Ojo! Escenas violentas.

3

Sasuke interrumpió su historia y suspiró mirando a la cucaracha que se lo estaba pasando en grande con el mejunje y el moco.

- Lo que daría por tener ahora mismo ese poema en mis manos –le dijo al bicho – En realidad, lo que daría ahora mismo por recibir un poema suyo, aunque fuera tan espantoso como aquel.

Sasuke suspiró.

- Ella ya no me quiere –dijo- y razones no le faltan.

La cucaracha, en su línea, no le contestó nada.

Sin embargo, parecía que le interesaba la historia ya que abandonó el cuenco de "comida" y se quedó mirando a Sasuke, que sentado en el suelo y apoyado en la pared, continuó soñando despierto.

- Me pregunto si yo podría escribir igual de mal que Sakura-chan… -miró a la cucaracha – Oh, no me malinterpretes "Dobe", ella era muy inteligente, más que ninguno de la clase… Pero, escribir no era lo suyo…. Veamos… Podría componer uno igual de malo y enviárselo ¿qué opinas, "Dobe"? Sería algo así como:

"Pienso en ti en cada momento,

No sabes cómo lo siento.

Si no me perdonas me temo,

Que volveré a hacer el memo."

Sasuke se rió.

-¿Qué te parece, "Dobe"? Está a la altura del de ella ¿no? … Creo que tengo demasiado tiempo libre…

La cucaracha seguía sin contestar, aunque movía muy rápido sus antenas, como si riera también.

-¿Lo escribo y se lo envío? – preguntó divertido Sasuke – A buen seguro que se quedaría sorprendida, pensaría que me he vuelto más loco aún…. No… Además, no sabrá por qué lo hago… Hace ya tanto tiempo…

Sasuke miró hacia el techo, se quedó inmóvil, sin hablar durante un rato, los ojos perdidos en los recuerdos del pasado. La cucaracha se acercó a él, como si estuviera intentando consolarle y empezó a subirle por el pie. Sasuke la miró.

- ¡Vaya! ¡Qué atrevida! –rió.

La cucaracha se quedó inmóvil y empezó a mover las antenas a toda velocidad, como si hablara al Uchiha.

- ¿Así que crees que debería escribirle un poema serio, ¿no? A ver… Siempre se me dio bien escribir… Podría ser algo así:

"Besarse, mujer, al sol, es besarnos en toda la vida. Asciende los labios, eléctricamente vibrantes de rayos, con todo el furor de un sol entre cuatro…"

La cucaracha se levantó sobre sus patas traseras y se frotó las de delante. Parecía que aplaudía.

- ¿Te ha gustado? Me alegro. Lo pensé hace tiempo. Falta el final…

La cucaracha siguió frotándose las patitas delanteras.

Sasuke suspiró.

- Todo esto es una tontería –le dijo a la cucaracha –Si le envío algo así, después de todo y de pasar dos años encerrado aquí sin verla, sólo haría el ridículo. Y ella pensaría que soy un psicópata… Si es que no lo piensa ya...

De pronto, la puerta de la celda se abrió. El carcelero volvió a entrar para retirar el cuenco de comida.

- Qué tal Uchiha, ¿estaba bueno? – le preguntó, refiriéndose al menú.

- Hpmf…

- ¿Eh! Pero si no has comido nada, hombre… Deberías alimentarte mejor. Tienes que comértelo todo.

- …

- ¿Qué pasa? ¿Te has quedado mudo, niñato?

- ….

Sasuke estaba sentado en el suelo, sin contestar.

Tenía los ojos cerrados e intentaba no pensar en el personaje que intentaba provocarle. No le convenía darle un buen puntapié, eso sólo alargaría su condena un tiempo más, ya que era su palabra, la de un traidor, contra la de un "servidor de la justicia".

Y le quedaba muy poco para salir… Dos semanas… Sólo dos semanas…

Además, tenía todas las de perder en una pelea cuerpo a cuerpo. Estaba casi sin chacra y si el guardia se volvía le daría una buena paliza. Quizá él consiguiera ponerle un ojo morado, pero nada más. No era la primera vez que le pasaba algo con ese sujeto. Al principio de estar encerrado en la prisión de Konoha, Sasuke Uchiha visitó la enfermería más de una vez.

Esas veces, no permitía que Naruto le visitara, alegando simplemente que se encontraba indispuesto. Pero la realidad era que durante los seis primeros meses de estar allí encerrado, Sasuke recibió una tunda diaria de Shirou.

Así que ahora optó por estar callado y en silencio.

- ¡Te estoy hablando escoria traidora! – gritó el carcelero a Sasuke.

- …

- ¡He dicho que te lo comas, bastardo! –berreó el guarda.

Sasuke abrió los ojos, el Sharingan apareció en sus pupilas de forma involuntaria. Aunque no hubiera podido hacerlo funcionar en esa maldita celda, la rabia del Uchiha era tal que consiguió, al menos, activarlo.

Ese momento era el que había estado esperando el guarda.

- ¿Con que nos ponemos chulitos? Vas a ver… Cómete eso, niñato.

Al decir esto, el carcelero le pegó una patada en el estómago, para después agacharse donde estaba Sasuke y agarrarle del pelo. Le empujó la cabeza hacia el cuenco que estaba en el suelo. La cucaracha saltó del pie de Sasuke y corrió por la pared quedándose inmóvil, observando la escena, sin hacer nada.

Sasuke no se movía. Ardía de cólera. Una ira sorda nublaba su mente, pero entre tanta rabia, intentaba visualizar el pelo rosa de una niña corriendo entre las flores.

- Si le mato, no la volveré a ver más, si le mato no la volveré a ver más, si le mato, no la volveré a ver más… - murmuraba el Uchiha.

- ¡Qué es lo que murmuras, cabrón! –gritó el carcelero - ¡He dicho que te comas la comida!

Sasuke no se movía, no intentaba zafarse, no respiraba. Él sabía que si lo hacía no podría controlarse más y atizaría al guarda, que estaba muy cabreado al ver que sus provocaciones no daban el fruto deseado.

Empujó la cabeza de Sasuke hasta el cuenco y le metió la cara en el plato de comida. Lo sostuvo unos segundos y después, sin soltarle los cabellos, tiró de su cabeza hasta doblarle el cuello.

- ¡Come! – gritó entre dientes el carcelero – ¡Comételo todo!

Sasuke tenía toda la cara llena del mejunje. El asqueroso guiso se le había metido en la nariz, intentó respirar abriendo la boca en el momento en que el guarda volvió a empujarle y a meterle la cabeza en el plato.

- ¡Come! –gritaba el animal.

A Sasuke se le escapaban las lágrimas de ira. Intentaba no sollozar para no darle el gusto al carcelero. Intentando vencer su repugnancia, dio un bocado al inmundo guiso.

-¡Así, me gusta, que comas, como un niñito bueno….! –le dijo el guarda victorioso – ¡Acábatelo todo..!

Cuando Sasuke hubo acabado con lo que había en el plato, el carcelero le arrastró por el pelo hasta el fondo de la celda, le golpeó en la cara varias veces y le dio una patada en la espalda para despedirse.

- ¡Y ahora, a dormir! – rió salvajemente el guarda.

Se dirigió hacia la puerta y añadió:

– Si dices una sola palabra de todo esto, les contaré que me atacaste, ¡tarado!

El guarda salió de la celda dejando a Sasuke encogido, humillado y dolorido junto al camastro.

Las lágrimas le rodaban por las mejillas y vomitó todo lo que había ingerido.

A duras penas consiguió subirse a la litera y una vez allí se palpó la cara. Al día siguiente tendría un ojo morado y el pómulo izquierdo ya se le empezaba a hinchar.

Intentó controlarse y acompasar su respiración agitada durante un buen rato, hasta que se calmó.

"Juro que te mataré cabrón. Me has subestimado", se prometió.

La cucaracha, que había estado observando toda la escena apoyada en la pared, correteó hasta el camastro donde estaba el Uchiha.

Subió por una de las patas de la cama y se apoyó en la almohada junto a Sasuke. Este giró la cabeza y la miró. Se quedó extrañado. Ese bicho era inteligente.

- ¡Eo! No me has ayudado nada, "Dobe"… -le dijo – Eres un bicharraco muy malo.

La cucaracha movió sus antenas con aire compungido.

- Bueno, no te lo reprocho, ese tío es un pedazo de animal.

Sasuke cada vez estaba más convencido de que se estaba volviendo loco, empezaba a pensar seriamente que la cucaracha le entendía.

Estaba muy mareado. Entre la apestosa comida que le habían obligado a ingerir, la paliza y el calor, pensó que iba a desmayarse.

Necesitaba lavarse, refrescarse, ducharse, quitarse de encima toda esa mugre y suciedad. Lo que daría por sumergirse en el río…

Nuevamente, empezó a recordar. Era una manera de olvidar lo que acababa de vivir.

- Las aguas de aquel río eran frescas – le dijo a la cucaracha - ¿Quieres que te cuente cómo nos bañamos Sakura-chan y yo?

La cucaracha se quedó quieta, expectante. Y Sasuke, desde el camastro empezó a hablar solo otra vez.

"¿Recuerdas lo que te he contado, Dobe? Ella acababa de hacerme un regalo y nos habíamos ido a dormir.

Me fue imposible conciliar el sueño.

Estaba cansado, pero el calor era espantoso. El pajar-habitación donde estábamos tenía dos pequeñas ventanas y aunque estaban abiertas de par en par no se colaba ni una brizna de aire.

Tenía el pelo pegado a la cara y a la nuca y no podía casi respirar. Pero no me atrevía a moverme por no despertar a Sakura-chan. Sudaba a mares, pero me daba vergüenza quitarme la camiseta del pijama, por si Sakura-chan me miraba.

No es que nunca me hubiera visto sin camisa. Desde los cinco años, ella nos había visto muchas veces a Naruto y a mí casi sin ropa, y nosotros a ella, igual que al resto de niños y niñas de la clase… Habíamos ido a nadar, a correr, a entrenar, y muchas veces habíamos ido con Iruka Sensei de excursión y habíamos acabado todos en ropa interior en el embarcadero del río que atravesaba Konoha. Era algo natural.

Pero ahora el estar junto a ella así, solos los dos en una habitación cerrada, me hacía ser especialmente tímido. Al fin y al cabo, yo ya tenía 12 años… No era tan niño.

De pronto, sentí un movimiento en el futón de al lado.

- Sasuke-kun, ¿estás despierto, verdad? –Sakura-chan tampoco dormía.

- Hmpf… – No sé por qué, me dio mucha vergüenza que ella me hablara en mitad de la noche.

- Hace mucho calor aquí dentro. Estoy sudando y no puedo dormir –me dijo.

- Hmpf…

- ¿Te importa que abra la puerta trasera del pajar?

- No.

Era la puerta que daba al campo de tréboles, al peral con el columpio, a las mecedoras y al río.

Sakura-chan se levantó y se dirigió hacia la puerta. Sentí cómo ella hacía el esfuerzo de abrir el portón y oí un chirrido. Cuando por fin lo consiguió, no sentí ninguna brisa entrando en tromba en el cuarto. Hacía el mismo calor dentro que fuera.

Sakura-chan se apoyaba en el quicio de la puerta abierta, mirando el campo de tréboles. Había luna creciente y aquella noche de verano estaba iluminada por su resplandor. Se oía a los grillos cantar. Yo veía su silueta recortada contra la puerta. Y al fondo, la de los sauces en la ribera del río.

Mi corazón ardía y yo no sabía por qué… Sakura-chan se giró hacia mí desde donde estaba

- ¿Sabes qué? Me voy a bañar al río. –me dijo.

- ¿Hmpf…? ¿A estas horas? –le pregunté extrañamente molesto.

- Sí, tampoco es tan tarde. No puedo dormir y me estoy asando. Así que me voy a bañar. ¿Quieres venir?

- No. –me senté en el futón.

- De acuerdo, pues me voy. Hasta luego - y salió hacia el campo, descalza y en pijama.

La vi marchar a través del prado. Yo me quedé solo en el cuarto. Me tumbé otra vez en el futón y cerré los ojos. Los volví a abrir. Me incorporé otra vez y me senté. El sudor me caía por la frente y me empapaba el cuello y el pecho.

Me levanté y salí tras ella sin hacer ruido.

La encontré en la orilla del río. Estaba de pie admirando el paisaje nocturno. La luna creciente iluminaba la ribera. Estaba a punto de quitarse la camiseta del pijama.

-¡Hmpf…! – exclamé para avisarla de que estaba allí.

Ella se giró a mirarme. Se sorprendió al verme y sentí como se ruborizaba.

- ¡¿EH! ¡¿Has venido? –me dijo paralizada.

No le contesté. Era obvio que había ido, estaba allí.

Fui hacia ella con dignidad Uchiha, despacio y con elegancia. Mientras caminaba me quité mi camiseta y la tiré al suelo, con lo que yo entendía que era la gracia felina. Sin mirarla, pasé por su lado, rozándola levemente… Se estremeció de cabeza a pies… Yo, sin dejar de caminar hacia la ribera del río, aceleré el paso, tomé impulso y salté al agua con toda mi fuerza… Con la intención de salpicarla lo máximo posible.

Volví a emerger impulsándome hacia arriba y agité mi cabeza sacudiéndome el agua, igual que había visto a hacer a Akamaru, el perro de Kiba.

Miré hacia donde estaba Sakura-chan y me entró la risa, aunque no me reí.

Estaba completamente empapada, de cabeza a pies, gracias a mi salpicadura.

Sin embargo, no se había movido ni un ápice de donde estaba y seguía en la misma postura en la que yo la había encontrado. De pie en la ribera, con las manos cruzadas sobre el estómago cogiéndose los bordes de la camiseta del pijama a punto de quitársela, pero sin atreverse a hacerlo.

Puedo jurar, sin temor a equivocarme, que esa fue la primera vez en la que Sakura-chan fue realmente consciente de que ella era una chica y yo un chico. No se atrevía a quitarse la camiseta.

Hasta ese momento, ella había sido bastante inocente. Sí, es cierto… Ella siempre me decía que yo le gustaba, que yo era un tío genial y que yo era cool y guapo y "¡kawaiiii´!" y todas esas cosas que me gritaba en la oreja a diario… Pero en sus palabras no había nada físico… Era el amor romántico en el que cree una niña de doce años.

Por eso un rato antes, ella no había tenido ninguna vergüenza al quedarse en pijama delante mío, con los pequeños bultitos asomándole a través de la camiseta. No era consciente de su propia feminidad, ni de que yo era mucho menos inocente que ella.

Pero todo eso cambió para siempre en el momento en que me quité intencionadamente la camiseta al pasar por su lado, la rocé y me lancé al agua sin que ella se atreviera a hacer lo mismo.

Y allí, en la orilla, mientras yo la observaba desde el agua ella me admiraba, el rubor de sus mejillas era muy intenso y me observaba con los ojos desorbitados, como si me viera por primera vez. No sabía qué hacer o qué decir.

Una parte de ella deseaba quitarse la camisola del pijama y saltar conmigo al río, pero la otra, la que acababa de descubrirme de "esa forma", sentía una enorme vergüenza de desnudarse delante de mí y enseñarme su cuerpecillo preadolescente. Empezó a temblar.

Yo me estaba divirtiendo de lo lindo al ver su apuro, pero le pregunté muy serio:

- ¿No te bañas? El agua está fresca. Aquí no hace calor. –chapoteé un poco para salpicarla.

Unas gotitas de agua la alcanzaron, pero Sakura-chan no se movía, no me contestó, no decía nada. Sólo me miraba… Asustada por lo que en ese momento estaba sintiendo y descubriendo.

Yo seguí con mi juego malvado de niño engreído.

- Venga –la animé maliciosamente– Ven al agua.

Pero no se movía.

Yo me zambullí y buceé, dándole tiempo a que se lanzara al agua. Cuando volví a emerger, ella seguía temblando en la misma posición. Era muy gracioso.

Hacía un momento estaba en un mini pijama, espatarrada sin ningún pudor encima del futón y era yo quién estaba abochornado al verla, y ahora ella no se atrevía a moverse y yo estaba como pez en el agua (nunca mejor dicho).

- ¡Eh! ¡Quítate la ropa ya, pesada! ¡Que se va a secar el río! –le dije con una semi sonrisa de suficiencia.

Sakura-chan enrojeció aún más, si eso era posible, y temblaba como una hoja.

Y entonces pude ver cómo dos lagrimones afloraron a sus ojos. Se sentía realmente indefensa en ese momento.

"Vaya... Ciertamente lo está pasando mal…", pensé abrumado.

La broma ya no tenía gracia. Yo no quería eso. Sólo quería avergonzarla un poco, quería hacer el gamberro, pero no quería hacerle daño ni asustarla.

Así que entonces me volví a sumergir y buceé hacia la ribera del río donde ella estaba. Al llegar casi al borde, me sumergí aún más, hasta el fondo del río y una vez allí me impulsé con toda mi fuerza hacia arriba, consiguiendo emerger del agua un par de metros sobre la superficie.

Mientras caía nuevamente al agua y al llegar a la altura de la temblorosa Sakura-chan, alargué mis manos hacia ella, la agarré por los brazos que seguían sujetándose la camiseta del pijama y la tiré al agua conmigo, con pijama incluido...

Los dos caímos agarrados en un gran ¡chof! en un revoltillo de brazos y piernas. Nos hundimos y sumergimos juntos unos metros y volvimos a emerger por separado.

Ella aprovechó para coger aire y yo nadé rápidamente hacia donde ella estaba. Al llegar a su lado, le hice una ahogadilla consiguiendo volverla a hundir. Ella pataleó bajo el agua y volvió a emerger intentando coger aire, yo volví a hundirla y cuando volvió a emerger, se reía a carcajadas mientras tragaba aire y agua a partes iguales. Estornudó y tosió agua, mientras se reía.

Ya se le había pasado la vergüenza.

Y entonces yo empecé a reírme también, a carcajadas.

Ella se reía aún más al verme reír así (quizá por primera vez) y yo no podía parar. En realidad no sabía de qué me reía exactamente, pero me estaba partiendo la caja.

Hacía mucho tiempo, quizá años, que no me reía así.

Ver a Sakura-chan escupiendo agua, con todo el pelo rosa mojado, chafado, revuelto, pegado a la cara y riéndose como una loca, era cuanto menos cómico, pero creo que en realidad me reía, porque por primera vez en seis años me sentía realmente feliz.

Me volví a hundir y buceé hacia donde estaban sus piernas, la cogí por un tobillo y tiré hacia abajo volviendo a sumergirla.

Ella emergió nuevamente y se lanzó hacia mí, riéndose. No sé cómo, me quitó el protector de la frente y se alejó rápidamente, en dirección al centro del río. Desde allí, me enseñó el protector, retándome a que se lo quitara de las manos.

- ¡Venga genio Uchiha, quítamelo! ¡Pero no vale usar sellos! – me gritó – ¡Ni tampoco genjutsu! ¡Me lo tienes que quitar tú solo!

- ¡No necesito nada de eso! ¡Te lo quitaré en un periquete, pesada! – me jacté riendo.

Pero perseguir a esa chica por el agua, no era tarea fácil.

Ella era rápida y resistente y pesaba menos que yo, parecía una nutria, así que estuve persiguiéndola un buen rato sin conseguir alcanzarla. Ella se reía a carcajadas y yo, también.

- ¡Devuélvemelo Sakura-chan! – yo estaba agotado de tanto nadar por el río.

- ¡Me niego! –exclamó ella imitando la forma que tenía yo de rechazarla mil veces al día, cuando me pedía una cita mil veces al día.

- ¡Hmpf!

- "¡Hmpfff!" –me imitó otra vez. Y seguía imitándome y riéndose como una loca.- "¡Hmpppfffffff al cubo y multiplicado por mil! ¡No necesito eso! ¡Te lo quitaré en un periquete, pesada!"

Así estuvimos un buen rato, jugando por el río, como los dos críos que en realidad éramos.

Al final conseguí quitarle el protector y me lo volví a poner… Y entonces fue ella quién se lanzó a perseguirme. Era rápida y me alcanzaba fácilmente, pero quitarme la cinta era otra cosa… Yo era mucho más fuerte. Ella alargaba sus manos hacia mi frente y yo con una sola, le sujetaba ambas muñecas mientras que con la otra, le hacía cosquillas en el estómago o la hundía bajo el agua.

Ella se partía de risa y lograba zafarse, escabulléndose como una culebrilla. Se alejaba un poco, y se sumergía hasta dejar los ojos a la altura de la superficie del agua, como sopesando al "enemigo"… Y se lanzaba otra vez a perseguirme.

No sé cuánto tiempo estuvimos así, pero yo estaba acabado. Así que una de las veces, dejé que ganara ella y cogiera mi protector.

- ¡Basta ya, no puedo más Sakura-chan! –le dije riéndome- ¡Me voy a descansar!.

Y me dirigí a la ribera del río, pero a la opuesta a la granja, la ribera donde había un cerezo.

- ¡Ohhh! ¿Tan pronto? – pero Sakura-chan, me siguió; también estaba agotada.

Salimos del agua casi arrastrándonos y nos sentamos juntos en el suelo, apoyados en el tronco del cerezo. Ella me devolvió el protector, pero yo no tenía fuerzas ni para ponérmelo.

Desde donde estábamos se veía la ribera contraria, la luna creciente se reflejaba en el agua, veíamos los sauces, el campo de tréboles y el pajar donde estábamos instalados. Los grillos cantaban y el calor no remitía, aunque nosotros dos estábamos muy a gusto después del baño.

Estuvimos en silencio mucho rato, pero no era incómodo. Cuando la miré, se había dormido de cansancio, apoyada contra el árbol.

Sonreí pensando en que para volver al pajar debíamos atravesar el río otra vez, así que la siesta le iba a durar poco… Pero no la desperté. Era una oportunidad única para poder mirarla sin que se diera cuenta.

Nunca podía hacerlo tranquilamente, porque ella siempre estaba observándome y me hubiera visto… Y yo no quería que nadie se percatara (y menos ella) de que a veces, sólo a veces, me sonrojaba al mirarla.

Me acerqué un poco más a ella. Estábamos muy cerca. Podía sentir su respiración. No hice ningún ruido y la observé encantado.

Sakura-chan dormitaba contra el cerezo, tenía el pelo mojado que le caía en mechones rosas por la cara. "Qué extraño color para un cabello", pensé divertido. Gotitas de agua resbalaban por las puntas hasta sus pequeñas manos cruzadas sobre sus largas piernas que estaban recogidas contra su pecho. Sus ojos cerrados no dejaban vislumbrar ni un solo destello de sus verdes pupilas, pero la forma de sus cejas era perfecta y la piel de los párpados se veía tan blanca y delicada que a punto estuve de alargar un dedo y tocarla. Obviamente, no me atreví a hacer semejante cosa y proseguí con mi exploración visual. Sus mejillas estaban sonrojadas y su naricilla respingona no tenía imperfecciones… Y esa boca pequeña, de cereza, con unos labios rosados y brillantes que parecían tan blandos, tan suaves...

De pronto, me encontré pensando cómo sería besarla.

Me imaginé por un momento, que me acercaba a ella y ponía mi boca sobre la suya… ¿Qué se sentiría, cómo sería…? Yo nunca jamás había besado a una chica... Naruto no contaba… Pero a ella… ¿Sabría hacerlo bien? ¿Me daría vergüenza hacerlo? ¿Qué haría ella? ¿Cómo reaccionaría? ¿Qué sabor tendrían sus labios? ¿La sensación sería tan buena como decían que era?

Pensando en todo eso, me sonrojé violentamente, mi pulso se disparó a mil y mi corazón dio un vuelco tan fuerte que casi se me salió por la garganta.

"Pero en qué demonios estás pensando ¡pedazo de idiota!", me dije alejándome de ella a toda prisa.

- ¿Eh? Sasuke-kun, me he dormido… - Sakura-chan me miraba soñolienta, se había despertado.

- ¡Hmpffff! Esto… Sí, sí… - casi me pilla "in fraganti"….

- ¡Uy! ¡Sasuke-kun! ¡Tenemos que volver a la otra orilla e intentar dormir! –de pronto Sakura-chan se activó – ¡!De lo contrario, mañana no podremos hacer las tareas para Mei-san y Saki-san!

Se levantó de golpe y se dirigió corriendo hacia el río, cuando llegó a la ribera, se lanzó al agua sin pensárselo.

Me quedé hipnotizado al verla correr y lanzarse al agua, yo tenía los ojos desorbitados, como un idiota total. Ella, La Pesada, La Molestia, La Plasta Hiperactiva Bipolar de Sakura-chan parecía un hada, parecía que flotaba, parecía que brillaba, parecía que no había nada más que mirar que a ella.

- ¡Arj! – exclamé para mí mismo.

Sentí una necesidad terrible de alcanzarla. Mi luz, mi sol, se alejaba nadando. Desesperado, salí corriendo detrás de ella y me lancé al río justo cuando ella salía del agua por la otra orilla.

No miró atrás para ver si yo la seguía, siguió trotando hacia el pajar a través del campo de tréboles. Yo atravesé el río a toda prisa y la seguí. Recogí corriendo mi camiseta que antes había dejado en el suelo. Cuando llegué al pajar, ella estaba arrastrando los futones hacia el prado.

-¿…Qué.. Qué haces Sakura-chan…? –le pregunté asombrado.

- Ji, ji… Prefiero dormir al raso que ahí dentro… Es insoportable... Si nos metemos en el pajar nos asaremos de calor otra vez. ¿No te parece que aquí fuera estaremos mejor?

- Esto… Hmpf… De acuerdo… - accedí.

Me di cuenta de que al sacar los futones al raso, Sakura-chan los había acercado más de lo que antes estaban. Pero no le dije nada, en el fondo me alegré. Quería tenerla cerca. Todavía húmedos por el baño, nos tumbamos encima de nuestros respectivos colchones. Esta vez no le di la espalda, me tumbé de costado, girado hacia ella. Ella también estaba orientada hacia mí, pero con los ojos cerrados.

- Buenas noches, Sasuke-kun –murmuró dulcemente adormilada.

- Buenas noches - le respondí. Hice una pausa y sin poder contenerme más añadí – ¿Sakura-chan…?

- ¿Sí? –me preguntó.

- Ha sido el mejor cumpleaños de toda mi vida. Gracias.

Ella abrió los ojos y sonrió, yo sentí que la noche se iluminaba en verde.

- Qué bien… Sasuke… Yo también soy feliz. –dijo medio dormida.

Dicho esto, cerró los ojos y se durmió.

Yo estuve mirándola mucho rato hasta que por fin, el sueño me venció y caí rendido.


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Continuará.

CAM