Hola, cuanto tiempo sin pasar por aquí. Realmente lo siento, tuve más dificultades de las que me gustaría admitir con este capítulo. Además de poco tiempo para escribir, espero que puedan entenderme y más que nada perdonarme. Muchas gracias por todos sus comentarios, estoy bastante feliz por las reacciones que ha tenido esta pequeña historia. Sin más que decir, les dejo el capítulo de esta hermosa historia.
Los Personajes de Naruto pertenecen a Masashi Kishimoto
No sé el misterio de esos bellos ojos azules
No sé por qué me siento tan paralizada
Ante la hermosura de tu bella mirada
Deseo siempre mirar tus ojos.
Capítulo 3.
– ¿Qué haces?– preguntó divertida al ver cómo él hace un marco con sus dedos y la enfoca, mientras mantiene un ojo cerrado.
– Trató de guardar en mi memoria la imagen más hermosa que han visto mis jóvenes ojos– respondió como si fuera la cosa más normal del mundo. A ella le pareció que eran exageraciones de su parte, pues ella seguramente debía tener unas ojeras marcadas por el desvelo de la noche anterior, su largo cabello enmarañado, marcas en su piel causadas por el arranque pasional de ambos y sólo una camiseta de él.
– Ya déjate las tonterías– regañó cruzándose de brazos fingiendo estar molesta. Pero lo cierto era que se sentía halagada, a ella le encantaba cuando él decía que lucía hermosa, cuando no era así.
– No son tonterías, mi amor– dijo haciéndose el ofendido. Se acercó hasta ella moviéndose como un animal acechando a su presa, la tomó de la cintura y se tiró a la cama con ella arriba.
– ¿Yo arriba?– preguntó la Hyuga con picardía. Él le dedicó una sonrisa seductora y recortó más centímetros de separación entre ambos.
– Si, tú arriba– respondió– me encanta que vayas arriba, adoro ver tus pechos rebotar cada vez que te auto penetras– ambos comenzaron a besarse con desesperación y así comenzó su día, con una ronda de sexo matutino para mejorar el humor.
Una hora después, ella ya estaba lista para irse a su trabajo en el hospital universitario de Tokio, con su infaltable uniforme de trabajo puesto. Sólo falta que Naruto estuviera listo para desayunar e irse.
– ¿Te llevo?– interrogó sentándose en la barra de la cocina, junto a ella.
– ¿No vas retrasado para tu examen?– preguntó preocupada. Sabe lo importante que es para él llegar puntual a ese examen tan importante.
– Descuida, voy a buena hora– contestó restándole importancia. Ambos degustaron su desayuno en un cómodo silencio, al terminar tomaron sus pertenencias y se fueron.
Naruto conducía a gran velocidad, sin llegar a exagerar, por las calles de Tokio. Sólo había dos personas en este mundo con quien ella se sentía segura siendo copiloto, esos eran Neji y Naruto por supuesto. El tráfico les favoreció ese día y antes de que se dieran cuenta, él ya la estaba dejando en frente del hospital.
– Nos vemos luego– se despidió ella, dejando un corto beso en sus labios– que te vaya bien en tu examen, te amo.
– Yo también te amo– respondió él– recuerda que mañana por la noche iremos a cenar en casa de mi madre– Hinata asintió en respuesta y se bajó del auto.
– No lo olvido– dijo encaminándose dentro del edificio. Él se quedó allí, mirando caminar a la mujer que amaba, aquella con la que había decidido pasar el resto de su vida averiguando porque la amaba tanto y amarla aún más. Sólo que ella aún no lo sabía.
Hinata fue a firmar su asistencia del día, tomó la carpeta donde estaban todas las fichas con los nombres de los pacientes a su cargo, sus patologías y tratamientos. Caminó para ir a visitar a su primera paciente del día, una anciana llamada Chiyo. Ella era muy ocurrente y le gustaba jugarle bromas a los internos. Hablando de internos, su amiga Sakura caminaba por el pasillo en sentido contrario y no dudaron en detenerse a hablar unos momentos.
– Buenos días, Hinata– saludó la pelirrosa. Ella es estudiante de medicina de la Universidad de Tokio, le falta año y medio para titularse como médico.
– Buenos días, Sakura– respondió. Ambas entablaron una corta charla sobre cómo iba su día y acordaron almorzar juntas.
– Te envidio– comentó Sakura. La Hyuga alzó un ceja confundida– tu carrera la terminaste en tan sólo dos años y ya tienes un trabajo estable.
– Sé que podrás con todo– dijo muy segura de sus palabras. Su amiga le dedicó una sonrisa de agradecimiento.
– Buenos días, Hyuga-san– saludó Iruka, él es el médico a cargo de los internos– me han informado que hoy estará en la emergencia brindándole apoyo a un internos que es este caso es usted, Haruno-san– finalizó girándose hacia ella.
– Iremos de inmediato– respondió Hinata– sólo déjeme buscar un reemplazo para que haga mi recorrido del día.
– No se preocupe, yo lo buscaré por usted– contestó amablemente tendiendo su mano para que le entregará la carpeta. Ella se la entregó y le agradeció el gesto.
– Muy bien, Sakura– dijo en cuanto estuvieron solas de nuevo– hoy estoy a tus órdenes.
– ¡Haruno!– llamó el doctor Kakashi Hatake. Él siempre se la aplica a un interno en particular y esta vez la Haruno fue su víctima. Aunque los rumores afirman que él hace eso con los estudiantes, que él piensa, serán los mejores médicos de su generación. Pero ese es un rumor que los internos no conocen, sólo las personas que laboran en el hospital. Pero es muy cruel con ellos y algunos, según dicen, han desertado por su culpa– irá al quirófano conmigo, muévase– ordenó. La chica miró a su amiga suplicante por su ayuda, esta le sonrió y se dirigió al doctor.
– Lo siento mucho, Hatake-sensei. Pero Haruno-san ya fue asignada a emergencias, yo estoy a su cargo– informó– si desea que ella sea su apoyo en cirugía, entonces hable con Iruka-sensei, él está a cargo de los internos– el hombre chasqueó la lengua y caminó en otra dirección, no sin antes ordenarle que se quedarán allí.
– Lo intenté– pronunció Hinata con pena. La chica resignada, se encogió de hombros.
– Descuida, sé que lo hiciste– suspiró con pesadez y ambas se dirigieron al quirófano, ya que Hinata debía estar con ella ese día, también debía entrar a quirófano. Así son sus largos días en el hospital y eso era lo que más amaba de su trabajo.
...
– Por poco llegas tarde, tarado– reclamó enojado el Uchiha.
– Lo sé, pero no quise dejar que Hinata se fuera en taxi al trabajo– contestó rascando su mejilla apenado.
– Últimamente estás más atolondrado de lo normal– comentó cuando ambos arribaron al salón de clases– ¿Ya decidiste cómo proponerle matrimonio a la Hyuga?
– Aún no– respondió– no es tan sencillo como pedirle que salga conmigo a una de nuestras típicas citas improvisadas– era cierto, él y Hinata casi no han acostumbrado a planear una reunión antes de hacerla, simplemente hacían lo que querían en ese momento y para ellos eso lo hacía más especial que nada. Incluso ese departamento que tenían era para escapar de todos cuando no aguantaban tanta presión y para tener intimidad, no solamente en el ámbito sexual, intimidad en todo el sentido de la palabra. De resto ambos residían en sus respectivas casas de familia, Naruto no era capaz de dejar a su madre sola, la herida que hay en su alma por la muerte de su amado esposo aún seguía sangrante.
– Como digas– cortó el Uchiha, ya que estaban por entrar a su examen.
Unas cuantas horas más tarde estaba en su oficina ayudando a coordinar todo a su madre para que pudieran irse juntos a casa y organizar la cena que se llevará a cabo en su hogar.
– Te noto pensativo– comentó la pelirroja sin dejar de firmar los interminables papales.
– No es nada, de veras– aseguró con una falsa sonrisa. Pero su madre lo conocía demasiado bien e insistió, ella siempre está al pendiente de los repentinos cambios de ánimo de su único hijo.
– Te conozco perfectamente bien y sé que algo te molesta, dímelo, tal vez mi consejo te sea de mucha ayuda.
– Quiero pedirle matrimonio a Hinata– confesó. Aquella confesión vino a él como una especie de vómito verbal y en cierta forma le inquietaba no obtener la aprobación de la persona más importante para él. Pero ella simplemente comenzó a reír, sonrió para sus adentros al verla así, su madre no reía desde que su padre murió. A pesar de que ha pasado año y medio desde aquello, la mujer aún le guarda luto a su marido.
– Y no sabes cómo pedírselo ¿cierto?– el rubor que cubrió sus mejillas comprobó las sospechas de su madre– ya veo– comentó pensativa– ¿Algunas vez te he contado como tu padre se me propuso?– Naruto negó con un ligero movimiento de cabeza, entonces ella volvió a sonreír y sus recuerdos viajaron a más de 20 años en el pasado– en aquellos días, cada vez que estábamos juntos él siempre estaba ansioso y siempre que quería decírmelo, yo lo interrumpía con alguna tontería mía. Hasta que un día, fuimos un restaurante a las afueras de la ciudad, era realmente hermoso. Era primavera, los cerezos abundaban en ese jardín y el agua del estanque estaba decorada con los pétalos rosas que caían de los árboles. Era nuestro aniversario de novios, pero a pesar de ser un día importante, tu padre lucía más irritado de lo normal. Admito que es mi culpa, siempre acaparaba toda la conversación y a él nunca pareció molestarle, hasta ese día. Me gritó "¿Quieres por favor escucharme?", dejándome completamente atónita e incluso enojada. Iba a protestar pero quedé completamente muda cuando tomo mi mano izquierda y con sus mejillas ruborizadas, colocó un anillo en mi dedo anular. Después dijo "¿Me otorgarías el gran honor de convertirte en mi esposa?", me lancé sobre él y le respondí que sí. El restaurante estalló en aplausos después de eso. No fue algo elaborado, fue completamente espontáneo. Minato sólo esperaba la oportunidad para que yo lo dejará expresarse.
– ¿Lo que quieres darme a entender que sólo debo esperar la oportunidad perfecta y simplemente proponerme?– Kushina asintió en respuesta al cuestionamiento de su hijo– realmente aprecio tu consejo, madre. Pero pretendo ser al más que espontáneo con esto, quiero que sea especial para ella.
– ¿Por qué no vamos juntos a almorzar y luego vamos a casa? Has descuidado el jardín en estos últimos días, tal vez un tiempo a solas con tus plantas te ayude a tomar una decisión– propuso. Esa opción le pareció bastante viable, él amaba su jardín y cada vez que se siente desorientado, se va a allí y parece que su tiempo entre plantas le ayuda a aclarar sus pensamientos.
– Mejor vamos directamente a casa y pedimos al servicio que hagan algo para nosotros, no tengo ganas de comer algo fuera– contestó.
– Como quieras– dijo ella volviendo la vista a los documentos frente a ella.
...
– ¿Crees que le estén huyendo al matrimonio?– preguntó la Haruno mirando su almuerzo con desgano.
– ¿Quién? – interrogó Hinata, no entendía la pregunta que ella le está haciendo. Salieron de la cirugía a la hora del almuerzo y ambas fueron directo al cafetín después de desinfectarse.
– Naruto y Sasuke– dijo como si fuera obvio– hemos salido con ellos desde hace bastante tiempo y nada. Temari e Ino ya gozan de una vida matrimonial– las quejas de la Haruno eran acertadas, las dos se habían casado con los hombres que amaban. La última en hacerlo fue Temari, ya que a Shikamaru le resultaba problemático todo lo que conlleva tener una boda.
– Todo a su tiempo– comentó la Hyuga– ellos son más lentos que Shikamaru y Sai. Naruto-kun no se daba cuenta de lo que sentía por mí y...
– Y Sasuke-kun sabía lo que sentía, pero se negaba a aceptarlo– completo la pelirrosa– Lo sé, no tienes que recordármelo.
– El matrimonio no es algo que se debe tomar a la ligera, creo que ellos deben estar pensándolo mucho antes de querer dar el gran paso. Ambos aún tienen metas que cumplir, lo más probable es que no piensen todavía en ello. A nosotras sólo nos queda esperar a que ellos se decidan.
– Supongo que tienes razón– aceptó Sakura.
– Bueno, nuestra hora de almuerzo ha terminado. Es hora de volver a trabajar– pronunció Hinata levantándose de su asiento. La pelirrosa bufó y siguió a su entusiasta amiga.
La rutina del hospital, lejos de parecer fastidiosa, era emocionante. Siempre hay algo nuevo que aprender y personas nuevas a las cuales conocer, aunque no fueran en las mejores circunstancias. Su turno terminó poco antes del anochecer, Hinata estaba esperando que su novio fuera a recogerla. Él la había llamado para decirle que lo esperara.
– ¿Qué tal tu día?– preguntó en cuanto emprendieron rumbo al hogar de la Hyuga. Ella pasó gran parte el camino hablando sobre lo que había hecho en su trabajo y luego le preguntó a él como había sido el suyo.
Hinata le pidió que la esperará en la sala junto a su padre, mientras ella se daba una ducha rápida y se alistaba para ir a la cena. A Naruto no le pareció buena idea, pues estar solo en presencia de su suegro le resulta verdaderamente aterrador y más aún ahora, cuando pretendía llevarse a su hija mayor. Pero para la buena fortuna del rubio, Hinata estuvo lista antes de lo previsto.
– Nos vemos mañana, padre– se despidió.
Las cenas en la casa de su novio siempre son atesoradas por la Hyuga, allí no hay que seguir un montón de reglas absurdas. Puede comportarse como lo deseé, aunque no lo haga debido a su educación. Ella siempre lo admiró desde las sombras, claro mucho antes de comenzar una hermosa relación, incluso ahora lo hacía aunque no tenía por qué esconderse para hacerlo. Él siempre estuvo abrazado del calor de una familia feliz y rodeado de amigos excepcionales. En cambio ella era sometida por su padre y sólo tenía un par de amigos, uno más retraído que ella y otro igual o incluso más problemático que el rubio. Su amistad con las chicas comenzó a mediados del segundo año de preparatoria, sin embargo había formado un vínculo inquebrantable con ellas.
Esa noche decidió quedarse a dormir con él, después de todo no quería que Naruto saliera a altas horas de la noche sólo para llevarla a ella a casa. Las últimamente frecuentes náuseas matutinas la hicieron levantarse primero que él y correr al baño a devolver todo lo que había comido la noche anterior.
Se miró al espejo, unos ojos llorosos y una tez pálida le devolvía la mirada. Definitivamente hablaría con algún doctor en el hospital, no era normal que todo lo que comiera le cayera mal. Se metió a la ducha, dejando que el agua se llevará sus malestares para que el rubio sobreprotector no se diera cuenta de su estado. Vistió su uniforme de trabajo y entonces fue que se decidió a despertarlo.
– Buenos días, Hinata– saludó somnoliento. Ella le dedicó una sonrisa tímida y salió de la habitación para que así él se alistara.
Se encontró a la pelirroja en el comedor, tomando café mientras leía el periódico.
– Buenos días, Kushina-san– saludó ella sentándose en la mesa, la mujer desvió la vista del periódico y le devolvió el saludo.
– Te ves algo pálida esta mañana– observó Kushina.
– ¿Enserio? No me di cuenta– mintió– tal vez se deba a lo poco que he dormido en estos últimos días.
– Deberías tomarte un descanso de ese trabajo– sugirió la mayor preocupada por la salud de su futura nuera.
– Tal vez lo haga– concordó, dando por finalizado el tema. Pues Naruto había aparecido y no quería tenerlo encima haciendo muchas preguntas.
Hoy definitivamente no era su día, su humor no era el mejor de todos. Incluso sus pacientes no dudaron en mencionarlo más de una vez, cosa que la desconcertó bastante. Tuvo que sostenerse de la pared, pues otro mareo llegó a desestabilizarla.
– Hyuga-san– dijo Takako, una de las enfermeras con las que trabaja– Kurenai-san solicitó su presencia en su consultorio– notificó.
– En un momento voy– respondió aún desorientada.
– ¿Se encuentra bien?– preguntó preocupada la mujer al ver cómo se cubría la boca con una mano para reprimir una arcada.
– S-sí, so-solo n-no me siento b-bien– respondió con dificultad, sin dejar de cubrirse la boca.
– Vamos a tomarle la presión, no se ve nada bien– comentó ayudándola a caminar hasta la silla más cercana, espero unos minutos antes de medirle la presión arterial. Infló el manguito del esfigmomanómetro y luego lo desinfló poco a poco, todo bajo la atenta mirada de la Hyuga– ¡Tiene la presión muy baja, Hyuga-san!– exclamó alarmada la pelinegra– debería ver a un doctor.
– Iré después de hablar con Kurenai-sensei– aseguró intentando ponerse de pie, pero un nuevo mareo le impidió hacerlo.
– No se esfuerce de más, por favor– pidió su compañera de trabajo. Hinata le aseguró que ella estaría bien, que se fuera tranquila a continuar con su trabajo. La mujer no pareció convencida, sin embargo se marchó sin decir nada.
Ella se quedó en esa silla hasta que su vista dejó de estar distorsionada. Caminó a paso cauteloso, sin levantar sospechas de su estado a las personas con las que se cruzaba en los pasillos, no quería que comenzarán extraños rumores sobre ella en los pasillos.
– ¿Quería verme?– preguntó cerrando la puerta del consultorio. Kurenai estaba detrás de su escritorio, leyendo una novela romántica.
– ¡Oh! Un gusto verte, Hinata– dijo la mujer, dejando su novela sobre su escritorio. Yūhi Kurenai tiene un largo cabello negro, y sus ojos que son de color rojo. Ella es la ginecóloga de la Hyuga desde antes de comenzar a trabajar en el hospital– te mandé a llamar porque hace más de un mes que expiró la inyección anticonceptiva que te aplicó cada tres meses– informó sería.
La mente de Hinata quedó en blanco, lo había olvidado por completo. Su cabeza maquinaba a mil por segundo, todo se reducía en una sola posibilidad. Las náuseas matutinas, los repentinos mareos, la falta de apetito porque el aroma de algunas comidas simplemente le asqueaba, incluso recordó que su periodo debió haber llegado hace dos semanas y aún no lo hacía. Pero ella no le prestó mucha atención, ya que lo atribuyó al estrés laboral. Tragó grueso, tenía que ser una mala jugada del destino. Ella no podía estar embarazada, no aún. Naruto y ella ni siquiera tenían planes de un futuro juntos, todo entre ellos se reducía a lo que él anhelaba hacer cuando algún día estuviera al mando de la empresa de sus padres.
– ¿Qué ocurre?– cuestionó la doctora consternada, al ver la expresión de pánico de la muchacha.
– Creo que estoy embarazada– musitó atónita. Sus ojos parecían que en cualquier momento iban a salirse de sus órbitas, quería llorar.
– Tranquilízate– exigió la pelinegra tomándola por los hombros– es una presunción tuya, primero debemos corroborar que sea certero. Te daría una prueba de embarazo, pero la última se la entregué a una paciente esta mañana– se lamentó– lo mejor será que te hagas un examen de sangre...
– Iré de inmediato– interrumpió abruptamente, se levantó de la silla donde se hallaba sentada unos minutos atrás y salió del consultorio como alma que lleva al diablo.
Le pidió a la persona que le realizó el examen que tuviera total discreción en el tema, pues no quería que nadie se enterara de que ella se estaba realizando ese tipo de análisis y mucho menos quería que el rumor llegará a oídos de Sakura. No es que no confiará en su amiga, es sólo que no estaba segura de cómo tomaría ella misma la situación y no quería terceras personas revoloteando a su alrededor mientras aún trataba de asimilar su nueva situación. El sobre que contenía los resultados que definirían si su vida daría un giro distinto o si seguiría igual que siempre, yacía sellado dentro de su bolso. Los nervios la estaban carcomiendo, pero decidió que lo mejor era leerlos en la intimidad de su habitación. Allí podría pensar con claridad. Las manos le sudaban, jugaba con sus dedos para distraerse de sacar el sobre de su lugar seguro. Por fortuna, Naruto le dijo que no podría ir a buscarla porque acompañaría a su madre a una cena de negocios. Cosa que agradeció por una parte, porque él la conocía demasiado bien y aunque sea algo despistado, se daría cuenta de su extraña actitud.
Saludó a su familia, quienes estaban reunidos en el comedor para la cena y les comunicó que no les haría compañía esa noche porque no tenía apetito. Subió las escaleras prácticamente trotando, le puso seguro a la puerta, asegurando así que nadie se atreva a interrumpirla.
– ¿Qué esperas, Hinata?– se regañó a sí misma. Estaba en medio de su cama, después de haber tomado una ducha, mirando con miedo el sobre que reposaba sobre sus sábanas frente a ella– es un posible embarazo, no es el fin del mundo ¿o sí?– se preguntó. Dejó a un lado todas sus inseguridades y tomó el sobre decidida.
"Paciente: Hinata Hyuga
Exámen de Beta-GCH cualitativa en sangre. Resultado: positivo."
Las lágrimas se aglomeraban debajo de sus ojos, estaba esperando un hijo y con el hombre que ama. ¿Era posible amar tanto a alguien no conoce todavía? Tocó su aun plano vientre y lloró, lloró de felicidad, temor por si no llega a ser una buena madre, ansiedad sobre lo que podría pasar en un futuro cercano. Pero lo que más le preocupa es la reacción del futuro padre, para ella es un misterio lo que él pueda pensar al respecto. ¿Cómo lo tomará su familia cuando se enteré? Seguramente Neji y Hanabi le den todo su apoyo pero ¿y su padre? ¿Será capaz el imponente Hyuga Hiashi aceptar que su primogénita vaya a tener un hijo antes del matrimonio? ¿Qué hay de lo que piense la alta sociedad al respecto? Eso último es algo que a ella nunca le ha importado y su padre lo tiene bastante presente desde el momento en el que ella escogió ser una simple enfermera a ser la heredera de las aerolíneas Hyuga, ella no quería ser partícipe del frío mundo de los negocios. Ella siempre tuvo la creencia de que podía hacer mucho más que eso y se plantó frente a su padre para darle a conocer sus deseos. En un principio él se negó y le dijo que fuera a molestarlo en su trabajo cuando tuviera algo más importante que comunicarle, pero ella no se rindió y le hizo ver que ya él no tenía derecho a discriminar lo que haría ella con su vida. Ella le cedió su puesto a Neji, el genio de la familia y una persona mucho más capaz que ella para mantener el negocio familiar en todo lo alto.
– No importa lo que pase, seremos tú y yo contra el mundo– le habló con ternura a su vientre. Corrió al baño a lavarse las lágrimas de sus mejillas y luego se fue a dormir, olvidándose del papel donde estaba su futuro.
Al día siguiente despertó con más ánimo del habitual, ni siquiera las náuseas pudieron arruinar lo radiante que lucía ese día. Ese día estaba libre del trabajo porque en la mañana llamó al hospital pidiendo que se concediera ese día para descansar porque últimamente su salud no era la mejor. Se ofreció a ayudar a las mujeres del servicio con el desayuno, le dedicó algo de tiempo a su preciado jardín y por la tarde salió. Había pedido una cita para hacerse una ecografía en una clínica privada. Sacó su auto del garaje, no sabía si este tenía gasolina porque no recordaba la última vez que salió en él, estaba acostumbrada a que Naruto fuera a buscarla donde fuera que estuviera y que la recogiera cada vez que tiene trabajo.
Atravesó toda la ciudad para llegar a la clínica. Llegó hasta la recepción con el corazón hecho un lío.
– Buenas tardes– se dirigió a la persona detrás del mostrador– tengo una cita para hacerme una ecografía– informó.
– ¿Nombre?– preguntó amablemente la recepcionista.
– Hyuga Hinata– respondió. La muchacha buscó su nombre en la computadora y luego le indicó el camino hacia la sala para que le hicieran la ecografía, ya que no había pacientes en ese momento. Hecho que Hinata agradeció enormemente, no quería permanecer mucho tiempo en ese lugar.
– Levántese la blusa y acuéstese en la camilla, por favor– pidió amablemente la técnica a cargo de realizar el ultrasonido. No le prestó a las maniobras realizadas por la mujer, solo se fijó en la pequeña pantalla por donde se veía su futuro hijo y escuchar el delicado latir de su corazón, solo eso. A lo lejos escuchó que tenía tres semanas de embarazo.
Salió del lugar con una enorme sonrisa adornando su rostro, sin ser capaz de despegar la mirada de la primera fotografía del hermoso fruto de su vientre. Quería irse corriendo a buscarlo a él a su oficina y darle la buena noticia, sin embargo le preocupaba que ella pudiera interrumpir algo importante por algo que podía esperar un poco más. Así que se subió a su auto y buscó un parque donde poder estar el resto de la tarde mientras esperaba poder ir a hablar con Naruto.
...
Después de unas cuantas llamada, lo había conseguido. La conversación con su madre le ayudó a tomar una decisión, la llevaría a ella al mismo restaurante donde su padre se le había propuesto a su madre. Él anhelaba un matrimonio como el de sus padres, ellos eran una familia pequeña pero feliz. Fue sacado de sus cavilaciones cuando su madre volvió a la oficina donde ambos trabajaban cada día.
– ¿Lo conseguiste?– preguntó ella ansiosa. Una sonrisa de lado por parte del rubio la hizo chillar de alegría.
– Fue difícil– confirmó Naruto– ese día en particular tenían reservadas todas las mesas para una fiesta de cumpleaños, pero al parecer hubo una cancelación de último minuto y ese día el restaurante abrirá a todo su público habitual.
– ¡Debes irte ahora mismo, tienes que prepararlo todo!– exclamó Kushina sacándolo a empujones de la oficina. Naruto negó divertido, tomó la palabra de su madre y se fue a preparar todo para que fuera una velada inolvidable.
Ciertamente necesitaba preparar todo, pero en realidad no había nada importante que no haya hecho ya. Se aseguró de encontrar la mejor mesa de todas, apartaba del bullicio, en la terraza a la luz de la luna. Ahora solo necesitaba un traje nuevo y lo más importante de todo, informar a la invitada de honor sobre la cena que se llevaría a cabo la noche del siguiente día. En un impulso, fue hasta el departamento ocasional que comparten él y Hinata. Se llevó una gran sorpresa al ver el auto de ella en el estacionamiento del edificio, recordó que ese día no había hablado con ella ni una vez. Se bajó del auto de un salto y caminó a grandes zancadas hacia el edificio.
No sabía cómo, pero antes de darse cuenta se encontró a sí misma en ese lugar. Tal vez albergaba la esperanza de verlo allí o por lo menos que apareciera por esa puerta. Antes de llegar, había pasado por un supermercado en busca de los ingredientes necesarios para preparar ramen para Naruto, que mejor forma de darle la noticia que en compañía de su platillo favorito. Desde la cocina, escuchó la puerta de la entrada abrirse.
– ¿Hinata-chan?– su corazón dio un vuelco al escucharlo llamarla. Los fuertes brazos de él la rodearon por detrás y dejó un corto beso en su mejilla– ¿Qué haces aquí?
– Hoy me ausenté del trabajo– comentó ella sin dejar su labor de cortar verduras.
– ¿Por qué?– cuestionó él.
– Lo necesitaba– respondió– ayer no me sentía muy bien.
– ¿Estás bien?– quiso saber preocupado.
– Solo era cansancio– mintió– pero ya estoy bien.
– Hinata... yo– comenzó vacilante– ¿t-te gustaría... ir c-conmigo a cenar mañana en la noche?
– ¿A qué se debe la ocasión?– cuestionó curiosa por el repentino nerviosismo de su novio.
– Ninguno en especial– aseguró él rápidamente.
– Me encantaría– aceptó sonriente– ¿No deberías estar en la oficina?– preguntó mirando la hora en el reloj de pulsera de Naruto.
– Mi madre me dio la tarde libre– contestó– por cierto ¿qué estas cocinando?
– Ramen– dijo Hinata.
– ¡El ramen de Hinata-chan es maravilloso!– exclamó emocionado dejando un casto beso en la mejilla de la Hyuga– estaré en la sala haciendo un par de tareas en la laptop– informó.
– Te llamaré en cuanto la comida esté lista.
– No puedo esperar– dijo Naruto con una sonrisa zorruna. Ella amaba tanto esa sonrisa, no se imaginaba cómo sería su vida sin poder verla a diario.
No encontraba la forma correcta de sacar a colación el tema de su recién descubierto embarazo. Su imaginación lo hacía parecer tan sencillo, pero su sentido común le hacía ver que lo no era. Decirle a él "Oye, Naruto-kun ¿recuerdas que cada tres meses debo aplicarme la inyección anticonceptiva? Pues bueno, resulta que lo olvidé y ahora como consecuencia de eso, estoy embarazada" no era algo tan simple. Jamás, ni en sus sueños tan locos, sería capaz de recitar esas palabras con la seguridad con la que su subconsciente pretende engañarla.
– Na-Naruto-kun– comenzó vacilante, atrayendo la atención del él. Sus ojos azules estaban firmemente clavados en ella y eso le ponía los nervios de puntas en esa situación precaria, según ella– ¿q-qué... qué piensas tú sobre un...– se mordió el labio antes de continuar–... un hijo en esta etapa de tu vida?
– ¿A qué viene eso?– preguntó confundido.
– Solo pregunto– aclaró rápidamente– una compañera de trabajo de mi edad va a tener un bebé y no sabe cómo explicarlo a su novio y como su situación es parecida a la nuestra, me pidió que te pidiera tu opinión antes de atreverse a hablar con él– mintió. Se sorprendió de lo bien que sonó eso último, incluso podría jurar que ella misma se lo creería si alguien se atreviera a usar esa historia en su contra.
– Pues a decir verdad, no sé qué decir– dijo pensativo– solo puedo decir que no me gustaría estar en la situación de ese chico es estos momentos. Creo que un hijo es una bendición, pero cuando uno tiene varias metas que cumplir, eso podría convertirse en un impedimento. De todas formas, su opinión y la mía podrían desvariar– finalizó. Hinata sintió un terrible nudo en la garganta, esa definitivamente no era la respuesta que esperaba de su parte. Una sensación de rechazo hacia su hijo que le dificultaba la respiración.
Naruto se extrañó por la rara actitud de su novia, pero prefirió callar. Era verdad que él ansiaba casarse con ella, pero esperaba que los hijos llegarán tiempo después. Ella se puso de pie, le dio un corto beso en los labios y se dispuso a retirarse.
– Gracias por tu ayuda, Naruto-kun– dijo con una sonrisa falsa que él no notó– tengo que irme, mañana tengo que ir al trabajo.
– ¿A qué hora pasó por ti para nuestra cena?– preguntó él.
– ¿Te parece bien si nos vemos allá?– preguntó de vuelta, Naruto asintió– me pasas la dirección y la hora del encuentro.
– Toma– dijo tendiéndole un papel donde estaba apuntado lo que ella acababa de pedirle, él estaba acostumbrado a eso. Algunas veces Cuando planeaban una cita con anticipación, ella misma se trasladaba al lugar de la cita, con la excusa de que no podía depender de él todo el tiempo y que para eso tenía su propio auto. Esas veces podía contarlas con los dedos de una sola mano, a él le gustaba como ella le robaba el aliento cuando llegaba al sitio con su exquisita belleza natural acompañada por cualquier tipo de ropa que él se encargaría de arrancarle después.
– Hasta mañana– se despidió.
En el viaje en ascensor, dejó que sus sentimientos salieran a flote. Las lágrimas rodaban por sus mejillas, ella inútilmente intentaba limpiarla, pero mientras una era removida, dos más la reemplazaban. Por fortuna no se cruzó con nadie en el camino de la recepción del edificio hacia su auto. En cuanto estuvo sentada en el asiento del piloto, recostó su cabeza en el volante y se permitió llorar con tranquilidad. Sus lastimeros sollozos quedaban encerrados detrás de los vidrios polarizados del vehículo. Ella necesitaba morirse y luego resucitar para intentarlo de nuevo, no le importaba que a él no le importara su hijo. Aunque le doliera, Hinata sabía que tenía que ponerlo al tanto de la situación, puntualizando el hecho de que no sería necesario que se hiciera responsable de ella y el bebé. Desde el momento en él dejó en claro su punto de vista, su visión de futuro cambio. Ella tendría a ese bebé sin importar que todo el mundo se interponga en esa decisión y le otorgaría a él el derecho de saberlo, pero no lo obligaría a formar parte de sus vidas.
Una hora le había tomado para calmarse lo suficiente como para volver a casa por si misma. Revisó su aspecto en el espejo retrovisor, unos rojizos e hinchados ojos le devolvieron la mirada. El ambiente que reinaba en su casa al momento de su arribo, le trajo un mal presentimiento. La primera en salir a recibirla fue la anciana encargada de la limpieza en su hogar, su expresión dura no le sorprendió en lo más mínimo, después de todo así era ella.
– Hinata-sama, su padre espera verla en su despacho– notificó. Le agradeció por la información y se fue a atender el llamado de su padre.
– ¿Quería verme, padre?– preguntó luego de cerrar la puerta detrás de ella. Su padre permaneció en silencio por unos cuantos minutos, analizando su comportamiento.
– Espero una explicación...– comenzó, dejando a la muchacha con una duda en su pecho–...sobre esto– sacó una hoja de papel y la puso en el escritorio, ella se acercó temerosa. Su corazón se paralizó al ver lo que se trataba.
– P-adre... yo– balbuceó.
– ¡Eres una estúpida!– gritó furioso– ¿Salir embarazada antes del matrimonio? ¿Acaso tienes idea de lo que dirá la alta sociedad? Si esto llega a saberse, seríamos la comidilla de todo el mundo.
– ¿C-cómo lo obtuviste?– cuestionó Hinata asustada por los gritos de su padre.
– Todo lo que esté en esta casa que pueda arruinar el prestigio de esta familia, debe llegar a mis manos– contestó el Hyuga– la mucama lo encontró debajo de tu cama mientras limpiaba tu habitación.
– Ella no tenía derecho– musitó denotando enojo– es mi vida privada.
– Vida privada o no, no es de mi incumbencia– aclaró él– tienes que casarte de inmediato, antes de que se comience a notar– ordenó.
– ¿Casarme?– interrogó horrorizada. Ella no quiere obligarlo a hacer algo que él no quiere, ella sola podría criar a su hijo sin depender de un hombre.
– Si, debes casarte cuanto antes– espetó Hiashi duramente. Hinata frunció el ceño enojada.
– De ninguna manera, no quiero atarlo a mí a la fuerza– negó con firmeza.
– ¡Él debe hacerse responsable!– gritó su padre furioso.
– Él no se va a enterar– afirmó, cambiando su convección.
– ¿Pretendes ser madre soltera?– preguntó perdiendo aún más los estribos.
– Si, voy a criar a mi hijo sola– sentenció.
– Lárgate de mi casa– ordenó iracundo– no pretendo manchar el nombre de mi familia por culpa de tu estupidez. No quiero volver a verte, así que recoge tus cosas y lárgate– asintió ante la orden de su padre y se retiró a su habitación, mientras iba subiendo las escaleras escuchó hablar a su padre por última vez– tienes 30 minutos antes de que mande a mis hombres a sacarte de aquí.
– Sí, padre– respondió aunque él ya no podía escucharla.
Sacó un par de maletas de su enorme armario y comenzó a guardar en ella unas cuantas prendas que le serían útiles, dejó atrás los vestidos de gala y la ropa elegante, eso ya no le serviría de nada en su nueva vida, además de que necesitaba ropa útil porque dentro de unos meses todo dejaría de quedarle. Los minutos que su padre le otorgó para recoger sus cosas no eran suficientes, guardó unos álbumes de fotos donde estaba toda su vida, sus implementos de trabajo. Dejó sus tarjetas de crédito sobre su cómoda, solo se quedó con la tarjeta donde está su sueldo, el cual no es mucho pero la ayudaría a sobrevivir. Salió de su habitación, encontrándose frente a frente con su hermana menor.
– Hinata-neesama– pronunció afligida– no te vayas– suplicó.
– No puedo– dijo con tristeza– son las órdenes de padre.
– Te ayudo– se ofreció la adolescente resignada, tomó una de las maletas y la ayudó a sacarlas de la casa. Estacionado frente de la mansión Hyuga, había un taxi– parece que la vieja se encargó de hacernos el favor– comentó despectivamente.
– No seas grosera, Hanabi– le reclamó la mayor.
– ¡Es su culpa, Neesan!– explotó dejando salir todo lo que tenía en el pecho– si ella no le hubiera ido con el chisme a padre, él no te hubiera...
– En todo caso la culpa es mía, ella sólo hacía su trabajo– la interrumpió Hinata. Los ojos se la menor se llenaron de lágrimas y se aferró a la blusa de su hermana para llorar, pero más que todo para retenerla.
– Hanabi, entra– ordenó fríamente el padre de las Hyuga. Ella abrazó a su hermana por última vez y obedeció la orden que le acababan de dictar. El taxista la ayudó a subir sus maletas en el asiento trasero del automóvil, miró por última vez a su hogar y su familia. Su hermana lloraba silenciosamente y su padre la miraba con desprecio mientras esperaba que se fuera de una vez por todas.
No lloraría, por supuesto que no. Ella tenía que ser fuerte, por ella y por su hijo. Le pidió al taxista que la llevará a un hotel más o menos decente, no podía ir al departamento porque seguramente él seguía allí y en el momento en que abordó ese auto, decidió que escaparía de todas las personas que conocía. Desaparecería del mapa para no perjudicar a nadie. Quizás nadie la extrañe después de un tiempo, eso pensó para auto convencerse de que estaba haciendo lo correcto.
Pagó la habitación más barata que había en el hotel, tenía que guardar dinero para buscar un lugar donde vivir. Dejó las maletas junto a la pequeña cama y se sentó en ella, no era tan cómodo como a los colchones a los que estaba acostumbrada, pero estaba bien sólo por esa noche. Miró la pantalla de su celular con indecisión ¿a quién podría llamar? Por más que quisiera, no podía hacerlo sola. Marcó el número la única persona en este mundo que la ayudaría con discreción, su primo Neji.
– Neji-niisan– dijo en cuanto él tomó la llamada– no tengo a nadie más a quien recurrir si no es a ti.
– ¿Sucede algo malo?– preguntó esté preocupado.
– ¿Qué tan rápido puedes llegar a donde estoy ahora?– interrogó denotando ansiedad.
– Depende de qué tan lejos estás– respondió el Hyuga. Hinata le indicó la dirección y él le aseguró que tardaría unos 30 minutos más o menos dependiendo de qué tan pesado está el tráfico a esa hora. Son alrededor de las 9 pm, aun así las calles de Tokio estaban muy transcurridas ese día.
– Lo siento, Hinata-sama– se disculpó Neji después de haber llegado una hora después– pensé que tendría hambre, así que me detuve a comprar algo de cenar para ambos.
– No importa, lo importante es que ya estás aquí– aseveró la joven dejándolo entrar a la habitación. Agradeció la intención de su primo, estaba deprimida, pero su apetito no disminuyo ni un poco.
– Este no parece ser un buen lugar– comentó Neji analizando el entorno, Hinata se encogió de hombros restándole importancia al asunto.
– Fue lo que primero que encontré en un momento de necesidad– argumento.
– Y bien ¿Por qué estás aquí?– interrogó. Ella lo invitó a tomar asiento en donde quisiera y él le tomó la palabra.
– Estoy embarazada– soltó sin más. Neji abrió los ojos como platos de la impresión– y al parecer nadie está feliz con eso.
– Explicame– pidió el Hyuga. Ella le contó hasta el más mínimo detalle de lo que había pasado desde la noche anterior cuando confirmó sus sospechas, él simplemente se dedicó a escucharla.
– ¿Piensas abandonar a Naruto?– cuestionó.
– Es lo mejor– respondió ella.
– Eso lo destruirá, Hinata-sama. Ese hombre te ama– dijo queriendo hacerla entrar en razón, ella negó repetidas veces con la cabeza antes de hablar.
– Me dolerá hacerlo sufrir, pero es lo mejor– repitió– no quiero interponerme en su futuro brillante, él lo superará, estoy segura de eso.
– ¿Y tú?– preguntó serio– ¿lo superarás?
– Estoy haciendo lo mejor para él porque lo amo, eso será más que suficiente para mí– afirmó. Aun así, no está segura de poder soportarlo, pero tal vez su hijo le ayude a sobrellevar las cosas– lo mejor será desaparecer todo medio de comunicación entre él y yo– caminó hasta la ventana de la habitación y lanzó su teléfono al vacío. Neji miraba atentamente las acciones de su prima, él pensaba que lo que ella estaba haciendo era un terrible error. Pero por más que intentará razonar con ella, no lo lograría, solo le quedaba ayudarla en su decisión.
– Esta noche descansaremos, mañana buscaremos un lugar donde puedas vivir. No puedes estar quedándote en hoteles, no es seguro– informó. Hinata asintió. Mientras cenaban, Neji le informó que se quedaría allí con ella, no pretendía dejarla sola en un lugar de dudosa procedencia como ese. Gesto que ella agradeció enormemente.
Al día siguiente, las náuseas la despertaron de nuevo. Corrió al baño y vomito todo lo que había comido la noche anterior. Se encontró que estaba sola, no sabía exactamente qué hora era porque no contaba con un reloj en ese momento, pero por el brillo tenue de la mañana, asumió que eran alrededor de las 7:30 am. En la mesita junto a la cama había una hoja doblada a la mitad, la abrió con cuidado encontrándose con la delicada caligrafía de Neji. En la nota, le pidió que se quedará allí hasta que él fuera por ella, solo eso. Aprovechó su tiempo a solas para tomar una ducha mientras reflexionaba todo lo que había sucedido el día anterior.
– Perdóname, mi amor– habló al aire, mirando el papel con la dirección del restaurante. Lo arrugó y lo tiró en bote de basura para no seguir torturándose con el hecho de dejarlo plantado en la noche, siguió con la tarea de convencerse de que era lo mejor.
...
Aún faltaba una hora y media para la cena y él ya estaba más que listo para irse. Su propia ansiedad lo impulsó a prepararse mucho antes de la hora, temprano había llamado para confirmar la reservación, revisó que el anillo estuviera bien guardado en el bolsillo de su saco. Pensó en dejar la propuesta hasta casi el final de la velada, tal vez antes de postre o después, aún no podía decidirse. Miró por milésima vez su reloj de pulsera, las manecillas no se había movido ni un ápice y eso le exasperó.
...
El cielo oscureció, dándole paso a una fresca noche de primavera. Había pasado todo el día encerrada en esa habitación sin tener noticias de Neji, y vaya que eso la estaba preocupando.
– Lamentó la demora– se disculpó el Hyuga apareciendo en la habitación después de más de 12 horas– estaba arreglando unos cuantos asuntos.
– ¿Está todo bien?– interrogó dudosa. Neji asintió con una pequeña sonrisa en sus labios.
– Venga conmigo, Hinata-sama– pidió tomándola de la mano para sacarla de allí– tengo una sorpresa para usted– anunció. Ambos tomaron las maletas y salieron de allí.
La felicidad de Neji le hizo olvidarse un poco de la hora y lo que él podría estar sintiendo en ese momento. Neji no decía nada, solo se dedicaba a conducir tranquilidad mientras ambos se distraían con la música de la radio. Hinata no perdía de vista el camino que estaban tomando, ella no era una chica que le gustará estar en la calle, así que había muchos rincones de Tokio que aún son desconocidos para ella.
– ¿A dónde vamos?– preguntó de nuevo.
– No comas ansias, ya estamos por llegar– le advirtió Neji con un toque de burla en su voz.
– Confiaré en ti, Neji-niisan– aceptó volviendo la vista a la ventana. En ese momento se le vino a la mente un recuerdo de uno de los momento más hermosos que había vivido con su amado rubio.
Flash Back
En una fría noche de otoño, era poco más de medianoche y las calles estaban prácticamente desérticas. Todo el mundo estaba en su casa refugiándose del inclemente frío, algunos conducían con rapidez y con las ventanillas arriba para protegerse del frío. Excepto por una joven pareja compuesta por un chico rubio atolondrado y una hermosa joven de cabello azulado largo hasta la cintura y ojos perla. Él conducía a una velocidad prudente por las vacías calles de Tokio, con la ventanilla abajo. La chica tenía el rostro por fuera, dejando que la fría brisa chocará con la piel de sus mejillas.
– ¿Te gusta?– preguntó Naruto fascinado con la sonrisa de novia.
– Me encanta– respondió esta sin dejar de hacer lo que hacía. Él abrió la ventanilla del techo y le indicó que saliera por ella.
– ¡Esto es mejor aún!– exclamó maravillada, con los brazos extendidos y los ojos cerrados, dejándose llevar por esa nueva sensación de libertad. Ninguno de los dos deseaba que la noche llegará a su fin. Cuando están juntos el tiempo para ellos se congela, pero ahora que hacían algo que ella consideraba una locura, anhelaba que ese momento quedará inmortalizado para siempre. Gritó dejándose llevar por la emoción, mientras él reía a carcajadas, aumentando ligeramente la velocidad del vehículo.
Fin Flash Back
– Llegamos– aviso Neji, sacándola de sus hermosos recuerdos. El auto de Neji estaba estacionado frente a un modesto condominio de 2 plantas con tres apartamentos en cada piso. Lo siguió dudosa, ambos se detuvieron en en apartamento del medio en la planta baja.
– ¿No me digas que...– la sonrisa del Hyuga confirmó sus sospechas.
– Pasé todo el día buscando este lugar– relató– pensé que querría un lugar donde nadie pensaría en buscarla, así que contacté a una vieja amiga y me habló de este sitio. Espero y no le moleste mi arbitraria decisión– se disculpó.
– Al contrario, Neji-niisan– se apresuró a agregar– no te imaginas lo agradecida que estoy por todo lo que estás haciendo por mí, no te preocupes por el dinero que gastaste aquí, te lo reembolsare en cuanto tenga la oportunidad.
– Ni hablar– denegó de inmediato– es un regalo– puntualizó.
– Entonces, muchas gracias– agradeció abrazándolo de improvisto.
– Entremos– dijo luego de apartarse de ella.
El lugar era más pequeño a lo que ella estaba acostumbrada, pero no era algo que realmente le molestará. Es lo suficientemente grande para ella y su retoño. Una cocina, una sala de estar, un baño y un par de habitaciones, solo eso es bueno desde su punto de vista. El sonido proveniente del celular de Neji, atrajo su atención.
– Es él– notificó al sentir la mirada perla de Hinata sobre él– ¿Qué hago?
– Contesta– respondió– dile que me fui lejos y que nadie sabe dónde estoy– él asintió y se alejó para poder hablar. Podría haberse quedado allí y que ella lo escuchará todo, pero prefirió darse un espacio.
Hinata observaba con detenimiento cada uno de los gestos de su primo mientras este mantenía una discusión telefónica con el hombre que ella ama, al parecer Naruto no aceptaba la historia que ella decidió que se le fuera contada.
– Hinata-sama– llamó Neji con lastima– sigo pensando que esta no es la mejor opción.
– Es la mejor que pude encontrar– refutó ella con voz quebradiza– no quiero volverme un impedimento para sus sueños.
– Yo solo quiero que usted piense bien en lo que va a hacer, para cuando se arrepienta de su decisión, puede que sea demasiado tarde– sentenció con dureza.
Esa fue la gota que derramó el vaso, sus frágiles sentimientos no fueron capaces de soportarlo más. Lloró igual o incluso más que el día anterior, sus piernas flaquearon y fue a dar al suelo. Golpeó con fuerza el suelo con sus puños mientras gritaba con dolor, lo sabía, él tenía razón. Sabía que desaparecer no era la mejor opción, pero su frágil corazón no sería capaz de soportar un simple gesto de rechazo por parte de Naruto, y no estaba dispuesta a averiguar si Neji tenía razón o estaba errado. El Hyuga se quedó allí sin hacer nada, él no es el tipo de persona que sabe lo que es consolar a alguien emocionalmente destrozado.
...
La ansiedad lo estaba carcomiendo de camino al restaurante, si se quedaba en su casa un minuto más se volvería loco. Por lo que salió antes de la hora, pero iba conduciendo a una velocidad discreta para poder darle oportunidad al reloj de avanzar. Estacionó el auto y se quedó allí por un rato más hasta que la hora de la reservación llegará. Ensayaba en su cabeza una y otra vez las palabras que había ensayado muchas veces junto a su emocionada madre, ella y sus dos amigos están reunidos en su hogar esperando las buenas noticias. Miró la hora por última vez en su reloj de pulsera, la hora había llegado. Inhaló y exhaló un par de veces antes de bajar del auto, tomó las flores que compró para ella y se encaminó hacia el lugar donde se decidiría su felicidad.
– Bienvenido, señor– saludó cordialmente la muchacha a cargo de la recepción del restaurante– ¿Tiene usted alguna reservación?– preguntó la joven, en su placa de identificación se leía el nombre de Akane.
– Si, a nombre de Uzumaki Naruto– respondió.
– Por supuesto, pase por aquí– le indicó llevándolo a su mesa. La joven no pudo evitar sentirse eclipsada por el hombre que caminaba detrás de ella, en el periodo de un año que lleva trabajando en ese lugar, nunca había visto un hombre con tanto atractivo físico como él. Pero al parecer esos hechizantes ojos azules ya tienen dueña, lo dedujo por las flores que lleva en sus manos y porque el nerviosismo se le sale por cada poro de la piel. Seguramente esa afortunada mujer se encontraría con una propuesta de matrimonio. La chica suspiró con pesar, es una verdadera lástima que ya casi no existan hombres como ese. Se retiró lentamente, no sin antes desearle una buena velada y que contará con ella para lo que se le ofreciera.
Los minutos se convirtieron en horas y la invitada de honor no hacía acto de presencia, miles de preguntas lo abordaban mientras su mirada permanecía perdida en la hermosa luna. Ella tenía la forma de una sonrisa, como si se estuviera burlando de él porque prácticamente lo estaban dejando plantado. Tomó otro sorbo de su copa de vino, miró su celular en espera de que ella llamará para disculparse por su retraso y notificarle que ya estaba por llegar o algo por el estilo. El camarero se acercó nuevamente para preguntarle si estaba listo para ordenar. Se cansó de esperar, jamás se había sentido tan triste y humillado. Agradeció los servicios y pagó la cuenta, lo único que llevó consigo fue la botella de vino. La flores las dejo en la mesa, tal vez alguien las tomara y las aprovecharía. Una vez dentro de su auto, marcó el número de la Hyuga. Lo intentó muchas veces, siempre le salía desconectado. Llevó la botella a sus labios y bebió un trago largo. El amargo de la bebida no se compara con la amargura que él sentía en su pecho. Necesitaba una explicación y daría con ella o dejaba de llamarse Naruto Uzumaki. Y qué mejor que buscar a la culpable de que todo lo que planeó quedará arruinado.
Condujo a la casa de la Hyuga a más de 180 kilómetros por hora, sin darse cuenta se tomó aquella botella antes de arribar a la casa de ella. Tocó la puerta con desesperación hasta que alguien se dignó a abrirla. La empleada doméstica se sorprendió al verlo alterado, ni siquiera se molestó en darle las buenas noches por cortesía, se adentra a la casa ignorando las quejas de la anciana.
– ¿Dónde está?– preguntó iracundo.
– ¿Dónde está quien, Naruto-sama?– le preguntó de vuelta, él se giró a encararla furioso.
– Hinata, quien más– respondió con rudeza.
– No tengo idea de quién está hablando– dijo la mujer. El cinismo de esas palabras lo enfureció aún más.
– Ella no está aquí, ni siquiera sabemos dónde está– habló una voz autoritaria desde atrás suyo. Subió la mirada hasta el inicio de las escaleras y se encontró con el padre de la joven– ella ya no existe para nosotros, así que ahora tú eres un completo extraño en esta casa. Así que te pido que te retires por las buenas antes de que mande a mis hombres a sacarte con la fuerza.
– Bien– y con esa escueta respuesta, salió de esa casa. No tenía tiempo para andar pendiente de las pretensiones de Hiashi, más bien tenía que comprobar que él dijo no fuera verdad. Y la única persona capaz de encontrarla era Neji.
– Neji– pronunció en cuanto esté tomó la llamada– alguien aquí podría decirme qué está pasando y dónde demonios se metió Hinata.
– No sabría decirte donde está, porque ella desapareció anoche y nadie de la familia sabe a dónde pudo haber ido– respondió.
– ¡No lo aceptó!– bramó– es imposible que ella se borrará del mapa y mucho menos sin alguna razón de por medio, conozco a Hinata lo suficiente como para saber qué ella recurrirá a ti en cualquier aprieto.
– Pues lamento informarte que yo tampoco sé dónde se encuentra Hinata-sama, créeme que tú no eres el único preocupado aquí– argumentó en Hyuga.
– Gracias por tu ayuda– agradeció de mala gana y colgó. Lanzó su celular sobre el tablero del auto y arrancó.
De pronto la furia y preocupación pasaron a segundo plano, no había nada que sirviera para que su desconsolado corazón quisiera seguir adelante. ¿Por qué precisamente a él? No, esa no era la pregunta adecuada. ¿Por qué precisamente esa noche? Si ella quería largarse de su lado podría haberlo hecho antes, no esa noche tan importante para él. Se bajó del automóvil y miró fijamente su casa, las luces aún permanecen prendidas muy a su pesar y el auto de su mejor amigo está estacionado frente al garaje. ¿Cómo se los explicaría a ellos cuando él mismo no conseguía una respuesta? Caminó arrastrando los pies hasta la puerta, sus propias lágrimas le distorsionaban la vista por lo que le fue imposible abrirla. Tocó el timbre, no espero más de un minuto cuando su entusiasta madre le abrió la puerta. El nudo que se formó en su garganta le dificultaba la respiración.
– ¿Qué pasó, Naruto?– cuestionó desconcertada la pelirroja al ver el rostro bañado en lágrimas de su único hijo y la notoria ausencia de la joven Hyuga.
– Nada, no pasó nada– respondió no pudiendo soportarlo más. Se lanzó a los brazos protectores de su madre y se dejó llevar por todo lo que se arremolinaba en su pecho. Ella solo se dedicó a abrazarlo con fuerza para que él llorará en paz. Desvió su mirada hacia el par de personas que eran testigos de la escena, ellos al igual que ella mostraban incertidumbre en sus rostros.
– Entremos, lo mejor será dejar que se calme para que después pueda decirnos qué pasó– sugirió el Uchiha. Ambas mujeres asintieron estando de acuerdo.
– Dime algo, por favor– suplicó Kushina. Naruto ya había dejado de llorar, ahora solo permanecía sentado en el sofá con la cabeza inclinada, siendo sostenida por sus manos.
– Se fue– habló en un susurró– se esfumó y nadie sabe dónde está, su padre dijo que ella ya no existía para ellos.
– ¿Qué causaría que ella tomara esa decisión tan arbitraria?– se atrevió a preguntar Sakura, esa era la pregunta que todos los presentes no dejaban de hacerse.
– No tengo idea, pero no descansaré hasta encontrarla y obtener una explicación razonable– sentenció decidido.
Su alma está destrozada, pero está determinado en encontrarla y traerla de regreso. Rendirse jamás ha estado en su vocabulario, y no le interesa si nadie está dispuesto a apoyarlo, él seguiría adelante con la frente en alto.
Hasta aquí el capítulo de hoy ¿Qué les ha parecido? Sé que dije que el capítulo abarcaría todo lo que pasaría en el año y medio que ambos pasaron separados. Pero tenía muchas ideas y entonces se haría un capítulo extremadamente largo, así que tome la decisión de hacerlo en dos partes. No sé cuándo voy a poderles traer la continuación, pero tengo la esperanza de que sea pronto.
Espero que se tomen la molestia de dejarme sus opiniones en un Rewiers, me encanta leerlos.
Nos leemos en el próximo capítulo, Hasta la próxima.
EAUchiha
