Menudo día, se veía, para ser una mañana de un sábado y más aun después de una gran fiesta, en la que más de uno se retiro a las 4 de la madruga. Sin embargo, a Rose le gustaba madrugar, y esta mañana no fue la excepción. A pesar de que ella también se fue muy tarde de aquella dichosa fiesta, donde volvió a ver a su ex novio, que se había convertido en un famoso jugador de básquet y le estuvo mandando indirectas, toda la noche. No la afecto en nada, porque para ella, era más importante levantarse temprano, para encontrarse con un hermoso ambiente matutino, relajado y tranquilo. Esa era la razón por la cual se levantaba diariamente a las seis, por lo que cualquiera persona pensaría "Esta chica está loca o que", e iba a ducharse inmediatamente, bajaba a desayunar y leía alguna novela. Sus padres, aquella mañana aún dormían, pues era muy temprano y su perro, se encontraba echado a sus pies mientras ella tomaba un gran vaso de jugo. Leía historias de romances apasionados, aunque no reales, como divertimento mañanero.
Un pequeño ruido, proveniente de la puerta trasera, que daba al jardín, la hizo levantar la mirada. Sonrió, dejó el libro y su vaso de lado, antes de ir hacia la puerta de la cocina y abrírsela a un madrugador Scorpius.
-Buenos días –dijo Rose-. ¿Acaso caíste de tu cama y decidiste interrumpir tu preciado sueño?-concluyo dirigiéndose al rubio que tenia para enfrente
-Claro que sí -le dijo este, sonriendo a su pregunta-. No, en realidad, vengo a buscarte.
-¿Buscarme? ¿Tan temprano? ¿Para qué? Yo imagine, que deberías estar muy cansado, por lo de anoche-lo dijo confundida.
-Para que pasemos por la cafetería, ordenemos frapuccino para llevar y unos pastelillos, tus favoritos, y partamos rumbo a nuestro nuevo descubrimiento –dijo el rubio, al mismo tiempo que se acercaba a la refrigeradora de su cocina.
- ¿Qué haces?-preguntó Rose, mirando fijamente a Scorpius.
-Le escribo a tu mamá, explicándole, que te lleve a dar una vuelta. No quiero tener problemas con ella. Aunque mucha de las veces, es culpa tuya ser una irresponsable y dejar a tus padres asustados, cuando te escapas conmigo, cada vez que nos vamos –Le dijo el rubio, con una sonrisa de orgulloso.
Rose lo miró y se quedo impresionada por sus palabras. Era cierto, desde que lo había conocido, el evito problemas con sus padres, para poderles caer bien. Por la gran rivalidad de que se llevaban Draco y Ron, sus padres, que se fue olvidando con el tiempo y con las hazañas que trataba de hacer Scorpius con su padre Ron.
-Vale, gracias y vámonos ¿que esperamos?-suspiró ella.
-Nada, bueno, te veo afuera-concluyo Scorp, y giro sobre sí mismo, dirigiéndose hacia la misma puerta por la que había entrado antes de que Rose la cerrara.
Rose, se dirigió rápidamente escaleras arribas arriba, se puso unos pantaloncillos, una remera y zapatillas. Agrego a su vestimenta una campera por si el frio aumentase. Ya que por esas épocas el granizo no era para nada cálido, también tomo un gorro de lana y bajo lo más rápido que sus piernas le permitiesen. En el mismo instante en que puso un pie fuera de la casa, Scorp salió de la casa contigua, la cual le pertenecía, bien abrigado hasta los ojos. Rose se acercó al auto y esperó a que éste se sentara y estirara para poder sacarle la traba a la puerta.
Tras pasar por la cafetería y pedir lo de siempre, se dirigieron nuevamente hacia la casa, mucho más animados que el día anterior. Rose, tenía la corazonada que quizás su amigo había imaginado cosas impropias en el instante en que ella lanzo aquel comentario en la casa, recibiendo aquella incomoda respuesta, pero sacudió la cabeza y trato de quitársela de inmediato. Iba tan despacio como ayer, aunque él se mostraba más hablador y payaso.
Era hermoso lo que observaba Rose con una sonrisa, no podía imaginar porque la gente prefería vivir en las ciudades y perderse del hermoso amanecer fuera de estas. El cielo estaba libre de nubes y se podía apreciar rayos de sol, que salían con muy poca fuerza.
Scorp bajó la velocidad de cuarenta a treinta para que su amiga pudiera observar un gran campo de girasoles que había aparecido a su lado. Él quería observar las flores, pero por algún motivo, Rose, parecía mucho más interesada en esos paisajes de lo normal. Pues traía una hermosa y gran sonrisa en su rostro, acompañada de una expresión serena, que podría cautivar a más de uno, mas los labios un tanto más pálidos de lo normal.
-¿Te gusta lo que ves? —Preguntó Scorp, en un suspiro que desprendió una bocanada de vapor
-Sí, es una de las cosas más hermosas que eh visto en mi vida- le respondió Rose emocionada.
-Sí-afirmo él en un suspiro- es tan hermoso como yo- término riéndose. Produciendo que Rose lanza una larga carcajada y le respondo-Vanidoso, nunca cambias-
Minutos después, ya podían divisar una hermosa casa a lo lejos, que llevaba unos bellos colores pastel. Rápidamente, bajaron del auto y entraron muy animados, al interior de esta.
-Supongo que nadie debe vivir aquí- dijo Rose, cortando el silencio, al mismo tiempo que paseaba por el interior de la casa- No veo nada que indique lo contrario-volvió a decir.
Ella pudo notar como Scorpius se dirigió hacia una de las ventanas que deban hacia afuera y observo el auto. Sin inmutarse por las palabras de Rose
-Sabes, no creo que haya gente cerca y más aun a esta hora, como para robar un auto-Le dijo Rose al rubio para tranquilizarlo.
-Sí, tienes razón- le respondió su amigo, un poco más tranquilo.
Los vidrios de las ventanas estaban sucios, pero no rotos y una gran escalera dejaba verse por la parte trasera.
-Me gusta-hablo esta vez Scorpius, como si de él hubiera dependido todo tipo de decisión.
Rose se acercó un poco más y descubrió una puerta la cual empujó y vio que se escondía una entrada. Hacia una hermosa sala, donde no había más que polvo acumulado sobre muebles. Y se volvió a preciar unas escaleras, que estaban conectadas a un bello balcón en la estancia.
-Scorp, esto es perfecto –dijo la pelirroja dejando salir una carcajada extasiada y maravillada.
-Sí, no lo dudo pero le falta un poco de limpieza, me atrevo a decir -respondió él imitando el tono británico.
-Ve a buscar cosas para limpiar-le respondió ella.
-No voy a dejarte aquí sola –le dijo él. Al momento la tomaba en brazos, poniéndola en su espalda, como acostumbraban jugar y minutos después estaban sacando del baúl una escoba, trapos, un balde y bidones de agua. Una de las cosas que Rosa también disfrutaba, era la limpieza. Ella decía que a nadie le gustaba limpiar, sino ver limpio, pero Scorp ponía las manos al fuego porque Rose adoraba la limpieza. Lo hacía con demasiado entusiasmo y alegría, cosa que él no podía relacionar con la tarea.
-Esto podría ser lo que estabas buscando, Scorp-le dijo Rose, mirando satisfecha como la estancia ya se encontraba en la más completa limpieza. Recordando que Scorp buscaba una casa o departamento para vivir ahí cuando empezara su trabajo.
-Sí, siempre quise una casa en medio de la nada, sin agua potable, ni comida. Pero reluciente –dijo el rubio sarcásticamente, ganándose una cara de pocos amigos, por parte de Rose, a lo que él le sacó la lengua.
Pronto se hicieron las tres de la tarde, y no habían almorzado, pero la casa estaba como nueva. No sólo se debía a las habilidades de Rose, sino también a que era diminuta. Según ella, "acogedora", pero Scorp iba por "diminuta". Había una mesada de madera, una cocina a leña, hecha a mano. Un hermoso candelabro que iluminaba los ambientes. Nuevamente, mas escaleras en formas circulares, que mostraban unos pasadizos dando cabida a unas habitaciones que tendrían que vestir con colchón y sabanas. Una pequeña mesa redonda con tres sillas, todo del más simple pero hermoso de los diseños, aunque de una buena y resistente madera; y por último, hermoso estante, tallado evidentemente a mano, con platos y vasos de madera que a Rose le fascinaron. Obviamente esto era como una reliquia antigua para Rose.
-Será nuestro sitio, como el lago, y no le podremos contar a nadie de él - dijo ella volteándose a mirar a Scorp - ¿De acuerdo?
El rubio le sonrió y asintió. Aquel escape parecía hacerla sentir diferente, porque así se veía. Normalmente, Rose era meditabunda y callada, siempre generando esas lagunas por entre la conversación. Se perdía en libros, y aunque tenía amigos y pretendientes, parecía no notarlo.
Sin embargo, aunque la pelirroja, era justamente todo lo que a él no le gustaba, en una persona o mejor dicho, el tipo de persona que Scorpius solía evadir, desde que se había mudado al pueblo, no había podido evitar acercarse a ella. Aun recordaba la primera vez que la vio, le parecía bonita, aunque en ese entonces, Rose, no tenía la figura que se manejaba ahora. También recordaba su primera conversación, una muy entretenida, ¿Quién iba a pensar que la persona que aparentemente debió caerle mal a Scorpius se volvería su mejor amiga?.
A veces, pasaban horas recostados en el patio trasero de la casa del rubio, mirando el cielo. Y aunque poco charlaban de ellos, sus vidas o sus problemas, era una compañía grata y que lo cobijaba de una forma extraña. Tenían una gran conexión, a pesar de hablar poco, sabían cómo se sentía el otro y siempre se apoyaban.
Muchas veces el deseaba contarle lo que pasaba en su casa, quería contarle sus problemas con su novia y lo buena que era. Pero siempre tenía la sensación de que no tenían un lugar para compartir ese tipo de cosas. Ahora que tenían ese espacio, no tenía opción más que comenzar a abrirse a ella, y obligarla a Rose para que se abriera también.
-¿te encuentras bien? Te quedaste mudo y tú no lo eres, siempre estás hablando, y eso todos lo saben-le dijo la pelirroja interrumpiendo sus pensamientos, con un rostro preocupado.
-Estaba pensando -dijo encogiéndose de hombros- ahora que tenemos este espacio, deberíamos hablar más, acerca de nosotros. ¿Qué opinas pecas?- le dijo el rubio.
-Um, bueno, creo que estoy de acuerdo contigo Scorp .Pero ¿A qué se debe ese cambio?¿Por qué ahora?-le pregunto Rose
-Pues, mirando bien, somos casi como hermanos, se que sabemos cómo nos sentimos ambos siempre. Pero, creo que es momento de darnos más confianza aun.-le respondió Scorpius- Y también es momento de comer algo, mi estomago está agonizando.- concluyo y luego se escucho las quejas provenientes del estomago de este.
Rose, le sonrió, abrió su bolso y sacó un recipiente con sándwiches, dos vasos y una gaseosa, y los colocó todos en el centro de la pequeña mesa. Se sentó e invitó a su amigo a hacer lo mismo con un ademán. Tomó un sándwich y le dio un mordisco, pensativa.
-¿Cómo va todo? -preguntó al tiempo que apoyaba un pie sobre la misma silla en la que estaba sentada.
-¿Cómo va todo con qué?-le dijo Scorpius. Rose torció hizo un gesto y se encogió de hombros.
-Andas de novio con una chica linda y agradable, a la cual no me dejaste tratar demasiado. Vives en una linda casa, con unos padres que te quieren… pero últimamente te veo algo cabizbajo —confesó dando un nuevo mordisco a su sándwich.
Durante un instante, Scorpius quiso preguntarle por qué no se miraba al espejo antes de criticar, pero era estúpido decir aquello cuando Rose no había preguntado nada malo. La verdad era que no tenía en claro por qué se sentía desanimado desde hacía unos días. No tenía ganas de ver a Danitza, una chica con la que tenía mucha química, con la que se podía conversar, ni siquiera tenía ganas de pasar tiempo en la sala de juegos de su casa, matando agentes en algún videojuego.
—No lo sé —soltó.
—Pero lo pensaste —suspiró Rose, sirviéndoles a ambos gaseosa.
—Porque traté de buscar una respuesta para darte, no le busques la quinta pata al gato —exclamó molesto, no con ella, sino con él por no saber qué era lo que lo estaba molestando.
—Si logras averiguar y dar con la respuesta, ¿Podrías contármelo? —se atrevió a decir Rose en voz baja.
—Ni siquiera lo dudes —sonrió él.
Bueno chicas, eh ahí el nuevo capítulo, se que talves sea un poco aburrido pero no se desanimen, prometo tratar de hacer uno mas dinámico para el siguiente .Saludos y gracias por sus review. No olviden comentar
