CAPITULO 003

Cuando Castle quiso darse cuenta estaba él solo viendo 'La Bella Durmiente'. Las niñas se habían quedado dormidas. Se levantó del suelo y acomodo a las pequeñas, bajo el sonido del televisor y se encamino a su estudio. Con la única preocupación de escribir ese último capítulo que le había prometido a Gina. De pronto, se sorprendió. Las palabras salían solas. Aparecían en su documento de Word sin apenas esfuerzo. Ese sería su último libro de Derrick, estaba cansado de ese personaje. Necesitaba algo nuevo, algo fresco.

En un abrir y cerrar de ojos, algo cruzó por su mente. Si, su nueva saga de novelas de misterio, lo basaría en ella. En esa espectacular mujer de ojos verdes-almendra. Policía, le había dicho Jim. Y, de homicidios, nada menos.


En otra parte de la ciudad, Kate Beckett se dirigía a una nueva escena del crimen. Un sábado noche. Otra noche perdida con su pequeña. Aparcó sus pensamientos. Se adentró en el edificio. Los agentes le informaron en qué planta se encontraba el cadáver y, al llegar allí, Esposito le acompaño hasta Lanie.

Beckett se quedó asombrada. No podía ser. Era demasiada casualidad. El mismo día que conocía a su escritor favorito, se cometía un asesinato, imitando uno de sus libros.

- Alison Tisdale. 24 años. Licenciada universitaria. Trabajaba en asuntos sociales. - Espósito.

- Vive bien para ser asistente. - Beckett.

- Papi tiene pasta. Los vecinos se quejaban de la música y como no contestaba avisaron al portero. - Espósito.

- No hay señales de forcejeo. La conocía. - Beckett.

- Le regalo flores, luego dicen que el romanticismo ha muerto. - Lanie.

- Eso digo yo siempre. - Beckett.

- Píntate los labios. Es un consejo. - Lanie, encogiéndose de hombros.

- ¿Tú crees que por mucho que me pinte los labios, cuando me ven con una niña de 5 años, los tíos no se espantan? - le preguntó Beckett más fuerte de lo que pretendía.

- Ese es el problema de ser madre soltera. - Lanie.

- ¿Qué le ha dado a parte de las rosas? - Beckett.


Kate rodeo la mesa, donde se encontraba el cadáver, todo cubierto de rosas, con girasoles en los ojos. Demasiado familiar. Era imposible. No podía ser. Había dejado a su pequeña con un posible sospechoso.

- Dos disparos, calibre pequeño. - Lanie.

- ¿Le suena esto a alguien? - Beckett.

- No, pero a mí no me van los casos siniestros. Prefiero el clásico asesinato por celos, pillar al malo y fuera. - Espósito.

- Pero los casos siniestros exigen más, te desvelan más. Mirad como la ha dejado, tapada con recato. - Beckett.

- ¿Y qué? - Espósito.

- Que, a pesar de todos los esfuerzos y los preparativos, no encontrareis ni una prueba de abuso sexual. - Beckett.

- ¿Y lo sabes solo con verla? - Espósito.

- Sí. Y, además, porque he visto esto antes. - le explicó.

- ¿Lo has visto antes? ¿Dónde? - Espósito.

- Cubierta con rosas, girasoles en los ojos, ¿es que no leéis? - preguntó ofuscada.


Se retiraron todos a comisaria. Lanie se llevó el cadáver a la morgue, para poder hacerle la autopsia. Al llegar, pusieron todos los datos de la víctima en la pizarra. Kate trazo la línea temporal. El sonido de un mensaje, en la bandeja de entrada de su móvil, la saco de su concentración. Era un número desconocido y llevaba adjunta una foto.

No lo dudo ni un momento, abrió el mensaje. Cuando vio la imagen, se quedó embobada. Su pequeña NaNi dormida. Dentro de su saco de dormir. Cogida a la mano d Alexis. En la otra, Eddy, su osito y compañero de sueños. Leyó el mensaje adjunto: 'Duermen como angelitos. No te preocupes por ella. Está en buenas manos. No trabajes demasiado. Rick.'

- ¿Qué miras? - Le pregunto Espósito, refiriéndose al móvil.

- Es una foto de NaNi. Está en una fiesta de pijamas y la he tenido que dejar allí con otras niñas. - Dijo enseñándole la foto.

- Cada día está más guapa. Parece un ángel. Es clavadita a ti, pero sin tu mal genio. - sonrió. Kate le contesto retirando el móvil, haciéndole burla con la lengua.

- ¿Tenemos algo? - le preguntó Beckett.

- No. Nadie sabe nada, ni el conserje, ni los vecinos. Nadie oyó nada raro, ni vio a nadie que no conociera.

- Es mucha casualidad que tengamos dos asesinatos y todos basados en sus novelas. - se quedó pensativa.

- ¿En novelas? - le preguntó confuso.

- Las novelas de Richard Castle. - le especificó.

- Y, ¿a qué esperas para ir a buscarlo e interrogarlo?

- No puedo.

- ¿Por qué? ¿Qué tiene ese tío de especial?

- Mi hija está en su casa, en la fiesta de pijamas de su hija.

- ¿Has dejado a mi sobrina en casa de un sospechoso?

- Cuando la deje allí, no era sospechoso de nada.

- ¿Y qué vas a hacer?

- De momento, intentar relacionar los casos entre ellos. Mañana, cuando vaya a por NaNi, a su casa, le pediré que me acompañe a comisaria. Pero antes dejaré a mi hija con mi padre. - le detalló.


Así pasaron las horas. Beckett y Esposito intentaron relacionar los casos entre ellos. Había cosas que a Kate no le cuadraban. Las flores. Las flores le traían de cabeza. No sabía porque el asesino se había tomado la molestia de cubrirla de esa manera. Podría ser un simple imitador o el mismísimo Castle intentando darse más publicidad. Ya tendría tiempo de averiguarlo. Lo primero era sacar a su hija de allí. No le hacia ninguna gracia que estuviera en casa de un posible asesino.


Mientras tanto, Castle, acababa el último capítulo, de su última novela. Había matado a Derrick Storm. Cerró el documento, después de corregirlo, y lo envió por email a la editorial. Gina alucinaría con lo rápido que lo había terminado. Le había dado dos semanas y lo había hecho en 4 horas.

Por su cabeza solo rondaba un nuevo personaje. Una policía femenina. Dura con los sospechosos. Pero dulce. Preciosa. Con un cuerpo de escándalo. Ojos, verde-almendra. 'Richard, ¿quieres parar de pensar en ella? No se va a fijar nunca en ti. Está demasiado ocupada. Una hija. Un trabajo peligroso', se repetía. Recordó que había llegado sola a su casa. La niña estaba con su abuelo. Seria madre soltera, tal vez. No le importaba. Lo tenía cautivado. Esa belleza, esa manera de jugar con su hija... Y la manera tan cariñosa en que trato a Alexis. ¿Si era así con la hija de él como seria con su propia hija? Ni Meredith había echo reír nunca tanto a Alexis, ni la había tratado con tanta dulzura, en los 5 años de vida de su pequeña.

Se acercó a la isla de la cocina, no sin antes echarles un vistazo a las pequeñas y ver que seguían dormidas. Apago el DVD y la televisión. Se dispuso a prepararles el desayuno. Sacó leche y zumo de la nevera, al igual que huevos y diferentes frutas, para hacer macedonia. Se acercó al mueble bajo de la isleta y saco harina, pan de molde y los cereales preferidos de Alexis. Empezó a preparar la masa de las tortitas, cuando intuyó cuatro pares de ojos, azules y verde-almendra. Lo observaban. Atentas a como trabajaba la masa. Se acercaron a él sin hacer apenas ruido.

- ¡Buenos días dad! - dijo Alexis en voz baja, para no despertar a las demás, acompañándolo de un beso en la mejilla.

- ¡Buenos días ! - Imito NaNi a Alexis, repitiendo la acción del beso a Castle.

- Por favor, ir a vestiros, el desayuno estará listo en seguida. - les indicó con una sonrisa en su rostro. Ambas asintieron y, cogidas de la mano, se fueron dirección al cuarto de Alexis para, así, poder arreglarse y desayunar tranquilamente.

Cuando quiso darse cuenta, las demás niñas, se habían despertado al olor de las tortitas y, al igual que a Alexis y a NaNi, les indicó que fuesen a cambiarse de ropa.

Castle dispuso todo en la mesa, próxima a la isleta. Varios tipos de zumo, frutas picadas, tortitas, tostadas, leche con cacao y cereales. Puso una cafetera con la esperanza de que Beckett llegara con el café aún caliente y se quedara un rato charlando con ellos.

Las niñas, bajaron todas en orden, arregladas y cambiadas. Cada una, con la bolsa con sus pertenencias. Las sentó a la mesa mientras les repartía lo que le iban pidiendo. Mientras las dejaba desayunando, aprovecho para poner en orden la sala de estar, recogiendo los boles de todo lo que habían consumido la noche anterior y doblando los sacos de dormir de cada niña. Acomodo los cojines en sus respectivos sillones y se encamino otra vez a la cocina para estar con las niñas, que estaban muy entretenidas con su desayuno.


Nueve de la mañana. Y el timbre empezó a hacer eco en el loft. Muchos padres estaban llegando a recoger a sus hijas, pero la visita que el esperaba parecía que no llegaba nunca. Las niñas se fueron, dejando silencio y paz al piso. Cuando Martha apareció, se encontró a Castle fregando todos los utensilios, ayudado por Alexis y NaNi.

- ¡Buenos días madre! - Richard.

- ¡Buenos días abuela! - Alexis.

- ¡Buenos días Martha! - NaNi.

- ¡Buenos días chiquillos! ¿Ya desayunasteis? - Martha. Los tres a la vez le respondieron que sí.

- NaNi, ¿qué te apetece hacer mientras esperamos a tu mama? - le preguntó Richard a la pequeña.

- ¿Podemos ver otra película? ¿Sí, porfa? - Dijo dando saltitos, sin levantarse apenas del suelo. Alexis se unió a ella.

- Venga, dad, ¿porfa? - Alexis.

- Está bien, ¿cuál queréis ver ahora? - dijo haciéndose el remolón y agachándose a su altura.

- ¡La Bella y La Bestia! - respondieron ambas a la vez.

- ¿Otra vez? Pero si la visteis anoche...

- ¡Porfa! - suplicaron Alexis y NaNi.

- ¡Está bien! ¡Está bien! - se levantó y fue a preparar todo. Mientras, Martha, testigo de todo, no podía parar de reír. Tanto así que, casi tira el café al intentar llenar la taza.

- Estas niñas hacen contigo lo que quieren Richard... - le dijo.

- Ya lo veo, ya. Ahora no tengo una calabaza, parece que me floreció un almendro también. - sonrió.

Tanto Richard como Martha se retiraron a la cocina, a seguir con el café. El escritor, aprovechó ese momento para explicarle a su madre que Kate se había tenido que marchar en medio de la noche a causa del trabajo. Sonó el timbre. Castle rezó por que fuera ella. Abrió la puerta. Con sus ojos cerrados. Allí, ante él, en la puerta de entrada de su loft, estaba ella. La dura policía y la dulce mamá.

- ¡Buenos días! - saludó Kate con una sonrisa.

- ¡Buenos días Beckett! - contestaron tanto Richard como Martha.

- ¡Oh! Pero si están levantadas..., yo esperaba encontrármelas dormidas todavía, ¿Y las demás?

- Ya las recogieron hace un rato. - Richard.

- Bueno, pues entonces, tendré que tirar estos donuts a la basura...

- ¡Donuts! - Dijeron las niñas subiéndose por encima del sofá y fijando la mirada en Kate.

- ¡Mami! !Ya volviste! - gritó contenta NaNi

- ¡Ven aquí, mi princesa! - se agachó y estiró sus brazos.

NaNi salió corriendo, al igual que Alexis, olvidándose de su película favorita. Kate estrechó, a su pequeña, entre sus brazos y cuando NaNi se cogió a su madre esta la abrazo con tal fuerza que casi estruja a la niña del apretón. Alexis se quedó parada por la muestra de afecto de madrea e hija. Se quedó mirando la escena con un aura de nostalgia en su mirada. Kate, consciente de ello, reacciono abriendo los brazos, haciéndole un hueco y apretando así a las dos pequeñas contra ella. Repartió besos por la cara de ambas.

- ¿Un café Beckett? - le preguntó Castle, agradecido por la actitud que tenía hacia su hija.

- Sí, por favor. - lo miró, sonriendo.

Kate se levantó cogiendo, en cada mano, a una de las niñas y sentándolas en los taburetes de la isla de la cocina, les mostro la caja de donuts con los diferentes sabores que contenía. Castle les puso un plato, delante de cada una de ellas, acompañado con un vaso de zumo de naranja.

- Señor Castle, ¿podemos hablar un momento? - se dirigió a él en tono serio.

- Claro que si, por supuesto. - le indicó con una mano - Por aquí, por favor. Acompáñame a mi estudio. Madre, ¿las vigilas por favor? - se tensó al ver el rostro de Kate y sobre todo, su tono.

- Descuida hijo, yo me quedo con estos angelitos. - Martha.


Se dirigieron los dos al estudio de Castle, Kate no sabía cómo decírselo. Tenía que acompañarla a comisaria. Debía hacerle unas preguntas, pero no quería comportarse ni brusca ni fríamente con él. Mucho menos, con el favor que le había hecho cuidando a su hija. Aun recordaba la pasada noche, cuando recibió aquel mensaje para dejarla más tranquila.

- Tú dirás Beckett... - se plantó ante ella.

- Kate, está bien, no hace falta ser tan formal. - sonrió, relajando la tensión.

- Dime, Kate.

- ¿Podrías acompañarme a la comisaria? Tengo que hacerte unas preguntas relacionadas con la victima de anoche. - dijo rápido, como intentando quitarse el marrón lo más rápido posible.

- Claro que sí, sin ningún problema. Deja que me cambie y que le diga a mi madre que se encargue de las niñas. Seré todo tuyo. - dando un paso hacia ella.

- ¿Perdona? - sintió un hormigueo en su estómago.

- Quiero decir que estaré listo para ir a comisaria. - sonrió.

- ¡Ah! - se sonrojó - Por NaNi no te preocupes, cuando venía de camino, llamé a mi padre. En un rato vendrá a recogerla, si no te importa.

- A mí no, y no creo que a mi madre tampoco, congeniaron bastante bien ayer. - le confirmó.

- Bien, entonces, cuando estés listo nos marcharemos a comisaria.

- De acuerdo Kate, como tú quieras.