. ¿Eso significaba un sí? ¿O era un 'cállate'? No lo supe en ese momento pero le devolví el beso, intentando concentrarme y no pensar. Daryl era un alma libre y yo sabía que nada ni nadie iban a poder domesticarlo. Aun y así, estaba tirando de la cuerda, rezando por no romperla. Besó mi cuello con ansia. Estaba como acelerado y no podía seguirle los pasos, así que le dejé hacer.
Sus manos bajaron por mi pecho hasta la hebilla de mi cinturón, mientras besaba mi cuello y mis clavículas. Sus manos rozaban mi bragueta mientras se centraba en desabrochar el botón de mis vaqueros y yo empecé a excitarme muchísimo. Daryl estaba siendo rápido y directo, y por primera vez no parecía vacilar en sus movimientos. Volvió a besarme en los labios mientras bajaba la cremallera de mis pantalones. Me moría por la anticipación. Estaba deseando que metiera una mano en mi ropa interior y me tocara y, cuando lo hizo, tuve que cerrar los ojos de la excitación. Su puño se cerró firmemente en torno a mí y empezó su baile arriba y abajo mientras atrapaba mi lengua entre sus labios.
Entonces Daryl hizo algo que nunca había hecho hasta ese día. Se separó un poco de mí y se acomodó en el suelo de rodillas entre mis piernas. Yo abrí los ojos porque por nada del mundo quería perderme ese momento. Dudó un segundo mientras su mano seguía apretándome y moviéndose. Pensé que tal vez volvería a echarse atrás, que no iba a hacerlo, pero entonces su boca se acercó a mí y, lentamente, acompañó el ritmo de su mano. Fue lento al principio, mientras él iba descubriendo sensaciones y yo disfrutaba del momento. Cuando su lengua tocó mi piel se me escapó un gemido que hizo que acelerase un poco. Puse una mano sobre su cabeza, apoyándome en él y reprimiendo las ganas de apretar y mover mis caderas contra su boca. Pero no iba a hacerlo, quería alargar ese momento lo máximo posible.
Daryl parecía ir cogiendo confianza porque sus movimientos eran mucho más rítmicos. Su lengua se movía contra mi piel mientras sus labios subían y bajaban y yo estaba ya totalmente entregado. Pero por alguna razón, enseguida necesité más.
- Más fuerte- le pedí entre mi respiración agitada.
Tras unos segundos de duda, empezó a acelerar el ritmo y a endurecer sus movimientos. Era torpe, aunque estaba poniendo todo su empeño en darme placer. Con la mano con la que le sujetaba la nuca lo guié un poco en sus movimientos y enseguida cogió el ritmo que le marqué. Empezó a ser el movimiento perfecto y noté que el final estaba cerca si la cosa seguía así. No quería que todo acabara ya e intenté apartar mis caderas para que parase.
- Daryl… voy a…
Pero siguió y yo no pude contenerme mucho más. Llegué al orgasmo entre gemidos mientras aun estaba en su boca. Había tratado de evitarlo pero él lo había querido así. Cerré los ojos mientras los últimos restos de placer me invadían. Pero, mientras yo aun necesitaba unos momentos para calmarme, Daryl se separó de mí. Volvió a besarme en los labios, así que enredé mis dedos en su pelo y lo apreté contra mí. El momento me pareció mágico.
- Ha sido genial- le susurré cuando se separó de mí.
- No voy a quedarme a dormir- me respondió con total sequedad, mientras se levantaba del suelo. Adiós magia.
- ¿Qué?- Alcancé a preguntar mientras lo veía caminar hasta la puerta de mi casa.
Yo tenía los pantalones bajados y no estaba en condiciones de ponerme a seguirlo para pedirle una explicación. Abroché mi bragueta mientras procesaba toda la información en mi cabeza. Pero no llegué a ninguna conclusión y me quedé de pie mirando la puerta, y preguntándome porque Daryl siempre se empeñaba en hacerlo todo más difícil. Me despedí de él mentalmente y empecé a asumir las cosas tal y como eran. Ni siquiera se había quedado para que yo pudiera devolverle nada, apenas ni me había mirado. Intenté evitarlo pero empecé a sentirme realmente solo.
A la mañana siguiente no hice tortitas. Me desperté pronto y comí algo de cecina con un trozo de pan que ya estaba algo seco. Después de la mala noche que había pasado la comida me costaba de tragar, pero la hice pasar con unos sorbos de té. Había estado dando vueltas en la cama hasta las tantas, intentando dar con cuál había sido mi error, sin éxito. Después de un par de horas de ir mirando el reloj sin que pareciera avanzar el tiempo llegué a la conclusión de que la culpa no era mía. Era normal que yo quisiera todo con él, una relación. Era lo que yo quería y estaba en todo mi derecho a expresarlo. Otro tema era que él quisiera lo mismo, en cual caso iba a tener paciencia y esperar. El camino entre la absoluta negación y la relación de pareja por el que estaba atravesando Daryl quizás era un tramo bonito de recorrer con él.
Al terminarme la taza de té veía las cosas de forma diferente así que decidí ir hasta la despensa a por algo para cocinar más tarde. No iba a dejar que mi ánimo decayera y, por supuesto, no pensaba tenerle en cuenta lo de la noche anterior a Daryl. Entré en la despensa saludando a Olivia animadamente, pero no fue ella la que me devolvió el saludo.
- Hola- me contestó Eric, con una expresión entre la sorpresa y el dolor.
- Oh, perdón. Pensé que Olivia estaba…
- Sí, sí- me apartó la mirada y siguió colocando latas en una estantería-. Había que organizar un poco esto y me pidió ayuda. Y como yo ya no salgo a reclutar pues algo tengo que hacer.
Y se hizo el silencio, uno muy incómodo. El más incómodo que recuerdo haber vivido. Fue tenso y se me hizo eterno. No había vuelto a hablar con Eric desde aquella tarde en la que le dejé y él decidió coger sus cosas e irse. Él no había vuelto a intentar hablar conmigo así que yo se lo había respetado. Aunque en realidad seguía preocupándome por como estuviera. Era imposible dejar de quererle de la noche a la mañana y, para que mentir, al verle había sentido un vuelco en el estómago. Aunque ya no estaba enamorado de Eric era imposible borrar de un plumazo tantos años de vida en común.
- ¿Cómo está tu pie?- Le pregunté con sincera preocupación.
- Bien- me mintió. Podía ver claramente que aun llevaba una venda.
- ¿Y tú cómo estás?
- Mira, Aaron- dejó lo que estaba haciendo y me encaró-, no tienes que venir aquí a fingir que te importo un pimiento, ¿de acuerdo?
- Eric, yo no estoy…
- Ya somos mayorcitos- me interrumpió acercándose a mí y apuntándome con el dedo-. Así que no necesito que vengas aquí a hacerte el preocupado.
Mi mente funcionaba a toda prisa para buscar una respuesta que no sonara dura ni falsa, pero me estaba siendo difícil. Empecé a sentirme muy culpable por ser feliz e imaginar un futuro con otra persona mientras él, evidentemente, aún trataba de superarlo. No era justo pero era lo que había, así que no juzgaba a Eric por estar enfadado y odiarme. Realmente tenía sus motivos para estar dolido y para creer que no me importaba lo más mínimo. Me importaba, pero ahora había cosas que me importaban más. Así que no pude responderle.
Alguien entró detrás de mí, salvándome la vida sin saberlo. Me volví y vi que Olivia entraba cargando más latas entre sus brazos. Me saludó con no demasiado entusiasmo y Eric volvió a dedicarse a lo suyo. Me sentí un poco idiota ahí de pie después de lo que había pasado hasta que Olivia me preguntó qué necesitaba.
Mientras llenaba una bolsa con varias cosas Rosita entró también en la despensa. Parecía muy cansada y tenía pinta de haber estado llorando. Me saludó y enseguida me apartó la mirada y pidió sus víveres. Por eso, cuando hube acabado de llenar mi bolsa, la esperé en la calle. Ella salió al cabo de unos minutos y se me quedó mirando. Parecía debatirse entre hablar conmigo o pasar de mí e irse a casa. Decidí hablar yo:
- ¿Cómo estás?
- ¿A ti qué te parece?- Me contestó mientras echaba a andar hacia su casa. La imité.
- No tienes buena cara, así que si necesitas hablar puedes hacerlo conmigo.
Rosita siguió caminando pero no me contestó inmediatamente. Por un momento temí que siguiera andando y me ignorara, pero entonces paró en seco y me miró.
- Sigo intentando entender lo que ha pasado, ¿sabes? Intento entender por qué seguía conmigo si no me quería. ¿Sólo esperaba hasta que ha encontrado a otra mejor?- no sabía qué responderle así que la dejé seguir desahogándose- Estoy fatal, y no sólo porque me hayan dejado. Me siento una idiota por habérselo dado todo a un hombre que sólo pasaba el rato conmigo.
- Bueno, puede no haber sido siempre así. ¿Preferirías que te hubiera dejado antes?
- Sí, claro. Si ya no me quería podría haber hablado conmigo antes y no me hubiera hecho sentir menos que nadie. ¿Crees que Eric hubiera querido que siguieras con él hasta que encontraras a otra persona?
- No es exactamente el mismo caso, Rosita- sin querer le aparté la mirada, algo avergonzado-. Eric y yo llevábamos años juntos, pero ese no es el caso. A veces llega otra persona a tu vida que te hace plantearte si lo que sientes es amor y lo deja todo del revés. Y entonces es cuando te das cuenta de que lo que tienes no es lo que quieres.
- ¿Qué me quieres decir con eso?
- Nada. Que no creo que Abraham estuviera contigo por estar. Creo que de verdad te quería y debe estar mal también.
- ¿Tú crees?
- Sí- le respondí sinceramente-. Yo me siento mal a menudo por haberle hecho esto a Eric, a pesar de que creo que es lo mejor. Yo también estoy mal.
- Pues no lo parece. Pareces feliz.
Sus palabras me cayeron con un cubo de agua fría. Ya me sentía suficientemente mal yo solo, pero no podía evitar ser feliz. Sin pronunciar ni una palabra más empecé a andar hacia mi casa, dejando a Rosita ahí en medio parada. Ella no era nadie para juzgarme y yo no iba a dejar a nadie hacerlo. Me merecía luchar por ser feliz al igual que Abraham, y los demás iban a tener que entenderlo.
Cuando llegué a mi casa estaba bastante enfadado. No con Rosita en particular, si no con la idea de que lo que estaba haciendo estaba mal. El mundo se estaba yendo al carajo y quizás me moría mañana, y no pensaba ir dejando las cosas para otro día. Quería estar con Daryl y me daba igual si tenía que adaptarme o esperar. Era lo que quería y punto. Nadie iba a hacerme sentir mal, ni Eric, ni Rosita, ni Daryl ni yo mismo. Comí cualquier cosa y pasé el resto del día haciendo mis cosas, limpiando un poco la casa y arreglando el jardín mientras seguía dándole vueltas a la cabeza.
Daryl no iba a venir esa noche y yo necesitaba hablar con él. Así que no me quedaba otra que saltarme nuestras reglas no escritas e ir yo hasta su casa. Caminé deprisa por la calle. No porque tuviera nada que esconder, si no porque estaba nervioso y ansioso y necesitaba soltarlo todo. Al llegar a su casa subí los tres escalones que me separaban de su puerta y llamé dos veces con los nudillos. Nadie contestó así que volví a picar, esta vez más fuerte. Miré hacia la casa y parecía estar toda a oscuras así que quizás no estaba allí. Me dio igual, porque pensaba volver después. Así que eché a andar hacia mi casa de nuevo pero, antes de que pudiera siquiera doblar la esquina Daryl apareció caminando entre las sombras de la noche.
- ¿Qué haces aquí?- Me preguntó mientras seguía caminando hasta su casa.
- Necesito hablar contigo- le respondí. Él ni siquiera se paró a mirarme-. Por eso he venido yo esta vez.
Cuando llegó a la puerta de su casa simplemente la empujó para abrirla y se quedó ahí parado mirándome, como esperando que dijera lo que tenía que decir así sin más.
- ¿Quieres que hablemos en la calle o me vas a invitar a entrar?
Resopló y entró en la casa, dejando la puerta abierta en una clara invitación a pasar. Así que le seguí y él encendió la luz. De las tres bombillas que la lámpara del salón necesitaba sólo estaba puesta una, lo que otorgaba a la sala de un aspecto un poco lúgubre. Si a eso le sumas que había pocos muebles y mucho desorden, la primera impresión de la casa no estaba siendo muy buena.
Daryl se dejó caer en el sofá que había en el centro y se quitó las botas.
- Di lo que tengas que decir.
- Siento lo de anoche- le espeté sin más. Era cierto-. Siento haberte presionado, yo…no quiero forzarte a nada.
- No vas a obligarme a hacer nada que no quiera, créeme- me contestó mirándome por fin a la cara mientras sacaba un cigarrillo del bolsillo.
Me senté en un sillón para poder mirarle mientras hablábamos y noté que no estaba muy cómodo con la situación. Pero, siendo sinceros, Daryl nunca estaba del todo cómodo con nada.
- Lo sé, pero quiero pedirte disculpas de todos modos. Sé cómo te sientes aquí dentro y no lo he tenido en cuenta.
- ¿Ah, sí?- Preguntó mirándome entre el flequillo y echándose para adelante, como encarándome- ¿Sabes cómo me siento?
- Sí.
- No. No tienes ni idea.
Daryl me desesperaba a veces con sus misterios, aunque nunca fuera a manifestarlo. Nadie nunca sabía nada sobre él, porque lo que había en su cabeza era siempre una incógnita para todos. No es sencillo tener que estar siempre escarbando y picando para sacarle la más mínima cosa. Pero accedí a entrar en su juego:
- Pues explícamelo.
- No quiero ser una de los vuestros- me contestó, apartándome la mirada-. No quiero sentirme parte de Alejandría.
- Desde luego no te has integrado nada…
- Esta gente- hizo una pausa para llevarse el cigarrillo a la boca-, no son como nosotros. No tienen ni idea de nada.
- Sí, lo entiendo. No te gusta la gente de Alejandría porque no entienden por lo que Rick y vosotros habéis pasado- ya me sabía la historia-. Pero, ¿qué tiene eso que ver conmigo?
No contestó inmediatamente y volvió a acercarse el tabaco a los labios. Parecía dudar la respuesta y le dejé margen para pensar en ello. Si había una respuesta lógica a todo ese asunto necesitaba saberla. Me quedé mirándole hasta que, justo después de exhalar humo por la boca, habló:
- Algunas de estas personas ya estaban aquí de antes, ¿no? Tú me lo dijiste- empezó. Yo asentí-. Viven en sus casas, hacen la compra y friegan sus platos. Y por la noche, comen sus cenas bien cocinadas y se meten a dormir en sus camas mullidas. Viven cómodos, joder, y ni se imaginan la cantidad de mierda que hay ahí fuera. Yo no quiero ser así.
- ¿No quieres dormir en una cama mullida?- Le pregunté- Somos privilegiados.
- Somos débiles. Si nos acomodamos jugando a las casitas estamos perdidos, Aaron. Esto puede parecer maravilloso pero se irá a la mierda tarde o temprano y tendremos que volver a dormir al raso, a comer latas frías y a pasarnos el día mirando en todas direcciones. ¿Y qué crees que va a pasar con toda esta gente?
- No puedes culparnos por disfrutar de lo que tenemos mientras dura. ¿Crees que yo soy débil?- le pregunté mientras buscaba que me mirara. No contestó- Porque yo también he estado ahí fuera, luchando. Y cuando llegué aquí seguí saliendo y jugándome la vida. Y creo que sería capaz de sobrevivir si Alejandría cayese. Pero eso no quita que cuando llegue a mi casa abra una botella de vino, cene lasaña y disfrute de lo poco que me queda en esta vida.
- No os culpo. Pero veo a Rick y la vida que se está montando, y lo veo relajándose y pensando de otra manera- admitió pasándose una mano por el pelo-. Carol está haciendo galletas y Abraham pensando en tener hijos. Es como si todos se hubieran vuelto totalmente locos.
Se me escapó una sonrisa que no quería que saliera. Pero Daryl estaba siendo, de nuevo, muy inocente. Su mente había asociado el dormir conmigo y relajarse como un signo de debilidad y acomodamiento que no le gustaba. Y, como siempre, él tenía que ser la resistencia, el diferente en todo el asunto. No sabía en ese momento cuánto habría sufrido Daryl ni cuánto amor habría recibido en la vida, pero estaba claro que lo necesitaba. Absurdamente, me pareció de lo más tierno.
- Entonces, no quieres quedarte a dormir en mi casa porque crees que si llevas una vida más normal vas a acabar volviéndote débil. ¿Lo he entendido?
- Más o menos.
- ¿El problema no soy yo?
- No…- me respondió en casi un susurro. De golpe estrujar la colilla de su cigarro contra un plato sucio que había en la mesa era muy importante.
- Pues no te quedes- dije, sonriendo de nuevo-. Me da igual. Si crees que va a ser para ir a peor, prefiero seguir así.
Daryl me miró por fin a la cara. En sus ojos pude ver que no acababa de entender lo que estaba pasando en ese momento. Quizás se estaba sintiendo desnudo y expuesto porque, una vez más, yo le estaba haciendo hablar y sacar sus sentimientos. En ese momento me dio igual si él se sentía incómodo por mis preguntas pero yo me había quitado un peso de encima. Quizás también mi gusto por dramatizar me había llevado a exagerar un poco, pero me sentía mucho mejor al saber que todo eran tonterías suyas. Le devolví la mirada y, entonces, fue la primera vez que sentí esa punzada en el estómago a la que se le puede llamar enamoramiento. Sí, detrás de la atracción física y el cariño estaba creciendo otra cosa y, en ese momento, me permití a mí mismo pensarla en voz alta. Me estaba enamorando de Daryl Dixon, y de golpe todo se volvió real. Supe que sufriría, que necesitaría mucha paciencia y que debería adaptarme a muchas cosas. Pero la emoción por los nuevos sentimientos pudo más.
Me cambié de asiento para sentarme a su lado y él me siguió con la mirada. Seguimos mirándonos en silencio, porque ninguno necesitaba decir nada más. Daryl ya no parecía molesto y sentí que estábamos teniendo un momento de más intimidad de la que nunca habíamos tenido. Entonces le besé y, de golpe, fue mucho más que un simple beso.
Bueno, pues esto ha sido todo.
Pensaba hacer el capítulo un poco más largo pero hasta yo me he sorprendido de a dónde ha ido a parar la cosa. Entonces he notado que ya no necesitaba seguir más y creo que el final está bien así.
Por favor, dejadme reviews explicándome lo que pensáis, porque no quería meterme en temas de sentimientos pero Aaron me sale un dramático y necesitaba enamorarlo.. Soy tope mala con él xD
Contesto reviews:
Hachi06: Putencia, espero que este capítulo te guste tanto como el anterior. Perdón por hacerte shipear esto y hacerte sufrir conmigo (porque nunca será canon). PEro te jodes. Déjame review, perra.
Marumieta: En este capítulo el lemmon ha sido vago y raro, pero estoy orgullosa de esa mamada xD Dime lo que piensas con detalle, please~~ Te quiero, gracias por leerme ^^
NioneKanagaki: Toma, aunque ya lo hayas leído previamente igual lo lees otra vez que nos conocemos jajajajaja Daryl tonto del culo ataca de nuevo en este capítulo...
Sukasve22: Tu review me ha hecho muy feliz T_T El único motivo por el que escrivo (a parte de para sacar mi frikismo de mi cabeza) es para que la gente los disfrute. Y si lo haces ya soy feliz! Espero que este capítulo te haya gustado también y espero tu review! Gracias~~
Gracias a todos los que leéis y no dejáis review, aunque agradecería mucho que me explicárais vuestra opinión y gracias también a todos los que hacen fav y follow! No haría esto sin vosotros.
Os digo un adiós que quizas es un hasta luego~~
