El resto de las clases transcurrieron con tranquilidad, sin ningún accidente de tipo "amoroso". Llegó la hora del almuerzo y con ello, la reunión típica de cada día en la mesa del comedor del instituto. Me puse al lado de Jessica dispuesta a sentarme, cogida de la mano de Edward, sin que ésta me mostrara signo alguno de haberme visto ni haber notado mi presencia. Desde lo que pasó aquel día en Port Angeles no nos habíamos vuelto a hablar ni siquiera para saludarnos, parecía que no era algo fácil de olvidar para ella y, en cierto modo, tampoco para mí.

- Hola Bella, hola Edward –nos saludó la voz amable de Angela.

- Hola Angela.

Al final, una de las personas que menos hablaba conmigo se había convertido en la única amiga de verdad que había hecho allí, aparte de los Cullens y Jacob. Fue capaz de mostrarme su apoyo y su preocupación sin decirme ni una sola palabra cuando pasé por mis malos momentos. Y eso era algo que valoraba mucho en ella. Ben, Mike, Lauren... eran personas con la que no conseguía congeniar bien y bueno... desde que Edward se sentaba conmigo desde principio de curso, ya era algo imposible. Su presencia era bastante intimidante aunque llevara "supuestamente" todo el año sentado en la mesa. Pero a mí, ya estaba tan afectada por su presencia que ni me importaba lo que pensaran los demás o qué dejaran de hacer. Al menos podía contar con Angela y como no... Alice.

De repente noté como unos fuertes brazos me apretaban con fuerza y cómo notaba que no podía respirar. Conocía muy bien a quien pertenecían esos brazos.

- Alice... respirar... –murmuré sintiendo al instante que la presión disminuía y que mis pobres pulmones podían albergar aire de nuevo.

La hermana que cualquiera querría tener, podía ser amable, afectuosa y hacer cualquier cosa por ti, incluido el hecho de predecir tu futuro, pero también podía ser tu pesadilla personificada si no te gustaba ir de compras o el hecho de maquillarte. Según ella, si no te gustaba el hecho de demostrar ser una chica. Y peor aún, si otra loca como ella la acompañaba, como la exuberante hermana de Alice, Rosalie. Desde el último incidente, Rosalie había cambiado bastante, seguía con su actitud de superioridad y su hosquedad, pero sus ojos mostraban cierta simpatía por mí. Y no estaba segura si en verdad disfrutaba torturándome con Alice o es que lo hacía por quedar bien.

- Gracias, la próxima vez evita hacerme el abrazo tipo oso.

- No entiendo cómo nunca me acuerdo de ese detalle –rió mostrando su sonrisa de hada traviesa -. Aunque espero que pronto no tenga ni que pensar en ello.

De repente, el tiempo se detuvo para mí. Me quedé mirándola fijamente, un tanto helada y oí un gruñido casi imperceptible pero tan amenazador como siempre, proviniendo de Edward. Decidí bajar la mirada y sentarme sin pensar en lo que Alice había dicho. Me había descolocado un poco. Respiré hondo, me quité la chaqueta y me dispuse a comer el trozo de pizza que tenía en mi plato.

No, no quería pensar en ello, no con la graduación a dos pasos. Seguí comiendo sin ya saber ni lo que masticaba. Me estaba empezando a poner nerviosa. ¿Y cómo no hacerlo? ¡La decisión de convertirse en vampiro no era algo que se hacía todo los días! Ni siquiera era una posibilidad que pasara por la mente de las personas normales. Y yo, desde luego, había dejado de ser mucho tiempo atrás una persona normal. No sabía si llorar o reír en realidad, o admitir sinceramente que estaba loca. Después de todo la gente solía decir que el amor volvía a una loca. Pero... yo... no. Yo no estaba loca, puede que amara a un ser de historia de fantasía, pero ese amor era palpable y muy real, y nadie podía contradecirme. Pero convertirse en vampiro... no podía dejar de pensar en lo feliz que sería junto a Edward, sin preocupaciones, sin estúpidos límites... juntos... para toda la eternidad y siempre había sido la primera en mostrarme optimista ante la idea. Pero... tampoco podía evitar que una chispa de miedo acudiera a mi mente. Chalie. Reneé.

¿Podría abandonarlos para siempre? ¿Podrá hacerles creer que su única hija había dejado de existir para ellos? No, no podía ser tan cruel. Además, pensar en alejarme de ellos me hacía doler el corazón. Sería como si me hubiera quedado huérfana pero sabiendo que en realidad mis padres estaban vivos, al menos en apariencia. La verdad, es que no se como reaccionarían ante ello. Mi preocupación se centraba casi toda en Charlie, era la única persona que tenía, no tendría a nadie que estuviera con él en su tristeza al contrario que Reneé, al menos ella tenía a Phil.

Pero, por otro lado, una eternidad con Edward era lo que más anhelaba y no quería vivir sin él. ¿Tan difícil era en realidad la decisión? Sí, y mucho.

Terminé de comer sintiendo una sabor amargo en la boca y noté como una lágrima traicionera bajaba por mi rostro. Nunca podía ocultar mis emociones, y además, a cada segundo que pasaba me abrumaba más. Cerré los ojos e intenté vaciar mi mente de todas mis preocupaciones pero no pude. La risa despreocupada de Jessica, el chiste malo de Mike, el ruido de todas las voces de la gente, ruidos de cubiertos, ruidos de pisadas...

No pude evitarlo, lo que al principio fue una lágrima ahora se había convertido en muchas más. Busqué la presencia de Edward junto a mí para que me reconfortara, pero no estaba, al igual que Alice. Me sentía terriblemente sola y los miedos y la preocupación me estaban llenando por completo. Me levanté lentamente de la silla sin que nadie lo notara y corrí hacia la salida sin importarme si llamaba la atención o no de la gente.

Al salir, una corriente de aire frío me pegó en plena cara y sentí las líneas frías que las lágrimas habían dejado al caer. Seguí corriendo sin rumbo fijo, solo quería ir a algún lugar lejos de la gente, de esa gente que parecía tan despreocupada... Tropecé y maldije mi torpeza mientras me masajeaba la rodilla, otro morado para la colección. Seguí corriendo hasta llegar al edificio que vi al llegar por primera vez al instituto de Forks. Apoyé la espalda contra la pared exterior dejándome resbalar hasta el suelo húmedo. Allí no podía oír nada, todo estaba absolutamente en calma.

Volví a cerrar los ojos, esta vez encontrando la paz que necesitaba. Respiré hondo mientras las lágrimas seguían brotando y empecé a notar frío. Con mi repentina salida me había olvidado la chaqueta en el comedor y ahora me tenía que frotar con las manos los brazos para entrar en calor. Estúpido Forks, parecía que nunca fuera a hacer calor en ese perdido pueblo. Aunque me había casi acostumbrado a vivir allí, no podía evitar sentir nostalgia por el calor de Phoenix, cómo los rayos solares, que aquí eran imposibles de ver, podían dar al menos un leve toque de color a mi piel. Solo llovía y llovía continuamente, y para mi desgracia, también nevaba. ¿Podía ser un pueblo más perfecto? ¿Más acorde con mis gustos? Solo Edward daba luz a ese pequeño pueblo, sólo él me había dado una razón para no salir corriendo de allí en cuanto llegué.

Y ahora lloraba, sin saber en realidad la verdadera razón. ¿Quizás por nostalgia de lo dejado atrás? ¿Quizás por amor? ¿O por miedo al futuro? No lo sabía, solo quería hacerme invisible, desaparecer del mundo durante una fracción de segundo.

El timbre sonó justo encima de mi cabeza, la hora del almuerzo había concluido, pero no tenía ganas de volver a clase y menos sin saber dónde estaba Edward. Me quedé allí, sentada y sintiendo frío mientras unas finas gotas anunciaban que iba a empezar a llover en cuestión de minutos. No me importaba si me mojaba, se estaba muy bien allí. En poco tiempo, un sopor me empezó a invadir y me quedé dormida, allí, apoyada en la pared.

Y por fine estoy aquí, siento la demora. Entre que el lunes estaba reventada después de los exámenes a pesar de haber descansado el fin de semana y que ayer no iba ni Internet… ufff esto se me hace un imposible. Y lo peor es que no tengo solo este fic… me tengo que ordenar…

Un beso a tods